PARA TODA LA HUMANIDAD – TEMPORADA 1

For All Mankind
Apple TV+ | 2019
Drama, ciencia-ficción | 10 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Ronald D. Moore, Ben Nedivi, Matt Wolpert, Maril Davis.
Intérpretes: Joel Kinnaman, Michael Dorman, Sarah Jones, Shantel VanSanten, Jodi Balfour, Wrenn Schmidt, Krys Marshall, Sonya Walger, Nate Corddry, Chris Bauer, Colm Feore, Megan Leathers, Olivia Trujillo, Arturo Del Puerto, Wallace Langham, Dan Donohue, Eric Ladin.
Valoración:

Como muchos de los que crecieron viendo la carrera espacial, Ronald D. Moore soñó con la expansión de la humanidad por el sistema solar. Pero tras la victoria política que supuso para EE.UU. la llegada a la Luna y el declive posterior de la URSS, la ciencia y la exploración del espacio pasaron a segundo plano, y con ello surgió la decepción en millones de científicos y también en soñadores como él. Sin duda esta pasión lo llevó a hacerse guionista de ciencia-ficción, estrenándose con Star Trek: La nueva generación (1987), haciéndose pronto primordial en el desarrollo de la saga (sobre todo en Espacio Profundo Nueve -1993-), y luego pasando a otras producciones de gran repercusión, destacando, Roswell (1999), Carnivàle (2003), Battlestar Galactica (2003) y Outlander (2014).

Desde esa posición de productor y guionista asentado pensó que podría abordar la historia de la carrera espacial. Hace algunos unos años tanteó, con un amigo del gremio, Zack Van Ambur, entonces directivo de Sony Television, la posibilidad de crear una serie sobre las primeras estaciones espaciales en los años setenta. Quedó en el aire, pero Van Ambur siguió pensando en ello cuando entró en el nuevo canal de video bajo demanda (o streaming) Apple TV+, y hablaron sobre tratarlo en forma de drama de época al estilo Mad Men (Matthew Weiner, 2007). Pero la historia real fue desalentadora en su momento, y volver a ella seguía trayendo sinsabores: el cambio de paradigma político, económico y social de aquellos tiempos recortaba presupuesto y esperanzas por doquier, limitando la capacidad de ensoñación, frenando la visión entusiasta del futuro de la humanidad. No hubo conquista de la órbita con numerosas y grandes estaciones espaciales, colonias en la Luna, y el inicio de los viajes tripulados a Marte.

Sin embargo, viendo que unas pocas series que ofrecen una visión alternativa de la historia reciente, como El hombre en el castillo (Frank Spotnitz, 2015), están calando bastante bien estos años, volvieron a sopesar la idea, eso sí, desde su perspectiva: se alejarían de esa visión oscura que copa este peculiar género y perseguirían una más idílica y esperanzadora. Para toda la humanidad estaba en marcha.

Al equipo creativo principal se unieron Matt Wolpert y Ben Nedivi, que trabajaron juntos en Fargo (2014) y The Umbrella Academy (2019), Maril Davis, colaborador de Moore en Caprica (2009) y Outlander, y el veterano Naren Shankar, que también inició su carrera en la sala de guionistas de La nueva generación y es un referente en el género (Farscape -1999-, The Expanse -2015-). Contaron también con los astronautas Garrett Reisman y Gerry Griffin como asesores. Y en las labores de dirección destacan veteranos de primera categoría como Allen Coulter (Los Soprano -1999-), Sergio Mimica-Gezzan (Los Pilares de la Tierra -2010-, Battlestar Galactica), Andrew Stanton (sí, el de Pixar) y John Dahl (True Blood -2008-, Californitacion -2007-, Justified -2010-…).

La premisa parte de un giro crucial en los eventos históricos. Antes de que el Apollo XI tripulado por Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins estuviera listo a finales de los añose sesenta, la URSS ha conseguido poner un hombre en la Luna. Estados Unidos vive un breve momento de shock y depresión, pero sale reforzado de la situación: la carrera espacial resurge con fuerza, con más competencia, dinero y entusiasmo. Seguimos la vida personal y laboral de varios astronautas, directivos, ingenieros y técnicos varios, así como de algunos de sus familiares. Para enfrentar los grandes retos de esta épica gesta deben lidiar primero con sus problemas personales y sus conflictos internos.

Los astronautas más prominentes son Edward Baldwin (Joel Kinnaman) y “Gordo” Stevens (Michael Dorman), con sus respectivas esposas Karen (Shantel VanSanten) y Tracy (Sarah Jones). Kinnaman, tras dar palos de ciego en algunas obras (Altered Carbon, 2018) donde no se veía el talento que mostró al darse a conocer en The Killing (2011), vuelve a demostrar que sí vale para mucho, que el problema eran personajes mal escritos y mal dirigidos. Dorman (ha tenido bastantes papeles, pero nada destacable) queda bastante por debajo de un reparto muy cohesionado, hasta el punto de que parece que va a lastrar el rol, pero por suerte, hacia el final del año se va adaptando muy bien a los cambios dramáticos, y puedo confirmar que en la segunda temporada se suelta y está estupendo. Las intérpretes de las esposas, Jones y VanSanten, pueden sonar vagamente de varias series, Vegas (2012) o Alcatraz la primera (2012), The Boys (2019) la segunda, pero aquí cuentan con mayor protagonismo y margen dramático y aprovechan muy bien, se marcan unos papelones de impresión.

En el equipo directivo, Deke Slayton (Chris Bauer) es el jefe de astronautas, Wernher von Braun (Colm Feore) el ingeniero superior, otro prominente ingeniero es Larry Wilson (Nate Corddry), Thomas Paine (Dan Donohue) es el nexo con la parte política, Gene Kranz (Eric Ladin) el director de vuelo, Harold Weisner (Wallace Langham) el director de la NASA, e intentando hacerse un hueco entre tanto hombre e intriga de despachos, la superdotada ingeniera Margo Madison (Wrenn Schmidt) presenta gran potencial. Feore y Bauer son veteranos muy reconocibles y de gran valía allá por donde pasan, pero igual que su personaje, de tapadillo Schmidt va ganando presencia y fuerza. Muchos roles están basados en sus figuras reales. Los más evidentes son Von Braunn y algunos astronautas famosos, pero en el equipo de tierra hay varios, comoDeke o Krantz. En la política usan imágenes de archivo de presidentes y senadores, y como es una visión alternativa, hay algunos cambios aquí y allá que van aumentando en número y relevancia con el tiempo.

La variación más importante es que, conforme la carrera espacial remonta y la política y la sociedad se abren a cambios, se pone en marcha un programa de astronautas mujeres, donde entran las mejores pilotos que encuentran. Están las veteranas, como Molly Cobb (Sonya Walger), las jóvenes promesas, como Danielle Poole (Krys Marshall), y otras que dejaron su carrera por la familia, como Tracy Stevens, que al ser mujer de un astronauta parece estar más por imagen y política que por su experiencia.

En un rango inferior encontramos a Aleida Rosales (Olivia Trujillo), una adolescente mejicana que sueña con las estrellas pero apenas sobrevive en la miseria de la inmigración. Pero la suerte parece estar de su lado: su padre, Octavio (Arturo Del Puerto), encuentra trabajo en el servicio de limpieza de la NASA, y la ingeniera Margo se fija en la pasión de la chiquilla por la ciencia.

El tramo inicial augura una narrativa sosegada, de largas conversaciones, de dejar que los eventos y sentimientos vayan calando en los protagonistas, de crear largos clímax de tensión en el espacio… Así que, con una historia tan amplia que abarcar (tiene pinta de ir a década por temporada) y muchos frentes abiertos, cabría pensar que diez episodios son pocos, que los inevitables saltos temporales podrían producir huecos o cambios bruscos en los personajes antes de asentarlos bien. Pero los autores exprimen la duración al máximo, casi todos duran una hora (minuto arriba minuto abajo) y acumulan numerosas vivencias personales y avances en la historia. La política, la exploración espacial y lucha por sacar adelante cada puesto de trabajo y familia resultan apasionantes. Cuando llega un salto temporal puede haber cambios notorios, pero acordes a lo que iba desarrollándose y muy bien encajados.

Un aspecto llamativo es que al contrario que otros dramas corales donde todos los personajes aparecen en cada episodio (hay excepciones llamativas, como Juego de tronosDavid Benioff, D. B. Weiss, 2011-), aquí el protagonismo va cambiando. En un episodio unos protagonistas están al frente, en otros son secundarios, a veces ni aparecen, y en ocasiones también alguno que parecía un mero figurante gana inesperadamente relevancia, añadiendo más riqueza al panorama.

Todo se conjuga en un equilibrio exquisito. La narración es pausada en ritmo pero densa en contenido y valiente a la hora de ir siempre hacia adelante. Los protagonista van cambiando a ojos vista en cada situación, unos madurando, otros acumulando secuelas, de forma que siempre hay algo en marcha, siempre quieres saber más de sus andanzas.

Hay momentos álgidos, sean dramáticos, de tensión y de espectáculo, en prácticamente cada episodio, algunos memorables. Estos se suelen concentrar en finales de infarto que te dejan ansioso por ver más, pero otros van gestándose sutilmente ante tus ojos, y cuando te embarga la fuerza de la escena, quedas asombrado por el buen hacer de guionistas, directores y actores. Por ejemplo, la que pondría como mi escena favorita del año: el reencuentro entre Von Braun y Margo tras sonadas desavenencias no es sólo un intento hacer las paces, sino que acaba resultando crucial en el proceso de crecimiento y la carrera de Margo; Braun maneja la situación con unos diálogos muy bien escritos, los actores están pletóricos, y el director de turno remata la escena con un pulso envidiable.

Pero el acabado es redondo en toda la temporada. Las labores de dirección ofrecen gran virtuosismo y versatilidad en las formas sobrias del drama (hay muchas escenas de gente sentada hablando, como la citada), y contruyen de milimétricamente la tensión de las partes en el espacio. En lo emocional influye mucho la estupenda banda sonora de Jeff Russo, quien se ha convertido en el compositor más destacado y deseado en televisión en la última década, y la certera selección de canciones (sublime el momento de The World Song de Petula Clarke en un lanzamiento). Y en el sentido del asombro y el espectáculo, la labor de efectos especiales recreando las misiones espaciales y lunares es impecable; sin duda el presupuesto ha sido muy generoso.

La única pega importante que le puedo poner es que no es nada original. En el género de drama humano y social no sólo nace muy en la estela de Urgencias (John Wells, 1994), A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001) y Mad Men, sino que está muy cerca de ellas en temática y narrativa. Hay series hoy en día que a la hora de tratar el género aportan novedades estilísticas, perspectivas novedosas, ideas sorprendentes… A la cabeza podemos citar Orange is the New Black (Jenji Kohan, 2013) y El cuento de la criada (Bruce Miller, 2017). Sí, se disimula bastante porque la escritura es exquisita y el tempo narrativo envidiable, pero es inevitable pensar que son las mismas historias de siempre y a veces puedes verlas venir de lejos. Lo único más acorde a nuestros tiempos es que tiene algo de la visión cruda actual: algunos personajes sufren bastantes secuelas y hay alguna muerte impactante. Está claro que Moore y compañía buscaban un drama clásico, pero eso precisamente significa que se atan bastante en cuanto al margen para sorprender.

De primeas me resultaba chocante el propio género de la ucronía, la historia alternativa. No es nuevo en literatura, pero en cine y televisión es poco común, hasta que en los últimos años se han juntado algunas series, como El hombre en el castillo y La conjura contra América (Ed Burns, David Simon, 2020). No podía dejar de pensar que la realidad es de por si compleja y apasionante y se puede contar de muchas formas sin faltar a los hechos, y si no te vale para tus objetivos, imagina otra cosa. En la ciencia-ficción además hay mucho margen. En este caso, podrían haber planteado la conquista de Marte y el sistema solar, no haber empezado tan atrás. Pero queda claro que da igual el género y el estilo si el argumento está bien desarrollado, es entretenido y tiene capacidad de calar, de dejarte pensando. Por ejmplo, La conjura contra América se quedaba bastante corta como serie, pero ofreció buenas reflexiones sobre el fascismo en la tenebrosa era Trump. En Para toda la humanidad aciertan de lleno con su peculiar reimaginación a la hora de llevar a la reflexión, analizar qué falló y qué margen de mejora había, para recordar lo que soñamos y no alcanzamos debido a que la política está a otras cosas y la sociedad a veces no sabe responder, y para dejar claro que, a pesar del tiempo pasado, seguimos cargando con muchos de aquellos problemas.

Con esto enlazo con una polémica lamentable en la que se han embarcado muchos espectadores. Tenemos a los que se quejan de que es una serie lenta y aburrida, cuando es una de las más absorbentes y adictivas que he visto en los últimos años; está claro que no entienden que es un drama, quieren acción intensa a lo Battlestar Galactica, y como no les complace, la serie es mala. Pero más ruido hacen los cavernícolas que ponen el grito en el cielo porque hay personajes negros, femeninos y homosexuales luchando codo con codo con los hombres blancos heteros.

Lo más señalado es que la trama de la chica mejicana puede parecer desubicada y forzada. Es un relato sobre inmigración, clases sociales y oportunidades en la vida que parece un tanto ajeno la línea principal de la serie. Si no están contando cómo los demás currantes han llegado hasta ahí, sino que se habla del trabajo que hacen ya en la NASA, esta sección puede considerarse como una inclusión ideológica. Pero lo cierto es que está plenamente justificado: si los autores están hablando de la consecución de nuestros sueños como personas y como sociedad, ahí tiene cabida el mostrar a alguien que parte desde abajo del todo. Otra cosa sus aventuras por ahora no sean tan deslumbrantes como las demás.

Pero estamos en unos infames tiempos en los que que en vez de cambiar de serie a ver si encuentras una que te guste más, lo que se lleva es el acoso y derribo, abandonar toda mesura y objetividad para poner etiquetas ideológicas. Como estamos ante una obra crítica, analítica, implicada en los conflictos sociales, nos encontramos con que los sectores reaccionarios, los estrechos de miras, la llaman “progre” (en EE.UU. sería “woke”), y a partir de ahí, la habitual retahíla de difamación, homofobia, machismo y conspiranoia (“es una agenda para lavar cerebros”). Es evidente que a algunos les molesta que les digan que su país ha tenido una historia de racismo, machismo y demás lacras, y en vez de tratar de mejorar tildan de enemigos a quienes lo mencionan. Pero lo más gracioso es que a la vez hay otros tantos que la llaman “horterada patriótica”. Evidentemente no lo es, pone patas arriba la época y de rebote constata que eso temas siguen siendo cuestionados en la actualidad.

Así que esto lo que hace es reforzar la sensación de que Ronald D. Moore y su equipo han conseguido rematar muy bien su extraño propósito, una combinación de exploración espacial con estilo retro y un drama clásico que incluye una hábil denuncia social que ha dado en el clavo.

Aparte añado otra reflexión. Criticar algo por lo que no es normalmente sería injusto, pero a veces, dada la temática, se puede tener en cuenta. Me refiero al clásico: ¿pero por qué no fueron a por todas? En este caso, puestos a realizar una obra compleja sobre la carrera espacial, por qué no incluir también algo más de los rusos. La URSS es un enemigo invisible la mayor parte del tiempo, y por ello queda una visión demasiado limitada, se podría decir incluso que nacionalista. Por suerte, no es patriótica ni simplista en la onda de los títulos más famosos que abordaron esta empresa, como las cargantes y aburridas Elegidos para la gloria (Philip Kaufman, 1983), De la Tierra a la Luna (Ron Howard, Brian Grazer, Tom Hanks, 1998) y El primer hombre (Damien Chazelle, 2018). Apenas se pueden rescatar alguna, como Apollo XIII (Ron Howard, 1995).

Para toda la humanidad resulta más elegante, virtuosa y ambiciosa de lo esperado, y con el estupendo resultado de esta primera temporada, augura una serie de altos vuelos.

Ver también:
-> Temporada 1 (2019)
Temporada 2 (2021)

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