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THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIMES SQUARE) – TEMPORADA 3 Y FINAL

The Deuce
HBO | 2019
Drama | 8 ep. de 58-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Lawrence Gilliard, David Krumholtz, Kim Director, Daniel Sauli, Michael Rispoli, Olivia Luccardi, Sepideh Moafi, Luke Kirby, Zoe Kazan, Aaron Dean Eisenberg, Mustafa Shakir, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo las historias principales. —

Empezamos la serie en 1971, con el nacimiento de la industria del porno, donde el barrio The Deuce de New York, en los bajos fondos de Time Square, tuvo bastante relevancia. Esta etapa dio un vuelco al mundo de la prostitución y a la forma de ganar dinero con el sexo, y para finales de la década (en la segunda temporada) los negocios relacionados estaban en su mejor época. Eso sí, el glamour del cine no tardó en llevárselo Los Ángeles, y New York se quedó con las migajas de este y con los aspectos más truculentos o incluso fuera de la ley.

En la tercera temporada saltamos a 1985. La industria ha exprimido el modelo del cine profesional, con estrellas y estrenos en salas, pero llega un punto de inflexión que cambia todo: la aparición del vhs y las cámaras de video ponen el porno y su creación al alcance de cualquiera, dando paso a las publicaciones en videoclubs al por mayor y a producciones hechas por aficionados.

Pero otros negocios aledaños también sufren reveses con los cambios políticos y sociales. Las cabinas de mirar y los clubes de prostitución se ven afectados por las campañas de limpieza de la zona propuestas por políticos (y eso que el ayuntamiento a duras penas consigue promover la llegada de inversionistas y negocios mejor vistos) y asociaciones civiles. Se llevan otro gran varapalo cuando las prostitutas descubren que pueden ir a domicilio (sobre todo a hoteles) sin necesidad de chulos. Y el SIDA llega para dar una última estocada, sobre todo a los sectores homosexuales. Las exitosas saunas gays se vacían de un año para otro porque la ciudad está sumida en el terror, pues cualquier puede coger “el bicho”. En un epílogo en situado en 2019 se señalan los últimos cambios drásticos en el mundo del sexo: la llegada de internet.

La visión de David Simon y su colaborador David Pelecanos muestra con una naturalidad asombrosa una época, un lugar y sus gentes, logrando una inmersión total del espectador. Las calles de The Deuce, los trabajos, las formas de vivir y sobrevivir en tiempos difíciles cobran vida ante nuestros ojos. Pero resulta algo menos compleja y detallada que en Treme (2010) y sobre todo The Wire (2002), con historias más previsibles de la cuenta, un repertorio de personajes que queda bastante lejos de aquellas, aunque unos pocos son deliciosos, y arrastra algunas carencias dignas de mención, sobre todo en esta temporada final, que está un poco por debajo de las anteriores.

Candy y Vincent han sido desde el principio los personajes principales, pero Lori Madison ha crecido mucho y en esta etapa comparte protagonismo. Da la sensación de que los autores vieron el gran talento latente en la actriz Emily Meade y lo han querido explotar (Simon afirma que es de los mejores intérpetes con los que ha trabajado), y ella ha cumplido a lo grande, dando el mejor papel de la serie y uno de los mejores del año televisivo.

Lori pasó de prostituta con un halo especial, tanto por belleza como por carisma, a actriz porno que enamoró al gremio y a los espectadores de medio mundo, convirtiéndose en una gran estrella. En este año abordan otra etapa habitual de este tipo de vidas: la caída en desgracia. El exceso de éxito se acompaña de sensación de soledad y de no controlar su vida, y acaba pasándose con las drogas. Si situación empeora cuando empieza a perder tirón y tiene que lidiar con trabajos por debajo del respeto y la libertad de los que había estado gozando. Cierto es que una vez se entiende que van a abordar esta historia se pueden intuir algunos aspectos, pero la descripción que hacen los guionistas de la depresión es muy buena, su trayectoria tiene aventuras de todo tipo muy bien hiladas, y Meade exprime al personaje con una interpretación colosal, llena de altibajos emocionales, giros sutiles y un tramo final demoledor. Atención a la escena en que cree estar siendo acosada por un tipo que aporrea la puerta del hotel pero todo está en su cabeza, en un torrente descontrolado de recuerdos de un padre abusón: pone los pelos de punta.

La sección de Candy ha sido la más predecible de toda la serie. En cuanto se presentaba su nuevo arco quedaba claro qué iban a contar, y siempre ha dado la sensación de que nunca enfrenta problemas muy serios, que todo le va saliendo bien. Sin llegar a sorprender, este año las cosas se le tuercen un poco más y tiene un final agridulce, y además mantiene lo que mejor funcionaba, las buenas lecturas sobre el ser humano (destacando la relación con gente de fuera del porno) y el mensaje feminista. En esto último cabe destacar algo sorprendente en estos tiempos, aunque no tanto viniendo de David Simon, que siempre ha tenido la cabeza muy bien puesta: vemos un ensayo sobre feminismo serio y con distintos frentes que no da nada mascadito ni tira por lo fácil y la corrección política. Cada personaje tiene su punto de vista según sus vivencias, algunos cambian con los tiempos, y en la lucha de la mujer por salir de la sombra del hombre y de la explotación, el mundo de la prostitución y el porno tiene más historias sórdidas y trágicas que luminosas. Maggie Gyllenhaal ha estado estupenda en toda la serie, y sus discusiones con Harvey Wasserman han sido siempre divertidísimas.

Vincent es el nexo que une a todos los personajes, pues muchos están muy separados. Aunque al lado de otras historias parezca que sus anécdotas como camarero y su romance tumultuoso con Abby no puedan aportar demasiado, ha mantenido su carisma y ha ganado en humanidad con los problemas de su hermano gemelo, Frankie. Y todo ello a pesar de que James Franco es un actor muy limitado que queda muy por debajo del resto.

Abby representaba a la mujer culta e idealista que lucha por un mundo mejor. En esta etapa se encuentra con que el mundo resulta demasiado complejo incluso para ella, y no termina de encontrar su lugar. El punto de inflexión en que se da cuenta de que lleva años estancada y tirando su vida es sutil y brillante: cuando está defendiendo a la ex-puta que quiere ser enfermera, los del jurado de recursos humanos del hospital le preguntan a qué se dedica ella, y después de haber sermoneado con todo el proceso de superación de su amiga, se da cuenta de que ella en cambio no está haciendo nada con su vida. Es un suspiro breve antes de decir “llevo un bar”, pero condiciona todo lo que hace después. La actriz de origen ruso Margarita Levieva, que por cierto tiene cuarenta años aunque aparente menos de treinta, es otro gran descubrimiento y tiene un gran futuro.

Pero fuera de estos, los secundarios apenas se sostienen por su simpatía. Algunos que aportaban detalle y globalidad a a este microuniverso en las primeras temporadas parece que ahora sobran, y a la vez se nota que les han faltado otros personajes para cumplir el rango de grupos sociales abarcados, porque los que fueron terminando sus historias no han sido sustituidos por otros que cobren el mismo protagonismo e interés.

Paul está descolgadísimo del resto, se mantiene por el cupo gay y el SIDA, pero su historia personal y laboral llegó a su tope y los autores no son capaces de aportar nada llamativo, así que sólo queda un cascarón melodramático que aburre por momentos. El intento de pasar a primer plano a Big Mike no funciona, y su destino no interesa, también obedece al intento de reforzar del drama del SIDA, pero el giro está metido con calzador e intenta descaradamente ser emotivo. Las tres putas que quedan, aparte de haberlas cogido de extras de las que ni te acuerdas de un año para otro, son intrascendentes, puro relleno, no se cuenta nada útil con ellas. La chica joven huidiza con un padre que maltratador ya está representada por Lori y Candy, la parte de Melissa y la aparición de su padre, por mucho que esté en manos del gran David Morse, no aporta nada. La que trabaja de camarera con Abby no sé de dónde salió, sería tan insignificante que ni me fijé en ella, y su ligue con un tipo no entiendo qué pretende aportar. La yonki, Shay, es la única que tenía más presencia antes y cuya parte atrae más.

Bobby y Frankie El Negro quedan relegados a secundarios cómicos, sólo se mueven un poco cuando las putas empiezan a independizarse; el hijo del primero (interpretado por el hijo de James Gandolfini, Michael) no sé muy bien tampoco qué sentido tiene. Y seguimos con un problema importante: aunque ha mejorado la sección de los italianos, su poder sigue sin resultar del todo verosímil, son dos tipos que se supone que causan pavor a todos los demás personajes pero no se sabe por qué, porque no se muestra en ningún momento la fuerza y las ramificaciones de la mafia.

Un poco en tierra de nadie queda la parte política. Aporta algo esencial a la hora de conseguir la perspectiva tan amplia que siempre persigue Simon, pues sin mostrar la especulación inmobiliaria y los intentos del ayuntamiento por acabar con ella y limpiar los barrios céntricos no se pueden entender los cambios. Pero es otra sección demasiado separada del resto, y aunque amena y con personajes simpáticos, no veo que termine de conectar del todo, de influir realmente en la vida de los demás personajes, quedando un poco como unos apuntes anecdóticos de la época. Eso sí, dejan una de esas épicas frases marca Simon que definen media serie:

Nunca arreglamos a nadie. Nunca salvamos a nadie. Solo empujamos la mierda a otra esquina de la habitación.

Aparte, he echado mucho de menos a Gbenga Akinnagbe, el chulo Larry Brown que empezó a tantear ser actor porno. No he encontrado declaraciones o pistas de que el actor se fuera por voluntad propia o por problemas de algún tipo, simplemente ha desaparecido sin más. Quizá más adelante algún implicado suelte algo de información.

Añadiendo otros pequeños lastres, la narrativa no es todo lo fluida que debiera. Simon y Pelecanos, seguramente a sabiendas de que apuntaban otra vez a un público minoritario y podrían ser cancelados en cualquier momento dejando la historia a medias, optaron desde el principio por un estilo de miniserie, o sea, pocos capítulos y saltos temporales. Pero esto supone retos que a veces no sortean del todo.

En las dos primeras temporadas iba más suave la cosa, pero aquí hay demasiados saltos temporales que aceleran hechos más de la cuenta, requiriendo mucho esfuerzo por tu parte para enlazar cosas y aceptar cambios drásticos. A veces da la sensación de que se quedan sin recursos para dar forma a algunas elipsis (dos veces recurren al plano de una cama vacía para señalar un fallecimiento), y hay momentos que confunden al espectador (de repente aparecen en un entierro, y tienes que hacer malabares para saber de quién es). En la falta de soluciones más ingeniosas pesa mucho el epílogo, un giro demasiado sensacionalista y manipulador que desentona demasiado en esta serie y estos autores.

En la puesta en escena no tengo quejas. Como siempre, Simon opta por un estilo sobrio, que no sobresalga por buscar un virtuosismo deslumbrante, sino que deje hablar a los personajes y navegar a la historia. Y la ambientación de la época es estupenda, sobre todo en esta temporada, donde he notado más ambición en los exteriores, con más escenarios repletos de coches y extras.

En unos tiempos en que el cine y la televisión viven mucho de tratar de encandilar al espectador con la nostalgia por lo mejor y lo más idealizado de los años setenta y ochenta, The Deuce es una rara avis que muestra una realidad más sórdida y cruel. Como ensayo pseudo histórico ha sido estupendo, como serie ha sido de notable, pero en el rico panorama actual eso ya no es suficiente para destacar, y menos si arrastras la incomprensible etiqueta de autor elitista que lleva David Simon desde The Wire.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
-> Temporada 3 y final (2019)

THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 2

The Deuce
HBO | 2018
Drama | 9 ep. de 63-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo por encima los eventos de la temporada. —

Dejamos la primera temporada con el inminente nacimiento de la industria de la pornografía a principios de los años setenta, y saltamos a 1977 para ver sus primeros pasos.

Algunas prostitutas, como Lori Madison, se van adaptando a los nuevos tiempos, haciéndose actriz, otras los empujan, como Candy, ahora metida a realizadora de cine porno, otros chocan contra el cambio, como los chulos, que ven peligrar su trabajo. El porno está pasando de negocio turbio a legal y exitoso, sus artífices de trabajar en la sombra a triunfar con fama y premios.

La percepción de la sociedad también madura, con la prostitución en la calle vista cada vez más como una lacra. Esto llega también a los clubs, sean normales o de alterne, y otros establecimientos relacionados con el sexo. Con el boom hay más competencia, y también llegan nuevas leyes y políticos con ideas de limpiar la zona. Por el otro lado, pesa también el control de las mafias italianas, que quieran o no los empresarios, han metido la zarpa en todas partes.

Todos los personajes evolucionan muy bien, tejiendo en conjunto historias con la complejidad y verosimilitud habituales de David Simon y George Pelecanos. El barrio The Deuce cobra de nuevo vida ante nuestros ojos, haciendo que formemos parte de ese ambiente y época como si estuviéramos allí. Encontramos infinidad de grandes momentos, sean detalles sueltos o conclusiones de alguna historia. El miedo de C.C. al cambio es muy realista, gracioso y a la vez triste, y por el lado contrario, Larry le echa coraje, planteándose ser actor como sus putas. El dúo que han formado Candy y Harvey Wasserman, su productor, nos deja multitud de peleillas geniales. La creciente implicación de Abby para salvar prostitutas es muy emotiva. El robo de uno de los chulos secundarios en una farmacia tiene giros muy locos para unos guionistas tan serios. Y el salto de Paul, el camarero gay, a sus propias movidas, puede quedar un tanto descolgado, como los problemas de Bobby con el puticlub, pero como en la primera temporada, son mis dos secundarios favoritos.

El único punto gris, salvo si queremos hilar fino y decir que no es una serie con la ambición y alcance de The Wire (2002) ni tampoco Treme (2010), es que la parte de los mafiosos está un poco limitada. Parece que sólo existen el jefe y el chófer/matón principal, con lo que no muestran todo el poder ni dan todo el miedo que deberían. Por una vez, a los guionistas les ha faltado ahondar en un aspecto de una de las tramas, aportar personajes secundarios que dieran más entidad a este grupo. Pero huelga decir que la huella de su presencia y acciones se sienten en los demás protagonistas en todo momento. Por ejemplo, el lío que monta Frankie pidiéndoles dinero para una de las películas de Candy es memorable.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2018)
Temporada 3 y final (2019)

THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 1

The Deuce
HBO | 2017
Drama | 8 ep. de 60-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

The Deuce es como se empezó a llamar popularmente a partir de los años cincuenta a la Calle 42 (42nd Street) de Manhattan, New York, donde ya abundaban los negocios relativos al espectáculo (teatros, pubs de conciertos…). Venía a ser los bajos fondos de Times Square, pues también destacaba por la prostitución y las drogas. La serie de mismo título narra como fue naciendo la industria del cine porno, ya que esta zona tuvo una importancia crucial. En España la HBO ha decidido subtitularla como Las Crónicas de Times Square, pues el original es un localismo difícil de vender.

David Simon tiene el cielo televisivo ganado con The Wire (2002), pero su carrera no acabó ahí, pues sigue deleitándonos con nuevas series que recrean lugares y períodos con un detallismo y profundidad novelescos, como la magnífica Treme (2010). La inspiración para The Deuce les llegó a Simon y a su colaborador habitual, George Pelecanos, por las vívidas historias de un conocido que vivió esa época, y tanto les gustaron que decidieron que esta sería su próxima producción.

En contraposición con la narrativa las dos series citadas, en plan novela río, sosegada, profunda, con mil curvas y ramificaciones, vamos al grano con más velocidad y menos complejidad. Acostumbrado a ese estilo, de primeras me han faltado algo de la meticulosidad en cada historia y personaje, la maduración a cocción lenta y llena de matices. Por ejemplo, en Treme la abogada e investigadora daba palos de ciego en cantidad, pero mientras lo hacía conocíamos los entresijos de Nueva Orleans; la cocinera pasó de un restaurante a otro varias veces, sin encontrar su sitio pero aprendiendo en cada uno cosas nuevas; etc. En la presente, una de las prostitutas decide querer hacer cine porno, y en un tris la tenemos en marcha; un camarero quiere montarse un pub, y ahí lo tenemos al poco; una joven universitaria abandona todo para buscar oportunidades, y sin muchos problemas encuentra donde asentarse; etc.

Pero hay que recalcar que el cambio de tono no implica que estemos ante un drama facilón y previsible, sino que sus autores han aspirado a menos. Creo que la experiencia con The Wire y Treme de jugársela a que por bajas audiencias puedan quedarse a medias los empujó a simplificar un poco e ir más rápido que de costumbre. Si ir más lejos, al poner en marcha el proyecto anunciaron que el plan son tres temporadas, con saltos temporales para abarcar las épocas importantes.

Es innegable que Simon sigue siendo uno de los mejores guionistas del momento, y aunque la ambición sea menor The Deuce mantiene su característica visión global de la temática tratada, que sigue superando de largo a muchas series dramáticas o históricas. A través de un sinfín de personajes muy humanos y atractivos va dando forma a una época y un lugar con un detallismo y verosimilitud fascinantes, de manera que desde el primer episodio el barrio The Deuce en 1970 y sus gentes cobran vida ante nuestros ojos.

Como es habitual en su obra, en cada entorno, gremio o grupo muestran distintos personajes, no usa un solo estereotipo para concentrar y resumir con lo básico. En las prostitutas tenemos a la independiente que se niega a venderse a un chulo y quiere labrarse un futuro estable, la joven perdida que es explotada por aquellos, la que quiere salirse de esta miseria, la que traga lo que le cae porque no conoce otra cosa… Tenemos camareros que viven con la prostitución en sus puertas, dueños de locales que explotan otras vertientes (videos, cabinas). Vemos agentes de policía aqueados por la situación y otros que la exprimen con trapicheos varios, pero todos atados de manos hasta que algún jefe finge hacer limpieza empujado por los políticos.

Todos los protagonistas aportan su semilla o se dejan llevar por la inercia social del momento: la visión sobre la pornografía está cambiando. De un negocio tabú y perseguido por la ley van permitiéndose pequeños chanchullos, y en el aire resuena la legalización paulatina. De tiendas oscuras con material de poca calidad pasamos a cabinas con bailarinas y máquinas de mirar videos cada vez mejor trabajados, y los más ambiciosos piensan a lo grande, planteando la posibilidad de tener películas porno en cines con gran distribución. Por otro lado, con la organización y el aumento de ingresos vienen también nuevos métodos para la prostitución: algunos van dirigiendo la prostitución en la calle y hoteluchos hacia clubes más selectos. Ahí conocemos también a las mafias italoamericanas, que tendrán más presencia en la segunda temporada.

Con tanto protagonista no voy a pararme a presentar a cada uno por separado, sólo a los más destacados y a algún secundario de mis preferidos. Vincent Martino es el tipo que vive de noche tras la barra, no sabe hacer otra cosa y esta le apasiona; su matrimonio está en la cuerda floja por ello. Su hermano gemelo, Frankie, es un vividor irresponsable que lo arrastra continuamente a sus problemas. Ambos los interpreta James Franco, el rostro más famoso pero el menos convincente. No está mal, pero le falta la naturalidad del resto del reparto, que es fantástico como siempre en la HBO, y como es habitual en Simon, recupera a algunos actores de sus otras series. Candy (Maggie Gyllenhaal) es la puta veterana y espabilada que sueña con encontrar un flujo de dinero estable, y por ello trata de introducirse en la incipiente industria del porno. C.C. (Gary Carr) y Larry Brown (Gbenga Akinnagbe) son los dos chulos más prominentes, el primero presumido por fuera y frío por dentro, el segundo más bruto en apariencia pero quizá con más corazón. Abigail (Margarita Levieva) es la chica culta que deja estudios y familia para vivir el mundo real, pero esa educación le permite esquivar la prostitución, mientras pueblerinas como Lori Madison (Emily Meade) y Darlene (Dominique Fishback) caen en sus garras de lleno. En un plano inferior tenemos a Chris Coy y al veterano Chris Bauer, dos actores siempre secundarios que me caen bien y aquí tienen personajes bastante interesantes: el primero es un camarero gay, Paul, para dar visibilidad a esa parte del gremio, el segundo es Bobby, un currante cualquiera (un obrero) que ve más dinero los recién creados locales de alterne.

En la puesta en escena los autores apuestan por mantener también su sello característico, la contención y dejar que la historia la cuenten los personajes. Lejos de la recreación ostentosa de tiempos pasados tipo Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010), con grandes decorados, panorámicas de ciudades hechas por ordenador y un aspecto visual muy artístico, The Deuce son cuatro calles y locales, muy bien aprovechados por una estupenda labor de vestuario, pero no especialmente espectaculares. Lo importante es lo que ocurre dentro, las vivencias de sus habitantes. La dirección es sobria pero muy sólida, manejando muy bien el tempo de escenas que cuentan con muchos personajes entrelazando sus historias. Por ejemplo, me cantan los desayunos donde se juntan muchos en el mismo bar, danzando con la cámara de mesa en mesa.

Como The Wire y Treme, no entiendo por qué se consideran series muy exclusivas y tienen tan poca audiencia. El éxito de la primera con el boca a boca demuestra que pueden llegar a mucha gente, pero también parece que cuesta entrar en ellas a pesar de que su supuesta dificultad se esfuma en cuanto ves un par de episodios y te enganchas a la corriente: quieres saber más de cada personaje, el ambiente es tan palpable que quieres seguir viviendo ahí.

Ver también:
-> Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
Temporada 3 y final (2019)

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 2

The Wire
HBO | 2003
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, Chris Bauer, John Doman, Paul Ben-Victor, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, James Ransone, Pablo Schreiber, Al Brown, Delaney Williams, J.D. Williams, Tray Chaney, Bill Raymond.
Valoración:

Alerta de spoilers: Defino el argumento y posición inicial de los personajes por encima, sin contar cosas reveladoras ni giros importantes (salvo algunos detalles en el párrafo de mejores escenas).–

Si entrar en la dinámica de la primera temporada podía costar un poco por su densidad, enfrentarse a la segunda puede suponer un choque e incluso una ligera decepción, porque cambia tan de golpe el paisaje que cuesta varios episodios hacerse a la idea. Aunque vayas sabiendo que habrá un nuevo escenario no estamos acostumbrados a que una serie pegue un salto tan grande. De la comisaría y “El foso” pasamos a los trabajadores del puerto, se introduce de golpe un grupo amplio de nuevos personajes sin relación directa, en principio, con los que conocemos, y el caso policial tarda mucho en tomar forma y pasar al primer plano.

Como decía en la introducción a la serie, cada año se centra en un aspecto concreto de la lucha contra las drogas. Esta vez, a través del puerto de Baltimore, vemos cómo un grupo de ciudadanos corrientes, debido a las malas condiciones de la vida, puede acabar introduciéndose en el mundo del crimen para poder subsistir. Como es esperable estamos ante un cuadro completo de la situación: desde el currito desesperado al líder del sindicato, desde las mafias que introducen contrabando al destino final en las calles; y mientras, la policía hace lo que puede con todas las limitaciones ya mostradas en la primera temporada.

En el puerto, el trabajo alrededor del movimiento de mercancías está en uno de los momentos más difíciles de su ya de por sí complicada existencia. La economía no anda bien, y cada vez hay menos barcos. Frank Sobotka (Chris Bauer) es el líder del sindicato de estibadores, y lucha a todas horas para tratar de mejorar las condiciones del lugar, pero también para evitar que ante tal panorama sus amigos, trabajadores y también familia acaben tirando la toalla y opten por dedicarse al contrabando de drogas a tiempo completo (porque los trapicheos con electrodomésticos y otros bienes son conocidos y tolerados por todos). Sus hijos Ziggy (James Ransone) y Nick (Pablo Schreiber) son su principal preocupación. Ambos andan metidos en esos chanchullos negociando directamente con quien controla la mafia local: el griego Spiros Vondas (Paul Ben-Victor). Toda la situación explota cuando en un contenedor de carga aparecen numerosas prostitutas ilegales muertas, lo que atraerá demasiado la atención de la ley.

Como en la primera etapa, el caso no se inicia porque se haga un esfuerzo real en perseguir el crimen, sino porque los altos mandos usan sus influencias a su antojo. Es demencial cómo uno de estos jefes (el Mayor Valchek –Al Brown-, visto poco en el año anterior pero difícilmente olvidable: es uno de esos superiores despreciables) se cabrea con Sobotka por una rivalidad personal absurda y usa su poder para montar un destacamento que lo investigue para acabar con él. Así pues, con el prestigio adquirido con el caso Barksdale, Cedric tiene otra oportunidad de ir tras la droga en uno de sus puntos clave: su entrada en la ciudad y por extensión el país. El equipo que forma es el mismo: Lester, Kima, Carver, Herc, Prez… y más tarde se unirá la oficial lugareña Beadie (Amy Ryan). Mientras, McNulty está en la guardia costera, debido a todo lo que le tocó las pelotas a los jefes el año pasado (a Rawls principalmente). El destino es un chiste genial, porque ya en el primer capítulo de la serie los personajes bromeaban con que acabaría ahí. Se verá incluido en el meollo porque encuentra un cuerpo que podría estar relacionado con las otras prostitutas, y el tío, en plan venganza, en una sus míticas ocurrencias, calcula milimétricamente las fronteras juridiscionales y consigue encasquetárselo a Rawls.

Aunque muy lentamente y tras dar muchos palos de ciego, el caso toma rumbo, porque la droga apunta de nuevo al entramado de Barksdale, ahora liderado por Stringer Bell, y empiezan a acercarse también a un narcotraficante del lado Este de la ciudad, Proposition Joe (Robert F. Chew), o Joe Proposiciones. El proceso se narra de nuevo con gran realismo y exponiendo cada paso con detalle: las horas muertas mirando el programa de ordenador con el que controlan los contenedores desviados, las vigilancias constantes de esquinas y locales, las limitaciones técnicas y personales, las figuras misteriosas que no son capaces de alcanzar (los fantasmagóricos superiores de Spiros)…

Avon Barksdale sobrevive sin problemas en la cárcel, porque por su poder es intocable, y como no conoce otra forma de vida que el crimen no flaquea. Pero el joven “D” siempre ha tenido dudas, y le cuesta más mantenerse cuerdo. En la calle, el negocio peligra por la mala calidad de la droga, y Stringer plantea realizar un gran pacto con Joe Proposiciones, a lo que Avon, hombre de acción y mano dura, se opone: eso sería demostrar debilidad y ceder mucho. La tensión y diferencias entre ambos crecen cada vez más, y Stringer empieza a actuar a sus espaldas tomando algunas decisiones difíciles y peligrosas.

En un lugar más secundario siguen apareciendo Omar y su banda de asaltantes. Es una espina para Stringer, porque aparte de los robos sabe que se la tiene jurada por el asesinato de su novio. Conocemos también a un asesino a sueldo muy peligroso e intrigante: el extraño hermano Mouzone. El choque con Omar promete ser espectacular. Igualmente, aunque pasamos mucho tiempo fuera de la comisaría seguimos teniendo a Bunk y demás fauna. Y Bubbles aparece menos pero sigue siendo adorable.

Entre las numerosas grandes escenas del año cabe citar las siguientes: McNulty viendo que puede joder la vida Beadie a pesar de que le atrae; Prez siendo apaleado verbalmente por su tío y superior; McNulty incapaz de frenar a la prostituta cuando entra de incógnico en el burdel, y termina follándosela mientras lleva la escucha; Omar en el juzgado dejando en evidencia a los abogados; el destino del superior de Spiros, conocido como El Griego, así como sus conexión con altos mandos del país; aquella escena que enlaza la reacción de las parejas de varios agentes ante su elección de dedicarse al caso; el vendedor de droga blanco que viste y habla como un negro; Ziggy perdiendo la cabeza y liándose a tiros; de nuevo, cualquier conversación de Herc y Carver cogida al azar…

La temporada es de nuevo magnífica, densa, realista y dura pero a la vez muy entretenida y emocionante. Sin embargo también hay que decir lo evidente: no alcanza las cotas extraordinarias de las tres grandes temporadas, la primera, tercera y cuarta. Aun siendo soberbia, con los momentos gloriosos habituales de la serie y con sus personajes exquisitos, le pasa como a la quinta: le falta una pizca tanto de perfección como de genialidad que me permita considerarla una obra maestra. Se ve una ligera improvisación en la historia, una falta de definición que se traduce en un ritmo mejorable en su tramo inicial. O dicho de otra forma, le cuesta entrar en materia, tanto en los personajes del puerto, donde da varios rodeos hasta centrarse (vemos varias escenas en el bar que no aportan realmente mucho), como en el caso, que empieza con poca garra y algo disperso, como si David Simon no tuviera claro su desarrollo, como si pensara que no daba para la temporada entera y se viera obligado a postponerlo más de la cuenta. Tampoco ayuda que las historias estén bastante separadas: del puerto a la gente de Stringer hay un gran salto. En la tercera temporada vuelve a juntarse todo, y el relato vuelve a ser más compacto e impactante. Eso sí, huelga decir que el año es sobresaliente, que es mucho más que una obra policíaca y no hay ni una serie que se le parezca en ningún sentido: estilo, visión, acabado, alcance…

Ver también:
Temporada 1.
Presentación.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 7 Y FINAL

HBO | 2014
Suspense, Comedia, drama | 10 cap. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Lauren Bowles, Anna Camp.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad, incluidas muertes importantes.–

Última temporada de True Blood. ¿Qué esperar de ella? Pues lo mismo de siempre, porque incluso sin Alan Ball a las riendas siguió en su estilo y con las mismas virtudes y limitaciones. Las aventuras originales, alocadas y con un genial humor negro, los protagonistas deliciosos, los actores fantásticos, la puesta en escena brillante… y también las tramas con algunos deslices en el ritmo, las historias secundarias irregulares, los caminos algo fallidos de algunos personajes.

El final de la sexta temporada pegaba un salto y nos introducía de lleno en los eventos de la séptima. La crisis de la hepatitis-V es el desencadenante final del conflicto entre humanos y vampiros, y se traduce en una guerra sucia, una guerra sin líderes ni objetivos, sino de caos y supervivencia. La trama va a gran velocidad, dejándonos sin aliento en una situación extrema donde cualquier personaje está en peligro constante. Y están todos presentes en todo momento, porque casi no hay ni tiempo para historias secundarias, de esas que más veces de las deseables resultaban poco satisfactorias (solo está la de Tara, que luego comentaré). Hasta Sam se mantiene en primera línea y es apartado en una correcta despedida cuando ya no pinta nada ahí; aunque seguro que nadie se acuerda de su aburrida novia. Eso sí, hay un giro extraño: el novio vampiro de Jessica es convertido por arte de magia en un personaje completamente distinto. Ahora es un homosexual que no tiene interés en ella, cuando el romance que nos mostraron era de flechazo. Así entiendo que el actor se cabreara y largara y fuera sustituido por otro. No sé qué pretendían los guionistas con este giro, si se les fue de las manos sin querer o pensaban que tendría sentido; menos mal que es un rol menor; lo malo es que Lafayette pierde bastante protagonismo, y apareciendo con el tipo este no recupera mucho interés.

Hasta secundarios de toda la vida, como la petarda de la madre de Hoyt, están metidos en el embrollo hasta el cuello. La elección de bandos, las implicaciones morales de cada acción, los tumultos, los intentos de mantener la civilización… todo se va acumulando en un clímax que probablemente sea el mejor de la serie, y que termina en la espectacular batalla en el bar de Eric, donde una banda de vampiros infectados se hizo fuerte. Pero no todo es perfecto, porque el reguero de muertos es desigual. Varios secundarios caen, pero alguno se celebra con gusto (la citada madre), y sobre todo cabría esperar que más personajes importantes acabaran asesinados, para terminar esta serie de corte generalmente macabro a lo grande. Pero solo lo hacen dos, y son dos muertes muy discutibles. La de Tara es directamente estúpida. Un personaje que no muere en primer plano es un personaje que sin duda estará vivo… Pero tras varios capítulos mareando la perdiz resulta que definitivamente ha sufrido la muerte verdadera. Y aparece como fantasma en la única trama secundaria o de relleno del año que encontramos, una historia de redención fantasmal incomprensible, intrascendente, aburrida… vamos, completamente olvidable. ¿Pero a qué jugaban, cómo trataron tan mal al personaje? Por extensión su madre y su primo Lafayette pierden algunos puntos al verse arrastrados con ella. Por suerte ocupa poco tiempo.

La muerte de Alcide es la otra polémica, y la que marca el punto de inflexión en la temporada. Una vez la tormenta pasa sobre Bon Temps (aunque el miedo a que vuelva sigue presente) la narración se inclina principalmente hacia los personajes. Y empieza con el giro descarado de volver a poner a Sookie y Bill juntos, sin duda para finalizar la serie con el clásico círculo cerrado, con la pareja inicial. La jugada funciona porque a estos dos personajes los guionistas los tratan muy bien y la relación va bien encaminada hacia un desenlace romántico-trágico bastante efectivo, pero desde luego lo de que se dieran cuenta de que Alcide molestaba y lo eliminaran sin disimulo no queda bien.

También es cierto que el inicio de este segmento final asusta por la reaparición de un viejo personaje, Hoyt. De primeras me pareció un retorno innecesario a un culebrón ya caduco, pero pronto se ve que los guionistas tienen un plan (como con Bill y Sookie) y lo desarrollan con sumo cuidado. La idea es dar un cierre a todos los protagonistas, y Hoyt sirve como un nexo estupendo para varios. La relación de Jason con Brigette se expone de maravilla, de hecho es de lo mejorcito del año y tiene momentos sublimes, y el reinicio de la relación entre Jess y Hoyt es creíble y bonito. En el resto de personajes solo los Bellefleur, con la búsqueda cansina de la niña-hada, dan alguna vuelta más de la necesaria. Eric y Pam arrasan como siempre, él con su carisma, ella con su boca malhablada, él con su pasotismo ablandado (florece la compasión ante las gentes de Bon Temps), ella con su fidelidad incansable; y el flashback de ambos resulta memorable. El retorno de Sarah Newlin no podía ser mejor: la loca está más loca que nunca y encima ahora es la cura andante de la Hep-V, lanzando así el final de la trama central con un toque de humor negro demencial.

Como todos los años, lo que no falla un ápice es la excelsa puesta en escena, donde destaca lo bien que ruedan las escenas nocturnas (más les valía, claro), y el inconmensurable reparto, uno de los mejores de los últimos tiempos, que brilla especialmente en esta última temporada porque los personajes viven momentos clave. Así, Anna Paquin (Sookie) está de nuevo pletórica y Deborah Ann Woll (Jessica) se luce más que nunca (qué injusticia no haberse llevado ningún premio). No se quedan atrás Ryan Kwanten como el mejor y más complejo papel de tontorrón que he visto (Jason), el eterno carisma de Stephen Moyer (Bill), Alexander Skarsgård (Eric) y Kristin Bauer (Pam), los secundarios magníficos por doquier, encabezados por Chris Bauer (Andy) y Carrie Preston (Arlene), y la breve pero intensa presencia de Anna Camp (Sarah Newlin). Este año han estado menos llamativos Sam Trammell (Sam) y Nelsan Ellis (Lafayette), pero por su presencia más limitada.

Acabamos con el mundo rehaciéndose gracias a la cura y los personajes retomando su camino con toda la experiencia adquirida. Más o menos todos consiguen lo que buscaban en la vida, o todos han madurado para saber cómo enfrentarla sin tanto sufrimiento. Quizá es un final muy sensiblero y clásico para una serie tan macarra, pero es indudablemente efectivo. Se centra en los personajes, no desbarra con tramas absurdas y giros innecesarios, y solo puede criticarse desde una perspectiva subjetiva: esperando que fuera más agridulce u oscuro, o que ofreciera una trama final apoteósica. Y está claro que esto último no encajaría, porque True Blood no es una serie de tramas complejas, sino de personajes enfrentando situaciones. Simplemente los guionistas han pensado que tras tanto viaje los protagonistas y el espectador merecían un final feliz. O te gusta o no, pero no es motivo para hablar de una mala temporada, porque ha sido de las buenas.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
-> Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 6

HBO | 2013
Drama, comedia, suspense | 10 ep. de 52-59 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Amelia Rose Blaire, Jurnee Smollett-Bell, Robert Kazinsky, Todd Lower, Arliss Howard, Lucy Griffiths, Anna Camp.
Valoración:

El primer año de True Blood sin Alan Ball a las riendas no ha perdido ni un ápice de su esencia, con lo que tenemos la misma propuesta alocada, original y entretenidísima a pesar de algunos tramos irregulares que desaprovechan su amplio y fascinante grupo de protagonistas. Brian Buckner, uno de los guionistas principales desde el principio de la serie, ha estado a la altura de lo esperado.

La historia del gobernador, que es el punto culminante del conflicto entre humanos y vampiros, es el plato fuerte de la temporada y no decepciona lo más mínimo. El peligro en que pone a nuestros vampiros favoritos es palpable durante todo el año, sobre todo cuando empezamos a introducirnos en la horripilante cárcel, donde se monta la de dios. El retorno de la loca religiosa de Sarah Newlin es impresionante, y el de Steve divertidísimo. La implicación de Jason en el tema después de lidiar con el abuelo resulta muy eficaz. La nueva vampira, Violet, es muy atractiva (si no que se lo digan a Jason). Los serios problemas en que se encuentran Eric y su hermana dan los momentos más intensos y dramáticos. Los líos de Jessica con un noble vampiro son muy interesantes, y ya venía con fuerza de la historia de las hadas del sheriff. Pam está como siempre pletórica, y bien acompañada por Tara, que como dije en su momento, tuvo que ser convertida en vampira para resultar interesante.

Y al final se enlaza todo muy bien con la trama de Lilith+Bill, el intrigante Billith, historia que no se sabía por dónde podía tirar. Finalmente vemos que aquí no hay un desenlace sorprendente, sino uno más sencillo, más terrenal que fantasioso, que por suerte funciona bien: ha primado el conflicto interno de los personajes ante el efectismo barato con los poderes adquiridos por Bill. Muy interesantes han sido los temas sobre la responsabilidad, con vueltas inesperadas tras el lío de las jóvenes hadas, y los roces entre Bill y Sookie; de hecho me supo mal ver a Sookie pasando de ayudar, harta de todo, pero es consecuente con la situación: Bill debería haberla llevado a rastras a ver lo que sucedía en la cárcel, sólo así se conmovería.

El punto negativo es que Sookie ha quedado un poco despegada del resto, y al ir por libre con un personaje poco sustancioso como Warlow parece que hace poco. Warlow es efectivamente un problema, aunque no grave: deambula demasiado, y cuando se define su objetivo y salen a la luz sus motivaciones, después de darle tanto énfasis a un vampiro que ha resultado tan poca cosa, no tiene la fuerza esperada. Tampoco se puede decir que la presencia del mítico Rutger Hauer encarnando al abuelo Stackhouse haya sido muy impactante.

Como viene siendo habitual, lo complicado es que nos gusten a todos por igual las tramas secundarias. Este año hay menos enjundia, para mal (menos personajes en acción y menos historias locas) y para bien (menos subtramas estiradas más de la cuenta o de menor interés), limitándose la cosa a Alcide con los líos de manadas y Sam metiéndose en fregados varios con cambiapieles varios. Ninguna de las dos me gusta, porque están muy descolgadas, aportan poco a lo ya visto y avanzan despacio. Al menos no tenemos más recesos cansinos de vudús y fantasmas con Lafayette y Terry respectivamente. De hecho la parte de los Bellefleur (Andy, Terry y Arlene) sale muy bien parada al centrarse exclusivamente en los personajes y no desvariar en historias paralelas largas. Lo de las niñas hadas parece un poco improvisado y puesto al servicio de la historia, pero es divertido y da para buenos encontronazos entre protagonistas. Los líos emocionales de Arlene funcionan bien, sobre todo tras el emotivo final de Terry.

El capítulo final es un poco desconcertante, al ser más un epílogo y lanzamiento de la próxima temporada que el cierre de las tramas del año, que ocurre en el penúltimo. Como es un anexo tras el plato fuerte sabe a poco; como pega un salto muy repentino en las historias descoloca. Pero el avance brusco en los personajes funciona, porque todo lo que nos muestran se puede enlazar con lo que veníamos viendo (como Sookie con Alcide, por ejemplo). La escena-sorpresa final en cambio si la veo forzada: no puedes matar un personaje principal así, como chiste es rizar el rizo con poco tacto; es de suponer que se entierra a toda velocidad y punto.

La HBO ha confirmado que la séptima será la última temporada. No observo un desgaste acusado, y este universo puede ir creciendo sin parar, pero también pienso que la serie ya no puede sorprender y nos arriesgamos a que se estire más de la cuenta: mejor terminar a tiempo y bien.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
-> Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 5

HBO | 2012
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 47-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Denis O’Hare, Lucy Griffiths, Janina Gavankar, Valentina Cervi, Lauren Bowles.
Valoración:

Alerta de spoilers: No leer si no se ha visto la temporada al completo.–

Al contrario de lo que ha ocurrido otras temporadas, donde el tramo final resulta espectacular y disimula partes irregulares o tramas estiradas, esta vez encontramos que tras una sesión en general muy intensa y atractiva el desenlace pierde bastante fuerza, dejando una mala sensación que, por eso de fallar en el momento cumbre, el que más se va a recordar, puede incluso estropear la percepción sobre el resto de la temporada.

Entre lo mejor del año encontramos algunos momentos fantásticos, como la despedida de Hoyt, que de bonita y triste es capaz de humedecer los ojos. Cuando le pide a Jessica que le borre de la memoria toda su relación con ella y Jason para librarse de tanto dolor… joder, entre la fuerza del momento y el papelón de los actores te deja hecho polvo. Al otro lado del espectro, en la onda más humorística, encontramos que la parte de Tara esta vez es magnífica. Aunque su muerte me gustó, pues nos la quitaba de en encima, cualquier duda que despertara su retorno desapareció rápidamente: convertirla en vampiro ha sido un acierto enorme. Se renueva por completo un personaje que llevaba tiempo estancado y siendo un lastre, y sobre todo le da una nueva y divertida perspectiva a este rol que tan mal solía caer entre los espectadores. Instantes geniales como el intento de suicidio en la cama de rayos UVA destacan en la estupenda dinámica que desarrolla la relación entre ella y Pam, su creadora. Los cambia formas, con Sam y su chica por un lado y Alcide y la manada de lobos por el otro, han aportado bastante más contenido que antes, y aunque el tema de la dirección de la manada no es que me resultara especialmente interesante ha sido bien llevado, con un ritmo pausado pero seguro. Lo de los paletos asesinos de cambia formas ha sido incluso más interesante, sobre todo cuando ha mezclado a más personajes (incluyendo el viejo sheriff).

La parte menos lograda del año ha sido la del fantasma-demonio que acosa a Terry Bellefleur, que ha resultado tediosa y poco sustanciosa. Y siguiendo con lo malo, da la sensación de que no sabían qué hacer con Lafayette, que ha aportado muy poco esta vez. Como es habitual, el problema de algunas secciones es un problema general de la serie: a veces la idea de tener varios personajes yendo cada uno por su lado no funciona del todo, ya sea porque no te caen tan bien, porque su sección llena menos o porque te aparta de otras partes que deseas ver. Por suerte este año eso ocurre menos, tanto por la calidad globar de las mismas como porque de una manera u otra casi todas las historias han acabado cruzándose de vez en cuando. De hecho, esta vez Sookie ha estado bastante apartada del hilo central, habiendo pasado temporalmente por casi todas las tramas. Eso implica que ha perdido un poco de protagonismo en ocasiones, al menos hasta que las hadas vuelven a primer plano. Eso sí, de nuevo todo lo visto sobre estos seres no termina de exponerse por completo, dejando muchas cosas para la siguiente temporada, como el misterio de quién es el que mató a los padres de los Stackhouse. Lo mismo que con Sookie ha ocurrido con Jason. En cierta manera ha deambulado por varias historias, pero siempre sin perder interés, pues cada vivencia aporta algo al personaje. Igual ocurre con Jessica, quien ha crecido tanto que no necesita estar en el centro de una trama importante, sino que su búsqueda de un lugar en el mundo da de sobra para que su sección enganche.

En el hilo principal encontramos el esperado retorno de Russell Edginton, el poderoso y temido vampiro que promete echar por tierra el débil equilibrio entre vampiros no violentos y humanos que se ha conseguido contra los vampiros tradicionales, aquellos dispuestos a usar a la humanidad como ganado. La Autoridad Vampírica impone, el resurgir de Russell acojona y la captura de Bill y Eric resulta muy intrigante, y más cuando Bill parece haberse convertido a la religión: ¿está fingiendo o no? Y la religión… en menuda panda de lunáticos convierte a los líderes vampíricos. El grupo resulta fascinante (Roman, Salome y Nora -hermana de Eric- son muy buenos personajes, y Newlin es un puntazo). Toda esta historia promete desembocar en algo grande, y parece acercarse a ello cuando empiezan a volar las fábricas de Tru Blood, salen de caza drogados y Rusell deja de disimular y se desata… Sin embargo, a pocos episodios del final de la temporada la trama se estanca, prácticamente muere. No avanza, no evoluciona, no consigue adquirir trascendencia (pero qué poco impacto causa esta incipiente guerra). Y lo peor, llega el desenlace y acaba de una forma bastante insatisfactoria. Pocas sorpresas y situaciones sin garra. La caída de Russell es horrible, deja muy mal sabor de boca, y la muerte y resurrección de Bill no emociona y sorprende como pudiera, porque el comportamiento errático del personaje y lo poco claro que queda todo el asunto de la religión le resta coherencia y credibilidad a esa parte.

La labor actoral como siempre resulta soberbia. La puesta en escena espléndida. El estilo que mezcla sordidez con sensualidad y drama con humor es único. Su micro universo de criaturas y personajes estrafalarios sigue resultando espectacular. Con sus logros e irregularidades habituales, True Blood ha vuelto a dar otro año de gran nivel. Lástima que en este caso la sección menos lograda sea el desenlace, máxime cuando suponía la partida de Alan Ball como guionista principal. Veremos si la serie aguanta el tipo sin él… algo que rara vez ocurre.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
-> Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)