Archivo mensual: octubre 2013

LOW WINTER SUN – TEMPORADA 1.

Low Winter Sun
AMC | 2013
Productores ejecutivos: Chris Mundy.
Intérpretes: Mark Strong, Lennie James, James Ransome, Sprague Grayden, Athena Karkanis, Ruben Santiago-Hudson, David Costaible, Billy Lush.
Valoración:

Low Winter Sun se basa en una miniserie británica del año 2006 (escrita por Simon Donald para Channel 4) con el mismo nombre e interpretada también por Mark Strong. Esta versión para la estadounidense AMC está desarrollada por Chris Mundy, productor y guionista de algunas series conocidas como Mentes criminales y Caso abierto. No he visto la original (no hay quien la encuentre), así que no puedo comparar.

En la arruinada Detroit la delincuencia y la corrupción campan a sus anchas. La comisaría donde los detectives Frank Angew y Joe Geddes trabajan es un nido de agentes corruptos, empezando por el propio Geddes, aunque Agnew no se libra de sospechas tampoco. Asuntos Internos tenía los ojos puestos en Geddes y su compañero McCann, pero este último aparece muerto. Frank y Joe se lo han quitado de en medio y han tratado de colarlo como suicidio, pero su suerte dura poco cuando aparece otro cadáver ligado al fallecido y el investigador de AI se les echa encima hasta que el acoso que sufren mina la ya de por sí difícil relación entre ambos. Agnew no traga a Geddes, pero se ha metido hasta el fondo en su pozo de inmundicia y deben trabajar juntos para salir de él.

En diez capítulos Low Winter Sun ofrece un thriller policíaco bastante clásico en argumento y muy adaptado a los tiempos que corren en estilo, es decir, el desarrollo de la investigación no va a sorprender mucho, pero la perspectiva de tener unos protagonistas que son pura maldad le otorga savia nueva. Está claro que series como The Shield, Breaking Bad y el éxito popular de House han hallanado el camino para que protagonistas no ambiguos, sino rastreros y sin ética, sean recibidos más con fascinación que con rechazo. Aun así, Low Winter Sun llega a resultar desagradable en algunos momentos, y en el tramo final Geddes se convierte en uno de los personajes más odiosos que recuerdo.

Hay que decir que las primeras escenas del primer capítulo fallan bastante a la hora de introducirnos con eficacia en la trama y los personajes, pues a pesar de la importancia del momento (el crimen que da pie a la historia) es difícil entender qué está pasando. No sé si será cosa del guión o de la caótica puesta en escena, pero la serie merecía empezar con mejor pie. Por suerte, una vez entrados en materia la narración se asienta y discurre con dirección clara y bastante intensidad. La situación de Detroit, llena de miseria, crimen y gente deprimida, es palpable en el ambiente. Las tensas relaciones entre detectives acrecienta el tono malsano del relato. La insistencia casi enfermiza del tipo de Asuntos Internos añade un punto de locura sobre los protagonistas. Y el caso resulta una densa maraña de corruptelas, traiciones, juegos sucios y mucha desesperación. Por ello, la temporada ofrece una atmósfera oscura y agobiante muy lograda.

Los dos detectives protagonistas son unos hijos de puta de mucho cuidado, pero aun así enganchan rápido y se sufre de lo lindo siguiendo su caída al abismo. La lucha de Geddes por tapar su mierda, siendo incapaz de echar encima otra cosa que no sea nueva mierda, es espectacular, y lo lleva a una espiral de autodestrucción de la que es bastante consciente pero de la que no es capaz de salir. La fina línea que separa la lealtad de la supervivencia la traspasa sin mirar atrás, y Agnew debe lidiar con eso como bien puede. Agnew sí se pone límites, y a pesar de que por culpa del otro se estiran más de la cuenta siempre está tratando de no irse demasiado lejos, y al final, cuando ya asoma al infierno, reacciona. Y en esta serie no vamos a ver algo blandito, un giro donde el protagonista (medio) bueno salva la función con su ingenio y moral más centrada… No, las vueltas que da Agnew para intentar remontar también arrastran tragedia y miseria a partes iguales, y la desesperación lo lleva a estar a un paso de seguir a Joe. El capítulo final es impresionante, con escenas que te dejan sin aliento enlazadas una detrás de otra. Frank corriendo como un loco al aeropuerto, gritando en el banco, cortándose con un cúter al intentar enviar un paquete… y sobre todo destaca la visita a su exmujer, una secuencia de las que te dejan completamente hipnotizado: el instante en que casi se suicida es una de las mejores escenas del año televisivo.

Redondeando el excelente perfil de los protagonistas tenemos a dos actores muy acertados en sus papeles. Lennie James (secundario en numerosas películas y series, como The Walking Dead, Hung, The Prisoner 2009…) está inmenso como ser despreciable que se enfrenta a diario a sus demonios internos y a la situación extrema de vivir constantemente al límite, donde un paso en falso terminaría con tu culo en la cárcel o en el cementerio. Y el veterano y más conocido Mark Strong (uno de los mejores secundarios del cine: Robin Hood, El topo, Sherlock Holmes…) está inconmensurable, pletórico, ofreciendo uno de los grandes papeles del año: magníficos los cambios de humor del personaje, de sobrio y decicido a cabreado, asqueado y finalmente desesperado; las miradas intensas de este hombre lo transmiten todo en un instante.

El ritmo de la odisea de estos dos excelentes protagonistas es intenso y enérgico, frenético en ocasiones. La tensión en que viven se transmite muy bien y se hace muy densa en el tramo final, llegando a producir una eficaz sensación de agobio en el espectador. Sin embargo, no toda la serie es así. Por desgracia arrastra un problema importante que mina considerablemente su alcance y su calidad: una trama secundaria poco o nada acertada, una historia paralela sobre unos jóvenes que intentan sobrevivir en el mundo del crimen. Un golpe a una casa de droga, montar un tinglado con el producto, luchar por el territorio, hacer pactos con los contrictantes, tratar de aplastar al capo rival… La aventura del criminal con visión Damon (James Ransone, visto en multitud de series: The Wire, Treme…), su chica Maya (Sprague Grayden) y unos pocos colegas no aporta nada que no se haya visto ya mil veces en el género, y como no ofrece una perspectiva distinta y arriesgada que la haga interesante (como sí se hace con los detectives) resulta extremadamente previsible y por extensión poco atractiva. Además, la conexión con la historia principal es escasa, y desde luego no crucial en el desarrollo de los acontecimientos. Es pues una sección que rompe el ritmo, que da la sensación de lastrar de forma fatídica a una temporada con enorme potencial.

En cierta manera este problema nace con el propio concepto de la serie. La historia principal es inevitablemente cerrada y breve, porque si se estira el caso de los dos detectives es indudable que terminaría perdiendo interés. Lo que hacen los guionistas es darle una envoltorio de serie larga mediante tramas secundarias que seguir a largo plazo. Y no es que no funcione, es que falla bastante, porque parecen dos series mezlcadas en una. De haber otra temporada, hay que superar dos problemas. Primero, esta sección secundaria puede seguir navegando en muchas direcciones, pero no servirá de nada si no adquiere mayor trascendencia e interés. Y segundo, queda por ver si los guionistas serán capaces de estirar el inevitable enfrentamiento entre Geddes y Agnew, que no parece que pueda dar para otros diez capítulos salvo que metan aún más relleno.

Resumiendo, Low Winter Sun es un thriller de excelente atmósfera que ofrece un duelo espectacular entre dos personajes deleznables pero fascinantes interpretados con maestría. Es una lástima que las flojas historias secundarias le quiten tanto ritmo y fuerza, pero aun así es un título muy recomendable para amantes de las series policíacas.

COPPER – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Copper
BBC America | 2013
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos, Sherri Rufh.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente, Donal Logue, Alex Paxton-Beesley, Ron White.
Valoración:

Los elementos que hicieron tan interesante la primera temporada de Copper están ahí, pero en vez de madurar y crecer se han embarullado un poco. Es una pena, porque es constante la sensación de que hay una base sólida que no se aprovecha, un potencial infrautilizado. La química entre personajes, fantástica en ese primer año, se emborrona por algunos fallos. El microcosmos de personajes más o menos se mantiene, pero no va a más a pesar de que hay más capítulos, y algunos secundarios son mejorables. Los casos son menos numerosos y menos atractivos. La trama global funciona pero confluye en un villano que no está a la altura. El ritmo veloz empieza a notarse brusco. Pero también conserva intactas otras tantas de sus virtudes: excelentes protagonistas, ambiente histórico muy conseguido, una equilibrada mezcla de drama, aventura y humor…

Los personajes principales, Corcoran y Morehouse, siguen siendo muy consistentes, de hecho son roles magníficos, de los que enganchan a la primera y da igual en que aventuras los metan con tal de poder verlos desenvolverse (o estrellarse) con su estilo. El primero recuperó a su mujer… pero no es suficiente para llenar su vacío y apaciguar su dolor, pues la traición de ella con Maguire ha minado por completo la relación. Con esa atmósfera, ninguno de los dos puede curarse las heridas, y la cosa degrada rápido. El matrimonio de Morehouse ofrece otra relación muy interesante, donde tanto él como Elizabeth se dedican a placeres inmediatos (sexo y drogas) para eludir abordar la relación de forma normal; de hecho el viaje de ella con las drogas es bastante jugoso.

En los secundarios, la pareja de negros Matthew y Sarah Freeman viviendo sus primeros años en libertad gana fuerza, sobre todo cuando encuentran a la madre. El drama de vivir en tal caos de ciudad y los encontronazos con la libertad y los rescoldos del racismo resultan historias bien trabajadas, aunque se podría decir que a veces están demasiado separadas del tema policial. Sobre la chiquilla que cuida Corcoran, Annie, a pesar de que la joven actriz sigue dando un papel impresionante el personaje parecía que iba a quedarse estancado en “niñata descarriada”, pero sabiamente los guionistas no han estirado sus tramas demasiado… aunque el final parece un poco apresurado, como si se dieran cuenta de que molesta y se la quitaran de encima improvisadamente; nada grave, sin embargo. Eva queda un poco en tierra de nadie, pues toca todas las historias tangencialmente sin verse casi nunca sumergida del todo, pero es un buen personaje y su burdel es escenario de muchos buenos momentos.

Donde empiezan a fallar es en que se diluye uno de los aspectos que más me gustó del primer año, la dinámica del trío de detectives formado por Corcoran, O’Brian y Maguire. O’Brien pierde protagonismo en vez de ganarlo, y aparece menos con Corcoran, con lo que las investigaciones se hacen menos divertidas. Y lo peor, y esto supone el mayor fallo de la temporada, Maguire se pierde en una serie de tramas malogradas. Sigue ahí, sigue siendo el más sucio y pendenciero del grupo, pero el guión lo lleva por caminos inverosímiles y mal ejecutados: la revelación sobre la relación con la mujer de Corcoran fue efectiva, pero la locura de los asesinatos y el juicio que queda en nada se fuerzan demasiado. Aun así, la historia sobre que cae en desgracia ante los ojos de Corcoran y el resto de policías estaba siendo interesante, porque encaminaba al personaje hacia el lado oscuro y se preveía que se convertiría en villano… pero los guionistas se empeñan en traerlo de vuelta forzando un pseudo reset de risa. En qué quedamos, ¿es malo o no, es un superviviente o un hijo de puta? No queda claro nada, solo que parecen apañarlo sobre la marcha y resulta fatal. Al final de la temporada Corcoran y Maguire se abrazan como si nada hubiera pasado, cuando la relación no se ha visto evolucionar hasta el perdón y el retorno de la amistad.

El otro problema importante es Donovan, el nuevo gran secundario de la temporada, interpretado por el veterano Donal Logue (Terriers, Sons of Anarchy, Life). Su posición como nuevo político local funciona, y la transición hacia villano está bien lograda, pero de ahí se va a un catastrófico exceso: termina siendo una caricatura que bebe de todos los clichés de villanos cutres. El final de su trama es muy pobre, con escenas ridículas como la carrera para salvar a la testigo (que parte de la gilipollez de que Maguire la deje sola sabiendo que van a por ella) o el duelo suicida de Corcoran. Y el paso al siguiente villano (encarnado por William Baldwin) queda muy precipitado y confuso. Al menos, por lo general la trama que gira alrededor de Donovan es bastante buena y alcanza a todos los protagonistas de forma que da mucho juego: a Morehouse con los enredos políticos y económicos, a Eva con el interés en el local, a los policías con el reguero de muertos que va dejando…

Decía que los casos pierden fuerza. Sigue habiéndolos, y con ese gran acierto que supone hacer que cada investigación influya en el entorno y los protagonistas, pero si vuelvo la vista atrás lo cierto es que me cuesta recordar alguna historia secundaria realmente llamativa. Al menos pierden a favor de la trama larga, con lo que no llega a ser un problema notable, simplemente se echan de menos las emocionantes aventuras secundarias.

Sobre el ritmo, aparte de suceder las cosas a toda velocidad la serie se caracterizaba también por saltar de evento en evento sin perder el tiempo suavizando transiciones. Resultaba enormemente eficaz a la hora de acelerar tramas, porque no se dejaban huecos ni se veían trampas. Pero ahora sí hay sensación de que va a trompicones, de que se dejan cosas por aclarar. De hecho, el primer capítulo se narra de forma tan caótica que cuesta seguirlo.

El resto de cosas buenas se mantienen, destacando que el entorno trágico y violento de Five Points se describe muy bien tanto por la fantástica recreación visual (los decorados y el vestuario son magníficos, la fotografía e iluminación los captan muy bien) como por los detalles de guión que constantemente salpican el relato. Me gustaría conocer el presupuesto con el que contaban, porque quitando un par de pinturas o fondos digitales todo queda de un nivel impresionante. Eso sí, he echado de menos algo de erotismo en muchas escenas: con qué facilidad muestran sangre pero qué poco sexo enseñan a pesar de que también forma parte de la narración.

No sabía dónde meter la crítica a dos extraños episodios, así que termino con ellos. El del asalto a la comisaría (205, A Morning Song) es una fantasmada del quince que no hay quien se trague: exagerado e inverosímil hasta resultar insultante a la inteligencia del espectador en varios instantes. El otro es el episodio final. Parece que les sobraba un capítulo, y lo apañaron… muy bien. La trama grande del año ha terminado, y aunque el contexto histórico donde se sumerge la serie tiene margen de sobra para muchas aventuras, sin duda era difícil meter un caso extra que no quedara descolgado. Pues los guionistas sorprenden muy gratamente montándose una especie de mini película del Oeste con la búsqueda de los asesinos del presidente Lincoln (obviamente no los encuentran los protagonistas). Esta historia resulta muy interesante (y visualmente bastante lograda: muy bien aprovechados los paisajes) y conecta con la serie de forma genial al suponer una especie de viaje final para los personajes: se enfrentan a los fantasmas de la guerra al pasar por los sitios donde batallaron y la plantación donde Freeman era esclavo.

Por desgracia el epílogo del capítulo lo afea bastante con un cliffhanger burdo, un golpe o giro rebuscado y tramposo de serial barato con el que llamar la atención de cara a la próxima temporada: Eva desaparecida, Corcoran deberá buscarla. Pero resulta que la serie ha sido cancelada, así que se queda todo en el aire. Por suerte, es tan poco interesante la trama que pretenden abrir que no queda del todo como un final abierto: se puede interpretar que el caos sigue siendo el día a día en Five Points, y que los protagonistas han crecido, han cerrado heridas del pasado y se enfrentan al futuro con energías renovadas.

En conjunto lo que queda es una temporada muy entretenida (los protagonistas tienen bastante fuerza, el tono de policíaco adulto se agradece), pero bastante irregular y acompañada por las malas sensaciones que deja que esté algo por debajo del primer año y no sea capaz de explotar el potencial que guarda.

Ver también:
Temporada 1.

THE NEWSROOM – TEMPORADA 2.

The Newsroom
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Aaron Sorkin.
Intérpretes: Jeff Daniels, Emily Mortimer, John Gallagher, Alison Pill, Thomas Sadocki, Dev Patel, Olivia Munn, Sam Waterston.
Valoración:

La segunda temporada de The Newsroom no se libra de la maldición que arrastró la primera: narrativa irregular, fallos importantes, mejoras evidentes… De hecho viendo el primer tramo del año estuve a punto de considerarla una decepción, porque en vez de crecer la serie iba a menos. Por suerte, a partir de su ecuador remonta de forma espectacular, ofreciendo algunos capítulos e historias de alto nivel.

Las tramas amorosas son flojas, con momentos pueriles indignos de un guionista del calibre de Aaron Sorkin. La cansina historia de Maggie y Jim da demasiadas vueltas sobre las mismas tonterías, sin llegar a nada, lastrando los primeros capítulos con partes aburridas e insustanciales. Tampoco funciona la catarsis que mueve a Maggie este año: la historia de África resulta cursi y sensacionalista. Que Jim se distancie cogiendo el trabajo de corresponsal es más creíble y efectivo, y da para buenas historias. El romance de Will y Mac está latente al principio, haciendo pensar en estancamiento, pero en el segundo acto reaparece con bastante fuerza… eso sí, para terminar estrellándose con la cutre proposición de matrimonio. De hecho, a pesar de la mejora de la temporada en su segunda mitad, el final recupera este tono romántico fallido y reúne algunos instantes malogrados. Los besos (de Mac con Will y de Sloan con Don), lo del matrimonio y el epílogo con cancioncita se acercan peligrosamente al dramón barato estilo Anatomía de Grey.

Otro aspecto negativo, aunque no excesivamente grave, es que los secundarios no terminan de despegar. Neal no se libra de ser un receso cómico bastante soso ni con una trama larga, la del Occupy Wall Street. Don y Sloan este año en vez de crecer se han visto limitados porque se usan como pareja cómica también: sus escenas juntos como trama de alivio son repetitivas y vulgares. ¿Qué fue del Sorkin capaz de mezclar humor sencillo pero eficaz mientras exponía temas trascendentes de forma amena y desarrollaba personajes encantadores? Ah, como echo de menos los ingeniosos diálogos de Josh Lyman y Donna Moss. Por suerte, los actores Thomas Sadoski y Olivia Munn son muy competentes, es más, el primero me parece la revelación de la serie, y espero que Sorkin sepa explotarlo más adelante.

Paralelamente a estas historias insatisfactorias (que no catastróficas) vemos que la crítica política se ha suavizado muchísimo. Recordemos que se le señaló mucho a Sorkin que fuera tan pesado a la hora de mostrar su visión del mundo. Ahora la política queda en segundo plano o se trata con más neutralidad (las elecciones al final de temporada se narran sin lanzar mensajes concretos con insistencia) y cobra protagonismo el tema esperado dado el escenario de la serie: el periodismo. Claras pero eficaces son las críticas contra los medios partidistas así como contra el periodismo aborregado que no se plantea nada ni trata de cambiar lo que no está bien. A través de Jim y su odisea como corresponsal de campaña vemos un buen ejemplo de este triste amoldamiento de los medios a lo que dictan los políticos, y su pequeña rebelión resulta agridulce, pues Sorkin muestra las ideas que llevarían al cambio pero se mantiene en la realidad: no cambiamos así como así.

Hasta aquí la temporada resultaba además algo lenta, tanto porque arrastra las ineficaces historias amorosas como porque entre los quehaceres diarios del noticiero no terminaba de emerger una trama central definitivamente: lo de Occupy Wall Street pasa sin pena ni gloria después de dedicarle bastante tiempo, por ejemplo, y la parte de Jim era bastante secundaria mientras en la oficina no se veía nada llamativo. Pero por suerte el tema de Genoa va creciendo de forma exponencial y a partir del ecuador la temporada se lanza a lo grande, pegando tal salto cualitativo que parece otra serie muy distinta.

Ahora The Newsroom se centra en lo que debería haberse centrado desde el principio: las noticias, los jaleos alrededor de ellas, el conflicto y la obligación moral del trabajo de periodista. Y en este tramo también encuentro que el desarrollo de personajes ha mejorado, al menos hasta los deslices finales. El incipiente alcoholismo de Maggie y la relación de Jim con Hallie resultan historias mucho más centradas y sólidas que las precedentes; los primeros pasos de Sloan y Don son interesantes, aunque la posición de secundarios cómicos les resta potencial; la dinámica entre Mac y Will por fin avanza, y con diálogos puro Sorkin, largos, veloces y llenos de inteligencia: vaya pedazo de conversaciones llenas de sutilezas y sentimientos contenidos se echan… y qué triste que lo remate con la ñoña petición de matrimonio.

Todo el tema del caso resulta genial, manteniendo un nivel de expectación impresionante. Además tenemos una narrativa a lo Sorkin llevada al extremo: recordemos esos capítulos de El Ala Oeste que empezaban por el final y luego te desgranaban todo el asunto; pocos autores, o quizá más bien ninguno, han sabido usar esta triquiñuela tan bien. Pues toda esta temporada es como un episodio de esos; vale que es corta, de sólo nueve capítulos, pero ya es nueve veces más longitud y complejidad. Así pues, la narración salta entre el desarrollo del caso, que los periodistas llevan con gran cuidado debido a su importancia, y los futuros líos con los abogados cuando el tema estalla, con lo que estamos ante un constante juego de “qué demonios ha pasado para que se arme una tan gorda”. La abogada además pronto pasa de ser la típica letrada toca huevos para alzarse como un gran rol secundario. Finalmente, cuando se destapa el complot, todos los personajes se ven afectados de forma notable: sublime el temor a la hora de abordar nuevas noticias desde entonces, y las intenciones de dimitir y todo lo que esto arrastra.

Queda claro que nos enfrentamos a otra temporada irregular y difícil de catalogar, porque cuando es buena lo es tanto que dan ganas de zarandear a Sorkin diciéndole que se centre de una vez, porque es evidente que la serie todavía tiene mucho potencial y posibilidades de despegar del todo. A pesar de los fallidos personajes secundarios y las lastimeras tramas amorosas el relato es de un nivel más que correcto, y cuando llega lo bueno estamos ante una serie excelente a la que le falta solo un poco de brillo. Pero está claro que en solo nueve episodios no debería haber altibajos tan notables, y más cuando tenemos el antecedente de que Sorkin escribía veintidós por temporada en El Ala Oeste y los clavaba todos. Además, siendo el segundo año se espera que madure y crezca, y en vez de eso resulta aun más irregular.

También quiero mencionar que The Newsroom se enfrenta a otro problema: hay demasiados ojos puestos sobre la obra de este autor, y con los cuchillos afilados más de la cuenta. Por ello vemos la habitual mala uva de sus detractores, que hacen ruidosas críticas obsesionadas solo con los fallos, incapaces de ver más allá en su campaña de odio irracional. Hay algunas críticas que llegan a límites absurdos, como lo que escribieron en el blog de El País, Quinta temporada: Maggie es un rol femenino machista debido a sus endebles tramas amorosas (que me lo expliquen), por lo tanto Sorkin es un machista y su serie una mierda… pero eh, como Sloan es dura, madura e inteligente y nos jode la crítica, pues “argumentamos” que Sloan es un tío interpretado por una actriz. Con dos cojones. Con este panorama tan enturbiado The Newsroom adquiere mucha más mala fama de la que merece. Como expone Sorkin bastante bien, el poder que tienen los medios de comunicación no siempre se usa con objetividad y ética.

PD: ha cambiado la cabecera, y aunque ha mejorado algo es también aburrida.

Ver también:
Temporada 1.

AGENTS OF S.H.I.E.L.D. – PRIMERAS IMPRESIONES.

Después del abrumador éxito de Los Vengadores a algún productor se le ocurrió lo obvio: vamos a llevar la saga de héroes Marvel también a la televisión. El anuncio entusiasmó a todos los fans del género, y aunque pensando con frialdad se rebajaron las expectativas (estaba claro que no íbamos a ver a superhéroes de alto nivel), la sola idea de ver expandido el universo Marvel, con el buen nivel de la televisión actual, era muy jugosa. El episodio piloto no daba buenas vibraciones, y aunque siempre hay que dar un poco de margen, los dos siguientes definen claramente a la serie y lo que se ve es una decepción de grandes proporciones.

Agents of S.H.I.E.L.D. nace de la mano de Josh Whedon, el propio autor de Los Vengadores y un experto en el mundo de los cómics (de hecho su trabajo en el mismo está muy bien considerado), pero probablemente su implicación será escasa, y no directa, más allá poner en marcha el proyecto. Quizá veamos que más adelante se implica más, pero lo veo difícil con la producción de Los Vengadores 2 en el horizonte. Y viendo el nivel de la serie es una pena: no esperéis otra joyita made in Whedon. El desarrollo recae sobre los menos conocidos Jed Whedon (su hermano), Maurissa Tancharoen Whedon (esposa del anterior), Jeffrey Bell, quien ha trabajado en unas pocas del estilo (Alias, Angel), todos bajo la batuta del productor Jeph Loeb, jefe de la división Marvel Television y con bastante experiencia en el género. Las productoras son ABC Studios, Mutant Enemy (de la familia Whedon) y a la postre Disney, que posee Marvel.

El argumento es simple, lo que no sería grave si diera buenas aventuras, pero también es poco verosímil y por ahora muy limitado en cuanto historias. El agente Coulson (sí, ese que murió en Los Vengadores) forma un pequeño (minúsculo) equipo de niñatos y novatos para ir por el mundo realizando complicadas misiones relacionadas con los superhéroes y los alienígenas que salieron a la luz pública con Iron Man y el posterior ataque a Nueva York visto en Los Vengadores. Recuperar objetos extraterrestres, rastrear amenazas de individuos con poderes y acabar con ellos o conseguir que se pasen a su lado es el día a día de este imposible grupo. Mil preguntas aparecen viendo la sinopsis, y se multiplican en los primeros y exagerados casos que enfrentan. ¿Por qué una agencia del calibre de S.H.I.E.L.D. da luz verde a este comando absurdo, por qué un alto mando como Coulson se mete ahí, por qué en contra de toda lógica las difíciles y muy peligrosas misiones las realizan estos pringados en vez de equipos bien entrenados y con más medios…?

La simpleza inclinada más bien hacia la vergüenza ajena se ve en cada línea de guión de los tres episodios emitidos hasta la fecha. Estos se limitan al caso del día, al tipo con poderes o al científico que inventa algún chisme peligroso, sin más trascendencia. El no ofrecer algo más complejo sería aceptable si se aprovechara para ir presentando con fuerza a los personajes, pero es que esto se hace también bastante mal. Vemos los primeros pasos del grupo, con encontronazos y disputas por las distintas formas de ver el mundo y de enfrentar los problemas, pero todo desde una perspectiva de escaso nivel y bastante inmadura llena de diálogos muy pobres y escenas totalmente previsibles.

Coulson (Clark Gregg) tiene el poso de las películas, pero nace con una sensación de engaño notable que costará superar: ¡estaba muerto! No mola nada que resuciten personajes, pues eso de que no se pueda estar seguro de que los muertos se quedarán muertos jode cualquier intento de drama pasado y futuro relacionado con la caída de protagonistas. Además, ¿siegue muerto en el cánon de las peículas? Lo único esperable es que el misterio sobre su vuelta a la vida dé para una buena trama y redondee un rol que por ahora no pasa de ser el jefe simpático. La otra protagonista importante es Skye, una activista y hacker en la que Coulson se fija y ficha no como experta en informática y conocedora de movimientos sociales varios, sino como agente de campo (ya he comentado que la verosimilitud es escasa). Quitando algunos diálogos sonrojantes en su proceso de adaptación, la chica guarda cierto potencial: metomentodo, criticona, resuelta y de lealtad dudosa. La actriz Chloe Bennett derrocha carisma además de belleza, y tanto ella como su personaje por ahora son lo único interesante de la serie.

El resto de caracteres son para el olvido. El soldado chulo e inmaduro Grant Ward es el experto agente de campo. Su técnica consiste en entrar a saco en todo fregado, hasta que, sí, has adivinado, la lista de Skye le hace madurar. El actor Brett Dalton es infame, de esos que hacen reír por su ineptitud, y termina de rematar el personaje. La veterana Ming Na (Urgencias) es la agente tópico Melinda May: se retiró por alguna misión que salió mal y ahora la meten de nuevo en el juego, donde volverá a sentirse viva. Por ahora no se puede decir más de ella, salvo lo insípida y aburrida que resulta. Para cerrar el grupo tenemos… redoble de tambores… no uno, sino dos genios frikis científicos, y de nivel extra pasados de rosca. Dos niñatos, con puestos intercambiables, porque son ingenieros en todología, que sirven como el comodín humor y el comodín resolver trama con un artefacto más mágico que científico. Cada aparición de ambos es insoportable: todo el rato soltando diálogos pretendidamente graciosos pero ridículos y metiendo cienci-magia de esa que se reinventa en cada capítulo según las necesidades del guión; hasta el traje de Iron Man se queda en chatarra comparado con lo que son capaces de hacer estos dos; consiguen que eche de menos al tonto de Alias y sus cacharros.

Así pues, tenemos una pandilla de adolescentes inmaduros que son agentes secretos de alto nivel que se encargan de los casos más delicados, de amenazas desconocidas para la humanidad. Con esa combinación difícilmente puedes llevar a los personajes por un sendero creíble, y bueno, está claro que los guionistas ni siquiera parecen intentarlo, porque los dilemas primarios a los que los enfrentan son deprimentes por su falta de inteligencia y garra, y las aventuras ya sabemos cómo serán todas: pueden estar ante el fin de la humanidad, que lo resolverán todo con la mezcla esperada de cacharrito tecnológico sacado de la manga, la moza mañosa usando su inteligencia y el soldadito dando tres patadas mientras tiene un momento de revelación-maduración que le hará ganar enteros como ser humano y como amigo de los demás protagonistas.

Hay que decir también que tenemos un par de cameos de figuras más relevantes del universo Marvel, como Maria Hill y Nick Fury (con los propios Cobie Smulders y Samuel L. Jackson, por suerte no son sucedáneos), que son el único enlace real de esta serie con la saga, porque por lo demás lo único que hay en común es el nombre y la presencia forzada de Coulson.

Sobre la puesta en escena, se nota que han echado algo de dinero, porque los exteriores son numerosos y las escenas de acción son correctitas, pero aun así se notan limitaciones, no comparando con el cine, sino con otras superproducciones televisivas. La dirección de Joss Whedon en el piloto no es destacable, cumple con el trabajo y ya está. De semejante autor cabría esperar más, pero a estas alturas está claro que el sello elegido es el de producción de acción básica, y a eso se limitó.

Así pues, con Agents of S.H.I.E.L.D. parece que han recuperado algún proyecto abandonado en un cajón desde principios de los noventa y lo han resucitado. Otra serie de fantasía-acción con el caso del día, la cienci-magia y el tono adolescente casi infantil. La enésima versión juvenil de Expediente X y Alias, otra Lois y Clark, Smallville, El hombre invisible, El coche fantástico, Las crónicas de Sarah Connor y todas las del género que se te ocurran. Es muy decepcionante encontrarse con un producto tan poco arriesgado, tan simplón, tan ingenuo y tan obsoleto en el riquísimo panorama televisivo actual. Agents of S.H.I.E.L.D. nace como una producción de aventuras de segunda división cuando se vende y se espera que sea otra cosa. Habría que esperar a ver si la mano de Whedon llega a notarse, si el producto madura y crece hacia algo más llamativo, pero viendo el tono e intenciones marcado en este inicio tendría que cambiar muchísimo para llegar a ser una buena serie. Con algo de suerte podría llegar a ser una de aventuras sin pretensiones con la que pasar el rato, si quitamos de en medio el factor expectativas, pero por ahora es demasiado cutrecilla incluso para eso.

La audiencia ha bajado bastante del primer al tercer episodios, la recepción crítica no es mala entre los medios pero sí bastante tibia entre los espectadores, pero la ABC tiene muchas esperanzas en ella y ha firmado a ciegas por una temporada completa de 22 episodios. Dadas sus características hay que tener mucha fe para esperar que esto remonte en cuanto a calidad, pero precisamente dado su estilo no me sorprendería que se ganara una base sólida de seguidores que la mantuvieran en antena muchos años. Bodrios como Smallville sirven de ejemplo.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
–>IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
V. GUION PERFECTO
VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

Para poder condensar el análisis tan complejo que propone, David Simon usa un esquema muy inteligente: el protagonismo escalonado y la temporada centrada en un aspecto concreto. Muchas series tienen un grupo definido y limitado de protagonistas (unos ocho, diez o doce en las de mayor alcance y calidad) que están presentes en casi todos los episodios, y unos pocos secundarios de apoyo que aparecen regularmente. The Wire mostró el grupo de personajes más amplio nunca visto, aunque hay que decir que la HBO ha tenido luego otros repartos de gran tamaño (True Blood y Juego de tronos a la cabeza). Pero lo más destacable es que es difícil decir quién es principal y quién secundario, pues todos comparten importancia a la hora de desencadenar los eventos que mueven el conjunto.

Si hago un conteo rápido, en la primera temporada veo al menos veinte completamente esenciales, más un número parecido de otros que forman parte de la fauna local y aportan cosas relevantes. Y conforme avanza la serie van apareciendo no más personajes, sino más grupos enteros: el puerto, las bandas del otro lado de la ciudad, los colegios, el periódico. Pero cada rol aparece sólo cuando es necesario para la historia, no se amolda esta a la idea de que el protagonista debe aparecer porque sí, como es bastante habitual en la mayor parte de series. Hay secciones que solo protagonizan una temporada, otras que son relegadas a segundo plano según se centra la narración en otra parte, y personajes concretos pueden entrar y salir de primer plano varias veces, aunque eso sí, sin perder nunca su hueco en el entramado de vidas de Baltimore, pues salvo que mueran no puedes dar por seguro que no volverán a verse, y desde luego la huella de todos ellos se siente en toda la serie constantemente.

En cuanto a las temporadas, en todas el marco global es por supuesto la lucha contra la droga, pero en cada una se aporta un ángulo distinto, abarcando todo el espectro posible de la sociedad que se ve afectada. En la primera temporada tenemos un en aparente clásico caso de policías persiguiendo al capo de la droga, y digo en apariencia porque su complejidad y detallismo lo aleja de todo lo visto anteriormente. En la segunda el caso es casi una excusa para mostrar, con los estibadores y sus problemas, cómo un sector o gremio de trabajadores puede verse cayendo en las garras del crimen. En la tercera Simon propone una extraña y atrevida forma de atajar el problema de la droga: haciéndola formar parte de la vida normal, en ese gueto (Hamsterdam) que crece con la connivencia de la policía; y paralelamente ataca de lleno la corrupción sistemática de los cuerpos de la ley (altos rangos y políticos). En la cuarta se aborda el conflicto desde su nacimiento, ahondando en el sistema político y presentado el educativo, donde cómo no los protagonistas son casi todos niños. En la quinta se muestra la influencia (positiva y negativa) y responsabilidad de los medios de comunicación, acercándonos a la labor del periódico local, The Baltimore Sun, precisamente aquel en el que Simon trabajó.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 6.

True Blood
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Amelia Rose Blaire, Jurnee Smollett-Bell, Robert Kazinsky, Todd Lower, Arliss Howard, Lucy Griffiths, Anna Camp.
Valoración:

El primer año de True Blood sin Alan Ball a las riendas no ha perdido ni un ápice de su esencia, con lo que tenemos la misma propuesta alocada, original y entretenidísima a pesar de algunos tramos irregulares que desaprovechan su amplio y fascinante grupo de protagonistas. Brian Buckner, uno de los guionistas principales desde el principio de la serie, ha estado a la altura de lo esperado.

La historia del gobernador, que es el punto culminante del conflicto entre humanos y vampiros, es el plato fuerte de la temporada y no decepciona lo más mínimo. El peligro en que pone a nuestros vampiros favoritos es palpable durante todo el año, sobre todo cuando empezamos a introducirnos en la horripilante cárcel, donde se monta la de dios. El retorno de la loca religiosa de Sarah Newlin es impresionante, y el de Steve divertidísimo. La implicación de Jason en el tema después de lidiar con el abuelo resulta muy eficaz. La nueva vampira, Violet, es muy atractiva (si no que se lo digan a Jason). Los serios problemas en que se encuentran Eric y su hermana dan los momentos más intensos y dramáticos. Los líos de Jessica con un noble vampiro son muy interesantes, y ya venía con fuerza de la historia de las hadas del sheriff. Pam está como siempre pletórica, y bien acompañada por Tara, que como dije en su momento, tuvo que ser convertida en vampira para resultar interesante.

Y al final se enlaza todo muy bien con la trama de Lilith+Bill, el intrigante Billith, historia que no se sabía por dónde podía tirar. Finalmente vemos que aquí no hay un desenlace sorprendente, sino uno más sencillo, más terrenal que fantasioso, que por suerte funciona bien: ha primado el conflicto interno de los personajes ante el efectismo barato con los poderes adquiridos por Bill. Muy interesantes han sido los temas sobre la responsabilidad, con vueltas inesperadas tras el lío de las jóvenes hadas, y los roces entre Bill y Sookie; de hecho me supo mal ver a Sookie pasando de ayudar, harta de todo, pero es consecuente con la situación: Bill debería haberla llevado a rastras a ver lo que sucedía en la cárcel, sólo así se conmovería.

El punto negativo es que Sookie ha quedado un poco despegada del resto, y al ir por libre con un personaje poco sustancioso como Warlow parece que hace poco. Warlow es efectivamente un problema, aunque no grave: deambula demasiado, y cuando se define su objetivo y salen a la luz sus motivaciones, después de darle tanto énfasis a un vampiro que ha resultado tan poca cosa, no tiene la fuerza esperada. Tampoco se puede decir que la presencia del mítico Rutger Hauer encarnando al abuelo Stackhouse haya sido muy impactante.

Como viene siendo habitual, lo complicado es que nos gusten a todos por igual las tramas secundarias. Este año hay menos enjundia, para mal (menos personajes en acción y menos historias locas) y para bien (menos subtramas estiradas más de la cuenta o de menor interés), limitándose la cosa a Alcide con los líos de manadas y Sam metiéndose en fregados varios con cambiapieles varios. Ninguna de las dos me gusta, porque están muy descolgadas, aportan poco a lo ya visto y avanzan despacio. Al menos no tenemos más recesos cansinos de vudús y fantasmas con Lafayette y Terry respectivamente. De hecho la parte de los Bellefleur (Andy, Terry y Arlene) sale muy bien parada al centrarse exclusivamente en los personajes y no desvariar en historias paralelas largas. Lo de las niñas hadas parece un poco improvisado y puesto al servicio de la historia, pero es divertido y da para buenos encontronazos entre protagonistas. Los líos emocionales de Arlene funcionan bien, sobre todo tras el emotivo final de Terry.

El capítulo final es un poco desconcertante, al ser más un epílogo y lanzamiento de la próxima temporada que el cierre de las tramas del año, que ocurre en el penúltimo. Como es un anexo tras el plato fuerte sabe a poco; como pega un salto muy repentino en las historias descoloca. Pero el avance brusco en los personajes funciona, porque todo lo que nos muestran se puede enlazar con lo que veníamos viendo (como Sookie con Alcide, por ejemplo). La escena-sorpresa final en cambio si la veo forzada: no puedes matar un personaje principal así, como chiste es rizar el rizo con poco tacto; es de suponer que se entierra a toda velocidad y punto.

La HBO ha confirmado que la séptima será la última temporada. No observo un desgaste acusado, y este universo puede ir creciendo sin parar, pero también pienso que la serie ya no puede sorprender y nos arriesgamos a que se estire más de la cuenta: mejor terminar a tiempo y bien.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.