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DOCTOR WHO (2005) – TEMPORADA 11


BBC One | 2018
Ciencia-ficción, aventuras, drama | 11 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall.
Intérpretes: Jodie Whittaker, Bradley Walsh, Tosin Cole, Mandip Gill, Sharon D. Clarke.
Valoración:

Doctor Who es una serie que sin resultar extraordinaria, de hecho es muy irregular, tiene una personalidad que engancha. La sigo desde su versión iniciada en el año 2005, pero es una de esas que no termino de comentar con continuidad por falta de tiempo. Pero en esta ocasión he hecho el esfuerzo, porque ha llegado el cambio más importante de esta ya larga etapa. El showrunner Steven Moffat deja la serie tras haber tomado el relevo a Russell T. Davies en 2015 sin que se notara un gran cambio de estilo y calidad, seguramente porque hasta entonces era un colaborador habitual. Ahora el encargado es Chris Chibnall, que también escribió algunos guiones anteriormente, pero no tenía una participación activa en el desarrollo global. Se lo conoce por Broadchurch (2013), un melodrama ramplón pero de gran éxito, y por la fallida Camelot (2011).

Con la renovación del guionista jefe se esperaba una renovación de historias, que llevaban dos años con un desgaste en aumento. La fase del Doctor encarnado por Peter Capaldi no empezó mal en su entrada en la octava temporada, pero fue decayendo poco a poco. Su acompañante Clara (Jenna Coleman) era muy simpática, pero a la hora de la verdad sacaron poco partido de ella, y aunque es cierto que lo mismo ocurrió con Amy Pond (Karen Gillan), en este caso se ha ido notando más conforme crecía la pérdida de inspiración y calidad, que en la novena ya se hizo muy evidente. Del relevo Bill Potts (Pearl Mackie) en la décima sesión ya casi nadie se acuerda, de lo aburrido que fue el personaje y la falta de savia de las aventuras. El gran carisma de Capaldi no bastaba para mantener el nivel, así que el anuncio del cambio de rumbo se recibió bien…

Hasta que la BBC y los productores cometieron lo que algunos llamaron una osadía imperdonable: en su nueva reencarnación el inmortal Doctor tendría un cuerpo femenino. Las hordas machistas llenaron internet con rabietas, aspavientos y soflamas ridículas, pues el estreno quedaba lejos y no había manera de prever el resultado. No se quejaron cuando el Amo (The Master) cambió a mujer varios años atrás, de hecho, Michelle Gomez fue una gran mejora respecto al sobreactuado John Simm y el personaje se trabajó mejor, pero ahora el asunto está candente y los ofendiditos saltan a la mínima.

Pero me temo que a la hora de la verdad, en un requiebro inesperado de acontecimientos, algunas quejas se han cumplido. Hablo de la sensación de que los productores se han vendido a la moda feminista por cumplir, no porque la serie lo necesitara o porque saliera de forma orgánica de su propia evolución. Y es que esta undécima temporada ha resultado ser un escaparate no sólo del feminismo, sino también de la conciencia racial, y en ambos casos resulta demasiado evidente y machacón.

Doctor Who siempre ha sido una obra con algo de carga ética. Con una perspectiva sensible y sutil han tocado muchos temas entre aventuras de todo tipo, y en algunos casos el Doctor ha enfrentado dilemas de gran calado. Pero precisamente esa sutileza y armonía falta en los guiones de Chris Chibnall. Aparte del cambio a mujer del rol central, los acompañantes, ahora más numerosos que nunca, parecen obedecer al cupo racial y sexual más políticamente correcto de lo últimos años en cine o televisión. Y en vez de que la moraleja o los conflictos éticos surjan de situaciones concretas con naturalidad se insiste demasiado, rozando el panfleto en algunos capítulos en los que ya desde la premisa se proclama sin disimulo una trama dirigida hacia esas temáticas.

Tenemos al chico negro, la chica india, el matrimonio interracial y la mujer líder, y sus vivencias hablan del racismo y el machismo insistentemente. Por si no tenías bastante con los apuntes aquí y allá nos plantan Rosa (1103), con la sobada crónica de Rosa Parks y Martin Luther King narrada con desgana, y Demonios del Punjab (1106), donde con la Partición de la India como base construyen un relato simplón y manipulador. Por si las referencias múltiples en cada episodio no bastaban para reincidir en los derechos y libertades de la mujer, toma capítulo de brujas (Los hechiceros, 1108) dando vueltas todo el rato sobre lo mismo; al menos este último, dejando de lado las pesadas reivindicaciones, está bien escrito y es de los mejores del año (atención a la aparición de Alan Cumming).

Polémicas aparte, el trabajo de Chibnall no trae la esperada renovación de ideas y la recuperación cualitativa. Se mantiene la falta de ingenio, ritmo, y conexión con los protagonistas que se ha ido gestando en las últimas temporadas, a lo que se suma un desmejorado acabado visual.

La ampliación en el número de acompañantes no convence. Hasta ahora las inclusiones de las familias del acompañante de turno no han terminado de funcionar, sobre todo las parejas románticas, salvo la madre de Rose y el abuelo de Donna, que eran muy agradables. Lo cierto es que en la presentación (La mujer que cayó a la Tierra, 1101) el grupo actual apuntaba maneras. Todos son introducidos de forma que su vida normal no aburre, el choque con la Doctora es atractivo, y el drama que estaban viviendo encaja bien en el relato inicial. Pero en adelante quedan estancados, en cada nueva aventura cumplen con el cliché del que partía su descripción inicial y poco más, y a la hora de contar algo con ellos lo único que encontramos es un dramón paterno filial manido, previsible y sensiblero hasta resultar cargante, y para colmo rematado con aún más sensacionalismo barato en el lastimero especial navideño (Solución, 1111).

Una característica esencial del acompañante del Doctor era que funcionaba como nexo con la humanidad, la ética, la realidad… porque sin una brújula moral y terrenal que lo sostenga es proclive a perder el norte. Además, también sirven como conexión con el espectador, haciendo del punto de vista que nos lleva a lugares y situaciones extraños. Aquí ese puesto lo ocupa Graham (Bradley Walsh), el abuelo responsable, preguntando, cuestionando, discutiendo las opciones y poniendo límites morales cuando cree que son necesarios. Por ello, es el acompañante con mejor recorrido y más unido a las historias y a la propia Doctora, y en general, el único que merece destacar y recordar del grupo. Yasmin Khan, o Yaz (Mandip Gill), la india y agente de policía novata (esto último no aporta nada), queda tan relegada en todos los capítulos (incluso en el de la India y Pakistán es poco menos que una excusa para la trama) que te preguntarás qué hace ahí, aparte de justificar la cuota racial. Ryan Sinclair (Tosin Cole), el joven negro, tiene más presencia, pero entre lo tonto que lo ponen, que es el actor menos competente, y el forzado drama familiar (madre fallecida, padre ausente, y encima tiene una enfermedad absurda que aparece y desaparece -la dispraxia, una alteración psicomotriz-), termina siendo irritante bien pronto.

Termina ocurriendo como en la etapa de Capaldi: el carisma del rol central mantiene la serie a flote. Si bien en cada reencarnación entre guionistas y actores han aportado al personaje distintos matices, siempre se han mantenido dentro de un margen reconocible. Y la Doctora es el mismo personaje de siempre, no el desastre anunciado por los quejicas (el ridículo berrinche llega al punto de que en muchos subtítulos hechos por aficionados todo diálogo con ella lo ponen en masculino). Vemos su esencia en todo momento: el ánimo resolutivo inquebrantable, la rígida ética, la pasión por vivir y conocer lugares, gentes y culturas… En este caso, recuerda a la fase de Matt Smith, más jovial y alocada, sobre todo porque Jodie Whittaker rebosa una simpatía y energía contagiosas. Por ello es una pena que no se muestre por ahora ninguna evolución dramática concreta y que falte imaginación en las aventuras. Por lo general la Doctora pasa casi sin despeinarse por historias poco llamativas donde hay más tecnojerga (demasiado, de hecho) que conflictos dramáticos serios y retos tangibles con los que poder emocionarse. Y el villano principal del año es insípido, no supone una némesis tangible, pero esta carencia viene de lejos en la serie; al menos no han construido a su alrededor una expectación artificial como han hecho muchas veces.

Chibnall exigió diez episodios en vez de doce (más el especial navideño en ambos casos) porque decía que con tantos se agota la creatividad y no da tiempo a rodar tan bien, pero precisamente esta temporada ha sabido a poco, le falta lo que hacía destacable a la serie en sus mejores tramos (los encarnados por David Tennant y Matt Smith), más vitalidad y personalidad y, sobre todo, dos, tres o cuatro episodios notables y uno o dos extraordinarios. Este año, como en el anterior, sólo tenemos los correctos y entretenidos pero que no se quedan en tu memoria durante mucho tiempo, los flojos que olvidas al día siguiente, y los malos que cuesta ver enteros.

El más llamativo ha sido Kerblam! (1107), que muestra que se puede hablar de un conflicto social sin parecer el discurso de un político: el tratamiento de la explotación laboral acrecentada por las nuevas tecnologías (robótica, internet) es muy interesante y bastante completo. Los más trepidantes y divertidos me han parecido el loco El enigma de Tsuranga (1105) y Arácnidos en Reino Unido (1104), pero incomprensiblemente se han llevado las peores críticas. El que más se acerca a la esencia de la serie sería Te lleva lejos (1109), mezclando drama y surrealismo hábilmente con el conflicto con el alienígena peligroso de la semana, pero no cala mucho. Y La mujer que cayó a la Tierra es correcto pero muy predecible.

Entrando en los mediocres, el supuesto final de temporada, La batalla de Ranskoor Av Kolos (1110), no ofrece nada llamativo, es tan insípido que en seguida se olvida. Es Solución (1111) el que cierra los pocos frentes abiertos, pero es muy flojo, cuando del especial navideño se espera algo más ambicioso, algo que no cumple ni con daleks de por medio; por cierto, lo han pasado a Año Nuevo porque ya no quedan cuentos de Navidad que tratar. Y lo peor llegó en el segundo capítulo, El monumento fantasma (1102), que no sé cómo no provocó una estampida de espectadores: es de los más cutres e insoportables de toda la serie.

Pero si bien Chibnall se ha quedado corto y la crispación ha aumentado la sensación de desgaste, para mí es el acabado visual el factor más importante a la hora de perder otro poco de calidad y parecer menos Doctor Who que antes. En este período se anunciaba también una actualización visual. Con cámaras modernas y un cambio en estilo de la fotografía nos vendían un aspecto cinematográfico, pero a la hora de la verdad no se ha visto por ninguna parte, sino que más bien tenemos un retroceso muy llamativo. La fotografía es pésima. El ratio 2.1, más amplio que el 16:9, debería lucir por ejemplo como en Marco Polo (John Fusco, 2014), que era floja pero impresionante en lo visual. Sin embargo, con tanto plano cerrado a rostros y la pésima labor de dirección y montaje que arrastran todos los capítulos parece una serie más antigua y cutre que el inicio de esa etapa en 2005, y era de muy bajo nivel por la falta de presupuesto. Para rematar, la música orquestal tan dinámica de Murray Gold se echa rápido de menos, porque Segun Akinola compone un galimatías electrónico del que los realizadores abusan demasiado para adornar escenas aunque no venga a cuento.

En audiencias, la polémica como siempre es rentable, pues su estreno ha sido uno de los capítulos más vistos de toda la serie y de media ha superado ligeramente a los últimos tres años. Y en general las críticas especializadas no han sido malas, a pesar de que el público fiel la pone bastante a caldo, así que es de suponer que mantendrán el estilo aquí aplicado. Si por mi fuera me quedaba con La Doctora (Whittaker) y el abuelo Graham (Walsh) y despachaba a todo el resto del equipo, empezando por Chibnall.

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DOCTOR WHO – A CHRISTMAS CAROL.

BBC | 2010
Productores ejecutivos: Steven Moffat.
Escritor: Steven Moffat.
Director: Toby Haynes.
Intérpretes: Matt Smith, Michael Gambon, Karen Gillan, Arthur Davill, Laurence Belcher, Katherine Jenkins.
Valoración:

Como los últimos años, el día de Navidad el canal BBC emite un especial de Doctor Who, un episodio aislado de las temporadas y que salvo excepciones (como el año anterior, cuando no hubo temporada, sino episodios sueltos) se enmarcan precisamente en la temática navideña.

En un desconocido planeta de humanos un tirano controla el extraño clima de nieblas que contienen peces. Con Amy y su novio a punto de estrellarse en él en una averiada nave espacial, el Doctor debe lidiar con el dirigente para que apague los campos de protección y sus amigos puedan aterrizar sin acabar en catástrofe. Para tratar de convencerle sólo ve una solución: apelar a sus sentimientos para que cambie de parecer. Pero la cosa no será fácil, pues con el fin de alcanzar las motivaciones y los miedos internos del dictador deberá viajar a su pasado e interferir en el desarrollo de su personalidad desde su infancia… Y los resultados de las idas y venidas en el tiempo no salen casi nunca como uno espera.

La unión de aventura de viajes temporales, conflictos personales y la temática navideña de unión familiar, perdón y felicidad derrocha originalidad por los cuatro costados y mantiene un equilibrio admirable. Ideas como la de los peces en la niebla resultan fascinantes, y más cuando forman parte tan importante del argumento. Es decir, el mundo recreado no es solo un fondo colorista para enmarcar la aventura en la ciencia-ficción fantasiosa, sino que como es habitual en la serie la sociedad construida y los habitantes que resultan protagonistas se relacionan con el entorno de forma imprescindible para la historia. No es fácil lograr algo así en tan corto espacio de tiempo, y Doctor Who lo hace en todos los episodios, obteniendo en muchos casos, como en éste, resultados memorables.

El capítulo es de los más bonitos y emotivos que ha dado la saga, sin olvidar mencionar que siguen presentes el ritmo trepidante y su humor habitual (el chiste de los dos intentos con el tiburón –uno por brazo- es genial). Solo le puedo poner una pega, y es prácticamente un apunte personal: Karen Gillan (Amy) sale poquísimo, pues la trama se centra en Michael Gambon (conocido sobre todo por encarnar al mítico Dumbledore en varias películas de Harry Potter). Y como es habitual en semejante actorazo de la rica escuela británica, está inconmensurable.

La puesta en escena es magnífica. La serie ha alcanzado hace ya bastantes años un nivel de superproducción televisiva que quita el aliento en algunos episodios. Y no es solo por la calidad de los efectos digitales y los impresionantes decorados, sino sobre todo por el excelente provecho que le sacan los artífices principales: dirección, fotografía y montaje son sublimes y ofrecen unas imágenes tan profesionales como espectaculares y, en este episodio, especialmente hermosas y cautivadoras. Como curiosidad indicar que es descarada la elección de mostrar el puente de la nave con el estilo de la nueva película de Star Trek, con tonos brillantes y reflejos constantes en la cámara.

A Christmas Carol es uno de los grandes episodios de Doctor Who, destacando sobre todo porque la magia propia de la serie brilla con especial intensidad.

DOCTOR WHO – TEMPORADA 5


BBC | 2010
Ciencia-ficción, aventuras, drama | 13 ep. de 42-65 min.
Productores ejecutivos: Steven Moffat.
Intérpretes: Matt Smith, Karen Gillan, Alex Kingstom.
Valoración:

Al final el cambio de productor ejecutivo de Russell T. Davies a Steven Moffat no se ha notado tanto ni en estilo ni en calidad como algunos auguraban. Obviamente la serie no iba a ser modificada hasta quedar irreconocible, pero sabiendo que Moffat fue autor de los mejores momentos de las temporadas anteriores y que por mi parte estaba cansado de algunos de los tics de Davies, la verdad es que esperaba más novedades. Sí, hay algunas leves modificaciones que aportan mejoras sutiles, pero también algunos aspectos que han perdido ligeramente.

A los problemas que arrastraba Davies ya me referí en varias ocasiones. Su manía de ir en algunos tramos, sobre todo en los finales de temporada, a por la situación más grande e imposible acababa afeando el tono distendido y aventurero de la serie. Pensaba que con Moffat nos habíamos librado por fin de ello, y sin embargo en el desenlace de este año también se orquesta una historia grandilocuente y exageradísima que me ha supuesto una decepción enorme. ¡Por qué tú también! Una cosa es que el Doctor deba lidiar con planetas y razas y amigos en peligro inminente y que como buen héroe resuelva magistralmente la situación. Es entendible porque es la premisa de la serie. Pero, ¿de verdad hay que destruir o poner al borde de la destrucción la Tierra y el universo entero en cada final de temporada para luego salvarlo con un término tecno-mágico o un giro generalmente insatisfactorio que deja todo tal y como estaba antes? Desgraciadamente, de nuevo tenemos un universo que desaparece, un Doctor que lo salva con un momento de lucidez más o menos ridículo, todas las razas que han salido anteriormente en la serie pululando por ahí de golpe, y por supuesto no faltan largos y aburridos minutos que pretenden ofrecer lacrimógenas pseudo-despedidas.

Pero, al igual que en sesiones anteriores, el resto del año está en un tono mucho más ligero y eficaz, con historias más sencillas donde se trabajan más los personajes y las situaciones en vez de perder el tiempo forzando aparatosos clímax. He notado algo más de frescura en las tramas y tengo la sensación de que Moffat se esfuerza más por presentar los universos que imagina (algunos están muy bien descritos, como el de La bestia de abajo), y los personajes secundarios introducidos en cada nueva aventura los borda; muchos de estos caracteres los recuerdo con agrado incluso a meses de haber visto sus episodios, como los protagonistas del díptico sobre los reptilianos o la recreación de Van Gogh.

Moffat además sigue desarrollando una pequeña historia dentro de este universo donde el Doctor se encuentra repetidas veces con una mujer misteriosa, River Song (interpretada con entusiasmo por Alex Kingston), quien fue presentada en la temporada cuatro en los extraños Silencio en la biblioteca y El bosque de los muertos y vuelta a traer aquí en la confrontación con un enemigo fascinante creado por el propio Moffat, los ángeles. El episodio doble donde se da este encuentro está bastante bien (El tiempo de los ángeles y Carne y piedra), pero para mi gusto el que abría el año ha sido el más redondo (La décimo primera hora), y salvo el aburrido La victoria de los Daleks o el tontorrón El inquilino, que tuvieron pocas cosas salvables, el resto mantiene un ritmo y calidad muy correctos en todo momento. Finalmente, hay que destacar también el asombroso nivel de producción, donde debido al enorme éxito de la serie cada vez tienen más recursos que son excelentemente aprovechados; las recreaciones de distintas épocas y lugares son cada vez más impresionantes.

Al cambio de los actores me adapté rápidamente. El Doctor sigue siendo el mismo personaje; un poco más joven y despreocupado, pero es normal al renacer. Matt Smith sigue pareciéndome feísimo y aunque es prácticamente imposible alcanzar el nivelazo dejado por David Tennant se desenvuelve con soltura, adaptándose perfectamente a la forma de ser del misterioso alienígena, a sus tics y cambios de humor. En cuanto a la acompañante, es deliciosa, tanto la actriz (Karen Gillan es hermosísima y ofreciendo una interpretación grácil y adorable) como el personaje. Es divertida, encantadora, curiosa y decidida, un perfecto complemento para las necesidades del Doctor: lo ayuda mantenerse en la realidad y bien animado, que sabemos que se puede perder fácilmente. Pero por desgracia, a pesar de lo mucho que promete y lo bien que me cae, el personaje no se exprime debidamente a lo largo de la temporada. De todas las acompañantes es prácticamente la que menos juego da, la que menos aporta y evoluciona conforme vive aventuras y peligros. Queda como una chica simpática y poco más que ni por asomo llena el enorme hueco dejado por Donna. Una lástima que no se aproveche todo el potencial de una actriz tan carismática y resuelta. Y por si fuera poco, vuelve a fallar la innecesaria inclusión de algún familiar suyo, en este caso su novio. La pareja es sencillamente increíble, insostenible. No hay química, no se ven razones por las que se puedan amar, y como lo fue en su momento el novio de Rose, resulta un lastre insoportable que a todas luces sobra cada vez que aparece. Además, su muerte es cutre de narices y su reaparición muy forzada y lastimera. ¿Por qué les cuesta tanto introducir correctamente caracteres relacionados con la acompañante, y por qué se empeñan en hacerlo? Solo el abuelo de Donna funcionó.

Así pues, en general la temporada no se aparta de lo que ha dado esta generación de Doctor Who hasta ahora: diversión y entretenimiento a raudales, historias llenas de acción, humor, dilemas morales excelentes (¡sublime el momento de la ballena espacial!), personajes con los que es fácil conectar y emocionarse, etc. No me extraña que sea un éxito enorme en Inglaterra, pues incluso con los peores altibajos que ha tenido en todas sus temporadas es en general una serie muy adictiva.

DOCTOR WHO – EL CAMBIO SATISFACE PLENAMENTE.

Como bien sabrán los aficionados a Doctor Who, este invierno no ha habido lo que se dice una temporada regular (debido sobre todo a la falta de tiempo para hacer una sesión estándar), sino una serie de episodios especiales que se encargaron de poner fin a la etapa de David Tennant y Russell T. Davies. Ahora ha llegado el inicio de la nueva era, la protagonizada por el joven Matt Smith bajo la tutela de Steven Moffat. Y este comienzo no ha defraudado ni se ha distanciado de las líneas habituales de la serie lo más mínimo. Es Doctor Who al 100%: acción, diversión, humor, grandes personajes, excelentes dilemas y escenas tanto espectaculares como deliciosamente divertidas y dulces.

El chico nuevo tiene su estilo, pero supongo que tardaré en acostumbrarme un tiempo, porque llevo tres episodios y sigue pareciéndome un bicho raro y demasiado jovenzuelo para lo que estaba acostumbrado; además, Tennant estuvo sublime y ha dejado el listón demasiado alto, dificultando tanto el hallar un actor de semejante nivel como la conexión del espectador con el personaje tras el cambio. Sin embargo la chica (Karen Gillan) en un solo episodio me ha convencido plenamente, por su increíble interpretación, por la gracia y naturalidad del personaje… y porque es una de las mujeres más bellas que he visto. Se ha cambiado también el diseño interior del TARDIS, que mantiene el estilo y solo cambia un poco las líneas, el logo que forma el nombre de la serie y los créditos y su tema musical, todo ello buscano un toque retro (que también se nota en el traje del Doctor).

La aventura inicial (The Eleventh Hour, en referencia a que es el Doctor número once) es como de costumbre emotiva y divertida, llena de vida y emociones: igual que la jovencísima nueva acompañante nos sumergimos en un mundo de nuevas sensaciones, de asombro constante, y nos embargamos con la emoción de la aventura que nos saca de la rutina de la vida. Es un episodio de los grandes, de los mejores que ha dado la serie, siendo pues un relanzamiento que ha sabido a gloria. El siguiente (The Beast Below) tarda un poco en arrancar, pero porque se debe situar bien la trama en su espacio y lugar histórico correspondiente. Una vez arranca se presenta como apasionante, teniendo de nuevo grandes momentos donde las decisiones que se tomen tendrán repercusiones importantísimas. Genial la intervención de Amy en el último momento. El tercero (Victory to the Daleks) sin embargo flojea un poco. La historia es muy clásica y resulta esquemática, previsible. Pero el problema principal es la dirección, mediocre e incapaz de sacarle todo el partido a una trama sencilla pero bastante digna. El resultado, aunque poco llamativo, es también un entretenimiento más que aceptable.

Así pues, esto sigue siendo Doctor Who en el contenido y en la forma. Si alguien esperaba un salto cualitativo notable, éste no se ha dado todavía, aunque aún queda por ver si en conjunto las temporadas con Moffat mantienen un equilibrio mayor entre los episodios de alta calidad y trascendencia y el resto. Por ahora lo único que puedo decir es que el relevo era necesario para solventar el desgaste en las historias, que éste se ha realizado muy bien y que estoy deseoso de ver un episodio tras otro.

DOCTOR WHO – THE END OF TIME II.

BBC | 2010
Escritor: Russell T. Davies.
Director: Euros Lyn.
Intérpretes: David Tennant, John Simm, Bernard Cribbins, Timothy Dalton, Catherine Tate.
Valoración:

Después de una primera parte altamente insatisfactoria (sigo diciendo que me sorprende que a los seguidores apenas les haya molestado) y de mantener un considerable número de dudas sobre qué nos depararía el esperado final de esta etapa de Doctor Who, la segunda entrega me ha satisfecho bastante. No es un capítulo para quitarse el sombrero, pero es un desenlace más que correcto y la mítica esencia del Doctor, ese tono dramático y apresadumbrado entremezclado con la aventura más risueña, está patente en cada escena.

El aspecto que más temía era el que comentaba en la crítica a la primera entrega sobre que los finales de Russell T. Davies son demasiado exagerados y fantasiosos, y por suerte, a pesar de la algo forzada presencia de los Señores del Tiempo (qué típica y estúpida es la adivina, joder) y el exagerado plan de The Master (muy caótico pero con poca chicha), todo ha estado bastante bien llevado, primando las vivencias de los personajes sobre la fantasía pura y dura. El capítulo tiene buen ritmo, la aventura es como suele ser habitual muy entretenida, hay numerosas conversaciones llenas de dilemas y pesar que resultan excelentes, y en concreto algunos momentos, como la estancia en la nave alienígena, son brillantes. Es de nuevo obligatorio destacar la sublime labor de David Tennant como el Doctor y la no menos maravillosa presencia de Bernard Cribbins como Wilfred (el abuelo de Donna), que ofrecen unos personajes arrolladores y capaces de emocionar en muchas partes que son bastante lacrimógenas.

Sí, tiene fallos (el tema de las profecías, los sueños y las visiones sigue siendo cargante e innecesario), pero son menores y apenas interfieren en la calidad del conjunto. El único pero destacable que puedo aportar es que el tramo final no me convence. No comparto la idea de meter a todos los personajes que han salido en esta etapa solamente para darles una especie de despedida u homenaje, sobre todo porque queda como un anexo largo (demasiado largo) e innecesario en una historia centrada precisamente en otros caracteres. Se busca descaradamente la lágrima facilona y lastra ligeramente un final bastante bueno.

Por cierto, como anexo propio indicar que ahora más que nunca lo tengo bien claro: Donna y su familia son de lejos los mejores secundarios/acompañantes. Las otras chicas me caían bastante bien, pero Donna las supera en carisma y vitalidad, porque aunque Rose era un encanto su familia (novio y madre) eran insoportables, mientras que Martha, aunque era un gran personaje, no es que me dejara tantos buenos recuerdos.

En cuanto a la aparición del nuevo Doctor (Matt Smith), en principio no me gusta: no es que el pobre muchacho sea feo, es que es un monstruito. Pero claro, en su primera aparición Tennant también me disgustó, pero tardé medio capítulo en comprobar que era perfecto para el papel. Supongo que si han elegido a quien han elegido es porque en los casting ha dado la talla. La otra prueba interesante de ver será la de si el guionista Steven Moffat es capaz de mantener o levantar el listón dejado por Russell T. Davies. Yo apuesto que sí, porque como decía Russell me parece algo irregular, repetitivo y grandilocuente, mientras que Moffat nos ha dado gran parte de los mejores capítulos de esta finalizada etapa.

DOCTOR WHO – THE END OF TIME I.

BBC | 2009
Escritor: Russell T. Davies.
Director: Euros Lyn.
Intérpretes: David Tennant, John Simm, Bernard Cribbins, Timothy Dalton, Catherine Tate.
Valoración:

Los espectadores de Doctor Who tenemos que lidiar con algo por desgracia muy común en el género de la ciencia-ficción: la irregularidad de las temporadas, donde siempre hay algún capítulo flojo o directamente espantoso, y la cutrez, ya sea en puesta en escena (depende del presupuesto, aunque Doctor Who suele salir bastante bien parada) o en los guiones (alguna gilipollez o alguna trama llevada de forma penosa). Pero como fanáticos que somos aguantamos estoicamente, porque sabemos que la recompensa dará sus frutos. Doctor Who es además rica en recompensas: la serie es por lo general divertidísima y muy entretenida, pero cuando se pone buena alcanza cotas tremendas (qué memorables fueron The Girl in the Fireplace, Midnight o Blink). Pero lo que no puedo soportar son los capítulos timo (aunque parece que a los demás fans no les molestan tanto como a mí), esos episodios hechos para rellenar (Love & Monster en Doctor Who, aunque el mejor ejemplo es Q & A en Alias…) o esa variante horrible del “y si…” donde te matan a todos los personajes para luego hacer un giro mágico que vuelve todo a la situación inicial (muy usado en Star Trek, pero en Doctor Who visto por ejemplo en el infumable Turn Left). Y The End of Time Part I entra en la categoría de relleno tramposo, de timo, de engañabobos.

No puedo ni considerarlo como un episodio en sí mismo, sino más bien como un avance de una hora de duración. Se limita a ser una presentación de lo que va a ocurrir en la segunda parte, una hora entera de “van a pasar muchas cosas, atento” que se hace eterna e insufrible. Lo único que se hace en él es estirar su escasísimo contenido hasta que en los dos minutos finales por fin pasa algo, algo además que se veía venir desde el principio y que se extiende también demasiado. La poca, poquísima, historia que tiene además está muy mal hilvanada. Lo de los sueños confunde más que interesa, la idea del abuelo buscando al Doctor con otros viejales no aporta nada (y la escena en que lo encuentran es ridícula), The Master da más risa y pena que miedo o respeto, y la parte de la familia que monta la máquina queda descolgada y prácticamente ininteligible: ¿cuáles son sus motivaciones, de dónde sale esa gente, qué pintan ahí esos alienígenas? He llegado a mirar cuánto quedaba de episodio en varias ocasiones e incluso a suplicar que se acabase de una vez. Es una pena el simple hecho de que concibieran el capítulo de esta forma, pero haberlo emitido denota una falta de vergüenza y respeto para con el espectador brutal. No puedo entender cómo los seguidores de la serie no se están organizando para lanzar quejas contra la cadena.

Además se arrastra el único problema notable que ha tenido la serie moderna: el exceso de sus finales de temporada, con la grandilocuencia, las exageraciones en esas tramas llevadas al máximo y la fallida búsqueda del más y más grande que han terminado ofreciendo episodios demasiado aparatosos para lo poco que ofrecieron en realidad; de hecho en muchos instantes parecían fallidas parodias de sí mismos. Precisamente estas maneras apunta The End of Time, con The Master dominando la Tierra, con los insistentes sueños y profecías, la narración anunciando reiteradamente el apocalipsis y el desmesurado plano final. ¿De verdad hay que exagerar y complicar tanto las cosas? Uno ya no se sorprende con el empecinamiento que tienen los guionistas (Russel T. Davies, principalmente) de buscar (o resucitar, aquí por mucho que digan “soy/es el último” salen Daleks y Doctores cada semana) el enemigo más grande y la situación más difícil (por lo general tan desmesurada y fantasiosa que no resulta creíble). Por favor, si es que como ya no saben qué hacer (la fumada de The Stolen Earth y Journey’s End es imposible de superar) se han montado el final de la existencia y del tiempo en sí mismo. ¡Ahí es nada! A ver si la próxima etapa, con Steven Moffat como guionista principal, solventa esta carencia (o más bien exceso) y ofrece finales de temporada más comedidos, terrenales y coherentes (de hecho la mayor parte de los capítulos de nivel verdaderamente alto son suyos).

Lo único destacable de The End of Time I es la buena labor de sus actores (David Tennant, John Simm –cuando el histriónico personaje se lo permite- y Bernard Cribbins), y su mejor instante, lo único digno de recordar, es la conversación entre el Doctor y el abuelo de Donna sobre ella que tiene lugar en la cafetería. Ahí se ve la esencia de Doctor Who. Pero es un instante en sesenta absurdos minutos. Y secuencias para el olvido tiene unas pocas (como el Doctor corriendo detrás de The Master por los basureros: ¡qué mal rodado!), pero destacaría lo de Obama: ¿a qué viene esa forma de adorar y hacer la pelota al Presidente de EE.UU. y lo cutre que es el uso del doble para mostrar su aparición?

De veras, se me escapa cómo Russel T. Davies ha podido estar tan desatinado, cómo tras el enorme The Waters of Mars (uno de los mejores episodios de la serie) se ha montado este sinsentido, y cómo con todo lo que se prometía en aquel capítulo sobre el futuro (o más bien el final) del Doctor se ha quedado en absolutamente nada, porque de hecho aquí el Doctor no parece haber vivido aquella caída al abismo tan brutal que nos mostraron.

Ahora a esperar que la segunda parte del episodio ofrezca un final interesante para el Doctor actual y sobre todo que tenga algo de contenido y resulte más entretenida.