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JESSICA JONES – TEMPORADA 3 Y FINAL


Netflix | 2019
Superhéroes, drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Melissa Rosenberg, varios.
Intérpretes: Krysten Ritter, Rachael Taylor, Eka Darville, Carrie-Anne Moss, Janet McTeer, John Ventimiglia, Benjamin Walker, Jeremy Bobb, Sarita Choudnhury, Aneesh Sheth.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro bastante a fondo. —

Al igual que Daredevil, y se suponía que también Iron Fist y Luke Cage, pero salieron muy malogradas, Jessica Jones nació con la intención de, potenciando el tono ya oscuro de los cómics, aportar una perspectiva más adulta y compleja a un género habitualmente muy luminoso y maniqueo, con la excepción de Batman y pocos más. Héroes impolutos o con problemas emocionales sencillos y conflictos con villanos arquetípicos basados en la fuerza o en un reto intelectual sin complicaciones serias son la tónica más habitual.

La premisa inicial es básica. Jessica Jones es superior físicamente y muy capaz en su trabajo y se dedica a hacer el bien. Pero en el fondo se habla sobre personas traumatizadas, familias rotas, una justicia muy falible y la frustración y dramas que eso conlleva, la fina frontera entre héroe, justiciero y villano… Por ello era lógico que en vez de ponerla ante el típico malo que vencer a tortas hubiera algo distinto. Y vaya si lo hubo.

En la primera temporada, Jones se enfrentó a probablemente el villano más temible que hemos visto en el género en cine y series, Kilgrave, un ser capaz de manipular las emociones de los que lo rodean. En la segunda, el enemigo era más cercano, su propia madre, con lo que el drama era de altos vuelos. En ambos casos la protagonista era puesta a prueba de las formas más crueles imaginables tanto en el lado emocional como en la responsabilidad del héroe. ¿Cómo enfrentar el reto sin destruirte como persona ni traicionar los límites morales?

Aunque fueron temporadas irregulares, más la segunda, los protagonistas estaban muy bien trabajados y cuando la confrontación alcanzó sus momentos álgidos el nivel fue muy alto. ¿Qué nos ofrece la tercera etapa? Repetición de ideas, vueltas en círculos y rellenos entre anodinos y cargantes.

Como en todas estas series relacionadas, salta a la vista que obligar a tener trece episodios por año no les ha sentado bien. Hasta en Daredevil en sus mejores momentos hacen esfuerzos evidentes para cumplir con el número. Quizá con seis episodios a lo sumo, yendo al grano, esta nueva historia de Jessica Jones habría resultado más amena, aunque fallara en las novedades y la profundidad. Pero con trece se hace muy cuesta arriba.

Los cinco primeros te los puedes saltar, no perderás el hilo conductor y ganarás tiempo de vida. Jessica y Trish están tristes por la muerte de la madre biológica de Jess, y tratan de rehacer sus vidas, pero nada llamativo, y mucho menos novedoso, ocurre. Odian sus vidas y trabajos, van como zombis por el mundo. Así todo el rato. Casi pasamos más tiempo con los secundarios, pero no funciona. No puedes pasar a primer plano a figuras que eran un apoyo puntual para las protagonistas principales, y menos con dramas tan artificiales, y esperar que ganen nuestra atención a estas alturas. La abogada Jeri Hogarth de repente tiene una enfermedad mortal, uy pobrecita, y trata de recuperar a una vieja amada para no sentirse sola. Nos torturan con infinidad de cansinas y repetitivas escenas de romance y peleíllas que en realidad no aportan nada a la serie. El investigador Malcolm Ducasse quiere hacer algo de valía, tener un trabajo respetable, pero hacerlo con Jeri significa tener éxito y dinero a costa de sacrificar la ética. Y duda, y duda, y así hasta la eternidad. He acabado hartito de las mimas muecas del limitado intérprete Eka Darville. Y para colmo, el simpático vecino latino de Jess desaparece sin dejar rastro, sea porque el actor se largó o porque los guionistas querían forzar otra relación amorosa en tensión con un nuevo personaje y no sabían qué hacer con ese obstáculo. El nuevo es Erik Gelden, un tipo misterioso que dice poder sentir la maldad en las personas, pero cuya lealtad e intereses Jess no logra descifrar. El actor Benjamin Walker juega muy bien con el amplio rango de actitudes que finge o sufre el rol: carisma, patetismo, cercanía, falsedad, traumas… Eso sí, su hermana no pinta nada, es para darle más minutos de relleno a Malcolm, igual que la novia que este se echa en el bufete.

Podrían haber puesto unos cuantos casos del día, que viéramos a Jess trabajar mientras intenta levantar cabeza, potenciando así el noir (¿qué fue también del detective rival, el asiático chungo?) en vez de tanto dramón impostado, y mostrar de tanto en tanto indicios breves de la trama de largo recorrido, como se ha hecho siempre, en vez de dejar todo en suspenso a base de repetir lo mismo una y otra vez.

En el sexto y séptimo episodios, ¡a mitad de temporada!, parece que va a remontar la cosa. Por fin sacan del armario a Trish, como intentando sorprender a pesar de que eran evidentes sus intenciones desde la temporada anterior. Está obsesionada con convertirse es una superheroína, pero finge querer hacer el bien cuando lo único que busca es superar a Jessica y dar rienda suelta a su ira a base de golpear a los malos.

Paralelamente presentan, ¡ya iba siendo hora!, al villano que será el hilo conductor de la misión y responsabilidad del héroe en esta etapa. Gregory Sallinger (un inquietante Jeremy Bobb) es otro enemigo acorde al estilo de la serie: sus capacidades vienen por el lado intelectual, pues es más inteligente que Jess y Trish y sabe urdir planes que atacan su estado mental y la percepción de la sociedad sobre ellas. Promete ser otro enemigo imponente que pondrá las cosas cada vez más difíciles.

Pero nada cuaja. El amago del remontada no vuelve a darse, en adelante siguen con la inercia, con más bajones que subidones, hasta acabar en un tramo final que decepciona incluso en estas débiles condiciones, sobre todo porque el undécimo capítulo es uno de esos de relleno cutre que se hacían en seriales baratos de cincuenta años atrás, donde se resume toda la temporada recopilando escenas ya vistas y añadiendo como mucho una nueva frase en cada una. ¡Menudo robo de tiempo y menudo insulto al espectador!

En el resto, el ritmo es plomizo y la historia se queda en su armazón más simplón y predecible. Estaba bien claro lo que iba a ocurrir, y en ello se atascan sin ser capaces de lograr el ambiente de las temporadas anteriores, lleno de tensión por cómo saldrán airosas las protagonistas y cuánto sufrirán en el proceso. Sallinger pondría a la opinión pública en contra de Jess y Trish, enemistaría a estas dos y a Hogarth al empujar a Trish a convertirse en villana y por extensión a Jess a replantearse qué se puede hacer para detener a los criminales, tanto a los que son seres queridos como a lo contrario, los psicópatas sin límites. Vamos, lo que hemos visto ya. Trish ofrece un remedo pobretón de la confrontación con la madre, y Sallinger es remedo de Kilgrave. Al final no se sabe muy bien cuáles eran las intenciones de este último, si matar a las heroínas o derrotarlas de cara al público, y qué tenía que ver con ello los asesinatos en serie previos. Parece que los escritores tampoco tenían muy muy clara la posición de este, porque en el tramo final parece que intentan blanquearlo para justificar que Jess interceda por él (por un tipo que ha torturado y matado a unas diez personas, incluyendo un ser querido), cuando el conflicto ético y legal es claro: no dejar que Trish mate a su antojo.

El enfrentamiento pasa por las escenas más predecibles, los dramas más forzados, los giros más facilones, y todo con una desgana que se contagia capítulo tras capítulo, en especial en la anticlimática confrontación final y las relamidas despedidas. Y atención al penoso epílogo con Jess dudando si me voy o no me voy, abandono o sigo. ¿A quién queréis engañar? Y la desgana también lleva al descuido, pues hay algunos patinazos asombrosos, como las incursiones de Jessica en las comisarías: en la del pueblo, por lo ridículo que es todo, en la de las pruebas de Sallinger, igual, pero rematado con la parida de que el detective deje abandonada sin protección la única evidencia sólida contra él, un cabello: aunque no hubiera desaparecido por la intervención de Jessica, la cadena de custodia se habría roto.

Ni siquiera la correcta puesta en escena, que consigue una personalidad atractiva para la serie, ni un rol central tan potente como Jessica Jones y el papelón de Krysten Ritter levantan el nivel de una temporada muy aburrida y olvidable.

Al final tenemos que alegrarnos de que Marvel/Disney o Netflix hayan decidido poner fin a este ciclo de héroes, porque si en tan poco tiempo se les han agotado las ideas, extenderlo hubiera sido terminar de rematar el recuerdo de su breve momento de brillantez.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
-> Jessica Jones – temporada 3 y final (2019)

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KINGDOM – TEMPORADA 1


Kingdeom
Netflix | 2019
Aventuras, suspense | 6 ep. de 43-56 min.
Productores ejecutivos: Seong-hun Kim, Kim Eun-hee.
Intérpretes: Ji-hun Ju, Doona Bae, Ryu Seung-ryong, Greg Chun, Hye-Jun Kim, Kim Sang-ho, Kim Sung-kyun, Heo Jun-ho.
Valoración:

Kingdom es la primera producción de Netflix en Corea del Sur. Está escrita por Kim Eun-hee y dirigida por Seong-hun Kim, dos autores que, sin tener una larga carrera, han cosechado cierto éxito en su país. Estaba pensado que fueran ocho episodios, pero el rodaje se alargó y se sobrepasó el presupuesto, de forma que se quedaron en seis. Presenta una historia de supervivencia zombi sumergida en una intriga palaciega en la corte medieval. Esta es una de las grandes ventajas de Netflix: conocer una cultura que suele llegar poco a España, pues no es sólo una serie coreana, sino una con tintes históricos.

Con zombis esperas algo adulto no sólo en términos de violencia y sangre, sino en la temática, a menos que sea una comedia loca tipo Shawn of the Dead (Simon Pegg, Edgar Wright, 2004). Pero aunque hay suficientes muertos sangrientos, en argumento y estilo resulta demasiado superficial y blanda. Tenemos un débil equilibrio entre el entretenimiento sin pretensiones y el típico producto comercial que roza la vergüenza ajena por combinar sin ton ni son géneros e ideas buscando la aceptación de todos los espectadores posibles. Es thriller politícito, aventuras, terror gore, comedia (muy tonta además), y de una escena a otra pasa de seria y adulta a loca y juvenil. Se ve que en Corea también siguen ese absurdo mantra de que una obra comercial debe abarcar todo rango de público posible, ser simple y llena de estereotipos.

La descripción de los personajes se ahoga en viejos tópicos, la trama se apoya en unas bases muy pobres y se desgrana con torpeza y recursos burdos. Son seis episodios, y la mayor parte se hacen algo largos. Pero también hay que decir que al menos los personajes principales enganchan y quieres saber qué les ocurrirá a continuación, y aquí y allá hay tramos donde amaga con desplegar su potencial y resulta entretenida, por momentos incluso emocionante, sobre todo en el espectacular tercer capítulo. Pero en esas partes es cuando más se nota que debe demasiado al portento de puesta en escena que tiene.

Está claro que dinero han echado en grandes cantidades, porque el acabado es impresionante. El vestuario es excelente, los decorados imponentes y los grandes paisajes (casi todo está rodado en exteriores) cautivan. Con una fotografía estupenda y un buen director queda una impronta visual magnífica, de forma que hasta las escenas más parcas en contenido entran bien por los ojos, pero cuando llegamos a las partes más moviditas y a la acción parece una película de gran nivel. Lo que no está a la altura es la música, muy floja.

La pareja protagonista, el príncipe empanado que empieza a despertar y el buenazo pero competente de su guardaespaldas, tiene simpatía de sobras para llevar el relato. El despertar gradual del heredero al que los corruptos quieren destronar es muy predecible, pero no cae demasiado bajo, y con las situaciones y diálogos tan variadas que se trae con su compañero y el que los actores son la mar de competentes y tienen buena química entre ellos, sus aventuras resultan agradables de seguir. La enfermera que encuentran por el camino y el tipo misterio que es muy hábil sobreviviendo en cualquier situación también tienen cierto atractivo, pero me temo que en el tramo final a él lo dejan de lado y a ella le ponen escenas secundarias sin garra. Bueno, las bromas que le gasta al noble idiota que la sigue son graciosas, pero es que termina apareciendo sólo para soltar un par de chistes por episodio.

No sé cuál será el estatus de los actores principales en Corea del Sur, si son famosos o no. Sólo conozco a Doona Bae, la más internacional, vista en Sense8 (2015) y El atlas de las nubes (2012). En cuanto al doblaje, ya no los aguanto aunque el idioma original me suene raro de primeras, y no me la jugué y la vi en versión original con subtítulos en español. Al poco conoces a cada personaje lo suficiente para ver cuándo está siendo irónico, cuándo expresa miedo… Me puse en castellano una escena llena de sutilezas de ese tipo para ver qué tal está el doblaje, y todo el diálogo era plano, con la misma entonación, perdiéndose completamente el significado real de la situación. Y todavía hay gente diciendo que “te pierdes más leyendo los subtítulos”.

Si el resto del repertorio de protagonistas e historias mantuviera este nivel digno habría salido una serie bastante mejor. Pero cuando nos salimos de las aventuras del príncipe tiene tan poco que ofrecer que hubiera preferido que el escritor se centrara en la parte de supervivencia y olvidara todo lo demás. Nobles traicioneros, villanos de manual, una conspiración harto previsible y moralejas básicas de tiranía y justicia se desarrollan con el mínimo esfuerzo. Y a veces hacen cosas raras: inluyen algún flashback repentino y torpes pausas para dar explicaciones de lo que está ocurriendo, como si pensaran que hacía falta aclarar alguna parte a pesar de lo simple y obvio que es todo. Pero la cosa empeora en los personajes más secundarios. El maestro sabio y los gobernante locales estúpidos resultan roles demasiado rígidos que escupen frases épicas chorras y humor inmaduro y están encarnados por actores histriónicos, resultando difíciles de aguantar desde sus primeras apariciones.

Los zombis son peculiares, porque atacan sólo de noche, cual vampiros. Pero me temo que no es una idea que enriquezca el género, sino una excusa para parar de vez en cuando el curso de la acción, para estirar las historias: atacan y duermen a conveniencia del guionista. La intriga inicial con qué está pasando y cómo reaccionarán los protagonistas mantiene la expectación. Los primeros choques y combates también. Parece que vamos a tener una odisea caótica y agobiante como se espera del género… Pero tras el buen subidón en su ecuador se vuelve a venir abajo en el final, donde todo empieza a hacerse repetitivo. Otra vez se refugian tras murallas en espera de ataques y teniendo insípidas maquinaciones políticas, pero nada cambia, salvo que prometían ofrecerte una gran batalla como desenlace… y se tiran todo el episodio así, uno entero de seis, amagando, anunciando grandes cosas, para terminar sin que nada haya ocurrido. Vamos, el típico gancho para que veas la siguiente temporada.

Aparte de que me he sentido estafado con esa sucia maniobra en el final, no veo que haya material para alargarlo más años, así que va al cajón de descartadas.

BLACK MIRROR – TEMPORADA 5


Netflix | 2019
Drama, suspense, ciencia-ficción | 3 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Anthony Mackie, Yahya Abdul-Mateen II, Nicole Beharie, Andrew Scott, Damson Idris, Topher Grace, Miley Cyrus, Angourie Rice, Madison Davenport, Susan Pourfar, Pom Klementieff, Ludi Lin, Monica Dolan.
Valoración:

Alerta de spoilers: En los comentarios de los episodios entro a fondo.–

Si bien la segunda temporada rozó el desastre después de pelotazo de la primera, desde Blanca Navidad parecía que Charlie Brooker se encontraba más a gusto desarrollando historias originales y experimentando (aunque patinara alguna vez), sobre todo cuando Netflix le dio más recursos y episodios. Sin embargo, nos trae otro año en el que hay poco que rescatar.

Con el esfuerzo que llevó realizar Bandersnatch no les daba tiempo a estrenar otra una temporada de seis episodios, así que han vuelto a los tres con que se inició la producción en Channel 4. Pero bien podría haberse tomado Brooker un descanso más largo, o al menos contratar guionistas que aporten savia nueva, porque el desgaste mostrado en ese episodio se ha acrecentado en esta etapa.

Otrora, la serie se caracterizaba por mostrar elaborados mundos ficticios, generalmente en futuros cercanos, donde se analizaba la influencia de las nuevas tecnologías en la sociedad de forma muy tétrica pero plausible. Cada micro universo contenido en cada episodio resultaba fascinantegracias al mimo que ponía Brooker en su construcción y el cariño que les cogíamos a la mayor parte de los protagonistas, pero sobre todo por la inquietante moraleja que siempre dejaba. Prácticamente cada historia que hemos visto parece estar a punto de hacerse realidad en pocos, muy pocos años.

Este año apenas mantiene el tono en el tercer episodio, los otros dos son relatos mundanos anclados en un aburrido presente y carecen de lecturas profundas sobre nuestro porvenir, giros imprevisibles y finales trágicos, ofreciendo a cambio lecciones torpes, ritmo moroso sin sorpresas, y conclusiones sin garra.

Otro aspecto llamativo es que esta vez no se han dedicado a buscar autores de renombre para las labores de dirección y banda sonora: los directores y músicos alternativos de calidad brillan por su ausencia. ¿Habrán querido recortar dinero? Lo único llamativo es la presencia de Miley Cyrus interpretando una versión de sí misma.

Tras el salto encontraréis un análisis por capítulos.
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CHERNOBYL – MINISERIE


HBO | 2019
Drama, suspense, histórico | 5 ep. de 60-72 min.
Productores ejecutivos: Craig Mazin, Johan Renck, Jane Featherstone, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Jared Harris, Stellan Skarsgård, Jessie Buckley, Emily Watson, Paul Ritter, Sam Troughton, Robert Emms, Con O’Neill, Adrian Rawlins, Ralph Ineson, Mark Lewis Jones.
Valoración:

De vez en cuando, la gente se vuelve loca con la llegada de un producto o una obra de arte, y es recibido como la última revolución y obra maestra en su campo. Pero lo más habitual es que estemos ante una moda, un furor pasajero, y el tiempo ponga las cosas en su sitio. Lo normal es que ocurra al revés: una obra maestra es demasiado atípica y complicada para asimilarla del todo a la primera, y pueden pasar años hasta que se aprecie como es debido.

Ese es el caso de Chernobyl, una miniserie de la HBO que ha causado gran revuelo en todo el mundo, hasta el punto de que se estaba tratando como la mejor serie de la historia ya antes de acabarse de emitir sus escasos cinco episodios. Sin tan siquiera haberla visto entera, ¿cómo pueden ser tales valoraciones objetivas o incluso mínimamente racionales?

La explicación está en que nadie se quiere perder el evento televisivo del año, una tendencia que una vez alguien ha conseguido ponerla en marcha, o lo ha hecho sola, se alimenta a sí misma hasta explotar como la propia central nuclear: si quieres estar en la onda, poder seguir las conversaciones y pillar los memes en internet, tienes que ver eso de lo que habla todo el mundo. Y para intentar entender este fenómeno pienso en una mezcla de factores. Esos espectadores han visto pocas series, y menos de calidad, pero internet visibiliza demasiado su entusiasmo. El desencanto con Juego de tronos (David Benioff, D. B. Weiss, 2011) ha llevado a muchos a tirarse de cabeza a lo primero llamativo que había por ahí. Y, sobre todo, la HBO ha comprado o al menos agasajado a muchos medios para intentar parar el aluvión de bajas tras la caída en desgracia de Juego de tronos, con lo que antes de estrenarse ya estaba en marcha la rueda con miles de artículos poniéndola por las nubes, y esa presión por estar al día ha atrapado a muchos, y estos a otros…

Pero al final ha resultado ser eso, un fenómeno mediático sin nada detrás, el Strange Things (Matt Duffer, Ross Duffer, 2016) de este verano. La realidad es que la miniserie es buena sin más, incluso bastante irregular. Nada que ver con Hermanos de sangre (Tom Hanks, Steven Spielberg, 2001), una que sí entra en la categoría de obra maestra, ni con la primera temporada de True Detective (Nic Pizzolatto, Cary Fukunaga, 2014), otra que vivió su propia ola de sobrevaloración pero fue mucho más redonda que la presente, ni es comparable a otras muchas excelentes o notables de la cadena, como John Adams (Kirk Ellis, 2008), Olive Kitteridge (Jane Anderson, 2014), The Corner (David Simon, Ed Burns, 2000)…

Entrando en materia, a los pocos capítulos lo que me he encontrado no es la anunciada obra maestra, sino la confirmación de lo contrario: que a sus autores les cuesta encontrar un foco narrativo, centrarse en un objetivo y estilo concretos. En una valoración objetiva, ya con eso a lo más que puede llegar es al notable si destaca bastante en otros aspectos y el conjunto se sobrepone a sus carencias. Pero en una subjetiva tampoco veo tanto como para gritar de entusiasmo: no resulta tan adictiva y estremecedora como prometía. Estoy convencido de que en pocos meses nadie hablará de ella. El ciclo del éxito por moda es cada vez más corto, y para dejar huella en el rico panorama actual de series hay que ofrecer muchísimo más.

Es difícil crear un relato, histórico o ficticio, de gran complejidad y calado, es decir, que tiene muchos frentes, personajes, perspectivas y secuelas, de forma que quede todo bien reflejado y con suficiente equilibrio tanto en la línea de acontecimientos y el arco dramático de los personajes como por su puesto en la experiencia del espectador, pues si es demasiado farragoso o disperso no llegará bien. Juego de tronos iba muy bien en ese sentido, pero patinó en sus últimas temporadas; los referentes más destacados serían Babylon 5 (J. Michael Straczynski, 1993) y The Wire (David Simon, 2002). Chernobyl está a años luz tan siquiera de soñar con llegar a ese nivel.

El guionista Craig Maziny (en un cambio de registro llamativo, pues viene de comedias tontas, como varias secuelas de Scary Movie y Resacón en las Vegas) y el director Johan Renck (con una larga experiencia en videoclips musicales y participación en unas pocas series) parece que no saben si quieren un drama documental, uno humano o uno de denuncia, o un thriller político, o suspense y terror. La combinación no da un todo superior y por separado ninguno de esos ámbitos es abordado con la consistencia y profundidad necesarias como para lograr una miniserie redonda. Eso sí, por suerte los ingredientes no son malos ni la mezcla termina de venirse abajo. Es lo suficientemente coherente y amena como para resultar un visionado bastante agradable, pero es muy irregular y posee un gran potencial desaprovechado.

Tenemos dos protagonistas principales no deslumbrantes pero capaces de sostener el relato sin problemas, pero el resto son secundarios poco llamativos y extras que no conmueven lo más mínimo. Stellan Skarsgård es Boris Shcherbina, vicepresidente del Consejo de Ministros, un título rimbombante para un político que no tiene mucho poder real. Básicamente le encasquetan el marrón a alguien de segunda fila. Jared Harris es Valery Legasov, un reputado científico del Instituto Kurchatov, el órgano más importante en el gremio. Su labor es la mediación entre la parte técnica y científica y la política, pero en la serie también acaba dirigiendo la campaña de limpieza, mientras que Shcherbina lleva la gestión humana y administrativa.

Ambos se presentan como una típica y predecible pareja de opuestos que chocan hasta que la situación les abra los ojos y encuentren una forma de trabajar juntos, pero lo cierto es que es peor que eso: a los pocos minutos ya se entienden, y en adelante va todo bien. A eso hemos de sumar el cliché de empezar por un prólogo que muestra el final, como intentando crear expectación, pero que como es habitual no sirve para nada: en cuanto empieza lo importante te has olvidado de ese enredo inconexo. Con un arco tan limitado, funcionan por los pelos gracias a que su esfuerzo constante queda bien mostrado y porque los actores son bastante competentes. Pero estos tampoco están tan magníficos como defienden algunos: Skarsgård hace de sí mismo, como más veces de la cuenta, y Harris ha estado muchísimo mejor en El Terror (2018) y The Crown (2016).

No me hubiera molestado que optaran por mostrar todo desde la perspectiva de estos dos personajes, que las acciones de los secundarios las viéramos desde sus ojos. Así se simplificaría una obra coral, se manejaría mejor el misterio (sin dar la sensación de que otros personajes aparecen o no a conveniencia de los autores) y se centraría mejor la conexión emocional con el espectador. De hecho, en muchas miniseries es común que intenten abarcar demasiado y acabes mareado con tanto personaje, la mayor parte intrascendentales. Pero se quedan a medias, siguiendo esa fórmula unas veces y otras abriendo el objetivo más de la cuenta. Además, para el resto de implicados en la historia se empeñan en simplificar demasiado o deciden reunir varias figuras en una que sirva de representación, cayendo en fallos y estereotipos.

Los administradores y técnicos de la central sólo sirven para explicar lo que ocurre, no tienen sustancia alguna más allá de parecer los clichés del jefe abusón pero sin idea de lo que hace y los aprendices asustados. En principio nos muestran lo justo de ellos para que no sepamos qué ha pasado y supuestamente se nos contagie el suspense, pero entonces debes mantener ese tono hasta el final, no puedes de repente, en el último episodio, pasarlos a primer plano sin venir a cuento y tratar de exponer sus motivaciones metiendo un flashback que ahonde en ellos, porque ya es tarde, ya ha acabado todo y sus historias personales ya no me son útiles. En otros casos parece que la cosa apunta mejores maneras, como los mineros, con un jefe muy llamativo y anécdotas de trabajo interesantes… Pero a la larga también se equivocan: nos dejan sin mostrar el desenlace de su labor y pasan a a otra cosa menos relevante.

La científica Ulana Khomyuk (Emily Watson) es un comodín para representar a una decena o más de especialistas que ayudaron a Legasov. Al menos pon a unos pocos de ellos, que veamos el complicado proceso de forma que no parezca que todo el trabajo de limpieza lo dirige él solo con apoyo puntual de una colaboradora casual. Lo mismo ocurre con el pueblo llano: para mostrar el drama humano a pie de calle lo reducen todo a una parejita cursi, el bombero y su esposa, pero son dos tópicos andantes metidos con calzador que rompen el ritmo y nos apartan de lo importante constantemente para ver a Jessie Buckley (Guerra y paz, 2016), la esposa, poner caritas de pena un tanto cargantes. A la hora de encarar las distintas misiones para limpiar la central y la zona tampoco entienden qué es más importante, sino que buscan lo fácil en cada situación, sin centrarse en lo relevante ni en exprimir las partes que tienen mayores posibilidades: los tres buzos se llevan una mini escena de terror forzado que no hace justicia a su gran labor, mientras que unos soldados que sacrifican animales se llevan nada más y nada menos que medio episodio de lagrimitas fáciles con cachorros de perritos muriendo.

Como extensión, las sensaciones que transmite el visionado no terminan de aprovechar las enormes posibilidades latentes. Hay que decir que materializan bien la radiación, una amenaza invisible difícil de representar. Los detectores sonando constantemente, las cifras de roentgen dadas en cada misión, la gente enfermando y el temor a que contagien algo, la forma de enfocar el viento, el humo y las cenizas para resaltar que están envenenados… Pero la atmósfera de suspense y temor, aunque ofrece alguna escena suelta con bastante fuerza (la recogida de escombros en los tejados y la entrada de los buzos en la oscuridad son inquietantes), en general anda un poco corta, con bajones importantes en los abruptos cambios hacia el drama o el thriller político, donde tampoco consigue conmover en el lado humano y ponerte nervioso con las intrigas del estado y la KGB. Debería ser una obra trágica y sobrecogedora que te dejara un mal cuerpo no sólo durante todo el visionado, sino durante días, y simplemente cumple con lo justo. A veces, como en esas escenas de los cachorritos, el dramón de la esposa o la tonta aparición de la anciana y la vaca, parece que al fin y al cabo estamos ante una miniserie televisiva y melodramática más, no una de primera división.

En resumen, no han sido capaces de mostrar la compleja perspectiva global en condiciones. Han faltado escenas de grandes evacuaciones, de masas de gente sufriento las secuelas. Han fallado en la excesiva reducción de personajes en figuras un tanto básicas. Y han subrayado en exceso sensaciones concretas en momentos puntuales, o dicho de otra forma, es un batiburrillo de géneros sin la fluidez necesaria.

En lo visual es algo más sólida, pero también queda lejos de causar impresión. La recreación de la central nuclear de Chernobyl (llamada en realidad Vladímir Ilich Lenin) se queda cortísima, con parcos decorados y unos matte painting bastante evidentes que parece que intentan mostrar lo mínimo posible para que no den el cante, con lo que se genera otro problema: apenas tenemos planos amplios de la central que nos muestren el qué y el dónde con todo detalle, y de momentos espectaculares sólo me viene a la cabeza el inicio de las tareas de extinción del incendio con helicópteros. La ambientación, tanto el vestuario, las localizaciones (rodada en Lituania, que cuela como Ucrania sin problemas) y el filtro a la fotografía garantizan una inversión muy buena en la época, pero por la pobre recreación de lo más importante, la central y las evacuaciones y tareas de limpieza, parece que ha faltado dinero y ambición.

Se podría agradecer que sirva para hacer justicia de cara al público de unos hechos que fueron tergiversados y ocultados durante muchos años, sobre todo porque pone en los sitios en que corresponde a los principales implicados: a los héroes olvidados o directamente silenciados y borrados de la historia, a los corruptos e incompetentes (tanto a los que se libraron como a los que pagaron de más), y sobre todo al estado soviético, con su administración corrompida y su obsesión con fingir y mentir en vez de hacer las cosas bien desde el principio. Pero aquí también está muy lejos de dar la talla, primero, porque esa edad oscura quedó atrás hace décadas, ya hay artículos y documentals de sobra que aclararon todo con detalle y neutralidad, y segundo, porque todos ellos son muchos más fieles que esta serie, donde se toman licencias descaradas tanto para reforzar el melodrama como para lo de siempre, ofrecer una versión occidental de los hechos. Si ya hay generalidades que cantan en nada que sepas lo justo del tema, no digamos cuando indagas un poco. Por suerte, el éxito aquí se ha vuelto en su contra, pues han salido otros tanto escritos destapando sus desviaciones. Las más graves son las siguientes:

Han convertido a Legasov en un héroe y a los soviéticos en los típicos villanos comunistas de cine. Y la realidad no era así. Este fue un distinguido miembro de la rama científica del gobierno, no don nadie y buenazo que se entera ahora de cómo funciona el país. No pasó tanto tiempo en el terreno haciendo de todo, ni tampoco fue al juicio del final, ni mucho menos escondía cintas como en una mala película de espías. Por extensión, el gobierno sería opaco e ineficaz, pero no funcionaba como un campo de concentración: no se apuntaba con armas a la gente para que hiciera cosas, ni la KGB tenía personajillos y ejercía un control digno de una entrega de James Bond, ni los puestos claves estaban copados por caricaturas como la que hacen del director de la central, Dyatlov (abajo en la foto, los directivos durante el juicio).

No hay indicios de que la gente que miraba el incendio desde el puente muriera en los siguientes años por la radiación. Los bomberos sobrevivieron también casi todos, y cabe señalar que los efectos serios de la radiación tardan días en aparecer, no es coger un cacho mineral y ponerte todo malo. El helicóptero que se estrella por la radiación no existe; hubo un accidente más tarde, pero contra una grúa. La relevancia de los mineros se ha exagerado mucho: el núcleo se enfrió solo, así que la urgencia de establecer el sistema de refrigeración desapareció; a cambio, rellenaron el subsuelo con cemento para evitar filtraciones, algo que no muestran aquí. Se habla con alarma de una posible segunda explosión que supondría prácticamente la destrucción de Europa… ¡cuando en realidad los demás reactores siguieron funcionando con normalidad hasta el año 2000!

Así pues, Chernobyl ni es una gran miniserie ni es la obra definitiva sobre la catástrofe que muchos se empeñan en ver, pero desde luego bien vale para pasar el rato.

Nota: He actualizado el 18/06/19 para mejorar el apartado de fidelidad histórica.

EL TERROR – MINISERIE

The Terror
AMC | 2018
Drama, aventuras, suspense, histórico | 10 ep. de 42-56 min.
Productores ejecutivos: David Kajganich, Soo Hugh, varios.
Intérpretes: Jared Harris, Tobias Menzies, Ciarán Hinds, Ian Hart, Paul Ready, Adam Nagaitis, Nive Nielsen, David Walmsley, Ronan Raftery, Greta Scacchi, Alistair Petrie, Liam Garrigan.
Valoración:

LA HISTORIA

En el siglo XIX todavía había rincones del mundo por explorar, fronteras que reclamar, rutas y tesoros que descubrir para tu nación y, sobre todo, atraía el honor y la gloria de ser el primero en lograr tamañas aventuras. El Paso del Noroeste fue una deuda pendiente de Reino Unido durante décadas. Esperaban abrir una ruta comercial hacia Asia que les diera ventaja estratégica y económica, y exploradores como John Franklin querían rematar sus carreras con ese hito. Pero las frías tierras entre Groenlandia, el polo Norte y Canadá se les resistían a los intentos en barco y a pie. El mismo Franklin salió por los pelos de su intento más serio en 1819, donde acabaron comiendo el cuero de sus botas y el musgo de las rocas, y con habladurías de que hubo canibalismo entre algunos de sus hombres. Otros como James Ross y Francis Crozier también lo tantearon en varias ocasiones.

En 1945, la Marina Real puso en marcha la expedición considerada definitiva. Dos navíos veteranos en estos viajes, el HSM Erebus y el HMS Terror, fueron equipados como nunca antes para superar el hostil clima, con la proa reforzada, un motor de locomotora a carbón para mover la hélice con fuerza suficiente para romper hielo ligero, y víveres para tres años por si el año previsto se alargaba si tenían que pasar algún invierno atrapados en inhóspitos lugares. La tripulación era de 134 hombres, aunque con las primeras bajas médicas encararon el ártico 129. John Franklin estaba al mando y capitaneaba el Erebus, y otro experto de los polos, Francis Crozier, era su segundo al mando del Terror. Partieron en mayo, y en su ruta fueron avistados por última vez en agosto por un par de navíos balleneros entre las costas de Groenlandia y la isla de Baffin. No se los volvió a ver, y costó 170 años y numerosas expediciones desvelar el destino de ambos barcos y sus tripulantes.

Alerta de spoilers: Si no quieres conocer cómo se desarrolló la historia real antes de ver la serie, salta al apartado de la novela.–

EL ACIAGO DESTINO

Los primeros viajes de rescate se dieron a partir de 1848 tanto por tierra (por ríos de los Territorios del Noroeste que podrían haber tomado como refugio y camino hacia el sur) como por mar, por la rutas que se suponía iban a seguir, pero debido a las condiciones meteorológicas se quedaron lejos. Tras varios intentos, incluidos los capitaneados por James Ross, fue en 1854 cuando por fin se acercaron más y encontraron pistas e inuits (esquimales) que testificaron lo ocurrido, pero ya era tarde, tras años de agonía habían muerto todos los tripulantes. En las siguientes dos décadas hubo otros pocos viajes para buscar diarios y notas, pero no se volvió a tomar en serio hasta la era moderna, a finales de 1980, y desde entonces ha habido investigaciones cada pocos años según esta apasionante historia despertaba el interés en alguna organización o persona. Los relatos de los inuits de la época y los restos que han ido hallándose desde entonces componen una odisea espeluznante.

Al encarar el ártico, los dos navíos no pudieron adentrarse suficiente y pasaron el invierno de 1945-1946 en la isla de Beechy, consumiendo víveres y teniendo las tres primeras bajas por tuberculosis. Lo poco que avanzaron ese verano los dejó atrapados en una sólida placa de hielo cerca de la Isla del Rey Guillermo (por aquel entonces se pensaba que era una península) durante un año y medio. Viendo que un segundo verano se avecinaba sin señales de deshielo, decidieron abandonar los barcos y huir a pie hacia Canadá en abril de 1948. Entrando por el río Back hasta el primer asentamiento del hombre blanco conocido había más de mil kilómetros arrastrando botes (por si se abría el hielo), víveres y enfermos, pero la otra opción era esperar la muerte. También llevaban un montón de objetos personales inútiles, se ve que todavía tenían grandes esperanzas de sobrevivir.

Sin embargo, la decisión de huir llegó tarde, porque estaban muy debilitados por enfermedades y la pobre dieta, la caza escaseó en esos fríos años, y además no sabían atrapar animales habituales como las focas. Los que no tenían la suerte de haber muerto en ese periodo (24 tripulantes, incluyendo al capitán Franklin en junio de 1947) fueron sucumbiendo en una lenta agonía a las inclemencias del tiempo, las enfermedades comunes (escorbuto, tuberculosis, neumonía) y otras desconocidas que los tenían al borde de la muerte constantemente (pudo haber envenenamiento por plomo de las latas de conservas y los tanques de agua), y sobre todo actuó la desnutrición, hasta el punto de que recurrieron al canibalismo. Un grupo amplio, de 35-40 miembros, pudo sobrevivir quizá hasta 1950 en la boca del río Back, y otros pocos deambularon por zonas cercanas, pero los cientos de kilómetros que había hasta la civilización les minaría las últimas fuerzas, y ahí agonizaron, algunos comiéndose a otros, hasta que no quedó nadie. Hay tenues indicios que podrían apuntar a que Crozier, quizá con un acompañante, sobrevivió y llegó más al sur que nadie.

Los dos navíos fueron empujados por el hielo hasta que naufragaron. El Erebus fue hallado en 2014 y el Terror en 2016.

Para apoyar y complementar la lectura de la novela y el visionado de la serie basta un buen mapa, como este, que indica los hallazgos de las distintas expediciones, y para ampliar información creo que es suficiente con ir a la Wikipedia (mejor en inglés, como siempre más completa).

LA NOVELA

La lectura de El Terror (2007) de Dan Simmons (al que ya conocía por la obra maestra de Los cantos de Hyperion -1989-) me apasionó como pocas novelas lo han hecho. Hizo una reconstrucción histórica minuciosa para retratar con verosimilitud una época, un ambiente extremo, y una aventura cuyo misterio tenía por entonces todavía muchas incógnitas. Son ochocientas páginas de puro sufrimiento, así que no es apto para todos los lectores. El frío te cala los huesos y pasarás hambre, las miserias que sufre cada protagonista se hace muy tangibles. Ahora bien, le falta algo para la obra maestra que podía haber conseguido. Le sobran al menos cien o doscientas páginas de saltos hacia Inglaterra (menciones a las esposas de los capitanes y a las siguientes expediciones), que rompen el ritmo sin necesidad, y sobre todo, le sobra un monstruo que mete de por medio y lastra sobre todo el tramo final. Con tanta vivencia real como había para contar, no hacía falta un giro hacia el terror fantástico.

LA MINISERIE

Cuando se anunció una adaptación de tan fascinante odisea me entusiasmó la idea. Es un relato muy cinematográfico, y bien hecho puede ser espectacular. El temor a que no tuvieran medios suficientes, no fueran fieles o intentaran algo demasiado comercial se desvaneció en su estreno. Han conseguido una miniserie muy fiel a la novela y a los hechos, muy bien escrita y rodada con talento. El esfuerzo se ha saldado con un notable éxito, hasta el punto de que han anunciado nuevas temporadas en plan antología, esto es, nuevos personajes e historias. La segunda será en un campo de prisioneros japonés, con otro ente maligno acosando a los ya de por sí desesperados presos.

Se gestó entre la cadena AMC y la productora de Ridley Scott, con David Kajganich y Soo Hugh al mando, aunque hay otros pocos guionistas y productores. El primero sólo tenía un par de dramas menores en su currículo, y el segundo ha participado en Invisibles (2015) y La cúpula (2013), entre otras series. En los directores, el más conocido es Sergio Mimica-Gezzan, de Battlestar Galactica (2003), Los pilares de la Tierra (2010) y otras.

Lo primero que saltó a la vista fue la elección de un reparto de estrellas y veteranos de la televisión británica. Ciarán Hinds (Roma -2005-) encarna a Franklin, Jared Harris (Mad Men -2007-, The Expanse -2015-) a Crozier, Tobias Menzies (Roma también) es James Fitzjames, tercero en rango, Paul Ready (Utopia -2013-) es el cirujano Henry Goodsir, Ian Hart (El último reino -2015-) es el experto en hielo Thomas Blanky. Y encontramos un sinfín de secundarios muy competentes, destacando a Adam Nagaitis (Happy Valley -2014-) como Cornelius Hickey y Alistair Petrie (El infiltrado -2016-) como el doctor Stanley.

Tenemos el acabado visual que necesitaba esta propuesta. Con una sólida direccción y una estupenda fotografía que exprime el magnífico diseño artístico, el ártico resulta gélido y hostil, tan bello como terrorífico, y la vida en los barcos es tremendamente realista. La recreación de los navíos es brutal, a escala real y cuidando hasta el más mínimo detalle, algo que extendieron al vestuario, basado en los restos hallados, es decir, los personajes llevan ropas y objetos como los que llevaron los tripulantes. El rodaje tuvo lugar en decorados en Hungría, con los barcos y escenarios que emulan el hielo sobre pantallas verdes para recrear el ártico, y en la isla Pag de Croacia para las partes en la Isla del Rey Guillermo, cuyo parecido es impresionante. Lo único que se queda corto es la criatura hecha por ordenador y una banda sonora correcta pero no impactante.

La narración lleva muy buen ritmo, los autores no se amilanan ante la dificultad de tener tantos personajes y pasar muchos capítulos atascados en el hielo y otros tantos en una isla yerma. Hay tantas historias cruzadas que te llama para revisionarla de vez en cuando y sacarle más partido, aunque por el otro lado, también he encontrado espectadores que se agobian con tanto nombre y personaje secundario y no conectan con ella.

Entramos en la historia con los roces entre un capitán (Franklin) pagado de sí mismo y uno que carece de autoestima (Crozier). Sus personalidades quedan muy bien definidas en el primer capítulo, pero sus motivaciones y demonios internos se matizan con flashbacks a Inglaterra. Estos destacan porque retratan muy bien la época: la escalera social, con la fama y los matrimonios como eje, dirige sus vidas. Los oficiales también tienen su propia forma de ser y su momento de valía o bajeza: Fitzjames, Little, Irving… Los marineros sufren vivencias de todo tipo, manteniendo ese realismo histórico: la ignorancia y los miedos de la época, los problemas laborales, los motines… En esto último destaca el insidioso y ladino Hickey, un individuo al que cogerás un asco tremendo, pues es uno de los personajes más repelentes de los últimos años. Por el otro lado, los que se llevarán sin duda el agrado de cualquier espectador son Crozier, con su gradual despertar y dedicación contra viento y marea, contra motines y traiciones, y Goodsir, el científico moderno y de inquebrantable moral.

Estamos ante un relato clásico del hombre enfrentado a la naturaleza y a la muerte, empujado así a sacar lo peor y lo mejor de sí mismo, como poca veces hemos visto en el cine o televisión recientemente. No en vano los referentes más mencionados son Master and Commander (Peter Weir, 2003) y La cosa de John Carpenter (1982). La crudeza del clima, la lucha constante por salir adelante en tierras yermas y los problemas logísticos de todo tipo se mezclan con los conflictos personales, sean dilemas internos, riñas laborales, o la locura y violencia que emergen en las situaciones supervivencia extrema. Siempre está pasando algo, siempre hay un reto para los numerosos protagonistas. La combinación de aventura, suspense, y drama es impecable. La serie te absorbe y zarandea, te deja helado y sobrecogido.

Cambios respecto al libro hay pocos. La relación de la inuit era con Crozier, no con Goodsir, pero es un acierto, porque el primero tiene líos de sobras con el mando y así el segundo gana protagonismo en partes donde de otra forma tendrían que haberse inventado otra cosa. Me alegro de que incluyan tramas muy secundarias que podrían haber sacrificado, como la relación del marinero anciano y culto, Bridgens, con el joven Peglar, que lo admira y ama, o un capítulo bastante complicado, el loco carnaval, que está muy bien ejecutado. También hay que señalar que los saltos a Inglaterra están mucho mejor aprovechados, pues en el libro resultaban más bien tediosos e irrelevantes.

Sólo se le pueden poner un par pegas que arrastra de la novela: el monstruo no parece necesario y el final es un tanto anticlimático. Había desventuras de sobra con la historia real, añadir un elemento externo tan artificial resulta un tanto forzado. Aunque es innegable que la criatura tiene muchos buenos momentos (el aguardo, Blanky, la irrupción en el campamento entre la niebla), no se libra de la sensación de que por lo general entra y sale en el relato según los guionistas quieran matar gente. El clímax final no me convence del todo, tanto por el monstruo como porque Hickey pasa de superviviente cruel a iluminado; me hubiera gustado que se centraran más en el conflicto humano. Y el epílogo con los esquimales se hace un poco largo y falto de garra.

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 4


AMC | 2018
Drama, suspense | 10 ep. de 42-61 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Rainer Bock.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo la temporada bastante a fondo. —

Better Call Saul remonta por fin, pero no como para dar la gran serie que había latente. Con cuatro años a cuestas va siendo hora de admitir que ya no tiene sentido esperarla, más que nada porque sus principales carencias provienen de su concepción inicial. Pero al menos empieza a dejar atrás el estancamiento en que estaba enquistada.

En cierta manera, mis plegarias se han escuchado. Decía en la etapa anterior que Vince Gilligan y Peter Gould seguían empeñados en tener a Jimmy dando vueltas alrededor de la abogacía legal a través de personajes y tramas bien gastados, hasta el punto de que la temporada era una prácticamente repetición de la segunda. Señalaba también que era una pena que no exploraran más el lado ilegal de Jimmy, que tenía mayor potencial de historias que el gremio de los abogados. Y en esta ocasión se mueven un poco en ese sentido.

Incapacitado durante un año, a Jimmy McGill no le queda otra que buscar otros trabajos, y la dificultad de la situación, sumada al aburrimiento de algunos de los puestos que encuentra, lo llevan a trapichear y estafar de nuevo, a acercarse a su alter ego, Saul Goodman. La diversidad de escenarios, los timos y enredos en que se mete, son muy amenos y van cimentado una evolución más clara que antes: la relación con Kim se resiente, se aleja cada vez más de los bufetes normales, su ya de por sí débil brújula moral se va resquebrajando…

Pero el lastre que tenemos desde la primera temporada sigue ahí: hay otra serie paralela de mucho menor interés. Las intrigas de Mike Ehrmantraut, Gustavo Fring, Héctor Salamanca y Nacho Varga no tienen sentido, no enlazan lo más mínimo con las vivencias de Jimmy, no aportan nada a lo visto en Breaking Bad (2008). Es muy absurdo coger unos personajes secundarios con historias ya terminadas y que al acabar aquella serie ya empezabas a olvidar, y contar con ellos aventurillas irrelevantes que ocupan más o menos la mitad de todos los capítulos. Se salva porque Mike es una figura bastante magnética, pero también da tumbos sin dirección clara.

Hacia el final, una de estas historias es más entretenida. El lío de Mike, Fring y los alemanes para construir el laboratorio que usarían luego en Breaking Bad es más movidito y se ve una relación más clara con dicha serie… pero estamos en las mismas, pretenden darle una relevancia muy artificial a un detalle menor y ya superado: todo lo que había que contar de ese lugar y los implicados ya se ha hecho. Y claro, en esas circunstancias no sorprende que tiren de artificios para tratar de que impacte más. El conflicto con el jefe de la obra es muy predecible, y se remata con la forzada inclusión de un tipo de la banda de los Salamanca, que por bien que lo haga el actor, sabe a truco barato para potenciar peligros que en realidad no llegan a transmitir nada.

Me temo también que la parte de Jimmy no llega a cumplir del todo, que al final pierde bastante fuelle. Parece que por fin va a salir expulsado del ambiente legal después de tantas vueltas, que acabará en los márgenes de la ley como Saul Goodman, pero llegamos a ese esperadísimo punto de inflexión de una forma muy anticlimática y confusa, no quedando claro del todo si ha pasado lo que tanto esperábamos pero han fallado al narrarlo o si ha sido una especie de introducción torpe y luego lo desarrollarán más. Tras varios amagos cutres (qué cansinas y predecibles han sido las audiencias para devolverle la licencia) aparece por fin Saul, así sin más. Viendo cómo ocurre, podía haberlo hecho en cualquier otro momento de lo que llevamos de serie. Sabemos de sobra que Jimmy siempre juega en la frontera de la ética y la ley, pero por inercia y empuje social trataba de mantenerse en una vida considerada normal, así que lo más lógico y esperable es que hubiera una catarsis que lo expulsara por la fuerza de una vez por todas. Con Fring y demás narcotraficantes presentes, con sus propios líos personales y con sus puntuales movidas ilegales, había margen de sobra para desarrollar el ansiado momento cumbre de su vida. Pero ninguno de los grandes reveses que ha sufrido lo ha provocado, la conexión con el mundo del crimen ni amaga con realizarse, y cuando parece recuperar la compostura, la estabilidad y la licencia de abogado, de repente elige ser Saul Goodman sin motivo alguno. Cuatro temporadas esperando un clímax y han pasado de él. Más les vale que hayan ideado una transición más elaborada, porque desde luego por ahora la decepción es importante.

En la puesta en escena sigue siendo una serie de muy buena factura, pero también se nota que llevan tiempo sin la pasión que mostraban en sus inicios y en Breaking Bad. De nuevo hay muchas transiciones con montajes elaborados que parecen incluir porque es el sello de la saga, no porque transmitan algo esencial, y en cuestión de fotografía no se lo trabajan tanto como antes. Hay un momento crucial que me dejó muy malas sensaciones: la principal pelea entre Kim y Jimmy, cerca del final, en un aparcamiento elevado, tiene una puesta en escena lamentable.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
-> Temporada 4 (2018)

THE EXPANSE – TEMPORADA 3

Syfy | 2018
Ciencia-ficción, drama, acción, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, Terry Chen, David Strathairn, Cara Gee, Chad L. Coleman, Shawn Dyle, Fançois Chay, Elizabeth Mitchell, Byron Mann, Martin Roach, Nadine Nicole, Andrew Rotilio, Monica Stuart.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas de la temporada. —

En la segunda temporada de The Expanse acabé decepcionado. En vez de aumentar el nivel de complejidad y calidad como se esperaba, hubo un importante estancamiento en tramas y personajes y también la sensación de que el abultado presupuesto que se supone que tiene no lucía como debería. Pero los guionistas se han puesto las pilas a lo grande y el equipo técnico y los directores han exprimido cada céntimo, logrando un año redondo, espectacular.

Tiene dos partes bien diferenciadas, tanto que parecen temporadas distintas, pero ambas son tan buenas que el abrupto cambio de escenario no afecta al ritmo y el interés. Tan buenas que hubiera preferido un año completo dedicado a cada parte, pero quizá los autores veían la sombra de la cancelación sobre sus cabezas y aceleraron la historia para dejarla en un punto y aparte que pudiera servir como final. Ha sido una serie demasiado ambiciosa y cara para Syfy, un canal en el que desde el éxito de la adulta y oscura Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) por alguna razón prefirieron apostar por series menores y por lo general más bien juveniles. Finalmente, se cumplieron los malos augurios, y acabó cancelada al termina la emisión de esta etapa. Pero por suerte son otros tiempos, y todos esperábamos que Netflix, su principal distribuidora fuera de EE.UU. y Canadá, siguiera con ella… pero en una maniobra inesperada ha sido Amazon quien ha adquirido los derechos para continuarla.

Como resultado, tenemos en una temporada lo mejor de los dos subgéneros habituales de la ciencia-ficción espacial: la ficción político-social y la fantasía de exploración. Pero el cambio de rumbo también renueva casi por completo las tramas y muchos personajes, algo insólito en una serie, y cambia la acción por el suspense. La primera parte del año se centra en la inevitable conflagración bélica en el sistema solar, la segunda, en la revelación final de la protomolécula. Ambas prometen cambiar el curso de la historia de la humanidad para siempre.

La guerra trae mil frentes abiertos, planes desbaratados por factores inesperados o traiciones, batallas y muerte por doquier. Vemos las tribulaciones políticas del gobierno de la Tierra, con la ambición del pelele de Gillis alentada por el corrupto de Errinwright: el secretario general sopesa la difícil disyuntiva de actuar con prudencia y esperar que las cosas se calmen o aprovechar el conflicto y hacerse un nombre en la historia. Conocemos las dudas de lealtad de los almirantes principales y algunos capitanes, donde se suceden disputas y motines que desmiembran la flota, mientras la armada de Marte, con su fanatismo, se mantiene unida. Todo parece abocado al desastre a pesar de la presencia de la pacifista reverenda y doctora Anna Volovodov (Elizabeth Mitchell), una vieja conocida de Gillis que este ha contratado para asesorarlo; pero la mujer se encuentra en un nido de víboras con poco margen de maniobra.

La protomolécula, por más esfuerzos que ha hecho la tripulación de la Rocinante, ahora renombrada como Pinus Contorta, sigue en manos de Jules Pierre Mao. Pero por ahora su prioridad es encontrar a Mei, la hija del botánico Meng, y no inmiscuirse en el conflicto bélico, que bastante problemas han tenido ya. Pero niña está en el núcleo de la tormenta, y así que acaban sorteando batallas y teniendo relevancia en el desarrollo de los eventos lo quieran o no. La secretaria Avasarala, con su guardaespaldas Cotyar y la marciana Bobbie, tratan de desenmascarar el complot de Mao y Errinwright, pero cayeron en su trampa y tienen que luchar a tiros por salir. ¿Lograran revelar pruebas de que la guerra ha sido provocada por intereses particulares?

El ritmo más que trepidante es demencial, no hay respiro, siempre surge un nuevo peligro, Los protagonistas principales recuperan el tono después de perder algo de fuelle. Cabe destacar la fantástica relación entre Amos y Meng, pero todos resultan de nuevo personajes llenos de matices y con gran magnetismo, y los actores están muy implicados. Muchos secundarios cobra mayor relevancia. Los almirantes Nguyen (Byron Mann) y Souther (Martin Roach) y sus principales oficiales ofrecen algunos de los momentos más tensos del año, pero tenemos un sinfín de historias menores con otros capitanes y soldados que potencian ese detallismo y realismo con el que se describe la historia del sistema solar.

En la segunda parte, la protomolécula salta a primer plano, habiendo creado en Venus un artefacto de propósito desconocido. Todo el sistema solar pone sus ojos en ello, pero la tensión en el aire es palpable, hay demasiadas heridas abiertas y rencillas pendientes, y juntar todos los bandos en un mismo sitio con tantos peligros y tanto miedo garantiza un polvorín. ¿Podrá la fascinación que despierta el objeto impedir la extensión de la guerra?

Conocemos a nuevos capitanes de Marte y la Tierra, más asesores varios, y el cinturón vuelve a requisar la nave generacional de los mormones y la envía llena de su gente al mando de Camina Drummer y el veterano comandante, pirata y terrorista Klaes Ashford. La tripulación de la Pinus Contorta acaba también metida en el meollo, con Jim Holden teniendo unas visiones extrañas justo cuando, por la fama adquirida, tienen unos periodistas abordo.

La inteligencia con que los escritores integran en la narración distintas visiones de lo que ocurre es digna de alabanza. La religión, la ciencia, la política, lo personal… todos los puntos de vista chocan ante una situación desconcertante que promete cambiar el entendimiento del universo. Cada personaje tiene una forma de reaccionar, y todos juntos mueven los acontecimientos. Mi sección favorita, aparte del grupo de Holden, son los líos de Ashford y Drummer y su población de cinturianos que comprende desde obreros resentidos a terroristas, todos con generaciones de odio a cuestas contra los planetas interiores por la larga historia de expolio y ninguneo. ¿Podrán la nueva situación aplacar la ira y dejar paso a la reconciliación? Dos colosos interpretativos, el conocido David Strathairm como Ashford y la joven pero sorprendete Cara Gee como Drummer, se alzan como los personajes secundarios del año, los comepantalla por excelencia: todas sus escenas, riñas y problemas son memorables.

Aquí también tenemos pequeños relatos que enriquecen la perspectiva global. Me ha encantado la del “saltador” (esos que hacen carreras de velocidad entre planetas y lunas), muy bien concentrada en pocos minutos y con un final alucinante, pero el capitán prudente de la nave insignia de la Tierra y la rica que se cuela en ella con Volovodod para estar en primera línea de los acontecimientos también son muy interesantes.

El único aspecto negativo, el único hilo suelto, es la presencia de Clarissa Mao (Nadine Nicole), otra del clan de los Mao que aparece para meter cizaña a su manera. Sus motivaciones no son nada verosímiles, por muy obsesionada que esté con la venganza por lo sufrido por su familia, no resulta creíble su viaje e intenciones. Pero aunque sea un personaje que rechina bastante, su interacción con los demás, los eventos que provoca con sus acciones, son muy variados. Por otro lado, cabe mencionar que el líder de la OPA, Dawes (Jared Harris), no aparece a pesar de que se lo menciona mucho y cabía esperar que dada su importancia estuviera presente; pensaba que sería por problemas de agenda del actor y que Ashford era un personaje creado para sustituirlo, pero por lo visto en los libros también se va dejando de lado.

En el aspecto visual prometió mucho en la primera temporada para, como señalaba, no crecer como se esperaba en la segunda. Pero este año es deslumbrante. Cada pocos capítulos aparecen nuevas naves con decorados muy elaborados y vistosos, de forma que parece una superproducción de cine. La puesta en escena maneja muy bien el ritmo ágil y la acción con muchos frentes abiertos a la vez, de forma que la historia fluye muy bien. Y hay con partes muy intensas en los escenarios bélicos y otros poblemas abordo, como el caos en que se sumerge la nave insignia de la Tierra con el frenazo. Las batallas espaciales no son tan numerosas como en Babylon 5 (J. M. Strackzynski, 1993) o Battlestar Galactica, pero resultan espectaculares, y eso a pesar del afán por hacerlas realistas.

La temporada resultante es colosal, con una ambición y realismo fascinantes como no se ha visto en el género desde Babylon 5. Sólo temo que después de este punto álgido no vuelva a tener historias tan llamativas, pero veremos qué nos ofrece, porque a partir de ahora no sabemos por dónde nos pueden llevar, salvo que obviamente hayas leído los libros, que van bastante por delante.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2015)