Archivo mensual: enero 2020

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 1

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1987
Ciencia-ficción, suspense, drama | 25 ep. de 45-92 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Desine Crosby, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Will Wheaton.
Valoración:

Hay bastante consenso entre la mayoría de seguidores de Star Trek (o trekkies) en que la primera temporada de La nueva generación es la más floja junto a la séptima, que la serie no encontró realmente su camino hasta la tercera. Yo no lo comparto del todo. Aunque hay diferencias estilísticas y argumentales a partir de la tercera y en calidad media se puede considerar la mejor, la presente me parece superior a otras (segunda, séptima) y no puedo decir que sea claramente inferior a las restantes. A veces me da la impresión de que los fans miden la calidad según tengan algún gran episodio o no. ¿Y los otros veintitantos qué? Precisamente esta etapa tiene bastantes capítulos muy infravalorados.

Es cierto que hasta el tercer año no se adentran más a fondo en historias políticas y culturales de mayor recorrido y en episodios atípicos, temas y estilos aquí apenas presentados, pero en la línea de exploración y conflicto con lo desconocido (tanto ciencia como cultura), generalmente con subtextos de corte intelectual y ético, sienta unas bases estupendas que luego se repetirán mucho, rara vez aportando algo novedoso. Y en cuanto a los protagonistas, el carisma de estos brilla desde el primer momento, con unas personalidades y relaciones muy llamativas que te enganchan incluso en las aventuras menos logradas, pero salvo por un par de cambios de puestos apenas se moverán de su descripción inicial en los años venideros.

Se hizo evidente que la posición de algunos no fue la más acertada e hicieron algunos cambios en cuanto enfocaron la segunda temporada. Geordi es presentado aquí como timonel, pero el puente de mando está sobrecargado mientras en ingeniería tiran de personajes extras y excusas para que otros bajen allí, así que aparecerá como jefe de ingenieros sin más rodeos. Worf empieza como el alienígena de turno, pero su situación no queda clara, no es el tipo raro que debe adaptarse, lugar que ocupa Data, sino que empieza como segundo de Tasha Yar, la jefa de seguridad y encargada de la consola de combate, lo que es redundante y por ello estaba quedando relegado. Por suerte para él, la actriz abandona la serie al final de esta etapa y Worf toma su cargo y poco a poco adquiere mayor protagonismo, llegando a ser el personaje que más evoluciona o al menos el que más experiencias fuera del trabajo tiene.

En el acabado sí habrá modificaciones más llamativas. En cuestión de dirección es perdonable porque, como es de esperar, en el primer año falta práctica y dinero, y realmente sólo unos pocos capítulos acusan deficiencias dignas de mención, el resto ofrece un acabado muy bueno y no tardará en ir mejorando hasta ofrecer un estándar de calidad excepcional para una serie. Donde sí falla ostensiblemente es en una fotografía que acusa una iluminación que se quedaba vieja en esa época, pues era muy de la línea de la original, con focos puestos de mala manera de forma que hay sombras por todas partes, incluyendo los rostros de los actores. Tampoco en el vestuario empezaron con muy bien pie. La caracterización de personajes secundarios no ha envejecido bien, y para los principales diseñaron unos trajes elásticos un tanto cutres, que parecen pijamas, y que resultaban muy incómodos a los actores. En la tercera temporada, cuando Rick Berman toma el control de la producción, cambian ambas cosas muy para mejor.

La banda sonora se puede decir que tampoco se modernizó, optándose por una orquesta clásica, pero con el nivel de la composición de los dos músicos principales, Dennis McCarthy y Ron Jones, y la estupenda orquestación lograda, resulta por lo general muy versátil y tiene momentos estupendos. También hay capítulos o tramos donde está menos conseguida por las prisas, pero nunca como para lastrar el relato seriamente.

Como comenté en el apartado de la introducción, la producción fue un caos, los guionistas, productores menores y otros puestos técnicos seleccionados por el propio Gene Roddenberry entre amigos y colaboradores de la serie original (destacando a David Gerrold y D. C. Fontana, que trabajaron en la creación del concepto de la serie y el universo imaginario) acabaron todos enemistados con él por sus abusos laborales y personales, acrecentados por sus excesos con las drogas y su mal carácter, y fueron dejando la serie, y los relevos tampoco duraban. Sólo un escritor independiente, Tracy Tormé, también conocido de Roddenberry, se salvó o fue capaz de aguantar, y eso que sus ideas eran las más atrevidas y eran constantemente rechazadas o alteradas, primero por Roddenberry, luego por Maurice Hurley. Hurley, otro amigo cercano del creador, llegó poco antes de la mitad de temporada para tomar las riendas de la sala de guionistas, aunque no caía bien en el set y pronto empezó también a chocar con las formas de trabajar de Roddenberry.

Heredado de la serie clásica, la mayor parte de los episodios comienzan con una introducción narrada señalando donde está el Enterprise y cuál es su misión, y enseguida se presenta el conflicto, entrando así de lleno en materia sin necesitar varias escenas para situarnos. También hay narración a modo de resumen tras los fundidos en negro donde iban las pausas publicitarias, simulados como entradas del diario de abordo por parte del oficial al mando. Si bien denotan la estructura narrativa obligada para la televisión, no suelen resultar muy cargantes ni parecer algo demasiado viejo, pues son frases breves o aportan información y planes nuevos.

Aunque por el caos de los inicios de la producción algunos de los primeros capítulos quedaron algo cutres (Código de honor, Puerto) y otros vieron algo limitado su potencial (El último baluarte, Soledad en compañía), la maduración respecto a la serie madre se nota pronto, las bases del universo imaginario están mejor establecidas y son evidentes las mejoras presupuestarias y por tanto visuales. En el rango de historias empieza muy cerca de aquella, casi podemos decir que no se atreven a correr muchos riesgos, de hecho, el guion de El presente inexorable es una especie de continuación/remake de Horas desesperadas (107), y Un periodo de tiempo demasiado corto bebe mucho de los capítulos tipo Un lugar jamás visitado por el hombre (101). Pero pronto empieza a buscar sus propias historias de exploración (Donde nadie ha podido llegar), de choques culturales (Soledad en compañía, Ángel Uno), retos científicos y éticos inesperados (Números binarios, Suelo habitado) y conflictos con entes asombrosos y peligrosos (Datalore, La piel del mal).

Paulatinamente presentan las nuevas ideas que expandirán el universo. Las tramas iniciales de la holocubierta (El gran adiós) y Data (Datalore) no son redondas pero sientan unos precedentes para que en próximas temporadas las traten más a fondo. Las razas secundarias importantes van haciendo acto de presencia, siendo algunas nuevas y otras que apenas tuvieron desarrollo en la original: Los Klingon (Corazón de gloria), los Ferengi (El último baluarte, La batalla) y los romulanos (La zona neutral). Y hay unas pocas ideas de ciencia-ficción bastante complejas para la época: Números binarios trata informática avanzada cuando prácticamente nadie tenía ordenadores en casa, La zona neutral y Simbiosis parecen sacados de novelas del género.

La nueva generación resulta una actualización bastante buena, aprovechó las bases tan originales de la serie madre pero aportó su propia esencia. Llenó un hueco que tras la original y Galáctica, estrella de combate (Glen A. Larson, 1978) ninguna otra consiguió llenar, y lo hizo de forma que dejó poco margen a la competencia: la combinación de exploración y retos científicos (algunos como digo de nivel literario) con dramas y dilemas éticos de gran calado es fascinante, y todo se pone sobre los hombros de unos personajes con enorme magnetismo. Por ello es una obra muy perdurable en el tiempo, es decir, envejece bastante bien si exceptuamos los cutrecillos primeros episodios.

El estreno fue un éxito, con audiencias notables, más tratándose de un género minoritario, y gran rentabilidad gracias a emitir directamente en sindicación y a las ventas de derechos al resto del mundo. El fervor trekkie se mantenía vivo gracias a las películas de la tripulación original, pero La nueva generación lo llevó a donde nunca antes una serie había conseguido llegar.

Tras el salto incluyo el análisis por capítulos.
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STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LOS ACTORES

Uno de los aspectos clave para que Star Trek: La nueva generación (1987-1994) fuera un éxito, mantenga un buen recuerdo y sea capaz de atraer nuevos espectadores es su poco numeroso pero carismático repertorio de personajes y el gran talento, cohesión y química que mostró el reparto. Sólo algunos roces con productores de mala calaña empañaron este campo en las primeras temporadas, pero ya entonces todo el reparto se había encariñado con sus roles y la serie. La mayor parte de ellos ha afirmado que esta ha sido la mejor etapa de sus carreras.

Tres actores fueron anunciados con bastante antelación, LeVar Burton, Patrick Stewart y Jonathan Frakes, pues llamaron la atención de los productores por algunos de sus papeles. Luego fueron llegando los demás, con algunos cambios de última hora bastante habituales en cine y series pero no por ello menos curiosos; por ejemplo, a Denise Crosby y Marina Sirtis les intercambiaron los papeles tiempo después de haber hecho las audiciones.

Patrick Stewart (el capitán Jean Luc Picard), nació en 1940 en un pueblecito de Yorkshire, Reino Unido. Desde pequeño le apasionó la interpretación, y pronto se labró una buena carrera en teatro con la famosa Royal Shakespeare Company, aunque tuvo también esporádicas apariciones en series británicas, como Yo, Claudio (1976). En una visita a la Universidad de California, en alguna conferencia sobre Shakespeare, un productor menor de La nueva generación se fijó en él y se lo propuso a sus compañeros. A pesar de la anécdota de que Roddenberry se plantó diciendo “No podemos poner un capitán calvo”, se quedaron prendados de su porte regio que encajaba en la descripción del serio capitán francés (aunque lo cierto es que mantuvo un levísimo acento inglés).

Por el lado de los productores, sorprende que no les inquietara que en EE.UU. fuera un completo desconocido, y por el suyo, extraña que aceptara, porque suponía romper con toda su vida personal y laboral cuando hasta entonces no se había movido de un registro muy clásico, incluso había rechazado géneros como la ciencia-ficción. Más tarde declaró que en la primera temporada lo pasó bastante mal, sintiéndose desubicado con las formas de trabajar en la televisión estadounidense y con actores con un estilo y experiencias muy distintos. Pero en adelante se adaptó, surgió una gran amistad con los demás y se enamoró del personaje y de la valentía de la obra en temas trascendentales. Ha declarado en ocasiones que su papel favorito y la experiencia de su vida ha sido Picard y La nueva generación. De ahí que aceptara con entusiasmo volver al personaje en la nueva serie, Picard (2020).

Jonathan Frakes (el comandante y segundo oficial William Riker), nació en 1952 en Pensilvania, EE.UU. Estudiaba psicología cuando empezó a interesarse por el teatro, y terminó cambiando de ramo. Tenía una buena carrera en televisión, incluyendo algún culebrón pero también miniseries de prestigio, como Norte y Sur (1985). Al contrario que otros del reparto, no lo tenían en mente los productores, sino que pasó por las audiciones de rigor hasta conseguir el puesto.

LeVar Burton (el ingeniero Geordie La Forge, que empieza como teniente junior y pronto asciente a teniente comandante), nació en 1957 en un cuartel militar de EE.UU. en Alemania del Oeste. Estudió interpretación en California y lanzó su carrera en televisión con la famosa miniserie Raíces (1977), interpretando a la versión joven de Kunta Kinte. A esta le siguieron numerosos telefilmes y un programa educativo que presentó y produjo ganando bastantes premios, Reading Rainbow (1983). Inspirados por un fan enfermo, los productores hicieron que el personaje fuera ciego y tomara su nombre.

Brent Spiner (el teniente comandante Data), nació en 1949 en Houston, Texas. No llegó a acabar sus estudios de interpretación, y vivió como taxista hasta que fue encontrando trabajos como actor a finales de los setenta. También tenía bastante experiencia en televisión cuando fue contratado, y no ha tenido una mala carrera posteriormente, con algún papel tan prominente como el del científico de las dos entregas de Independence Day (1996, 2016).

Michael Dorn (el klingon Worf, teniente junior al principio y luego ascendiendo), nació en 1952 en Texas pero se crio en Pasadena, California, donde realizó un curso de radio y televisión en una universidad comunitaria (algo así como la formación profesional de España). Empezó como intérprete siendo extra en Rocky (1976), donde un agente se fijó en él. No tenía un currículo tan largo como los demás cuando llegó a La nueva generación, pero sí ha mantenido un buen ritmo de trabajo desde entonces, sobre todo poniendo su voz en muchas obras de animación. Además, entró a formar parte del elenco de Star Trek: Espacio Profundo Nueve a partir de su cuarta temporada. Con el sueldo de la serie consiguió realizar su gran sueño: ser piloto de aviación. Se sacó la licencia y llegó a volar con escuadrones de exhibición de renombre y a comprar varios aviones a reacción usados en este campo.

Marina Sirtis (la consejera Deanna Troi, teniente comandante), nacida en Londres, 1955, se apasionó por el teatro desde el instituto, y alternó teatro y televisión británica hasta que en 1986, con 31 años de edad, se fue a Estados Unidos buscando mejores oportunidades. La aceptaron en La nueva generación justo cuando se le acababa la visa y estaba a punto de volver a Reino Unido. Se quejó de que en las primeras temporadas era más bien una mujer florero, con escote y tramas románticas tontas, y tardaron en ponerle uniforme y meterla en acción más seria. Su carrera tras la serie tiene bastantes papeles secundarios.

Gates McFadden (la comandante y jefa médica Beverly Crusher), Ohio, 1949, se graduó en artes escénicas con matrícula en una universidad privada en Massachusetts y luego siguió estudiando en París. Empezó trabajando como especialista en coreografías y movimientos de los muñecos de la compañía de Jim Henson, en películas como Laberinto (1986), y antes de La nueva generación apenas tenía cuatro papeles breves ante la cámara. En la segunda temporada no apareció porque se quejaba del machismo de los principales guionistas y productores ejecutivos, Gene Roddenberry y Maurice Hurley, y en cuanto este último ganó algo de poder la despidió. Pero a la larga ambos productores acabaron enemistados con todo el mundo y terminaron perdiendo autoridad o fuera de la serie, y así pudo volver en la tercera temporada. Después de Star Trek ha conseguido muy pocos papeles, pero ha trabajado bastante enseñando teatro en universidades varias. Fue la única del reparto que se mantuvo alejada de las convenciones, debido a un incidente con un acosador, pero volvió a ellas en 2014.

Will Wheaton (el joven Wesley Crusher, hijo de la doctora Beverly, que pronto toma el rango de cadete en funciones), Mississippi, 1972, entró en la serie con 14 años, pero ya tenía unos cuantos papeles a cuestas, destacando el protagonista de Cuenta conmigo (1986), que fue bastante aclamada y llamó la atención de varios productores. Pero Wesley pronto resultó un crío sabelotodo que muchos espectadores tenían por insoportable, y su protagonismo se vio reducido hasta tener apariciones muy esporádicas. Como los demás, tuvo una carrera larga pero en papeles secundarios y voces en series animadas. Cabe destacar su aparición en Big Bang Theory (2007) haciendo de sí mismo durante bastantes capítulos. Siempre ha sido un referente de la cultura friki, algo que él mismo ha fomentado en convenciones, blogs y apariciones como la citada serie.

Denise Crosby (teniente y jefa de seguridad en la primera temporada), nacida en Los Ángeles, 1957, alternaba papeles secundarios en televisión y cine antes de hacerse con el rol de Tasha Yar, aunque, como he señalado, audicionó para la consejera Troi. Pronto se sintió decepcionada con el nulo progreso de su personaje y decidió abandonar la serie para buscarse una carrera mejor. Logró algún buen trabajo (70 minutos para huir -1988-, El cementerio viviente -1989-), pero nada que le diera más empuje, y se fue encasillando en papeles breves en series hasta que hace pocos años consiguió alguno más recurrente. Sin embargo, al poco de dejar La nueva generación se arrepintió, fuera por el éxito de la serie o por el cariño que los demás actores cogieron a sus personajes, y mantuvo una buena relación con la saga, asistiendo a convenciones y consiguiendo apariciones en unos pocos capítulos que trataban de viajes en el tiempo y realidades alternativas.

Al reparto le pasó lo mismo que al de la serie original, quedaron encasillados en estos personajes y salvo Patrick Stewart, que tuvo el exitazo de la saga X-Men (año 2000 en adelante), ninguno consiguió volver a tener papeles protagonistas llamativos. Es algo que no entiendo, todos eran actores de primer nivel y la notable fama que les dio la serie debería haberles abierto puertas. No me extrañaría que vivan principalmente de las rentas de Star Trek, de las convenciones y poner voces en videojuegos de la saga. Muchos también aparecen en parodias varias, como The Orville (Seth MacFarlane, 2017).

Al menos Frakes se labró una buena carrera como director de multitud de series, incluyendo importantes participaciones en cada entregas de la franquicia, los largometrajes Primer contacto (1996) e Insurrección (1998) y las recientes Discovery (2017) y Picard (2020), así como en The Orville. LeVar Burton también ha dirigido, pero fuera de Star Trek su carrera no es tan extensa como la de aquel.

Siendo una serie de pocos personajes y escasa continuidad, los roles secundarios fueron poco numerosos y menos aún tuvieron bastante presencia, pero algunos que cité en el apartado de Star Trek: La nueva generación – La serie lograron dejar huella también en gran parte gracias al buen hacer de sus intérpretes.

Colm Meaney, quien desde entonces ha aparecido en infinidad de series y películas, aunque rara vez como protagonista, entró como extra sin nombre, gustaría lo suficiente para repetir ya con nombre, Miles O’Brien, y cuando los escritores pensaron que necesitaban un oficial secundario se dieron cuenta que de que ya lo tenían. Y a este le pusieron una mujer, la botánica Keiko, en manos de una encantadora Rosalind Chao. Aunque no caló entre el público por ser sustituir forzosamente a Beverly Crusher y parecer una imitación del doctor McCoy, la doctora Pulaski estaba muy bien encarnada por Diana Muldaur, una veterana de la televisión que había aparecido en casi toda serie de renombre de la época, incluyendo dos papeles secundarios en Star Trek La serie original. Majel Barrett, esposa de Roddenberry, puso voz a todos los ordenadores de la saga hasta su fallecimiento, pero también estuvo frente a la cámara en la presente como la madre de Troi, Lwaxana, otro rol cargante pero al que dio vida con energía. Aparte de la saga tuvo trabajos muy secundarios en televisión, hasta que se metió a productora de La Tierra: conflicto final (1997) y Andrómeda (2000).

En un grado inferior tenemos otros recurrentes muy interesantes. El oficial torpe y antisocial Barclay fue captado a la perfección por Dwight Shulze. Whoopi Golrdberg, gran fan de la saga, consiguió tener un papel bastante interesante, la enigmática pero simpática camarera Guinam. Es conocida por comedias y dramas de gran éxito como Sister Act (1990) y Ghost (1992). Michelle Forbes deslumbró con la alférez Ro Laren, una bajorana respondona, y ampliaron su papel hasta el punto de pensar en ella para Espacio Profundo Nueve… pero quiso buscar suerte en el cine y optaron por llevar allí a O’Brian y Keiko. Forbes tardó en tener éxito, y fue precisamente en televisión, con True Blood (2008), En terapia (2008), The Killing (2011)… John de Lancie dio rienda suelta al alocado y misterioso Q, que también apareció en otras secuelas. Y por afinidad, citaré a Andreas Katsulas, el mítico G’Kar de Babylon 5, que aquí apareció unas pocas veces como un alto mando Romulano que parecía que iba a convertirse en el archienemigo de Picard, aunque finalmente la rivalidad con esta raza no llegó a desarrollarse a fondo.

También es interesante practicar el juego del pillacaras. Numerosos actores bastante conocidos luego en televisión e incluso cine tuvieron algunos de sus primeros papeles aquí. Famke Janssen, Billy Campbell, Ashley Judd, Kelsey Grammer, Kirsten Dunst, Teri Hatcher

THE EXPANSE – TEMPORADA 4

Amazon Prime Video | 2019
Ciencia-ficción, drama,
suspense, acción | 10 ep. de 44-52 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, David Strathairn, Cara Gee, Thomas Jane, Burn Gorman, Rosa Gilmore, Lyndie Greenwood, Jess Salgueiro, Paul Schulze, Dayle McLeod.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las tramas del año, aunque una vez presentadas se intuye todo y no avanzan nada, así que no te destriparás mucho si lees la crítica.–

Abordé The Expanse como a toda serie de ciencia-ficción, con recelo, porque a pesar de ser mi género favorito muy pocas han resultado realmente buenas. Pero me enganchó desde el primer capítulo dejando claro en pocos minutos la ambición y el buen hacer de sus autores, Mark Fergus y Hawk Ostby, adaptando las novelas de Daniel Abraham y Ty Franck. Varios frentes abiertos, dispares pero muy atractivos, intriga política de gran complejidad y un misterio fantasioso latente generando más incertidumbre ofrecían una temporada emocionante y magnífica. La segunda perdió un poco de fuelle, sobre todo en su tramo final, pues en vez de avanzar y crecer como prometía se frenó un poco y se tornó repetitiva. Parecía que la protomolécula iba a quedar como el argumento recurrente improvisado, en plan Expediente X (Chris Carter, 1993) con los esquivos extraterrestres, y los personajes habían llegado a su tope. Con todo, resultó una buena etapa.

Pero en la tercera sí dieron el salto argumental y cualitativo esperado. Es inevitable pensar que los guionistas se vieron venir la cancelación y se propusieron cerrar las tramas principales en desarrollo, pues parece haber dos temporadas en una, pero lejos de parecer precipitada resultó espectacular, una de las mejores temporadas de los últimos años. Pero entonces se confirmaron los temores de cancelación…

La pequeña empresa Alcon como productora y SyFy Channel como distribuidor apuntaron demasiado alto, pronto quedó claro que no podían mantener una producción tan cara (se estima en unos cuatro millones de dólares por episodio). Con Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) tuvieron más vista y mejor suerte, pues compartieron el esfuerzo con el canal inglés Sky One, desde el primer episodio las audiencias fueron notables y se vendió rápidamente al resto del mundo, mientras que The Expanse tenía entusiastas críticas y gran proyección en internet pero pocos espectadores reales en su emisión. Por suerte, estamos en la mejor época para las series, con plataformas como Netflix o Amazon Prime Video que permiten mejor retorno monetario al tener una proyección internacional sin necesidad de negociar con otras compañías. Estaba claro que acabaría distribuida en una las dos, salvo que en las negociaciones alguno de los productores se pusiera tonto.

Amazon fue quien ganó la puja, y desde entonces era obvio pensar que habría menos restricciones, como de número duración de episodios, de censura (temática, lenguaje, sexo, violencia), y quizá un mayor aporte de dinero también. Pero la cuarta temporada ha estado muy lejos de cumplir las expectativas, ofreciendo un retroceso brutal en ambición y calidad.

Cruzamos el anillo creado por la protomolécula para ir a otros sistemas solares. Pero el siguiente paso de la expansión de la humanidad arrastra los problemas mal cerrados de la etapa anterior. La débil paz entre la Tierra, Marte y el cinturón (divididos entre simpatizantes de la OPA y quienes quieren dejar el terrorismo atrás) no es sino una fachada tras la que se cuecen nuevos intereses.

Lo vive Chrisjen Avarasala en la campaña política, con una oponente populista ciega a los problemas reales. Lo descubre Bobbie en Marte, donde el gobierno militarista se desmorona y facciones criminales quieren hacerse ricas con las migajas. Lo intuyen Camina Drummer y Klaes Ashford intentando atajar a los cinturianos rebeldes y terroristas que quedan tratando de poner a todos en guerra otra vez. Y sobre todo lo enfrenta la tripulación de la Rocinante en Ilus, el planeta recién colonizado, donde refugiados del cinturón esperan formar una nueva vida mientras los mercenarios del gobierno llegan para disputar las nuevas riquezas.

Las maravillas del universo al alcance de la mano no bastan para cambiar al ser humano. La ambición egoísta, el rechazo cuando no odio a las distintas formas de pensar y vivir la vida, y los intereses políticos y económicos crean facciones que difícilmente pueden convivir. La serie mantiene así su estilo verosímil no sólo en ciencia espacial, sino sobre todo como reflejo de la realidad. Pero las tramas en las que subyace esta temática no tienen el ritmo, profundidad y fuerza de antaño.

Son muchas las carencias que van sumándose entre sí y limitando el demostrado potencial que puede alcanzar, y aparecen muy pronto, tanto que la decepción me envolvió en el primer episodio y no se desvaneció en adelante, sino que fue creciendo hasta que vi los últimos con gran desgana, cuando las temporadas anteriores las engullí y volví a ver en poco tiempo. Esta la quiero olvidar y esperar que la quinta remonte y la deje como un mal sueño.

Pensaba que volver a diez episodios contra los trece anteriores me iban a parecer poca cosa, pero se me ha hecho bastante larga. Avanza migajas en las tramas globales, los personajes no se mueven lo más mínimo, es todo una sucesión de aburridas vueltas en círculos con clímax forzados para intentar levantar el interés. La naturalidad e imprevisibilidad con que desarrollaban los hechos en las etapas anteriores no vuelve a verse. El ritmo trepidante, los múltiples frentes intrigantes, los personajes principales y secundarios en constante evolución tampoco están al mismo nivel. Y la fascinación por lo desconocido que se esperaba al abordar la exploración del universo no llega a aparecer en ningún momento.

Todo se cambia por historias predecibles, estancadas en nimiedades que se repiten episodio tras episodio. Una vez presentada, cada sección se mueve muy poco y en direcciones muy fáciles de ver venir. Desde el primer capítulo se sabe con certeza que Bobbie no encajará en Marte y volverá con Avasarala, que los cinturianos buscan gresca, que los gobiernos de Marte y la Tierra se quedan atrás mientras grupos misteriosos varios pasan al frente, que Holden y sus compañeros tratarán de arreglar el lío en la colonia, y que todo junto forma de nuevo un polvorín a punto de explotar.

Sólo algunos tramos de las aventuras de Camina y Klaes son llamativos, pero aparecen poquísimo. Sólo breves instantes de las elecciones en la Tierra resultan mínimamente intrigantes, y no es que sea una historia de altos vuelos comparada con las vivencias anteriores de Avasarala. Y sólo Bobbie aporta algo de emoción en la parte dramática, de forma que es el único personaje que recorre un camino demasiado evidente aportando al menos un conflicto interno llamativo. Por el otro lado, por desgracia la tripulación de la Rocinante no se mueve un ápice, cada uno se queda atascado en su característica más destacable de forma que en cada nuevo capítulo tienen su aportación obligada y ya está. Holden empeñado en salvar a todos, Amos bruto como él sólo, Alex buenazo sin enterarse de casi nada, Naomi idealista y apenada por tanto problema…

Y para rematar, una serie estupenda en cuanto a personajes secundarios, sin miedo a que entren y salgan constantemente de la acción, también patina un montón en este aspecto. Ninguno de los nuevos logra despertar el más mínimo interés, ni la banda de Marte, ni las familias, la doctora y la soldado de Ilus, ni mucho menos el líder mercenario enviado allí por la Tierra. Este villano, interpretado por el siempre sobreactuado Burn Gorman, empieza siendo cargante, pero pronto se torna ridículo por culpa un dibujo tan simple y a la vez excesivo que resulta impropio de esta producción incluso contando con el bajón generalizado.

La fascinación por lo desconocido, el factor descubrimiento tan esencial para que una obra de ciencia-ficción te maraville, no va más allá de las expectativas que te hayas generado en la espera por ver cómo empiezan a explorar el universo. La historia de supervivencia en un planeta desconocido es muy ramplona, y parece que los guionistas lo saben, porque tiran de sensacionalismo, de giros rebuscados y suspense barato cada dos por tres. Los problemas con la protomolécula y el conflicto entre los colonos y mercenarios resultan demasiado artificiales, puestos a designio de los escritores según necesiten una pausa, acelerar los hechos, intriga o drama. En todos los capítulos ese villano de pacotilla pasa de amenazar con matar a todos a trabajar en grupo, de estar cabreadísimo a pasearse entre colonos, la visión de Miller aparece y desaparece a conveniencia, la protomolécula amenaza con algún nuevo enredo absurdo, y los protagonistas se pasean sin terminar de hacer nada concreto para no acabar con las tramas antes de tiempo. Y a pesar de todo, aun tiene momentos en que sorprende para mal: la subtrama de la ceguera es patética, vergonzosa.

Si para el final esperabas una gran revelación con la protomolécula y que el polvorín de todo el sistema solar estalle en nuevas apasionantes historias, puedes darte con un canto en los dientes. El misterio con la protomolética tiene una resolución lastimera, lo demás queda todo en suspenso, sólo hay resoluciones secundarias, todas flojar cuando no penosas, como el cutre duelo final entre Holden y el villano.

La inteligente visión de la humanidad, la simpatía que todavía queda en los protagonistas, y el excelente acabado visual, que otorga ritmo y empaque a historias anodinas (atención a cómo en el planeta cambian el formato de imagen a panorámico), logran mantener a flote una temporada con más fallos que logros, con tramos bastante aburridos y una parte final sin savia alguna.

He pasado de pensar que a The Expanse le vino muy bien acelerar y concentrar las historias en el tercer año debido la sombra de la cancelación a temer que hayan optado por una narrativa a lo The Walking Dead y Vikingos ahora que pueden tener muchas temporadas por delante, esto es, estirar el chicle hasta que pierda toda sustancia. Lo que han contado en diez episodios cabía en uno, dos a lo sumo. Es la presentación de lo que deberían haber desarrollado en el resto, pero nos marean con tonterías y engaños y lo dejan para el siguiente año… y veremos cuánto avanzan ahí y cuánto se resiente la serie si mantienen este estilo. Por ahora me queda el consuelo de que difícilmente pueda seguir el nefasto rumbo de Battlestar Galactica, porque esa dejó claro la improvisación de sus tramas y personajes en el irregular primer año, con lo que no sorprendió que perdiera calidad rápidamente, mientras que The Expanse tiene unas bases muy sólidas, tanto por las novelas como por las tres buenas temporadas que llevamos.

PD: Hasta ahora la había visto con subtítulos de aficionados, y estos eran fieles al original (y cuando se confundían con las armadas marcianas lo podía arreglar sin problemas), pero cuando la serie la adquirió para España Netflix y luego Amazon resulta que estos cambian las iniciales de todas las organizaciones, haciéndolo muy confuso. ¿Te imaginas que en vez de FBI y CIA pusieran AFI y ACI o algo así? Cuando en pantalla ves OPA, MCRN y demás pero te subtitulan con unas letras que parecen elegidas al azar lo único que consiguen es marear al espectador. Ya sé que una es la armada de Marte y la otra la alianza de planetas exteriores, no me compliques las cosas. Y la traducción “cinturionianos” en vez de la natural y lógica “cinturianos” es horrible. No sé cómo habrán apañado la jerga de los planetas exteriores, algo desde luego complicado. El doblaje en sí no sé qué tal estará, como siempre, recomiendo la versión original.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
Temporada 4 (2019)

THE CROWN – TEMPORADA 3

Netflix | 2019
Drama, histórico | 10 ep. de 47-60 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, Stephen Daldry, varios.
Intérpretes: Olivia Colman, Tobias Menzies, Helena Bonham Carter, Ben Daniels, David Rintoul, Charles Edwards, Charles Dance, Marion Bailey, Josh O’Connor, Erin Doherty, Jason Watkins.
Valoración:

La tercera temporada de The Crown vuelve a ofrecer un entretenimiento la mar de gratificante, pero lo cierto es que en vez de madurar se nota un estancamiento, no termina de explotar el potencial latente en la historia que abarca y el estilo narrativo con que lo hace. Ya hay que asumir que su autor, Peter Morgan, no pretende salirse de una fórmula que funciona bastante bien de cara al público. Y quizá tampoco lo hiciera si las cosas no fueran tan bien, pues es como ha elegido construir la serie. Aun así, sigo teniendo esperanzas en que en el futuro aproveche mejor las posibilidades que todavía guarda.

El relato del reinado de Elizabeth II (salvo que veas el doblaje español, donde hacen el ridículo castellanizando los nombres) continúa combinando el drama personal de la reina y su familia con saltos a la política, a crisis puntuales, y en general a lo que parezca interesante a Morgan. Pero de nuevo el equilibrio es imperfecto. La elegancia y brillantez de muchos tramos no cuaja del todo con el sensacionalismo o letargo en que caen otros. A veces atina al cambiar el punto de vista a una historia tangencial de gran relevancia o al menos atractivo, en otras deja de lado cosas muy importantes y pone el foco en detalles innecesarios.

El caso más grave viene por partida doble. No puede ser es que estemos con la crisis económica y política en que está sumida el país en primer plano y la solución se omita por completo para dar más presencia a líos de la corona con la prensa y la imagen pública. Ocurre en el inicio de temporada, donde giramos de la devaluación de la moneda y el gobierno apunto de caer a las aventuras de Margaret y Lord Snowdon, y en el final, donde pasamos sin disimulo de la crisis energética y las huelgas de mineros a otra etapa de esa tormentosa relación.

Pero la sensación de irregularidad en tono, alcance y calidad pesa todo el año. Se puede decir que tiene cierta ventaja, porque hay espectadores que se enganchan más a unos tramos e historias y otros se decantan por otros distintos, es decir, la serie resulta atractiva para distintos sectores del público. Pero en la valoración global y en un análisis más objetivo que emocional hay que señalar esa falta de estabilidad, los cambios forzados de foco y tono, el material desaprovechado…

El aclamado Aberfan me sacó varias veces de una historia muy potente porque tiran de sensacionalismo más de la cuenta, mientras que tanto Olding como El golpe me absorbieron por completo con unos eventos desconocidos (el espía en la corte, el plan de golpe de estado) contados con gran manejo de la tensión e incertidumbre. Los problemillas de la adolescencia del príncipe Charles me parecieron muy maniqueos, mientras que las aventuras de Margaret en Margaretología fueron más amenas y más originales, aunque fuera a costa de ningunear aspectos más trascendentales.

En lo que sí suele coincidir la mayoría es que la parte final se atasca más de la cuenta en dramas personales, sin conseguir ni el ritmo ni la profundidad necesarios. El intento de redención del Duque de Windsor (ahora encarnado por el gran Derek Jacobi), paralelo al romance de Charles con Camila Shand en El hombre en suspenso se hace pesado. En tierra de nadie quedan algunos capítulos extraños: las crisis de Phillip (con el alunizaje y el nuevo cura) se tratan con mayor elegancia e inteligencia… pero terminan haciéndose episodios muy largos, hubieran ido mejor como historias secundarias. Lo mismo se aplica a la crisis matrimonial de Margaret, un arco un tanto simplón para acabar el año que quizá hubiera ido mejor disgregado poco a poco, alternando con otras tramas. Morgan se ha atado a su idea de centrar cada episodio una cosa, pero también es justo es decir que la cronología histórica limita bastante el movimiento.

Con el excelente nivel de producción la serie sigue manteniendo un aspecto superior a primera vista y engañando bastante los sentidos a sus carencias durante el visionado. Decorados rematados con un correcto trabajo digital cuando es indispensable (aunque alguna pantalla de fondo canta, por ejemplo en los desembarques de varios aviones), vestuario fastuoso y bellas localizaciones exteriores son captadas por una fotografía magistral y unas labores de dirección muy notables. La música ha cambiado. No sé por qué ficharon a Lorne Balfe, de la factoría Hans Zimmer, para una serie tan inglesa: sus sintetizadores creaban atmósferas efectivas pero sin complejidad musical alguna, mientras que el actual compositor, Martin Phipps, aunque obligado a mantener las bases sintetizadas, aporta instrumentación tradicional (aun sin grandes despliegues orquestales) y ofrece un trabajo más versátil y refinado.

En cuanto a interpretaciones, creo que desde el principio tenían pensado cambiar de actores para cada etapa histórica, lo cual estaba claro que iba a garantizar bastantes comentarios y alguna polémica.

Para la década de 1964 a 1974 contamos con otros cuantos talentos más o menos conocidos en televisión. La reina, encarnada entonces por Claire Foy, está ahora en manos de Olivia Colman, quien causó sensación con Broadchurch (2013) y La favorita (2018), y está espléndida. A pesar de que no aguantó las lentillas y los efectos por ordenador no convencieron a los productores y la dejaron con su color de ojos oscuros en vez de los claros de la figura real, desde el principio se ve al mismo personaje. Tobias Menzies, de Roma (2005) y Juego de tronos (2011), también está impecable como como Phillip. Cabe destacar que inicialmente eligieron a Paul Bettany (Los Vengadores -2012-, Master and Commander -2003-), pero se cayó por problemas de agenda. Margaret choca un poco más, pues de la atlética y elegante Vanessa Kirby hemos pasado de golpe a una bajita y rechoncha Helena Bonham Carter (no necesita presentación), aunque desde luego lo hace bien. En cambio, Ben Daniels (La reina virgen -2006-, Rogue One -2016-) como Lord Snowdon mantiene el porte carismático de Matthew Goode de maravilla.

Pero en los secundarios entra juego el problema de que tienes que haberte quedado bien con el nombre y posición de cada uno para no perderte con el nuevo rostro. Yo me hice un buen lío con los mayordomos Michael Adeane (de Will Keen a David Rintoul) y Martin Charteris (de Harry Hadden-Paton a Charles Edwards), donde podían haber dejado a los mismos actores y ponerles canas, pues a fin de cuentas a partir de cierta edad el físico no cambia tanto y sería verosímil, y también me despistó un poco al principio la reina madre (de Victoria Hamilton a Marion Bailey). Al Lord Mountbatten inicial, Greg Wise, ni lo recordaba ni lo haré, porque Charles Dance (Juego de tronos, entre otras muchas) está inmenso y se hace con el personaje para él solo.

Los nuevos son todo un acierto. Josh Connor (Peaky Blinders -2013-, Ripper Street -2012-) se mimetiza de lleno en el príncipe Charles; es increíble cómo han encontrado a alguien tan parecido en el físico y que sea buen actor. Erin Doherty (en su primer papel destacable) como la princesa Anne es capaz de dejar huella desde la primera aparición en un plano secundario, y luego aprovecha de maravilla el protagonismo creciente.

Entre los mejores papeles, tras Dance y Colman me quedaría con Jason Watkins (Taboo -2017-, Being Human -2008-) como el primer ministro Harold Wilson, pues resulta un maestro de las miradas y los silencios contenidos que lo dicen todo. Sus encuentros con la reina ofrecen algunas de las mejores escenas del año.

Ver también:
Temporada 1 (2016)
Temporada 2 (2017)
-> Temporada 3 (2019)