DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 6 Y FINAL.


ITV | 2015
Drama | 9 cap. de 50-120 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Rebecca Eaton, Gareth Neame.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Raquel Cassidy, Michael Fox, David Robb, Sue Johnston, Jeremy Swift, Douglas Reith.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento el final de cada personaje.–

La última temporada de Downton Abbey obviamente se destina a ir cerrando las historias que íbamos viendo sobre todos los personajes. Esto nos pone ante la ventaja de que su creador y guionista Julian Fellowes no tiene que reservar nada de cara a nuevas etapas, así que va al grano y además hacia los momentos cumbre de cada protagonista. Por fin va a dejar de dar vueltas con Mary y sus pretendientes, por fin sabremos si Edith conseguirá ser feliz o no, etc. Y no desaprovecha el potencial, dando un año algo más activo e intenso que los precedentes.

La vida sigue cambiando en el mundo y en Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, y vemos cómo los nuevos tiempos van alcanzando a la finca de los Crawley. La nobleza pierde poder ante una emergente clase obrera, el tipo y cantidad de trabajos aumenta y se lleva a los empleados del servicio en búsqueda de oportunidades más prósperas y justas. La familia continúa tratando de adaptarse, como hemos ido viendo en las últimas temporadas: ajustando el número de criados, controlando mejor las finanzas, pensando en que hay que sacar dinero explotando las granjas y vendiendo tierras… El conde Robert ha aceptado hace tiempo el camino a andar y confía en Mary como heredera a pesar de ser mujer; además pronto vuelve Tom Branson para ayudarla.

Cora e Isobel quieren traer esos nuevos aires a la gestión del hospital, abriendo las puertas a nuevos procedimientos, tanto médicos como de gestión, algo a lo que la abuela Violet se enfrenta con el coraje típico de los conservadores: fe ciega contra la razón. Edith empieza a emanciparse, encontrando en el trabajo en la revista de su desaparecido amor un consuelo para su desdichada vida. Mary continúa con la relación de amistad y amor contenido con Henry Talbot, y aunque fuera evidente que acabaría con él se aceptaba, porque es lo que se espera del personaje y de la serie, y sobre todo porque se ha desarrollado muy bien; fueron geniales las escenas en que Branson la empuja a aceptar sus sentimientos, por ejemplo. Además, que por fin Mary abra su corazón implica dejar entrar en él a Edith de una vez por todas: resultó muy emotiva la confrontación definitiva y el posterior proceso de perdonarse y aceptarse la una a la otra. En cuanto a Edith, aunque el lío de la adopción en secreto de su hija da otros tantos problemas, también termina encontrando el amor con Bertie, como deseábamos todos, que ya había sufrido bastante como personaje trágico de la serie. Y seguimos con bodas, porque Carson y Mrs. Hughes pasan por el aro también en otra historia muy jugosa: los primeros pasos y roces en la vida juntos mantienen la habitual mezcla de drama ligero y humor.

Otra mejora es que damos carpetazo a historias muy manidas para centrarnos en esas otras más interesantes. Bates y Anna vuelven a ocupar su lugar como secundarios después de marear demasiado la perdiz con el dichoso caso contra él, y por suerte el drama de no poder tener hijos dura pocos capítulos y se maneja mejor. Y Baxter sigue arrastrando los fantasmas del pasado, pero con mucha menor insistencia. Pero esto también tiene su lado malo: Fellowes finalmente vuelve a meter en el armario a Thomas Barrow, y eso que con el intento de suicidio parecía ir a por todas. En sus intentos de encontrar trabajo fuera de la casa bien podría haber hallado un amor secreto y nuevas razones por las que vivir, pero el guionista vuelve a barrer, otra vez, el tema de la homosexualidad bajo la alfombra; esta temática se le atragantó bastante durante toda la serie, así que no sé para qué la incluyó.

Por supuesto, paralelamente tenemos decenas de aventuras pequeñas pero tan deliciosas y entretenidas como las más importantes, detalles del día a día en la vida de la época, recesos cómicos… Las riñas entre los empleados de Violet son más divertidas esta vez: menuda arpía Denker, vaya con Spratt y su columna femenina en la revista. Y la maduración de la relación entre Violet e Isobel es bien patente, pasando del odio a una dependencia mutua tan entretenida como las peleas anteriores. Eso sí, a Isobel le dan la única trama que no me ha parecido bien equilibrada: su relación amorosa en tensión con Lord Merton ha ido a trompicones, con partes confusas; sólo el drama con la hija de aquel tratando de apartarlos ha levantado el interés.

Ahora bien, me temo que los fallos que Fellowes no comete en la temporada sí aparecen en el final. En el ya clásico especial navideño con el que cierra el año y ahora también la serie se ablanda cosa mala en dos aspectos esenciales: el cambio hacia nuevos tiempos y la situación final de los personajes. Quizá por ser un conocido ferviente admirador de las clases nobles y todas esas pijadas inglesas, no termina de dar el paso último en la transición social. A mi modo de ver hacía falta un desenlace que señalara más claramente la tendencia de cambios sociales, políticos y económicos, y qué mejor que un relevo generacional: esperaba que Robert y Violet fallecieran, dando paso al futuro con Mary tomando las riendas de la finca definitivamente y dejando atrás los arcaicos ideales de la condesa. Amaga con cargárselo a él, pero no se atreve, y queda un tanto forzado.

A Tom Branson y Henry Talbot los pone montándose un concesionario de coches, pero no puede decirse que sea un gran avance, estos dos siempre han ido a contracorriente de los nobles, no en vano el primero empezó como chófer y el segundo ha sido piloto. Y donde verdaderamente tenía que mojarse no lo hace mucho: con los criados es muy inmovilista. Molesley es el único que se va, pero siempre había tenido un pie fuera, siempre se ha dicho que su estancia en la casa era provisional, mientras que la transición de Daisy y Andy hacia la granja queda incompleta (¿pero se van o no?, decídete). El único cambio llamativo que hay es muy conservador: la semi jubilación de Carson (¡ni se atreve a retirarlo definitivamente!) permite que Thomas Barrow vuelva a la casa en un reset descarado, porque resulta que ahora todos le perdonan su actitud más que hosca imposible, todos de repente se quieren mucho. ¿Qué problema había con que encontrara otro trabajo? ¿Qué necesidad hay de encajarlo donde no pinta nada? Y este giro repentino hacia la felicidad plena se extiende a los demás. Todos se perdonan todos los problemas y roces que tuvieran entre ellos (y sólo funciona el caso de Mary y Edith previo a este último capítulo), o encaminan un rumbo estable en sus vidas, o sufren un giro esperanzador que les quita todo peso de encima así sin más.

A veces, el relato debe fluir aunque sea hacia algo predecible, porque es su destino natural y ponerle la zancadilla puede resultar contraproducente. ¿Qué absurda necesidad había de dar un paso atrás cuando personajes y entorno estaban avanzando claramente? Todo porque Fellowes de repente trata de hacer un desenlace feliz, emotivo e indulgente a toda costa, con lo que termina traicionando los buenos pasos que estaba dando. No hacía falta buscar con tanto ahínco la lágrima fácil del espectador, ya tenemos la boda de Edith, el embarazo de Anna y la despedida de la serie, más otras tantas bodas en el resto de la temporada. Los giros sensibleros, los finales excesivamente luminosos en una obra siempre bastante dramática, los pasos atrás para mostrar reconciliaciones que pretenden ser emotivas pero resultan muy improbables, afean un tanto el final de la serie, lo que puede empañar también ligeramente las buenas impresiones que deja el año en su conjunto.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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