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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 1

BBC Two | 2013
Suspense, crimen | 6 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Sam Neill, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Iddo Goldberg, Sophie Rundle, Joe Cole, Alfie Evans-Meese.
Valoración:

El guionista inglés Steven Knight se ha ganado bastante renombre en el cine gracias a algunos éxitos como Aliados (2016), Un viaje de diez metros (2014) o El caso Fisher (2014), pero si destaca es por su gran trabajo en Promesas del Este (2007). En televisión empezó a hacerse notar con Los detectives (1993-1997), pero pegó el pelotazo con Taboo (2017), que sin ser extraordinaria ha causado bastante impacto, quizá por el tirón de su protagonista, Tom Hardy. Antes de ella creó Peaky Blinders (2013), que ha ido ganando adeptos con el tiempo, más aún con la llegada de Taboo.

La serie se inspira en la mafia que le da título, los Peaky Blinders, que operaba en Birmingham, Reino Unido, desde finales del siglo XIX. Nos embarcamos en sus aventuras en su momento álgido, en el período de entreguerras, siguiendo las andanzas de una familia ficticia que la dirige, los Shelby. El joven Thomas vuelve de la Gran Guerra con fuerza y experiencia, pero sobre todo con ambición, que lo empujarán a hacerse con el poder e ir expandiéndose. Su madre y sus hermanos no conocen otra forma de vida, y darán todo por seguirlo en los negocios donde mejor florecen estos criminales, como las apuestas. Pero el hacerse notar también implica ganarse nuevos enemigos, sean otras familias o el gobierno, que envía a un duro director de policía contra ellos.

La premisa expuesta en los dos primeros capítulos no es muy alentadora. El dibujo de la familia mafiosa obedece a todos los clichés del género, recordando demasiado a Los Soprano y especialmente a Hijos de la anarquía. La pugna del joven con visión contra los veteranos obtusos, la matriarca que ha tomado las riendas ante un padre ausente (aquí recuerda muchísimo a las andanzas de los moteros), la riña con la familia contrincante, los negocios típicos, las peleas, las fuerzas de la ley intentando darles caza… Es decir, todo parece demasiado visto. Lo peor es la introducción del policía, con Sam Neill forzando acento irlandés en un rol demasiado arquetípico, y de la chica infiltrada, que resulta muy sosa, en especial por la pobre interpretación de Annabelle Wallis.

Así pues, no parecía una obra con ambición y potencial suficiente para destacar. ¿Qué me hizo seguir? Principalmente las críticas que hablan de gran subidón en las siguientes temporadas, pero también que posee cierto carisma. El ambiente duro y violento de la época está muy bien conseguido, la sociedad queda representada con verosimilitud pero también atractivo. Además, la puesta en escena va un poco más allá, consiguiendo un aspecto visual bastante potente. Pero, sobre todo, Thomas es un personaje central muy jugoso, y la interpretación de Cillian Murphy magnífica desde el primer momento. Los traumas de la guerra le dan un poso dramático muy interesante, su determinación e inteligencia resultan fascinantes, y su lado humano, aunque sea con el predecible enamoramiento con la infiltrada, termina de formar un rol complejo que evoluciona a ojos vista y promete mucho más.

El problema es que no terminan de desarrollar a los demás protagonistas, a pesar de centrar algunos episodios en varios de ellos. Cuesta hacerse con la personalidad de cada hermano, de hecho incluso de cuántos son. La pandilla crece y decrece según se necesite gente para una historia u otra. El policía y la infiltrada resultan cansinos, y su desenlace lo más predecible en un repertorio de historias nada novedosas.

Pero también hay la suficiente solidez como para lograr un entretenimiento muy digno. Los capítulos son largos, de una hora todos, pero siempre hay movimiento y sensación de que cada intriga y plan tendrá repercusiones, de forma que, aunque estas se vean venir, no hay tiempo para que aparezca el aburrimiento. Y Thomas sostiene la serie con un magnetismo arrollador, realzado sobre todo por la colosal interpretación de Cillian Murphy. Siempre quieres saber más de él, si superará los traumas de la guerra, si levantará a la familia, si vencerá al insistente policía… Y deja algunas escenas memorables, como cuando pone a prueba a la prometida de su hermano u obliga a otro a casarse para unir familias. Estas mismas escenas enriquecen algunas de las tramas con giros más trabajados (tanto en el drama como en el factor sorpresa), y dejan la sensación de que la serie sí puede crecer bastante.

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DARK MATTER – TEMPORADA 3 Y FINAL

Space, Syfy | 2017
Ciencia-ficción, suspense | 13 ep. de 43 min.
Productores ejecutivos: Joseph Mallozzi, Paul Mullie.
Intérpretes: Melissa O’Neil, Anthony Lemke, Alex Mallari Jr., Jodelle Ferland, Zoie Palmer, Torri Higginson, Andrew Moodie, Ellen Wong, Ennis Esmer, Ayisha Issa, Mishka Thébaud.
Valoración:

La tercera temporada de Dark Matter es la última, pues Syfy la ha cancelado debido a su continuada bajada de audiencias, dejando en el aire todas las historias personales y las tramas globales. Nunca ha sido una gran serie, ni aspiraba a ello, pero prometía varios años de buen entretenimiento de género. Sus problemas ya estaban ahí en sus inicios, pero sus virtudes y la percepción de que iba madurando en buena dirección los eclipsaban bastante. Pero esta etapa me ha resultado larga y dispersa, con más achaques que aciertos. En vez de madurar y centrarse va atascándose en algunos vicios, mostrando una deriva general que empieza a pesar más de la cuenta.

El punto oscuro más vistoso y creciente es la sensación de improvisación, de que las líneas narrativas no se han planeado con dedicación y visión sino que las apañan mediante lluvias de ideas en la sala de guionistas, en plan Perdidos. La más relevante, la guerra entre las grandes corporaciones, no está mal, pero no terminan de cogerle el punto y la relegan más de la cuenta.

El sistema político, social y económico vigente era injusto, pero el conflicto y el resultado más previsible pondrán las cosas peor, así que nuestros protagonistas planean implicarse para tratar de inclinar la balanza hacia algo mejor. Se siente la gravedad de la crisis y se sigue su desarrollo de fondo en cada capítulo, aunque estos se dediquen a otras aventuras. Pero a la hora de la verdad tenemos pocos episodios centrados por completo en este asunto (las colonias en huelga es lo más relevante), dando la impresión de que se deja de lado el hilo principal para inventarse rellenos sobre la marcha. De hecho, es lamentable cómo intentan sacar de mala manera de la ecuación el Impulsor Instantáneo, una de las muchas cosas improvisadas, que ahora no saben cómo mantener porque les da a los protagonistas una ventaja total, así que siempre hay una excusa, que no lo tienen o que está estropeado… ¡Tanto jaleo con el chisme para esto!

La otra sección que más ocupa es la de las intrigas palaciegas de ese imperio pseudojaponés donde meten a Cuatro cuando recupera su personalidad de Ryo Ishida, el heredero del trono. A pesar de ser la parte que peor resultado dio en los primeros años se empeñan en extenderla con más tópicos rancios y cargantes. El emperador Ryo es cabezota e infantil, la corte un nido de víboras, el maestro sabio y paciente, y su guerra aburre un montón. Además, resultan aventuras con un tono y un recorrido tan ajeno al resto de la serie que no sé en qué pensaban al incluirlas y encima ir dándoles más protagonismo. Y no me paro a listar todos los puntos poco trabajados o los agujeros de guion: que todos vayan por la corte con katanas a pesar de los recelos en seguridad, los diálogos chapuceros… Cada vez que aparece este grupo de personajes el interés cae al mínimo y el tedio hace mella.

Los capítulos del día son desiguales, aunque nunca malos o pesados. Tenemos aproximaciones a la ciencia-ficción más dura, con paradojas temporales clásicas a lo Star Trek pero bastante entretenidas, y otras más originales que dejan aún mejor impresión. El manido viaje a la Tierra en nuestro presente sorprendentemente funciona, el lío con los interrogatorios en realidades virtuales es bastante ingenioso, y el bucle temporal de Tres es muy movidito y divertido, por ejemplo. Pero también saltamos a aventuras de mercenarios muy trilladas, en plan Firefly de baratillo, con secuestros, tiroteos y demás enredos predecibles. El problema es que en vez de perfilar la combinación de géneros e ir arreglando los desequilibrios han seguido añadiendo capas al tuntún, es decir, acabamos el año sin haber terminado de encaminar ninguna de las líneas abiertas pero lanzando nuevas más rebuscadas. El momento en que una versión futura de Cinco anuncia lo mucho que les queda por vivir, tratando de poner intriga sobre las tramas por venir, dio bastante vergüenza ajena, y cuando empieza a materializarse esa nueva lluvia de ideas desde luego apunta bajo: ahora tenemos alienígenas que vienen de otra dimensión.

La parte más llamativa y eficaz hasta ahora, los protagonistas, sus secretos y relaciones, empieza a dar algunos tumbos en vez de ir aumentando el nivel de interés y complejidad. Algunos misterios dan pasos en buena dirección, como los orígenes de Dos, que ofrecen buenas sorpresas, o algo que promete bastante, la rebelión de los robots, donde nuestra Androide tiene su protagonismo, aunque se afea con esa cutre forma mostrar sus recuerdos con cuentagotas. Hay revelaciones que me dejaron un poco frío, como el pasado de la joven Cinco, bastante insustancial… y que se torna delirante cuando empiezan a añadir giros de culebrón para intentar darle enjundia: ¿una hermana perdida cuya madre adoptiva es la jefaza de otra corporación? Y otros están dando vueltas en círculos: Seis y sus deseos de mejorar el mundo no terminan de cobrar forma (de hecho lo aparcan un par de capítulos, donde deja de aparecer), y cuando se mueve un poco no emociona: su drama familiar es muy simplón; y Tres y su romance con su novia virtual tampoco consigue dejar huella a pesar del tiempo que ocupa, y aunque en el final por fin parecían darle vida, literalmente, no me llamó mucho la atención.

Con los secundarios hemos tenido el mismo problema que en la etapa anterior: no han sido capaces de mantener a algunos actores, y han buscado sustitutos con desigual resultado. La que llegó para intentar llenar el hueco de Uno, Nix, fue despachada también de mala manera, y es descarado cómo se buscan otro personaje parecido y una actriz calcada, pero con tanto empeño en la imitación o sustitución los escritores no se esfuerzan en su personalidad y no termina de ganarse su hueco. El mafiosillo que los contrataba también se esfuma, pero por suerte el sustituto es un actor con buenas aptitudes (Mishka Thébaud), y esta vez sí dibujan un rol muy llamativo. Del resto de recurrentes sólo destacan el mercenario de la tripulación de la Raza paralela (esa que surgió en algún cruce entre universos), el que siempre lleva un palillo en la boca, y la comandante Truffault; los demás son más bien cargantes (el jefazo de la otra corporación, Nieman, y la citada corte del emperador) o se trabajan tan poco que de una aparición a otra ni me acordaba de quiénes eran, como esos agentes de la Autoridad Galáctica que salen de vez en cuando.

Otro lastre es el perfil bajo de la producción. No me quejaría de la falta de dinero y recursos si con imaginación y buen hacer mantienen cierta dignidad, pero la puesta en escena es bastante malilla, sobre todo en las escenas de acción, y he acabado hasta las narices de los cortes para publicidad con momentos de tensión forzada (con unas cuantas falsas muertes lastimeras) y caras de asombro en los actores. Aun así, debo decir algo en su favor: hay más y mejores escenas de naves y batallas espaciales que en Star Trek: Discovery, a pesar de que su presupuesto será como diez veces menor.

Al final, lo único que sostiene la serie a estas alturas, aparte de los capítulos independientes más amenos, esos centrados más en la ciencia-ficción que en la política, son las relaciones entre personajes, donde los actores, sin deslumbrar, mantienen buena química, y el guion, aunque empieza a mostrar desgaste, aún ofrece frases y situaciones con cierta gracia. Pero apenas llega para sostener un conjunto caótico, sin previsión de mejora sino todo lo contrario. Han tenido tres años para encarrilar una serie con bastante potencial y no han sabido hacerlo, así que la cancelación es entendible.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 5 Y FINAL

BBC America / Space | 2017
Drama, suspense, ciencia-ficción | 10 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: John Fawcett, Graeme Manson, David Fortier, Kerry Appleyard, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kevin Hanchard, Maria Doyle Kennedy, Kristian Bruun, Ari Millen, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Skuler Wexler, Cynthia Galant, Lauren Hammersley, Stephen McHattie, Kyra Harper, Rosemary Dunsmore.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo la temporada. —

Me alegré cuando anunciaron que la quinta sería la última temporada de Orphan Black, porque era evidente el desgaste creciente. Y si bien la pequeña remontada en la cuarta recuperó mi fe, siendo además alentada porque con el final a la vista era de esperar que se pusieran las pilas, el presente curso ha sido el más flojo, hasta el punto de resultarme una decepción donde ni si quiera el desenlace ha disminuido las malas sensaciones, de hecho las ha agravado.

El problema se empezó a hacer patente en la segunda sesión y más grave en la tercera. Es el virus de Expediente X, eso de que los guionistas se empeñan en alargar las tramas dándole giros sensacionalistas poco meditados, añadiendo una maraña de capas que no sirve para disimular la falta de ideas y esfuerzo. En este caos las virtudes iniciales se iban diluyendo. Las agradables y entretenidas aventuras de las clones sobrellevando sus vidas empezaban a quedar demasiado eclipsadas por la impostada seriedad y el farragoso entendimiento del thriller de conspiraciones. El cuarto año recuperó un poco las formas, y auguraba que el tramo final iría al grano intentando arreglar el entuerto… Pero me temo que este virus alcanzó una extensión fatal y los escritores no han sido capaces de encauzar las cosas.

Lo peor es que da la sensación de que se aferran a unos pocos malogrados puntos clave y no son capaces de ver más allá, ni sus errores ni las necesidades de la historia. Uno ya lo conocíamos y estaba bien gastado: la dichosa enfermedad de las clones, que mucho amenazar pero afectaba solo a Cosima, y aparecía y se ralentizaba según quisieran apremiar o reservar el drama, y por tanto hace mucho que no había quien se la creyera. La segunda es el intercambiable enemigo. Tras marear la perdiz con Ferdinand, Evie Cho, Susan Duncan, Rachel, Leekie, Coady, la junta de tal y cual nueva empresa (otra que cambiaba cada poco tiempo), uno ya no sabía de quién huían y contra quiénes luchaban. Para colmo introducen a un nuevo tipo raro y medio loco que se supone el cabecilla de todo, P. T. Westmorland, pero no causa misterio ni temor alguno, sobre todo cuando empiezan a reaparecer otros que ya creíamos superados (Susan, Coady, Ferdinand) y las agendas se entrecruzan sin que terminemos, ahora que era más necesario que nunca, sabiendo a quién debe lealtad y qué planea cada uno. La tercera base mal exprimida es la permanencia en la isla de Westmorland y su panda de seguidores en plan secta. Su uso como guarida final del enemigo es bastante penoso, primero, por la falta de credibilidad en que dirigiera grandes investigaciones desde ahí y de la gente absurda que lo sigue, segundo, porque nos tiramos todo el año ahí, relegando el necesario avance de las historias sin disimulo alguno.

Cuando por fin parece que todo se va a encaminar hacia algo más concreto encontramos meteduras de pata y puntos grises en cantidad, hasta el punto de que no se entiende la mitad de lo que ocurre. No me creo que las luchadoras de Sarah y S. vuelvan a casa sin más, se rindan y acepten peticiones tan exigentes como que experimenten con Kira. Sigue sin entenderse los cambios de bando y las apariciones aleatorias de algunos secundarios como Ferdinand, Susan Duncan y Delphine, y, más importante, nunca se llega a vislumbrar qué persigue Rachel. La parte del detective Art no tiene ni pies ni cabeza: acepta trabajar con la policía infestada de los malos sin más lucha, y sólo de vez en cuando parece tomarse en serio lo de ayudar a las “sestras”.

Así pues, no ha habido sensación de dirección, no ha surgido intriga por el porvenir de las clones, de si saldrán airosas y cuánto tendrán que sacrificar. Los villanos son más cansinos que nunca, no casuaban pavor alguno y como digo ni se llega a entender el plan y ambiciones de cada uno, más allá de terminar simplificando todo en un cutre concepto de cómic: Westmorland quiere ser inmortal a toda costa. Los secundarios, salvo Donnie, están cada vez más diluidos, incluso Scott, pero es que hasta las clones se atascan en un bucle eterno, con lo que se pierde aún más ese tono aventurero con toques de comedia que hizo destacar a la serie en sus inicios.

En esta situación se veía venir un final desastroso, y lo cumple bastante bien: los cierres a las tramas principales dan vergüenza ajena, y los personajes ya no tienen mucho que decir y no ofrecen nada sorprendente. Es delirante lo que hacen con Felix y su nueva hermana: desaparecen al poco y los usan como comodín externo para concluir una parte de la trama, mientras que la otra también llega sin más. Sí, tras cinco temporadas con las clones luchando incansablemente por conocer sus orígenes, librarse de sus enemigos, hallar la cura y poder vivir en paz, Cosima se tira todo el tiempo dando paseos por la isla con problemas irrelevantes y repetitivos, Sarah deja de ser ella y se apalanca en casa, lamentándose sin hacer nada, Alison apenas tiene un par de escenas para cumplir con su línea, Helena con su embarazo queda definitivamente como un macguffin dramático de baratillo, y finalmente la conspiración científica que las asfixiaba la resuelven Felix y Adele fuera de pantalla y la dichosa cura le cae a Cosima en las manos después de muchos amagos tramposos.

Para rematar, tenemos dos giros muy típicos y mal empleados: la muerte gratuita de un personaje para forzar un supuesto final trágico, pero que como es de esperar sabe a polvo por lo falsa que resulta, y el intento de recuperar los orígenes, de cerrar el círculo, a base de flashbacks, que no aporta nada necesario y se inclina también demasiado por la manipulación emocional. Y por si fuera poco el epílogo se apoya en otros clichés rancios: la reunión feliz en plan barbacoa en el patio trasero resulta tan pastelosa como insatisfactoria. El final parecía que iba a salvarse porque amagan con mostrar secuelas de todo en Sarah, pero no llega a dar nada llamativo y terminan por dejar esa y muchas otras cuestiones en el aire: ninguna tiene trabajo, ¿viven de Alison y Donnie todas?; ¿y qué fue del trabajo de estos?; la trama empresarial era enorme, pero por arte de magia se ha diluido por completo (¿y el control que tenía esta gente sobre la policía?), y además tras tanto ruido ningún país ni autoridad parece haberse enterado de nada; y no me he parado a analizar más a fondo para no sentirme peor.

Del año salvo bien poco. Una original y efectiva escena que recupera los líos con las clones, en esa fiesta que monta Felix donde las presenta poco a poco; el impactante cariz que toma el asunto del ojo Rachel, donde no se cortan un pelo a la hora de mostrarlo; la loca de Krystal seduciendo a un empresario para conseguir información. El resto, monotonía, vueltas en círculos, soluciones chapuceras para historias ya agotadas, y un insuficiente drama personal. Casi todos los capítulos se me hicieron larguísimos y pesados, y el final muy decepcionante. La personalidad de Tatiana Maslany imprime a todas las clones, incluso las que tienen breves apariciones, apenas sustenta una etapa errática, aburrida, que quizá aprobará por los pelos, pero como temporada de Orphan Black, más siendo la final, hay que considerarla fallida.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

MR. ROBOT – TEMPORADA 2

USA Network | 2016
Suspense, drama | 12 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Sam Esmail, Steve Golin, Chad Hamilton.
Intérpretes: Rami Malek, Christian Slater, Portia Doubleday, Carly Chaikin, Michael Cristofer, Grace Summer, Azhar Khan, Sunita Mani, Martin Wallström, BD Wong, Stephanie Corneliussen,Gloria Reuben, Ron Cephas Jones, Michael Drayer, Omar Metwally, Joey Bada$$, Craig Robinson.
Valoración:

No compartí, ni entendí, el desmedido entusiasmo con que se recibió a la primera temporada de Mr. Robot, que fue la más hablada y laureada del verano de 2015, hasta el punto de llegar a los Globos de Oro como mejor drama a pesar de venir de fuera del circuito comercial estándar. Es cierto que tenía algunas buenas virtudes, pero el conjunto andaba bastante desequilibrado. El magnético personaje central, encarnado con entusiasmo por el entonces desconocido Rami Malek, cautivó rápidamente, los secundarios tenían bastante tirón también, y la estética vanguardista funcionaba, dándole a la serie un aire moderno y valiente que en su interior en realidad no llegó a tener. Y es que su autor, Sam Esmail, abraza desde el principio la grandilocuencia, la pretenciosidad, el vanguardismo impostado. La crítica al sistema, tan prometedora, no parecía llevar a nada, salvo a la típica conspiración imposible. Los dramas personales se iban viendo demasiado rebuscados unas veces y simplones otras, minando bastante la proyección de unos protagonistas inicialmente muy atractivos. En otras palabras, los malabares no ocultaban lo obvio, que la trama no se ha estudiado bien, que van escribiéndola improvisadamente, como suele ocurrir más de la cuenta.

Es cierto que la serie podía haber madurado, que los guionistas podían haber pulido los errores y encontrado un mejor equilibrio… Pero servidor ya tiene experiencia, se ve venir cuándo hay posibilidades de remontada y cuándo es todo humo. Por lo general, serie que empieza con tanta improvisación y artificio, serie que se estrella pronto. Para los que no supieron verlo en ese momento, la segunda temporada fue una decepción, hasta el punto de que la serie ha pasado al olvido en un visto y no visto. La audiencia media cayó a la mitad, y en internet la pasión se esfumó desde los primeros capítulos para no volver. Eso sí, no sé cómo cosechó buenas críticas todavía, aunque dejó de copar el top ten de los medios (¡la mayoría le dieron el primer puesto a la temporada inicial!), y con la inercia arañó de nuevo nominaciones en los Globos de Oro, aunque sólo para los actores.

Desde el primer capítulo de esta nueva etapa se ven los torpes requiebros que hace Esmail para disimular que navegamos hacia ninguna parte. Como los débiles pilares van quedando expuestos, se empeña en soltar más humo y desvíos de atención, a ver si así no nos damos cuenta de las carencias. Todos los misterios que dejó abiertos en el final de la primera temporada son estirados sin vergüenza alguna, apartados, mareados, retorcidos para, supuestamente, lograr que nos enganchemos sin poder apartar la mirada. Hasta los últimos episodios no sabemos quién llamó a la puerta de Elliot, cuál era la relación con Tyrell Wellick, dónde ha estado ocultándose este, quién llamaba y enviaba presentes a su esposa, hacia dónde va a dirigirse ahora el ataque contra Evil Corp, cuáles son los planes del CEO de la compañía y el misterioso chino llamado Whiterose por un lado y los del Dark Army por el otro.

Como es esperable en este panorama, no va a haber muchas respuestas efectivas, o al menos concluyentes. Algunas son obvias, la mayoría exageraciones, y unas pocas se vuelven a dejar en el aire. Por supuesto, la conspiración ofrece una nueva cara cada vez más improbable, el plan tiene una nueva fase supuestamente épica, y los personajes quedan en punto de inflexión muy forzado. En los spoilers me extiendo.

Hasta entonces entramos de lleno en el juego de marear la perdiz, abundan las trampas argumentales, las subtramas repetitivas, los giros sensacionalistas, los rellenos absurdos (esos prólogos y recesos a lo Breaking Bad, pero sin su gracia y espectacularidad). Y como el factor sorpresa ya no existe y la conexión con unos personajes estancados se diluye a marchas forzadas, los trucos cantan, el interés cae y el aburrimiento aflora. Tenemos más capítulos que en la primera temporada, algunos de una injustificable hora de duración. Si ves que no tienes material, agiliza la narración, haz episodios de cuarenta y cinco minutos, que entren rápido y destaquen los momentos clave. Pero, sobre todo, para conseguir sensación de intriga, para ganar nuestro interés por ir viendo cómo se llega a desentrañar el misterio, debes mostrar a los personajes trabajando en una dirección clara, soltar pistas que tengan lógica y sean creíbles. Relegando con engaños y trucos argumentales baratos sólo se genera frustración.

Los seguidores que quedan a estas alturas son los que alaban estos fuegos artificiales superficiales, los enredos visuales y técnicos sin coherencia real ni contenido. Sirva de ejemplo el tiroteo en una cafetería. Me resultó tan teatralizado en estilo e incoherente en el fondo que me puse a leer comentarios… Y encontré a gente flipando por el plano fijo y que la cuenta atrás del semáforo de los peatones marcaba también el inicio de los disparos. Yo en cambio puse mala cara al ver a unos tipos andando en moto con metralletas en plena ciudad a pesar de la histeria terrorista, me preguntaba de qué va este Dark Army tan poco creíble, por qué pretendían de repente matar a estos personajes, cómo dan con ellos, por qué la agente del FBI tan supuestamente lista no espera refuerzos…

La temporada está formada por infinidad de escenas de este tipo, descuidando de mala manera la progresión global de trama y personajes. Se retuerce tanto la historia que al final ni quedan claras las motivaciones, ni siquiera las acciones, de la mayor parte de los protagonistas. ¿Qué objetivos persiguen, cuál es el curso de acción que planean? A veces hacen movimientos contradictorios, sobre todo Angela, que da unos bandazos alucinantes. Lo único que saco en claro es que la pandilla se ha dado de bruces con la realidad y se ha acojonado, se ha dado cuenta de que sus ideas no tienen mucho sustento ni recorrido. Lo de tumbar el sistema económico capitalista, sustentado sobre todo por la todopoderosa Evil Corp, les estalla en la cara. El dinero será un valor virtual gestionado por una élite, y la especulación y otros males reprobables, pero sin él las familias pasan hambre, sin poner una alternativa de sistema económico la sociedad colapsa. Es decir, luchar contra el capitalismo desenfrenado está muy bien, pero destruirlo sin más y esperar que en la anarquía resultante todo se arregle solo es de niñatos imbéciles. Al final los protagonistas parecen ir dándose cuenta de eso y de que han sido peones de la conspiración, esa liderada por algunos poderosos que quieren manejar a los gobiernos a su antojo. Así pues, de cara a la próxima temporada cabría esperar el despertar y la revolución de los protagonistas ante el nuevo orden mundial en el que ellos mismos han colaborado, y quizá incluso se dé la paradoja de que luchen por volver a lo que tenían.

Este es el único atisbo de inteligencia y la única sensación de dirección, de contenido, que se puede extraer de la temporada. Esmail, aparte de censurar el capitalismo ahora también acusa con contundencia a las críticas inertes o dañinas. Con el Dark Army, los fanáticos protagonistas y los idiotas que los siguen se ataca muy bien a Anonymous y la turba de inmaduros que lloriquean en internet sin tener ni idea de nada ni proponer alternativas viables. Es un giro valiente y muy divertido, porque esta fauna es precisamente la que más se enganchó a la serie. Por el lado contrario, la crítica al capitalismo, donde señala que las mega corporaciones son las que mandan cada vez más en los países, se va desdibujando, ahogada en esa conspiración que resulta tan inverosímil y pasada de rosca que, cada vez que toma presencia, y por suerte son pocas ocasiones, por eso de avanzar lo mínimo y con misterios impostados, me daba la risa.

Por lo demás, los otros pilares de la serie están en el límite. Los personajes siguen manteniendo cierto tirón, sobre todo gracias al buen trabajo actoral, en especial Elliot y Rami Malek. La historia de hackers enfrentados al sistema, quitando toda la maraña de enredos narrativos, tiene atractivo y potencial todavía. Y la notable factura visual consigue hacer digeribles hasta a los episodios más aburridos… que ciertamente son la mayoría. Lo que queda es un mínimo aceptable si se pone bastante esfuerzo de tu parte: paciencia por la lentitud y hacer un poco la vista gorda a tanta gilipollez para quedarte con los pocos buenos momentos y los pocos avances. Pero, volviendo a hablar de la experiencia en series, esta que me dice que, salvo un inesperado milagro, es muy dudoso que Mr. Robot consiga remontar.

Alerta de spoilers: A partir de aquí analizo la temporada a fondo.

Es demencial cómo nos tienen siete capítulos, largos y aburridos todos, forzando la situación de Elliot, manteniendo ese limbo absurdo y cansino. Desde las primeras escenas de la temporada está claro que los dos nuevos personajes salidos de la nada sin una presentación natural tienen algo raro. Atendiendo a la premisa, está claro que estarían en la mente de Elliot o distorsionados por ella. Pero entre las órdenes de la cadena de alargar la serie y el plan narrativo de Esmail, los guionistas las pasan putas para no revelar el truco hasta el tramo final. Mientras tanto tragamos una y otra vez con la escena de la cancha de baloncesto, el acercamiento al negro grandote (Ray, Craig Robinson), la comida con el negro simpático (Leon, Joey Bada$$ -¡!-), todo ello mostrado con infinidad de conversaciones pretenciosas pero huecas, y con trampas, muchas trampas: cada vez que alguien habla con Leon la cámara lo enfoca de forma que parezca estar hablando con Elliot, para que nos creamos que es otra doble personalidad. Lo único llamativo que se puede sacar queda muy diluido: la batalla de Elliot contra Mr. Robot, la representación mental de su padre que controla muchos momentos de su vida, es muy repetitiva y rebuscada también. Trucos surrealistas, como el viaje en plan comedia setentera, con aparición de Alf incluida, no hacen sino seguir cavando la tumba de la serie, cada vez más manipuladora y rebuscada por fuera pero más insustancial y aburrida por dentro. Y, atención, porque en el octavo episodio no aparece Elliot, se reservan las respuestas del largo engaño para el noveno. Y por si fuera poco en él te lo dan todo bien mascado, reincidiendo demasiado en cosas obvias. Así, la sensación de que toman por tonto al espectador se hace cada vez más grande.

El resto de protagonistas están también atascados o deambulando sin rumbo. Darlene y los compañeros hackers no hacen nada, absolutamente nada, hasta el lío en la mansión que han ocupado (208). Sólo entonces surgen problemas reales, lidian por tomar decisiones difíciles, se ve en ellos esfuerzo, sufrimiento, y tememos por su futuro inmediato. Pero, por desgracia, esa intriga que se pone sobre sus hombros dura poco, de nuevo caemos en la más absoluta indiferencia con tramas muy trilladas, muy simples y adornadas malamente. Que caiga uno u otro en manos del FBI no causa congoja, porque sabemos que se librarán, que tengan que dejar todo para huir no duele, porque no conocemos nada de sus vidas, a quiénes aman, qué rutina abandonan.

En un mundo aparte está la mujer de Tyrell. Copa muchísimas escenas sin aportar nada tangible la serie, y el giro final donde resulta que quien la llamaba y enviaba regalos era el currante de E Corp al que Tyrell mató a su esposa en uno de sus arrebatos, no podía ser menos interesante. ¿Qué pinta aquí este culebrón? Supongo que forma parte del intento de mantener la expectación por el retorno de Tyrell, pero vaya chapuza. También quedan muy infrautilizados Cisco y la psiquiatra, que parecen más importantes de lo que luego llegan a dar de sí.

Tenemos un nuevo personaje, la agente del FBI Dominique DiPierro, pero me dice bien poco. Es el típico individuo obsesivo cuya vida se define únicamente por su trabajo. Como punto de partida no tiene por qué ser malo, de hecho para dirigir una investigación de gran calibre y como oponente de Elliot hace falta alguien así de dedicado. El problema es que no es un rol verosímil ni atractivo. Una actriz tan joven no pega como agente veterana, y esa posición de hecho no tiene sentido: no es nadie, es una más entre los miles que nos dicen que trabajan en el caso, pero por alguna razón aparece siempre metida en todo como si liderada la investigación… y no lo hace, tiene un jefe, pero este parece también un agente del montón, otro don nadie con un despacho pequeño y sin poder. Da la sensación de que la intentan mostrar como una agente la hostia de efectiva que lucha contra la cadena de mando para realizar lo imposible, pero a la hora de la verdad se ve claramente que no hay investigación ninguna, que se mueve de acá para allá y habla con algunos personajes, pero no hay trabajo real ni retos verosímiles. Menudo desastre de representación del FBI. Finalmente, al contrario que el resto del reparto, la actriz Grace Gummer no da la talla; quizá ella misma no se cree al personaje.

Angela ya patinaba en el primer año, y aquí vaga como un zombi. Su sección está demasiado separada del resto, y su viaje laboral y emocional es incompresible. Unas veces parece querer trabajar desde dentro para desmontar a los directivos de E Corp que se libraron de pagar por el vertido en que murió su madre, otras que sólo acepta trabajar para ellos por dinero, unas veces parece darle asco su jefe, otras caerle bien, en ocasiones pasa de todo para luego jugarse el pellejo… Resulta un galimatías total donde pone la puntilla la demencial conspiración. El secuestro en el tramo final, en el que la interroga una niña mediante un juego de ordenador arcaico con preguntas abstractas ridículas, es el último estertor de la serie, el “salto del tiburón” que deja claro que esto no es más que otro Perdidos que engatusa con su estética y sus misterios pero que en el fondo es una parida sin pies ni cabeza.

Y eso que ya había elementos muy salidos de madre. La conspiración apuntaba bajo, pero conforme se desgrana se va convirtiendo en una comedia involuntaria. Ese ministro chino travesti (Whiterose) que tiene tiempo para pasarse días fuera del país organizando una oscura agenda secreta sin que nadie se dé cuenta, el Dark Army o Ejército Oscuro que se pasea con ametralladoras por pleno Estados Unidos y que se suicidan en cuanto los pillan…

Para rematar, acabamos con Elliot con un tiro en el estómago a manos de Tyrell, a pesar de que lo necesita sí o sí para sus planes. Sabemos que es otro tipo inestable, pero joder, dale un par de hostias, no te lo cargues. Y sabemos que el protagonista no va a morir, así que el golpe de efecto no podía ser más cutre. El resto más o menos igual. Darlene en el FBI a pesar de que sabemos que saldrá airosa. El plano absurdo donde la agente del FBI muestra el tablero con los nombres y datos de Elliot y todos los demás del grupo, cuando durante toda la temporada nos han ido diciendo que no tienen nada, y en las pocas veces que encontraban una pista no les servía de mucho. Trenton y Mobley apuntaban a un final realista, huyendo por patas y tratando de rehacer sus vidas… pero la escena post créditos que pretende sorprender con ellos no hay quien la entienda. Aparte de larguísima, ¿por qué la aparición del negro simpático que conoció Elliot en la cárcel (Leon) se supone que ha de ser una gran revelación? No pinta nada en las tramas, no sabe nada de este grupo de hackers, ni de informática.

PD: A pesar de ser una serie muy cuidadosa en temas informáticos, con evidente asesoramiento y cuidado, hay una cagada incomprensible. Cuando Elliot localiza un número de teléfono haciéndose pasar por policía, le sale la ubicación en un mapa, con una flechita señalando la dirección, y con la propia dirección escrita en un globo. Pero va y abre una página que pone “localizador inverso de direcciones” (ya me dirás qué es eso), la escribe ahí… y le da la misma dirección pero en otro mapa, y es entonces cuando dice “Lo tengo”.
PD2: Hablando de Globos de Oro, no se entienden las nominaciones, en las dos temporadas, de Malek como mejor a actor de serie mientras a Christian Slater lo nominan a actor secundario de miniserie o película televisiva, como si fueran dos producciones distintas. Por no decir que Slater en esta temporada no destaca lo más mínimo.

Ver también:
Temporada 1.

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 3


AMC | 2017
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Tina Parker.
Valoración:

Alerta de spoilers: Más o menos describo todo el argumento, pero sin entrar en detalles y sorpresas… y como realmente no hay novedades, no creo que se pueda considerarse muy revelador.–

Podría copiar el comentario de la segunda temporada enterito, porque el panorama es el mismo. Y obviamente, tras otros diez capítulos de estancamiento, la sensación de decepción pesa más. Lo que hemos avanzado desde el final de la primera sesión cabía en un par de episodios. Los guionistas hacen malabares para intentar disimular que no tienen material, con repetición de escenarios y vueltas en círculos que en realidad dejan ver demasiado sus costuras. Hay multitud de situaciones, incluso capítulos enteros, que los podríamos colar en medio del segundo año y no se notaría diferencia alguna.

Jimmy quiere ser un tío legal, trabajar desde una ética digna, caer bien. Pero el mundo, y más el sistema capitalista estadounidense (de nuevo la crítica que emerge del relato es bastante inteligente), le ponen mil trabas, a lo que se suma su torpeza para verlas venir y su inclinación por traicionar sus intenciones cuando las cosas se ponen difíciles. Pero todavía no vemos a Saul (sólo de dónde sale el nombre, un caramelo insuficiente), todavía Jimmy lucha incansablemente aunque todo se ponga en su contra, aunque sea incluso consciente de que muchas veces es él mismo quien termina de labrarse su tortuoso camino.

Y sus allegados sufren las consecuencias. Chuck es otro con debilidades concretas, y Kim se enfrenta también al capitalismo extremo. Sólo los más fuertes, los que no cometen ningún fallo, los que saben sortear las trampas del sistema y pisotear a los demás, logran salir adelante. Cayendo en la órbita de Jimmy, con sus deslices y desmanes, estos dos se vuelven aún más vulnerables. Chuck es obsesivo compulsivo, y cuando su mundo de adoración ciega a la ley se derrumba acaba refugiándose en una enfermedad mental. El rechazo hacia su hermano, siempre muy bien justificado, muy verosímil, es la gota que colma el vaso: con él cerca no parece que pueda librarse de su paranoia. Kim, por muy capaz y entregada que sea como abogada, no logra salir del bache laboral, y menos si cualquier problema externo te puede hundir el negocio (e incluso la vida) en un sistema económico, laboral y social propio del salvaje oeste. Y Jimmy la arrastra hacia unos cuantos baches.

Precisamente por ello la serie se sostiene: Jimmy es un protagonista enorme y está muy bien secundado. Nos adentramos a fondo en la psique de cada uno, resultando unos personajes muy reales y cercanos: conocemos sus sentimientos en todo momento, nos implicamos a fondo en su lucha diaria… Y el trabajo actoral termina de ganarte por completo: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Michael McKean están fantásticos. Pero me temo que hay tan poco movimiento en sus historias que no basta. Los tibios avances, los poquísimos puntos clave, no justifican los veinte capítulos que llevamos atascados en bucle.

Otra vez nos encontramos con flashbacks de Jimmy recordando sus viejos tiempos de timador, donde no sentía remordimientos y vivía al día sin preocuparse por nada. Otra vez tenemos un amago con ir a un bar y empezar a estafar de nuevo… pero resulta que lo meten en el armario. O sea, que en vez de avanzar retrocedemos. Otra vez con trabajillos y pequeños chanchullos para intentar salir adelante, la mayor parte repetidos hasta el hartazgo. Los líos con los anuncios y con las ancianas son los puntos álgidos de su nueva caída e intento de levantar cabeza… ¡pero si es lo mismo que llevamos viendo desde la primera temporada! Sinceramente, por esto me han dado ganas de olvidar las virtudes que quedan en la serie y darle un suspenso. El único momento original es cuando va a mirar un problema con el seguro de abogado y se le ocurre una forma de putear al hermano, pero es un oasis de inspiración en un año bien seco.

La dinámica con Chuck está bloqueada en la misma escena, la misma disputa, con la que nos la presentaron. La única novedad es el juicio que parecía apuntalar el final de la relación, pero se alarga de mala manera a pesar de que se ve de lejos todo su recorrido. La autoparodia con que la solución llega en plan Perry Mason (y todos los procedimentales legales antiguos) no oculta lo obvio: que es Perry Mason y semejantes, un truco muy viejo, muy fácil, que muestra la falta de ideas, la incapacidad para progresar. Porque, después de todo, el dichoso juicio no ofrece un cierre concreto, todavía damos otras pocas vueltas a pesar de tener el destino bien claro desde que empezó la serie. Cuando por fin llegamos al punto de inflexión, este no supone una revelación, un shock impactante, porque ya hace mucho que teníamos asumido lo que ocurriría, ya es tarde para que pueda sorprender.

El viaje de Kim es exactamente el mismo que hemos ido viendo. Es la colega laboral y social de Jimmy. Como follamiga, se apoyan y consuelan entre ellos en los malos tiempos; la relación es bonita, creíble… pero no muestra ningún movimiento. En el trabajo lucha por sacar adelante un caso que le viene grande, por eso de que hay que darlo todo para poder triunfar. Pero el único cambio que hemos visto en tres años es, literalmente, una fachada: el nombre de la compañía para la que trabaje en cada momento. El resto de retos, problemas y dilemas son siempre los mismos. Y acabamos igual, con un receso que huele a reinicio poco disimulado por mucho que hayan querido exagerar el giro para hacerlo espectacular.

Con Jimmy estamos en la misma tónica. Empezó desde abajo en un gran bufete, el de su hermano, pasó a uno más que pequeño, y luego acabó montándose una oficina propia con Kim. ¿Tenemos que exprimir a fondo cada escenario del mundo de los abogados, aunque en el fondo las desventuras, los conflictos y el aprendizaje sean los mismos, para dejar claro que no es capaz de trabajar desde dentro del sistema? Y, como decía, para colmo finalizamos con otro intento redentor, otra vez con Jimmy asumiendo sus errores e intentando encarrilar su vida. De nuevo a la casilla de salida. ¿Qué ha cambiado en él en estas dos últimas temporadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en la relación con sus seres cercanos? Más bien nada, porque se deja en el aire, y además no es nada que no esperáramos desde hace mucho. ¿Qué ha cambiado en su relación con el mundo? Nada.

La cosa se agrava con la fallida sección de Mike… bueno, ya en realidad ni es suya, está repartida entre Nacho Varga, Hector Salamanca y Gus Fring. Este grupo forma parte de una serie cada vez más apartada, y aunque está igual de estancada, resulta mucho peor en cuanto a interés: un cero en originalidad, un cero en desarrollo, y, como es esperable, cero atractivo por lo que vendrá. Todo lo que nos cuentan con ellos son anécdotas irrelevantes, escenas sueltas que no muestran ninguna dirección, y aunque lo hicieran, ¿cómo pretendes que me enganche a una historia que parte de subtramas de Breaking Bad ya cerradas? Recalco eso por si no ha quedado claro el error de concepto que supone intentar vivir de las rentas: son subtramas ya agotadas por completo en la serie madre, ¿qué sentido tiene recuperarlas aquí en su mínima expresión? Y encima el punto álgido se basa en un recurso muy usado allí: envenenamiento.

En el primer año Mike molaba y daba la impresión de que trataban de unir su destino y el de Jimmy. Pero a partir del segundo se han ido separando y su parte está cada vez más diluida, de forma que sus apariciones parecen cada vez menos justificadas. De nada sirven los montajes típicos de Breaking Bad (muchos ubicados como prólogos) que resumen situaciones con un estilo visual distintivo, o sea, en plan videoclip, porque ninguno deja huella, muestran acciones muy simples adornadas con demasiado enredo (la búsqueda de un localizador en el coche se hace eterna) o canta mucho que buscan el efectismo inmediato por encima de la verosimilitud (es imposible que la droga de las zapatillas colgadas cayera en el parachoques trasero del camión… de hecho tienen que evitar el plano general para intentar disimularlo).

Con este grupo enlazo también con la obsesión por el homenaje y la referencia a Breaking Bad. Parecen esforzarse más en incluir guiños y dar cabida a personajes de aquella, por muy intrascendentes que fueran (como la secretaria), que en desarrollar tramas originales. Eso sí, hace las delicias de los seguidores que tienen tiempo para buscar hasta el detalle más insignificante, como el logo de una empresa que sale aquí y allá. A mí no me convence. La unión de dos obras en un mismo universo debe ser orgánica, no tan forzada en aspectos relevantes (recuperar personajes con sus historias terminadas) y tan rebuscada en el detalle. Por no decir que no tengo ganas de volver a ver Breaking Bad para tenerlo todo fresco y poder pillarlo todo. Lejos de la sobrevaloración delirante a la que fue sometida por la explosión mediática alcanzada en sus últimas temporadas, fue una serie terriblemente irregular y caótica, y muy basada en la sorpresa, es decir, no tiene alicientes para echarle de nuevo tantas horas habiendo tantas series nuevas (muchas muy superiores) que ver. En resumen, me gustaría que Better Call Saul fuera una producción con entidad propia, como parecía que pretendían en su primera temporada. No quiero volver atrás para recordar aspectos de personajes que habían acabado su recorrido, ni me parece lógico tener que poner tanto esfuerzo en la atención al detalle cuando precisamente la perspectiva global se ha perdido.

Otro de los puntos fuertes de Better Call Saul sigue presente, pero no en tan buena forma como antes. La labor de fotografía y dirección ofrece un acabado cinematográfico de primer orden… Pero se ve cierto acomodamiento, no hay escenas que quiten la respiración, e incluso se puede señalar que el tempo narrativo tan pausado se va convirtiendo en contraproducente, que requería un poco más de vidilla, porque sin contenido real la obra resultante va pasando de contenida pero fascinante a lenta y aburrida.

A estas alturas me parece más que claro que, a pesar de que la notable primera temporada parecía apuntar bastante alto, Vince Gilligan y Peter Gould se equivocaron con el planteamiento inicial, y más cuando es de esperar que la cadena les exigiría al menos cuatro o cinco temporadas si iban teniendo éxito. Han elegido una premisa muy básica y limitada y encima con la mitad del argumento ya conocido, y se están ahogando ahí. Desde un principio deberían haber puesto a Jimmy en otro escenario más elaborado y versátil (qué obsesión con mantenerlo dando vueltas en círculos en la abogacía), con más personajes y tramas latentes que permitieran temporadas con arcos largos más consistentes y entretenidos, de forma que el postergar la evolución hacia Saul Goodman se disimulara mejor. Tanto mencionar su pasado de timador, ¿por qué no haberse planteado esta etapa con él metido en alguna o varias estafas de largo recorrido? Quizá no sorprendiera, pero desde luego hubiera sido mejor que repetir con el intento de ser abogado, la más que previsible caída, y el proceso de levantarse otra vez mediante los mismos recursos (los ancianos y los anuncios). Y por supuesto, no debería tener una presencia tan grande la sección del narcotráfico, que a todas luces es irrelevante en la trayectoria de Jimmy, al menos en este punto. Quizá haya suerte y en la próxima temporada se unan las dos líneas, pero teniendo en cuenta que una está muy gastada y a la otra no le consiguen sacar sustancia, no sé yo sí podrán traer algo novedoso. Si quieren darle unos años más de vida necesita un cambio total de rumbo, algo difícil porque romper con el espíritu original a estas alturas puede ser incluso peor si no se hace muy bien.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

SENSE8 – TEMPORADA 2

Netflix | 2017
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 11 ep. de 55-120 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Toby Onwumere, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, aunque realmente no pasa gran cosa, nada que no se viera venir.–

La esperadísima segunda temporada de Sense8 me ha supuesto una decepción bastante grande. El primer año me cautivó sobremanera presentando una serie única, tanto por su originalidad como por su contagiosa energía y belleza: era emocionante y hermosa como poca series he visto. Es cierto que los episodios iniciales eran algo lentos, pero había sensación de dirección, de crecimiento, y mientras tanto las vivencias personales mantenían el interés alto. Y además pronto se vio que es mucho más de lo que parecía, que no es sólo una más de ciencia-ficción con conspiraciones y los protagonistas tratando de desentrañarlas, sino que es un drama que habla del ser humano en general, tratando con una delicadeza y profundidad insólitas los sentimientos, la sexualidad, las culturas… en otras palabras, el qué nos define, qué nos mueve, qué nos diferencia y qué nos une. Además, la historia global, el vínculo que surge entre ellos y la persecución a la que los someten misteriosos individuos, tenía su intriga y prometía unir a todos los personajes al final. Quizá el rescate de Gorski fue un tanto facilón, pero es evidente que era una excusa para presentar la trama, y lo importante era ver el florecimiento y la unión de los ocho sensates. Las situaciones en que trabajan juntos, explorando la conexión mental, y momentos puntuales memorables, como la escena de los partos y la revelación sobre Riley, nos regalaron un tramo final magnífico que dejaba enganchadísimo, porque como es obvio prometía seguir yendo más allá.

Pero en esta segunda etapa la sensación que se transmite, del primer episodio al último, es la de que sus autores han trabajado con desgana, sobre todo en el guion, pero también un poco en la puesta en escena, de que han perdido la pasión y la inspiración iniciales y van con la inercia, cumpliendo con los preceptos establecidos en la premisa y ya está. La narrativa resultante está estancada, es monótona en cuanto a las aventuras personales y de lejos insuficiente en la intriga, pero sobre todo se queda muy corta en su mejor virtud: es bastante superficial en lo relativo al aspecto humano. Aclaro aquí que la ausencia de Lilly Wachowski no sé si pudo influir ni cuánto. Dejó el trabajo indefinidamente por temas personales (estaba en plena transformación de género), pero parece que se ocupaba más del día a día de la producción y de la dirección que del guion, que es de donde vienen la mayoría de los problemas.

Los personajes se han quedado en su definición inicial, dando vueltas en círculos en la historia que sirvió para describirlos. Sí, todos los protagonistas resultaron encantadores y sus odiseas deliciosas. Pero no puedes quedarte ahí plantado durante toda la siguiente temporada. Algunos de hecho se hunden en un bucle total, sin dar si quiera un paso lateral que disimule un poco. Si al menos la parte de la conspiración hubiera emergido a primer plano y ofrecido algo llamativo… pero me temo que apenas avanza en un par de datos bastante elementales y narrados también con esa falta de garra.

Kala y su matrimonio están todo el año en el mismo punto de que si funciona y lo consuman o que si no. Sabemos de sobra que acabará con Wolfgang (a menos que algún giro lo impida), no puedes retrasarlo si no logras una historia que lo justifique bien y que resulte interesante. Y al final por arte de magia parece decidirse por fin en ir a buscarlo… ¡pero si en ella no ha cambiado nada, todas las dudas y baches son los mismos todo el rato! Y por supuesto el encuentro queda en el aire, después de todo un año posponiendo lo que se espera desde los primeros capítulos de la primera temporada. Por el lado contrario, el alemán es el mejor ejemplo de paso lateral, del relleno con el que ir matando el tiempo hasta que todo esté maduro para lanzar su arco… El problema es que nada madura, ni el resto de personajes ni la trama. El lío de mafias es eso, relleno intrascendente. No añade ninguna nueva capa al personaje, apenas vale como excusa para dar presencia a los otros grupos, clanes o clústeres de sensates, y por sí sólo no es especialmente atractivo o entretenido, de hecho ni me parece verosímil.

Gorski sirve para avanzar en la conspiración y exponer lo que va haciendo el clúster para huir y aprender de Whispers y la BPO, la Organización de Preservación Biológica que parece estar tratando de controlar a los sensates con algún oscuro propósito, presumiblemente la dominación mundial. Como buen agente, sabe investigar, deduce cosas… pero apenas veo una sombra de aquel joven capaz pero a la vez afligido por penas presentes y pasadas. Sufre un poco con las drogas y con el padre, todo bastante facilón además, y no hay más movimiento en su psique. Pero lo peor es que arrastra a Riley, antes mi favorita, pero aquí un cero total en interés. Sólo sirve para ponerle encima la investigación cuando él no puede salir de su escondite (el viaje a Chicago), y esto ocupa poco, es muy predecible, y tampoco aporta nada al personaje. La única escena donde se ve una persona realmente viva y en movimiento es cuando decide pinchar como DJ en una discoteca para tratar de localizar a otros sensates. Una sola escena en todo el año.

La intriga que nos van exponiendo se mueve tan poco que parece un engaño digno de Expediente X, donde mareaban la perdiz temporadas enteras con el tema ovni. Apenas llegan a mostrarnos un poco de información nueva, la mayor parte nada original y carente de suspense, y desde luego nada que nos haga esperar con ansia más revelaciones, porque no parece haber mucho donde rascar: los persigue la típica corporación poderosa con tipos chungos, y de ahí no salimos. La fascinante idea de que se conectan las mentes después de todo no se llega a explorar mucho, no hay tensión, giros que añadan sorpresas efectivas, ni soluciones ingeniosas. Gorski se esconde y se droga para que Whispers no lo vea, lo que parece más una excusa para ir con cuentagotas que para generar una atmósfera de inquietud constante.

El único momento que amagan con buscar un giro que obligue a replantearse las cosas son los recuerdos del clúster de Angelica y Jonas, pero tampoco hay nada que sorprenda: gente cobarde, gente que cambia de bando, la BPO acosándolos. Nada que no hayamos visto ya en cualquiera del género, con la reciente Orphan Black a la cabeza. En cuanto al desenlace, no es que sea flojo, es que resulta realmente chapucero. Cuando creía que el capítulo final iba a acabar sin avanzar nada de la conspiración, sino centrándose únicamente en la última historia personal que quedaba pendiente (para colmo, la cansina y exagerada de Sun), saltan de golpe a un giro demencial donde aparecen metidos todos en la guarida de Whispers por arte de magia para salvar a Wolfgang, que fue encontrado por Whispers repentinamente después de gastar toda la temporada sin lograr transmitir miedo alguno por si cogería a alguien. Cuándo ha planeado eso el grupo, cómo lo han ejecutado, cómo han entrado y salido… No se explica nada, resulta tan forzado y mal narrado que me dejó muy malas sensaciones. En vez de estar todo el año dando vueltas en círculos y soltar cuatro datos sin garra, ¿no podían haberse metido de lleno en las dificultades de ese plan? Se da más relevancia al lío de Sun en la fiesta que a esto.

Las historias de Sun y Capheus se centraban sobre todo en su solitaria batalla contra el mundo, donde descubrían que se tenían el uno al otro y establecían una relación muy bonita. Pero esa conexión parece haber desaparecido, si interactúan entre ellos y otros del clúster es para compartir habilidades, no para encontrar apoyo emocional. Y por separado no ofrecen tampoco nada llamativo. En cierta manera Capheus sí avanza, porque se hace famoso y cae en la política, lo que le podría poner en bandeja el tratar de hacer un mundo mejor, que es lo que parecía ir con él… Pero la aventura en sí es muy básica y previsible, y se narra sin la intensidad que transmitía antes. El entusiasmo del personaje era contagioso, el intérprete Aml Ameen reflejaba con un carisma nato a un joven que vivía en la miseria pero poniendo siempre buena cara y con un espíritu de esperanza inquebrantable, y así enfrentaba esta nueva situación: abrazándola con pasión y aprovechándola al máximo. Pero el nuevo actor*, Toby Onwumere, pega más en un rol de panoli, y encima eso es lo que parecen haber hecho con el personaje: le va cayendo de todo encima sin que nada cale en él, agacha la cabeza y sigue adelante aunque no parezca querer estar ahí. No veo al Capheus que yo conocía.

Sun sigue siendo Sun, pero si la intriga corporativo-familiar era predecible, con el agotamiento de ideas se hunde más el interés. Su estancia en la cárcel se limita a repetir varios intentos de asesinato, su fuga se salva porque el detective que la persigue es un personaje con cierta solidez y su relación aunque muy clásica resulta agradable, pero el tramo final no se sostiene por ninguna parte. Los guionistas se empeñan en que busque venganza contra su hermano mediante la violencia, y no cuela que ella sea tan tonta y cabezota, ni mucho menos que los otros siete no sean capaces de juntar una neurona para deducir que, en un país del primer mundo, atentar a lo bruto en público contra un millonario, cuando eres la principal sospechosa de matar al padre y te buscan por tu fuga, es una gilipollez monumental. En serio, teniendo al infalible trío Nomi-Amanita-Bug, capaces de infiltrarse en aparatos electrónicos que parece imposible que estén conectados a internet (desde semáforos a… atención, la máquina de tickets de un aparcamiento, que te deja incluso hablar por el micrófono desde tu casa), es increíble que no se planteen hackear al hermano y la compañía para buscar pruebas, y si no las encuentran, para tenderle una trampa. Así pues, la justificación de la entrada en la fiesta y la persecución final, más que endeble es lastimera, y encima acaba con la ridícula escena en que parece que va a matar al hermano (delante de un montón de policías y testigos) pero lo deja libre no sé por qué. Si es tan idiota como para haberse metido en ese lío, por qué no llega hasta el final.

Estos dos muestran otro de los problemas de la temporada. La puesta en escena no logra una serie tan embriagadora y asombrosa. En parte es culpa del guion, que no consigue buen ritmo ni incluye tantas escenas moviditas, sean de acción pura o de líos personales (el culebrón de Lito era la mar de ajetreado), pero también se nota cierto bajón, como una falta de interés o de capacidad para alcanzar ese aspecto visual arrebatador. Ojo, calidad hay de sobra, pero de ahí a dejarte alucinando hay un trecho, y las partes de acción, otrora dignas de superproducciones para cine, han decaído bastante. Las peleas de Sun no están bien editadas: ni la de la cárcel donde intentan ahorcarla ni la del cementerio con el detective pasan el corte exigible en comparación con lo visto previamente. Es ponerlas al lado de las peleas en que Sun se metía en Capheus para salvarlo de los matones, y se nota bastante la diferencia: la fluidez de la escena, la claridad de los golpes (muchos se notan falsos ahora), la agilidad con que cambian de personaje. Las persecuciones son escasas y muy inferiores. Lo de Corea parece un paseo si recordamos los jaleos de Capheus que acabaron en una colosal persecución por las carreteras de Nairobi. Con Wolfgang, el otro que copaba elaboradas secuencias de acción, ocurre igual: se limita a algún tiroteo trivial. Sólo destacaría la pelea en el restaurante donde Lila trata de atentar contra su vida, porque tiene más gracia al jugar con cómo se reparten las hostias entre los distintos sensates.

Al menos la idea de incluir algún gran evento relacionado con las temáticas tratadas se mantiene: la fiesta del Orgullo Gay de São Paulo se aprovecha bien en unas pocas escenas espectaculares. Pero en líneas generales, Sense8 es una serie que rompió esquemas con su arrebatador nivel visual en una época con gran competencia, mientras que este año no ha dejado huella alguna. Se nota incluso en el apartado musical: en la primera temporada las canciones formaban parte intrínseca de los sentimientos y vivencias de los personajes, y las pocas veces en que había un “momento videoclip” te dejaban anonadado con la fuerza de las imágenes. Pero ahora me encuentro con lo de siempre: se usan como apaño narrativo de adorno o para sintetizar escenas de forma facilona. Hay demasiadas canciones, varias por capítulo, con sus cámaras lentas y su posicionamiento de personajes, pero sólo dos o tres del total establecen cierta conexión, y únicamente por la letra.

Lito y Nomi, acompañados por los adorables Amanita, Hernando y Daniela, eran los principales catalizadores de la parte más reivindicativa, porque Sense8 nunca ha disimulado nacer como homenaje y a la vez cruzada de la diversidad sexual y también de paso de la diversidad cultural en general. Pero Nomi está en modo Gorski, sólo sirve como comodín para resolver cosas por el ordenador, y de su vida y la de Amanita vemos poco material con gancho. Antes la pareja estaba todo el día peleando por hacerse un hueco en un mundo intolerante, empezando por los padres de Nomi, y para poner las cosas más difíciles le caía la persecución de Whispers encima, con lo que estábamos sudando en cada capítulo con si saldrían adelante y si podrían ser felices. Ahora se supone que están en una situación semejante, pero no se transmite en ningún momento el esfuerzo y las penas. El acoso del agente del FBI es anecdótico, lo de esconderse de Whispers y a la vez buscarlo se olvida por completo en largos tramos de la temporada, hasta el punto de que parecen estar viviendo una vida normal y pasándoselo bien como si nada las afectara. Y la boda de la hermana va directa a cumplir con los dos tópicos, el de la intolerancia y el de sale todo bien en un giro bonito. El camino de Lito es aún más predecible, paso a paso sabemos lo que ocurrirá, no es como en la primera temporada, donde le daban la vuelta a cada cliché con ingenio y sentido del humor de forma que incluso aunque pareciera la sección más intrascendente solía resultar la más divertida. En cuanto se empieza a ver que la industria de Méjico no lo quiere estaba cantado que acabaría en Hollywood. Al menos su viaje interno es muy completo, el más trabajado de los ocho de hecho: en todo momentos sabemos lo que está sufriendo, y conocemos al personaje lo suficiente para seguirlo con cierto interés aunque la historia en sí sea de lo más trillada.

Con ellos llegamos al último elemento en el que ha perdido mucho fuelle. Donde antes lograban una hermosa oda a la tolerancia, a las distintas formas de ver y entender el mundo, que nunca parecía forzada incluso en los momentos más excesivos, fueran los visuales (escenas de sexo gay sin tabúes) o argumentales (exprimiendo a lo grande algunos tópicos), ni farragosa a pesar de meterse en muchos ambientes y ángulos (nos sumergíamos en la espiritualidad hinduista de Kala y también en los conflictos religiosos y sociales de la India), ahora veo una serie más bien del montón, que trata estos temas como si tuviera que cumplir con ellos, quedándose en la superficie, ahogada en unos pocos clichés de los que no es capaz de sacar algo más natural, más conmovedor, quedando lejos de la originalidad y profundidad que mostró en la primera temporada, con tantas capas de historias y personajes ofreciendo innumerables perspectivas de los sentimientos, relaciones, sexualidad, cultura, religión… y luego abordando con tanta delicadeza cómo en todo hay algo que nos une.

Volviendo a los nuevos sensates, estaba claro que aparecerían nuevos clústeres, pero sólo vemos a dos personajes, bastante atractivos por sí solos inicialmente, pero son promesas que no llevan a nada. El vejete simpático explica un poco cómo funciona el mundo sensate, pero son todo obviedades: la unión que deben mantener en la sombra y muchas veces incluso aislados para que los malos no los alcancen. La sensual alemana, Lila (Valeria Bilello), sirve para… para… incluir algo de erotismo y sexo, nada más. En realidad vemos a muchos, a demasiados sensates nuevos, hasta parecerme excesivo: ahora resulta que medio planeta son sensates, o que da la casualidad de que tienen una relación de uno o dos grados con nuestros protagonistas. El traficante de poca monta que le vende drogas a Riley, la novia del mafioso con el que trata Wolfgang (Lila), ¡el novio de la hermana de Nomi! (¿será gratuito o tenían algo planeado?)… Incluso el simpático anciano es presentado de mala manera: ¿qué pinta este pueblerino escocés en una rave electrónica? Pero para rematar, ¿qué hace el camello de Riley paseando en moto por Seúl y cayendo justo donde Sun lo necesita en el momento clave? El momento me produjo muchísima vergüenza ajena.

Los episodios iniciales (empezando por las dos eternas horas del primero) se me hicieron bastante pesados, deseaba que acabaran de una vez para ver si en el siguiente empezaban a contar algo de una vez. En el tramo central mejora un poco y casi recupero la esperanza, pero para el final va disipándose, hasta acabar sin haber dado ningún avance relevante y estimulante. Así pues, la decepción que me ha dejado Sense8 después de apuntar tan alto es bastante grande. Se sostiene por el sólido lazo emocional establecido con los maravillosos personajes, y es justo decir que desarrollar tantas líneas narrativas distintas, cada una en un lugar y con sus personajes secundarios propios, sin caer en el caos o parecer que no hay vinculación argumental entre ellas, parece realmente difícil de escribir y de rodar, y han salido bastante airosos. Pero antes deslumbraron a lo grande y ahora han dado varios pasos atrás, no logran transmitir la misma emoción contagiosa.

Y nos quedaremos sin saber si remontaría, porque Netflix la ha cancelado. Aunque haya cierto culto alrededor la serie, no es lo que se dice un éxito para lo cara que resulta y el grandísimo esfuerzo que cuesta rodarla, y la compañía ha decidido no continuar. Esto rompe un poco la impresión de que Netflix sólo iba a cancelar producciones realmente fallidas, y a plantear la cuestión de si, teniendo tanto dinero y anunciándose como la cadena que no cancela, no sería lo más lógico y respetable darle un cierre digno, con unos pocos capítulos, o incluso uno solo de hora y media o dos horas. Es la esperanza a la que nos agarramos sus seguidores. Yo incluso agradecería también que resumieran esta temporada en dos o tres episodios a lo sumo…

Actualización 30/06/17: Netflix ha dado el visto bueno a un capítulo doble que sirva como final.

PD: El primer episodio lo adelantaron a fechas navideñas, cuando el estreno de la temporada ha sido en mayo, supongo que para crear expectación, porque entre una etapa y otra han pasado dos años, fruto del complicado rodaje que supone un proyecto tan ambicioso.
PD2: Como nombre del grupo de ocho sensates juraría que en la traducción española usan “clan”, que suena a grupo cultural o de amigos más que a una unión más bien biológica, donde para mí encaja mejor “clúster”. Aunque es cierto que la RAE no la acepta todavía, supongo que todo el mundo conoce su significado.
PD3: No sé por qué ese empeño en sacar a Doona Bae en ropa interior en todos los capítulos, a veces con excusas bastante cutres.
*Todo parece apuntar a que echaron a Aml Ameen por homófobo, ¿es que no sabía dónde se metía?

Ver también:
Temporada 1.

BLACK SAILS – TEMPORADA 3

Starz | 2016
Drama, suspense, aventuras | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg, Dan Shotz.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Luke Roberts, Tom Hopper¸ Ray Stevenson, Patrick Lyster, Hakeem Kae-Kazim, Lise Slabber, Craig Jackson, Zethu Dlomo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas principales. En un párrafo bien señalado hay más detalles. —

El impresionante y demoledor final de la temporada anterior dejó a los protagonistas en un limbo muy intrigante. El comienzo de esta nueva etapa puede descolocar con esa larga y desganada introducción a Teach, más conocido como Barbanegra, pero las malas sensaciones se van rápido con el espectacular plano secuencia que nos muestra a la tripulación de Flint en su actuales quehaceres, esto es, sembrar el caos como venganza, labrarse una reputación de temibles para que Inglaterra se lo piense dos veces antes de mover ficha. Pero también sirve para mantener a los piratas de Nassau en sus filas, pues han realizado un pacto con Vane, Rackham, Max y unos pocos capitanes para mantenerse unidos defendiendo el oro de la Urca de Lima, el maltrecho fuerte y por extensión la isla.

Inglaterra sin embargo cuenta con un as en la manga: los conocimientos de la prisionera Eleanor sobre cada líder, de cada punto fuerte y debilidad. Con esa ventaja, más una flotilla bien armada en cañones y tropas, un estratega serio y experimentado como es Woodes Rogers tiene mucha confianza en su éxito ante cualquier respuesta violenta… Pero su inteligencia lo lleva a abordar el intento de controlar la isla primero con otros métodos: un perdón global. Mientras, la única esperanza de los piratas en el liderazgo en una respuesta por la fuerza es el hábil capitán Flint, pero parece haber muerto en una confrontación con el capitán Hornigold, que estaba persiguiéndolo.

Esto es sólo el punto de partida de otro año deslumbrante de esta colosal obra de intrigas políticas y personales. Damos otro paso en su crecimiento, mostrando una fantástica evolución en los personajes y unas historias aún más asombrosas en su complejidad y atractivo. La narrativa es casi sofocante, con su infinidad de tramas y personajes enredados uno sobre otro en una maraña de conversaciones y maquinaciones que mantienen una expectación de altísimo nivel donde estás siempre sin saber qué se acerca y cómo superarán cada nuevo giro de acontecimientos. Cada personaje y bando trata de sacar adelante su vida y sus planes a duras penas, chocando con las acciones e intereses de los demás, habiendo resultados inesperados y sorpresas prácticamente en cada capítulo que ponen todo patas arriba de nuevo y obliga a todos a rehacer sus intenciones y, a veces, también sus convicciones.

Flint perdió lo que le mantenía los pies en el suelo, y desata su ira en un círculo vicioso: más muerte no sacia la rabia y el dolor. Su cordura pende de un hilo, y son John Silver y Billy Bones quienes lo traen hacia la realidad. Billy nunca ha conseguido destacar, siendo un secundario más como puede serlo el contramaestre De Groot, pero Silver pasó de pícaro cargante en la primera temporada para dejar huella en la segunda como un protagonista principal irresistible. Ahora sigue madurando y ganando atractivo. Su implicación en la tripulación, alejándolo del individualismo previo, lleva una transición que engancha en cada paso, y su inteligencia la dedica ahora más a pensar a largo plazo que en la supervivencia diaria, aunque esto último no desparece, pues se ata a una relación simbiótica con Flint: en todo momento trata con este ego y su oscuro viaje intentando que no descarríe y se lleve a la tripulación con él. Suyas son algunas de las mejores escenas no de la serie, sino del año televisivo: el viaje en bote en plena calma chicha es el mejor ejemplo de ese tira y afloja constante, de las maniobras sutiles y las conversaciones tan inteligentes que tienes que hacer un esfuerzo para ir entendiendo cada pretensión, giro y resultado.

Vane también está embarcado en un proceso de cambio muy sugerente y, dada su posición inicial, sorprendente pero no inverosímil, pues también se ha trabajado con esmero. Es otro que ha empezado a pensar en el bien común, y enfrenta no pocos dilemas internos en su nueva posición. Algunas ofrecen otros de esos momentos de contener la respiración, como cuando debe elegir entre Flint y Teach; además estas situaciones las vamos viendo en su mirada y sus silencios meditabundos, mostrando que los realizadores también saben narrar sin diálogos cuando se ponen a ello. Rackham no cambia bruscamente, pero sí tiene virajes muy interesantes según se imponga su idea de dejar marca, de que su nombre se recuerde en la historia, o la obligación de trabajar en equipo. Entre sus muchos grandes momentos también hay alguno memorable, como su determinación tras su primera charla con Rogers.

Pero los que no cambian tanto también resultan personajes estupendos y están embarcados en odiseas que atrapan con gran fuerza. La relación entre Max y Anne nos es conocida ya, y Eleanor se encuentra inesperadamente en un lugar semejante al que empezó, pero esto no limita su rango de acción, dejando otra infinidad de intrigas personales enrevesadas y escenas geniales, como el tramo final, donde prácticamente las tres tienen el control de la isla en sus manos mientras los hombres batallan en el caos, y van moviendo los hilos como bien pueden para que no se venga todo abajo o, simplemente, para vivir un día más.

Y tenemos nuevos protagonistas magníficos. Se anunciaba a lo grande la llegada de Ray Stevenson (Tito Pullo en Roma) como Barbanegra, y desde luego resulta una figura seductora y temible a la vez, pero nos encontramos con un roba escenas de cuidado en Woodes Rogers, el inglés que tiene la misión de gobernar Nassau. El intérprete Luke Roberts era bastante desconocido, con una carrera corta y sin papeles que causaran impresión, pero el casting ha estado acertadísimo con él: está a punto de desbancar al mismísimo Toby Stephens (Flint) en porte y capacidad de absorber toda la escena, la solidez de su interpretación y la calidad del dibujo del personaje dejan otro protagonista memorable. Del resto de actores ya hablé en la segunda temporada: tenemos uno de los repartos más sólidos y carismáticos del año.

Esta vez he notado un mejor ritmo y equilibrio global, sin tramos que pierdan fuelle dignos de citar, aunque algún momento en que la conversación está claramente inflada sigue habiendo, como esa de Max y Bonny en la cueva hablando de la familia. Igualmente se puede detectar algún fallito o cuestión algo grisácea, aunque lo cierto es que son detalles, no agujeros grandes, y viendo la extraordinaria dificultad del conjunto se perdona.

Alerta de spoilers: Cito algunos momentos concretos, salta al siguiente párrafo si quieres evitar spoilers.–
Me pregunto cómo, del capítulo quinto al sexto, sabe Flint dónde estará Teach. Tampoco se explica cómo quedan Max y Bonny en el principio del séptimo (a las faldas de una pequeña loma) y cómo la segunda conoce la situación de Rackham, si no se han visto desde antes de los eventos que tratan. Me parece un poco cogida por los pelos la excusa que ponen para que Mr. Scott acabe en la isla de esclavos fugados justo en el momento clave, con esa frase cutre de “¿Conocéis vuestras instrucciones?”… pues claro que sí, lo han hecho mil veces (final del 304). Pero la única situación un poco más grave sería la forma en que Max actúa en la treta de la entrega falsa a Bonny hacia el final de temporada: sabiendo que se la iban a jugar y tenía muchas posibilidades de acabar muerta, no me creo que no pusiera algo más de esfuerzo para mejorar la situación, dado su íntima relación y lo que se mueve para arreglar las cosas.

La puesta en escena continúa mostrando un gran esfuerzo por lograr una recreación llamativa de la época y unas secuencias de acción que te dejen pasmado. Sigue pesándole la elección de ahorrar tiempo en algunas conversaciones acabándolas en un plano contra plano que desaprovecha el gran trabajo de fotografía y composición de escenarios, pero también ha ido madurando en este aspecto: se ha reducido un poco, y la cantidad de planos que van de lo excelente a lo hermoso es cada vez mayor, acabando con numerosos fotogramas dignos de enmarcar (la reunión en la loma cerca da playa de Anne y Max), escenas hipnóticas incluso en pequeñas habitaciones, planos secuencia sublimes, escenas marítimas acojonantes (cada vez mejor la recreacion de los barcos en alta mar), decorados que parecen de cine (el pueblo de esclavos) y una batalla que hace época.

Por desgracia, me temo que estamos otra vez ante la injusta falta de fama que está teniendo la serie en contraposición con su rival más directa, Juego de tronos, que está extremadamente sobreexpuesta. Incluso la fallida Vikingos tiene más respaldo popular. El asalto a la diligencia es probablemente el mejor plano secuencia visto en una serie, una maravilla al lado del simple paseo que se dieron entre casas en True Detective y ante el que la gente se emocionó de forma desmedida, pero ha pasado sin hacer ruido.

Aunque le costó desplegar todo su potencial, Black Sails se ha terminado alzando como una de las mejores series de los últimos años, y estoy seguro de que el paso del tiempo, el boca a boca, la pondrá en su lugar.

PD: El único fallo, e imperdonable, es que no hayan editado las bandas sonoras de las temporadas dos y tres todavía. El excelso trabajo de Bear McCreary merece más respeto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.