MR. ROBOT – TEMPORADA 1.

Mr. Robot
USA Network | 2015
Productores ejecutivos: Sam Esmail, Steve Golin, Chad Hamilton.
Intérpretes: Rami Malek, Christian Slater, Portia Doubleday, Carly Chaikin, Martin Wallström, Michel Gill, Ben Rappaport, Frankie Shaw, Stephanie Corneliussen, Gloria Reuben, Ron Cephas Jones, Azhar Khan.
Valoración:

Hartísimo estoy de la parodia cutre de la informática que hacen en prácticamente todas las series y películas por dejadez, por incomprensión y por miedo a que el público no entienda cosas cuando precisamente convive a diario con muchas de ellas. Llevamos ya unos veinte años con internet y las nuevas tecnologías siendo parte de nuestras vidas, y todavía casi ningún guionista parece tener nociones mínimas de cómo funciona un ordenador, qué es la programación, de qué va el mundillo hacker, cuáles son las posibilidades y limitaciones reales de los diversos aparatos (móviles, etc.). Hasta ahora sólo The Wire y su fiel retrato de la labor policial se salvaba. Pero con Mr. Robot por fin tenemos una serie de informática y hackers realista, respetuosa con los temas tratados. Además sumergen la acción en un thriller de conspiraciones bastante clásico en líneas generales, pero al que también rodean de un halo de verosimilitud muy adecuado, pues se abordan temas de seguridad, privacidad y abusos gubernamentales y corporativos que estamos viendo a diario (CIA, Snowden, Facebook, Anonymous, etc.).

La gran empresa que domina el universo planteado, la Evil Corp, como la llama el protagonista, es un trasunto de Facebook, Apple y Google pero llevado más allá: su dominio del mercado tecnológico ha saltado a las finanzas (tiene bancos por todas partes), con lo que su poder es casi ilimitado. Elliot Alderson (Rami Malek) le tiene un odio visceral, no sólo por su control megalómano del mundo, sino sobre todo porque él y su amiga de la infancia, Angela Moss (Portia Doubleday), sufrieron trágicos fallecimientos familiares por un vertido tóxico de la compañía. Ahora ambos trabajan en una pequeña empresa de seguridad de redes y sistemas que tiene en el contrato con esa gran corporación su mejor cliente.

Cuando un enigmático antisistema, o más bien un anarquista irredento, aborda a Elliot con un plan para hundir a Evil Corp con ayuda de sus notables cualidades como hacker, empieza a colaborar con el dispar grupo que este le presenta. Se hace llamar Mr. Robot (Christian Slater), y si bien Elliot se relaciona poco con la banda, la joven Darlene (Carly Chaikin) coge bastante interés en él. Pero las convicciones, planes y sobre todo relaciones de Elliot son un desastre debido a sus problemas emocionales. El muchacho sufre un puñado de desórdenes: parece tener algún rango de Asperger (no entiende bien las emociones propias y ajenas), lucha contra la depresión, ataques de ansiedad, de alucinaciones, de violencia… La psiquiatra que lo cuida teme constantemente que recaiga.

El capítulo inicial es muy potente y muestra unas bazas claras que prometen una obra de gran nivel, pero para mi sorpresa, y a pesar de que muchos la han citado como la mejor serie del verano, ese potencial se diluye rápidamente en un relato que no es capaz de encontrar el tono y ritmo adecuados a pesar de desarrollarse en una temporada de sólo diez capítulos. Así, aun teniendo el enorme atractivo de los personajes y actores, la sugerente trama, el trasfondo crítico contra el sistema y el correcto aspecto visual, también arrastra un montón de fallas de ritmo, tiene conatos de patinazo, exageraciones y sensacionalismos innecesarios…

El enorme rol central es su principal acierto y sin duda ha sido el factor clave para ganarse rápidamente al espectador. Elliot es un chico antisocial y rarito de cuidado, pero los guionistas nos lo presentan de forma que sentimos tanto lástima como admiración por él. Deseamos que salga adelante, que abrace a Angela, que se porte mejor con el buenazo de jefe que tiene… en definitiva, que supere sus problemas mentales y consiga la vida feliz que merece. Para esta conexión es imprescindible el punto de vista: todo lo vemos a través de sus ojos, no en vano es el narrador de los hechos. Sus palabras nos acercan a sus sentimientos, generalmente de miedo e incomprensión, nos explica qué pretende y espera de sus planes, y nos facilita el entendimiento de tecnicismos informáticos (aquí estuvieron muy listos los escritores para no cerrarse a un público muy concreto). La puntilla a la fascinación que despierta es la fantástica, qué digo, soberbia e inolvidable interpretación del desconocido Rami Malek. La facilidad que tiene para expresar todo el rango de caóticos sentimientos y los saltos de un estado de ánimo a otro es impresionante.

La mayoría de los demás principales son bastante atractivos. Angela se hace querer, sobre todo cuando se le complican las cosas, y la nueva amiga de Elliot, Shayla (Frankie Shaw) y sus drogas, resulta muy simpática. Mr. Robot es misterioso, y el espectador avezado intuirá pronto qué pretenden los guionistas con esta figura. Darlene llama la atención rápidamente, aunque el resto del grupo de hackers son secundarios sin más, y debo decir que el negro de la marihuana no me pega como genio informático. Aparte tenemos al inquietante Tyrell Wellick (Martin Wallström), con el que muestran al tiburón empresarial, al psicópata dispuesto a todo por ascender en su trabajo en Evil Corp, cuyo destino y relación con algunos protagonistas también pone un punto de interés. El reparto es bastante consistente, pero destacaría el breve pero intenso papelón de Gloria Reuben (la psiquiatra), uno de esos grandes intérpretes (memorable su trabajo en Urgencias) que no consiguen la fama merecida.

El segundo punto llamativo es la crítica al sistema, desarrollada en una trama de intriga y conspiraciones con muchas posibilidades. A esto se le añade la tensión por saber cómo Elliot resolverá los retos que tiene adelante, y cómo afectarán a Angela, pues quiera o no está muy implicada en el meollo. La puesta en escena es de notable, con lo que entra muy bien por los ojos. Con una fotografía muy cuidada con numerosos encuadres rebuscados, más una banda sonora electrónica sugerente, se matiza muy bien tanto la intriga como el halo de irrealidad, esa sensación de que no sabes qué es un sueño o locura de Elliot y qué no.

Sin embargo, ya desde el segundo episodio empecé a dudar de que fuera a dar la gran serie prometida. Y finalmente no sólo no llega a explotar como podría, sino que se queda un quiero y no puedo constante. Lo peor es el ritmo. Se ve claramente que no consiguen material para los diez episodios, y estiran y rellenan con desigual resultado. La aventura con una chica secuestrada funciona porque saca mucho de Elliot, pero hay otras historias que no aportan casi nada, como la trama del chantaje, y transiciones alargadas que resultan cansinas, como el viaje con la desintoxicación del cuarto episodio, que es puro relleno sin savia alguna.

Tampoco funcionan todos los protagonistas. El novio de Angela, Ollie (Ben Rappaport), es un tanto monocromático y cargante, porque no consigue desligarse del topicazo de “novio tonto de la chica que debe ser del prota”. Y luego tenemos las exageraciones. La entrada de Elliot en un complejo es muy forzada, y el chino críptico parece salido de un cómic, pero quien se lleva la palma es Tyrell. Su dibujo de empresario sin alma termina resultando una imitación malograda de Patrick Bateman, el de American Psycho (papel que relanzó la carrera de Christian Bale), con sus arrebatos de locura, sus asesinatos surrealistas, su relación absurda con la novia y la tontería de hablar en sueco y danés (cada uno de ellos en un idioma, simplemente porque sí). Tampoco me convence lo que hacen con Mr. Robot, pues si bien empieza de forma acertada, lo intentan alargar mucho y termina notándose los malabares que hacen para mantener el truco.

Con ese ritmo tan irregular la evolución de los protagonistas tiene algún bajón y la trama se dispersa y diluye varias veces. Además, la inteligencia que parecía tener el relato inicialmente no llega a deslumbrar, pues la historia no termina de adentrarse en una conspiración de calidad ni madurando una buena crítica, y el año acaba en un desenlace aceptable pero a la vez demasiado sencillo y previsible. Por suerte, los desequilibrios no son tan grandes como para echar a perder una propuesta atractiva y con estilo, destacando su buena capacidad para no sólo entretener, sino también para conmover con sus buenos personajes y hacer reflexionar con sus planteamientos.

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