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STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 1

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1987
Ciencia-ficción, suspense, drama | 25 ep. de 45-92 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Desine Crosby, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Will Wheaton.
Valoración:

Hay bastante consenso entre la mayoría de seguidores de Star Trek (o trekkies) en que la primera temporada de La nueva generación es la más floja junto a la séptima, que la serie no encontró realmente su camino hasta la tercera. Yo no lo comparto del todo. Aunque hay diferencias estilísticas y argumentales a partir de la tercera y en calidad media se puede considerar la mejor, la presente me parece superior a otras (segunda, séptima) y no puedo decir que sea claramente inferior a las restantes. A veces me da la impresión de que los fans miden la calidad según tengan algún gran episodio o no. ¿Y los otros veintitantos qué? Precisamente esta etapa tiene bastantes capítulos muy infravalorados.

Es cierto que hasta el tercer año no se adentran más a fondo en historias políticas y culturales de mayor recorrido y en episodios atípicos, temas y estilos aquí apenas presentados, pero en la línea de exploración y conflicto con lo desconocido (tanto ciencia como cultura), generalmente con subtextos de corte intelectual y ético, sienta unas bases estupendas que luego se repetirán mucho, rara vez aportando algo novedoso. Y en cuanto a los protagonistas, el carisma de estos brilla desde el primer momento, con unas personalidades y relaciones muy llamativas que te enganchan incluso en las aventuras menos logradas, pero salvo por un par de cambios de puestos apenas se moverán de su descripción inicial en los años venideros.

Se hizo evidente que la posición de algunos no fue la más acertada e hicieron algunos cambios en cuanto enfocaron la segunda temporada. Geordi es presentado aquí como timonel, pero el puente de mando está sobrecargado mientras en ingeniería tiran de personajes extras y excusas para que otros bajen allí, así que aparecerá como jefe de ingenieros sin más rodeos. Worf empieza como el alienígena de turno, pero su situación no queda clara, no es el tipo raro que debe adaptarse, lugar que ocupa Data, sino que empieza como segundo de Tasha Yar, la jefa de seguridad y encargada de la consola de combate, lo que es redundante y por ello estaba quedando relegado. Por suerte para él, la actriz abandona la serie al final de esta etapa y Worf toma su cargo y poco a poco adquiere mayor protagonismo, llegando a ser el personaje que más evoluciona o al menos el que más experiencias fuera del trabajo tiene.

En el acabado sí habrá modificaciones más llamativas. En cuestión de dirección es perdonable porque, como es de esperar, en el primer año falta práctica y dinero, y realmente sólo unos pocos capítulos acusan deficiencias dignas de mención, el resto ofrece un acabado muy bueno y no tardará en ir mejorando hasta ofrecer un estándar de calidad excepcional para una serie. Donde sí falla ostensiblemente es en una fotografía que acusa una iluminación que se quedaba vieja en esa época, pues era muy de la línea de la original, con focos puestos de mala manera de forma que hay sombras por todas partes, incluyendo los rostros de los actores. Tampoco en el vestuario empezaron con muy bien pie. La caracterización de personajes secundarios no ha envejecido bien, y para los principales diseñaron unos trajes elásticos un tanto cutres, que parecen pijamas, y que resultaban muy incómodos a los actores. En la tercera temporada, cuando Rick Berman toma el control de la producción, cambian ambas cosas muy para mejor.

La banda sonora se puede decir que tampoco se modernizó, optándose por una orquesta clásica, pero con el nivel de la composición de los dos músicos principales, Dennis McCarthy y Ron Jones, y la estupenda orquestación lograda, resulta por lo general muy versátil y tiene momentos estupendos. También hay capítulos o tramos donde está menos conseguida por las prisas, pero nunca como para lastrar el relato seriamente.

Como comenté en el apartado de la introducción, la producción fue un caos, los guionistas, productores menores y otros puestos técnicos seleccionados por el propio Gene Roddenberry entre amigos y colaboradores de la serie original (destacando a David Gerrold y D. C. Fontana, que trabajaron en la creación del concepto de la serie y el universo imaginario) acabaron todos enemistados con él por sus abusos laborales y personales, acrecentados por sus excesos con las drogas y su mal carácter, y fueron dejando la serie, y los relevos tampoco duraban. Sólo un escritor independiente, Tracy Tormé, también conocido de Roddenberry, se salvó o fue capaz de aguantar, y eso que sus ideas eran las más atrevidas y eran constantemente rechazadas o alteradas, primero por Roddenberry, luego por Maurice Hurley. Hurley, otro amigo cercano del creador, llegó poco antes de la mitad de temporada para tomar las riendas de la sala de guionistas, aunque no caía bien en el set y pronto empezó también a chocar con las formas de trabajar de Roddenberry.

Heredado de la serie clásica, la mayor parte de los episodios comienzan con una introducción narrada señalando donde está el Enterprise y cuál es su misión, y enseguida se presenta el conflicto, entrando así de lleno en materia sin necesitar varias escenas para situarnos. También hay narración a modo de resumen tras los fundidos en negro donde iban las pausas publicitarias, simulados como entradas del diario de abordo por parte del oficial al mando. Si bien denotan la estructura narrativa obligada para la televisión, no suelen resultar muy cargantes ni parecer algo demasiado viejo, pues son frases breves o aportan información y planes nuevos.

Aunque por el caos de los inicios de la producción algunos de los primeros capítulos quedaron algo cutres (Código de honor, Puerto) y otros vieron algo limitado su potencial (El último baluarte, Soledad en compañía), la maduración respecto a la serie madre se nota pronto, las bases del universo imaginario están mejor establecidas y son evidentes las mejoras presupuestarias y por tanto visuales. En el rango de historias empieza muy cerca de aquella, casi podemos decir que no se atreven a correr muchos riesgos, de hecho, el guion de El presente inexorable es una especie de continuación/remake de Horas desesperadas (107), y Un periodo de tiempo demasiado corto bebe mucho de los capítulos tipo Un lugar jamás visitado por el hombre (101). Pero pronto empieza a buscar sus propias historias de exploración (Donde nadie ha podido llegar), de choques culturales (Soledad en compañía, Ángel Uno), retos científicos y éticos inesperados (Números binarios, Suelo habitado) y conflictos con entes asombrosos y peligrosos (Datalore, La piel del mal).

Paulatinamente presentan las nuevas ideas que expandirán el universo. Las tramas iniciales de la holocubierta (El gran adiós) y Data (Datalore) no son redondas pero sientan unos precedentes para que en próximas temporadas las traten más a fondo. Las razas secundarias importantes van haciendo acto de presencia, siendo algunas nuevas y otras que apenas tuvieron desarrollo en la original: Los Klingon (Corazón de gloria), los Ferengi (El último baluarte, La batalla) y los romulanos (La zona neutral). Y hay unas pocas ideas de ciencia-ficción bastante complejas para la época: Números binarios trata informática avanzada cuando prácticamente nadie tenía ordenadores en casa, La zona neutral y Simbiosis parecen sacados de novelas del género.

La nueva generación resulta una actualización bastante buena, aprovechó las bases tan originales de la serie madre pero aportó su propia esencia. Llenó un hueco que tras la original y Galáctica, estrella de combate (Glen A. Larson, 1978) ninguna otra consiguió llenar, y lo hizo de forma que dejó poco margen a la competencia: la combinación de exploración y retos científicos (algunos como digo de nivel literario) con dramas y dilemas éticos de gran calado es fascinante, y todo se pone sobre los hombros de unos personajes con enorme magnetismo. Por ello es una obra muy perdurable en el tiempo, es decir, envejece bastante bien si exceptuamos los cutrecillos primeros episodios.

El estreno fue un éxito, con audiencias notables, más tratándose de un género minoritario, y gran rentabilidad gracias a emitir directamente en sindicación y a las ventas de derechos al resto del mundo. El fervor trekkie se mantenía vivo gracias a las películas de la tripulación original, pero La nueva generación lo llevó a donde nunca antes una serie había conseguido llegar.

Tras el salto incluyo el análisis por capítulos.
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THE EXPANSE – TEMPORADA 4

Amazon Prime Video | 2019
Ciencia-ficción, drama,
suspense, acción | 10 ep. de 44-52 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, David Strathairn, Cara Gee, Thomas Jane, Burn Gorman, Rosa Gilmore, Lyndie Greenwood, Jess Salgueiro, Paul Schulze, Dayle McLeod.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las tramas del año, aunque una vez presentadas se intuye todo y no avanzan nada, así que no te destriparás mucho si lees la crítica.–

Abordé The Expanse como a toda serie de ciencia-ficción, con recelo, porque a pesar de ser mi género favorito muy pocas han resultado realmente buenas. Pero me enganchó desde el primer capítulo dejando claro en pocos minutos la ambición y el buen hacer de sus autores, Mark Fergus y Hawk Ostby, adaptando las novelas de Daniel Abraham y Ty Franck. Varios frentes abiertos, dispares pero muy atractivos, intriga política de gran complejidad y un misterio fantasioso latente generando más incertidumbre ofrecían una temporada emocionante y magnífica. La segunda perdió un poco de fuelle, sobre todo en su tramo final, pues en vez de avanzar y crecer como prometía se frenó un poco y se tornó repetitiva. Parecía que la protomolécula iba a quedar como el argumento recurrente improvisado, en plan Expediente X (Chris Carter, 1993) con los esquivos extraterrestres, y los personajes habían llegado a su tope. Con todo, resultó una buena etapa.

Pero en la tercera sí dieron el salto argumental y cualitativo esperado. Es inevitable pensar que los guionistas se vieron venir la cancelación y se propusieron cerrar las tramas principales en desarrollo, pues parece haber dos temporadas en una, pero lejos de parecer precipitada resultó espectacular, una de las mejores temporadas de los últimos años. Pero entonces se confirmaron los temores de cancelación…

La pequeña empresa Alcon como productora y SyFy Channel como distribuidor apuntaron demasiado alto, pronto quedó claro que no podían mantener una producción tan cara (se estima en unos cuatro millones de dólares por episodio). Con Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) tuvieron más vista y mejor suerte, pues compartieron el esfuerzo con el canal inglés Sky One, desde el primer episodio las audiencias fueron notables y se vendió rápidamente al resto del mundo, mientras que The Expanse tenía entusiastas críticas y gran proyección en internet pero pocos espectadores reales en su emisión. Por suerte, estamos en la mejor época para las series, con plataformas como Netflix o Amazon Prime Video que permiten mejor retorno monetario al tener una proyección internacional sin necesidad de negociar con otras compañías. Estaba claro que acabaría distribuida en una las dos, salvo que en las negociaciones alguno de los productores se pusiera tonto.

Amazon fue quien ganó la puja, y desde entonces era obvio pensar que habría menos restricciones, como de número duración de episodios, de censura (temática, lenguaje, sexo, violencia), y quizá un mayor aporte de dinero también. Pero la cuarta temporada ha estado muy lejos de cumplir las expectativas, ofreciendo un retroceso brutal en ambición y calidad.

Cruzamos el anillo creado por la protomolécula para ir a otros sistemas solares. Pero el siguiente paso de la expansión de la humanidad arrastra los problemas mal cerrados de la etapa anterior. La débil paz entre la Tierra, Marte y el cinturón (divididos entre simpatizantes de la OPA y quienes quieren dejar el terrorismo atrás) no es sino una fachada tras la que se cuecen nuevos intereses.

Lo vive Chrisjen Avarasala en la campaña política, con una oponente populista ciega a los problemas reales. Lo descubre Bobbie en Marte, donde el gobierno militarista se desmorona y facciones criminales quieren hacerse ricas con las migajas. Lo intuyen Camina Drummer y Klaes Ashford intentando atajar a los cinturianos rebeldes y terroristas que quedan tratando de poner a todos en guerra otra vez. Y sobre todo lo enfrenta la tripulación de la Rocinante en Ilus, el planeta recién colonizado, donde refugiados del cinturón esperan formar una nueva vida mientras los mercenarios del gobierno llegan para disputar las nuevas riquezas.

Las maravillas del universo al alcance de la mano no bastan para cambiar al ser humano. La ambición egoísta, el rechazo cuando no odio a las distintas formas de pensar y vivir la vida, y los intereses políticos y económicos crean facciones que difícilmente pueden convivir. La serie mantiene así su estilo verosímil no sólo en ciencia espacial, sino sobre todo como reflejo de la realidad. Pero las tramas en las que subyace esta temática no tienen el ritmo, profundidad y fuerza de antaño.

Son muchas las carencias que van sumándose entre sí y limitando el demostrado potencial que puede alcanzar, y aparecen muy pronto, tanto que la decepción me envolvió en el primer episodio y no se desvaneció en adelante, sino que fue creciendo hasta que vi los últimos con gran desgana, cuando las temporadas anteriores las engullí y volví a ver en poco tiempo. Esta la quiero olvidar y esperar que la quinta remonte y la deje como un mal sueño.

Pensaba que volver a diez episodios contra los trece anteriores me iban a parecer poca cosa, pero se me ha hecho bastante larga. Avanza migajas en las tramas globales, los personajes no se mueven lo más mínimo, es todo una sucesión de aburridas vueltas en círculos con clímax forzados para intentar levantar el interés. La naturalidad e imprevisibilidad con que desarrollaban los hechos en las etapas anteriores no vuelve a verse. El ritmo trepidante, los múltiples frentes intrigantes, los personajes principales y secundarios en constante evolución tampoco están al mismo nivel. Y la fascinación por lo desconocido que se esperaba al abordar la exploración del universo no llega a aparecer en ningún momento.

Todo se cambia por historias predecibles, estancadas en nimiedades que se repiten episodio tras episodio. Una vez presentada, cada sección se mueve muy poco y en direcciones muy fáciles de ver venir. Desde el primer capítulo se sabe con certeza que Bobbie no encajará en Marte y volverá con Avasarala, que los cinturianos buscan gresca, que los gobiernos de Marte y la Tierra se quedan atrás mientras grupos misteriosos varios pasan al frente, que Holden y sus compañeros tratarán de arreglar el lío en la colonia, y que todo junto forma de nuevo un polvorín a punto de explotar.

Sólo algunos tramos de las aventuras de Camina y Klaes son llamativos, pero aparecen poquísimo. Sólo breves instantes de las elecciones en la Tierra resultan mínimamente intrigantes, y no es que sea una historia de altos vuelos comparada con las vivencias anteriores de Avasarala. Y sólo Bobbie aporta algo de emoción en la parte dramática, de forma que es el único personaje que recorre un camino demasiado evidente aportando al menos un conflicto interno llamativo. Por el otro lado, por desgracia la tripulación de la Rocinante no se mueve un ápice, cada uno se queda atascado en su característica más destacable de forma que en cada nuevo capítulo tienen su aportación obligada y ya está. Holden empeñado en salvar a todos, Amos bruto como él sólo, Alex buenazo sin enterarse de casi nada, Naomi idealista y apenada por tanto problema…

Y para rematar, una serie estupenda en cuanto a personajes secundarios, sin miedo a que entren y salgan constantemente de la acción, también patina un montón en este aspecto. Ninguno de los nuevos logra despertar el más mínimo interés, ni la banda de Marte, ni las familias, la doctora y la soldado de Ilus, ni mucho menos el líder mercenario enviado allí por la Tierra. Este villano, interpretado por el siempre sobreactuado Burn Gorman, empieza siendo cargante, pero pronto se torna ridículo por culpa un dibujo tan simple y a la vez excesivo que resulta impropio de esta producción incluso contando con el bajón generalizado.

La fascinación por lo desconocido, el factor descubrimiento tan esencial para que una obra de ciencia-ficción te maraville, no va más allá de las expectativas que te hayas generado en la espera por ver cómo empiezan a explorar el universo. La historia de supervivencia en un planeta desconocido es muy ramplona, y parece que los guionistas lo saben, porque tiran de sensacionalismo, de giros rebuscados y suspense barato cada dos por tres. Los problemas con la protomolécula y el conflicto entre los colonos y mercenarios resultan demasiado artificiales, puestos a designio de los escritores según necesiten una pausa, acelerar los hechos, intriga o drama. En todos los capítulos ese villano de pacotilla pasa de amenazar con matar a todos a trabajar en grupo, de estar cabreadísimo a pasearse entre colonos, la visión de Miller aparece y desaparece a conveniencia, la protomolécula amenaza con algún nuevo enredo absurdo, y los protagonistas se pasean sin terminar de hacer nada concreto para no acabar con las tramas antes de tiempo. Y a pesar de todo, aun tiene momentos en que sorprende para mal: la subtrama de la ceguera es patética, vergonzosa.

Si para el final esperabas una gran revelación con la protomolécula y que el polvorín de todo el sistema solar estalle en nuevas apasionantes historias, puedes darte con un canto en los dientes. El misterio con la protomolética tiene una resolución lastimera, lo demás queda todo en suspenso, sólo hay resoluciones secundarias, todas flojar cuando no penosas, como el cutre duelo final entre Holden y el villano.

La inteligente visión de la humanidad, la simpatía que todavía queda en los protagonistas, y el excelente acabado visual, que otorga ritmo y empaque a historias anodinas (atención a cómo en el planeta cambian el formato de imagen a panorámico), logran mantener a flote una temporada con más fallos que logros, con tramos bastante aburridos y una parte final sin savia alguna.

He pasado de pensar que a The Expanse le vino muy bien acelerar y concentrar las historias en el tercer año debido la sombra de la cancelación a temer que hayan optado por una narrativa a lo The Walking Dead y Vikingos ahora que pueden tener muchas temporadas por delante, esto es, estirar el chicle hasta que pierda toda sustancia. Lo que han contado en diez episodios cabía en uno, dos a lo sumo. Es la presentación de lo que deberían haber desarrollado en el resto, pero nos marean con tonterías y engaños y lo dejan para el siguiente año… y veremos cuánto avanzan ahí y cuánto se resiente la serie si mantienen este estilo. Por ahora me queda el consuelo de que difícilmente pueda seguir el nefasto rumbo de Battlestar Galactica, porque esa dejó claro la improvisación de sus tramas y personajes en el irregular primer año, con lo que no sorprendió que perdiera calidad rápidamente, mientras que The Expanse tiene unas bases muy sólidas, tanto por las novelas como por las tres buenas temporadas que llevamos.

PD: Hasta ahora la había visto con subtítulos de aficionados, y estos eran fieles al original (y cuando se confundían con las armadas marcianas lo podía arreglar sin problemas), pero cuando la serie la adquirió para España Netflix y luego Amazon resulta que estos cambian las iniciales de todas las organizaciones, haciéndolo muy confuso. ¿Te imaginas que en vez de FBI y CIA pusieran AFI y ACI o algo así? Cuando en pantalla ves OPA, MCRN y demás pero te subtitulan con unas letras que parecen elegidas al azar lo único que consiguen es marear al espectador. Ya sé que una es la armada de Marte y la otra la alianza de planetas exteriores, no me compliques las cosas. Y la traducción “cinturionianos” en vez de la natural y lógica “cinturianos” es horrible. No sé cómo habrán apañado la jerga de los planetas exteriores, algo desde luego complicado. El doblaje en sí no sé qué tal estará, como siempre, recomiendo la versión original.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
Temporada 4 (2019)

EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD

El Camino: A Breaking Bad Movie
Netflix | 2019
Drama, suspense | 1 ep. de 122 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Diane Mercer.
Intérpretes: Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker, Jesse Plemons, Scott Macarthur, Scott Shepherd, Jonathan Banks, Krystin Ritter, Bryan Cranston.
Valoración:

Alerta de spoilers: Diría que señalo algunos aspectos del final, pero realmente no cuenta nada nuevo respecto a la serie y no revelo detalles concretos.–

Con Breaking Bad terminada por todo lo alto y una secuela que explora otras opciones (Better Call Saul) en marcha, ¿qué necesidad había de ofrecer un tardío epílogo? Cierto es que se puede pensar que siempre puede haber otra etapa en la vida de los personajes que relatar (hasta la muerte, obviamente), pero si no era relevante para desarrollarla durante la serie, y no hay una clara sensación de que se quedaron cosas en el tintero por falta de tiempo o recursos, ¿por qué andar mendigando resquicios por donde tirar seis años después? Viendo el resultado, está claro que en vez de trabajarse un homenaje que fluya con naturalidad mientras desarrollan una historia con novedades y bien trabajada que pueda despertar nuevo interés, Netflix y Vince Gilligan han buscado únicamente exprimir a los seguidores más fieles.

Ver a Jesse Pinkman en libertad era un buen final, no dejaba cabos sueltos, pues los enemigos estaban eliminados y la poderosa órbita de Walter White desaparecida, y tuvo el toque justo y necesario de emotividad: el calvario del joven ha terminado y puede intentar rehacer su vida. Volver atrás y tratar de aportar novedades a historias ya cerradas tiene todas las decepcionar, y más después de tanto tiempo, con la serie tan idealizada. Cada espectador se habrá imaginado un destino distinto para Jesse… y el que nos ofrecen no convence lo más mínimo. No aporta a su arco dramático nada que no estuviera claro o al menos se intuyera en aquel desenlace, y hasta llegar de nuevo a la conclusión hemos tenido dos horas perdidas en una lucha por la supervivencia muy floja en interés y calado.

Es decir, El Camino es puro relleno para llegar a la misma situación. Con libertad y sin ataduras tiene la posibilidad de retomar su vida como quiera y pueda, pero esa historia no hay necesidad de contarla. Por eso no lo han hecho aquí. Y que fueran conscientes de ello no hace sino confirmar que sabían que era una película innecesaria, un reclamo para fans.

La sensación de que es un episodio menor, de transición entre cosas más importantes que están por llegar, es constante. La serie era terriblemente irregular, pero aun así este capítulo se siente por debajo de los más flojos en ritmo y en contenido. Ninguna acción parece generar secuelas ni allanar un viaje emocional concreto y novedoso para el protagonista, todo son anécdotas sin trascendencia ni algún atractivo extra. Salvo en la inicial escena de persecución, bastante tensa, no se teme por lo que le pueda ocurrir, no te asombras con situaciones imprevistas que descolocan cualquier intuición que tuvieras sobre el porvenir, elementos que hicieron destacar a la serie, y el final es anticlimático a más no poder. El último clímax depende exclusivamente de si un tipo llama a la policía o no, y ninguna de las dos opciones promete nada extraordinario ni llega a ofrecerlo. Con las aventuras tan espectaculares y originales que hemos tenido durante las temporadas, ahora pretenden captar nuestra atención con una simplona huida de las autoridades y una artificial venganza contra un villano de poca monta que se han sacado de la manga, porque como decía, todas las tramas estaban bien cerradas.

La inspiración de Vince Gilligan también brilla por su ausencia en el acabado, que luce como una película de cine de presupuesto menor porque hay talento y experiencia de sobra, pero la inventiva de la que hacía gala en cada episodio, y seguramente con menos dinero y tiempo, aquí no está presente. Intenta unas cuantas escenas con los reconocibles enredos visuales, pero estas no logran impresionar ni agilizar tramos de menor interés. Por ejemplo, la búsqueda de dinero en el piso se alarga hasta aburrir.

El Camino vive exclusivamente de la referencia, de jugar con la añoranza del espectador. Para los seguidores que tienen endiosada la serie, se la han visto mil veces y buscan cualquier detalle para seguir alimentando su idolatría, Gilligan hace malabares para citar detalles rebuscados y mostrar fugazmente personajes muy, muy, muy secundarios que sólo ellos puedan identificar y así saciar su apetito. Para los que vimos la serie y seguimos adelante con nuestra vida buscando otras obras originales y de gran calidad, porque por mucho que digan sus fanáticos Breaking Bad no fue la mejor de la historia ni entra en la categoría de obra maestra, tiene también su ración de gominolas, estás más baratas: mete con calzador otras figuras más reconocibles pero que ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Mike, Walter White y Jane Margolis no aportan absolutamente nada, de lo que canta el intento de conmover obtiene lo contrario, molesta porque intenta engañarte con trucos manipuladores. Sólo con Badger y Skinny Pete consigue un homenaje bonito y bien hilado. Todd en cambio no funciona del todo: resulta simpático, pero su presencia es puro relleno, una trama secundaria para matar el tiempo.

Gracias a la conexión con Jesse y el excelente papel de Aaron Paul, que tiene pocos diálogos pero logra transmitir bien su desesperación y miedos, el visionado logra engancharte lo suficiente para que esperes que la historia llegue a concretar algo y explote de una vez. Pero ni las partes más intensas, como la persecución inicial, la aparición de los falsos policías y el duelo con estos, logran mitigar la sensación de que El Camino carece de inspiración y esfuerzo en su creación. Apenas vale para pasar el rato, y no da lo suficiente como para dejar huella y pensar en volver a verla.

PD: Robert Forster rodó su parte (interpretando al dependiente de la tienda de aspiradoras) a pesar de sufrir un cáncer de cerebro. Murió justo el día de estreno de la película, el viernes 11 de octubre.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
-> El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 3

BBC Two | 2016
Drama, suspense | 6 ep. de 54-58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Paddy Considine, Packy Lee, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Jan Bijvoet.
Valoración:

No sé si el creciente éxito de la serie tuvo algo que ver ni si se encarrila en las siguientes temporadas, pero su productor y prácticamente único guionista Steven Knight apunta demasiado alto en esta etapa partiendo de unas bases que no permiten tanta ambición, y termina sufriendo un gran tropiezo.

Con seis capítulos por temporada, un presupuesto ajustado y pocos personajes dio forma en sus dos primeras temporadas a un sencillo y entretenido relato sobre las intrigas criminales de una mafia de barrio. Pero la maduración a la que apuntaba en la segunda, con los personajes secundarios ganando profundidad y ofreciendo en general historias más variadas que las predecibles aventuras con que había empezado, no ha seguido su buen curso.

Manteniendo el número de episodios, con ocho personajes mal contados y tres escenarios y medio (la casa de apuestas, la mansión, la calle, una fábrica) no da para sostener la épica intriga criminal pretendida, así que se la temporada se cae a pedazos, resulta artificial, descabellada, caótica… Saltamos entre dramas personales inestables, con giros sensacionalistas que salen de la nada y cuyas consecuencias se despachan con trazos mal dados, e intrigas rebuscadas sin que nada llegue a desarrollarse por completo, sin que calen los hechos en la situación criminal y psicológica de los protagonistas, y desde luego sin que resulte creíble de cara al espectador.

Los Peaky Blinders han pasado de luchar a mamporros con otras bandas locales por unos pocos pubs y fábricas y las apuestas de la zona, a controlar Birminghan sobre todos los rivales italianos, judíos, gitanos y demás, y a tener todo negocio bajo su control. Han pasado de tener en nómina a unos pocos policías de la zona a subyugar comisarías y meter mano en la política. Y no me lo creo. No se ha visto cómo han logrado tales hazañas ni cómo las mantienen en pie, no resulta verosímil en ningún momento. Son una pequeña familia con un puñado escaso de matones a sus órdenes, no se ve un entramado criminal de grandes proporciones que haga posible tal dominio. Lo mismo se aplica a los nuevos enemigos y el plan criminal principal de este año, donde Knight se ha flipado cosa mala y termina haciendo bastante el ridículo.

Thomas Shelby se encuentra entre la espada y la pared cuando una organización secreta afín al gobierno le exige ejecutar un complot de grandes proporciones. Este entramado supuestamente temible y de largos tentáculos lo representa un solo personaje, un cura interpretado por Paddy Considine. Ni el actor ni el rol dan la talla como genio del mal, ni mucho menos hacen tangible la supuesta fuerza de esa organización. Nos hemos de creer porque sí sus amenazas de que controla el país a su antojo y la rebuscada combinación de planes anticomunismo, lazos rusos, confabulaciones para desestabilizar gobiernos extranjeros… Nada de esto se ve realmente, sólo se oye en boca de Tommy. Si yo fuera uno de sus hermanos pensaría que está loco, porque sólo él ve esas cosas.

En cada capítulo parece que va a ocurrir algo grande y espectacular, pero casi todo se resuelve fuera de pantalla, en plan “He ordenado que corten las calles y detengan a los soldados de la banda enemiga, así que hemos ganado”, “Para ejecutar este robo imposible hemos convencido a todas las fábricas de ir a la huelga”, etc. Muchas veces vemos solamente cosas triviales, como a Tommy mirando a la nada con temores y dudas o la enésima disputa con los hermanos, y en la escena siguiente aparece con esa frase que resuelve todo. La guerra con los italianos, la organización secreta manejando los hilos, los rusos que unas veces parecen unos muertos de hambre y otras se supone que tienen gran poder, diversas fases de los planes de enviar armas y robar joyas… Todo son vaguedades que no llegan a concretarse.

El carisma de los personajes no sirve esta vez para tapar huecos, porque estos son muy grandes y a veces los engullen. Tommy pasa por mil fases sin que se terminen de desarrollar los eventos y tratar las consecuencias adecuadamente. Otrora un personaje con motivos claros, un rumbo de acción determinado y un esfuerzo personal visible en todo momento, ahora es un ente hueco dando bandazos según le viene al escritor. La relación con Grace sigue siendo un desastre, no hay química entre los actores ni trabajo desde el guion que le otorgue forma, y el giro que cambia las cosas es de un ridículo que espanta. Entre los momentos más fallidos cabe destacar esa parte en la que Tommy está medio muerto de una paliza (cráneo fracturado y todo) y, tras señalarnos que ha estado meses hospitalizado, vuelve al juego sin que el paso del tiempo haya perjudicado a su poder ni cambiado nada. Entonces, ¿para qué tanto enredo?

La dinámica con los hermanos es totalmente volátil, un día son una banda de fidelidad inquebrantable, al siguiente todo recelos y peleas. La disputa con el cura maligno es delirante, bastaba con pegarle un tiro a la primera de cambio. Tras resultarme muy atractivo en su presentación, me ha sentado muy mal que Michael esté desaprovechado casi todo el tiempo y al final salte a primer plano con uno de esos virajes tan poco meditados: “pues ahora me acuerdo de que ese cura abusó de mí cuando era un crío”, y ahora de repente quiere formar parte de las acciones criminales y matarlo. Polly tiene un romance cansino con un tipo anodino que no lleva a ninguna parte, y eso que Alexander Siddig es un gran actor. Al final, de la familia de Tommy sólo Arthur mantiene cierto nivel, porque a John siguen sin desarrollarlo y las mujeres son de adorno. Pero al principio descoloca un montón, porque aparece casado con una católica irredenta que intenta controlarlo… ¿Cómo se ha enamorado y atado a alguien así? Por ello, su arco de buscar redención y dejar de pecar parece muy forzado.

Lo único rescatable, aparte del magnetismo de Cillian Murhpy y el cada vez mejor papel de Paul Anderson como Arthur, es Gaite Jansen y su alocada y seductora princesa rusa. También destaca el estilo audiovisual cada vez más. Aunque la dirección es mejorable en muchas ocasiones, la fotografía es un deleite, y la música con temas rock modernos muy bien fusionados con las imágenes ya es un sello inconfundible.

Peaky Blinders venía siendo bastante interesante a pesar de su escaso alcance, pero la tercera temporada pega tantos tiros al aire que no termina de formar una historia coherente y amena. Se me ha hecho muy pesada y decepcionante, no entiendo que la crítica se volcara tanto con ella y el público encontrara una serie supuestamente asombrosa y adictiva.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2016)

MINDHUNTER – TEMPORADA 2


Netflix | 2019
Suspense, drama | 9 ep. de 48-63 min.
Productores ejecutivos: David Fincher, Charlize Theron, Jennifer Erwin.
Intérpretes: Jonathan Groff, Holt, McCallany, Anna Torv, Stacey Roca, Joe Tuttle, Albert Jones, Lauren Glazier, Gareth Williams, Nate Corddry, Dohn Norwood.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las líneas principales de la temporada. —

A la hora de publicar esto no he encontrado declaraciones oficiales ni artículos que especulen con lo que ha pasado, pero está bastante claro que el creador de la serie, Joe Penhall, ha abandonado el barco. En los créditos aparece como “creador”, una cita obligatoria, y más escondido como “consultor”, a pesar de que se sabe que al menos hasta enero estuvo trabajando en la segunda temporada, lo que le habría valido un cargo de “productor” o de “guionista” (“story by” en algún episodio, al menos), mientras que “consultor” viene a ser un puesto honorífico con sueldo que suele darse cuanto te despiden y no quieren que armes jaleo. Estoy convencido de que se debe a que Fincher, que se fue imponiendo en todo aspecto creativo el primer año, ha terminado haciéndose con el control total y Penhall se ha largado o ha sido despedido. Los nuevos guionistas principales son Joshua Donen y Courtenay Miles, colaboradores habituales de Fincher, aunque hasta ahora más en el aspecto de la producción que de la escritura.

El desenlace de la primera temporada cayó en el único traspiés notable que tuvieron los autores en la presentación de la serie: dejamos a los personajes en un final bastante sensacionalista que no encaja en el tono tan serio y realista que habían planteado. Por suerte, ha sido un desliz breve. La segunda etapa vuelve a encarrilarse abordando las consecuencias de aquellos hechos con la narrativa sobria y sutil tan característica.

Lo que parecía el bache más importante y peliagudo durante el proyecto de los protagonistas se toma como otra anécdota en la dinámica y la política del trabajo: la alteración de unas declaraciones y el chivatazo del nuevo miembro del equipo se despachan muy rápido, con lo que cabe pensar que no deberían haberle dado más relevancia que a otros conflictos. Las dudas de lealtad, los roces personales y sobre todo la lucha por sacar adelante su investigación en una cadena de mando llena de intereses (la mayor parte conservadores) ya estaban ahí y siguen trayendo nuevos problemas la mar de interesantes.

Al ataque de pánico de Ford se le dio demasiado dramatismo para que al final no tome tanto protagonismo y sea sólo otra característica más de su personalidad, y las hay más importantes, como su ambición superior a su experiencia y su nulo tacto político propiciado por sus ganas de quedar como un héroe. ¿Madurará o seguirá chocando contra sí mismo una y otra vez? La ruptura sentimental de Wendy parecía muy mundana para una obra tan inteligente, pero por suerte la nueva pareja da mucho más juego, pues se abordan mejores análisis sobre el comportamiento humano, que es de lo que va la serie. Se ve obligada a separar su vida personal de la laboral, pues ve que ni en ese ambiente tan progresista abunda la tolerancia a otras formas de entender la vida. Los líos familiares de Bill se relacionan mejor con la parte policíaca, pues confiere a las investigaciones una perspectiva más humana, más dramática. Enfrenta en sus carnes lo que está estudiando cuando su hijo acaba implicado en la muerte de otro niño: ¿y si es como esos asesinos en serie?, ¿cómo puede evitarse que una persona crezca siendo así?

Hay que alabar el papel de los tres protagonistas principales, Jonathan Groff, Holt McCallany y Anna Torv, que están impresionantes en el difícil tono de la serie, la contención, los suspiros, las miradas… Son capaces de reflejar cualquier estado de ánimo con gestos velados y silencios.

Secundarios hay pocos pero tan interesantes que deseas que aparezcan más. Gregg Smith (Joe Tuttle) intenta superar sus problemas para integrarse saltando a realizar entrevistas, pero verá que tiene mucho que aprender. El nuevo jefe (Michael Cerveris) parece simpático y dedicado… pero pronto se ve que es más bien ladino y que la dedicación va encaminada a su carrera profesional. El agente Jim Barney (Albert Jones), que era el candidato perfecto para el puesto que tomó Smith por enchufe, acaba colaborando con ellos; su profesionalidad y dedicación darían mejores frutos… si no fuera negro. La mujer de Bill, Nancy (Stacey Roca), representa muy bien el lado civil, los que no son capaces de entender y soportar la violencia y crueldad de la que hacen gala algunas personas… sobre todo si son conocidas. Y hay que destacar de nuevo el gran trabajo de caracterización que han hecho con los asesinos reales que aparecen. Todos están fielmente representados, resultan fascinantes a la par que inquietantes, y con ellos los autores canalizan muy bien los temas que quieren tratar. Eso sí, al final, el menos llamativo ha sido el más hablado estos días, Charles Manson.

Sigue habiendo unas pocas entrevistas a convictos que mantienen la línea compleja e instrospectiva habitual. Cada una aporta vivencias a los personajes, los lleva a conocerse mejor, y también deja sesudas reflexiones sobre el ser humano. Pero sabiamente los autores evitan el desgaste o la sensación de estancamiento saltando pronto a un caso que servirá de arco central esta temporada. No rompe las formas, pues se trata con el mismo estilo metódico y profundo, pero nos lleva a nuevos escenarios y a aplicar lo que los protagonistas han ido estudiando.

El FBI va modernizándose poco a poco, y llegan mejores tiempos para la Unidad de Ciencias del Comportamiento. No será un camino de rosas, pero sus esfuerzos empiezan a dar frutos: son respetados por sus compañeros y poco a poco su labor influye en otros cuerpos de la ley y en la política. En esta nueva fase enfrentan un paso crucial: pondrán en práctica lo aprendido con el perturbador asesino de niños de Atlanta, que se cree que dejó un reguero de treinta adolescentes, sembrando el pánico en la región.

Entramos en una investigación en la onda de The Wire (David Simon, 2002), pero con una perspectiva más sórdida y psicológica. Hay análisis social y político con gran visión global y obsesión por el detalle, pero se mantiene por encima de ello el sombrío e intimista acercamiento a la mente humana. Los condicionantes sociales y familiares, los traumas durante el crecimiento y los análisis éticos se dejan entrever en todo momento con una verosimilitud y sensibilidad insólitas.

El ritmo mantiene el tono sosegado pero hipnótico del primer año. Hasta la conversación más larga y tranquila cautiva por su sugestivo trasfondo y la fantástica puesta en escena con el toque Fincher, capaz de sacar una belleza inquietante hasta de la habitación más anodina. De nuevo Mindhunter te engancha y no te suelta, y te llama para volver a verla y buscar detalles que se te hayan escapado. Por ello me sorprende y apena ver a algunos espectadores decir “no pasa nada, es muy lenta”, cuando en cada plano, frase y gesto hay algún matiz que aporta esencia al conjunto. Un suspiro o mirada en una de las entrevistas refleja la reacción y maduración de los personajes, y esto tendrá consecuencias más adelante. Desde luego, no está hecha para quienes esperan hechos simples y directos, como un flashback que te dé mascadita la escena del crimen y una persecución molona.

El tener una investigación policíaca más clásica, por bien ejecutada que esté, limita un poco el factor originalidad con que asombró tanto en la primera temporada, pero pegas reales encuentro pocas. La historia de Wendy vuelve a quedar un poco descolgada en la parte final, no son capaces de mantener al personaje en el foco con algo más interesante que un nuevo conflicto amoroso, pero al menos no faltan a la historia real metiéndola por la fuerza en el caso. Hay un giro al final que, sin más explicaciones, hay que considerarlo poco meditado o un agujero de guion; lo comento más abajo. No me ha gustado que en una obra siempre tan arriesgada opten por incluir el típico epílogo de reposicionamiento de personajes mediante un montaje de escenas cotidianas y musiquita facilona. Me molestan algunas traducciones que hace Netflix en España: los detectives son convertidos en inspectores y los comisarios en directores, y ni por asomo es lo mismo. Y, sobre todo, pesa el miedo a que la cancelen porque es demasiado exquisita y exclusiva y la vemos muy pocos espectadores.

Alerta de spoilers: Entro en un aspecto importante del final.–
Que la mujer de Bill se largue con el niño está muy cogido por los pelos. Estando en plena evaluación de los servicios sociales, si se ha escapado sin avisar de la separación y si se ha ido a otra ciudad, como decía poco antes que le gustaría, la pondría prácticamente en busca y captura por la justicia y podría perder la custodia. Bastaba incluir una escena con ella explicando que su marido genera un ambiente inadecuado para el niño y los servicios sociales aceptaran un divorcio exprés; espero que empiece así la siguiente temporada y tape el agujero, si no, será un giro sensacionalista que genera graves incongruencias.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

JESSICA JONES – TEMPORADA 3 Y FINAL


Netflix | 2019
Superhéroes, drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Melissa Rosenberg, varios.
Intérpretes: Krysten Ritter, Rachael Taylor, Eka Darville, Carrie-Anne Moss, Janet McTeer, John Ventimiglia, Benjamin Walker, Jeremy Bobb, Sarita Choudnhury, Aneesh Sheth.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro bastante a fondo. —

Al igual que Daredevil, y se suponía que también Iron Fist y Luke Cage, pero salieron muy malogradas, Jessica Jones nació con la intención de, potenciando el tono ya oscuro de los cómics, aportar una perspectiva más adulta y compleja a un género habitualmente muy luminoso y maniqueo, con la excepción de Batman y pocos más. Héroes impolutos o con problemas emocionales sencillos y conflictos con villanos arquetípicos basados en la fuerza o en un reto intelectual sin complicaciones serias son la tónica más habitual.

La premisa inicial es básica. Jessica Jones es superior físicamente y muy capaz en su trabajo y se dedica a hacer el bien. Pero en el fondo se habla sobre personas traumatizadas, familias rotas, una justicia muy falible y la frustración y dramas que eso conlleva, la fina frontera entre héroe, justiciero y villano… Por ello era lógico que en vez de ponerla ante el típico malo que vencer a tortas hubiera algo distinto. Y vaya si lo hubo.

En la primera temporada, Jones se enfrentó a probablemente el villano más temible que hemos visto en el género en cine y series, Kilgrave, un ser capaz de manipular las emociones de los que lo rodean. En la segunda, el enemigo era más cercano, su propia madre, con lo que el drama era de altos vuelos. En ambos casos la protagonista era puesta a prueba de las formas más crueles imaginables tanto en el lado emocional como en la responsabilidad del héroe. ¿Cómo enfrentar el reto sin destruirte como persona ni traicionar los límites morales?

Aunque fueron temporadas irregulares, más la segunda, los protagonistas estaban muy bien trabajados y cuando la confrontación alcanzó sus momentos álgidos el nivel fue muy alto. ¿Qué nos ofrece la tercera etapa? Repetición de ideas, vueltas en círculos y rellenos entre anodinos y cargantes.

Como en todas estas series relacionadas, salta a la vista que obligar a tener trece episodios por año no les ha sentado bien. Hasta en Daredevil en sus mejores momentos hacen esfuerzos evidentes para cumplir con el número. Quizá con seis episodios a lo sumo, yendo al grano, esta nueva historia de Jessica Jones habría resultado más amena, aunque fallara en las novedades y la profundidad. Pero con trece se hace muy cuesta arriba.

Los cinco primeros te los puedes saltar, no perderás el hilo conductor y ganarás tiempo de vida. Jessica y Trish están tristes por la muerte de la madre biológica de Jess, y tratan de rehacer sus vidas, pero nada llamativo, y mucho menos novedoso, ocurre. Odian sus vidas y trabajos, van como zombis por el mundo. Así todo el rato. Casi pasamos más tiempo con los secundarios, pero no funciona. No puedes pasar a primer plano a figuras que eran un apoyo puntual para las protagonistas principales, y menos con dramas tan artificiales, y esperar que ganen nuestra atención a estas alturas. La abogada Jeri Hogarth de repente tiene una enfermedad mortal, uy pobrecita, y trata de recuperar a una vieja amada para no sentirse sola. Nos torturan con infinidad de cansinas y repetitivas escenas de romance y peleíllas que en realidad no aportan nada a la serie. El investigador Malcolm Ducasse quiere hacer algo de valía, tener un trabajo respetable, pero hacerlo con Jeri significa tener éxito y dinero a costa de sacrificar la ética. Y duda, y duda, y así hasta la eternidad. He acabado hartito de las mimas muecas del limitado intérprete Eka Darville. Y para colmo, el simpático vecino latino de Jess desaparece sin dejar rastro, sea porque el actor se largó o porque los guionistas querían forzar otra relación amorosa en tensión con un nuevo personaje y no sabían qué hacer con ese obstáculo. El nuevo es Erik Gelden, un tipo misterioso que dice poder sentir la maldad en las personas, pero cuya lealtad e intereses Jess no logra descifrar. El actor Benjamin Walker juega muy bien con el amplio rango de actitudes que finge o sufre el rol: carisma, patetismo, cercanía, falsedad, traumas… Eso sí, su hermana no pinta nada, es para darle más minutos de relleno a Malcolm, igual que la novia que este se echa en el bufete.

Podrían haber puesto unos cuantos casos del día, que viéramos a Jess trabajar mientras intenta levantar cabeza, potenciando así el noir (¿qué fue también del detective rival, el asiático chungo?) en vez de tanto dramón impostado, y mostrar de tanto en tanto indicios breves de la trama de largo recorrido, como se ha hecho siempre, en vez de dejar todo en suspenso a base de repetir lo mismo una y otra vez.

En el sexto y séptimo episodios, ¡a mitad de temporada!, parece que va a remontar la cosa. Por fin sacan del armario a Trish, como intentando sorprender a pesar de que eran evidentes sus intenciones desde la temporada anterior. Está obsesionada con convertirse es una superheroína, pero finge querer hacer el bien cuando lo único que busca es superar a Jessica y dar rienda suelta a su ira a base de golpear a los malos.

Paralelamente presentan, ¡ya iba siendo hora!, al villano que será el hilo conductor de la misión y responsabilidad del héroe en esta etapa. Gregory Sallinger (un inquietante Jeremy Bobb) es otro enemigo acorde al estilo de la serie: sus capacidades vienen por el lado intelectual, pues es más inteligente que Jess y Trish y sabe urdir planes que atacan su estado mental y la percepción de la sociedad sobre ellas. Promete ser otro enemigo imponente que pondrá las cosas cada vez más difíciles.

Pero nada cuaja. El amago del remontada no vuelve a darse, en adelante siguen con la inercia, con más bajones que subidones, hasta acabar en un tramo final que decepciona incluso en estas débiles condiciones, sobre todo porque el undécimo capítulo es uno de esos de relleno cutre que se hacían en seriales baratos de cincuenta años atrás, donde se resume toda la temporada recopilando escenas ya vistas y añadiendo como mucho una nueva frase en cada una. ¡Menudo robo de tiempo y menudo insulto al espectador!

En el resto, el ritmo es plomizo y la historia se queda en su armazón más simplón y predecible. Estaba bien claro lo que iba a ocurrir, y en ello se atascan sin ser capaces de lograr el ambiente de las temporadas anteriores, lleno de tensión por cómo saldrán airosas las protagonistas y cuánto sufrirán en el proceso. Sallinger pondría a la opinión pública en contra de Jess y Trish, enemistaría a estas dos y a Hogarth al empujar a Trish a convertirse en villana y por extensión a Jess a replantearse qué se puede hacer para detener a los criminales, tanto a los que son seres queridos como a lo contrario, los psicópatas sin límites. Vamos, lo que hemos visto ya. Trish ofrece un remedo pobretón de la confrontación con la madre, y Sallinger es remedo de Kilgrave. Al final no se sabe muy bien cuáles eran las intenciones de este último, si matar a las heroínas o derrotarlas de cara al público, y qué tenía que ver con ello los asesinatos en serie previos. Parece que los escritores tampoco tenían muy muy clara la posición de este, porque en el tramo final parece que intentan blanquearlo para justificar que Jess interceda por él (por un tipo que ha torturado y matado a unas diez personas, incluyendo un ser querido), cuando el conflicto ético y legal es claro: no dejar que Trish mate a su antojo.

El enfrentamiento pasa por las escenas más predecibles, los dramas más forzados, los giros más facilones, y todo con una desgana que se contagia capítulo tras capítulo, en especial en la anticlimática confrontación final y las relamidas despedidas. Y atención al penoso epílogo con Jess dudando si me voy o no me voy, abandono o sigo. ¿A quién queréis engañar? Y la desgana también lleva al descuido, pues hay algunos patinazos asombrosos, como las incursiones de Jessica en las comisarías: en la del pueblo, por lo ridículo que es todo, en la de las pruebas de Sallinger, igual, pero rematado con la parida de que el detective deje abandonada sin protección la única evidencia sólida contra él, un cabello: aunque no hubiera desaparecido por la intervención de Jessica, la cadena de custodia se habría roto.

Ni siquiera la correcta puesta en escena, que consigue una personalidad atractiva para la serie, ni un rol central tan potente como Jessica Jones y el papelón de Krysten Ritter levantan el nivel de una temporada muy aburrida y olvidable.

Al final tenemos que alegrarnos de que Marvel/Disney o Netflix hayan decidido poner fin a este ciclo de héroes, porque si en tan poco tiempo se les han agotado las ideas, extenderlo hubiera sido terminar de rematar el recuerdo de su breve momento de brillantez.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
-> Jessica Jones – temporada 3 y final (2019)

KINGDOM – TEMPORADA 1


Kingdeom
Netflix | 2019
Aventuras, suspense | 6 ep. de 43-56 min.
Productores ejecutivos: Seong-hun Kim, Kim Eun-hee.
Intérpretes: Ji-hun Ju, Doona Bae, Ryu Seung-ryong, Greg Chun, Hye-Jun Kim, Kim Sang-ho, Kim Sung-kyun, Heo Jun-ho.
Valoración:

Kingdom es la primera producción de Netflix en Corea del Sur. Está escrita por Kim Eun-hee y dirigida por Seong-hun Kim, dos autores que, sin tener una larga carrera, han cosechado cierto éxito en su país. Estaba pensado que fueran ocho episodios, pero el rodaje se alargó y se sobrepasó el presupuesto, de forma que se quedaron en seis. Presenta una historia de supervivencia zombi sumergida en una intriga palaciega en la corte medieval. Esta es una de las grandes ventajas de Netflix: conocer una cultura que suele llegar poco a España, pues no es sólo una serie coreana, sino una con tintes históricos.

Con zombis esperas algo adulto no sólo en términos de violencia y sangre, sino en la temática, a menos que sea una comedia loca tipo Shawn of the Dead (Simon Pegg, Edgar Wright, 2004). Pero aunque hay suficientes muertos sangrientos, en argumento y estilo resulta demasiado superficial y blanda. Tenemos un débil equilibrio entre el entretenimiento sin pretensiones y el típico producto comercial que roza la vergüenza ajena por combinar sin ton ni son géneros e ideas buscando la aceptación de todos los espectadores posibles. Es thriller político, aventuras, terror gore, comedia (muy tonta además), y de una escena a otra pasa de seria y adulta a loca y juvenil. Se ve que en Corea también siguen ese absurdo mantra de que una obra comercial debe abarcar todo rango de público posible, ser simple y llena de estereotipos.

La descripción de los personajes se ahoga en viejos tópicos, la trama se apoya en unas bases muy pobres y se desgrana con torpeza y recursos burdos. Son seis episodios, y la mayor parte se hacen algo largos. Pero también hay que decir que al menos los personajes principales enganchan y quieres saber qué les ocurrirá a continuación, y aquí y allá hay tramos donde amaga con desplegar su potencial, así que termina resultando entretenida, por momentos incluso emocionante, sobre todo en el espectacular tercer capítulo. Pero en esas partes es cuando más se nota que debe demasiado al portento de puesta en escena que tiene.

Está claro que dinero han echado en grandes cantidades, porque el acabado es impresionante. El vestuario es excelente, los decorados imponentes y los grandes paisajes (casi todo está rodado en exteriores) cautivan. Con una fotografía estupenda y un buen director queda una impronta visual magnífica, de forma que hasta las escenas más parcas en contenido entran bien por los ojos, pero cuando llegamos a las partes más moviditas y a la acción parece una película de gran nivel. Lo que no está a la altura es la música, muy floja.

La pareja protagonista, el príncipe empanado que empieza a despertar y el buenazo pero competente de su guardaespaldas, tiene simpatía de sobras para llevar el relato. El despertar gradual del heredero al que los corruptos quieren destronar es muy predecible, pero no cae demasiado bajo, y con las situaciones y diálogos tan variadas que se trae con su compañero y el que los actores son la mar de competentes y tienen buena química entre ellos, sus aventuras resultan agradables de seguir. La enfermera que encuentran por el camino y el tipo misterio que es muy hábil sobreviviendo en cualquier situación también tienen cierto atractivo, pero me temo que en el tramo final a él lo dejan de lado y a ella le ponen escenas secundarias sin garra. Bueno, las bromas que le gasta al noble idiota que la sigue son graciosas, pero es que termina apareciendo sólo para soltar un par de chistes por episodio.

No sé cuál será el estatus de los actores principales en Corea del Sur, si son famosos o no. Sólo conozco a Doona Bae, la más internacional, vista en Sense8 (2015) y El atlas de las nubes (2012). En cuanto al doblaje, ya no los aguanto aunque el idioma original me suene raro de primeras, y no me la jugué y la vi en versión original con subtítulos en español. Al poco conoces a cada personaje lo suficiente para ver cuándo está siendo irónico, cuándo expresa miedo… Me puse en castellano una escena llena de sutilezas de ese tipo para ver qué tal está el doblaje, y todo el diálogo era plano, con la misma entonación, perdiéndose completamente el significado real de la situación. Y todavía hay gente diciendo que “te pierdes más leyendo los subtítulos”.

Si el resto del repertorio de protagonistas e historias mantuviera este nivel digno habría salido una serie bastante mejor. Pero cuando nos salimos de las aventuras del príncipe tiene tan poco que ofrecer que hubiera preferido que el escritor se centrara en la parte de supervivencia y olvidara todo lo demás. Nobles traicioneros, villanos de manual, una conspiración harto previsible y moralejas básicas de tiranía y justicia se desarrollan con el mínimo esfuerzo. Y a veces hacen cosas raras: inluyen algún flashback repentino y torpes pausas para dar explicaciones de lo que está ocurriendo, como si pensaran que hacía falta aclarar alguna parte a pesar de lo simple y obvio que es todo. Pero la cosa empeora en los personajes más secundarios. El maestro sabio y los gobernantes locales estúpidos resultan roles demasiado rígidos que escupen frases épicas chorras y humor inmaduro y están encarnados por actores histriónicos, resultando difíciles de aguantar desde sus primeras apariciones.

Los zombis son peculiares, porque atacan sólo de noche, cual vampiros. Pero me temo que no es una idea que enriquezca el género, sino una excusa para parar de vez en cuando el curso de la acción, para estirar las historias: atacan y duermen a conveniencia del guionista. La intriga inicial con qué está pasando y cómo reaccionarán los protagonistas mantiene la expectación. Los primeros choques y combates también. Parece que vamos a tener una odisea caótica y agobiante como se espera del género… Pero tras el buen subidón en su ecuador se vuelve a venir abajo en el final, donde todo empieza a hacerse repetitivo. Otra vez se refugian tras murallas en espera de ataques y teniendo insípidas maquinaciones políticas, pero nada cambia, salvo que prometían ofrecerte una gran batalla como desenlace… y se tiran todo el episodio así, uno entero de seis, amagando, anunciando grandes cosas, para terminar sin que nada haya ocurrido. Vamos, el típico gancho para que veas la siguiente temporada.

Aparte de que me he sentido estafado con esa sucia maniobra en el final, no veo que haya material para alargarlo más años, así que va al cajón de descartadas.