HOUSE – PRESENTACIÓN.

House
FOX | 2004-2012, finalizada
Productores ejecutivos: David Shore, Bryan Singer, Paul Attanasio, Katie Jacobs.
Intérpretes: Hugh Laurie, Robert Sean Leonard, Lisa Edelstein, Omar Epps, Jesse Spencer, Jennifer Morrison, Peter Jacobson, Kal Penn, Olivia Wilde.

En 2004 nacía House, uno de los éxitos de audiencia más notable de la década, una serie que se puso de moda desde el primer episodio y apenas perdió fuelle en su larga trayectoria de ocho temporadas. Su final en 2012 mantuvo el nivel: todo el mundo ha hablado del desenlace.

La premisa es sencilla y en un primer vistazo considerablemente prometedora. Un doctor drogadicto, incontrolable, malhablado y que trata como la mierda a los pacientes es uno de los mejores médicos del país, y resuelve los casos más difíciles con un ingenio digno de Sherlock Holmes, obra de referencia constante para la serie. El episodio piloto y los primeros que le siguieron resultaron bastante impresionantes. Diálogos rápidos y llenos de ingenio, un personaje central fuerte y con muchas posibilidades (encarnado por un Hugh Laurie inmenso) y sobre todo un ritmo espectacular con grandes dosis de humor parecían sembrar las bases de un drama digno de seguir. Pero desgraciadamente el formato elegido para narrar esta historia se ve pronto como como una elección errónea. El procedimental clásico de formato cerradísimo impide que la serie funcione, y a los pocos capítulos todo se viene abajo.

Primero, el salto de fe que hay que hacer para poder tragarse la historia es de los gordos, porque House en muchísimos momentos no resulta un personaje creíble en el entorno, ni siquiera por mucho que queramos argumentar que es ficción. Y esto se agrava hasta límites intolerables en algunos tramos, es decir, la serie se vuelve tan incongruente, absurda e insostenible que daba penita verla. Si la trama y sus resoluciones resultan absurdas e increíbles, ¿qué interés pueden tener?

Segundo, las historias personales y las del día a día en el hospital muestran un estancamiento cansino. El esquema de cada episodio es tan repetitivo que aparte de perder rápidamente el interés minaba considerablemente ideas que en otro formato hubieran funcionado mejor. Basta ver media temporada para saber que la serie no puede dar más de sí. Los casos clónicos, las secuencias de obligado cumplimiento (las rondas, las peleas con Cuddy), la frase lapidaria contra los miembros de su equipo, la forma estúpida de concluir cada investigación (hallazgos por suerte, porque ciencia médica no practican), los personajes que valen para todo, desde enfermeros a policías (lo de asaltar casas para buscar pruebas de la enfermedad en vez de hacer pruebas al paciente alcanzaba costas surrealistas)… Y mientras, se desaprovechó durante años lo único bueno y tangible que ofrecía: la relaciones de House con Wilson y Cuddy, aunque en algunas temporadas se movía la cosa mínimamente. Por cierto, el actor Robert Sean Leonard lo hacía también muy bien, aunque quedaba eclipsado por la fuerza arrolladora de Laurie.

Si se hace el esfuerzo de darle margen, sea una, dos o tres temporadas, se ve que efectivamente el producto está podrido desde la médula, y que cada temporada extra que se está viendo es otro año de tiempo perdido. De vez en cuando procedían con tímidos intentos de llevar la historia un poco más allá, pero siempre acababan volviendo rápidamente al statu quo, demostrando los guionistas una cobardía y falta de originalidad lamentables. Parecía en esas ocasiones que iban a dar un golpe de timón que llevara las tramas por fin hacia adelante, pero a la larga todas se revelaban como engaños, o autoengaños para los que como yo vimos más sesiones de las que querríamos haber visto. Esos burdos amagos, como el jefe negro que ponía en apuros a House, el detective que lo agobiaba, los pasos por la cárcel, el manicomio, etc., no eran más que trampas para adornar un poco las historias, pues ninguna llevaba a nada ni dejaba huella alguna, salvo quizá en el sentido malo: algunas se les iban de las manos de forma vergonzosa, como la del detective (David Morse), que acabó siendo tan incompatible con el universo de la serie que tuvieron que terminar con la farsa de golpe.

Sin embargo cabe decir que uno de estos vaivenes sí funcionó, aunque fuera por potra, pues evidentemente se escribía sobre la marcha. La idea de los candidatos de la cuarta temporada se usó bastante bien, dando un año que conseguía disimular ligeramente las enormes grietas que tenía la serie desde su nacimiento. Personajes como Trece (que hizo famosa a Olivia Wilde) aportaban algo de frescura. Pero aquí me dije que había visto suficiente. Ya me engañaron demasiadas veces. Mejor dejarla en un punto álgido bastante correcto que irme en otro de sus tramos insoportables con un mal recuerdo. Y aun así me arrepentí de haber visto más allá de la primera temporada (que ya se me hizo larga y mediocre), pero entre la curiosidad y las vagas esperanzas y el estar al día de lo que se comenta por los foros seguí más tiempo de la cuenta. Por lo que he ido leyendo, si esos cuatro años estuvo agonizando, el resto directamente la serie era un zombi.

Si House hubiera sido creada como un drama normal, en plan Urgencias, podría haberse desarrollado muchísimo mejor, y quizá hubiera dado una buena serie. Pero construirla como un procedimental tan cerrado sobre sí mismo degeneró rápidamente en un subproducto de una televisión anticuada y sin valor artístico digno de mención. Y aun así tuvo un éxito enorme. No puedo entender que semejante coñazo con tramos tan ridículos pudiera vivir tanto tiempo con audiencias importantes y con no pocos premios (incluidas nominaciones a Globo de Oro a mejor serie, dejando así clarísimo el poco criterio de estos galardones). Pero no vale la pena preguntarse cómo semejante serial inferior y repetitivo pudo mantener tanto nivel de seguimiento, porque no hay respuesta. Se podría indicar que la masa de espectadores es poco exigente… ¿pero tan poco como para ver ocho temporadas de veintidós episodios cada una donde todos son exactamente iguales? Es demencial, digno de un análisis social y psicológico. Tantas buenas series que ver, tantos libros por leer, tanta vida por vivir… y la gente se pegaba a la pantalla para ver el mismo personaje haciendo las mismas cosas una y otra vez. Mi poca fe en la humanidad se tambalea aún más cuando intento comprender estas cosas. Así pues, por si no ha quedado clara mi opinión, no es que House fuera una mala serie, sino que su propia existencia me resulta incomprensible.

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