Archivo mensual: enero 2014

SHERLOCK – TEMPORADA 3.

Sherlock
BBC | 2014
Productores ejecutivos: Mark Gatiss, Steven Moffat.
Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Una Stubbs, Rupert Graves, Mark Gatiss, Louise Brealey, Amanda Abbington.

Cada nueva temporada de esta creación de Mark Gatiss y Steven Moffat (colaboradores también en Doctor Who) adaptando el clásico personaje de Arthur Conan Doyle es un éxito mayor de audiencias. El fenómeno Sherlock es imparable. Incluso en el hiato de dos años entre la segunda y tercera temporadas (imposible rodar antes por las ocupadas agendas de los actores) la expectación y el fandom no se ha desinflado, sino que han ido creciendo. Y lo cierto es que me sigue pareciendo año tras año una respuesta excesiva. Es una serie entretenida, pero normalita y con muchos altibajos. Pero ya se sabe que las modas son impredecibles.

Esta tercera etapa muestra en sus tres episodios de hora y media lo mejor y lo peor que puede dar la serie. Por ello esta vez voy a comentar los capítulos por separado.

301. El coche fúnebre vacío
The Empty Hearse


Escritor:
Mark Gatiss.
Director: Jeremy Lovering.
Valoración:

El inicio de la temporada nos trae obviamente el retorno de Sherlock tras su falsa muerte. Un tema peliagudo, porque prometía ser el máximo exponente de los giros rebuscados y tramposos de la saga Sherlock Holmes, que en esta serie se maximizan a veces hasta límites ridículos y molestos. Pero a sabiendas de que el público sería muy crítico con el truco de Sherlock para desaparecer, pues cada uno espera una respuesta perfecta, algo imposible de satisfacer, los guionistas se ríen de ello mostrando varias posibilidades sin dar una como válida, y por si fuera poco también critican el fenómeno fandom, con ese grupo friki de seguidores del detective.

El problema es que cada explicación se alarga demasiado. La idea se capta a la primera, no hay que dedicar tanto metraje a ello. Y así aparece el problema del capítulo, un problema habitual en la serie: le cuesta ir al grano. La dinámica entre Sherlock y Holmes funciona, y los choques del detective en su retorno son divertidos, sobre todo cuando ve a su amigo prometido a una mujer. Pero se dedica demasiado tiempo a recalcar cosas obvias, y mientras tanto no hay una trama, un hilo conductor claro que lleve la narración hacia adelante. El tema de los terroristas parece una excusa para montarse hora y media de chistes entre la pareja de detectives, y si bien la mayor parte son bastante eficaces es evidente que el ritmo se resiente.

302. El signo de los tres
The Sign of Three


Escritor:
Steve Thompson.
Director: Colm McCarthy.
Valoración:

Si el primero está en la media estándar de la serie, este segundo cae a lo más bajo que puede llegar. Todo en él es desastroso. El concepto mismo está destinado al fracaso: Sherlock hablando sin parar en la boda de Holmes mientras se intenta humanizar al personaje. Difícil en esa situación dar ritmo y vida al argumento, y difícilmente contentaría a los seguidores ablandando tanto al detective.

El proceso de humanización sale bastante mal parado, deja en todo momento la sensación de forzado, de tener diálogos y situaciones poco inspirados. Aunque el problema principal es que se alarga y alarga hasta el infinito. Y mientras, Holmes queda muy diluido: se pasa todo el rato sentado poniendo muecas.

La trama está más ausente que en el primero: tarda en aparecer, resulta trivial y no impacta lo más mínimo. Todo el tiempo se dedica a tonterías banales estiradas hasta el hartazgo. Hay momentos de vergüenza ajena, como la borrachera o la escenita de los ordenadores, con Sherlock chateando con un mogollón de ellos como si no pudiera tener varias ventanas de navegadores abiertas en un solo aparato. Y en general la narrativa es horrible: arrítmica, bacheada, realmente fallida en muchos tramos. El episodio se hace larguísimo, tanto que no fui capaz de terminarlo en un solo día. Parece que tenían material para media hora y el resto lo improvisaron. Teniendo tan solo tres capítulos, aunque sean largos, es imperdonable que no se esfuercen en construir una buena historia, y peor aún que el relleno esté tan poco trabajado.

Acorde al tono salido de madre del capítulo está la puesta en escena: se abusa de montajes extraños, ángulos forzados, imágenes borrosas… Resulta confuso y mareante en varios momentos.

303. Su último voto
His Last Vow


Escritor:
Steven Moffat.
Director: Nick Hurran.
Valoración:

Parece que es la tónica habitual de la serie decepcionarte para luego ganarte de nuevo. Me parecía realmente imposible que tras tal bajón pudiera recuperar la fe en ella… Pero este capítulo lo consigue a lo grande. Sin duda es el mejor de la serie, y una muestra de lo alto que podría llegar.

La trama se presenta desde el primer minuto y no se abandona en pos de recesos cómicos estirados como chicles. La dinámica de Sherlock y Watson se mantiene entre medio con mucho tacto, y hay lugar tanto para el humor como para el drama, con la revelación relativa a la esposa de Watson. Y la ligera humanización de Sherlock es muy efectiva.

Es el caso más difícil al que se han enfrentado, y eso se transmite muy bien en cada momento, manteniendo un nivel de tensión e intriga constante. Sherlock llega a estar perdido ante semejante barbaridad de villano (o no-villano), y termina optando por una solución radical. Todas las sorpresas, giros y revelaciones están muy bien encajadas y explicadas. No hay lugar para trampas absurdas ni resoluciones imposibles. La sorpresa con la esposa se explica a la perfección, y las reacciones de los personajes son creíbles. El villano está a la altura en todo momento… De hecho Magnussen maximiza lo mal que les salió Moriarty: es creíble, imponente, temible, y el actor y la interpretación que le piden están acorde a lo que se espera de semejante enemigo, todo lo contrario que ocurrió con el caricaturizado Moriarty.

El ritmo y la intensidad del capítulo son impresionantes, te mantiene pegado al asiento todo el rato. Hasta la puesta en escena vuelve a ser perfecta, sin enredos absurdos y con su fotografía tan cuidada. No tiene ni un solo desliz… hasta el epílogo, un burdo anuncio de la siguiente temporada donde nos venden la reaparición de Moriarty de nuevo convertido en una especie de villano-payaso, volviéndote a recordar los excesos de la serie, augurando lo peor para la próxima tanda de episodios.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

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TREME – TEMPORADA 4 Y FINAL.

HBO | 2014
Drama | 4 ep. de 58-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, George Pelecanos.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc, Chris Coy, Sam Robards, Michael Cerveris, Ntare Guma Mbaho Mwine, Lance E. Nichols.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo al detalle el destino de los personajes.–

Era un milagro que Treme subsistiese. O más bien era la buena fe de la HBO, que la ha mantenido todo lo que ha podido a sabiendas de que tenía una gran serie entre manos. Pero al final las bajas audiencias mandan, y la última temporada se vio recortada a la mitad porque no había más dinero en los presupuestos de la cadena.

Para el tramo final David Simon y Eric Overmyer se centran en una época de nuevas esperanzas, de cambios: la llegada de Obama. Aunque en realidad la vida sigue siendo difícil y el sistema está lleno de agujeros, algunas cosas parecen cambiar para bien. O como poco, los personajes encuentran una paz interior que les permite seguir sorteando obstáculos.

Quienes más notan el cambio político son los que estaban desencantados con la ley y la justicia. Tony Bernette y Terry Colson estaban ya a punto de rendirse, de desfallecer en su lucha contra las injusticias, pero desde arriba llegan órdenes de hacer una buena limpieza, y el río cambia su curso. Terry ve oportunidad de testificar contra la inmundicia del cuerpo de policía, y se aferra a ello para limpiar su conciencia y barrer la casa antes de irse, porque su acción implica romper definitivamente con el cuerpo; la jubilación y pasar tiempo con sus hijos es algo que suena bien. Tony y su colega, el joven reportero Everett, se encuentran con que sus investigaciones por fin interesan al FBI: ¡el caso Abreu llega a buen puerto! Nos despedimos de Tony con una escena muy bonita que muestra que, a pesar de todo el camino recorrido por los personajes (su hija ya es prácticamente independiente), la tradición familiar sigue teniendo peso: madre e hija ponen la música a todo volumen y se largan al desfile, como hacen todos los años.

Entre los que se enfrentan más a su yo interno que al mundo están los Lambreaux (Albert y Delmond) y Davis McAlary. Albert ha aceptado por fin que no puede hacerlo todo, que no es indestructible, que la muerte es inevitable e inminente. Todo lo que deja a medias (la casa, aunque la “bautiza” para darle un cierre y un propósito a su final, y el desfile) no es un fracaso, sino algo que deben continuar otros, en especial su hijo. Delmond era reticente a la vida en Tremé, donde aguanta por su padre, pero al final encuentra un punto intermedio: puede compaginar New York y el jazz moderno con la tradición de New Orleans, no hay que sacrificar nada, solo dar un pequeño paso atrás en ambos aspectos de su vida. McAlary, uno de mis eternos favoritos, sigue dando tumbos entre proyectos inacabados, sueños efímeros y depresiones que lo lanzan de golpe hacia otra carrera fugaz. Su especie de ruptura consigo mismo, forzándose a dejar atrás un pasado tormentoso y madurar (la relación con Janette es crucial en ello), parece que lo centra un poco: no importa qué hagas o si fracasas en el intento, hay que seguir siendo uno mismo y no venirse abajo.

Janette Desautel salió escarmentada del mundo empresarial, de la comida industrializada, por así decirlo, y vuelve a sus orígenes: un pequeño restaurante con su nombre y todo su amor. Los problemas legales son un quebradero de cabeza temporal, el último bache hacia la libertad. Junto a McAlary siempre ha sido de mis favoritas, y que acaben juntos de nuevo ha sido muy bonito. Annie en cierta manera sigue los pasos de Janette, pero en el mundo de la música y con el final opuesto. Su contrato discográfico puede ser un salto al último escalón de la pirámide o una forma de esclavizarse y perder el alma. Pero la chica sorprende mostrándose inflexible y doblando al mánager a su gusto, eso sí, no sin dudas y esfuerzos. Antoine Batiste estaba feliz enseñando música en el instituto, a pesar de las desgracias que puede traer New Orleans (el tiroteo que acaba con una alumna muerta), y casi ve tirado por tierra su sueño cuando cierran el programa musical escolar. Pero pronto descubre que siempre habrá lugar para la música en esta ciudad.

Menos intensas han sido otras historias. LaDonna ha seguido un camino más fácil y predecible: tras todo el asunto de la violación no le queda otra que seguir adelante. Reabre el bar, se separa del doctor y se lleva bien con Antoine en la crianza de los hijos en común. Lo más interesante ha sido su acercamiento a Albert, algo triste porque lo pilla en sus últimos días de vida. Sonny ya estaba prácticamente asentado con la vietnamita, y sale lo justo para que nos acordemos de él: el padre lo ha aceptado y no va a ser un tirano, y la reciente esposa sabe que de vez en cuando tiene que tocar música. Nelson Hidalgo, el tratante de bienes inmuebles, va donde huela el dinero, pero también ha aprendido en New Orleans a no dejar la cultura y el contacto humano atrás. Sus visitas a Desautel y su acercamiento a McAlary han sido muy divertidos.

Treme se despide como nació, como un documental social a modo de serie dramática centrado en la vida en una de las ciudades más características del planeta. La música y la comida son retratadas con tanto esmero como las fallas del sistema estadounidense, donde la ley y la educación, entre otras cosas, no se sabe cómo demonios se sustentan sobre pilares tan precarios, y donde tras el huracán Katrina todo se vino abajo para volver a levantarse igual de mal. La detallada y delicada descripción de la ciudad (un personaje más) y sus gentes ha hecho de Treme, como ocurrió con The Wire, un magnífico retrato de las sociedades humanas del primer mundo, de todo lo bueno y todo lo malo que pueden tener. Protagonistas muy humanos y entrañables, historias sencillas pero muy emotivas, un ritmo siempre perfecto, detalles y más detalles (el bache de la calle ha sido genial) hacen de estas historias y lugares algo enormemente tangible y cercano. Además, como enfrentamos el final, la despedida es dolorosa.

Treme ha sido una de las mejores series de los últimos años. Y como también pasó con The Wire, casi nadie la ha visto. Es cierto que tiene un estilo que la hace algo elitista (episodios sin trama auto conclusiva, tono pausado, música bastante culta), pero una vez saltada la barrera del rechazo por miedo a lo diferente me parece muy fácil de ver, porque los personajes son encantadores y enganchan rápido, y además deja muy buen poso, tanto por calidad como por conexión emocional. Espero que el tiempo y el boca a boca la vayan popularizando, aunque dado su estilo es difícil que llegue al estatus de The Wire. Pero llegue a donde llegue su fama y prestigio, tengo claro que Treme es un clásico instantáneo.

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 4.

CBS | 2013
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy, Ridley Scott, Tony Scott.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Zack Grenier.
Valoración:

La maduración de Alicia es paralela a la maduración de la serie. Ya han quedado atrás esos inicios donde me quejaba de que el personaje estaba aletargado y las tramas seriadas eran algo cobardes. Cada año que pasa el personaje se ha mostrado más activo, más complejo, sumergiéndose en tramas más movidas y problemas más atractivos. A la vez, la serie ha encontrado un buen equilibrio entre los casos del día y las historias largas, sacando gran provecho de los también excelentes personajes secundarios.

Las crisis en el bufete siguen siendo lo que más juego da. Ahora les azota la caída de la economía, y se ven obligados a abandonar un par de plantas del edificio, a reducir plantilla, a ahorrar costes por todas partes… La tormenta coge a Alicia de por medio, sea salpicándole con problemas varios (el auditor es un tipo extraño y nadie confía en él) o asustándola con responsabilidades inesperadas: la propuesta de hacerla socia le atrae aunque sea una jugada desesperada del bufete por encontrar capital. En cuanto a la relación en tensión con Will, esta temporada no tengo quejas, han sabido mantenerla apartada mientras los personajes seguían con sus vidas, y cuando ha vuelto a despertar la pasión ha resultado creíble y no forzado; además las dudas de Alicia ya se exponen claramente, no como en los dos primeros años de la serie, que no se sabía lo que la movía y qué la afligía. Es entendible también que vuelva con el marido, y se juega muy bien con la ambigüedad de su elección: ¿lo hace por mantener vivo el sueño de una familia o porque realmente lo ama y lo perdona?

Pero no solo de Alicia vive la serie, porque sin Diane y Will esto no sería lo mismo. Sus ambiciones se ven algo frustradas con el bache actual, pero su determinación no se ve afectada. Todo el jaleo en el bufete da un montón de tramas llenas de tensión y dificultades: no hay respiro, casi trabajan más en la supervivencia que en la abogacía. Las elecciones, con Peter y Eli, también se aprovechan muy bien en esta sesión. Las excentricidades y manipulaciones de Eli siguen dando juego, la petarda de la madre de Peter es cansina pero de forma divertidísima, y Peter ya tiene el protagonismo que merece después de estar casi siempre más olvidado de la cuenta.

Cary, que este año ha visto bastante reducido su protagonismo, salta de nuevo a primer plano cuando se harta de ser ninguneado (el colmo es que no lo hicieran socio como a Alicia) y empieza a formar su propio bufete, historia realmente interesante que promete dar mucho juego en el futuro, sobre todo cuando la temporada cierra con Alicia optando por seguirle. Dos nuevas secundarias muy interesantes hacen acto de presencia. La abogada militar que asqueada del cuerpo tras sufrir abusos sexuales se pasa a la abogacía civil, interpretada por Amanda Peet, resulta entrañable (primero por su historia triste, después por lo rápido que levanta la cabeza) y la amistad con Alicia da buenos momentos. Hablando de amistad, es muy interesante también la dinámica con Maddie Hayward (Maura Tierney), otra que relación que pasa de fría a caliente según los conflictos laborales que surgan (la primera compite como abogada, esta compite contra su marido).

Los casos del día a día también ganaron con el tiempo, dejando atrás la sensación de que son historias que despachar y olvidar, y a estas alturas la mayor parte son fantásticos y algunos magníficos. Cuando no tocan temas de actualidad son relativos a secundarios recurrentes (como el capo de la droga) o se montan historias realmente originales (el juicio con el juez de instrucción -en el forense-, la paranoia con el comité olímpico). Como es también marca de la serie todos se desarrollan con un ritmo vertiginoso, una habilidad extraordinaria para mantener en juego un montón de personajes y ubicaciones… y en otra de esas mejoras palpables hace ya tiempo, no se ven resoluciones forzadas, de hecho suelen tener buenos finales, y no siempre favorables a los protagonistas.

Este año pasan tantas cosas que se echan de menos otras: los abogados estrafalarios que pululan el universo de la serie ven muy limitadas sus apariciones. Por supuesto tenemos algún un caso con el malvado Michael J. Fox, y no falta otro con la loca pelirroja, pero salen poco y faltan otros. Los jueces tienen más presencia, porque son inevitables, y son todos tronchantes. No me olvido de los hijos de Alicia: salen lo justo para un par de historias secundarias bastante correctas y ya está, aunque aun así tenemos que tragarnos algo de la moralina barata de la que gastan en USA relativa al sexo y amores de adolescentes.

Pero este año también arrastra una historia fallida realmente horrible: la del marido de Kalinda. En serio, ¿en qué pensaban los guionistas? El personajillo es absurdo, completamente inverosímil, y la relación con Kalinda es sencillamente ridícula. Y por desgracia es una historia larga e insistente. Kalinda no gana interés hasta que contratan a otra investigadora y se pica por los aumentos de sueldo.

The Good Wife cada vez es mejor serie, y todavía tiene potencial para muchísimo más. Aunque sea poco a poco va superando las barreras impuestas y autoimpuestas (por la cadena, por los guionistas, por el género y estilo elegidos) y madura a ojos vista. Su existencia además da para una pequeña reflexión. Es una pena que en los noventa el referente de los canales en abierto fueran series como Urgencias, que a principios del nuevo milenio fuera El Ala Oeste (todavía con Urgencias coleando con mucha vida, por cierto), y que ahora el panorama esté copado por procedimentales vacíos y lo más cercano a un gran drama sea The Good Wife. Es sin duda una buena producción, pero sigue bastante lejos del nivel de las citadas, del nivel que dio la televisión en abierto no hace mucho. Pero es la situación que nos ha tocado vivir: los canales privados cada vez son más arriesgados con sus productos y más cuidadosos en cuanto a la calidad, porque la competencia es feroz y su público cada vez más exigente, mientras que el público mayorista está cada vez más alineado y estancado y las cadenas son cada vez más cobardes, formándose un círculo vicioso lamentable. El capítulo que parodia el uso de palabras malsonantes y su censura es muy descriptivo de esta situación: la serie se ríe de las limitaciones en su libertad pero es a la vez consciente de que no puede ir demasiado lejos.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

HELIX, PRIMERAS IMPRESIONES.

Syfy acaba de estrenar su nueva gran apuesta por la ciencia-ficción después del truño de Defiance. Los tres episodios vistos hasta ahora de Helix dan una idea clara de cuales van a ser el estilo y la dinámica de la serie, y solo queda por ver si consigue madurar dejando atrás una serie de fallos y deslices que deslucen un producto sencillo pero atractivo.

Un grupo de científicos del Centro de Control de Enfermedades (CDC), que se encarga de gestionar crisis relativas a enfermedades por todo el globo, es llevado a una emergencia en una base en el Ártico. Una empresa privada que no se sabe muy bien para quiénes trabaja está experimentado de todo a lo bestia allí, y han sufrido un accidente con un misterioso virus. Tendrán que descubrir qué tramaban y cómo frenar la expansión de la infección.

Los personajes se definen demasiado superficialmente, tirando de clichés muy viejos. Este es el directivo misterioso que sin duda oculta algo, este es el que se señala como traidor (con lo que claramente no lo será, o tendrá buenas razones), este es el bueno capaz, esta su ex, esta la nueva chica que forma el consabido triángulo amoroso, esta la secundaria simpática… En tres capítulos apenas conocemos sus motivaciones y conflictos internos, de hecho ni quedan claras su posiciones y sus habilidades: sin duda harán de todo conforme las tramas se lo vayan echando encima. Se supone que deberían estar machacándose en el laboratorio para descubrir todo lo relacionado con el virus (síntomas, factores de contagio, hallar el virus, la cura…), pero se entretienen en mil tareas secundarias que deberían hacer otros. Dirigen la seguridad tratando de imponerse a los currantes locales (persiguen a pacientes fugados personalmente, por ejemplo), toman muestras y cuidan de pacientes cual enfermeras, etc. También cabe preguntarse por qué no siguen una estrategia bien determinada, o por qué cada uno va por libre improvisando y sin mantener contacto con los demás. Tampoco faltan los momentos de vergüenza ajena, como ver a una de estas grandes científicas contagiarse y callárselo cual adolescente asustada (un clásico de series cutres). Vamos, que de “los mayores expertos del mundo en crisis de salud” parecen tener bien poco.

La trama tampoco sorprende. Basta ver un trailer para pensar en Expediente X (con el mítico episodio Hielo a la cabeza) y La cosa, aunque a veces recuerda también a Alien (inevitable en cuanto alguien asoma la cabeza por un conducto de ventilación). Pero que parta de conceptos básicos no debería ser un problema, porque prácticamente está todo inventado. Lo malo es que en principio parece costarle alejarse de los tópicos. Aquí habrá que ver cómo funciona la cosa a largo plazo, sobre todo teniendo en cuenta que el argumento no parece que pueda servir por sí mismo para una serie de varias temporadas. ¿Añadiran tramas secundarias, extenderán el caso a otros lugares, se montarán una conspiración más grande? Por ahora solo puedo centrarme en lo que se ha visto.

A veces quedan fatal algunas formas de tratar de extender el misterio, porque juega en contra de la tensión al no ser verosísimil y de los personajes al ponerlos haciendo cosas incompatibles con los que deberían ser sus objetivos. Vemos a los protagonistas quejándose de que no les dan información, y como respuesta cotillean a escondidas metiendo la nariz en salas cerradas y experimentan a escondidas. No hay quien se trague esta situación. Si llega gente del CDC para tratar de resolver una crisis y les cierras puertas, no les ofreces los datos que necesitan y además mientes descaradamente, no duran ahí ni una hora: se largan y te denuncian públicamente. Hay formas más hábiles e inteligentes para mantener la intriga. Por ejemplo el asunto de los monos va bien encaminado, de hecho el plano de estos congelados en su huida es espectacular. Tratar de esconder pruebas así como intentar minimizar el desastre le pega a una corporación secreta y con intereses oscuros, pero para mantener forzadamente durante unos pocos capítulos al espectador preguntándose qué estarán haciendo ahí, los guionistas se exceden demasiado. Es que joder, el director prácticamente hace morritos y refunfuña para no dar información.

Las pequeñas incongruencias e inverosimilitudes a la hora de plasmar la historia en imágenes también están a la orden del día. Cantan los problemas de vestuario: los trajes claramente no van hermetizados (casco sobrepuesto, cremallera cual chaqueta), así que no sé a qué viene el forzado efecto sonoro de presurización. Tampoco parece haber una política clara sobre qué protección llevar, de forma que en cada escena se improvisa, y en algunos momentos se hace fatal: ¿una autopsia a un mono posiblemente contagiado realizada en un almacén casi sin material y desde luego sin protección suficiente? Volviendo a los efectos sonoros, de estos se abusa cosa mala, una manía en muchas series y películas que me molesta bastante: lo que no consiguen narrar con una puesta en escena adecuada lo fuerzan con trucos baratos en postproducción. El efectillo de presurización suena por todas partes: toquen lo que toquen va a sonar aire saliendo, como diciendo que hay mucha tecnología para trabajar con material peligroso aunque solo veamos máscaras cutres. También es sonrojante que para señalar que estamos en el Polo Norte pongan un exagerado sonido de viento en toda habitación con vistas al exterior, como si hubiera rendijas abiertas o ventanas mal cerradas, cuando sabemos que eso es imposible porque jodería la climatización de golpe. Un poco de tacto, por favor, que parecen detalles triviales, pero se van acumulando y como siga así llegará un momento en que todo el tinglado se venga abajo por parecer una serie poco profesional. Por cierto, hablando de aspecto, el presupuesto es sin duda escaso: los planos digitales de la estación son horribles y los decorados bastante pobres.

Pero hay cosas buenas también. Las limitaciones son numerosas pero pequeñas, con lo que el ambiente de intriga no se llega a estropear y funciona aunque sea por los pelos. Donde sí aciertan muy bien es en el ritmo, siempre activo, sin altibajos. Los tres episodios se pasan en un suspiro y tienen buenos tramos de tensión. Así pues, como decía al empezar el comentario, es constante la sensación de que podría resultar una serie de buen nivel y muy entretenida si pulen las inconsistencias citadas. En este inicio no se llega a generar, al menos en mi caso, un rechazo en plan “esto está muy visto y muy mal narrado”. Puede que llegue a esa opinión, o puede que termine enganchándome si se quita de encima el aspecto de serie sacada de los años noventa. El tiempo lo dirá.

PD1: Feo el truco de venderla como una serie de Ronald D. Moore, el creador del mayor éxito reciente de la cadena, Battlestar Galactica, cuando es un productor secundario y la serie es la ópera prima de Cameron Porsandeh.
PD2: Viendo el panorama del género tras Galactica, donde Defiance es lo más complejo que se puede ver (narrativa y visualmente muy pobre), no puedo dejar de preguntarme: ¿volveremos a ver alguna vez series de ciencia-ficción complejas y ambiciosas?

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
V. GUION PERFECTO
–>VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

En la puesta en escena, al contrario que en otras series del género o equiparables en calidad, en The Wire no se busca un aspecto visual puntero o que destaque por seguir un estilo marcado. No se utilizan filtros ni enredos visuales como en CSI, ni tampoco se pretende un acercamiento pseudo documental mediante la cámara en mano como se ve en otras (desde NYPD a The Shield), algo que dado el argumento no hubiera sido una sorpresa. Sus autores ni siquiera se inclinan por tratar de deslumbrar persiguiendo lo más virtuoso y complicado, como sí ocurre en otras producciones de la cadena HBO: Deadwood, Carnivàle o Boardwalk Empire son unos portentos visuales impresionantes.

David Simon se apoyó en el productor Robert F. Colesberry (que aparecía de vez en cuando interpretando a uno de los detectives de relleno en la comisaría) para el aspecto visual de sus series, y aunque falleció en 2004 continuó manteniendo su sello en posteriores obras. Buscaron un estilo contemplativo más que guiado o resaltado, que permita a los personajes y sus historias llegar al espectador sin artificios, transmitiendo la sensación de que estamos allí, formando parte de los acontecimientos. Para ello se parte de conceptos clásicos y sencillos, pero cada recurso es utilizado con habilidad y sutileza. Planos enteros, conjuntos y medios y montaje muy ciudado permiten mostrar a todos los personajes de la escena, que suelen ser muchos, de manera que la interacción entre ellos y el entorno resulte natural. Y con el movimiento de la cámara, casi imperceptible por lo general aunque con excelentes travellings también, se da profundidad al entorno, tanto para lograr sensación de tridimensionalidad como para enfatizar el protagonismo del lugar donde estamos. Cabe destacar esto último: la facilidad que tienen para cambiarnos de ubicación sin que nos perdamos y sin dar la impresión de que repiten el mismo plano descriptivo (esas series que todavía te meten un plano-cortinilla del lugar…). Pero no por ello la narrativa es estática, si algún tramo requiere otros recursos lo abordan sin miedo y sin que parezca forzado: encontramos alguna cámara en mano o donde lo visual cobra predominancia por necesidad.

Los espectadores que esperan inmediatez, que la imagen le llene los ojos y engañe así el resto de sentidos, se podrían sentir decepcionados. De hecho ni siquiera hay música, porque no encaja en este modelo narrativo. El único momento musical es el de los créditos iniciales, con una canción versionada de forma distinta en cada temporada, y el tema instrumental de los finales, una melodía pesimista pero pegadiza. Como con el contenido, el choque inicial con este aspecto visual que parece anticuado puede tirar a muchos para atrás. Pero si se superan los prejuicios y te dejas caer dentro del relato no tarda en demostrar su eficacia: el tempo calmado pero magnético, la fluidez con que se van desarrollando los hechos, la sensación de realismo…

Sin embargo, sí es inevitable pensar que haberla rodado en definición estándar y 4:3 (formato cuadrado), cuando ya había muchas series producidas en alta definición y formato de televisión panorámica (16:9), es una decisión poco comprensible, y más cuando la gran mayoría de las localizaciones son exteriores. Otros títulos de la cadena más antiguos, como Los Soprano, se rodaron con las técnicas modernas; algunos incluso fueron más visionarios: Urgencias y Babylon 5 se grabaron a mediados de los años noventa pensando en que al final las sacarían en dvd en panorámico (el HD en aquella época ni se veía venir). Pero aquí tenían que ahorrar dinero por todos lados y no vieron posible trabajar pensando en una remota reconversión sin perder calidad en el formato en que se iba a emitir originalmente. En media serie les dieron la posibilidad de adaptarse, pero declinaron en favor de mantener la continuidad. Y menos mal, porque estuvo a punto de no ser cancelada varias veces, y si hubiera costado más sin duda habría pesado en la decisión.

Pero al final, para que la serie no envejeciera tanto y pudiera tener una edición decente para emitir en HD y luego editar en bluray (algo que anunciaron a finales de 2014), en la HBO tuvieron que gastarse un buen dinero tanto en pasar a alta definición como en ir mirando plano a plano si había que borrar algún técnico del rodaje que ahora saliera en el cuadro extendido. Por suerte, el tipo de película fotográfica (35mm) y cámaras empleados permitieron recuperar desde el máster original esa imagen lateral descartada y no tuvieron que recortar arriba y abajo (aunque no creo que hubieran podido hacer esto último, habría quedado fatal). Además tenemos garantía de que el proceso se llevó a cabo con cuidado, pues el propio Simon lo supervisó (el artículo tiene spoilers gordos), y a pesar de sus reticencias iniciales y de que de hecho afirma que algunas escenas pierden algo, desde luego no estamos ante una chapuza como la sonada de Buffy, la cazavampiros, donde se veían cámaras, focos y currantes por todas partes, y donde además cambiaron la paleta de colores, alterando cómo fue concebida. Los más puristas defienden la obra original, pero yo recomendaría a nuevos espectadores la remasterizacón, se verá mejor, más actual y envolvente. En lo personal, creo que la he visto tres veces (alguna temporada quizá más) en dvd y no me molesta el formato cuadrado porque soy muy cinéfilo y su calidad me parece indudable, pero la alta definición se agradece mucho y no descarto ver la nueva versión cuando me entren ganas de nuevo.

El reparto es otro de los elementos cruciales a la hora de conseguir que The Wire resultara una obra maestra. Como decía en apartados anteriores de esta larga introducción, el número de personajes es enorme, pero la labor de casting ha estado siempre a la altura: incluso cuando seleccionaban a gente sin experiencia acertaban de pleno, pues los niños y algunos pandilleros no eran ni actores en algunos casos. Obviamente la certera descripción de los personajes que plasma David Simon en los guiones y la efectiva labor de dirección de actores realizada por los numerosos directores que han pasado por los capítulos ha contado muchísimo, pero la guinda la han puesto todos los intérpretes, pues ni uno ha fallado a la hora de meterse de lleno en esos roles tan humanos, tan complejos, grises y falibles, de forma que en cuanto empiezan a hablar pareces estar ante personas auténticas. No voy a ponerme a citar ejemplos, porque la lista sería interminable al no haber figuras que destaquen por encima de otras. De los que más presencia tienen vienen casi todos de largas carreras en televisión, en especial en series del género policíaco, y de hecho muchos tuvieron contacto con Simon ya en Homicidio. Como es esperable también algunos volvieron a colaborar con él de nuevo en Generation Kill y Treme.

Actualizado el 16-02-17 para incluir el comentario sobre la remasterización.

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 4.

Dowton Abbey
ITV | 2013
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes.–

Como viene sucediendo, cada nuevo año pierde algo de energía respecto al anterior, y empiezo a preguntarme si no sería mejor ponerle fin antes de que la caída sea demasiado acusada. Esta cuarta temporada deja entrever aún más los problemillas que son patentes desde la segunda sesión: pérdida de fuerza en las tramas principales, estiramiento de las historias secundarias, personajes que poco evolucionan y quedan estancados. Pero también siguen brillando sus puntos fuertes: el ritmo excelente es capaz de disimular que no hay mucho contenido detrás, las decenas de personajes muy bien dibujados resultan encantadores, las mil y una historias del día a día siguen siendo interesantes, la excelente puesta en escena le da un aspecto muy hermoso…

Entre las tramas más largas es Edith quien más protagonismo gana. El extraño romance con el editor, la desaparición de este, el embarazo y las dudas sobre si aborta o no son bastante clásicos pero también esperables, que esto es un drama de líos familiares, y funcionan bastante bien, sobre todo a la hora de darle vidilla a la chica, que siempre quedaba muy descolgada. Cierto es que quizá se estira demasiado o va demasiado despacio, pero tiene buenos momentos, como cuando la abuela se mete en el fregado y está sorprendentemente educada y dando buenos consejos. Otra jugosa historia es la de la violación de Anna, con secuelas bien trabajadas y con el temor constante a que Bates hiciera alguna locura… como finalmente hace; el si se descubriría el pastel es tema recurrente en el tramo final del año, y el posicionamiento moral de varios personajes (Mrs. Hughes a la cabeza) entra en juego: ¿dónde están los límites entre la justicia y la venganza?

Después de perder al marido, la vida de Mary no toma un camino trágico, quizá por suerte, porque podría parecer que se ceban con el personaje. Su rechazo a pasar página dura bastante y permite jugar mucho con su cabezonería, y la presencia constante de dos nuevos candidatos a esposo también da muchas vueltas, siendo estas de desigual interés: como Edith, necesita algo de renovación, porque a la larga se nota que estiran la trama. Mi parte favorita vuelve a ser el contraste entre los estratos sociales que se ofrece a través del ascenso del chófer, Tom Branson, que no termina de encontrar su lugar en el mundo. En el último episodio, el especial navideño, hacen otra interesante comparativa, Inglaterra contra Estados Unidos, que resulta también muy lograda. Por cierto, el personaje de Paul Giamatti pide a gritos un lugar fijo en la serie. En cuanto al padre de familia, su línea es sencilla este año: sigue con los líos de las tierras y poco más. Branson y Mary al menos aportan algo de conflicto a sus ideas obsoletas, y con ello seguimos viendo como llegan los cambios a la aristocracia.

En las historias secundarias las más remarcables son las siguientes. Al principio de temporada el pasado de Carson vuelve para acosarle, mostrando que el personaje tuvo una vida antes de la mansión. Molesley lo pasa mal buscando un nuevo empleo, y Carson no se lo pone fácil. Una de mis favoritas ha sido la prima Lady Rose y sus ganas de fiesta, y la que lía cuando se enrolla con un cantante negro, un shock demasiado grande para la conservadora familia. Y por supuesto no fallan los líos de las abuelas, siempre picadas entre ellas y siempre arrastrando sus propias obsesiones; las frases de Violet como siempre resultan punzantes y tronchantes. Pero también hay algunas secciones que dejan malas sensaciones. Con Thomas es evidente que los guionistas no saben qué hacer; no se atrevieron a sacarlo del armario, dejando el asunto de la homosexualidad en eterno suspenso; que sea un cabrón resulta muy repetitivo si no ahondas en sus motivaciones; y en definitiva lo tienen ahí un tanto aparcado. Y finalmente los líos de Alfred con la joven Daisy y con lo de que si se va o no se va a estudiar para cocinero resultan harto cansinos.

En líneas generales Downton Abbey no ha perdido tanto como para hablar de un mal año, pero ya está lejos de la calidad inicial y si no cambia, al ritmo que va, la siguiente temporada sí será decepcionante. Ahora mismo es un correcto entretenimiento, pero incapaz de conmover y asombrar como en sus mejores momentos. Necesita muchísimo una o dos tramas principales jugosas (no sensacionalistas a ser posible) que marquen un rumbo más claro y llamativo, así como renovar algunas de las historia secundarias, que se están apalancando. La realización sigue siendo sublime (imposible no señalar la fantástica fotografía y el vestuario) y el reparto está muy bien asentado en sus papeles, pero sin historias donde lucirse no destaca como podría.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 6.

FX | 2013
Drama, acción | 13 cap. de 50-90 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Art Linson, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Ron Perlman, Maggie Siff, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Rockmond Dunbar, CCH Pounder, Donal Logue, Drea de Matteo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada a fondo, muerte de personajes importantes inclusive.–

Parece que los guionistas, Kurt Sutter a la cabeza, han aprendido de los errores de la quinta temporada, pues este sexto año huye del sensacionalismo y la improvisación forzados que aquel arrastraba más de la cuenta, de la obsesión por ir siempre a más y de hacerlo a toda velocidad. Sutter ha bajado el ritmo, optando por dejar que los eventos calen en los personajes y en los espectadores, por no agotar la fórmula básica de la serie de tener constantemente un problema encima de otro. Hay conflictos en cantidad para todos los protagonistas, pero cada historia se toma su tiempo, se escribe meditando en cómo sacarle partido todo el tiempo que sea prudente hacerlo, sin abusar de los cierres exagerados y los giros salidos de madre, y sin repetir esquemas (recordemos que Jax y Gemma flojearon al exprimirse demasiado sus personalidades). Así pues, la aventura del Club no pierde intensidad, solo velocidad, y a cambio de asentar mejor las tramas. La tensión latente en cada minuto de cada episodio sigue siendo de primer nivel, y los personajes puteados al límite, esquivando problemas mientras hacen malabares al borde del abismo, son la tónica habitual.

Jax Teller sigue liderando el Club con coraje y determinación y tratando de no perder su objetivo deseado de terminar con los negocios más peligrosos, los que ponen a los Hijos de la anarquía en medio del fuego entre bandas y en la mira de la ley: el tráfico de armas y toda la violencia que le rodea. Su sueño de dirigirse hacia algo más legal parece acercarse por fin, ya lo saborea y lo toca con la punta de los dedos. La pornografía y los clubs de prostitución dan un jugoso dinero, y las nuevas alianzas (desde el ya amigo Nero Padilla al nuevo socio Barosky –Peter Weller-) van encaminadas a afianzar ese modelo de negocio. Pero la cosa como es habitual no resulta nada fácil: el Club es un nexo crucial en el entramado de la venta de armas, y hay que hacer muchas negociaciones. El IRA, los negros, los chinos, los latinos… todos quieren estabilidad o un trozo del pastel, y todos ponen sus propios impedimentos y condiciones. Las reticencias y cabezonería del IRA son el bache más grande y complicado de saltar; la muerte de dos de los simpáticos novatos y el ataque con bomba al Club no pueden olvidarse, y Jax se asegura de que el pirado de Gaalan termine pagando su precio sin por ello acabar en una guerra interminable con los terroristas.

En el lado de la ley, el sheriff del pueblo, Eli Roosevelt, tomó hace tiempo el camino de la resignación, pero siempre llega savia nueva. El loco de Lee Toric, un exMarshal que quiere hacer pagar al Club por la muerte de su hermana, o más bien busca algo que quemar en su camino de autodestrucción, trae el caos durante varios episodios, sobre todo a los encarcelados Clay y Otto. El actor Donal Logue aparece en todas partes, el tío, y su personaje está zumbado incluso para los cánones de la serie, pero como decía al principio, por suerte en esta temporada los guionistas andan con más cuidado y nunca se les va de las manos: su final llega pronto y es efectivo. Quien resulta más temible es la fiscal Patterson, en manos de otra veterana, CCH Pounder (encasillada en agentes de la ley: The Shield, Ley y Orden). Será una sombra constante sobre el Club y Tara, un hueso difícil de roer. Lo que no entiendo es qué pretendían con su jueguecito con la peluca.

Como siempre, hay también problemas internos. La lealtad de Juice sigue en entredicho, y Tara ha llegado a un punto de no retorno con la violencia: ve claro que sus hijos no pueden criarse en ese ambiente y decide iniciar su huida. Lo tiene dificilísimo, pues el Club actúa como una mafia: largarse sin más no es una idea segura. Así pues teje un plan digno de Gemma, pues de hecho si no supera al ingenio de aquella no puede salir airosa. La alianza con Wendy (ex de Jax y madre del niño mayor), el embarazo fingido, la trampa a Gemma y otras acciones forman parte del elaborado intento de llegar a un divorcio justificado por el entorno violento pero sin señalar ningún caso concreto que pueda acabar con algún miembro en la cárcel, evitando así ser señalada como una soplona. Y mientras, intenta librarse de la acusación de conspiración para asesinar a la enfermera (la hermana de Toric) que se cargó Otto, pues ella le llevó el crucifijo que usó como arma. Se suda de lo lindo al lado de Tara capítulo tras capítulo: ¿sería Jax capaz de hacerle daño?, ¿logrará huir? El pozo que se va cavando es cada vez más grande, y en el camino se convierte en el monstruo que siempre ha querido evitar ser: Gemma. Y Jax al final lo descubre todo: la reunión con la abogada es escalofriante, la posterior reunión con Tara más aún… Pero en un requiebro, en otra genialidad del gran Jax, aparece una gota de esperanza, se vislumbra una salida. Pero al final sale todo mal: el odio de Gemma es demasiado grande, y Tara acaba muerta de una brutal paliza.

También habitual es mantener a los secundarios con mil y un detalles: aunque haya protagonistas claros, los secundarios son muchos y tan imprescindibles como adorables. Unser y sus achaques, Chucky y sus tonterías, los fieles Chibs, Happy y Tig… Pero el que resulta mi favorito es el más reciente (apareció en la anterior sesión), Nero Padilla. Se han currado un personaje enorme, y hacia el final se torna además inquietante, con su incipiente rivalidad con Jax. El actor Jimmy Smits, otro mítico de la televisión, borda su papel. Hablando de actores, es ineludible citar de nuevo los papelones de Charlie Hunam (Jax Teller), Maggie Siff (Tara Knowles), Katey Sagal (Gemma Teller), así como el carisma de todos los demás.

El tono menos inquieto de la narración, la maduración de los personajes y la propia naturaleza de los momentos más importantes del año generan una situación sorprendente: los grandes instantes, las escenas más memorables, los puntos de inflexión más notables no son espectaculares secuencias de acción, épicos finales de personajes, tragedias o sorpresas inesperadas… son casi todos secuencias largas y pausadas, sin acción ni giros sobrecogedores, pero llenas de enorme fuerza y simbolismo e igualmente impactantes. De entre los muchos instantes que recordar me quedaría con dos. El primero es el largo y sentido discurso de Jax ante todas las sedes, exponiendo su plan, y que marca también el retorno de Bobby. El segundo es la esperada caída de Clay, que parecía que no iba a suceder nunca. La despedida no podía ser mejor. Hay odios y rencillas de por medio que todos saben que no pueden dejar atrás o limar, pero también hay una historia larga y que no se puede olvidar sin más. Además la ejecución es pieza fundamental en otro de los grandes planes de Jax: acabar con la sección beligerante del IRA y forzar sutilmente una más amistosa.

Como decía, en esta temporada no hay ningún problema, cualitativamente hablando, con los protagonistas ni con las tramas. Jax avanza muy poco a poco entre mil tropiezos, pero no da sensación de estancamiento o vueltas innecesarias; Gemma no cansa a pesar de su obsesión por los nietos (genial cuando los trata como si fueran sus hijos sin darse cuenta y delante de Tara); Clay aparece lo justo; los secundarios tienen todos su momento… No se nota desgaste, truco o agujero importante alguno. Sí que hay deslices, pero son cosas puntuales, no fallas notables en el desarrollo de la temporada.

El instante más exagerado del año sería la excesiva reacción del IRA: volar el Club es un atentado de gran calibre que atrae demasiado la atención de la ley, lo que debería perjudicar más a sus negocios de armas que pasar del Club o vengarse de forma paulatina, acosándolos y matándolos por separado. Por lo menos sus consecuencias dan mucho juego. También se podría decir que el final de temporada se inclina un poco hacia el sensacionalismo momentáneo e innecesario: está claro que Jax no va a ir a la cárcel, pues su pistola no es con la que disparan a Eli. Y finalmente, aunque esté muy bien expuesta y rematada, la muerte de Tara no me ha impactado como la caída de un personaje tan importante debería impactar. No sé si será porque uno está curado de espanto ante tantos fallecidos de forma espectacular o trágica, pero me apena que no me conmoviera el final tan duro de una protagonista tan querida; el final de Clay por ejemplo es perfecto. Pero mi queja más grande es de nuevo sobre las canciones, la manía de Sutter de acabar cada capítulo con un “videoclip de posicionamiento”, es decir, una cancioncita pesada sonando mientras los personajes se colocan de cara al final del episodio. La mayor parte de esos numeritos sobran o saben a fórmula repetitiva.

La estructura de la temporada es muy sólida y todo encaja a la perfección a pesar de que hay muchas capas que manejar. La aventura camina siempre con paso firme hacia adelante, sumergiéndose sin miedo en decenas de historias cruzadas cada cual más explosiva y espectacular, dejando todas el gran gustazo de mostrarse a la larga como perfectamente planeadas y magistralmente ejecutadas por los guionistas. Atrapa de principio a fin en cada uno de sus largos episodios (Sutter se ve justito otra vez para contarlo todo con trece capítulos), dejando claro, después del susto de la quinta etapa, que aún hay mucho que contar y que se puede hacer muy bien. El único pero es el de siempre: que no tenga la fama merecida a pesar de estar de nuevo entre las mejores del año.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.