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BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 4


AMC | 2018
Drama, suspense | 10 ep. de 42-61 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Rainer Bock.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo la temporada bastante a fondo. —

Better Call Saul remonta por fin, pero no como para dar la gran serie que había latente. Con cuatro años a cuestas va siendo hora de admitir que ya no tiene sentido esperarla, más que nada porque sus principales carencias provienen de su concepción inicial. Pero al menos empieza a dejar atrás el estancamiento en que estaba enquistada.

En cierta manera, mis plegarias se han escuchado. Decía en la etapa anterior que Vince Gilligan y Peter Gould seguían empeñados en tener a Jimmy dando vueltas alrededor de la abogacía legal a través de personajes y tramas bien gastados, hasta el punto de que la temporada era una prácticamente repetición de la segunda. Señalaba también que era una pena que no exploraran más el lado ilegal de Jimmy, que tenía mayor potencial de historias que el gremio de los abogados. Y en esta ocasión se mueven un poco en ese sentido.

Incapacitado durante un año, a Jimmy McGill no le queda otra que buscar otros trabajos, y la dificultad de la situación, sumada al aburrimiento de algunos de los puestos que encuentra, lo llevan a trapichear y estafar de nuevo, a acercarse a su alter ego, Saul Goodman. La diversidad de escenarios, los timos y enredos en que se mete, son muy amenos y van cimentado una evolución más clara que antes: la relación con Kim se resiente, se aleja cada vez más de los bufetes normales, su ya de por sí débil brújula moral se va resquebrajando…

Pero el lastre que tenemos desde la primera temporada sigue ahí: hay otra serie paralela de mucho menor interés. Las intrigas de Mike Ehrmantraut, Gustavo Fring, Héctor Salamanca y Nacho Varga no tienen sentido, no enlazan lo más mínimo con las vivencias de Jimmy, no aportan nada a lo visto en Breaking Bad (2008). Es muy absurdo coger unos personajes secundarios con historias ya terminadas y que al acabar aquella serie ya empezabas a olvidar, y contar con ellos aventurillas irrelevantes que ocupan más o menos la mitad de todos los capítulos. Se salva porque Mike es una figura bastante magnética, pero también da tumbos sin dirección clara.

Hacia el final, una de estas historias es más entretenida. El lío de Mike, Fring y los alemanes para construir el laboratorio que usarían luego en Breaking Bad es más movidito y se ve una relación más clara con dicha serie… pero estamos en las mismas, pretenden darle una relevancia muy artificial a un detalle menor y ya superado: todo lo que había que contar de ese lugar y los implicados ya se ha hecho. Y claro, en esas circunstancias no sorprende que tiren de artificios para tratar de que impacte más. El conflicto con el jefe de la obra es muy predecible, y se remata con la forzada inclusión de un tipo de la banda de los Salamanca, que por bien que lo haga el actor, sabe a truco barato para potenciar peligros que en realidad no llegan a transmitir nada.

Me temo también que la parte de Jimmy no llega a cumplir del todo, que al final pierde bastante fuelle. Parece que por fin va a salir expulsado del ambiente legal después de tantas vueltas, que acabará en los márgenes de la ley como Saul Goodman, pero llegamos a ese esperadísimo punto de inflexión de una forma muy anticlimática y confusa, no quedando claro del todo si ha pasado lo que tanto esperábamos pero han fallado al narrarlo o si ha sido una especie de introducción torpe y luego lo desarrollarán más. Tras varios amagos cutres (qué cansinas y predecibles han sido las audiencias para devolverle la licencia) aparece por fin Saul, así sin más. Viendo cómo ocurre, podía haberlo hecho en cualquier otro momento de lo que llevamos de serie. Sabemos de sobra que Jimmy siempre juega en la frontera de la ética y la ley, pero por inercia y empuje social trataba de mantenerse en una vida considerada normal, así que lo más lógico y esperable es que hubiera una catarsis que lo expulsara por la fuerza de una vez por todas. Con Fring y demás narcotraficantes presentes, con sus propios líos personales y con sus puntuales movidas ilegales, había margen de sobra para desarrollar el ansiado momento cumbre de su vida. Pero ninguno de los grandes reveses que ha sufrido lo ha provocado, la conexión con el mundo del crimen ni amaga con realizarse, y cuando parece recuperar la compostura, la estabilidad y la licencia de abogado, de repente elige ser Saul Goodman sin motivo alguno. Cuatro temporadas esperando un clímax y han pasado de él. Más les vale que hayan ideado una transición más elaborada, porque desde luego por ahora la decepción es importante.

En la puesta en escena sigue siendo una serie de muy buena factura, pero también se nota que llevan tiempo sin la pasión que mostraban en sus inicios y en Breaking Bad. De nuevo hay muchas transiciones con montajes elaborados que parecen incluir porque es el sello de la saga, no porque transmitan algo esencial, y en cuestión de fotografía no se lo trabajan tanto como antes. Hay un momento crucial que me dejó muy malas sensaciones: la principal pelea entre Kim y Jimmy, cerca del final, en un aparcamiento elevado, tiene una puesta en escena lamentable.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
-> Temporada 4 (2018)

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THE EXPANSE – TEMPORADA 3

Syfy | 2018
Ciencia-ficción, drama, acción, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, Terry Chen, David Strathairn, Cara Gee, Chad L. Coleman, Shawn Dyle, Fançois Chay, Elizabeth Mitchell, Byron Mann, Martin Roach, Nadine Nicole, Andrew Rotilio, Monica Stuart.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas de la temporada. —

En la segunda temporada de The Expanse acabé decepcionado. En vez de aumentar el nivel de complejidad y calidad como se esperaba, hubo un importante estancamiento en tramas y personajes y también la sensación de que el abultado presupuesto que se supone que tiene no lucía como debería. Pero los guionistas se han puesto las pilas a lo grande y el equipo técnico y los directores han exprimido cada céntimo, logrando un año redondo, espectacular.

Tiene dos partes bien diferenciadas, tanto que parecen temporadas distintas, pero ambas son tan buenas que el abrupto cambio de escenario no afecta al ritmo y el interés. Tan buenas que hubiera preferido un año completo dedicado a cada parte, pero quizá los autores veían la sombra de la cancelación sobre sus cabezas y aceleraron la historia para dejarla en un punto y aparte que pudiera servir como final. Ha sido una serie demasiado ambiciosa y cara para Syfy, un canal en el que desde el éxito de la adulta y oscura Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) por alguna razón prefirieron apostar por series menores y por lo general más bien juveniles. Finalmente, se cumplieron los malos augurios, y acabó cancelada al termina la emisión de esta etapa. Pero por suerte son otros tiempos, y todos esperábamos que Netflix, su principal distribuidora fuera de EE.UU. y Canadá, siguiera con ella… pero en una maniobra inesperada ha sido Amazon quien ha adquirido los derechos para continuarla.

Como resultado, tenemos en una temporada lo mejor de los dos subgéneros habituales de la ciencia-ficción espacial: la ficción político-social y la fantasía de exploración. Pero el cambio de rumbo también renueva casi por completo las tramas y muchos personajes, algo insólito en una serie, y cambia la acción por el suspense. La primera parte del año se centra en la inevitable conflagración bélica en el sistema solar, la segunda, en la revelación final de la protomolécula. Ambas prometen cambiar el curso de la historia de la humanidad para siempre.

La guerra trae mil frentes abiertos, planes desbaratados por factores inesperados o traiciones, batallas y muerte por doquier. Vemos las tribulaciones políticas del gobierno de la Tierra, con la ambición del pelele de Gillis alentada por el corrupto de Errinwright: el secretario general sopesa la difícil disyuntiva de actuar con prudencia y esperar que las cosas se calmen o aprovechar el conflicto y hacerse un nombre en la historia. Conocemos las dudas de lealtad de los almirantes principales y algunos capitanes, donde se suceden disputas y motines que desmiembran la flota, mientras la armada de Marte, con su fanatismo, se mantiene unida. Todo parece abocado al desastre a pesar de la presencia de la pacifista reverenda y doctora Anna Volovodov (Elizabeth Mitchell), una vieja conocida de Gillis que este ha contratado para asesorarlo; pero la mujer se encuentra en un nido de víboras con poco margen de maniobra.

La protomolécula, por más esfuerzos que ha hecho la tripulación de la Rocinante, ahora renombrada como Pinus Contorta, sigue en manos de Jules Pierre Mao. Pero por ahora su prioridad es encontrar a Mei, la hija del botánico Meng, y no inmiscuirse en el conflicto bélico, que bastante problemas han tenido ya. Pero niña está en el núcleo de la tormenta, y así que acaban sorteando batallas y teniendo relevancia en el desarrollo de los eventos lo quieran o no. La secretaria Avasarala, con su guardaespaldas Cotyar y la marciana Bobbie, tratan de desenmascarar el complot de Mao y Errinwright, pero cayeron en su trampa y tienen que luchar a tiros por salir. ¿Lograran revelar pruebas de que la guerra ha sido provocada por intereses particulares?

El ritmo más que trepidante es demencial, no hay respiro, siempre surge un nuevo peligro, Los protagonistas principales recuperan el tono después de perder algo de fuelle. Cabe destacar la fantástica relación entre Amos y Meng, pero todos resultan de nuevo personajes llenos de matices y con gran magnetismo, y los actores están muy implicados. Muchos secundarios cobra mayor relevancia. Los almirantes Nguyen (Byron Mann) y Souther (Martin Roach) y sus principales oficiales ofrecen algunos de los momentos más tensos del año, pero tenemos un sinfín de historias menores con otros capitanes y soldados que potencian ese detallismo y realismo con el que se describe la historia del sistema solar.

En la segunda parte, la protomolécula salta a primer plano, habiendo creado en Venus un artefacto de propósito desconocido. Todo el sistema solar pone sus ojos en ello, pero la tensión en el aire es palpable, hay demasiadas heridas abiertas y rencillas pendientes, y juntar todos los bandos en un mismo sitio con tantos peligros y tanto miedo garantiza un polvorín. ¿Podrá la fascinación que despierta el objeto impedir la extensión de la guerra?

Conocemos a nuevos capitanes de Marte y la Tierra, más asesores varios, y el cinturón vuelve a requisar la nave generacional de los mormones y la envía llena de su gente al mando de Camina Drummer y el veterano comandante, pirata y terrorista Klaes Ashford. La tripulación de la Pinus Contorta acaba también metida en el meollo, con Jim Holden teniendo unas visiones extrañas justo cuando, por la fama adquirida, tienen unos periodistas abordo.

La inteligencia con que los escritores integran en la narración distintas visiones de lo que ocurre es digna de alabanza. La religión, la ciencia, la política, lo personal… todos los puntos de vista chocan ante una situación desconcertante que promete cambiar el entendimiento del universo. Cada personaje tiene una forma de reaccionar, y todos juntos mueven los acontecimientos. Mi sección favorita, aparte del grupo de Holden, son los líos de Ashford y Drummer y su población de cinturianos que comprende desde obreros resentidos a terroristas, todos con generaciones de odio a cuestas contra los planetas interiores por la larga historia de expolio y ninguneo. ¿Podrán la nueva situación aplacar la ira y dejar paso a la reconciliación? Dos colosos interpretativos, el conocido David Strathairm como Ashford y la joven pero sorprendete Cara Gee como Drummer, se alzan como los personajes secundarios del año, los comepantalla por excelencia: todas sus escenas, riñas y problemas son memorables.

Aquí también tenemos pequeños relatos que enriquecen la perspectiva global. Me ha encantado la del “saltador” (esos que hacen carreras de velocidad entre planetas y lunas), muy bien concentrada en pocos minutos y con un final alucinante, pero el capitán prudente de la nave insignia de la Tierra y la rica que se cuela en ella con Volovodod para estar en primera línea de los acontecimientos también son muy interesantes.

El único aspecto negativo, el único hilo suelto, es la presencia de Clarissa Mao (Nadine Nicole), otra del clan de los Mao que aparece para meter cizaña a su manera. Sus motivaciones no son nada verosímiles, por muy obsesionada que esté con la venganza por lo sufrido por su familia, no resulta creíble su viaje e intenciones. Pero aunque sea un personaje que rechina bastante, su interacción con los demás, los eventos que provoca con sus acciones, son muy variados. Por otro lado, cabe mencionar que el líder de la OPA, Dawes (Jared Harris), no aparece a pesar de que se lo menciona mucho y cabía esperar que dada su importancia estuviera presente; pensaba que sería por problemas de agenda del actor y que Ashford era un personaje creado para sustituirlo, pero por lo visto en los libros también se va dejando de lado.

En el aspecto visual prometió mucho en la primera temporada para, como señalaba, no crecer como se esperaba en la segunda. Pero este año es deslumbrante. Cada pocos capítulos aparecen nuevas naves con decorados muy elaborados y vistosos, de forma que parece una superproducción de cine. La puesta en escena maneja muy bien el ritmo ágil y la acción con muchos frentes abiertos a la vez, de forma que la historia fluye muy bien. Y hay con partes muy intensas en los escenarios bélicos y otros poblemas abordo, como el caos en que se sumerge la nave insignia de la Tierra con el frenazo. Las batallas espaciales no son tan numerosas como en Babylon 5 (J. M. Strackzynski, 1993) o Battlestar Galactica, pero resultan espectaculares, y eso a pesar del afán por hacerlas realistas.

La temporada resultante es colosal, con una ambición y realismo fascinantes como no se ha visto en el género desde Babylon 5. Sólo temo que después de este punto álgido no vuelva a tener historias tan llamativas, pero veremos qué nos ofrece, porque a partir de ahora no sabemos por dónde nos pueden llevar, salvo que obviamente hayas leído los libros, que van bastante por delante.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2015)

DAREDEVIL – TEMPORADA 3 Y FINAL


Netflix | 2018
Drama, suspense, superhéroes | 13 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Erik Oleson, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Joanne Whalley, Jay Ali, Wilson Bethel, Stephen Rider, Ayelet Zurer, Peter McRobbie.
Valoración:

Las imposiciones de los directivos de Marvel/Disney, ABC Studios y Netflix y el movimiento de guionistas afectó bastante a la segunda temporada, que perdió calidad e interés en grandes cantidades. La obligación de incluir las historias de la Mano y Elektra, además dejando el final para la miniserie The Defenders, no cuajó con el estilo inicial y los escritores de entonces, Doug Petrie y Marco Ramirez, no estuvieron inspirados. No se puede usar una serie como escaparate de otra si no se planifica mejor la trama y se desarrollan más a fondo los personajes, y no fue el caso a pesar de que ambos guionistas precisamente desarrollaron The Defenders.

El relevo en Daredevil lo toma Erik Oleson. No es muy conocido, pero ha sido co-productor ejecutivo de varias series (Arrow -2012-, Imborrable -2011-…) y showrunner de El hombre en el castillo (2016). Aquí ha tenido que lidiar con una serie ya en marcha y en la que infinidad de productores y directivos meten mano, y a pesar de todo ello él y el resto del equipo han conseguido encarrilar las cosas. La pena es que por culpa de la todopoderosa Disney se ha cancelado, pues van a montarse su propia plataforma online y están recuperando los derechos de muchas obras (Marvel es propiedad suya) para que no haya nada suyo fuera. ¿Veremos más temporadas de este grupo superhéroes o un reinicio cuando pongan en marcha su canal? No se sabe por ahora, pero en Netflix aseguran que estas temporadas seguirán siempre en su plataforma.

El esperado retorno de Wilson Fisk cumple muy bien con las expectativas. Tenemos un personaje fascinante y perturbador a partes iguales que Vincent Donofrio hace suyo de nuevo con una interpretación escalofriante. Cada escena en que aparece deja mal cuerpo, sobre todo aquellas en las que trata de manipular o herir a alguien con su retorcido intelecto. En estos casos también cuenta, como es obvio, el buen desarrollo de los otros personajes. Los agentes del FBI Ray Nadeem y Benjamin Poindexter tienen una trayectoria magistral. En todo momento sabemos qué los motiva y qué problemas tienen, de forma que resulta verosímil el condicionamiento al que son sometidos. Los dos intérpretes, Jay Ali y Wilson Bethel respectivamente, muestran muy bien su caída al infierno. La reaparición de Vanessa y su sensual actriz Ayelet Zurer también está a la altura, sobre todo cuando elige bando.

Matt, Karen y Foggy tienen un viaje más convencional, pero el esfuerzo por desarrollarlo bien se agradece. Con Matt enfrentamos los dilemas del héroe en una de las perspectivas más oscuras que ha dado el género. Deber, moral, pecado, redención, realización personal… Tiene un lío mental enorme y un alma atormentada, pero ninguno de sus amigos parece poder llegar a él. El renacimiento de Fisk como Kingpin sucede precisamente en estos momentos críticos, así que no hay paz para él. Foggy mantiene su simpatía, y su lucha contra Fisk desde el lado de la ley muestra bien la otra cara del juego. Karen queda un poco en el limbo durante la contienda, porque una vez derrotada en el marco del sistema (atacar desde el periódico) da unos pocos de tumbos hasta que vuelve a ganar interés con el flashback a su pasado, que aunque parezca una historia tangencial aporta mucho al personaje. Charlie Cox y Elden Henson están de nuevo muy entregados, pero con el torrente de emociones que ofrece Deborah Ann Woll queda algo por encima.

El conflicto entre ambas facciones es bastante impredecible, mantiene muy bien la sensación de desasosiego y fatalismo. Episodio tras episodio las cosas se van torciendo para nuestros héroes mientras Kingpin hace y deshace a su gusto, de forma que la espiral de derrotas y la atmósfera opresiva son muy intensas, desagradables en ocasiones. Cuando Fisk consigue poner a Daredevil como el enemigo público número uno parece no haber salida.

En el lado del espectáculo también tenemos un año impresionante. El retorno de Daredevil en el cuarto capítulo, con el glorioso plano secuencia de la cárcel, es memorable. Tuvo que costar mucho tiempo y sudor planificar y rodar semejante hito cinematográfico, porque hablar de televisivo no le hace justicia. Pero ese punto álgido no es un momento aislado, toda la temporada recupera para la saga el nivel visual que se había perdido en las fallidas Luke Cage, Iron Fist y The Defenders. La estupenda fotografía, con unos fantásticos juegos de luces y sombras, y las coreografías tan bien ejecutadas disimulan muy bien que no es una producción de alto presupuesto y los escenarios son pocos y parcos.

Pero, como en el primer año, falta algo para lograr la gran serie que hay latente. Algo de equilibrio, de visión global y de ritmo. Lo primero que salta a la vista es que le pesan los obligados trece episodios. Con ocho o diez nos habríamos librado de rellenos, pausas y estiramiento de tramas. La parte inicial en la iglesia es la más afectada, sobre todo porque alargan algo predecible en vez de darle carpetazo y pasar a otra cosa más relevante. Sabemos de sobra que Matt vive y Daredevil volverá, son responsabilidades y un destino que no puede esquivar, más que nada porque no habría serie. Así que tenerlo tres largos capítulos mareando la perdiz con su recuperación física y mental es bastante contraproducente. En el primer acto de la temporada el héroe termina siendo un secundario, con Nadeem y el retorno gradual de Fisk robando el protagonismo; por la intriga de ver la trayectorias de estos dos mantiene el interés, si no, quizá muchos espectadores hubieran abandonado antes del pelotazo del cuarto episodio.

El tramo final vuelve a perder un poco de fuelle. Una vez están todas las cartas sobre la mesa no queda margen para la sorpresa, y ni los guionistas consiguen un giro que renueve el interés ni los directores están tan brillantes como en otras ocasiones. Parece que gastaron todas sus fuerzas a lo largo del año, porque en el desenlace está lejos de la espectacularidad necesaria para dejar huella. La esperada confrontación final entre Daredevil y Kingpin parece un trámite a cumplir en vez de un final épico; mucho más lograda está la carrera entre coches de penúltimo capítulo, por ejemplo. Por otro, lado la parte de Foggy acaba con un reset de serial barato, dejando muy malas impresiones.

Otro aspecto mejorable es que con Fisk se centran tanto en unos pocos personajes que, a pesar del extraordinario resultado con ellos, da la impresión de que se olvidan de cuidar mejor su supuesto gran entramado criminal. O quizá no podían aspirar a más por falta de dinero para más escenas y personajes secundarios. El caso es que Fisk maneja toda la ciudad a su antojo sin moverse de su habitación, y no parece que sea el abogado quien hace el trabajo por él, ni tiene fieles secundarios que se encarguen de ello más allá de las pocas misiones de Nadeem (Dex es sólo su matón). A veces se resuelven cosas importantes con un conveniente y simple “Fisk lo ha querido así”, como una parte de la carrera de Foggy a fiscal, y rechina un poco.

Aunque sus carencias frenan un poco su potencial, desde luego no impiden que tengamos un año notable, extraordinario en ocasiones, y con personajes inolvidables, que supone una de las mejores obras de superhéroes en cine o televisión. Pero por desgracia llega tarde para salvar la saga The Defenders, tanto por lo bajo que ha caído esta como por su cancelación.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
-> Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

BLACK MIRROR – ESPECIAL: BANDERSNATCH


Black Mirror: Bandersnatch
Netflix | 2018
Drama, suspense | Duración variable
Guion: Charlie Brooker.
Dirección: David Slade.
Intérpretes: Fionn Whitehead, Craig Parkinson, Alice Lowe, Asim Chaudrhy, Will Poulter.
Valoración:

Alerta de spoilers: No hay datos reveladores de ningún tipo.–

Desde que se vaticinó la emisión de series y películas por internet se plantearon también algunas de las ventajas que traería, como la más lógica, ver lo que quieras cuando quieras sin necesidad de tener la obra almacenada en un soporte físico. Pero la posibilidad de tener emisiones con las que el espectador pudiera interactuar más allá del elegir idiomas parece que tardó en surgir, o al menos en empezar a calar. Hablo del concepto “elige tu propia aventura” que existe desde hace décadas en novelas, donde puedes escoger entre distintas posibilidades el curso de acción que sigue el protagonista. Para el que no le suene, se trata de que llegas a varios puntos de la lectura donde te ofrecen al menos dos alternativas (no suelen ser más), y según la que prefieras te manda a una página u otra con distintos progresos de los hechos y nuevas elecciones que finalmente llevan a distintos desenlaces.

Sin embargo, la llegada de las plataformas online no fue suficiente para trasladar este modelo narrativo a series o películas. Evidentemente hace falta un software que permita esa interacción entre el espectador, el aparato reproductor y el flujo de datos que llega a través de internet, y es probable que nadie quisiera hacer la inversión y esfuerzo de desarrollarlo para que sólo cuatro gatos tuvieran acceso a ello. En los últimos años, con plataformas como Netflix, Amazon, Hulu y otras en las televisiones, ordenadores y móviles de medio mundo, finalmente se ha allanado el terreno para probar este concepto, y Netflix se ha puesto las pilas para ser la primera compañía en hacerlo, tanto que parece que ninguna otra se lo había planteado hasta el momento.

Probaron inicialmente en algunos episodios de series infantiles, donde los niños podían elegir entre unas pocas opciones, aunque no parece que causara mucho impacto entre el público, ni la cadena lo aprovechó para anunciarlo como una revolución. Pero es evidente que se lo estaban tomando en serio, porque lo han lanzado a lo grande a través de una serie adulta y de mayor éxito, la original y tétrica Black Mirror de Charlie Brooker.

En su obra Brooker ha castigado mucho a la humanidad y a sus personajes por los excesos con las nuevas tecnologías, siendo San Junípero el único capítulo con desenlace medio feliz, y en este Bandersnatch no ha desaprovechado la posibilidad de señalar también al espectador. La implicación del televidente no sólo se basa en seleccionar qué camino ha de seguir el protagonista, sino que además te devuelve la pelota en algunas elecciones, haciendo que el personaje termine siendo víctima tuya. Hay finales macabros si nos va la violencia y finales delirantes si nos pasamos de la raya machacando al protagonista, para dejarte claro que tú lo has destruido poco a poco. Y si no, también intenta dejarte mal cuerpo: sus traumas en la infancia ponen trabas a nuestros intentos de ir por el camino responsable.

Otro punto fuerte es la ambientación ochentera. Brooker nos traslada al punto álgido de las novelas de “elige tu propia aventura” y el inicio de los videojuegos con trama en la que podías involucrarte con cierta libertad de elección, la década de los ochenta. En el capítulo San Junípero iba a lo más reconocible de la época, una idea que se me antojó facilona y comercial, pero aquí la inmersión cultural es más profunda, detallista y friki. Música, juegos, tecnología y ambientes varios nos sumergen plenamente en aquellos tiempos, y te implicas más gracias a la posibilidad de seleccionar entre lo que hace el personaje: la música que escucha, los cereales que desayuna…

Pero también hay carencias notables que limitan bastante el alcance de un argumento e ideas con un potencial mucho mayor. El primer punto oscuro es grave: es imposible conectar con el protagonista y menos aún con los secundarios. Sus autores han puesto todo el esfuerzo en el puzle de líneas argumentales (hay cinco horas de metraje en total para poder dar cabida a todas las elecciones) y se han dejado en el tintero algo tan esencial como es la personalidad y el progreso dramático: ningún habitante del relato tiene un dibujo llamativo y un desarrollo elaborado. El protagonista es inestable mentalmente desde el principio al final, su evolución es la misma elijas lo que elijas. No hay manera de interesarse por él, ni da pena, ni tiene carisma, ni su viaje deja grandes diálogos o escenas que te conmuevan, toda su historia está puesta al servicio del golpe de efecto de turno. Y los secundarios son un cliché tras otro usados como apoyo de la figura central: la psiquiatra sólo sirve para presentarnos sus problemas mentales, el informático rarito está para lanzar su pasión, el jefe estresado para ponerle limitaciones, el padre agobiante para disparar sus picos de inestabilidad, y la madre ausente para justificar su desconexión con el mundo. El elenco es bueno pero no como para sobreponerse a las limitaciones de sus roles y dejar huella.

El segundo problema es que a la hora de la verdad tampoco termina de deslumbrar como narración de “Elige tu propia aventura”. Hay muchas elecciones intrascendentes, sin duda pensadas para que aprendamos a manejarnos y para reforzar la inmersión, pero a la larga parece que tocas mucho el teclado o el mando para nada. Pero lo que pesa más es que las importantes no impresionan. Brooker se empeña en un solo mensaje, y con él te machaca hagas lo que hagas, hasta el punto de que hay callejones sin salida que te obligan a volver atrás y elegir lo que él quiere (al menos no empiezas desde el principio, sino que vuelves a la última disyuntiva). Resultan opciones muy parcas en lo emocional y en la intriga, de forma que te implicas poco a la hora de analizar el posible recorrido y sus consecuencias. A las pocas preguntas dejas de preocuparte por si merece la pena el riesgo o si quieres ser prudente, pues todas las alternativas abren caminos bastante evidentes y que progresan de forma predecible.

Así pues, en el apartado de originalidad, después de tanto haber dado a lo largo de la serie y de tanto prometer en esta premisa con tantas posibilidades, decepciona mucho. Para colmo, una de las líneas recuerda demasiado a la cinta de culto Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Sólo me sorprendieron para bien un par de instantes más trabajados, aquel donde aparece el perro para desbaratar tus planes, por eso de darte en la cara con un factor que deberías haber tenido en cuenta para ayudar al personaje a salirse con la suya, lo que supone la única vez que entran en juego variables inteligentes y la sensación de imprevisibilidad, y el desenlace donde se rompe a lo bruto la cuarta pared, con la pelea en plan artes marciales de videojuego.

Sin duda Brooker ha buscado llevarnos por la fuerza hacia mensajes concretos para mantener el estilo trágico y sórdido de Black Mirror, tanto la idea general de la serie, que sacamos lo peor de las nuevas tecnologías, como la concreta en este episodio, que no tenemos realmente libre albedrío, que nuestra vida está acotada por nuestras experiencias en la infancia y dirigida por fuerzas externas diversas (la familia, la sociedad, el trabajo, el ente misterioso o divino que representa el espectador). Pero esto juega en contra de las enormes posibilidades narrativas que tenía entre manos. Si en Blanca Navidad logró unir tres historias muy complejas y diferentes con un nexo y personajes en común, tres historias que llegan de distinta forma a cada espectador (romance, ciencia-ficción, redes sociales, familia…), ¿por qué aquí, que se exige que mantenga esa fórmula, que te pone en bandeja hacerlo, se muestra tan poco inspirado y esforzado? En otras palabras, Bandersnatch se hace reiterativo y frustrante, si pruebas distintos finales es por la novedad de poder hacerlo, pues a mitad del relato ya se intuye que no da más de sí.

Tampoco funciona del todo la puesta en escena de David Slade, un realizador por cuyo renombre también se generaron expectativas. Hannibal (2013), American Gods (2017), Hard Candy (2005)… toda su obra es arriesgada y espectacular en lo visual, pero aquí ofrece un trabajo muy convencional. Cabe destacar, para mal, la fotografía tan simplona, con un abuso de colores primarios. Lo que no es anodino blanco o azul claro parece forzado; por ejemplo, la habitación del chaval es verde y lleva un pijama verde a juego, para entrar bien por los ojos sin un esfuerzo real de composición del plano. Está muy lejos del nivel que ha ofrecido Black Mirror en sus mejores episodios.

Bandersnatch podría haber calado mucho más hondo, pero se está quedando en una anécdota y probablemente sea superado muy pronto. Sin ir más lejos, al terminar dan más ganas de revisionar otros buenos capítulos que de volver a este.

Por otro lado, se mantiene el innecesario e injustificado empeño en referenciar cada dos por tres otros episodios y tratar de entretejer un universo único, cuando si por algo deslumbró en sus orígenes Black Mirror era por abordar historias dispares e independientes. Es tan gratuito que sólo se me ocurre que sea una estrategia para alargar la vida útil de la serie en internet: multitud de páginas que viven de contenido morralla y titulares llamativos hacen su agosto con reportajes al respecto y la gente que los enlaza en las redes sociales, donde se lleva también más la curiosidad efímera que la discusión intelectual, y mira que la serie da para ello. Es paradójico, cuando no hipócrita, que Charlie Brooker sea tan crítico con el abuso de las nuevas tecnologías y a la vez se venda tanto a ellas.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2013)
Especial: Blanca Navidad (2014)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
-> Especial: Bandersnatch< (2018)

HERIDAS ABIERTAS – MINISERIE


Sharp Objects
HBO | 2018
Drama, suspense | 8 ep. de 50-65 min.
Productores ejecutivos: Marti Noxon, Jean-Marc Vallée, varios.
Intérpretes: Amy Adams, Patricia Clarkson, Chris Messina, Eliza Scanlen, Matt Craven, Henry Czerny, Taylon John Smith, Madison Davenport, Sophia Lillis, Elizabeth Perkins.
Valoración:

Un crimen macabro en un pueblecito. Una periodista criada allí que huyó en cuanto pudo de las maldades de su familia y del ambiente inmovilista, los secretos y las mentiras del resto de la población, es enviada por su jefe para que escriba artículos del caso porque conoce el lugar, pero también porque sabe que arrastra heridas abiertas y es buena ocasión para cerrarlas.

Con la sinopsis queda claro que la premisa está muy, muy vista, y la sensación se agrava al iniciar el visionado. El pueblo raro y lleno de misterios a lo Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost, 1990), el dramón tratado por infinidad de telefilmes, el thriller policíaco de siempre. ¿Qué tiene para ofrecer esta nueva aproximación? No mucho, aunque al menos lo intenta con bastante ahínco. No sé si en la exitosa novela homónima en que se basa, publicada por Gillian Flynn en 2006 (autora también de Perdida -2012-, que tuvo versión en cines en 2014), funciona mejor, pero esta miniserie de la productora y guionista Marti Noxon (inició su carrera en Buffy, La cazavampiros -1997-) y el director Jean-Marc Vallée (pasó de cosechar premios en el cine –Dallas Buyers Clubs, 2013- a tenerlo en televisión –Big Little Lies, 2017-) es un quiero y no puedo. Según la paciencia y el corazón del espectador puede ser una obra dramática intensa con la que sufrir o una de misterio artificial y plomiza con la que aburrirse. Yo me he quedado en un término medio.

Sabiendo que los conflictos emocionales internos, las tragedias no superadas, los problemas de familias disfuncionales y demás aproximaciones al drama humano cotidiano han sido muy tratadas, los autores intentan realzarlas mostrándonos en primera persona la mente de la protagonista, Camille (Amy Adams), mediante una puesta en escena que materializa todas sus emociones, penas y anhelos. Las miradas o diálogos de Camille van acompañados de un plano que termina de enfatizar su estado de ánimo, o un breve plano a un detalle de su entorno nos lanza a un fugaz recuerdo que señala la conexión emocional entre etapas de su vida, es decir, qué ha influido en su infancia para que ahora se comporte y sienta de una forma u otra. Por ejemplo, un ventilador le trae a la memoria una vez que estuvo enferma y convalecía al lado de uno, y eso se asocia con la madre cuidándola, lo que nos lleva a la sobreprotección, y todo confluye en que la situación que esté viviendo ahora estará marcada los sentimientos que han emergido.

Esto implica mucha contemplación, mucha construcción metódica de las escenas, mucho flashback… Pero si bien el concepto narrativo es llamativo y prometedor, sus autores no son capaces de llevarlo a cabo con la armonía suficiente. Lo sugerente se convierte muchas veces en subrayado en exceso, y otras directamente cae en el sensacionalismo. El rimo metódico y detallista funciona menos de lo pretendido, y pronto se torna en un relato lento, sobresaturado por fuera pero inane por dentro. En otras palabras, las cosas no avanzan, damos vueltas en círculos, y el efectismo se impone a una historia que, después de tanto enredo sensitivo, termina siendo igual de predecible y vulgar que siempre. Incluso el alcance de las interesantes protagonistas principales se ve afectado: nos tiramos casi todos los capítulos atascados en los mismos recuerdos y lamentos (por ejemplo, pronto te preguntas por qué si Camille sufre tanto en casa de mamá no se va a un puñetero motel), y tras tanta fachada se olvidan de trabajar la progresión global, sobre todo a la hora de transmitir incertidumbre por el desarrollo de los acontecimientos, con lo que no hay realmente mucha intriga por el porvenir de ningún personaje.

Aun así, Camille y su madre Adora logran emerger por encima de los fallos enganchando con bastante intensidad. Son una versión cruel pero verosímil de traumas reales y llegan con mucha fuerza, en gran parte por las estupendas interpretaciones de Amy Adams y Patricia Clarkson. Pero el resto de habitantes del pueblo quedan en anodinos estereotipos puestos a su servicio. El detective rechazado, el sheriff conservador, la niña modosita en casa pero rebelde fuera, la amiga con secretos, la animadora tonta con ganas de fama rápida y los sospechosos de siempre componen un mosaico que apuntaba a una buena descripción de una sociedad incapaz de sobreponerse a sus heridas, de un pueblo ahogado en sus miserias, pero acaba siendo una repetición estéril de lo ya contado mil veces. La única que destaca es Amma, la hermana adolescente de Camille, pero por protagonismo e importancia (es el reflejo y repetición de lo ocurrido con otra hermana fallecida cuando ella era joven) y el también correcto papel de Eliza Scanlen, porque el rol resulta demasiado inestable a conveniencia del guion como para resultar verosímil, es decir, al final también es un complemento y no un personaje que respira con vida propia.

Como extensión de los problemas, el caso nunca llega a despertar el más mínimo interés. Es cierto que la serie versa más sobre la formación como personas y la influencia de los traumas en la infancia en el proceso, pero no puedes pretender que la investigación criminal sustente el viaje de los personajes si no la tratas con dedicación suficiente. No vemos una investigación consistente, sólo repetición de escenarios (las mismas conversaciones en el bar con el detective una y otra vez), intentos puntuales de reforzar el misterio muy artificiales (la cabaña metida con calzador a media temporada), y amagos con apuntar con la sombra de la sospecha temporal a uno u otro personaje que resultan trámites pesados. Al segundo episodio ya tenía en mente cómo se desarrollaría todo, y no hay ni un camino o giro que discurra distinto a lo más fácil y evidente.

El final, con el destino de las protagonistas en vilo, funciona más por el esfuerzo en la puesta en escena que por lo narrado en sí, que se ve venir de lejos. Pero entonces te das cuenta de que tenían un giro final más original y con posibilidades de resultar efectivo, pero no sabían cómo incluirlo y lo cuelan en flashes rápidos entre los títulos de crédito. Así que, si ya cuesta acabar el visionado, hacerlo con un ese mal trago puede empeorar las sensaciones.

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 2


BBC Two | 2014
Drama, suspense | 6 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Joe Cole, Harry Kirton, Paul Anderson, Helen McCrory, Spophie Rundle, Sam Neill, Finn Cole, Tom Hardy, Charlotte Riley.
Valoración:

Se va materializando esa maduración de la que sus cada vez más numerosos seguidores anuncian, pero todavía me parece poco para hablar de una gran serie. Lo primero es que se observa es más esfuerzo en profundizar en la familia Shelby, pues en la primera etapa me quejaba de que los hermanos quedaban muy descolgados. Cada uno de ellos gana dimensión, vamos conociendo algo más allá de sus formas de ser, sus demonios internos, sus esperanzas sobre el futuro… Los problemas de Arthur para centrarse y su viaje con las drogas son muy interesantes, por ejemplo. Pero incluso con esas al final les roba protagonismo un nuevo personaje, un hermano dado en adopción tiempo atrás y que ahora quiere entrar en la familia. La historia del joven deslumbrado por el dinero y poder no es nueva, pero Michael, eficazmente interpretado por Finn Cole en su primer papel principal, es un rol que no deja la sensación de ser un estereotipo, sino que resulta atractivo y te interesas por su porvenir.

También hay mejora en las tramas, un tanto encorsetadas en la presentación de la serie, pero ahora algo más originales y elaboradas. Los planes de Thomas siguen siendo ambiciosos, de forma que los Shelby plantan cara a varios frentes y también se buscan otros nuevos, pero con su inteligencia y talante los va sacando adelante a pesar de los numerosos obstáculos. Entre ellos destacan los roces familiares, donde debe acallar voces y mantenerlos a todos cohesionados, en especial a su tía Polly.

La temporada es corta pero trepidante. Hay tantos planes, intrigas y giros inesperados (atención a la escena de un protagonista cavando su tumba) que engancha bastante y permite volver a verla, o incluso lo requiere, si te has perdido en alguna de las muchas maquinaciones cruzadas. Vuelve a destacar el papelón de Cillian Murphy, bien secundado por Helen McCrory, y la puesta en escena (cámara en mano, iluminación natural, escenarios sucios) que tan bien nos sumerge en el ambiente de la época. Momentos épicos hay unos cuantos, como la pugna entre Thomas y Alfie Solomons, encarnado por un imponente Tom Hardy, que ofrece un par de escenas inquietantes, la entrada gradual de Michael en la familia, la tensión creciente en el asalto al hipódromo…

Pero sigue habiendo aspectos mejorables y algunos giros un tanto pasados de rosca. Me ha dejado muy malas sensaciones el rival mafioso, el italiano. A pesar de contar con un buen actor como es Noah Taylor el personaje no impone, se queda en un villano de relleno dibujado con cuatro trazos, y palidece al lado del gran Alfie. Pero lo más grave es que incomprensiblemente nos traen de nuevo lo peor de la primera temporada cuando parecía que nos habíamos librado de ello. El pesado del detective Cambpell, ahora mayor, vuelve con el acento forzado de Sam Neill y su historia tan sensacionalista, con momentos de vergüenza ajena, como la violación. Y para rematar, también tenemos a Grace y la sosa Annabelle Wallis, con la relación amorosa en tensión más floja que recuerdo en años.

Así pues, Peaky Blinders todavía tiene mucho margen para mejorar.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)

JACK RYAN – TEMPORADA 1


Amazon Video | 2018
Suspense, drama, acción | 8 ep. de 44-64 min.
Productores ejecutivos: Carlton Cuse, Graham Roland.
Intérpretes: John Krasinski, Wendell Pierce, Ali Suliman, Abbie Cornish, Dina Shinabi, Karim Zein, Nadia Affolter, Arpy Ayvazian.
Valoración:

La serie de novelas de Tom Clancy sobre el personaje Jack Ryan ha corrido desigual suerte en sus varios intentos de convertirla en una saga de películas rentable. Se inició con un thriller de alta calidad y bastante éxito, La caza del Octubre Rojo (John McTiernan, 1990), donde Ryan estaba encarnado por Alec Baldwin y secundado por un sinfín de grandes actores. En las dos siguientes entregas cambió de rostro a Harrison Ford, y si bien la inicial era un producto de acción más convencional (Juego de patriotasPhillip Noyce, 1992-), la segunda volvió a levantar el listón bastante: Peligro inminente (Phillip Noyce, 1994) fue una cinta ejemplar de acción y suspense y un éxito de taquilla. A pesar de ello la serie quedó en el limbo, supongo que por líos entre productores. No lograron sacar adelante más títulos hasta el intento de reinicio en 2002 con Pánico nuclear (Phil Alden Robinson), con Ben Affleck como protagonista. El estreno pasó muy desapercibido y la saga volvió a aparcarse hasta 2014, donde con la infame Jack Ryan: Operación sombra (Kenneth Brannagh) parecía que iba a morir definitivamente. Sin embargo, los poseedores de los derechos, el productor Mace Neufeld y la Paramount Pictures, probaron otras pocas intentonas infructuosas antes de poner el ojo en el formato de serie de televisión.

Esta llega de la mano de Carlton Cuse (Perdidos, 2004) y Graham Roland (Almost Human, 2013, y coincidieron en The Returned, 2015) en la parte creativa, con productores como Michael Bay, John Krasinski (además de actor también escribe, produce y dirige, por ejemplo, Un lugar tranquilo -2018-) y Mace Neufeld entre otros, bajo los sellos de Paramount Television y Amazon Studios, principalmente.

En los primeros capítulos, y más con el cambio de escenario a Francia, casi parece que Jack Ryan podría ser la heredera de Homeland (Alex Gansa, Howard Gordon, 2011), aunque sea empezando desde abajo y creciendo poco a poco, porque partimos de algunos conceptos muy básicos y previsibles pero se ve potencial para bastante más.

Los autores tratan de mantener la premisa de Tom Clancy, esto es, un exmarine que por lesiones acaba en un despacho como analista, pero vuelve a entrar en acción poco a poco al despuntar como un talento nato tanto en el escritorio como en el terreno. Sin embargo, en temática han decidido actualizarla a nuestros tiempos, pues los temas habituales de las novelas están algo obsoletos (guerra fría, terrorismo irlandés) o muy vistos (guerra contra las drogas en Sudamérica), hoy los principales problemas políticos vienen del terrorismo islamista y las guerras en oriente medio. Ahí surgen sus principales virtudes: la cercanía a la situación real que vive el mundo y la verosimilitud con que inicialmente tratan estos conflictos, tratamiento que extienden a un villano bien trabajado.

Nos presentan una perspectiva compleja del asunto, con las crisis políticas que generan guerras en oriente medio, las consecuentes migraciones hacia Europa, la posterior desigualdad y otros problemas culturales, y surgiendo entre todo ello, nuevos potenciales terroristas. El villano, Mousa Bin Suleiman, nace en este caldo de cultivo, y si bien los flashbacks que muestran etapas previas de su vida quedan quizá demasiado resumidos, valen para redondear un personaje con bastante fuerza, algo que en parte se debe también a la certera interpretación de Ali Suliman. La odisea de la esposa (Dina Shihabi) y las hijas no sorprende pero como drama funciona, tanto a la hora de dotar de mayor realismo a la situación como para entretenernos.

Por el lado de la CIA, la intriga de despachos tiene un punto de partida muy típico, pero también apuntan a una perspectiva más amplia, con los superiores que solo piensan en ascender y las injerencias políticas. Los personajes parten de varios estereotipos, pero tienen las aristas justas y las motivaciones claras como para resultar simpáticos y generarte ganas de seguir sus aventuras. La dinámica entre Ryan y su nuevo jefe, Greer, es bastante interesante, y cuando entran en juego los franceses mejora: los roces entre formas de entender el mundo son interesantes y van añadiendo poso a cada protagonista. Aquí también hacen bastante los actores. John Krasinski (The Office -2005-, 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi -2016-) aporta muy bien dimensión interna, es decir, su interpretación transmite más de lo que el personaje deja entrever a sus compañeros, sobre todo en dilemas éticos y traumas. Wendell Pierce (The Wire -2002-, Treme -2010-) compone un agente venido a menos, con miedos, y muestra bien un cambio gradual, sobre todo en cuanto a la relación con Ryan. Un poco más atrás se queda Abbie Cornish (Robocop -2014-, Geostorm -2017-), que parece relegada a la chica del héroe y para unos pocos giros finales.

Sin embargo, me temo que en vez de crecer el guion se va diluyendo. Ese tratamiento más serio del drama y el suspense que prometía acaba dejándose de lado por la acción más básica y los derroteros más predecibles. Esperaba que la intriga de despachos ahondara más en los personajes secundarios y trataran más a fondo temas de espionaje, política, enchufes, incompetencia etc., y que el conflicto político y social siguiera ampliando miras con los temas de migraciones, problemas de adaptación cultural, xenofobia, etc., pero todo se va relegando a anécdotas, o a justificaciones para tener escenarios de drama y acción sencillos. Aparte, en tierra de nadie queda la subtrama del piloto de drones, que es por sí sola amena pero no termina de cobrar sentido en la historia global y acusa los mismos problemas: promete un drama realista pero acaba tan resumido que resulta una historia simplona.

De esta forma, el villano cada vez es más malo cabezón, los buenos más infalibles, el romance más trillado, y la complejidad del panorama geopolítico se olvida en detrimento de la típica misión exagerada de película de acción del montón. El terrorista tiene un plan supremo digno de archienemigo de James Bond, y este toma forma con todos los tópicos, sensacionalismo y agujeros de guion más tontos. Los personajes pasan por todos esos giros para cumplir con ellos, dejando el progreso dramático de lado, si acaso lo contrario, hay varias situaciones forzadas que rozan la vergüenza ajena, como la doctora metida en todo con calzador, o los terroristas más buscados del mundo paseándose por el hospital donde está el presidente de EE.UU.

Si hubiera tenido un tramo final más sólido y original seguramente hubiera quedado una buena serie. El producto resultante es un digno entretenimiento, sobre todo porque su caída de calidad no afecta al ritmo y el sentido del espectáculo (atención a como exprimen los escenarios naturales con grandes panorámicas), pero en nada que le exijas un mínimo, el que creo que cualquiera exigirá en el rico panorama televisivo actual, queda en el limbo de series prescindibles. Veremos si hay suerte y madura en próximas temporadas, pero lo cierto es que viendo lo bajo que ha terminado apuntando yo tengo pocas esperanzas.