RATCHED – TEMPORADA 1

Netflix | 2020
Suspense, drama | 8 ep. de 45-62 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Evan Romansky.
Intérpretes: Sarah Paulson, Jon Jon Briones, Judy Davis, Cynthia Nixon, Finn Wittrock, Charlie Carver, Amanda Plummer, Corey Stoll, Sharon Stone, Alice Englert, Sophie Okonedo.
Valoración:

Ryan Murphy se hizo un hueco entre los autores más valientes y transgresores de la televisión con Nip/Tuck (2003), Glee (2009) y The New Normal (2012), y saltó al nicho más friki con American Horror Story (2011), probablemente su obra más conocida. Con la fama adquirida se está convirtiendo en una de las figuras más poderosas e influyentes, escribiendo y produciendo numerosas series, de las cuales bastantes tienen buen tirón mediático.

Entre sus últimos trabajos encontramos Ratched. Es el nombre de un personaje de la novela Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey de 1962 y de la película de Miloš Forman de 1975, donde está encarnada por Louise Fletcher, aunque el protagonismo recae en Jack Nicholson. Ratched es una arpía manipuladora que trabaja como enfermera un centro de enfermos mentales de los años cuarenta, donde la ciencia de la mente está todavía dando bastantes palos de ciego. La adaptación en forma de serie para Netflix parece que abordará varias temporadas inventadas antes de llegar a la historia del libro, de hecho por ahora del original tiene bien poco y bebe más del cine de Hitchcock, de las películas sobre Hannibal (El silencio de los corderosJonathan Demme, 1991-, HannibalRidley Scott, 2001-), y de la propia American Horror Story.

La verdad es que yo me bajé del particular universo de Murphy en la quinta temporada de American Horror Story (la del hotel), porque venía acusando mucho desgaste de tanto estirarla (y la agonía va ya por más de diez temporadas) y da la impresión de que intentar abarcar tantas series es muy contraproducente para su creatividad. Ratched cuenta con buenas críticas de los medios, pero lo cierto es que no las entiendo, no sé qué serie han visto. Luego lees los comentarios de la gente, y la ponen a parir. Porque muestra claramente lo fatídico que resulta ese exceso de trabajo, siendo una serie con potencial pero muy descuidada, que parece entre inacabada y fallida.

Vemos el sello de Murphy por todas partes, eclipsando cualquier personalidad que pudiera tener su colaborador, el novato Evan Romansky. Tenemos personajes peculiares marcados por tragedias, intrigas donde hay tanto suspense como locuras, y giros inesperados por doquier. Mezcla drama, cine negro, terror psicológico, humor negro…

Resulta sugerente en los primeros capítulos, donde sólo la falta de ritmo y determinación siembran algunas dudas: con tan sólo ocho episodios, Murphy parece ir demasiado lento y con inseguridad de hacia dónde se dirige. Pero conforme avanza, va perdiendo por completo el control de su creación. Patina en subtramas melodramáticas que no van a ninguna parte; no se sabe si quiere ser un drama serio o una de terror desenfrenada, así que los recesos para hablar de los problemas alrededor de la homosexualidad parecen bastante forzados. Se le agotan las ideas para las partes de suspense y cada trama se lía sobre sí misma hasta perder todo sentido e interés; con tantas alianzas y cambios de parecer no hay manera de entender qué quiere cada protagonista y a qué historia aferrarse. Los personajes cada vez van siendo más informes (qué cansinos los reiterativos flashbacks contando lo que ya era más que obvio) y devenidos en mediocres comodines según Murphy improvisa nuevos giros absurdos. De esta forma, varios roles se pueden pasar todo un capítulo tramando cómo hacerse daño o librarse el uno del otro y al siguiente son grandes amigos sin que haya una transición verosímil.

Para los últimos capítulos queda una amalgama sin pies ni cabeza, muy aburrida, y por momentos insultante, pues sólo encontramos giros absurdos, personajes destrozados, sobre explicaciones con diálogos sonrojantes y discurso moral de baratillo. Acaba siendo un panfleto feminista ridículo: las mujeres pueden montarse intrigas dañinas e incluso asesinar a su antojo, siempre que esté justificado porque hay un hombre poderoso o una cara del machismo contra los que supuestamente están luchando.

La puesta en escena se lleva a cabo mediante elaborados juegos de iluminación, encuadres muy cuidados, trávelings inmersivos… En resumen, la estética versátil pero también sobrecargada predilecta de Murphy, con sus aciertos y sus fallos habituales. Los últimos años de la década de 1940 están bien representados, y si bien en ese afán de hacer una serie deslumbrante queda todo muy artificial, pues está todo demasiado limpio y nuevo, desde luego hay cantidad de planos cautivadores, siendo una obra que entra muy bien por los ojos. Pero conforme avanza va quedando claro que la narrativa global se descuida. Todo lleva el mismo tempo apagado, sin garra y que no se adapta a los cambios de tono y ritmo, resultando una serie cada vez más monótona.

Además, cabe destacar para mal otra obsesión de Murphy: usar música no original. Se apoya demasiado en la música para enfatizar la intriga y el drama, pero al ser temas muy conocidos de la época, en nada que seas algo culto te pueden sacar de la narración. Y yo, como aficionado a las bandas sonoras, he estado todo el rato diciendo: ahora Bernard Herrmann, ahora Elmer Bernstein, pero qué poco se han esforzado que tiran demasiado de temas obvios como El cabo del terror (1962), qué pinta ahora el vanguardismo de Philip Glass

El reparto tiene alguna sorpresa, como Jon Jon Briones como el doctor Hannover y Sophie Okonedo como la paciente esquizofrénica, quienes están espléndidos, y Judy Davis (la enfermera jefa Betsy Buckets) tampoco está nada mal. Vuelve a traer mi habitual pregunta de quién puede ver una buena actriz en Sarah Paulson (Ratched), siempre con la misma cara de pena forzadísima con ojos humedecidos indistamente de la emoción que toque mostrar. Hay secundarios aburridos, pues Cynthia Nixon (la asistenta del político) y Finn Rock (el paciente condenado a muerte) son otros que parecen repetir siempre el mismo papel. Y tenemos figuras más llamativas desaprovechadas, como Vincent D’Onofrio (el político del que depende el dinero del hospital) y Sharon Stone (la rica caprichosa).

Ratched en vez sumar puntos a la irreverente personalidad de Ryan Murphy lo que hace es constatar que está tirando por los suelos el talento que había mostrado en sus primeros años. También pone de manifiesto la devaluación de la crítica especializada, que vende todo como muy bueno para no ofender a nadie, y la enésima muestra del sinsentido que son los Globo de Oro, que la han contado entre las mejores del año.

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