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TRUE BLOOD – TEMPORADA 7 Y FINAL

HBO | 2014
Suspense, Comedia, drama | 10 cap. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Lauren Bowles, Anna Camp.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad, incluidas muertes importantes.–

Última temporada de True Blood. ¿Qué esperar de ella? Pues lo mismo de siempre, porque incluso sin Alan Ball a las riendas siguió en su estilo y con las mismas virtudes y limitaciones. Las aventuras originales, alocadas y con un genial humor negro, los protagonistas deliciosos, los actores fantásticos, la puesta en escena brillante… y también las tramas con algunos deslices en el ritmo, las historias secundarias irregulares, los caminos algo fallidos de algunos personajes.

El final de la sexta temporada pegaba un salto y nos introducía de lleno en los eventos de la séptima. La crisis de la hepatitis-V es el desencadenante final del conflicto entre humanos y vampiros, y se traduce en una guerra sucia, una guerra sin líderes ni objetivos, sino de caos y supervivencia. La trama va a gran velocidad, dejándonos sin aliento en una situación extrema donde cualquier personaje está en peligro constante. Y están todos presentes en todo momento, porque casi no hay ni tiempo para historias secundarias, de esas que más veces de las deseables resultaban poco satisfactorias (solo está la de Tara, que luego comentaré). Hasta Sam se mantiene en primera línea y es apartado en una correcta despedida cuando ya no pinta nada ahí; aunque seguro que nadie se acuerda de su aburrida novia. Eso sí, hay un giro extraño: el novio vampiro de Jessica es convertido por arte de magia en un personaje completamente distinto. Ahora es un homosexual que no tiene interés en ella, cuando el romance que nos mostraron era de flechazo. Así entiendo que el actor se cabreara y largara y fuera sustituido por otro. No sé qué pretendían los guionistas con este giro, si se les fue de las manos sin querer o pensaban que tendría sentido; menos mal que es un rol menor; lo malo es que Lafayette pierde bastante protagonismo, y apareciendo con el tipo este no recupera mucho interés.

Hasta secundarios de toda la vida, como la petarda de la madre de Hoyt, están metidos en el embrollo hasta el cuello. La elección de bandos, las implicaciones morales de cada acción, los tumultos, los intentos de mantener la civilización… todo se va acumulando en un clímax que probablemente sea el mejor de la serie, y que termina en la espectacular batalla en el bar de Eric, donde una banda de vampiros infectados se hizo fuerte. Pero no todo es perfecto, porque el reguero de muertos es desigual. Varios secundarios caen, pero alguno se celebra con gusto (la citada madre), y sobre todo cabría esperar que más personajes importantes acabaran asesinados, para terminar esta serie de corte generalmente macabro a lo grande. Pero solo lo hacen dos, y son dos muertes muy discutibles. La de Tara es directamente estúpida. Un personaje que no muere en primer plano es un personaje que sin duda estará vivo… Pero tras varios capítulos mareando la perdiz resulta que definitivamente ha sufrido la muerte verdadera. Y aparece como fantasma en la única trama secundaria o de relleno del año que encontramos, una historia de redención fantasmal incomprensible, intrascendente, aburrida… vamos, completamente olvidable. ¿Pero a qué jugaban, cómo trataron tan mal al personaje? Por extensión su madre y su primo Lafayette pierden algunos puntos al verse arrastrados con ella. Por suerte ocupa poco tiempo.

La muerte de Alcide es la otra polémica, y la que marca el punto de inflexión en la temporada. Una vez la tormenta pasa sobre Bon Temps (aunque el miedo a que vuelva sigue presente) la narración se inclina principalmente hacia los personajes. Y empieza con el giro descarado de volver a poner a Sookie y Bill juntos, sin duda para finalizar la serie con el clásico círculo cerrado, con la pareja inicial. La jugada funciona porque a estos dos personajes los guionistas los tratan muy bien y la relación va bien encaminada hacia un desenlace romántico-trágico bastante efectivo, pero desde luego lo de que se dieran cuenta de que Alcide molestaba y lo eliminaran sin disimulo no queda bien.

También es cierto que el inicio de este segmento final asusta por la reaparición de un viejo personaje, Hoyt. De primeras me pareció un retorno innecesario a un culebrón ya caduco, pero pronto se ve que los guionistas tienen un plan (como con Bill y Sookie) y lo desarrollan con sumo cuidado. La idea es dar un cierre a todos los protagonistas, y Hoyt sirve como un nexo estupendo para varios. La relación de Jason con Brigette se expone de maravilla, de hecho es de lo mejorcito del año y tiene momentos sublimes, y el reinicio de la relación entre Jess y Hoyt es creíble y bonito. En el resto de personajes solo los Bellefleur, con la búsqueda cansina de la niña-hada, dan alguna vuelta más de la necesaria. Eric y Pam arrasan como siempre, él con su carisma, ella con su boca malhablada, él con su pasotismo ablandado (florece la compasión ante las gentes de Bon Temps), ella con su fidelidad incansable; y el flashback de ambos resulta memorable. El retorno de Sarah Newlin no podía ser mejor: la loca está más loca que nunca y encima ahora es la cura andante de la Hep-V, lanzando así el final de la trama central con un toque de humor negro demencial.

Como todos los años, lo que no falla un ápice es la excelsa puesta en escena, donde destaca lo bien que ruedan las escenas nocturnas (más les valía, claro), y el inconmensurable reparto, uno de los mejores de los últimos tiempos, que brilla especialmente en esta última temporada porque los personajes viven momentos clave. Así, Anna Paquin (Sookie) está de nuevo pletórica y Deborah Ann Woll (Jessica) se luce más que nunca (qué injusticia no haberse llevado ningún premio). No se quedan atrás Ryan Kwanten como el mejor y más complejo papel de tontorrón que he visto (Jason), el eterno carisma de Stephen Moyer (Bill), Alexander Skarsgård (Eric) y Kristin Bauer (Pam), los secundarios magníficos por doquier, encabezados por Chris Bauer (Andy) y Carrie Preston (Arlene), y la breve pero intensa presencia de Anna Camp (Sarah Newlin). Este año han estado menos llamativos Sam Trammell (Sam) y Nelsan Ellis (Lafayette), pero por su presencia más limitada.

Acabamos con el mundo rehaciéndose gracias a la cura y los personajes retomando su camino con toda la experiencia adquirida. Más o menos todos consiguen lo que buscaban en la vida, o todos han madurado para saber cómo enfrentarla sin tanto sufrimiento. Quizá es un final muy sensiblero y clásico para una serie tan macarra, pero es indudablemente efectivo. Se centra en los personajes, no desbarra con tramas absurdas y giros innecesarios, y solo puede criticarse desde una perspectiva subjetiva: esperando que fuera más agridulce u oscuro, o que ofreciera una trama final apoteósica. Y está claro que esto último no encajaría, porque True Blood no es una serie de tramas complejas, sino de personajes enfrentando situaciones. Simplemente los guionistas han pensado que tras tanto viaje los protagonistas y el espectador merecían un final feliz. O te gusta o no, pero no es motivo para hablar de una mala temporada, porque ha sido de las buenas.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
-> Temporada 7 y final (2014)

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TRUE BLOOD – TEMPORADA 6

HBO | 2013
Drama, comedia, suspense | 10 ep. de 52-59 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Amelia Rose Blaire, Jurnee Smollett-Bell, Robert Kazinsky, Todd Lower, Arliss Howard, Lucy Griffiths, Anna Camp.
Valoración:

El primer año de True Blood sin Alan Ball a las riendas no ha perdido ni un ápice de su esencia, con lo que tenemos la misma propuesta alocada, original y entretenidísima a pesar de algunos tramos irregulares que desaprovechan su amplio y fascinante grupo de protagonistas. Brian Buckner, uno de los guionistas principales desde el principio de la serie, ha estado a la altura de lo esperado.

La historia del gobernador, que es el punto culminante del conflicto entre humanos y vampiros, es el plato fuerte de la temporada y no decepciona lo más mínimo. El peligro en que pone a nuestros vampiros favoritos es palpable durante todo el año, sobre todo cuando empezamos a introducirnos en la horripilante cárcel, donde se monta la de dios. El retorno de la loca religiosa de Sarah Newlin es impresionante, y el de Steve divertidísimo. La implicación de Jason en el tema después de lidiar con el abuelo resulta muy eficaz. La nueva vampira, Violet, es muy atractiva (si no que se lo digan a Jason). Los serios problemas en que se encuentran Eric y su hermana dan los momentos más intensos y dramáticos. Los líos de Jessica con un noble vampiro son muy interesantes, y ya venía con fuerza de la historia de las hadas del sheriff. Pam está como siempre pletórica, y bien acompañada por Tara, que como dije en su momento, tuvo que ser convertida en vampira para resultar interesante.

Y al final se enlaza todo muy bien con la trama de Lilith+Bill, el intrigante Billith, historia que no se sabía por dónde podía tirar. Finalmente vemos que aquí no hay un desenlace sorprendente, sino uno más sencillo, más terrenal que fantasioso, que por suerte funciona bien: ha primado el conflicto interno de los personajes ante el efectismo barato con los poderes adquiridos por Bill. Muy interesantes han sido los temas sobre la responsabilidad, con vueltas inesperadas tras el lío de las jóvenes hadas, y los roces entre Bill y Sookie; de hecho me supo mal ver a Sookie pasando de ayudar, harta de todo, pero es consecuente con la situación: Bill debería haberla llevado a rastras a ver lo que sucedía en la cárcel, sólo así se conmovería.

El punto negativo es que Sookie ha quedado un poco despegada del resto, y al ir por libre con un personaje poco sustancioso como Warlow parece que hace poco. Warlow es efectivamente un problema, aunque no grave: deambula demasiado, y cuando se define su objetivo y salen a la luz sus motivaciones, después de darle tanto énfasis a un vampiro que ha resultado tan poca cosa, no tiene la fuerza esperada. Tampoco se puede decir que la presencia del mítico Rutger Hauer encarnando al abuelo Stackhouse haya sido muy impactante.

Como viene siendo habitual, lo complicado es que nos gusten a todos por igual las tramas secundarias. Este año hay menos enjundia, para mal (menos personajes en acción y menos historias locas) y para bien (menos subtramas estiradas más de la cuenta o de menor interés), limitándose la cosa a Alcide con los líos de manadas y Sam metiéndose en fregados varios con cambiapieles varios. Ninguna de las dos me gusta, porque están muy descolgadas, aportan poco a lo ya visto y avanzan despacio. Al menos no tenemos más recesos cansinos de vudús y fantasmas con Lafayette y Terry respectivamente. De hecho la parte de los Bellefleur (Andy, Terry y Arlene) sale muy bien parada al centrarse exclusivamente en los personajes y no desvariar en historias paralelas largas. Lo de las niñas hadas parece un poco improvisado y puesto al servicio de la historia, pero es divertido y da para buenos encontronazos entre protagonistas. Los líos emocionales de Arlene funcionan bien, sobre todo tras el emotivo final de Terry.

El capítulo final es un poco desconcertante, al ser más un epílogo y lanzamiento de la próxima temporada que el cierre de las tramas del año, que ocurre en el penúltimo. Como es un anexo tras el plato fuerte sabe a poco; como pega un salto muy repentino en las historias descoloca. Pero el avance brusco en los personajes funciona, porque todo lo que nos muestran se puede enlazar con lo que veníamos viendo (como Sookie con Alcide, por ejemplo). La escena-sorpresa final en cambio si la veo forzada: no puedes matar un personaje principal así, como chiste es rizar el rizo con poco tacto; es de suponer que se entierra a toda velocidad y punto.

La HBO ha confirmado que la séptima será la última temporada. No observo un desgaste acusado, y este universo puede ir creciendo sin parar, pero también pienso que la serie ya no puede sorprender y nos arriesgamos a que se estire más de la cuenta: mejor terminar a tiempo y bien.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
-> Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 4


HBO | 2011
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 48-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Kevin Alejandro, Marshall Allman, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Paola Turbay.
Valoración:

Alerta de spoilers: No puedo comentar la temporada sin mencionar muertes de personajes y finales de tramas: no leer si no se ha visto.–

Después de un tercer año de gran nivel, con historias más equilibradas y apasionantes que en temporadas anteriores, la cuarta etapa de nuevo resulta algo irregular, con un primer tramo disperso y quizá más lento de la cuenta. Pero como ocurre en anteriores sesiones, se va lanzando y posee un tramo final espectacular y un desenlace apoteósico que hace olvidar las líneas llevadas con menos habilidad.

En la línea de la serie nos encontramos ante un gran número de protagonistas con aventuras más o menos entrelazadas, con dramas más intensos, secciones más cómicas, guerras entre razas o historias de amor dulzonas. Es difícil mantener tantas tramas en juego, y más dotarlas de un nivel de interés alto a todas ellas. Así, como es habitual habrá personajes que no nos caigan muy bien, o que sí lo hacen pero los vemos desperdiciados en historias que no nos llaman mucho. Cabe preguntarse para qué se pierde tanto tiempo con Jason y los rednecks cambia-formas si al final no se convierte en uno, o si no podían haber finiquitado la aburrida presencia del hermano de Sam con más celeridad, o qué sigue pintando Tara en toda la serie… Otras partes se salvan precisamente porque sus protagonistas tienen carisma de sobra: si no fuera por la fuerza del personaje de Sam, su poco llamativo romance y los problemas con su hermano hubieran sido bastante más tediosos.

Encontramos también que secundarios de gran potencial pero anteriormente infrautilizados han cobrado protagonismo: Jessica y sus problemas de adaptación como vampira, donde debe luchar contra sus nuevos instintos (apetito de sangre, violencia y sexo), han ganado muchísimo en emoción y ritmo. Además se explota de maravilla tanto el lado interpretativo de Deborah Ann Woll (qué bien muestra todos esos instintos y sus duras repercusiones) como el aspecto erótico en su caótica relación con Jason y Hoyt (incluso el no mostrar desnudo total como el resto del reparto la hace más atractiva). Igualmente, otros secundarios que antes resultan incluso molestos están mejor aprovechados: Jesús y Lafayette y sus delirios con la magia resultaban excesivos el año pasado, y ahora son prácticamente protagonistas del hilo central, con lo que su presencia es crucial; por suerte, salvo momentos puntuales (un par de desfases al final, como la posesión de Jesús), sus aventuras dan mucho más de sí, y desde luego siempre es una gozada ver a actores del nivelazo de Nelsan Ellis. Además, a quien le cayera mal Jesús, como a mí, su muerte es un momento de placer no por previsible menos agradecido.

En cuanto a las tramas centrales seguimos el conflicto con una bruja que trata de acabar con los vampiros, secundadas de lejos por otras que vienen de atrás y todavía les queda desarrollo en próximas temporadas (las hadas siguen en segundo plano, el conflicto vampiro-humano tiene más relevancia pero no termina tomar protagonismo, los hombres lobo siguen por ahí pero un poco apartados…). La historia de la bruja recuerda claramente a la de Mariann: debe llenar la temporada entera, y claro, deja la sensación de que en algunos momentos se estira demasiado. La frase “Antonia Gavilán de Logroño” ya se usa como cachondeo para reírse de los excesos del personaje, más sobreactuado y pasado de rosca de lo que un villano de tal nivel necesitaría (mayor inteligencia y capacidad de dar miedo por sus brillantes planes, básicamente). De hecho su muerte, aunque en un par de episodios espectaculares llenos de momentos geniales, se hace eterna, y para colmo cuando por fin parece haber fallecido su fantasma posee a Jesús. Además está el tema de que lo de jugar con la magia sin una mitología clara detrás siempre sabe a engaño, a deus ex machina barato: qué poco me gusta que se saquen conjuros de la manga para resolver las cosas. Pero eso sí, repito que dicho desenlace se produce en un envoltorio de tramas, dramas personales y situaciones concretas de primerísimo nivel, con lo que el cierre del año deja en general muy buenas sensaciones.

Es la parte que incumbe a los vampiros, como suele ser habitual, la que sale mejor parada. Eric atontado y con la memoria borrada es un puntazo detrás de otro, la boba de Sookie enamorándose de él da para muchos buenos momentos (sexuales, claro, pero también humorísticos), los conflictos que surgen con Bill en el trío amoroso magnifican el asunto de forma excelente, la fiel seguidora de Eric (Pam), con la carne pudriéndose por el conjuro, es tronchante… Y todos juntos dan para escenas memorables, ya sea cuando están encadenados para escapar de la luz del sol (vaya puñaladas verbales se sueltan entre ellos) o al final uniendo fuerzas contra Antonia Gavilán de Logroño. No menos interesantes son las partes dedicadas a los roces con los humanos, con Nan, La liga de los Vampiros y la temible Autoridad, la subtrama de la conspiración contra esos poderes que maneja ella con Eric… y su sorpresiva muerte. Vaya zorra, suelta Eric en otra de esas geniales frases de final de temporada que se marca la serie.

Hay tantos, tantísimos personajes e historias entrelazadas, que es difícil mencionarlos a todos sin alargarme demasiado. Me dejo en el tintero otras partes francamente interesantes, como la de los hombres lobo, muy entretenida a pesar de quedar algo descolgada, o los problemas del Sheriff Bellefleur y sus choques con su hermano Terry, muchos más atractivos que los juegos cansinos del bebé de Arlene (esta quizá sea la parte menos lograda del año).

Como decía, el final acapara momentazos uno detrás de otro, como las clásicas escenas salidas de madre (Eric sorbiendo del corazón o matando a Pam), pero también con sorpresas inesperadas (espectaculares muertes de personajes –la de Tara algo forzada pero bien recibida-) y con la recuperación de tramas latentes (las hadas, el grandioso vampiro Russell) para subir el interés de cara a la próxima sesión.

Con sus altibajos ya más que aceptados, True Blood sigue siendo un entretenimiento completísimo: divertido, alocado, excéntrico, erótico y gore hasta donde la imaginación de sus autores sea capaz de llegar. Y hablando de sus autores, me maravilla su capacidad para crear y mantener este universo sin perder el control, sin caer en lo absurdo sin sentido, y su habilidad para mostrar en cada episodio, aunque sea de los aburridos, destellos de grandeza, detalles geniales, chistes inesperados… Y sobre todo, hay que volver a destacar la aparente facilidad que tienen para darle un envoltorio fascinante (aaah, el sello HBO: dinero + talento). Sin embargo, como ocurre con la serie desde su estreno, sigue habiendo gente que la ve porque está de moda pero no la entiende, y se atraganta y la critica de maneras poco objetivas. Que sí es ridícula y cómica sin pretenderlo, que si sus actores no saben qué hacen… Lástima que no sean capaces de ver su tono de humor, a veces sutil y a veces descaradamente absurdo pero siempre muy bien colocado, su capacidad de no tomarse en serio pero a la vez ofrecer protagonistas sumamente creíbles dentro de su entorno de fantasía desenfrenada, y lástima que tampoco sean capaces de admirar las sublimes labores interpretativas de todos los actores, todos espléndidos en sus excéntricos personajes (vuelvo a decir que es estamos ante uno de los mejores repartos de los últimos años). Pero ellos se lo pierden. Larga muerte a True Blood.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
-> Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 3

HBO | 2010
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 47-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Greg Fiender.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Denis O’Hare, Kevin Alejandro, Marshall Allman, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Evan Rachel Wood, Joe Manganiello, James Frain.
Valoración:

El tercer año de True Blood se ha lanzado tras una segunda temporada que bajó el nivel hasta rozar el tedio en algunos tramos, aunque luego tuviera un cierre estupendo. El ritmo ha mejorado considerablemente, las tramas han ganado en interés, los personajes principales andan más centrados y los secundarios menos necesarios (o dicho de otra forma, los más cargantes) en general han aportado más (Tara) o se han relegado un poco más a segundo plano (Jessica).

La aparición del Rey de los vampiros abre una trama apasionante y de mayor calado y densidad que las cansinas orgías de Maryann. Intrigas políticas, riñas territoriales, conflictos entre razas (vampiros, hombres lobo, humanos), el pasado de Eric … Todo se presenta apasionante, y más si tenemos en cuenta que la presencia de Russell Edgington como Rey de los vampiros es fascinante y la interpretación de Denis O’Hare antológica. La relación entre Sookie y Bill, con Eric de por medio en general y en algunos tramos con la bien utilizada aparición de Alcide (el hombre lobo), se desarrolla con rumbos correctamente definidos y algunos giros muy acertados que ponen las cosas siempre tensas (la revelación de qué es Sookie y la de por qué Bill llegó al pueblo y a ella son las más llamativas). La parte de la simpática pero poco relevante Jessica con el plasta de Hoyt se ha reducido y queda como un complemento correcto. La sección de Jason y el sheriff Bellefleur, con los rednecks cambia formas, las drogas y la nueva manía del hermano tonto de Sookie no es especialmente épica, pero sigue funcionando muy bien como la parte más cómica del conjunto. Pero lo que más me ha satisfecho y sorprendido es que Tara, el personaje al que casi todos los espectadores querrían eliminar y borrar de la serie, ha tenido unas desventuras bastante más interesantes, aunque principalmente sea tanto por brevedad (no ha consumido tanto tiempo para decir nada, como ocurría antes) como por la imponente presencia de un actor tan grande como James Fraim. Lástima que a éste ya no lo volveremos a ver.

Pero no todo son aciertos, pues hay caracteres que han perdido fuelle. Cabe preguntarse por qué se centran tanto en la trama de Sam, totalmente desligada del resto, para que luego ofrezca tan poco en el fin de temporada; y Lafayette con su novio el enfermero marean la perdiz también sin llegar a ninguna parte. Supongo que son historias que se desarrollarán mejor más adelante, pero al dedicarles tanto tiempo en este año han terminado siendo más un lastre que un aporte consistente. Pero son minucias en un repertorio de personajes excéntricos y delirantes que como en las dos temporadas anteriores despiertan tantas pasiones como odios. De hecho hay espectadores que tragan tan poco con algunos caracteres y se tropiezan a veces con el tono de cachondeo irreverente que otorga Allan Ball a la serie que equivocadamente se empeñan en decir que es mala. No, la serie es muy buena, quizá no antológica pero si un entretenimiento de factura impecable y con un tono tan original y gamberro (cuánta sangre, sexo y escenas surrealistas) que resulta deliciosamente divertida.

Y hablando de calidad, no hace ni falta recalcar de nuevo que la realización es sublime en todos sus aspectos (dirección, localizaciones, fotografía, atmósfera en general), el reparto es de lo mejorcito de la televisión actual (Anna Paquin, Ryan Kwanten, Denis O’Hare, James Frain y Alexander Skarsgarg ofrecen interpretaciones memorables) y hay muchísimos momentos en los que no sé si aplaudir por asombro y admiración o partirme de risa, destacando sobre todo el ya mítico “y ahora Tiffany, el tiempo”.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
-> Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 2


HBO | 2009
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 45-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Deborah Ann Woll, Kristin Bauer.
Valoración:

Aclamada y odiada por igual, incomprendida y amada en medidas semejantes, True Blood sigue siendo una de las series que más da que hablar estas dos últimas temporadas. Extraña, caótica, divertida, carismática y con personajes tan odiosos como adorables (donde cada espectador se inclina por unos concretos). Es un éxito considerable (lo más visto en la HBO desde Los Soprano, se ha llevado múltiples premios, tiene una gran presencia en Internet) y desde luego es un plato interesante y altamente adictivo, pero creo que ni el seguidor más fanático puede ignorar lo obvio: no es la panacea y de hecho es notablemente irregular en ritmo. Además esta segunda temporada pierde fuelle con respecto a la anterior: le cuesta horrores arrancar, de hecho media temporada se hace algo larga e insustancial y si se salva es por la calidad de la realización y su reparto, que siempre ofrecen algo realmente digno de ver.

Es entendible que al crear las dos tramas centrales prácticamente desde cero (aunque ya habían sido debidamente presentadas en la sesión anterior) el ritmo se resienta, pero no que lo haga tanto. La trama de Maryann (una arrolladora Michelle Forbes) no parece llevar un rumbo concreto y da muchísimas más vueltas de lo debido sobre las mismas ideas, supongo que por la necesidad de rellenar los doce episodios. Eso sí, su desenlace es de primer nivel y no deja ningún mal sabor de boca. Por el lado contrario, la parte de la secta donde Jason se introduce goza de mayor equilibrio narrativo y su relación con el estado actual de los vampiros (magnífica la aparición del sheriff de los licántropos de la zona) ofrece momentos de gran interés. Además, en ella se encuentran los personajes más carismáticos e interesantes (el romántico pasmarote de Bill, el cabronazo de Eric, la alocada pero dulce Sookie, el imbécil simpático Jason y algunos secundarios muy atractivos), mientras que en la línea de Maryann se sustenta prácticamente por Sam Merlotte y sus aventuras, porque como eje central de la misma hay que aguantar a una Tara que todavía no encaja del todo en el conjunto (a pesar de las excelentes labores de la actriz el carácter es bastante tonto y pesado, y su nuevo novio más todavía) y algunos secundarios no tan llamativos. Un tanto descolgado de todo lo demás encontramos una pareja que trae una de cal y otra de arena: la del pueblerino (Hoyt) con la vampira adolescente, personaje éste que con Bill funciona dando momentos de gran humor, pero cuya relación amorosa con el anterior y la relación de éste con su propia madre son realmente cansinas.

La calidad de la producción es indiscutible en todos sus aspectos. La ambientación es sublime gracias al espléndido uso de la fotografía, las muy bien elegidas localizaciones, la música… La dirección es brillante, como es habitual esperar de la HBO, y tiene el mérito de hacer realmente interesantes y llevaderos capítulos de cincuenta minutos con poco contenido, aunque una vez terminados estos uno tenga la sensación de no haber visto avance alguno.

Y el reparto se ha elegido un tacto impresionante, como también es habitual en la mítica cadena: todas sus figuras son excepcionales y algunas realmente brillantes. Es difícil limitarse a destacar un par de actores, porque todos merecen un aplauso y muchos uno bien sonoro. Daría un puesto de honor Anna Pakin por ser la figura central y todavía estúpidamente criticada porque su personaje no cae bien a todo el mundo, y a Ryan Kwanten por tener entre manos un tipo de papel que no suele aclamarse, el de tontaina; su labor es simple y llanamente sublime. No menos efectivos son Rutina Weasley (Tara), Nelsan Ellis (Lafayette) o Sam Trammell (Sam), mientras que entre los secundarios hay también grandes figuras: sobresalientes Anna Camp y Michael McMillian como los líderes de la secta (sus papeles son de los difíciles) y la bellísima Deborah Ann Woll como la joven Jessica, amén de la citada Michelle Forbes. Citar también las breves pero intensas apariciones de Allan Hyde como Godric y Evan Rachel Wood como la poderosa vampira. Probablemente sea el mejor reparto de los últimos años, superando incluso al de Perdidos.

Ahora, a esperar con ganas la siguiente ración de excentricidades, piques entre vampiros, pueblerinos enfrentados a los sobrenatural, amoríos y calenturas, humor made in Allan Ball (realmente único) y sangre y sexo a raudales.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
-> Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 1

HBO | 2008
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

Como indiqué en su momento, el pre-air más que efectivo episodio piloto fue injustamente menospreciado, quizá por sus tramas atípicas y su tono un tanto excéntrico. Pero la llegada de la serie regular no tardó mucho tiempo en acallar las malas críticas, y al final se ha ido convirtiendo silenciosamente en el estreno más remarcable del año. Sin embargo, no se puede negar que True Blood no pasa de ser un entretenimiento muy bien confeccionado, y dudo que dadas sus características llegue a deslumbrar como una gran producción (sobran las comparaciones con A dos metros bajo tierra, por ejemplo). La creación del ya mítico Alan Ball tiene tanto puntos a favor como puntos en contra ciertamente remarcables, aunque el equilibrio entre ambos ofrece una obra fresca, original y sobre todo muy atractiva.

A su favor el punto más fuerte es el sólido y cohesionado reparto, donde todos los intérpretes dan vida de forma muy creíble a caracteres de lo más variopinto, a individuos con poderes paranormales o directamente monstruosos (vampiros, licántropos, telépatas), a extravagantes, paranoicos y demás bichos raros (el ligón imbécil, la chica fuerte por fuera y débil por dentro, el homosexual libertino que no se amilana ante la sociedad retrógrada donde vive, etc.). Entre todos ellos cabría mencionar el brillante y carismático papel de la siempre excelente Anna Paquin, de la que tengo que decir que su personaje es difícil de asimilar y hay a quienes les resulta cargante, pero eso no es excusa para atacar su magnífica labor. No se quedan atrás otros como Ryan Kwanten (su hermano Jason), quien también ha tenido menos reconocimiento del merecido por tener en sus manos un tipo de personaje que parece más cómico que otra cosa (el citado ligón tontaina). Su interpretación es exquisita, y más si tenemos en cuenta lo difícil que es hacer creíble a semejante individuo.

Muy logrado es también el ambiente en que se enmarcan los acontecimientos, esa sociedad sureña conservadora que poco a poco abre las puertas a la modernización social, a la aceptación de otras formas de vida. El choque cultural de la homosexualidad no es nada comparado con el vampirismo, con lo que la serie goza de un humor ciertamente cínico y surrealista, un clásico sello de Alan Ball.

La realización es de gran nivel, siendo lo que más impronta deja la excelente y a ratos bellísima fotografía. Mención especial para las escenas de suspense o las correctas inclusiones del citado sentido del humor, que mantienen el interés constante en las historias a pesar de que algún personaje pueda no atraernos tanto como los demás (a mí se me atragantó Tara y su historia de exorcismos, por ejemplo).

En el lado malo el aspecto más notable es la aburrida trama central, aquélla que versa sobre el asesino en serie. Si bien da para lanzar interesantes subtramas y para meter en el juego a todos los personajes que aparecen, estos mismos caracteres y el día a día en sus vidas terminan siendo más relevantes que dicha historia. Por si fuera poco la resolución de la misma es poco menos que mediocre y es el principal factor en la pequeña pérdida de ritmo y fuerza que aparece en los dos o tres episodios finales.

True Blood es en conjunto una producción original que ofrece un agradable visionado, y si le sumamos el sello de calidad de la HBO, que garantiza un nivel intelectual alto y una realización de gran nivel (amén de sangre y desnudos por doquier), tenemos lo que se dice un entretenimiento de primera.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – PRE-AIR EPISODIO PILOTO

True Blood (Original Pilot)
HBO | 2008
Drama, suspense, comedia | 55 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Guion: Alan Ball.
Dirección: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Brook Kerr, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

En un pequeño pueblo de Louisiana las cosas están a punto de cambiar para sus habitantes. La creciente aceptación de los vampiros en la sociedad por fin llega a este rincón tan apartado y causará tanto expectación como problemas varios. Sookie, una joven que tiene la capacidad de leer las mentes, se interesa especialmente en un misterioso vampiro que aparece en el bar donde trabaja.

¿Cómo definir el género y argumento de True Blood? Porque decir “va sobre vampiros” es tan cierto como injusto, pues con el cliché de los géneros al ver una etiqueta todos pensamos en las mismas historias de siempre. Atendiendo a esas barreras que producen los estereotipos cabe realizarse otra pregunta: ¿qué demonios hace Alan Ball, uno de los máximos exponentes del análisis crítico de las sociedades humanas en el cine (la espléndida American Beauty) y en la televisión (la aún mejor A dos metros bajo tierra) confeccionando una serie sobre vampiros? El visionado del pre-air (versión de prueba) del episodio piloto responde esas cuestiones y supone un curiosísimo y por ahora muy prometedor cruce de géneros.

True Blood es, en pocas palabras, una especie de A dos metros bajo tierra pero sustituyendo la homosexualidad por el vampirismo. Aquí no son los homosexuales el colectivo que tras muchos años de represión por fin goza de libertad y creciente respeto, sino los temidos e incomprendidos chupadores de sangre. La sociedad se encuentra ante un punto de inflexión donde florecerán nuevos sentimientos y problemas, donde el odio lidiará con la aceptación, donde habrá que luchar por ganarse el respeto o incluso por la supervivencia ante los más crueles fanáticos (en este caso, los que saben que la sangre de los vampiros es una poderosa droga). Los protagonistas son un grupo de amigos y familiares que suelen encontrarse, por amistad o trabajo, en un bar típico del centro-sur de Estados Unidos, entre los que destaca la joven Sookie, quien tiene el poder de leer las mentes. La presencia de los vampiros cambiará sus vidas para siempre.

True Blood es por tanto un drama de sociedad y personajes donde la fantasía solamente se utiliza para aportar un contexto distinto. Ahora aparecen nuevas preguntas: ¿calará esta extraña propuesta entre el público de la HBO y entre los numerosos seriéfilos de Internet? Veo en IMDB y TV.com que el piloto está siendo machacado por el público estadounidense, y si la cosa no cambia con el estreno de la temporada veremos si dura más de un año. A mí por el contrario esta presentación me ha gustado bastante. A la originalidad de la idea hay que sumarle el buen hacer de Ball en la construcción de personajes (todos muy bien presentados y descritos y además muy interesantes) y la elaboración de situaciones y diálogos creíbles, nada previsibles y sí muy originales y absorbentes. Además, una buena dirección (también de Ball), el carisma y la atípica belleza de Anna Paquin, y sobre todo la inquietante presencia de Stephen Moyer, el vampiro más vampiro que he visto nunca (y sin maquillaje alguno), son otros buenos alicientes. Se podría decir, sin que lo considere un fallo, que el episodio no ha relatado nada relevante, pues no se ha decantado por ofrecer sorpresas impactantes o tramas de altos vuelos, sino que ha sentado con tranquilidad las bases (o sea, ha presentado los personajes) de un drama muy suculento. Veremos qué da de sí la serie, pero desde luego promete bastante y la espero con muchas ganas.

Ver también:
-> Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)