Archivo mensual: mayo 2019

STAR TREK: DISCOVERY – TEMPORADA 2


CBS All Access | 2019
Ciencia-ficción | 14 ep. de 43-60 min.
Productores ejecutivos: Alex Kurtzman, varios.
Intérpretes: Sonequa Martin-Green, Doug Jones, Anson Mount, Shazad Latif, Anthony Rapp, Mary Wiseman, Michelle Yeoh, Jayne Brook, James Frain, Ethan Peck, Mia Kirshner.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento bastante de las tramas del año, y aunque estas son un misterio hasta bien entrada la temporada, no creo que tengan sorpresas suficientes como para echarlas a perder por saber de qué van. —

No se sabe cuáles fueron las audiencias de la primera temporada de Star Trek: Discovery, pues las cadenas implicadas no han dado datos. Tuvo críticas aceptables de los medios, muy malas de los seguidores de Star Trek, y los no fans parece que la recibieron mejor, aunque eso sí, lejos del gran resultado que dio la reinvención en cines de la por ahora trilogía iniciada en 2009. Sin embargo, la producción fue un caos muy grande y el presupuesto se disparó a límites inconcebibles (más de ocho millones de dólares por capítulo), y sin haber tenido una recepción unánime ni gran presencia en internet cabe pensar que las audiencias fueron débiles, así que en condiciones normales todo apuntaba a cancelación.

Pero ni las audiencias ni las críticas son vitales hoy en día, y para su continuidad hay que buscar otras razones. Discovery y The Good Fight (Robert King, Michelle King, 2017) fueron las series con las que anunciaron el estreno de la plataforma de emisión por internet de CBS, CBS All Access, y cancelar una de ellas nada más empezar daría muy mala imagen. Además, la venta de derechos a Netflix para emitirla en el resto del mundo les permitió recuperar el dinero invertido de golpe; y el propio Netflix sigue en proceso de crecimiento, acaparando todo lo que puede sin importar el coste y si las audiencias no son grandes, porque el que llega para ver esa serie y no le gusta, es posible que acabe probando otra y se quede. Así que, fuera como fuera tenían que aguantar.

Con esta inesperada segunda oportunidad había esperanzas en que los productores se pondrían las pilas y tratarían de dejar atrás los gravísimos errores de concepto y ejecución que convirtieron a la primera temporada en un desastre de los que hacen época, tanto en el lío de la producción como en la calidad final. Pero pensando en frío, ya a mediados de esa etapa los directivos eligieron el camino a seguir, y nada más anunciar la segunda quedó claro que se habían aferrado a él. Echaron a Bryan Fuller y su séquito para abandonar su estilo vanguardista y la narrativa de digestión lenta (aunque es justo decir que también su ostentación visual y la lentitud en rodar, en parte culpables de exceder el presupuesto), y se quedaron con la visión más comercial de Alex Kurtzman, pues los alrededor de 400 millones que hizo con J. J. Abrams en cada una de las tres entregas de la reinvención cinematográfica de 2009 a pesar de su escasísima calidad le han dado un buen blindaje.

Así que no han arreglado nada, sino que han dado carta blanca a la escritura a lo Perdidos (aunque Kurtzman no estuvo en ella, sí es de la misma cantera de guionistas) que ya fue emergiendo a mitad del primer año: basarse en el golpe de efecto y ya veremos luego cómo apañamos el resto, no asentar nada antes de meter con calzador otra historia, y personajes alterables para encajarlos en cada cambio de rumbo. Lo único que han hecho es poner un poco de maquillaje mal dado. ¿Que la gente se quejaba del innecesario y horrendo rediseño de los klingon? Pues les añadimos pelo para que se parezcan algo más al estándar de la saga. Pero, ¿y el resto de traiciones a la serie? Y lo más importante, ¿y las carencias del guion? Ni un solo cambio.

Tenemos otra trama que abarca toda la temporada, pero si el primer intento salió mal, este ha ido incluso peor. La guerra klingon al menos prometía abordar un tema interesante, y casi se podía perdonar que en la caótica producción no saliera nada bueno y trataran de dejarlo de lado disimuladamente. Pero en esta ocasión tenían tiempo para planificar y más estabilidad en la sala de guionistas como para desarrollarla adecuadamente, y nos han traído una parida que parece elegida al azar en una loca lluvia de ideas entre los escritores. Señales en el espacio, un misterioso ángel que aparece de vez en cuando, Spock que se supone que sabe algo pero no se sabe dónde está él… Cada nuevo micro avance se basa únicamente en ofrecer un subidón final de sensacionalismo barato que muchas veces ni se acuerdan de desarrollar en el siguiente episodio, porque sólo es un cebo. Así que acabarás harto de anuncios de que hoy por fin verás a Spock, conoceremos la naturaleza del ángel, y pasará algo grave e importantísimo.

Y todo para acabar soportando un dramón familiar plomizo, con la protagonista, la comandante Burnham, echando de menos a su mamá, teniendo repetitivos flashbacks con Spock que no llevan a nada, y para que cuando este aparezca por fin no aporte absolutamente nada a la trama y los personajes, sino que sea otro macguffin que sólo suelta frases chocantes aquí y allá. Todo para que el anunciado misterio sea un villano de cómic, un arquetipo de ser destructor encarnado por una inteligencia artificial, del que también se olvidan un capítulo sí y otro no y, cuando por fin lanzan el enfrentamiento, sea con un estilo de serial ochentero, todo peleas simplonas y mal rodadas, exageraciones absurdas, mucho ruido y peligros inverosímiles. Todo ello dando vueltas sobre la vaga amenaza de la destrucción de toda la vida en el universo, porque los guionistas querían dejarte sin aliento con una historia épica, ¿y qué más épico que el final del universo?

Si ya sabemos que al final harán un truco de cienci-magia y todo se resolverá sin secuelas, ¿por qué intentas engañarme?, ¡cuéntame algo tangible, con contenido real! En la Star Trek de toda la vida podían resolverse así muchos retos, pero lo que importaba era el conflicto político, social y cultural, el cómo enfrentaban los protagonistas todos los pasos del desafío según sus personalidades. Pero aquí no hay esencia alguna de Star Trek, la mayor parte de los personajes son amalgamas sin pies ni cabeza que cambian según las necesidades del guion, y la trama son fuegos artificiales huecos.

¿Quién es Michael Burnham, qué piensa, qué la motiva para luchar con ahínco en cualquier situación? Tras dos temporadas, no lo sé. Sólo sé que dirá si a todo y se tirará de cabeza en cualquier misión para hacer lo que sea, a pesar de que es una oficial científica. Ciencia poca, todo lo resuelve a hostias y tiros. Que le den un traslado a seguridad o la despidan, pues abandona sus obligaciones cada dos por tres. De vez en cuando nos dicen que cae bien a otros personajes. ¿Por qué? La interacción que tiene son escenas de acción. Diálogos que desarrollen un acercamiento, sentimientos mutuos y camaradería no hay. El serio Saru y el capitán Pike la admiran y respetan a pesar de su desobediencia e imprudencias constantes, y los compañeros a los que arrastra en misiones suicidas también. ¿Por qué? Porque los guionistas quieren un personaje principal comodín. Vale para todo y sufre por todo para intentar que el espectador conecte. La pobre Sonequa Martin-Green, competente de sobras, se pasa otra vez todo el tiempo poniendo caras de estar a punto de llorar.

Si he aguantado otra infame temporada es porque, aparte de que a la ciencia-ficción le doy más oportunidades que a otros géneros, Pike y Saru se sobreponen lo suficiente del resto de carencias de la serie como para tener algo a lo que aferrarse en la espera de vagas mejoras que, por desgracia, tampoco han llegado este año.

Saru vuelve a ser el comandante en el que se puede confiar porque no pierde los estribos, no falta a nadie, siempre tiene una respuesta inteligente y conciliadora. Su evolución es curiosa y efectiva. En uno de los pocos capítulos que tienen algo de contenido descubrimos que su especie está dominada por otra, impidiendo su desarrollo físico y emocional completo. Vamos, que están como castrados. Saru, fuera de ese dominio, se desarrolla plenamente, lo que significa ver acrecentados sus sentidos y ser más violento para defenderse de los depredadores. El tipo antes comedido y sobrio enfrenta emociones complejas, y tiene un buen periodo de aprendizaje para luego seguir siendo en el fondo él, pero más maduro. Es decir, que no cambia abruptamente para ajustarse a una nueva trama.

Christopher Pike está sacado de la serie original, pero apareciendo en un solo capítulo (el episodio piloto que fue rechazado y se recuperó décadas más tarde) no había temor a que mancillaran personajes principales como han hecho con Spock. Y lo cierto es que recuerda a él: es el capitán carismático al que todos querrían seguir porque es competente pero cercano, se gana a la gente escuchando y dando discursos de ánimo muy efectivos. Además, el actor Anson Mount (lo conocí en Hell on Wheels) está muy bien elegido, pues tiene un magnetismo arrollador. Cierto es que está metido con calzador, y quitan de en medio el Enterprise en gran parte del año con excusas poco trabajadas, pero su presencia y la dinámica con Saru y el resto de la tripulación es lo único salvable de la temporada.

¿No podían escribir a todos los protagonistas así de bien? ¿Es que los sortean entre los numerosos guionistas? Porque a Burnham y al resto del repertorio es para borrarlos y hacer como que no han existido. La cadete Tilly, otra que está metida a fondo en toda misión y labor a pesar de su nulo rango, es el estereotipo de gorda propio de una comedia tonta, es decir, aquí no pinta nada, pero además lo llevan al extremo más rancio y penoso que he visto. ¿Intentaron un rango bajo simpático y cercano, o insultar al espectador y sobre todo a la gente obesa? Lo segundo es lo que les ha salido. En cada una de sus apariciones resulta irritante, idiota, ofensiva. La pareja de científicos homosexuales sigue el mismo camino: son la representación del estereotipo y de la corrección política en su máxima expresión, con lo que resultan muy cargantes. Cada escena que tienen, sea en la misión que sea, se reserva un interludio para declarar su homosexualidad y su amor. Que estamos preparando un proyecto científico de vital importancia, pues paramos para que las almirantes alaben lo gays que son, para que quede claro que los superiores los respetan, o metemos una peleilla sin venir a cuento, para que los compañeros digan algo que a mí me sonó a un patético “pero si sois como las personas normales, pues os queréis y peleáis como los demás”. Y así episodio tras episodio. Hace más de veinte años desde que Urgencias (John Wells, 1994) y Buffy, la Cazavampiros (Joss Whedon, 1997), entre alguna otra, empezaron a incluir personajes homosexuales con una naturalidad asombrosa, sin dejar margen para que ni el más cavernícola sacara excusas para atacar, y a estas alturas cambiamos el chip al modo panfleto reivindicativo más torpe y contraproducente que puedas imaginar.

Entre los personajes comodín, con Ash Tyler ya rizaron el rizo de manera demencial el primer año, pero aquí siguen reutilizándolo. Ahora ya no es un medio humano medio klingon, sino un operativo de una agencia secreta de la Federación. Recuperan su lado klingon de sopetón en un episodio, como para darle un cierre, pero es un sindiós y además un coñazo. Y en adelante vuelve a ser otro que está en todo sin que se sepa por qué, y además vuelven a acordarse de vez en cuando de que había una especie de romance con Burnham, así que hablan y se besan un par de veces, y luego siguen como si nada. Señores guionistas, por favor, un poco de coherencia, aunque sea una pizca. La Georgiou terrana igual, no saben qué hacer con ella, pero la incluyen en toda historia sin esforzarse lo más mínimo en darle unas motivaciones; al menos esta resulta tan indiferente que no molesta.

Los otros tripulantes no tienen un dibujo concreto a pesar del tiempo que ocupan en pantalla. En The Orville (Seth MacFarlane, 2017), por hacer la comparación más obvia, tenemos un puñado de secundarios de los que rápidamente conocimos sus peculiaridades básicas, y algunos se hicieron entrañables. Aquí ponen caras de qué bien nos llevamos, pero apenas tienen un par de escenas útiles en todo el año. Y peor son esos que se acoplan de vez en cuando no se sabe por qué, como un par de almirantas. Luego intentan ponerlos en numerosos peligros, pero obviamente no funciona, salvo cuando de repente le dan más protagonismo a uno, porque aunque sabes que eso significa que morirá en breve al menos así cobra algo de interés por un rato. También hay otros momentos de vergüenza ajena, como los personajes corrompidos por la IA a los que les cambia el color de ojos o la voz para que sepamos que su lado malo los controla. No será tan inteligente la IA. O más bien los guionistas son unos cenutrios. Pero el colmo de los colmos es que en el tramo final hay un personaje que resulta crucial, la reina de un planeta… pero aparece sin más, como si llevara ahí varios capítulos. Tras mucho buscar resulta que la habían presentado en un corto promocional. ¡Con dos cojones!

Nada del sello de Star Trek encontramos otra vez, por mucho que metan personajes y naves de la serie original. Este pseudo Spock no recuerda en nada al vulcano que conocíamos, es un rarito insulso y el actor Ethan Peck anodino. ¿Qué necesidad había de meterlo aquí, y de forzar su historia conocida inventando que Burnham sea su hermana adoptiva? Sólo funciona la aventura secundaria que enlaza con el episodio La jaula (The Cage, 1966), y también está metida con calzador en las demás tramas de la serie. Como curiosidad, cabe indicar que Rebecca Romijn (X-Men) interpreta a la número uno del Enterprise que interpretó entonces Majel Barrett, y Melissa George a la mujer atrapada por los alienígenas telepáticos, papel que hizo en su momento Susan Oliver.

Ninguna trama, ningún conflicto personal, trata con seriedad temas de antropología, cultura, religión, política, ciencia… Sí, mencionan algunos de ellos, como la religión y la ciencia, pero es como si lo hicieran obligados, para decir “Veis, esto es Star Trek“, pero lo poco que abordan lo hacen superficialmente, con torpeza, sin visión alguna. Con el pueblo de los terrisanos, por ejemplo, parecía que iban a tomárselo más en serio, pero al final parece un capítulo del Equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983): una comunidad débil a la que defender, ningún conflicto complejo. La odisea del pueblo de Saru también prometía tratar temas culturales (la dominancia de una raza sobre otra ha dado muchos buenos dilemas éticos en las otras series), pero acaba a tortas sin más y metiendo el dichoso ángel, así que no llegan a profundizar en lo prometido. El choque con el mundo paralelo de las esporas parecía inclinarse por la línea de descubrimiento científico, pero termina siendo puro Discovery: caótico, forzado, aburrido.

En la perspectiva global y la trama larga tampoco hay rastros del espíritu original. La Federación parece un gobierno belicoso y lleno de traiciones y secretos, con excesos como esa oscura sección de espionaje. La investigación sobre el ángel y el conflicto con la IA no toca ningún tema interesante, todo es misterio y acción. Lo peor es cuando parece que los autores se dan cuenta de ello e incluyen una voz en off que parece improvisada a última hora para recalcar temas sobre sacrificio, deber, la ética de la Federación… cosas que luego realmente no se ven en el relato.

En los detalles, concretamente en la estética y la tecnología, estamos igual, parten de unas bases nada fieles y luego hacen chapuzas para parchear. Me sacó de quicio la gilipollez de decir que los hologramas no funcionan en el Enterprise por problemas técnicos y tienen que comunicarse a la antigua usanza. Si esto es como un universo paralelo con distinta tecnología, ve a saco con ello, no hagas lastimeros intentos de compaginar ambas series, porque entonces no me vengas desde el principio con un rediseño del Enterprise tan radical, tan en el estilo de las películas de Abrams y Kurtzman: una nave más grande y armada hasta los dientes (incluyendo como un centenar de cazas), unos interiores de paredes y mobiliario oscuros pero con luces chillonas y pantallas sobrecargadas por todos lados.

En lo visual encontramos el mismo estilo informe y sobresaturado del primer año. Da la sensación de que había algún productor metiendo baza en los rodajes: “Más ritmo”, “Pero qué hay del tempo de la escena, de mostrar el calado emocional en los personajes…”, “Ritmoo, mete ritmooo”. Un capítulo te marea con encuadres inclinados sin venir a cuento, otro abusa de los travellings, y todos te vuelven loco con un montaje frenético, reflejos, lucecitas… No sé qué hace Jonathan Frakes colaborando en este esperpento; supongo que le pagarán bien. La música tampoco destaca nada, cuando en la saga siempre ha tenido bastante prominencia y ha sido de bastante calidad.

El dinero luce un poco mejor porque tenemos algunos nuevos decorados de navíos y escenarios en planetas, pero no como para impresionar. Y los efectos digitales del espacio y las naves siguen siendo de muy, muy bajo nivel, y además parecen siempre acabados con prisas, sin planificar las batallas y movimientos: todo son borrones. Prometían un final legendario, y entre el guion estulto, las simplonas peleas a tortas y la batalla espacial tan fea, da más bien pena. Es comparar con The Orville o The Expanse (Mark Fergus, Hawk Ostby, 2015) y me pregunto cómo ha podido costar casi el doble que esas.

La primera temporada era muy floja y caótica, pero esta un galimatías alucinante. Por momentos te ríes de lo cutre que es, pero predomina el aburrimiento, el asco, e incluso el cabreo, porque llega a ser tan estúpida que parece un insulto deliberado o una broma de mal gusto. Y me inclino por lo primero, porque el penúltimo episodio es todo entero un anuncio de que van a pasar cosas en el último mientras en él no ocurre absolutamente nada, resultando un timo vergonzoso.

De nada sirve rezar para que la entierren y hagan como que no ha existido, pues siguen empeñados en tirar hacia adelante renovando esta y además aumentando el sacrilegio, pues tendremos otra serie de este estilo con Jean-Luc Picard de protagonista…

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

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THE ORVILLE – TEMPORADA 2

Fox | 2019
Ciencia-ficción, drama | 14 ep. de 48 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Jessica Szohr, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

En la primera temporada de The Orville dije que su inicio era bastante desalentador, pero que maduró rápidamente y terminó ofreciendo una correcta combinación de drama, humor y ciencia-ficción. Pero lo cierto es que tenemos otro año irregular que no sigue madurando como esperaba. Es una serie con cierta personalidad, unos protagonistas simpáticos y muy buen acabado, pero le sigue faltando algo de equilibrio y solidez.

Se profundiza en los personajes y las relaciones entre ellos, y a veces con historias como se espera de una hija espiritual de Star Trek, tocando temas morales y culturales trascendentales, pero otras muchas es a costa de exceso de dramones y repetición de argumentos. Pronto acabarás harto de los líos familiares de Bortus, plomizos y atascados siempre en lo mismo, y la relación en tensión entre el capitán Mercer y la comandante Grayson da demasiadas vueltas, con situaciones un tanto infantiles. Pero a la vez, el conflicto moral de las tradiciones del pueblo de Bortus es muy jugoso, y el lío amoroso tiene tramos muy logrados: el episodio de las refugiadas huidas su planeta es bastante bueno, y la doble joven de Grayson da para una correcta tragicomedia.

La relación que sí sale redonda de principio a fin es la de Claire con Isaac. El choque entre una doctora y madre que tiene que manejar muchos sentimientos y responsabilidades con una inteligencia artificial seca y fría que está aprendiendo lentamente tiene muchos momentos divertidos y otros tantos muy inteligentes que dejan buenas lecciones sobre amor, familia, conocerse a uno mismo, etc.

Además, esta parte enlaza directamente con la entrada en acción de la civilización de Isaac, los Kaylon. Esta versión de los borg de Star Trek con toques de los cybermen de Doctor Who trae las mejores historias de la temporada. Tienen buenas partes de acción pero también relevancia argumental: todos los personajes sufren su envite, la humanidad enfrenta un reto único, Isaac fascina y asusta a la vez… Pero también exponen las limitaciones en que se atasca la serie: una vez expuesta la premisa no son capaces de ofrecer buenos giros, todo se ve venir de lejos y se desarrolla con cierta sensación de dejadez, de ir con la inercia puesta. Las disputas morales en los cuarteles de la Unión son bastante parcas, por ejemplo.

Con este conflicto recuperan también el de los krill (el trasunto de los romulanos), que tras prometer bastante se había quedado un poco estancado. Religión, cultura, política, guerra… se mezclan varios temas jugosos aceptablemente bien, pero como en todo el año, dejando la impresión de que material había para mucho más.

Vuelven a experimentar también con capítulos de ciencia-ficción más ajena a la línea de Star Trek, acercándose de nuevo a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011) y también con sabor a clásicas distopías literarias. Impresiones duraderas (211) trata de como el teniente Gordon Malloy se enamora de una representación virtual de una mujer hecha con los datos de sus redes sociales. Como es de esperar, se mete en un buen entuerto que acaba con la moraleja de vivir en el mundo real. En Todo el mundo es un pastel de cumpleaños (205) hacen un primer contacto con una especie de utopía que pronto muestra ser lo contrario, una sociedad dictatorial a base de costumbres racistas y clasistas absurdas. Pero incluso estos paréntesis que resumen historias complejas en un solo episodio se muestran las fallas persistentes. Pesa la falta de ritmo, la sensación de que no son capaces de exprimir el potencial de cada historia, y también de que el humor cada vez tiene menos presencia y carece del ingenio necesario, mientras el drama romántico toma demasiado protagonismo.

Hay otro mal trago ajeno a los creadores: la partida de Halston Sage, la teniente Alara Kitan de seguridad, en busca de mejores papeles, justo cuando se estaba convirtiendo, si no lo era ya, en la favorita de la mayoría de los seguidores. La joven actriz había hecho suyo a un personaje con muchas aristas y un recorrido dramático muy bien trabajado, y se nos larga sin más. Además, su despedida es en un capítulo (Hogar, 203) con guion de telefilme de suspense muy tonto, lo que agrava el mal sabor de boca. Para sustituirla fichan a Jessica Szohr (vista en Gossip Girl -2007- y Shameless -2011-), que interpreta a la teniente Talla Keyali. Lo cierto es que de entrada parece una imitación descarada del personaje: misma raza, físico parecido… Pero por suerte, en un par de capítulos vemos que se han currado un rol muy distinto y la actriz es la mar de competente, y pronto se gana su hueco.

Volviendo a Star Trek, la esencia está ahí, y los homenajes también (destacando el final en plan El Enterprise del ayer), pero cada vez hay menos parodia y buscan más su propio camino, y eso a pesar de que hay implicados varios autores y actores de aquella. Brannon Braga sigue como productor ejecutivo y dirigiendo episodios, Jonathan Frakes dirige otro esta temporada (también uno en Discovery, pero ahí los enredos narrativos que usan se le atragantaron y le salió un galimatías), y Joe Menosky entra como coproductor ejecutivo y guionista de un capítulo. Entre los actores destaca Roberto Picardo, el doctor de Voyager (1995), Marina Sirtis, la consejera de La nueva generación (1987), Tony Todd, un secundario recurrente en aquella, el klingon Kurn… Y no faltan los cameos camuflados, como el de Bruce Willis poniendo voz a un alien-planta.

En cuanto a los actores principales, Seth MacFarlane (el capitán) sigue quedando por debajo del resto, pero al menos tiene bastante química con sus compatriotas, y Adrianne Palicki (la comandante), Penny Johnson Jerald (la doctora) y Scott Grimes (el piloto) están estupendos. La puesta en escena vuelve a ser bastante buena. Como en el resto de la saga clásica, buscan la sobriedad, dejar que las historias hablen por sí solas. Aun así, con el buen presupuesto del que dispondrán se permiten algunos planos llamativos del puente de mando y unos espectaculares escenarios imaginarios y rodar en parajes naturales vistosos. Y de nuevo cabe destacar el amor de MacFarlane por la música de cine, donde la labor de Joel McNeely y John Debney sigue siendo muy llamativa; en cambio, me temo que esta vez no han contado con Bruce Broughton.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

JUEGO DE TRONOS – 806 – EL TRONO DE HIERRO (FINAL)


806 – The Iron Throne
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: David Benioff, D. B. Weiss.
Valoración:

Sinopsis:
¿Es Daenerys Targaryen apta para el Trono de Hierro?

Resumen:
Alerta de spoilers: Os recuerdo en los resúmenes describo a fondo los episodios.–

Dany encierra a Tyrion por la traición de liberar a Jaime. El enano admite su derrota: no supo ver a tiempo la maldad intrínseca en la joven reina. Le pide a Jon que no esté tan ciego como él y actúe. Este intenta hablar con Dany, pero ve que no entrará en razón… y la asesina. El dragón quema el Trono de Hierro con su ira, fundiéndolo, rompiendo la rueda definitivamente como quería Daenerys.

Las Casas más importantes de Poniente se reúnen con Gusano Gris para que libere a Tyrion y Jon y ceda el trono a alguien de Poniente. Viendo la oportunidad, Tyrion propone un rey elegido por asamblea de los nobles. Bran les parece el más apto a todos. Pero Gusano Gris exige que Jon pague por el asesinato, y sólo cede cuando le dicen que lo enviarán a la Guardia de la Noche. Una vez en el castillo Negro, Jon cruza a Más Allá del Muro con Tormund y su pueblo, acompañado de nuevo por Fantasma.

Sansa es proclamada Reina en el Norte, defendiendo su reino independiente. Arya se va de vacaciones en barco. Tyrion forma un consejo privado del rey con Bronn de Altojardín como Consejero de la Moneda, Samwell Tarly como Maestre, Brienne de Tarth como Capitana de la Guardia Real, Ser Davos Seaworth como Consejero Naval…

Mejores frases:
-Tyrion: Cuando asesinó a los esclavistas de Astapor, estoy seguro de que solo se quejaron los esclavistas. Después de todo, eran hombres malvados. Cuando crucificó a cientos de nobles meereenses, ¿quién podría discutirlo? Eran hombres malvados. ¿Los khals dothraki que quemó vivos? Le habrían hecho algo peor a ella. A donde quiera que va, los hombres malvados mueren y la aclamamos por ello. Y se vuelve más poderosa y más segura de que es el bien y que tiene razón. Cree que su destino es construir un mundo mejor para todos. Si crees eso… si de verdad crees eso, ¿no matarías a quienquiera que se interpusiera entre el paraíso y tú?

-Tyrion (a Jon): Eres el escudo que protege el reino de los hombres. Y siempre has intentado hacer lo correcto. Sin importar el coste, has intentado proteger a la gente. ¿Quién es la mayor amenaza para el pueblo ahora?

-Davos: Esos proyectos empezarán tan pronto como el Consejero de la Moneda y Señor de Altos Títulos nos provea de fondos.
-Bronn: El Consejero de la Moneda ansía ayudar al Consejero Naval, pero primero debe asegurarse de que no desperdiciamos monedas o muy pronto no “habrán” monedas.
-“No habrá”.
-¿Ahora también sois Consejero de Gramática?

-Todos: ¡La Reina en el Norte! ¡La Reina en el Norte!

Comentario:
Alerta de spoilers: Os recuerdo que la crítica tiene muchos datos reveladores.–

Inesperadamente, el final de Juego de tronos me ha gustado bastante.

(Gran suspiro de alivio)

Tenemos la conclusión agridulce que se esperaba, narrada con una consistencia, un ritmo templado y una serie de buenas sorpresas como no hemos tenido en el resto de la temporada y se echó de menos también en partes de la quinta y séptima y muchas más de la sexta. Hay flecos, cosas cuestionables, alguna decisión torpe y, sobre todo, obviamente hemos dejado en el camino reciente tramas desastrosas y giros lamentables en la evolución de los personajes, pero en el cierre de lo que quedaba, Benioff y Weiss han salido bastante airosos. Hay tragedia shakesperiana como en los primeros años, hay tensión palpable en gran parte del metraje, hay escenas sobrecogedoras y otras hermosas, algunos personajes vuelven a ser reconocibles (Tyrion recupera su inteligencia y habilidad para la supervivencia) y, como se espera en un buen final, ubica a la mayor parte en un nuevo rumbo con coherencia, simbolismo y melancolía como para dejarte embelesado un buen rato tras el visionado. El viaje no se acaba, hay que enfrentar una nueva vida, atados al pasado pero mirando adelante.

La rueda se ha roto, como quería Daenerys. Pero en su caída al lado oscuro, a la tiranía, quería seguir moliendo lo que quedaba, en persecución de una ilusión inalcanzable. Todavía hay mucho espectador que se empeña en no verlo, como si así pudiera tapar el dolor que le causa ver a su personaje favorito caer al abismo, pero de nuevo hay que señalar que la realidad es que su trayectoria ha estado bien desarrollada lo largo de toda la serie. No ha conocido otra forma de vida que la rebeldía violenta, y la contención previa mantenida por la falta de recursos militares y por el consejo de los sabios que la acompañaban ha desaparecido y se ha impuesto la vena fanática. Ella sabe que lo que hace es lo correcto y tiene los medios para conseguirlo, y nadie va a hacerla cambiar de idea.

Tyrion se dio cuenta tarde, y el precio pagado (Varys, toda la población de Desembarco del Rey) lo atormenta. Su única esperanza es Jon. ¿Llegará a reaccionar y encontrar soluciones? El primer acto del capítulo mantiene una calma tensa difícil de aguantar. Estás seguro de que todo va a venirse abajo en cualquier momento, da la sensación de que Dany ejecutará a Tyrion y Jon sin pestañear e irá a Invernalia con sus ejércitos a exigir sumisión o a imponer fuego y sangre.

Con un giro imprevisto y brutal, nos ofrecen mucho más. Los guionistas rompen con toda expectativa haciendo que Jon asesine a Dany en su primer cara a cara tras la toma de la ciudad. Un diálogo le basta para ver que no hay solución y extenderlo más traerá mucho sufrimiento. ¡Por fin Jon hace algo esta temporada! Así que Daenerys cae sin guerra, sin batallas, sin Invernalia contra Desembarco del Rey. En el Trono de Hierro, con una tragedia intimista desgarradora y con un simbolismo arrollador: el dragón, llorando la pérdida, funde el Trono de Hierro. Ahora sí, la rueda está rota del todo.

Si ella quería seguir con su visión de conquista, los que quedan anhelan la paz y la prosperidad. Pero también sería muy fácil poner a Jon de rey y seguir como antes, sin que nada cambiara. Habían de llegar nuevos aires a Poniente, no podemos andar ocho años con promesas de cambiar todo y terminar haciendo un reset simplón. El nuevo sistema de gobierno por asamblea de nobles es una evolución muy lógica del anterior. Tienen que ponerse de acuerdo entre todos y elegir un rey que convenga a la mayoría para evitar conflictos políticos y bélicos cada pocos años. La escena, aparte de ser una larga secuencia de tensas negociaciones con resultados inesperados, tiene además un punto de humor muy conseguido, con Edmure metiendo la zarpa otra vez y Sam haciendo un amago de proponer una democracia. Y el nuevo consejo privado del rey termina de apuntalar el cambio de rumbo en la política. Gente dispar que ha llegado alto por su valía y confianza, no nobles que han urdido conspiraciones y pisoteado a otros para subir en la escala social.

Los nuevos destinos de prácticamente todos los personajes son bonitos y emocionantes, pero sobre todo acorde a su trayectoria previa, los guionistas no fuerzan cambios de personalidad para llegar a conclusiones facilonas como en el resto de la temporada. Ver a Brienne como capitana de la Guardia Real, escribiendo en el libro, y acompañada de Podrick, culminando así su ascenso como caballero, es muy hermoso. La primera reunión del consejo es estupenda, mezclando inquietudes (Tyrion esperando que salga todo bien, incluso colocando las sillas), humor, y las primeras rencillas que señalan los nuevos tiempos. El viaje de Jon al Norte del Muro (enlazando el plano inicial de la serie con el plano final, clásico pero muy efectivo) tiene su toque de melancolía a lo El Señor de los Anillos (J. R. R. Tolkien, 1954): he salvado el mundo, pero en este nuevo ciclo ya no encajo. La confirmación de Sansa como reina es el último paso en su maduración. El destino de los Inmaculados queda abierto a la imaginación: tratarán de seguir el legado de Dany, liberando esclavos por el mundo, o habrán tenido suficiente y Gusano Gris espera que se establezcan en un lugar de ensueño, el país de origen de su amada.

Eso sí, cabe señalar que si detienen a Jon es porque confiesa sin más. Bien podría haberse inventado que Dany estaba sufriendo en secreto por sus desmanes, se sentó en el trono y se hizo matar por el dragón; o que había alguien escondido y la apuñaló, y no hay rastro porque el dragón los incineró. El muchacho es bien tonto. Por otro lado, qué sentido tiene mantener a la Guardia de la Noche si ya no hay enemigos al norte. Mejor que pongan una guardia marítima para que no vuelvan Inmaculados y Dothrakis y otros iluminados. También se puede pensar que si Gusano Gris se va y no parece tener intenciones de regresar, Jon podría ser perdonado, que casi todo el mundo está de su parte; es cierto que elige su destino y ya no creo que quiera volver, pero da la impresión de que los demás pasan de él muy fácilmente después de todo lo que ha hecho.

Hay que matizar la caída al infierno de Torgo Nudho, también incomprendida por muchos espectadores, que dicen que los Inmaculados eran seres sin sentimientos y “se ha vuelto loco sin más”; precisamente este en concreto las recuperó con su enamoramiento con Missandei, y su muerte es inasumible, no está preparado para tanto sufrimiento, y se rompe, quedándole como único motivo para vivir la fidelidad a Daenerys. Del nuevo consejo también he leído críticas. Todos son gente que ha demostrado su valía y fidelidad. ¿Qué mejores consejeros que Davos y Sam puede haber? Y con Bronn no veo problema en que sea consejero de la moneda. Más difícil de tragar me parece que nobles menores y el pueblo llano lo acepten como líder impuesto de la casa con tierras más ricas. Pero una vez asumido eso, el noble en esta posición, sea Bronn o cualquier otro, es el ideal para el puesto, maneja el grueso del dinero del reino, así que mejor tenerlo cerca y bien contento.

Sólo con Bran y Arya encontramos fallos de concepto y ejecución. De nuevo no sabían dónde meter a Arya e improvisan su destino de mala manera. Si había encontrado razones para volver a su antigua vida al descubrir que su familia vivía e Invernalia estaba en pie, ¿por qué lo abandona todo?, ¿cuándo se ha mostrado el más mínimo desarraigo?, ¿no hubiera sido más acorde a su personalidad que se quedara en Desembarco del Rey, cuidando a Bran de los posibles desmanes y conspiraciones de la corte? También se tiran dos capítulos diciendo que va a hacer algo importante (intentar matar a Cersei y luego a Dany) para que al final no haga nada de nada.

En cuanto a Bran como rey, encajaría mejor si hubiera tenido algún recorrido digno estos últimos años. Me parece que los guionistas pretendían señalar que ha demostrado neutralidad, sabiduría y temple para que lo apoyen todos. Pero nada real ha hecho, ni para los nobles ni en la guerra. Tyrion lo recomienda porque “es testigo de muchas cosas, de la historia del mundo”. Pero nadie sabe cómo hace para ver esas cosas, y si lo cuenta lo mismo ni lo creen. ¿Las casas menores y demás nobles aceptan a un don nadie como este? Por cierto, si ha visto en el futuro que sería rey, como afirma con todo descaro, entonces es culpable de dejar que la guerra llegue demasiado lejos para favorecer sus intereses…

Si el nombramiento de Bran resulta un giro aceptable es porque da la impresión de que más bien lo usan como rey interino para pasar la tormenta, y ya pondrán a otro más adecuado. Pero hubiera preferido a Sansa, tiene tirón de sobra en gran parte de Poniente, bastaba con convencer a los sureños con algún buen discurso. Igualmente, cabría esperar que la pretensión de la Stark de seguir como reino independiente debería haber causado más revuelo; los guionistas quieren mantener la fuerza del personaje pero olvidan la perspectiva global: están todos cediendo para encontrar un punto de partida común, y esta loca se pone a exigir demandas enormes. También cabe preguntarse cómo Sam se gana el puesto de Maestre: ¿no hay exámenes, se lo dan por méritos en la guerra o algo así?

Termino con algunos detalles menores. Otra vez que sale Último Hogar en los créditos y otra vez que nada ocurre por allí; pon el Castillo Negro, al menos. El caballo misterioso de Arya se esfuma, pues ahora aparece andando. Gusano Gris ya era comandante de las fuerzas de Dany, no sé qué viene ese pseudo ascenso. Un nuevo gazapo surrealista copa los memes por internet: durante el parlamento en el Pozo de Dragón, se ven dos botellas de agua de plástico entre las piernas de los personajes. Lo bueno es que ahora se arregla con el ordenador en un momento y se sube de nuevo el episodio a los servidores, el fallo ya no queda ahí para la posteridad.

En esta su primera incursión tras las cámaras, Benioff y Weiss ofrecen una puesta en escena muy sobria, sin forzar el ritmo, dejando que cada diálogo y pensamiento cale, que las emociones fluyan. Incluso la música de Ramin Djawadi, por lo general regulera, ha estado mejor que de costumbre, con temas dramáticos bastante efectivos. Y hay que alabar de nuevo el estupendo reparto, destacando a Peter Dinklage, que ha estado soberbio durante toda la serie, y la gran maduración de Kit Harrington.

Juego de tronos se despide aprovechando bien las pocas bazas que le quedaban, tanto de historias, como de conexión con el espectador. Podría haber sido bastante mejor, pero para ello tendríamos que haber tenido una temporada final mejor y arreglar tramas mal ejecutadas en las tres anteriores. Con lo bajo que había caído la serie, hay que celebrar que tengamos un cierre digno, porque así nos deja con mejor recuerdo del que iba arrastrando.

Pero para mi sorpresa, una masa enfurecida de espectadores está hundiendo las notas del episodio en internet. Con el final de una serie tan querida es difícil llegar a las expectativas de todos, pero desde luego no es justo criticarlo por fallos que no tiene. Porque leyendo críticas queda claro muchos espectadores desean que Dany y en menor medida Gusano Gris no hubieran caído al lado oscuro, esperando un final complaciente y blando, los personajes comiendo perdices y viviendo felices para siempre. Eso no es Juego de tronos. Otros tantos han ido abriendo los ojos en los últimos capítulos ante todos los fallos que llevan años ahí, y descargan la ira ahora indistintamente de que en este caso no sea merecido. Puedo entender que no convenza del todo, pero de ahí a considerarlo un desastre, y más comparado con los flojos e incluso horrendos episodios que hemos tenido, sobre todo este año…

Sea como sea, ellos se pierden el último destello de una serie que pudo ser muy grande y se quedó a las puertas una y otra vez, marcando tantos hitos como decepciones, pero que desde luego ha merecido la pena seguir.

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Guía de episodios

THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 2

The Deuce
HBO | 2018
Drama | 9 ep. de 63-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo por encima los eventos de la temporada. —

Dejamos la primera temporada con el inminente nacimiento de la industria de la pornografía a principios de los años setenta, y saltamos a 1977 para ver sus primeros pasos.

Algunas prostitutas, como Lori Madison, se van adaptando a los nuevos tiempos, haciéndose actriz, otras los empujan, como Candy, ahora metida a realizadora de cine porno, otros chocan contra el cambio, como los chulos, que ven peligrar su trabajo. El porno está pasando de negocio turbio a legal y exitoso, sus artífices de trabajar en la sombra a triunfar con fama y premios.

La percepción de la sociedad también madura, con la prostitución en la calle vista cada vez más como una lacra. Esto llega también a los clubs, sean normales o de alterne, y otros establecimientos relacionados con el sexo. Con el boom hay más competencia, y también llegan nuevas leyes y políticos con ideas de limpiar la zona. Por el otro lado, pesa también el control de las mafias italianas, que quieran o no los empresarios, han metido la zarpa en todas partes.

Todos los personajes evolucionan muy bien, tejiendo en conjunto historias con la complejidad y verosimilitud habituales de David Simon y George Pelecanos. El barrio The Deuce cobra de nuevo vida ante nuestros ojos, haciendo que formemos parte de ese ambiente y época como si estuviéramos allí. Encontramos infinidad de grandes momentos, sean detalles sueltos o conclusiones de alguna historia. El miedo de C.C. al cambio es muy realista, gracioso y a la vez triste, y por el lado contrario, Larry le echa coraje, planteándose ser actor como sus putas. El dúo que han formado Candy y Harvey Wasserman, su productor, nos deja multitud de peleillas geniales. La creciente implicación de Abby para salvar prostitutas es muy emotiva. El robo de uno de los chulos secundarios en una farmacia tiene giros muy locos para unos guionistas tan serios. Y el salto de Paul, el camarero gay, a sus propias movidas, puede quedar un tanto descolgado, como los problemas de Bobby con el puticlub, pero como en la primera temporada, son mis dos secundarios favoritos.

El único punto gris, salvo si queremos hilar fino y decir que no es una serie con la ambición y alcance de The Wire (2002) ni tampoco Treme (2010), es que la parte de los mafiosos está un poco limitada. Parece que sólo existen el jefe y el chófer/matón principal, con lo que no muestran todo el poder ni dan todo el miedo que deberían. Por una vez, a los guionistas les ha faltado ahondar en un aspecto de una de las tramas, aportar personajes secundarios que dieran más entidad a este grupo. Pero huelga decir que la huella de su presencia y acciones se sienten en los demás protagonistas en todo momento. Por ejemplo, el lío que monta Frankie pidiéndoles dinero para una de las películas de Candy es memorable.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2018)

JUEGO DE TRONOS – 805 – LAS CAMPANAS


805 – The Bells
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: Miguel Sapochnik.
Valoración:

Sinopsis:
La batalla por el Trono de Hierro toma un cariz trágico.

Resumen:
Alerta de spoilers: Os recuerdo en los resúmenes describo a fondo los episodios.–

Varys es ejecutado por traicionar a la reina Daenerys. A pesar de los intentos de Tyrion de encontrar soluciones pacíficas, Dany sucumbe a la ira y arrasa Desembarco del Rey. Jaime encuentra a Cersei, pero es tarde y mueren juntos. El Perro lucha contra su hermano, la Montaña, y mueren juntos. Arya corretea por el caos en la ciudad sin hacer nada concreto. Jon es incapaz de frenar el frenesí, y sus hombres participan en la matanza.

Comentario:
Alerta de spoilers: Os recuerdo que la crítica tiene muchos datos reveladores.–

El capítulo anterior recuperaba un poco el tono después de la flojísima trayectoria de la temporada, y deseaba que apuntara a una remontada final aunque era consciente de que los problemas que arrastra la serie vienen de largo y todavía podían afectar más de la cuenta al desenlace. Así ha ocurrido en la esperada batalla por el Trono de Hierro. Todo lo malo explota en un relato que olvida lo andado por los personajes y la coherencia de las tramas para forzar los encuentros, finales y giros que les vienen en gana a los guionistas David Benioff y D. B. Weiss. Estos últimos años se han obsesionado con contentar a los fans con conclusiones o puntos y aparte de historias facilones y supuestamente agradables, o quizá sin el material original están muy perdidos y cada vez más cansados y optan por lo más simple y fácil y lo apañan con prisas. Sólo el abismo que se abre ante Dany y Jon y el estupendo acabado visual dan la talla, pero no como para salvar un conjunto que acumula vergüenza ajena y decepción hasta dar la sensación de que hemos perdido el tiempo siguiendo ocho años de serie.

No empieza del todo mal la cosa, pues el ambiente está tenso en espera de ver si Dany mantendrá la compostura o se dejará llevar por la impaciencia y la ira y acabará cayendo al lado oscuro, con lo que se truncará su idílico reinado, las aspiraciones de todos los personajes que la acompañan, y veremos un amargo final en el que tendrán que traicionarla e incluso luchar contra ella. Así ocurre, y me alegro de que no tengamos un desenlace fácil ni blando.

Pero para mi sorpresa, la única historia digna de esta última temporada tiene muchos detractores. Primero están los que todavía no se han enterado de qué va Juego de tronos y exigen que los escritores sean suaves y condescendientes con los personajes para no sufrir traumas con sus destinos. Ya hemos tenido mucha mano blanda, de hecho, este capítulo está desbordado, celebremos que al menos una parte mantiene el tono cruel y trágico. Luego tenemos los que dicen que este giro se ha dado de forma forzada en los dos últimos episodios. Y no es así. No sé hacia dónde han estado mirando mientras veían toda la serie. La locura está latente desde que mencionan en los primeros capítulos que los Targaryen son una lotería, sale uno normal y otro demente y tirano, y va matizándose conforme avanza su trayectoria: la ira, la poca paciencia, la afición a quemar y castigar mientras dice ser humilde y querer salvar el mundo han estado presentes en cada etapa de la vida de Daenerys. En la séptima temporada se adentraron más en esa turbia senda, con sus desmanes y Tyrion cada vez más inquieto por su deriva. Ya entonces hace comentarios directos sobre que considera al pueblo de Desembarco del Rey cómplices de Cersei por no aceptar su llegada y derrocarla. Y en esta última toca fondo de manera muy bien justificada y desarrollada, toda situación que enfrenta va poniendo una nueva carga encima, hasta que pierde el norte. Eso sí, no sé por qué espera a que toquen las campanas para arrasar, en vez de continuar justo tras destruir las defensas; primero, porque se arriesga a quemar a sus tropas, segundo, porque nos la ponen mirando con rabia a la Fortaleza Roja (su objetivo, se supone) pero antes de ir se entretiene un buen rato con la ciudad. Parece otro intento de forzar la sorpresa de qué hará hasta última hora, en vez de ir a por todas sin enredos. También cabe pensar que el dragón no se cansa nunca de escupir fuego.

Pero la ilusión inicial dura poco. La batalla empieza de pena y no levanta cabeza, por mucho que el trabajo visual sea excelente. Las grandes ballestas demostraron ser un arma temible contra los dragones, a pesar de que todo en los libros y la serie indicaba que eran animales formidables casi invencibles. Con las murallas y la flota de Euron repletas de ellas, Desembarco del Rey parecía quedar fuera del alcance del último dragón… Pero ahora repentinamente estas armas son inútiles. La puntería de los hijos del hierro y su habilidad para cargar con presteza han desaparecido, los que están en las murallas se quedan esperando sin hacer nada, y Daenerys arrasa con todo sin que haya la más mínima incertidumbre porque su ataque suicida pueda salir mal. Las murallas y edificios parecen de barro, se derrumban a la primera llamarada. La Compañía Tostada, perdón, Dorada, al final ha resultado ser solamente un número para igualar fuerzas, y ahora ni eso, porque a la hora de la verdad apenas vemos un centenar, y el final de su comandante sin nombre es un mal chiste. Me pregunto qué hace Davos en primera fila si no es combatiente. Sólo salvo algunos momentos de la tragedia que vive la ciudad, como Jon incapaz de contener a sus hombres en el frenesí del combate. Pero esto también tiene su lado malo, el exceso de sensacionalismo es contraproducente: el caos y la gente muriendo por doquier eran suficientes, no necesito quince primeros planos de madres y críos lloriqueando.

Cersei nunca ha sido el personaje de los libros, sino el más cambiado, pero ha funcionado bastante bien, salvo por el débil papel de Lena Headey. Con la Lannister de los libros me creería que se echara a llorar a los brazos de un hombre cuando ve que todo está perdido, pues no es especialmente inteligente ni dura sino una arpía que usa el sexo y el poder para hacer y deshacer según sus caprichos. Pero en la serie nos han desarrollado a una hábil jugadora del juego de tronos, una mujer fría y controladora, dispuesta a todo por mantener a flote su familia, tanto que tenía claro en la batalla del Aguasnegras que sacrificaría a sus hijos y se suicidaría antes que ser derrotada y humillada. Así que ese llanto final no tiene ni pies ni cabeza, parece que han intentado humanizarla en el último momento sin importar si encaja en su forma de ser. A eso hay que sumarle que en esta temporada ha sido la villana del año sin más trascendencia: tiene unas pocas apariciones y diálogos que no hacen justicia a un personaje principal en su etapa final. Alucinante también que Headey haya cobrado medio millón de dólares por episodio… por unas pocas escenas mirando por la ventana.

Tyrion, sobradamente inteligente, capaz de sondear la mente de todo ser humano y sobrevivir en cualquier situación, manipulando a la gente si es necesario, ahora es un buen rollista cegato e incompetente, incapaz de prever y controlar nada. Al menos Peter Dinklage lo borda y los planos en que ve la devastación son demoledores. Varys, el genio jugador desde la sombra, capaz de cambiar de bando, retirarse, esconderse o dar la cara según mejor le convenga, traiciona a la nueva reina… y se queda esperando que vayan a por él en vez de estar ya en Invernalia. Si entendemos que estaba intentando envenenar a Daenerys con la niña de las cocinas y la comida, bien podría haberlo hecho escondido fuera de la fortaleza, o desde un barco, preparado para salir pitando en secreto; es un riesgo, pero no la estupidez que hace aquí. No queda claro si ha enviado cartas anunciando a Jon Targaryen, pero tampoco tendría mucho sentido, ya no hay casas secundarias con protagonismo, quedaría muy mal que de repente tuviéramos a gente de Dorne y otros sitios alzándose.

Jon, marginado pero competente superviviente, muchos temíamos que acabara convertido en el estereotipo de “Mary Sue“, el personaje mimado por los guionistas, al que todo le sale bien sin esforzarse mucho. Pero en cambio se están yendo hacia el otro lado: no hace absolutamente nada en todo el año, lo han castrado, la experiencia y redaños que había adquirido se han esfumado; ni siquiera piensa en interceder en la ejecución de Varys, se queda calladito por temor a que la novia lo riña. Espero que la disputa con Daenerys aporte una historia con más garra.

Arya, otrora obsesionada con la venganza y cumplir con su lista, dejó todo eso atrás cuando se reencontró con su familia y volvía a tener razones para hacer una vida normal. Ahora de repente se obsesiona con Cersei de nuevo y se mete en todo el meollo sin plan alguno. Y luego, repentinamente, cambia de idea y se da la vuelta. Pero además, vemos que es idiota y torpe, olvidando todo lo aprendido con los Hombres sin Rostro sobre infiltración y asesinatos. Vamos, lo que se supone que usaría para matar al Rey de la Noche (y no vimos). Allí fue capaz de esquivar zombis y Caminantes Blancos y aquí tropieza con todo el mundo y no es capaz de llegar a ninguna parte. Y de verdad que no entiendo por qué los guionistas han pensado que tenerla dando tumbos por la ciudad era interesante o crearía expectación sobre su destino, y menos enlazando tres o cuatro falsas muertes chapuceras. Pero la escena del caballo al final ya se me escapa por completo.

No mejor queda el Perro, Sandor Clegane. Si su historia lo llevó hacia el camino de la redención, de reencontrarse con la humanidad y huir de mierdas de la corte, por qué de repente se encabezona con matar a su hermano. De haberlo hecho tendría que haber sido cuando desertó como guardia real años atrás, cuando rompió con todo. Ahora no tiene lógica, no encaja en su nueva vida. Para rematar, tenemos un enfrentamiento final en plan cine comercial del malo. Además, cabe preguntarse cómo se cuelan Arya y el Perro en la Fortaleza Roja. Una cosa es que dejen entrar al pueblo al patio, otra que todo esté abierto y se pasee gente armada por los pasillos de la corte.

Jaime es el único que tenía un poco más de sentido, pero termina sin deslumbrar, sin tener un final que deje huella, por culpa de otros personajes implicados en su historia. Como etapa última de su redención debía enfrentarse a Cersei, abandonando a Brienne en una misión muy peligrosa y dura: convencer a su hermana y reina para acabar con la guerra o asesinarla. Me hubiera gustado ver esto último y que volviera con Brienne, o al menos, de tener un giro, que no fuera tan cutre. El encuentro casual con Euron es ridículo a más no poder, y forzar un nuevo acercamiento romántico y un final trágico con Cersei, los dos muriendo juntos, es desandar lo andado con el personaje. Y hay que añadir la expectación creada por Bran, que parecía señalar que esperaba a Jaime como si hubiera visto en sus visiones que tiene una misión vital pendiente, pero luego no hace nada concreto.

Decorados, vestuario, efectos digitales, fotografía y dirección son impresionantes. Los planos de batalla y caos quitan al aliento. Sólo me puedo quejar de nuevo de la paupérrima banda sonora de Ramin Djawadi. La serie tenía potencial para deslumbrar en este apartado, pero ficharon a uno de la factoría Zimmer, que compone a base de samplers y bibliotecas. El momento de tensión a lo Insterstellar es penoso.

Ya puede ser el último episodio bien bonito y épico (que lo dudo), porque ni con esas se salva el desastre y la decepción de cómo ha acabado Juego de tronos tras crear tanta expectación.

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Guía de episodios

JUEGO DE TRONOS – 804 – LOS ÚLTIMOS STARK


804 – The Last of the Starks
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: David Nutter.
Valoración:

Sinopsis:
El Norte pone en marcha los planes para derrocar a Cersei Lannister, pero esta está bien preparada.

Resumen:
Invernalia incinera a los muertos en la batalla. Dany intenta aumentar el número de aliados nombrando a Gendry señor de Bastión de Tormenta y legitimando su apellido Baratheon, pero pronto ve que el Norte tiene demasiado afecto a Jon y poco a ella.

Los planes para asediar Desembarco del Rey se ponen en movimiento. El grueso de los ejércitos irá por el Camino Real, mientras Dany, la flota y los dragones asediarán desde el mar teniendo Rocadragón como base. Pero Euron Greyjoy los espera con sus barcos armados con ballestas enormes, que derriban a un dragón y destruyen parte de la flota. Missandeis es hecha presa, y Cersei la usa para pedir la rendición de Daenerys.

Tyrion y Varys han discutido si Jon Targaryen no sería mejor rey que Dany, más estable mentalmente, con mejores aliados, y sin tendencia a arrasar ciudades y quemar gente. La ejecución de Missandei será la prueba final de sus dudas.

Mejores frases:
-El Perro: Antes no podías ni mirarme.
-Sansa: Hace mucho tiempo de eso. Desde entonces, he visto cosas mucho peores que tú.
(…)
-Has cambiado, pajarito. Nada de esto hubiera pasado si hubieras dejado Desembarco del Rey conmigo. Nada de Meñique ni de Ramsay… nada de eso.
-Sin Meñique, sin Ramsay y todo lo demás, hubiese seguido siendo un pajarito toda mi vida.

-Jaime: Nunca antes me he acostado con un caballero.
-Brienne: Yo nunca me he acostado con nadie.

-Varys: ¿Cuántos más lo saben?
-Tyrion: ¿Incluyéndonos a nosotros? Ocho.
-Bueno, entonces ya no es un secreto. Es información. Si ahora lo sabe un puñado de personas, lo sabrán cientos muy pronto. ¿Y entonces qué?
-Ella pierde el Norte. Pierde el Valle, Sansa se asegurará de ello.
-No, es peor que eso. Él tiene más derecho a reclamar el trono.

-Varys: Alteza. Os prometí miraros a los ojos y hablaros sinceramente si alguna vez pensaba que cometíais un error. Esto es un error.
-Dany: Visteis a mi hijo caer del cielo. Se llevaron a Missandei.
-Cersei tiene que ser destruida, pero si atacamos Desembarco del Rey con Drogon y los Inmaculados y los Dothraki, decenas de miles de inocentes morirán. Por eso Cersei los está llevando hacia la Fortaleza Roja. Son las personas que vinisteis a proteger.

-Varys: Decidme, ¿quién creéis que sería mejor gobernante?
-Tyrion: Él no quiere el trono. Por eso se arrodilló.
-¿Habéis considerado que el mejor gobernante podría ser alguien que no quiere gobernar?
(…) Es ecuánime y mesurado. Es un hombre, lo cual lo hace más atractivo a los señores de Poniente, cuyo apoyo necesitaremos. (…) Y es el heredero del trono.
-¿Qué hay de mi propuesta anterior? Podrían gobernar juntos como rey y reina.
-Es demasiado fuerte para él. Lo doblegará a su voluntad como lo ha hecho ya.
-Él podría controlar sus peores impulsos.
-¿Al igual que vos? (…) Un padre Targaryen y una madre Stark. Jon es el único hombre vivo que, de hecho, podría ser capaz de mantener el Norte en los Siete Reinos.
-¿A cuántos reyes y reinas habéis servido? ¿Cinco? ¿Seis? He perdido la cuenta.
-Siempre supisteis mis razones.
-En cierto punto, eliges una persona en la que crees y luchas por esa persona.
-¿Incluso aunque sepas que es un error?
-Creo en nuestra reina. Tomará la decisión correcta. Con la ayuda de sus leales consejeros.
-Sabéis dónde reside mi lealtad. Sabéis que nunca traicionaré al reino.
(…)
-Por favor. No lo hagáis.
-He hablado lo más sinceramente que puedo. Cada uno de nosotros tiene que tomar una decisión. Rezo para que elijamos sabiamente.

Comentario:
Los últimos Jedi… perdón, Los últimos Stark, supone una mejora respecto a los anteriores capítulos, pero también forma parte del tramo final de la deriva de la serie y se ve lastrado por todos los problemas ya de sobra conocidos.

Volvemos a tener el juego de tronos en acción. Cada personaje tiene sus motivaciones y planes que chocan con los de los demás, y entre todos hacen avanzar la historia con un rumbo si no incierto del todo (ya difícil, puesto que encaramos el desenlace) sí con bastante tensión. El episodio es largo pero mantiene bien la sensación de que las cosas están destinadas a salir mal, de que ninguna opción es buena del todo. Las caídas de Missandei y el dragón no son perfectas pero funcionan mejor que las melodramáticas muertes del anterior. Las parejas tienen sus acercamientos, puntos y aparte o despedidas sin tonterías metidas con calzador o forzadamente lacrimógenas, sino con diálogos bien trabajados y emotividad emergiendo con naturalidad. Y la deriva de Dany y la pérdida de confianza de sus consejeros parecen apuntar a que sus aspiraciones se verán truncadas, de forma que se promete un final más movidito, impredecible y trágico que un simplón todos unidos contra Cersei.

Empiezo por lo malo, que como viene siendo habitual son los golpes de efecto forzados mientras se descuida la coherencia global del relato. Puedo creerme que Dany no vea una ballesta escondida si no está buscando y que una flota aviste y dé alcance a otra, pero que esta pase desapercibida hasta estar encima y pueda atacar (además con semejante puntería) sin tiempo a reaccionar resulta ridículo. Otra vez los guionistas pasan de desarrollar un giro clave para las historias y personajes pensando en que saltar directamente a la sorpresa será más impactante para el espectador. Pero no, cada vez lo hacen peor y cada vez cuela menos, cada vez engañan a menos seguidores: todo el mundo comenta que la situación es completamente inverosímil. Ningún ejército envía exploradores ni siquiera al acercarse a aguas enemigas. El barco de Euron parece disparar desde detrás de una montaña, apuntan con una eficacia asombrosa y cargar con una velocidad increíble. Además, acaban de inventar un arma definitiva contra navíos; o eso, o los de Dany son de una madera de pésima calidad. Es absurdísimo que Cersei vuelva a dejar pasar la oportunidad de reconquistar Rocadragón, pues parece que estaba de nuevo abandonada del todo. Lo más lógico hubiera sido que Dany dejara una guarnición, los mercenarios de Cersei asaltaran el fuerte con sigilo y enviaran falsos mensajes de que todo está bien, y colocaran las ballestas escondidas por los acantilados para cuando Daenerys y sus tropas se acercaran confiados.

Pero no acaba ahí la cosa, porque el resto del capítulo depende de este punto de inflexión tan mal ejecutado. ¿Cómo saben Cersei o Qyburn quién es Missandei y cuánto el cariño que le tiene Daenerys? Y no me creo al inteligente Tyrion suplicando ante Cersei con palabras sensibleras; entiendo que había que parlamentar, forma parte de la agenda política, pero no se han currado las peticiones ni el diálogo, la estrategia ante la implacable reina no puede ser a estas alturas así de cursi y estúpida. En este caso han conseguido una escena muy tensa porque es evidente que Cersei no puede hacer otra cosa que ejecutarla, pero para lograrlo han empequeñecido a Tyrion como estratega e inteligencia y han forzado malamente la captura de Missandei. Tampoco entiendo muy bien las miradas compungidas y llorosas de Cersei, no sé qué querían transmitir guionistas, director y actriz, si el rol tiene las ideas bien claras desde hace años.

Otra parte del capítulo, aparte de estar mal desarrollada, apunta a otra jugada de este tipo, de omitir información para intentar sorprender. Jon dice a sus hermanas que tienen que hablar, y no hablan, sino que se van a otro lado, al arciano del jardín, sin justificación alguna, pues la habitación la tenían ya para ellos solos. Y cuando por fin se van a poner a ello, tampoco vemos las consecuencias de la revelación de Jon a sus hermanas. Vamos, que lo importante se lo saltan y sólo nos quedamos con la parte sensiblera. Por ello se puede pensar (no soy el único que lo hace) que en esa conversación que no hemos visto han montado un plan, probablemente para plantar cara a Dany o al menos minimizar o neutralizar la amenaza que supone para los intereses del Norte.

Otra limitación es que ya casi no quedan personajes grises o al menos con recorrido tortuoso. La mayor parte están claramente enmarcados en buenos y malos y ofrecen una evolución predecible. Por ejemplo, Jaime fue perdonado por todos sin más a pesar de sus incontables faltas graves, sobrevive a todo peligro a pesar de su incapacidad física, y está embarcado en la redención más facilona. Otrora, este viaje tendría baches y giros imprevistos, y la sombra del fracaso o incluso de la muerte amenazaría en todo momento. Pero ahora avanza de forma lineal y con mucha dulzura, como temiendo faltar a la masa de espectadores con una nueva crueldad. Eso sí, el acercamiento a Brienne y su decisión de abandonarla están muy logrados, sirviendo también como ejemplo de la tibia mejora de este capítulo.

El encuentro con Bronn resulta muy gratuito y metido con calzador (¿cómo pasa las murallas y entra en el castillo?). Si hubiera aportado algo nuevo, pero nadie se creía que fuera a matar a los hermanos, así que la sensación es que no hay razones para que siga apareciendo cuando deberíamos estar centrados en las tramas actuales. Me pregunto por qué Jon hace el discurso hacia las piras de cadáveres, de forma que es más difícil que los presentes lo escuchen; ¿pensaban que así es más bonito? Tenemos también numerosos planos a los pocos muertos conocidos, como diciendo “eh, mirad hemos matado muchos personajes”, y luego resulta que los ejércitos de Dany y Jon apenas ha sufrido bajas después de tan aterradora y mortífera que se suponía que fue la batalla, y que a pesar de la ausencia del Pueblo Libre todavía están con fuerzas suficientes para plantar cara a Cersei. Así que todo esto remarca lo poco que se mojaron los autores en la supuesta gran batalla.

En la parte buena, nos alejamos de la sensiblería y la previsibilidad en las relaciones. Arya y Gendry dan un paso acorde a sus personalidades, sin forzar el “fan service” de tenerlos juntos comiendo perdices. Arya y el Perro ofrecen un nuevo curso de acción: sus historias entrecruzadas y salpicadas de muerte no han terminado. Tormund se larga para recuperar su tierras, como es lógico, pues ya nada ata al pueblo libre lejos de sus hogares y para él lo único que lo atraía, Brienne, está ya fuera de su alcance. Jaime y Brienne intiman por fin, pero con escenas bien trabajadas (incluyendo el corazón roto de Tormund), sin precipitarse, sin ñoñerías, resultando un romance muy bonito. Y con el giro de él decidiendo que tiene que plantar cara a su hermana la cosa queda abierta de forma un tanto dolorosa.

Lo de Fantasma me provoca sentimientos encontrados. Por un lado, es evidente que no han sabido manejar a los huargos, o que suponían demasiado trabajo, y los han dejado de lado de mala manera. Pero la despedida me parece bien justificada. Jon ya no se siente del Norte, sino cada vez más un Targaryen, por su relación con Dany y los dragones. No quiere aceptar el destino pero su subconsciente lo empuja a ello con decisiones como esta de abandonar a Fantasma y seguir rindiendo pleitesía ciega a Dany. Pero me temo que si hubiera tenido buenas escenas con el huargo no habría sido una despedida decepcionante, sino triste.

Lo mejor, y la mejor esperanza para lo que queda de serie, es la degradación de las reclamaciones políticas y la estabilidad mental de Daenerys, que supone el único rescoldo de tener una trama ambigua y de destino incierto como en las primeras temporadas. La joven se ve más sola en sus pretensiones, pues el Norte la sigue rechazando; la incertidumbre la consume, pues el trono parece alejarse en vez de acercarse, y sigue cobrándose precios muy altos; los fracasos la arrinconan y llenan de ira. La valía de Jon como comandante y rey cercano y comedido atrae repentinamente a Tyrion y Varys. Sus lealtades están divididas y nos ofrecen las mejores conversaciones que hemos tenido en muchos, muchos capítulos. El caldo de cultivo para la confrontación y el fracaso está hirviendo. ¿Cómo acabará la cosa?

El trabajo de los actores, por lo general excelente con algunas excepciones, es magnífico en estas esperas tensas, dudas, despedidas… Destacan especialmente Kit Harrington, cada vez más cómodo en el personaje, Nicolaj Coster-Waldau, Conleth Hill y Peter Dinklage. Incluso hasta Emilia Clarke me convence por primera vez, gracias a sus miradas finales de desesperación y rabia.

Apena que La Larga Noche fuera tomado como un trámite, pero al menos parece que la pugna por el Trono de Hierro va a estar mejor trabajada… Esperemos que no sucumba del todo a esos golpes de efecto poco meditados.

También debo comentar la tardía y visceral reacción del público. Como suele pasar, el fanatismo ciega a la gente ante la realidad y la objetividad más tiempo de la cuenta y luego suele llevarla al otro extremo. Este episodio está pagando la tardanza de muchos seguidores en darse cuenta de los errores que arrastra la serie en las últimas temporadas y no eran capaces de ver o perdonaban sin más hasta que La Larga Noche empezó a abrir los ojos a golpes y a forzar el mirar atrás y admitir esa deriva. Así que las quejas y las malas notas llegan de golpe indistintamente de la calidad del presente capítulo, y me huelo que por esta nueva inercia el final se inclinará hacia el lado de la mala recepción indistintamente de que esté a la altura o no.

PD: El vaso de plástico de café de Starbucks o semejante que se cuela con claridad en un plano de los brindis en el salón de Invernalia ha dado mucho que hablar. Un gazapo así de torpe es poco común, normalmente son fallos de montaje y continuidad (un vaso más vacío o lleno según cambia el plano es muy típico).
PD: Por qué siguen sacando Último refugio en los créditos si solo apareció fugazmente en el primer episodio. Hemos tenido localizaciones importantes que no hemos visto y en los últimos años sale cualquier cosa.

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Guía de episodios

JUEGO DE TRONOS – 803 – LA LARGA LA NOCHE


803 – The Long Night
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: Miguel Sapochnik.
Valoración:

Sinopsis:
La batalla contra la Larga Noche tiene lugar en Invernalia.

Resumen:
El ejército de los muertos del Rey de la Noche desborda las tropas de los dothraki, los norteños y los inmaculados, y ni con los dragones consiguen mantenerlos a raya. El Rey de la Noche alcanza a Bran sin que Theon pueda defenderlo y Jon llegar para luchar contra él. Pero de la nada sale Arya y lo derrota de una puñalada con una daga valirya. Todos los Caminantes Blancos y zombis mueren de golpe.

De los personajes conocidos, en el combante sólo han caído secundarios como Beric Dondarrion, Edd el Penas, Jorah Mormont, Theon Greyjoy y Lyanna Mormont.

Mejores frases:
-Beric: ¡Clegane, te necesitamos! No puedes abandonarnos.
-El Perro: ¡Vete a la mierda! No podemos vencerlos. ¿No lo ves, cabrón estúpido? ¡Luchamos contra la Muerte! No se puede vencer a la Muerte.

Comentario:
Después de los dos aburridos y pastelosos capítulos introductorios, como si hiciera falta a estas alturas una introducción, y más gastando dos de los seis de los que consta el año, por fin entramos de verdad en la esperada octava temporada, más concretamente en el episodio que prometía traernos la primera gran confrontación contra el Rey de la Noche (lo de Casa Austera fue la presentación). Los productores nos anunciaban una batalla épica que les costó rodar dos meses, nos vendían un final agridulce, esperábamos que pusiera todo patas arriba, que hubiera muertes, sorpresas y destrucción y el futuro de los Siete Reinos quedara más en vilo que nunca… Y la decepción es enorme. El capítulo es por sí mismo muy entretenido y espectacular, pero como parte de un relato más grande queda como un vulgar trámite sin tragedias ni secuelas y sí con giros entre estúpidos e insultantes. Tras casi ochenta minutos de fuegos artificiales sin contenido real, el Rey de la Noche es despachado como si fuera una trama secundaria temporal y no la gran historia cocida a fuego lento en un plano secundario prometiendo sobreponerse en algún momento a todo lo demás. Ocho años de serie diciendo que el juego de tronos era una distracción fatal mientras el gran enemigo recobraba fuerzas, y ahora resulta que es al revés, este enemigo es anecdótico y lo importante es otra pugna más por este o aquel trono y título.

Ya lo he comentado varias veces en las últimas temporadas, pero hay que reincidir en ello porque en esta está explotando por completo. El desequilibrio entre formas de entender y escribir la serie que se iba viendo desde la quinta etapa cada vez pesa más, pues va imponiéndose la fórmula narrativa más simplona en detrimento de la fiel a los libros y a las primeras temporadas, compleja y muy sólida. Cuando eran fieles a George R. R. Martin, cada personaje contaba su historia y aportaba su grano de arena al conjunto, todas sus motivaciones, planes, aciertos y fracasos quedaban claros, iban viéndose paso por paso y afectando a los acontecimientos globales de formas imprevistas y sorprendentes pero muy verosímiles. Ahora tiran más por el serial de acción barato, con escenas complacientes para la masa de espectadores, giros trampa, sensacionalismo… Los personajes parlotean mucho pero no exponen sus planes, y mucho menos vemos su desarrollo, sino que saltamos al final para intentar impactar con la sorpresa; mientras tanto, se rellena más de la cuenta con encuentros emotivos sensibleros, tirando del recorrido previo de los protagonistas pero sin sustancia en relación con los nuevos acontecimientos. Y para el avance de las historias prima más el espectáculo conseguido a base de billetes que las tramas bien trabajadas.

La puesta en escena es magnífica, de forma que tenemos un episodio impresionante que supone otro hito televisivo de los que hacen época. Hay que agradecer el esfuerzo monetario y personal que supone esta serie, y el intento de superarse después de muchos capítulos épicos memorables. La batalla tiene momentos heroicos, momentos de tensión y momentos de aguantar la respiración. Los distintos frentes se combinan con bastante fluidez, sabes en todo momento dónde están los personajes aunque son muchos, intentan mostrarnos distintos escenarios de la lucha… Los primeros cuarenta y cinco minutos te mantienen en vilo, casi eclipsando los primeros fallos importantes. Por ejemplo, la carga de los dothraki es absurda, pero su destino pone los pelos de punta.

El trabajo del director Michael Sapochnik y del equipo técnico es digno de cualquier alabanza. Incluso hay que defenderlos de los ataques injustificados de que “es demasiado oscuro y caótico así que no se ve nada”, lo cual sólo es cierto si lo ves con mala calidad o la televisión o el reproductor mal calibrados. Es cierto que al parecer la HBO y Movistar emiten un streaming con poca calidad, pero nos olvidamos de que la gran mayoría de televidentes lo son por inercia social, no son verdaderos amantes del cine o las series, y ven las cosas por modas o porque la costumbre es tener la televisión encendida. Si de verdad los amasen se preocuparían por verlos bien: la gente no calibra la imagen ni ecualiza el audio, dejándolo todo plano. El brillo, la saturación, la temperatura de color que vienen de serie suelen ser inadecuados, y luego tenemos el ahorro de energía y otros filtros absurdos que ponen según marcas; además, el entorno también hay que tenerlo en cuenta: la iluminación de la sala cambia todo. Y a eso sumamos los que piratean bajando el episodio que menos ocupa, quizá pensando que eso no influye en la calidad de imagen, y lo ponen en una pantalla de 30 a 60 pulgadas; o incluso peor, hay quien ve cine y series en los móviles y se atreve a decir que se ve bien. En cualquier obra que exija algo más de la imagen, en estas condiciones inadecuadas se verá muy mal, como está ocurriendo con este capítulo.

La realidad es que Sapochnik y el director de fotografía Fabian Wagner se han arriesgado con un estilo visual complicado y han logrado muy buenos resultados. La oscuridad en que nos envuelve la Larga Noche provoca pavor por lo que no se puede ver (el ejército de muertos escuchado antes que visto), caos por que sólo disciernes tu entorno cercano (los primeros planos de la lucha son agobiantes, pero porque consiguen que te metas en la piel del personaje enfocado, no porque no se entienda nada), y los momentos más caóticos y oscuros están bien justificados: la parte de Dany y Jon volando a ciegas enseña lo justo de cada silueta para saber qué pasa. Hay un buen puñado de planos entre bellos y sobrecogedores fruto de marcar contrastes con la luz y la oscuridad: los dragones arrasando con fuego, la tormenta sobre los ejércitos, el vuelo por encima de las nubes… Muchos se han perdido gran parte de la elaborada fotografía y la estupenda atmósfera que han logrado, pero no es culpa de los realizadores.

Lo único que se queda muy por debajo de la media es el compositor Ramin Djawadi, quien de nuevo ofrece una banda sonora muy básica y machacona, remarcando en exceso emociones obvias. La parte final, con una tonadilla simplona que parece cogida de Westworld, me sacó bastante de quicio. Por otro lado, me he pasado todo el rato esperando ver las arañas de hielo que mencionan en los libros, pero al final nada de nada; podían haberlas incluido para tener alguna novedad.

Pero el guion es un desastre que lastra demasiado al capítulo, de hecho hasta hundirlo por completo para muchos seguidores. Cada minuto que piensas en él, que lo analizas con objetividad, es aumentar la decepción, porque encuentras otro agujero, otra mala elección, otra falta de nervio y riesgo por parte de los escritores y productores principales, David Benioff y D. B. Weiss, otra ocasión en la que han tirado por la borda el potencial que tenían los libros y que durante al menos cuatro temporadas la serie estaba a punto de alcanzar para luego ir diluyéndose cada vez más. En el Juego de tronos que yo conocía escribirían cada escena para contar algo y entre todas sumarían algo más. Aquí, todas las situaciones, acciones y estrategias obedecen únicamente al calado emocional que estén buscando en cada momento, y la coherencia global de trama y personajes es dejada completamente de lado.

La lógica y verosimilitud en la planificación y ejecución de la batalla no existen. Los personajes deambulan de acá para allá sin motivos ni destino claros. Los que no tienen calado argumental aparecen únicamente en situaciones de peligro muy forzadas, y los que finalmente lo tienen dan muchas vueltas en círculos antes de saltar precipitadamente al destino que les han improvisado.

Teniendo una fortaleza bastante aparente, esperar con los ejércitos fuera de las murallas es una gran imprudencia. Pero el sinsentido se remata con los dothraki cargando contra la oscuridad sin venir a cuento, supongo que para poner tensión sobre un enemigo intangible en gran parte de la serie. Es penoso el destino del khalasar, un pueblo que les ha importado un pimiento a los escritores y lo han mantenido primero porque estaba en los libros y luego porque era un ejército de relleno. No sé cómo pretenden prender fuego a una trinchera llena de leña en pleno invierno, sin protegerla de la humedad, sin combustible alguno, y hacerlo además justo cuando las tropas enemigas están llegando. Dejarlo todo a que un dragón esté disponible en ese momento es un riesgo demencial. Y qué me decís de Jon, que lo ve todo desde la muralla con el dragón y no hace nada, ni encender la trinchera ni atacar los lugares por donde entran los muertos. Cuando se retiran a Invernalia, todo el mundo pasa de todo: no hay gente en los muros, ni arqueros siquiera, hasta que los llaman a última hora y tienen que ir apurados. ¿Pero no eran Jon, Jaime, Tyrion y demás consejeros unos grandes estrategas y comandantes? Ya desde que nos los ponen en primera línea de combate, en vez de en lugares donde puedan dar órdenes, vemos que los guionistas se han olvidado de su posición y experiencia.

También tenemos inconsistencias numerosas en las capacidades del enemigo. Los muertos hasta ahora ardían como antorchas al acercarles fuego, pero de repente cambia la cosa, son capaces de tumbarse encima de la trinchera incendiada y apagar las llamas para que pasen sus compañeros. También rompen tumbas de piedra para salir, pero no son capaces de atravesar puertas de madera. El fuego del dragón-zombi es capaz de derribar el Muro, la muralla de Invernalia… pero Jon se esconde tras un cacho pared medio derruida y no pasa nada.

Y más importante aún, el propio sentido de la batalla y las motivaciones del Rey de la Noche se me escapan. Por qué hemos de aceptar que Bran es un gran rival para el enemigo, si no se explica ningún poder o conocimiento que pueda indicarnos que supone un peligro. Por lo tanto, no se entiende por qué el enemigo está tan empeñado en él y por qué todos asumen que lo está sin pruebas concluyentes. Para rematar, este archienemigo no parece tomarse muy en serio el matarlo. Se entretiene peleando con los dragones, a pesar de que luego queda claro que no pueden hacerle daño, y derriba la muralla y entra andando por ella, exponiéndose a numerosas armas de acero valiryo, en vez de posarse con su dragón al lado de Bran, y se queda plantado mirándolo un buen rato en vez de darle muerte de una vez.

Los personajes principales tenían un plan concreto (y bien simplón: Bran como cebo para el Rey de la Noche), pero todos los implicados, en especial Jon y Dany, se olvidan de él desde el principio y se van a hacer otras cosas improvisadas sobre la marcha, poniéndose en peligros absurdos constantemente. Nada más iniciarse la confrontación se dan cuenta de que reservar a los dragones es un error, porque necesitan el fuego contra el ejército de zombis. ¡Quién lo iba a pensar! Luego Jon embiste repetidas veces contra el Rey de la Noche a pesar de la clara situación de inferioridad (a ciegas en la tormenta creada como defensa, en tierra rodeado de muertos)… No, este no es el Jon que yo conocía. Dany también se comporta como una idiota de cuidado. Ve que el fuego del dragón no puede con el Rey de la Noche, pues que lo atrape con la boca y que venga Jon o algún otro y lo maten sin problemas. Pero una vez libera a Jon de los zombis para que este persiga al Rey de la Noche no hace nada. Al menos, si no quiere acercarse por si tiene más lanzas, que limpie el terreno para Jon. Pero no, prefiere posarse mirando cómo su novio actúa, olvidando que está rodeada de zombis… así que se le suben encima.

Sansa y Tyrion no empiezan mal, con un par de escenas emotivas que no se alargan más de la cuenta… pero cuando se alzan los muertos de las criptas (el único giro inteligente en lo que llevamos de temporada) hacen algo rarísimo con ellos. Toda la escena en que se esconden tras una tumba, sacan una daga y se despiden indica que van a suicidarse… pero de repente aparecen andando por ahí a salvo sin más. ¿Han querido engañarnos o la escena les ha salido así de mal? Por otro lado, Varys, Missandei y Gilly no tienen ningún momento útil dedicado a ellos, así que parecen simples extras.

Bran sigue siendo un fallo de concepción importante. No entiendo nada de lo que estén intentando hacer con él: no aporta nada con sus frases crípticas, al final sólo sirve como cebo. En vez de hacer algo se va de paseo metiéndose en los cuervos. Por qué no se mete en la mente de un dragón o de Fantasma o hace cualquier otra cosa que sea útil, que justifique su viaje y aprendizaje de poderes a lo largo de tantas temporadas. Melisandre igual. ¿Por qué se fue y por qué vuelve? ¿Ahora sí está segura de la visión que haya tenido… fuera de pantalla? ¿Ahora sí tiene poderes en cantidad? ¿Por qué no usó el fuego para salvar al ejército de Stannis de la congelación? Es más… ¿¡por qué no prende fuego al ejército de los muertos!?

El resto de protagonistas, y son muchos, sólo sirven para intentar poner un poco de la emoción que no son capaces de conseguir al no estar narrando algo concreto. Desde el comienzo del combate, en cada aparición todos están a punto de morir, rodeados de enemigos y música lacrimógena demasiado acentuada, en vez de verlos sudar haciendo algo tangible y sufrir mientras enfrentan peligros verosímiles. Recalco esto, porque tenemos planos y planos y planos de personajes rodeados por decenas de muertos, aplastados por ellos, con algunos lanzándose a mordiscos a escasos centímetros de sus cuerpos… Es decir, los das por muertos en segundos… pero pero ahí siguen, imbatibles escena tras escena. También cabe señalar que en cada pareja se salvan el uno al otro en alguna escena metida con calzador, algunas lamentables, como el Perro parándose en plena huida a la desesperada para buscar quién lo ha salvado con una flecha: Arya.

Los que por fin mueren en este relato tan inesperadamente blando y complaciente son roles terciarios o secundarios que tenían el destino escrito en la frente desde hace tiempo, pero además caen tras eternas cámaras lentas y planos de teatral agonía que en vez de provocar lágrimas sólo consiguen lo contrario, saturar de melodrama barato de forma que no se siente natural ni trágico, sino manipulador. De Juego de tronos se esperan sorpresas y contundencia, no obviedades tan cursis. Lyanna está ahí sólo para tener una muerte épica. Sola, sin protección, atacando como una demente… ¡a un gigante! ¿Y por qué a ella la dejan estar en la batalla y a Sansa, Tyrion y Varys no? Jorah tiene que salir en una misión suicida porque Dany es tan tonta como para posarse con el dragón y ponerse a mirar el panorama mientras se le suben los muertos encima; pero además, él intuye el peligro por arte de magia, porque no ha visto la situación de su amada reina. Edd el Penas debería haber muerto defendiendo el Muro con Tormund, para dar más garra a la llegada del Rey de la Noche y que no se concentrara todo en una sola confrontación, pero aquí sabe a trámite tardío y por tanto tampoco emociona, y más cuando patanes como Sam y Jaime (que no sabe luchar con la zurda) continuan vivos. También tenemos falsas muertes o situaciones muy confusas: ¿pero mueren los dragones o no?, ¿y qué pasa con Fantasma, por qué va con los dothraki en vez de estar al lado de Bran, que sería lo más lógico?, ¿y sobrevive o no? Y finalmente, un detalle extraño: ¿y Yohn Royce, del Valle? No se le ve el pelo.

Pero lo más decepcionante, lo peor planteado y desarrollado, es el desenlace de la batalla… y de la Larga Noche en general. Acabar la guerra en el tercer capítulo, en la primera batalla al sur del Muro, con un villano que se muestra tan resistente en unas ocasiones y tan frágil en otras, y con la pobre justificación de que muerto él muertos sus ejércitos, tiene las de defraudar incluso al que fuera con las expectativas más bajas, pero construir este final con el giro más manipulador y forzado de todos los que llevamos hasta ahora, y la lista va siendo bien larga, no puede recibirse de otra forma que como un insulto a la inteligencia y paciencia del seguidor.

El problema no es que sea Arya la que acaba con el Rey de la Noche, sino cómo lo desarrollan y justifican. Si es ella la que más aporta al final, ¿por qué nos sacar únicamente a Jon?, ¿por qué perdimos el tiempo en la biblioteca y los pasillos anteriormente en vez de mostrar las dificultades actuales de Arya para llegar al Rey de la Noche, que es lo relevante? Porque se basan en el golpe de efecto fugaz, y mientras tanto deben rellenar minutos y hacer malabares para distraer nuestra atención. La parida de Jon plantándose ante el dragón es para amagar con que se ha librado de él y sorprendernos con Arya. No pierdas el tiempo preguntándote cómo ningún zombi ni Caminante Blanco ve a la chica a pesar de estar por todas partes, ni cómo pretenden que nos creamos ese salto de dibujos animados. Todo es una mezcla ridícula de sensacionalismo y trampas argumentales. Si es que los mismos guionistas lo admiten, diciendo que no querían que fuese uno de los héroe principales porque sería demasiado obvio, sino alguien que en ese momento no tuviera el foco.

Es decir, ellos mismos confirman que ahora escriben en base a sorpresas burdas y el resto, toda la profundidad y coherencia que tenía la serie, ya no importa, pretenden que satisfacer con ganchos fáciles al espectador menos exigente para así atraer a masas de audiencias. Se cargan el concepto de la serie, se ríen de los espectadores que se ganaron con ello, y se ríen en la cara del propio George R. R. Martin, que tiene como uno de sus principios más importantes de la escritura el no engañar estando miles de páginas con una historia y darle la vuelta en dos líneas con un giro absurdo sacado de la manga.

Para el dichoso golpe de efecto olvidan hasta el recorrido previo de los personajes implicados, no ya el de las temporadas anteriores, sino el de minutos atrás. Arya es capaz de cargarse como a diez muertos en pleno caos de la batalla, pero no se atreve a enfrentarse a los pocos zombis patosos que hay en la biblioteca. Estos oyen las gotas de sangre caer de su frente, pero los Caminantes Blancos, tan inteligentes y capaces, no la escuchan correr entre ellos. ¿Por qué, si nos muestras que está agotada hasta la extenuación, de repente tiene tanta determinación y fuerza? ¿Por qué no pensó antes en ir a por el Rey de la Noche? ¿Por qué la presencia de Melisandre la convence repentinamente? Y ya que estamos: sale corriendo de la habitación donde está con el Perro y Melisande… ¿sabe que hay una salida… y no se la indica a ellos? El tiempo perdido por los pasillos debería haberse usado para explicar su repentino interés en esa misión suicida y luego mostrar el esfuerzo de darle alcance esquivando muertos, donde de hecho podría haberse hecho pasar por muerto con una máscara, para que las dos temporadas que pasa entrenando con los Hombres sin Rostro hubieran valido para algo más que para vengarse de los Frey.

Para colmo, los autores van de listos diciendo que han sembrado pistas aquí y allá, como en la tercera temporada, cuando Arya y Melisandre se encuentran y la bruja dice lo de los ojos verdes, marrones y azules… pero luego afirman que tenían previsto que fuera Arya desde hace sólo tres temporadas. Así que es evidente que se han encontrado con ese diálogo por casualidad y les ha servido de apaño; de hecho, lo más gracioso es que la presencia de Melisandre en las Tierras de los Ríos (con un viaje de esos de teletransporte) ya de por sí era improvisada para meter a Gendry en la trama de Stannis. Y la dichosa daga también les ha caído encima sin más, pues si la recuperaron fue para la trama de Meñique. Vamos, que en vez de construir un final sólido escribiéndolo bien, pierden el tiempo rapiñando pobres justificaciones.

Ya sabemos que las profecías y visiones no tienen gran peso en la serie (apenas tibias menciones al Príncipe Prometido y a Azor Ahai que no llegan a hilar nada concreto), pero de ahí a elegir quién mata al Rey de la Noche al azar hay un buen trecho. No he visto nada parecido desde Battlestar Galactica 2003, donde después de cuatro temporadas anunciando el gran plan Cylón, los productores tuvieron la desvergüenza de admitir que el desenlace lo improvisaron a última hora. Al menos cállate y no nos insultes, como hicieron los de Perdidos.

Luego dirán que no entienden cómo la gente está decepcionada e incluso cabreada. Sin ir más lejos, los propios actores implicados han soldado pestes sobre la decisión. Maisie Williams dice que “Inmediatamente pensé que todo el mundo lo odiaría (…). El villano no puede ser tan malo si una chiquilla de 45 kilos aparece y lo apuñala“, y Kit Harrington que “Estaba muy cabreado de que no fuera yo el que mataba al Rey de la Noche“, como toda profecía y toda la trama apuntaba.

Fuera con lo más previsible o con una sorpresa, había que contarlo bien, no intentar engañar al espectador.

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