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THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 2

The Deuce
HBO | 2018
Drama | 9 ep. de 63-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo por encima los eventos de la temporada. —

Dejamos la primera temporada con el inminente nacimiento de la industria de la pornografía a principios de los años setenta, y saltamos a 1977 para ver sus primeros pasos.

Algunas prostitutas, como Lori Madison, se van adaptando a los nuevos tiempos, haciéndose actriz, otras los empujan, como Candy, ahora metida a realizadora de cine porno, otros chocan contra el cambio, como los chulos, que ven peligrar su trabajo. El porno está pasando de negocio turbio a legal y exitoso, sus artífices de trabajar en la sombra a triunfar con fama y premios.

La percepción de la sociedad también madura, con la prostitución en la calle vista cada vez más como una lacra. Esto llega también a los clubs, sean normales o de alterne, y otros establecimientos relacionados con el sexo. Con el boom hay más competencia, y también llegan nuevas leyes y políticos con ideas de limpiar la zona. Por el otro lado, pesa también el control de las mafias italianas, que quieran o no los empresarios, han metido la zarpa en todas partes.

Todos los personajes evolucionan muy bien, tejiendo en conjunto historias con la complejidad y verosimilitud habituales de David Simon y George Pelecanos. El barrio The Deuce cobra de nuevo vida ante nuestros ojos, haciendo que formemos parte de ese ambiente y época como si estuviéramos allí. Encontramos infinidad de grandes momentos, sean detalles sueltos o conclusiones de alguna historia. El miedo de C.C. al cambio es muy realista, gracioso y a la vez triste, y por el lado contrario, Larry le echa coraje, planteándose ser actor como sus putas. El dúo que han formado Candy y Harvey Wasserman, su productor, nos deja multitud de peleillas geniales. La creciente implicación de Abby para salvar prostitutas es muy emotiva. El robo de uno de los chulos secundarios en una farmacia tiene giros muy locos para unos guionistas tan serios. Y el salto de Paul, el camarero gay, a sus propias movidas, puede quedar un tanto descolgado, como los problemas de Bobby con el puticlub, pero como en la primera temporada, son mis dos secundarios favoritos.

El único punto gris, salvo si queremos hilar fino y decir que no es una serie con la ambición y alcance de The Wire (2002) ni tampoco Treme (2010), es que la parte de los mafiosos está un poco limitada. Parece que sólo existen el jefe y el chófer/matón principal, con lo que no muestran todo el poder ni dan todo el miedo que deberían. Por una vez, a los guionistas les ha faltado ahondar en un aspecto de una de las tramas, aportar personajes secundarios que dieran más entidad a este grupo. Pero huelga decir que la huella de su presencia y acciones se sienten en los demás protagonistas en todo momento. Por ejemplo, el lío que monta Frankie pidiéndoles dinero para una de las películas de Candy es memorable.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2018)

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THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 1

The Deuce
HBO | 2017
Drama | 8 ep. de 60-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

The Deuce es como se empezó a llamar popularmente a partir de los años cincuenta a la Calle 42 (42nd Street) de Manhattan, Nueva York, donde ya abundaban los negocios relativos al espectáculo (teatros, pubs de conciertos…). Venía a ser los bajos fondos de Times Square, pues también destacaba por la prostitución y las drogas. La serie de mismo título narra como fue naciendo la industria del cine porno, ya que esta zona tuvo una importancia crucial. En España la HBO ha decidido subtitularla como Las Crónicas de Times Square, pues el original es un localismo difícil de vender.

David Simon tiene el cielo televisivo ganado con The Wire (2002), pero su carrera no acabó ahí, pues sigue deleitándonos con nuevas series que recrean lugares y períodos con un detallismo y profundidad novelescos, como la magnífica Treme (2010). La inspiración para The Deuce les llegó a Simon y a su colaborador habitual, George Pelecanos, por las vívidas historias de un conocido que vivió esa época, y tanto les gustaron que decidieron que esta sería su próxima producción.

En contraposición con la narrativa las dos series citadas, en plan novela río, sosegada, profunda, con mil curvas y ramificaciones, vamos al grano con más velocidad y menos complejidad. Acostumbrado a ese estilo, de primeras me han faltado algo de la meticulosidad en cada historia y personaje, la maduración a cocción lenta y llena de matices. Por ejemplo, en Treme la abogada e investigadora daba palos de ciego en cantidad, pero mientras lo hacía conocíamos los entresijos de Nueva Orleans; la cocinera pasó de un restaurante a otro varias veces, sin encontrar su sitio pero aprendiendo en cada uno cosas nuevas; etc. En la presente, una de las prostitutas decide querer hacer cine porno, y en un tris la tenemos en marcha; un camarero quiere montarse un pub, y ahí lo tenemos al poco; una joven universitaria abandona todo para buscar oportunidades, y sin muchos problemas encuentra donde asentarse; etc.

Pero hay que recalcar que el cambio de tono no implica que estemos ante un drama facilón y previsible, sino que sus autores han aspirado a menos. Creo que la experiencia con The Wire y Treme de jugársela a que por bajas audiencias puedan quedarse a medias los empujó a simplificar un poco e ir más rápido que de costumbre. Si ir más lejos, al poner en marcha el proyecto anunciaron que el plan son tres temporadas, con saltos temporales para abarcar las épocas importantes.

Es innegable que Simon sigue siendo uno de los mejores guionistas del momento, y aunque la ambición sea menor The Deuce mantiene su característica visión global de la temática tratada, que sigue superando de largo a muchas series dramáticas o históricas. A través de un sinfín de personajes muy verosímiles y atractivos va dando forma a una época y un lugar con un detallismo y verosimilitud fascinantes, de manera que desde el primer episodio el barrio The Deuce en 1970 y sus gentes cobran vida ante nuestros ojos.

Como es habitual en su obra, en cada entorno, gremio o grupo muestran distintos personajes, no usa un solo estereotipo para concentrar y resumir con lo básico. En las prostitutas tenemos a la independiente que se niega a venderse a un chulo y quiere labrarse un futuro estable, la joven perdida que es explotada por aquellos, la que quiere salirse de esta miseria, la que traga lo que le cae porque no conoce otra cosa… Tenemos camareros que viven con la prostitución en sus puertas, dueños de locales que explotan otras vertientes (videos, cabinas). Vemos agentes de policía aqueados por la situación y otros que la exprimen con trapicheos varios, pero todos atados de manos hasta que algún jefe finge hacer limpieza empujado por los políticos.

Todos los protagonistas aportan su semilla o se dejan llevar por la inercia social del momento: la visión sobre la pornografía está cambiando. De un negocio tabú y perseguido por la ley van permitiéndose pequeños chanchullos, y en el aire resuena la legalización paulatina. De videoclubs con videos caseros cutres y cabinas de mirar videos pasamos a cabinas con bailarinas, y los más ambiciosos piensan a lo grande, planteando la posibilidad de tener películas porno de calidad con gran distribución. Por otro lado, con la organización y el aumento de ingresos vienen también nuevos métodos para la prostitución: algunos van dirigiendo la prostitución en la calle y hoteluchos hacia clubes más selectos. Ahí conocemos a las mafias italoamericanas, que tendrán más presencia en la segunda temporada.

Con tanto protagonista no voy a pararme a presentar a cada uno por separado, sólo a los más destacados y a algún secundario de mis preferidos. Vincent Martino es el tipo que vive de noche tras la barra, no sabe hacer otra cosa y esta le apasiona; su matrimonio está en la cuerda floja por ello. Su hermano gemelo, Frankie, es un vividor irresponsable que lo arrastra continuamente a sus problemas. Ambos los interpreta James Franco, el rostro más famoso pero el menos convincente. No está mal, pero le falta la naturalidad del resto del reparto, que es fantástico como siempre en la HBO, y como es habitual en Simon, recupera a algunos actores de sus otras series. Candy (Maggie Gyllenhaal) es la puta veterana y espabilada que sueña con encontrar un flujo de dinero estable, y por ello trata de introducirse en la incipiente industria del porno. C.C. (Gary Carr) y Larry Brown (Gbenga Akinnagbe) son los dos chulos más prominentes, el primero presumido por fuera y frío por dentro, el segundo más bruto en apariencia pero quizá con más corazón. Abigail (Margarita Levieva) es la chica culta que deja estudios y familia para vivir el mundo real, pero esa educación le permite esquivar la prostitución, mientras pueblerinas como Lori Madison (Emily Meade) y Darlene (Dominique Fishback) caen en sus garras de lleno. En un plano inferior tenemos a Chris Coy y al veterano Chris Bauer, dos actores siempre secundarios que me caen bien y aquí tienen personajes bastante interesantes: el primero es un camarero gay, Paul, para dar visibilidad a esa parte del gremio, el segundo es Bobby, un currante cualquiera (un obrero) que ve más dinero los recién creados locales de alterne.

En la puesta en escena los autores apuestan por mantener también su ello, la contención y dejar que la historia la cuenten los personajes. Lejos de la recreación ostentosa de tiempos pasados tipo Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010), con grandes decorados, panorámicas de ciudades hechas por ordenador y un aspecto visual muy artístico, The Deuce son cuatro calles y locales, muy bien aprovechados por una estupenda labor de vestuario, pero no especialmente espectaculares. La dirección es sobria pero muy sólida, manejando muy bien el tempo de escenas que cuentan con muchos personajes entrelazando sus historias. Por ejemplo, me cantan los desayunos donde se juntan muchos en el mismo bar, danzando con la cámara de mesa en mesa.

Como The Wire y Treme, no entiendo por qué se consideran series muy exclusivas y tienen tan poca audiencia. El éxito de la primera con el boca a boca demuestra que pueden llegar a mucha gente, pero también parece que cuesta entrar en ellas a pesar de que su supuesta dificultad se esfuma en cuanto ves un par de episodios y te enganchas a la corriente: quieres saber más de cada personaje, el ambiente es tan palpable que quieres seguir viviendo ahí.

Ver también:
-> Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 2

The Wire
HBO | 2003
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, Chris Bauer, John Doman, Paul Ben-Victor, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, James Ransone, Pablo Schreiber, Al Brown, Delaney Williams, J.D. Williams, Tray Chaney, Bill Raymond.
Valoración:

Alerta de spoilers: Defino el argumento y posición inicial de los personajes por encima, sin contar cosas reveladoras ni giros importantes (salvo algunos detalles en el párrafo de mejores escenas).–

Si entrar en la dinámica de la primera temporada podía costar un poco por su densidad, enfrentarse a la segunda puede suponer un choque e incluso una ligera decepción, porque cambia tan de golpe el paisaje que cuesta varios episodios hacerse a la idea. Aunque vayas sabiendo que habrá un nuevo escenario no estamos acostumbrados a que una serie pegue un salto tan grande. De la comisaría y “El foso” pasamos a los trabajadores del puerto, se introduce de golpe un grupo amplio de nuevos personajes sin relación directa, en principio, con los que conocemos, y el caso policial tarda mucho en tomar forma y pasar al primer plano.

Como decía en la introducción a la serie, cada año se centra en un aspecto concreto de la lucha contra las drogas. Esta vez, a través del puerto de Baltimore, vemos cómo un grupo de ciudadanos corrientes, debido a las malas condiciones de la vida, puede acabar introduciéndose en el mundo del crimen para poder subsistir. Como es esperable estamos ante un cuadro completo de la situación: desde el currito desesperado al líder del sindicato, desde las mafias que introducen contrabando al destino final en las calles; y mientras, la policía hace lo que puede con todas las limitaciones ya mostradas en la primera temporada.

En el puerto, el trabajo alrededor del movimiento de mercancías está en uno de los momentos más difíciles de su ya de por sí complicada existencia. La economía no anda bien, y cada vez hay menos barcos. Frank Sobotka (Chris Bauer) es el líder del sindicato de estibadores, y lucha a todas horas para tratar de mejorar las condiciones del lugar, pero también para evitar que ante tal panorama sus amigos, trabajadores y también familia acaben tirando la toalla y opten por dedicarse al contrabando de drogas a tiempo completo (porque los trapicheos con electrodomésticos y otros bienes son conocidos y tolerados por todos). Sus hijos Ziggy (James Ransone) y Nick (Pablo Schreiber) son su principal preocupación. Ambos andan metidos en esos chanchullos negociando directamente con quien controla la mafia local: el griego Spiros Vondas (Paul Ben-Victor). Toda la situación explota cuando en un contenedor de carga aparecen numerosas prostitutas ilegales muertas, lo que atraerá demasiado la atención de la ley.

Como en la primera etapa, el caso no se inicia porque se haga un esfuerzo real en perseguir el crimen, sino porque los altos mandos usan sus influencias a su antojo. Es demencial cómo uno de estos jefes (el Mayor Valchek –Al Brown-, visto poco en el año anterior pero difícilmente olvidable: es uno de esos superiores despreciables) se cabrea con Sobotka por una rivalidad personal absurda y usa su poder para montar un destacamento que lo investigue para acabar con él. Así pues, con el prestigio adquirido con el caso Barksdale, Cedric tiene otra oportunidad de ir tras la droga en uno de sus puntos clave: su entrada en la ciudad y por extensión el país. El equipo que forma es el mismo: Lester, Kima, Carver, Herc, Prez… y más tarde se unirá la oficial lugareña Beadie (Amy Ryan). Mientras, McNulty está en la guardia costera, debido a todo lo que le tocó las pelotas a los jefes el año pasado (a Rawls principalmente). El destino es un chiste genial, porque ya en el primer capítulo de la serie los personajes bromeaban con que acabaría ahí. Se verá incluido en el meollo porque encuentra un cuerpo que podría estar relacionado con las otras prostitutas, y el tío, en plan venganza, en una sus míticas ocurrencias, calcula milimétricamente las fronteras juridiscionales y consigue encasquetárselo a Rawls.

Aunque muy lentamente y tras dar muchos palos de ciego, el caso toma rumbo, porque la droga apunta de nuevo al entramado de Barksdale, ahora liderado por Stringer Bell, y empiezan a acercarse también a un narcotraficante del lado Este de la ciudad, Proposition Joe (Robert F. Chew), o Joe Proposiciones. El proceso se narra de nuevo con gran realismo y exponiendo cada paso con detalle: las horas muertas mirando el programa de ordenador con el que controlan los contenedores desviados, las vigilancias constantes de esquinas y locales, las limitaciones técnicas y personales, las figuras misteriosas que no son capaces de alcanzar (los fantasmagóricos superiores de Spiros)…

Avon Barksdale sobrevive sin problemas en la cárcel, porque por su poder es intocable, y como no conoce otra forma de vida que el crimen no flaquea. Pero el joven “D” siempre ha tenido dudas, y le cuesta más mantenerse cuerdo. En la calle, el negocio peligra por la mala calidad de la droga, y Stringer plantea realizar un gran pacto con Joe Proposiciones, a lo que Avon, hombre de acción y mano dura, se opone: eso sería demostrar debilidad y ceder mucho. La tensión y diferencias entre ambos crecen cada vez más, y Stringer empieza a actuar a sus espaldas tomando algunas decisiones difíciles y peligrosas.

En un lugar más secundario siguen apareciendo Omar y su banda de asaltantes. Es una espina para Stringer, porque aparte de los robos sabe que se la tiene jurada por el asesinato de su novio. Conocemos también a un asesino a sueldo muy peligroso e intrigante: el extraño hermano Mouzone. El choque con Omar promete ser espectacular. Igualmente, aunque pasamos mucho tiempo fuera de la comisaría seguimos teniendo a Bunk y demás fauna. Y Bubbles aparece menos pero sigue siendo adorable.

Entre las numerosas grandes escenas del año cabe citar las siguientes: McNulty viendo que puede joder la vida Beadie a pesar de que le atrae; Prez siendo apaleado verbalmente por su tío y superior; McNulty incapaz de frenar a la prostituta cuando entra de incógnico en el burdel, y termina follándosela mientras lleva la escucha; Omar en el juzgado dejando en evidencia a los abogados; el destino del superior de Spiros, conocido como El Griego, así como sus conexión con altos mandos del país; aquella escena que enlaza la reacción de las parejas de varios agentes ante su elección de dedicarse al caso; el vendedor de droga blanco que viste y habla como un negro; Ziggy perdiendo la cabeza y liándose a tiros; de nuevo, cualquier conversación de Herc y Carver cogida al azar…

La temporada es de nuevo magnífica, densa, realista y dura pero a la vez muy entretenida y emocionante. Sin embargo también hay que decir lo evidente: no alcanza las cotas extraordinarias de las tres grandes temporadas, la primera, tercera y cuarta. Aun siendo soberbia, con los momentos gloriosos habituales de la serie y con sus personajes exquisitos, le pasa como a la quinta: le falta una pizca tanto de perfección como de genialidad que me permita considerarla una obra maestra. Se ve una ligera improvisación en la historia, una falta de definición que se traduce en un ritmo mejorable en su tramo inicial. O dicho de otra forma, le cuesta entrar en materia, tanto en los personajes del puerto, donde da varios rodeos hasta centrarse (vemos varias escenas en el bar que no aportan realmente mucho), como en el caso, que empieza con poca garra y algo disperso, como si David Simon no tuviera claro su desarrollo, como si pensara que no daba para la temporada entera y se viera obligado a postponerlo más de la cuenta. Tampoco ayuda que las historias estén bastante separadas: del puerto a la gente de Stringer hay un gran salto. En la tercera temporada vuelve a juntarse todo, y el relato vuelve a ser más compacto e impactante. Eso sí, huelga decir que el año es sobresaliente, que es mucho más que una obra policíaca y no hay ni una serie que se le parezca en ningún sentido: estilo, visión, acabado, alcance…

Ver también:
Temporada 1.
Presentación.