GIRLS – TEMPORADA 2.

Girls
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Christopher Abott, Alex Karpovsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo el rumbo de cada personaje a fondo.–

La segunda temporada de Girls sigue ahondando en el retrato de unas jóvenes neoyorquinas que tratan de abrirse camino en el difícil paso de la juventud a la edad adulta. El análisis que hace su autora, Lena Dunham (creadora, escritora, directora y protagonista), de esta generación que es incapaz de crecer gana en calidad y profundidad, regalando una temporada de muy buen nivel donde destacan no pocas escenas geniales, algunas acumuladas hasta formar capítulos impresionantes. El egocentrismo de Hannah, la soledad de Marnie, los miedos de Shoshanna, la madurez de Ray o la sinceridad bruta de Adam exponen con habilidad las limitaciones habituales a las que nos enfrentamos a ciertas edades: el aislamiento o soledad, el fracaso social y laboral, la incapacidad para salir adelante en baches y recaídas, los amoríos, la familia…

Hannah sigue dando vueltas en círculos. Los amigos los mantiene a duras penas, las relaciones amorosas no le duran, la familia quiere cortar con ella para que salga adelante por su cuenta. Su ensimismamiento y ego le impiden abrirse al mundo, aceptar sus limitaciones y vivir en sociedad. La mayor parte de sus acciones la encierran en este bucle, incluso llevándola hacia atrás: el tiempo en el que comparte piso con el exnovio que salió del armario es como volver a la universidad, es decir, al idealizado mundo del estudiante, sin responsabilidades ni miradas al futuro. La fiesta con la cocaína es el máximo exponente de este tramo, y un episodio delirante.

Quizá esa falta de maduración la lleva a la ruptura con Adam: no está preparada para una relación estable rodeada de sinceridad y confianza. A partir de aquí el círculo se convierte en espiral. El limbo en que está su trabajo como escritora parece terminarse al encontrar precisamente su objetivo: la posibilidad de publicar un libro. En el proceso tiene una aventura digna de citar: el capítulo One Man’s Trash (205), centrado casi exclusivamente en su viaje sexual con un cuarentón (Patrick Wilson), para muchos ha sido el episodio del año (no para mí, aunque fuese estupendo), sobre todo por su habilidad para mostrar tanto con tan poco. En resumen, Hannah podría estar viendo su futuro (soledad, aunque se acompañe de éxito), y por mucho que parezca haber disfrutado del paréntesis cabe pensar que en su interior el mensaje ha calado.

La presión a la que se ve sometida llega en un momento de extrema soledad y retraimiento, y las consecuencias pronto se deja notar: depresión y reaparición de un síndrome obsesivo compulsivo. Algunos espectadores se han quejado de que esto sale de la nada y es muy forzado… Primero, no veo por qué puede ser forzado: encaja con el personaje perfectamente, por no decir que toda esta trama es gloriosa, desde su magnífica presentación en la cena con los padres al rescate romántico de Adam, pasando por la espectacular visita al psiquiatra o los temibles principios del camino de la autolesión, con el tema del bastoncillo. Segundo, sí se menciona de pasada en la primera temporada, al hablar de su aislamiento y masturbación compulsiva en alguna ocasión. La temporada acaba para Hannah como acabó el primer año: Adam está ahí, es decir, tiene otra vez la oportunidad de levantar cabeza y abrirse al mundo. ¿La aprovechará?

Aunque Hannah sigua siendo la protagonista absoluta, esta temporada se centra mucho, y muy bien, en Marnie. Pierde el trabajo y el novio y termina dando tumbos en una situación extraña y temible para ella: desamparo, soledad y destino incierto. Tibios intentos de reencontrarse a sí misma (lo del canto es un puntazo, el lío con el artista estaba abocado al fracaso, pues era una farsa idealizada) la llevan a través de un proceso de evolución muy interesante que desemboca en un tramo final estupendo. Cuando se da cuenta de que su ex, Charlie, ha alcanzado el éxito y la estabilidad, ella ve todo lo que ha perdido, y cae en su órbita hasta encontrarse también su madurez en el tema sexual, con lo que cae rendida a sus pies. ¿Ha sido un reencuentro con el amor, o está poniendo parches a su vida, aferrándose a una ilusión de felicidad? Uno de los mejores logros de Girls es que nada se da mascado, ni se cae en el sentimentalismo facilón (y mucho menos en el manipulador). El destino de Marnie está abierto a interpretación, cada espectador puede aportar su visión, experiencia y esperanzas.

Shoshanna, en su relación con Ray, empieza a dar sus primeros pasos en el tema estrella en la serie: el paso a la edad adulta. Y se asusta. Los miedos la atosigan: no estar a la altura, hacerlo mal, no estar preparada (tronchante la discusión sobre juegos sexuales, donde no se entera de nada)… y probablemente también se obsesiona con estar cerrándose puertas (vida, experiencias) al atarse a un novio, y por eso quizá tiene la aventura. La confusión mental que tiene no es pequeña: parece querer a Ray (o no, de nuevo, todo está abierto a interpretaciones: los sentimientos son difíciles de comprender y enfrentar), pero no es capaz de aceptarlo. La ruptura es otro momento extraordinario: exagerado, irreverente, divertido… y a la vez verosímil, natural, emotivo. De ahí a lo típico pero no por ello menos eficaz: a zorrear para sentirse viva… o para fingirlo.

A lo tonto, Ray ha ganado un protagonismo notable, que rivaliza con el de Adam. Y es muy de agradecer que haya réplicas masculinas con tanta presencia. Ambos son caóticos a su manera, pero también representan en cierto modo un ideal de estabilidad y madurez. Me encanta cómo Ray se asombra ante la ingenuidad de Shoshanna, que probablemente sea uno de los aspectos de ella que le atraen (sacándolo así de su mundo adulto conocido y tétrico y transportándolo a la fantasía y esperanza juvenil), y cómo intenta a veces sembrar cordura en el grupo, sin mucho efecto. De Adam me engancha su estilo excéntrico y directo. Muy interesante también su relación con la chica que conoce en el tramo final de la temporada, que se va al traste cuando Hannah aparece otra vez en su vida. Su forma de cambiar la dinámica de la relación, de fluida a difícil, por culpa de los sentimientos encontrados, es quizá lo más duro y cruel de la temporada: la escena del lefazo encima de la chica es un tanto asquerosa, en el término sentimental más que en el sexual.

La que sale perdiendo esta temporada es Jessa, que está prácticamente desaparecida. Parece que su parte se fue al traste por el embarazo de la actriz, con lo que el personaje, que tenía poca presencia en el primer año, en este se lo tienen que quitar de encima. En el poco tiempo que aparece vemos que el matrimonio como era de esperar sale mal, pues se descubre como otra huida hacia adelante poco meditada. Como solución, Jessa hace lo único que parece saber hacer: vuelve a huir. Por desgracia, el único episodio donde tiene más presencia (207, Video Games) es el único malogrado de la temporada: el viaje a sus orígenes (la familia, el pueblo) no termina de encontrar un rumbo tangible, con lo que Jessa sale de escena casi sin haber aportado nada a su personalidad. Habrá que ver qué pasa con ella en el futuro.

El acercamiento que hace Girls a los sentimientos y problemas juveniles es notable, magnífico en muchos momentos: inteligente, rebuscado y sutil a veces, pero siempre verosímil y emocionante. Se agradece una serie alejada de tópicos cansinos y la simplificación maniquea que suele verse en el género. La progresión de los personajes es bien tangible, en un estilo caótico y ambiguo como la vida misma. La combinación de drama y comedia está muy bien hilada. Los diálogos son largos y veloces y están llenos de humor agridulce con un estilo inconfundible y brillante difícil de describir, pues dentro de tanta excentricidad y salidas de madre siempre hay perlas de sabiduría abordadas con mucho ingenio. La temporada deja unas cuantas escenas memorables para remarcar: la cena con todos los amigos juntos, que se desmadra poco a poco (en el 204, It’s a Shame About Ray); el paseo de Adam y Ray con el perro y las mentiras que se lanzan Hannah y Marnie después de la ruptura de esta última, donde ambas envidian la felicidad (falsa) de la otra (206, Boys); cuando los padres de Hannah se dan cuenta de la aparición de sus tics, y la posterior visita al psiquiatra (208, It’s Back)…

Como aspecto negativo debo citar la obsesión de Lena Dunham por aparecer desnuda sin que la escena lo necesite. No sé si pretende lanzar el mensaje de “el cuerpo de las feas es normal” o qué, pero lo haga o no, reincide tanto y de forma tan innecesaria que termina resultando cargante. Es como el criticado sexo en Juego de tronos: ni siquiera funciona como erotismo lúdico (como el de True Blood), es que no pinta nada.

Y quiero terminar con una reflexión paralela. Me resulta sorprendente el impacto mediático de Girls. No hay medio oficial o amateur en el mundo de las series que no hable de Girls constantemente, y además con posturas enfrentadas. Que si es una serie extraordinaria o que si Lena Dunham es una egocéntrica creída y su serie una chorrada. Sinceramente, no veo material para tanto revuelo, ni mucho menos para generar polémica. No hay tramas, ni personajes, ni escenas raras o transgresoras como para merecer tantísima atención. Que sea una serie con un estilo original y propio no me parece suficiente para generar tal convulsión (cuántas hay así). Sin ir más lejos, la cancelada Hung tenía muchos más motivos para generar polémica (prostitución masculina a la cabeza) y muchas escenas escandalosas, y pasó sin pena de gloria. Al final está claro que todo esto es simple y llanamente una moda: algún medio popular empezó el juego con un entusiasmo que se contagió a los demás. Y claro, tanto foco encima genera el clásico problema de maximizar o exagerar las cosas de forma absurda. Ahora ya no se habla de si me gusta o no me gusta la serie, sino de si es una maravilla o una puta mierda, y he visto críticas de gente que se obliga a escribir porque es el tema de moda y se empeña en tomar partido en este juego del blanco y negro, como si no hubiera más opciones. No es raro ver a gente que no ha conectado o no ha entendido la serie y se fuerza a hablar sobre ella soltando sin sentidos, analizando los comportamientos de las protagonistas desde una perspectiva equivocada, empeñándose en que cada arco tiene un único sentido (he visto a algunos que no entienden el final de Charlie y Marnie, ni aceptan que Hannah se deprima “porque no le pasa nada”). En fin, supongo que el precio de la fama es toda esta tontería, pero bueno, sólo quería dejar constancia de mi desagrado sobre el opinar porque sí sin tener ni idea de lo que se dice.

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