BIG LOVE – TEMPORADA 5 Y FINAL.

HBO | 2011
Productores ejecutivos: Mark V. Olsen, Will Scheffer, Gary Goetzman, Tom Hanks.
Intérpretes: Bill Paxton, Jeanne Tripplehorn, Chloë Sevigny, Ginnifer Goodwin, Grace Zabriskie, Melora Walters, Douglas Smith, Matt Ross, Joel McKinnin Miller, Mary Kay Place, Bruce Dern, Cassi Thompson, Tina Majorino.
Valoración:

Alerta spoilers: No leas si no quieres destriparte el final de la serie.–

La quinta temporada de Big Love ha sido por decisión de sus creadores (Mark V. Olsen y Will Scheffer) también su final. No tenía problemas de audiencia (aunque no era uno de los éxitos de la cadena) ni le faltaba prestigio, pero la HBO no es de las que alargan series y sí deja bastante libertad a sus productores, y estos afirmaron que ya llegaban al final de lo que querían contar. Como temporada resulta un ejercicio televisivo brillante, más equilibrado que el irregular y criticado cuarto año y con un extra de intensidad en las tramas, pero como desenlace cae en algunos errores notables que afean un momento tan importante.

De la sesión anterior se arrastran algunos fallos dignos de mención. La parte del casino se ve relegada al olvido, y se cierra con un par de escenas tan fugaces que apenas calan. ¿Se les atragantó esa trama que se suponía crucial para el sustento económico de la familia y quisieron deshacerse de ella? No lo sé, pero es evidente que su desenlace no les quedó muy logrado. Tampoco enfrentan muy acertadamente la desaparición de Teenie, la segunda hija mayor. Por lo visto la actriz maduró demasiado pronto y no les valía para el papel, pero a pesar de haber buscado un reemplazo (por una chavala monísima) a la nueva intérprete sólo la usan en unos pocos episodios, y luego el personaje se esfuma. Sí, se supone que está con Sarah, pero las explicaciones dadas son breves e insatisfactorias, y no resulta del todo creíble que una familia tan obsesionada con cuidar a sus miembros deje escapar a una cría que aún no ha llegado a la adolescencia; con la misma Sarah la liaron parda, por ejemplo, y no cedieron hasta que se casó.

Pero incluso contando con estas dos líneas narrativas cojas la progresión de la temporada es sublime. Confluyen numerosas tramas del pasado y se añaden nuevas que agobian aún más a la familia, llegando a ubicarlos en el centro de un huracán que amenaza incluso sus vidas. Tras sacar a la luz pública su forma de vida polígama el acoso y el rechazo de empresas, religiones y tanto fanáticos varios como gente normal se multiplica. En el senado Bill se enfrenta por sus convicciones al desprecio de políticos y a los largos dedos de las religiones predominantes, en este caso la mormona o Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (¡toma con el nombre!), de la que los polígamos son una escisión molesta y que influye de manera notable en todos los ámbitos (familiares, sociales, políticos e incluso económicos) de una zona tan conservadora y religiosa como es Utah. Las disputas constantes para poner orden en la cerrada comunidad polígama, limpiar de miseria esa sociedad y mantener la red de salvamento de mujeres esclavizadas no les proporcionan menos quebraderos de cabeza. La sombra de Alby y sus maquinaciones alcanzan cotas imprevisibles incluso en un tipo tan desequilibrado como este, con tiroteos espectaculares incluidos. Y para colmo reaparece una amenaza oculta: el matrimonio con Margie se hizo cuando ésta era menor de edad, y el salto a la luz de esta peligrosa información puede acabar con Bill en la cárcel por violación a una menor… y con Barbara tras él como cómplice por incitar a la prostitución.

En segundo plano tenemos los amoríos del hijo mayor de la familia, Ben (Douglas Smith, el único del reparto que no da la talla), con la encantadora Heather (una resuelta Tina Majorino) y los problemas que le causa la reaparición de la loca de Rhonda. También encontramos una trama que deja una ligera sensación de que está ahí por mantener a un par de personajes, la de la demencia de la madre de Bill y los ya cansinos problemas con su marido; pero a la vez se echa de menos a otros caracteres interesantes, como el hermano de Bill y su loquísima mujer (desaparecidos tras el incidente de Méjico). Por el contrario, el gran amigo y mano derecha en los negocios, Don, tiene mayor protagonismo, se saca mucho más partido de él tras haber estado algo olvidado el año anterior, sirviendo para mostrar que las acciones de Bill tienen consecuencias importantes en los que siguen su estilo de vida.

Los guionistas llenan muy bien la ausencia de Sarah con la hija reaparecida de Nicki (sin duda Amanda Seyfried dejó la serie para probar éxito en el cine, donde no le va nada mal). No sé si lo tenían previsto así, pero Cara Lynn (Cassi Thompson en un buen papel) funciona muy bien tanto por sí solo como aportando aún más variables a una ecuación enorme: las dificultades legales que plantea la adopción separan aún más a la familia, y la terrible infancia de Nicki en la comunidad la convierte en una madre horrorosa cuando la chica empieza a madurar, y más aún cuando descubre su relación con el profesor (la escena en que elige un internado-secta es perturbadora).

Entre todos estos problemas la familia Henrickson está más hundida en el caos y la desesperación que nunca. Margie tiene un pie fuera de la misma y constantemente da la sensación de que se va a largar, Barbara abandona su religión (un pecado enorme para conservadores de este calibre) y va en búsqueda de ramas de la misma donde las mujeres tengan más poder (pecado aún más grave a los ojos de Bill y la familia de Barbara), y Nicolette, para variar, aprovecha la vorágine para sembrar la discordia a su manera y afianzar su posición siguiendo sus indominables egos. Así, los protagonistas principales están más desequilibrados que nunca y se enfrentan a pruebas dificilísimas en cada capítulo, siendo exprimidos de forma magistral por los soberbios guiones. Pocos dramas he visto que ofrezcan unos personajes tan exquisitos, siendo estos cómo no de la HBO (Los Soprano y A dos metros bajo tierra), contando aquí con el extra de que los dramas que viven son mucho más numerosos y complejos.

Redondea el año un aspecto que cobró importancia en la temporada anterior, la música, que ofrece una composición de gran calidad y aprovechada de maravilla en todo momento. Sin embargo no funcionan igual los títulos de crédito, que en las dos últimas temporadas fueron cambiados… y si antes eran sosos, ahora son horribles, algo impropio de la HBO. Sobre el reparto, no queda otra que alabar de nuevo a la cadena por encontrar tantos actores excelentes. Destacan los cuatro miembros principales de la familia, más que nada porque tienen los personajes más completos: Bill Paxton, Jeanne Tripplehorn, Chloë Sevigny y Ginnifer Goodwin. Pero todo secundario aporta su grano de arena, ya sea con brillantez (Matt Ross como Alby, por ejemplo) o simplemente con profesionalidad, formando un reparto enorme, tanto por número como por calidad, cercano a los colosales y prácticamente inalcanzables niveles de las dos series recién citadas, Los Soprano y A dos metros bajo tierra.

Esta temporada magnífica pero con algunos deslices dignos de tener en cuenta ratifica que a Big Love siempre le ha faltado un peldaño para traspasar las puertas de la excelencia y entrar en el cielo destinado a las genialidades, pero no por ello deja de ser una serie imprescindible… Imprescindible incluso cuando su final no está a la altura…

Cuando todas las tramas parecen estar confluyendo hacia una explosión final, cuando la edad de Margie les cae encima en forma de denuncia por violación y abuso de menores, cuando la iglesia que trata de crear Bill se llena de fieles, cuando tira en la cara de la sociedad el órdago definitivo para sacar la poligamia a la luz y empujar el debate en el senado… llega la sorpresa y la mitad de las cosas se quedan en el aire. Un golpe de efecto sucio, tramposo, que parece tratar de jugar con la sorpresa pero fracasa estrepitosamente. No hay manera posible de justificar, de hacer creíble, que el vecino, por muy deprimido que estuviera, culpe de semejante manera a Bill por sus problemas de desempleo y distanciamiento con su mujer, pues nada tienen que ver con él. No encajan de ninguna manera de que le pegue un par de tiros en una escena que además resulta notablemente fría y mal metida.

Un desenlace abierto hubiera sido mucho más coherente con la serie: la vida, con todas sus dificultades y problemas, sigue su curso y hay que enfrentarla día a día. O puestos a acabar con Bill para convertirlo en mártir y dar un golpe dramático notable, qué mejor que aprovechar la caída definitiva de Alby para ello, con ese tiroteo en el senado que te mantiene en vilo de forma impresionante. Pero el precipitado desenlace elegido no causa buena impresión, no aporta nada, sabe a trampa o salida facilona… Es una pena que una temporada prácticamente sobresaliente acabe tan mal, que unos guionistas que han dado serie de tanta calidad la pifiaran de tal manera. Le hace perder algunos enteros e incluso deja cierta sensación de tiempo perdido: ¿montáis semejante castillo de tramas y personajes sublimes y cerráis la mitad con un portazo que las deja a medias? Alguno podría pensar en Perdidos, pero no hay comparación posible; lo que aquí ocurre es más bien como en el final de Los Soprano: la metedura de pata de los guionistas dura unos pocos minutos, y el resto de la temporada es perfectísimo.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.

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