BLACK MIRROR – TEMPORADA 4


Netflix | 2017
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 41-76 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker.
Intérpretes: Jesse Plemons, Cristin Milioti, Jimmi Simpson, Rosemarie DeWitt, Brenna Harding, Andrea Riseborough, Kiran Sonia Sawar, Maxine Peake, Douglas Hodge, Letitia Wright, Daniel Lapaine, Aldis Hodge.
Valoración:

En esta cuarta temporada, aparte de la irregularidad habitual, se observa algo de desgaste, pues Charlie Brooker vuelve sobre ideas ya exploradas y no consigue deslumbrar como en otras ocasiones. Pero también se ven intentos de seguir experimentando con historias y estilos distintos, lo que disimula un tanto la reutilización de algunos pensamientos. Y el esfuerzo en buscar un acabado visual de calidad también se agradece. Pero claro, de quien nos ha regalado joyas como El himno nacional, Blanca Navidad y En picado se espera mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que las temporadas son muy cortas y es difícil perdonar los bajones.

Tras el salto encontraréis el análisis por capítulos:

401. USS Callister


Guion:
Charlie Brooker, William Bridges
Dirección: Toby Haynes.
Valoración:

Sinopsis:
Para evadirse, un programador se sumerge en una realidad virtual inspirada en Star Trek.

Comentario:
El presupuesto de este capítulo ha debido de ser descomunal, muy superior al resto. Por hacer la comparación obvia y obligada, luce muchísimo mejor que la nueva Star Trek: Discovery. Esa ha costado en su primer año entre siete y nueve millones por episodio y deja bastante que desear en el aspecto visual y técnico (solo el vestuario es digno), siendo sus efectos digitales lamentables. Mientras, USS Callister parece una superproducción de cine, impecable en todos sus elementos y con un trabajo de dirección excelente.

La premisa es interesante, pero no especialmente ingeniosa, ni siquiera novedosa. Además, el cambio de tono hacia la comedia y la parodia prometía descolocar a muchos espectadores, aunque al final ha tenido buena recepción, mejor de la que me parece merecer.

Lo primero que salta a la vista es que bebe demasiado de Blanca Navidad. Vemos de nuevo la clonación de personalidades en realidades virtuales, con la necesidad de derrumbar su libre albedrío para que obedezcan. La descripción del inadaptado social que trata de escapar de sus problemas en un mundo virtual tampoco es sorprendente, y menos con el dibujo tan estereotipado que hacen del friki informático. Además, su viaje no lleva a ninguna parte, le estampan en la cara una lección al final, pero sin profundidad dramática ni crítica, sino como un simple castigo. La chica protagonista tampoco cala hondo, es resuelta de principio a fin, nada cambia en ella. Y los secundarios no tienen nada que ofrecer, la mención del hijo de unos de ellos es para envilecer al malo y ya está.

Si los personajes funcionan es por su simpatía y la buena labor de los intérpretes, destacando a Jesse Plemons y Cristin Milioti. Con la aventura más o menos igual. Su simpleza se eclipsa un poco mediante una narrativa emocionante a base humor desenfadado, más concretamente parodiando a Star Trek, y por la estupenda puesta en escena, con ese dineral tan bien aprovechado por el equipo técnico y exprimido por el director Toby Haynes (Doctor Who -2005-) con un ritmo enérgico.

Es muy entretenido, pero, al contrario de lo esperable en la serie, no impresiona, no conmueve. Incluso otros que salieron irregulares a pesar de las buenas intenciones (el empalagoso Tu historia completa (103), con una premisa semejante: la evasión de la vida real) aportaron una lectura más provocadora del impacto de las nuevas tecnologías.


402. Arkangel


Guion:
Charlie Brooker.
Dirección: Jodie Foster.
Valoración:

Sinopsis:
Una madre controla lo que ve su hija mediante un implante, censurando situaciones estresantes o violentas.

Comentario:
No es rompedor en cuanto a temática, pero Brooker y la directora Jodie Foster (más conocida por su faceta de actriz) saben tomar una historia normal y darle una buena vuelta de tuerca con el tono de la serie, es decir, jugando con un posible futuro cercano bastante oscuro en cuanto a la dependencia e intromisión de las nuevas tecnologías en la vida del ser humano. Una madre obsesiva trata de educar a su hija alejada del mundo real para que no sufra, y un implante con un control exhaustivo se lo pone muy fácil. Ver lo que hace, censurar escenas incómodas para que no las sufra, monitorizar su estado de salud… Parece una forma utópica de asegurar el bienestar de nuestros vástagos. Pero la lección es clara: un hijo no es una propiedad, es una persona más que debe aprender cómo es el mundo real y a valerse por sí sola.

Algunos han criticado que resulta previsible, pues aborda temas clásicos de la adolescencia, como sexo y drogas, pero precisamente esa es la idea, mostrar cómo la tecnología mal usada puede empeorar situaciones de la vida real. Y ahí el episodio consigue tocar la fibra sensible bastante bien y ser premonitorio de una forma cruda e inquietante como se espera de la serie. Pero también es cierto que al no tener una perspectiva más elaborada resulta un drama muy mundano que no llena e impresiona como para ver de nuevo.

De la banda sonora se ha encargado un notable como Mark Isham, pero lo cierto es que su trabajo no llama la atención.


403. Cocodrilo
Crocodile


Guion:
Charlie Brooker.
Dirección: John Hillcoat.
Valoración:

Sinopsis:
Una mujer comete en un homicidio y vive con miedo a ser descubierta.

Comentario:
Es entretenido si no se espera mucho, pero no creo que esté a la altura de los estándares exigibles para la serie, ni por calidad ni por temática. El elemento de ciencia-ficción es anecdótico y no sirve para mostrar una lectura inteligente del impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad. El guion, sin este artificio, se quedaría en un telefilme de toda la vida, un thriller rebuscado pero poco impactante, sino más bien un tanto inverosímil. La historia es exagerada, casi absurda, y todo va ocurriendo porque sí sin una progresión orgánica, creíble. Además, el forzado giro final es ridículo, un intento de shock chapucero. Las motivaciones de la protagonista (la otra presencia, la investigadora, es un objeto inanimado de la trama) son inexcrutables, pone caras de pena pero no me creo su determinación ni me llega su desesperación; Andrea Riseborough es una actriz competente, el problema es el rol.

Con Islandia como trasfondo, un director como John Hillcoat (La carretera -2009-, La propuesta -2005-), y un músico como Atticus Ross (La red social -2010-, Millenium -2011-), aunque no llegue a deslumbrar tenemos un acabado bastante llamativo, y con ello el capítulo se salva la irrelevancia total.


404. Colgad al DJ
Hang the DJ


Guion:
Charlie Brooker.
Dirección: Tim Van Patten.
Valoración:

Sinopsis:
Unos jóvenes utilizan un programa de emparejamientos para encontrar a su media naranja.

Notas:
-El título hace alusión a la letra de la canción que suena al final, Panic, de The Smiths.

Comentario:
El capítulo más valorado de la temporada es, como el más alabado en la tercera etapa (San Junípero¸304), una odisea romántica ciertamente hermosa, pero también un tanto artificial, hasta el punto de que me parece igualmente sobrevalorado. El sistema informático de emparejamientos es una acertada evolución de las redes sociales, que tienen su lado bueno y su lado malo. Son una herramienta que acorta distancias entre personas, pero también reflejan la creciente soledad y falta de relaciones humanas cara a cara.

La serie como es obvio se centra en la parte más negativa, la impresión de que esta forma de interactuar va secando el contacto humano y la pasión, dejando las relaciones en detalles superficiales y los consecuentes desencantos, y al final aumentando la sensación de soledad e impotencia. Con la perspectiva planteada vamos más allá: ya no hay relación natural alguna, el sistema informático que usan los personajes analiza y calcula todo en base a citas forzadas. Los participantes sufren parejas incómodas mientras el chisme aprende qué es lo que buscan, en vez de aprenderlo ellos, comprenderse a sí mismos mejor, comprender al mundo mejor, y en consecuencia reforzar su capacidad de decisión y autoestima.

La pareja protagonista poco a poco va despertando de esa rutina absurda, porque el amor rompre fronteras, barreras y sistemas operativos. Al final acaban juntos… como se veía venir desde el principio. Porque las relaciones desprenden verosimilitud mediante un certero y conmovedor retrato de la pasión, la torpeza, el sexo, los desencantos… pero no hay giros que aporten novedades a una historia muy simple y terrenal, y “la perspectiva Brooker” aunque enriquecedora no loga un episodio original e impactante. De hecho, conforme avanza empieza a fallar la conexión con el espectador, pues la credibilidad va haciendo aguas. En las relaciones vemos poca interacción más allá de unos pocos escenarios en las casas, el restaurante y el parque, es decir, falta profundidad y renovación, a la larga la historia se agota y el episodio empieza a hacerse pesado y repetitivo. Pero, sobre todo, falla la creación de un entorno verosímil, con lo que cuesta creerse el universo planteado. Por ejemplo, ¿nadie trabaja, todo el tiempo de sus vidas lo dedican a citas?

Para el final tenemos un giro que da sentido por fin a alguno de esos agujeros, pero para mí llegó tarde, porque la historia romántica estaba ya muy diluida y la sorpresa es rebuscada y carece de la sustancia y originalidad necesarias para dejar huella. Básicamente acabamos con un mal chiste que nos descubre que todo fue una ilusión. Si no fuera por la magia de los buenos momentos, bien ejecutados por el veterano director Timothy Van Patten (Homicidio -1993-, Los Soprano -1999-, Boardwalk Empire -2010-…), lo consideraría una broma de mal gusto, tiempo perdido. Omitiendo ese giro final absurdo queda una historia romántica bastante buena a pesar de la empalagosa música de Alex Sommers, pero se espera más de Black Mirror.


405. Cabeza de metal
Metalhead


Guion:
Charlie Brooker.
Dirección: David Slade.
Valoración:

Sinopsis:
Un grupo huye a la desesperada de un implacable robot vigilante.

Comentario:
Parece más un corto de ciencia-ficción apocalíptica que un capítulo de Black Mirror. El análisis de las nuevas tecnologías se deja de lado por la acción de supervivencia más básica. La excelente labor de dirección de David Slade (Hard Candy -2005-, Hannibal -2013-, American Gods -2017-) y una estupenda fotografía en blanco y negro son esenciales para forjar un ambiente desangelado y tétrico donde sumergen a una pobre mujer que las pasa putas en un tormento que llega con cierta intensidad al espectador. Además, el giro final es bastante ingenioso e interesante: era una misión emocional, no de supervivencia, y podrían habérsela ahorrado… pero entonces no serían humanos.

En el lado malo, no deja nada para el recuerdo, no ya alguna reflexión, sino simplemente una trama que enganche y atraiga como para revisionarlo alguna otra vez. El cambio de tono puede decepcionar a espectadores que esperen otra cosa, pero si vas con la mente abierta es un entretenimiento digno.


406. Museo negro
Black Museum


Guion:
Charlie Brooker.
Dirección: Colm McCarthy.
Valoración:

Sinopsis:
Una chica visita un museo de los horrores.

Comentario:
Al estilo de Blanca Navidad se narran varias historias que al final acaban unidas en un hábil giro. Y como en aquel, la serie recupera su tono más duro, con una visión de nuestro futuro cercano certera a la par que perturbadora.

Pero la falta de novedades le resta algo de impacto. Aporta bien poco respecto a ideas ya exprimidas, ya que vuelve sobre la clonación de personalidades en diversos aparatos. El intento de dotarlo de un sentido del humor macabro resulta un tanto fallido a veces, siendo como es habitual en el drama y las lecturas éticas donde mejor funciona. Las historias son bastante imaginativas y emocionantes, y a veces Brooker consigue algunos de esos giros sorprendes e incluso algo desagradables con los que provocar y hacer pensar.

Pero en conjunto el ritmo es algo mejorable, por momentos parece que tenemos varios capítulos reducidos en uno mediante un narrador un tanto forzado. Da la sensación de que los experimentos médicos contados a toda prisa daban para tener un episodio propio centrado en ellos donde los pudieran explotar al máximo con un tratamiento más trabajado y serio. El director Colm McCarthy (Peaky Blinders -2013-) hace lo que puede con el caótico relato, pero al final en lo visual es un tanto conservador y poco llamativo.

Cabe destacar que en esta temporada se han empeñado en meter sutiles referencias a temporadas pasadas, y en concreto este capítulo juega casi con la antología. Así, van dándole a la serie un aspecto de universo común que a mi modo de ver no funciona, porque la idea inicial era probar historias de todo tipo sin restricciones, mientras que el juego de encontrar la referencia oculta lo único que hace es desviar la atención, más cuando muchas no son conexiones argumentales sino anecdóticas.


Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2013)
Especial: Blanca Navidad (2014)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)
Especial: Bandersnatch (2018)

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