HOMELAND – TEMPORADA 3.

Homeland
Showtime | 2013
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, Morgan Saylor, Rupert Friend, Sarita Choudhury, F. Murray Abraham, Nazanin Boniadi.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo y destripo la temporada al completo.–

La segunda temporada de Homeland, magistral de arriba a abajo y con momentos sublimes, acabó con un golpe de efecto que ponía todo patas arriba y nos dejaba sin idea alguna de cómo podía continuar la historia. La CIA atacada en su sede, Carrie en un limbo laboral y emocional, y sobre todo Brody visto como culpable y a la huida. El tercer año empieza fuerte, sin la trampa de olvidar el golpe de efecto o dejarlo de lado para seguir como si nada, táctica infame que detesto. Los guionistas abrazan con determinación la situación en que se han metido y la llevan hacia adelante, mostrando todas sus consecuencias con habilidad y con conocimiento claro de hacia dónde van. Además, con otro giro sorprendente a mitad de sesión las cosas cambian de nuevo bruscamente. No todo es perfecto, pero sí lo suficiente espectacular como para hablar de otro gran año. Y sumando también la incomprensible polémica que se han empeñado en levantar sobre la nada muchos espectadores, tenemos una temporada que da para escribir muchísimo.

Las implicaciones y ramificaciones que causa el atentado y el descabezamiento de la CIA se tratan con gran realismo, ofreciendo una perspectiva compleja y detallada del asunto, manteniendo muy bien una trama política y de espionaje que ya venía con mucha fuerza del año previo. Saul es el personaje que se come todo este marrón, y lo aguanta de forma fenomenal: se ha convertido prácticamente en el protagonista de la serie. Su lucha por sacar adelante su maltrecho equipo, los envites del senador que pretende ser director de la organización, la presión de los medios, los líos familiares acosándole por detrás y el problema de Carrie mantienen a Saul en constante alerta, estresado, dando el máximo de sí mismo.

Carrie recorre un camino duro y fascinante también. De nuevo vuelve a verse en medio de unos acontecimientos que casi la superan, pero si recae esta vez es por la persecución en la que parece estar envuelta por parte de la CIA y Saul. Nos sumergimos de lleno en sus problemas, cada nuevo paso en su lucha resulta intenso y absorbente… y justo cuando empiezas a preguntarse si saldrá de una vez del hospital, cuando parece que se están excediendo en sus penurias, resulta que es un montaje en el que es colaboradora. El giro no se ve venir, de lo bien que se esconde, y te estampa en la cara la genialidad de los guionistas: todo es parte de un plan de Saul para ponerla en la mira de los enemigos, para intentar sacar a la CIA del hoyo en que se encuentra dando un golpe maestro a la inteligencia iraní.

En cuanto a los secundarios, estos son pocos pero muy interesantes, figuras misteriosas de las que siempre quiero ver más pero aparecen lo justo para complementar a los escasos principales, dejándote con la miel en los labios. Peter Quinn tiene sus propios fantasmas internos que lo llevan a dudar de su lugar en el mundo del espionaje, pero como digo no terminan de darle todo el protagonismo que merece. Dar Adal es aún más frío: sí, se nota una buena dinámica y compañerismo con Saul (y no faltan las breves dudas de lealtad, clásicas del género), pero no sabemos nada de él y no evoluciona hacia nada llamativo. Y este año conocemos a la joven Fara Sherazi, cuya introducción, apareciendo en plena CIA con el pañuelo en la cabeza, es memorable. La chica se hace querer rápidamente, pero siempre queda algo descolgada, y además su labor a veces se exagera: ¿es que nadie más trabaja en la CIA aparte de los personajes con nombre? Por desgracia también pierde mucho protagonismo en el tramo final. El senador, un político conservador estrecho de miras, define bien esa figura habitual del panorama político estadounidense, y resulta odioso pero creíble.

Mientras, no nos olvidamos de que la serie es también un drama, y también de corte realista. La familia de Brody, después de todo lo que ha pasado con el retorno de aquél y la campaña política que puso demasiada atención sobre ellos, da un lógico vuelco con la caída en desgracia del héroe. Ahora se enfrentan al rechazo social más grave imaginable: tu familia albergó al enemigo número uno del país. No me gustó la elipsis del intento de suicidio de Dana (vamos directos a su salida del psiquiátrico), pero luego la acepté, porque lanza con rapidez y eficacia el arco de este año relativo a la chica y por extensión de la familia (aunque es cierto que pasan totalmente de mostrar cómo lleva la situación el hermano). Como es esperable, la familia está destrozada, y Dana en concreto ha llegado a su límite emocional. La única forma de recuperarse es dejar todo eso atrás. Para Jessica seguramente será volver con Mike Faber (no se expone directamente, pero se intuye), quien le dará seguridad como hizo durante la primera ausencia de Brody.

Para Dana el cambio debe ser mayor, porque el simple hecho de estar en esa casa le recuerda la tragedia. Así pues, su intento de huida, que no es más que una ruptura con lo establecido, aunque muy criticado por los espectadores impacientes y que se quedan en la superficie de lo que ven, es imprescindible en la maduración del personaje. Ahí ve que debe independizarse. De ahí a la despedida final con Brody no vuelve a salir mucho, pero tampoco hace falta, han dedicado el tiempo justo y necesario para relatar su trayectoria. Se podría decir que se echa de menos ver las reacciones de la familia ante el retorno de Brody (cuando aparece en televisión desde Teherán), pero sería reincidir en el hecho ya de sobras constatado de que lo odian y rechazan, y viendo que no hay redención de Brody (qué jodidamente cruel es la serie) queda claro que el papel de la familia ha terminado en esta historia.

El nivelazo de los capítulos iniciales, más concretamente los tres primeros, es abrumador, alcanzando el listón de los mejores momentos de la segunda temporada. Te mantienes pegado al asiento constantemente, esperando que en cualquier momento todo se venga abajo, sudando con los personajes y temiendo de lo lindo por Brody, protagonista principal desaparecido durante varios capítulos enteros. Su reaparición en un episodio exclusivo para él es fantástica. Se resume su viaje a través de su estado mental más que con hechos, y su nuevo cautiverio remata las pocas esperanzas que tuviéramos con verlo remontar el vuelo.

Una vez llegamos al ecuador y con el plan de Saul en marcha, como decía la dinámica cambia bastante, demostrando de nuevo la valentía y habilidad de los guionistas. En el primer año dije que el argumento de Homeland tenía enorme potencial pero no pareciera que fueran a salirse de unas líneas muy clásicas, pero el subidón de la segunda sesión me abrió los ojos por completo, y esta etapa confirma que es la serie más arriesgada de estos años tras Breaking Bad.

La forma de llevar a Carrie hacia el enemigo para traer el enemigo hacia nuestro bando está muy lograda. Se exponen con maestría las dificultades del proyecto, lo lejano y complicado que resulta tal objetivo y lo beneficioso que sería lograrlo (geniales las luchas de Saul con el senador). La captura de Majid Javadi y el chantaje para usarlo como topo mantienen el nivel esperado. Los datos sobre que Brody no sería culpable te dan en toda la cara, devolviéndote la esperanza de verlo redimido, pero su retorno es difícil también, pues su lugar en el plan de Saul resulta otra enorme sorpresa. Su recuperación y entrenamiento se sintetiza muy bien en poco tiempo, y los soldados resultan personajes interesantes a pesar de su poca relevancia. Finalmente se despide de Dana y casi de Carrie (porque es una misión casi suicida) y despegamos hacia el desenlace…

Sin embargo, aquí el riesgo y la valentía no van de la mano con una ejecución perfecta. Sí, el gran giro abre nuevas perspectivas que caminan con paso firme durante varios episodios, pero lo cierto es que una vez el plan coge forma y se dirige hacia sus momentos finales, la temporada pierde mucha intensidad, se torna previsible y se cierra de forma bastante convencional. Los tres últimos capítulos, a pesar de tener bastante acción, no se acercan a la fuerza inicial del año ni a lo bien que funciona el segmento central, dejando la sensación de que no se ha rematado como se esperaba algo preparado con tanto esmero.

Las tribulaciones de Brody y Carrie en el curso a Teherán se ven venir de lejos, las dificultades allí sufridas son bastante predecibles, y finalmente casi todo se resuelve como cabría esperar. No hay gran sensación de peligro, porque la narración fluye demasiado lineal, y cuando todo acaba, aunque agradeces que Saul vea llegar a buen término su plan y que Brody parezca librarse de tantas penurias, no se produce en el espectador un gran suspiro de tensión liberada. Ni la muerte de Brody provoca una gran catarsis, pues se ve como un paso muy lógico.

A todas estas historias les falta un envoltorio que genere la atmósfera necesaria, una del estilo del finalazo de la primera sesión o del glorioso episodio Q&A de la segunda. Ojo, no resulta excesivamente grave… pero sí lo suficiente para afear un año que iba camino de ser magnífico también. Es evidente que la estancia en Teherán necesitaba el doble de episodios, dándole más profundidad y alcance. Es como si hubieran cancelado prematuramente la serie y hubieran tenido que resumir las cosas, algo que evidentemente no ha ocurrido. Simplemente los guionistas, en el momento cumbre de la temporada, han estado algo faltos de inspiración, perdiendo un poco el tono habitual de la serie.

Por lo menos el cierre de las tramas personales de Carrie y Saul se lleva su tiempo, aunque también deja un regusto amargo: todo parece tan finalizado y a la vez abierto que no se espera nada concreto para la próxima etapa, pues puede ir sobre cualquier cosa pero será una historia nueva, con lo que empezará con el interés algo mermado.

En cuanto a la polémica, me ha resultado tan sorprendente como molesta, por absurda, incomprensible y, viendo algunos comentarios, casi fanática. Resulta que muchos espectadores rechazan el primer tramo de la temporada y aprecian el final… Justo al revés de lo que la lógica dicta, justo al revés de lo que la temporada es. Esta errónea perspectiva surge de algo que resulta evidente desde el inicio de la serie: la gente espera una de acción plana y sensacionalista, tipo 24, y al tercer año se han cansado de esperar y han empezado a soltar bilis de forma espectacular por la red. Homeland tiene sus virtudes y fallos, o puede gustar más o menos por género y estilo, pero no puedes machacarla por ser diferente a lo que sueñas, es de un ridículo e inmadurez que espanta. Así, las críticas que se suelen ver están llenas de memeces impresionantes, porque es difícil defender la exigencia de que dejaran de lado toda la trama de política y espionaje y el drama para pasar a los tiros. Si te sobra todo lo que la serie es, qué demonios haces soportándola. Lo único bueno de todo esto es que finalmente dicen (más bien lloriquean y exclaman a los cuatro vientos, como si fuera un gran paso) que dejarán de verla, pero lo malo es que se van haciendo mucho ruido y dañando su imagen inmerecidamente.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

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