Archivo mensual: octubre 2012

TRUE BLOOD – TEMPORADA 5.

HBO | 2012
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Denis O’Hare, Lucy Griffiths, Janina Gavankar, Valentina Cervi, Lauren Bowles.
Valoración:

–Alerta spoilers: No leer si no se ha visto la temporada al completo.–

Al contrario de lo que ha ocurrido otras temporadas, donde el tramo final resulta espectacular y disimula partes irregulares o tramas estiradas, esta vez encontramos que tras una sesión en general muy intensa y atractiva el desenlace pierde bastante fuerza, dejando una mala sensación que, por eso de fallar en el momento cumbre, el que más se va a recordar, puede incluso estropear la percepción sobre el resto de la temporada.

Entre lo mejor del año encontramos algunos momentos fantásticos, como la despedida de Hoyt, que de bonita y triste es capaz de humedecer los ojos. Cuando le pide a Jessica que le borre de la memoria toda su relación con ella y Jason para librarse de tanto dolor… joder, entre la fuerza del momento y el papelón de los actores te deja hecho polvo. Al otro lado del espectro, en la onda más humorística, encontramos que la parte de Tara esta vez es magnífica. Aunque su muerte me gustó, pues nos la quitaba de en encima, cualquier duda que despertara su retorno desapareció rápidamente: convertirla en vampiro ha sido un acierto enorme. Se renueva por completo un personaje que llevaba tiempo estancado y siendo un lastre, y sobre todo le da una nueva y divertida perspectiva a este rol que tan mal solía caer entre los espectadores. Instantes geniales como el intento de suicidio en la cama de rayos UVA destacan en la estupenda dinámica que desarrolla la relación entre ella y Pam, su creadora. Los cambia formas, con Sam y su chica por un lado y Alcide y la manada de lobos por el otro, han aportado bastante más contenido que antes, y aunque el tema de la dirección de la manada no es que me resultara especialmente interesante ha sido bien llevado, con un ritmo pausado pero seguro. Lo de los paletos asesinos de cambia formas ha sido incluso más interesante, sobre todo cuando ha mezclado a más personajes (incluyendo el viejo sheriff).

La parte menos lograda del año ha sido la del fantasma-demonio que acosa a Terry Bellefleur, que ha resultado tediosa y poco sustanciosa. Y siguiendo con lo malo, da la sensación de que no sabían qué hacer con Lafayette, que ha aportado muy poco esta vez. Como es habitual, el problema de algunas secciones es un problema general de la serie: a veces la idea de tener varios personajes yendo cada uno por su lado no funciona del todo, ya sea porque no te caen tan bien, porque su sección llena menos o porque te aparta de otras partes que deseas ver. Por suerte este año eso ocurre menos, tanto por la calidad globar de las mismas como porque de una manera u otra casi todas las historias han acabado cruzándose de vez en cuando. De hecho esta vez Sookie ha estado bastante apartada del hilo central, habiendo pasado temporalmente por casi todas las tramas. Eso implica que ha perdido un poco de protagonismo en ocasiones, al menos hasta que las hadas vuelven a primer plano. Eso sí, de nuevo todo lo visto sobre estos seres no termina de exponerse por completo, dejando muchas cosas para la siguiente temporada, como el misterio de quién es el que mató a los padres de los Stackhouse. Lo mismo que con Sookie ha ocurrido con Jason. En cierta manera ha deambulado por varias historias, pero siempre sin perder interés, pues cada vivencia aporta algo al personaje. Igual ocurre con Jessica, quien ha crecido tanto que no necesita estar en el centro de una trama importante, sino que su búsqueda de un lugar en el mundo da de sobra para que su sección enganche.

En el hilo principal encontramos el esperado retorno de Russell Edginton, el poderoso y temido vampiro que promete echar por tierra el débil equilibrio entre vampiros no violentos y humanos que se ha conseguido contra los vampiros tradicionales, aquellos dispuestos a usar a la humanidad como ganado. La Autoridad Vampírica impone, el resurgir de Russell acojona y la captura de Bill y Eric resulta muy intrigante, y más cuando Bill parece haberse convertido a la religión: ¿está fingiendo o no? Y la religión… en menuda panda de lunáticos convierte a los líderes vampíricos. El grupo resulta fascinante (Roman, Salome y Nora -hermana de Eric- son muy buenos personajes, y Newlin es un puntazo). Toda esta historia promete desembocar en algo grande, y de hecho parece acercarse a ello cuando empiezan a volar las fábricas de Tru Blood, salen de caza drogados y Rusell deja de disimular y se desata… Sin embargo, a pocos episodios del final de la temporada la trama se estanca, prácticamente muere. No avanza, no evoluciona, no consigue adquirir trascendencia (pero qué poco impacto causa esta incipiente guerra). Y lo peor, llega el desenlace y acaba de una forma bastante insatisfactoria. Pocas sorpresas y situaciones sin garra. La caída de Russell es horrible, deja muy mal sabor de boca, y la muerte y resurrección de Bill no emociona y sorprende como pudiera, porque el comportamiento errático del personaje y lo poco claro que queda todo el asunto de la religión le resta coherencia y credibilidad a esa parte.

La labor actoral como siempre resulta soberbia. La puesta en escena espléndida. El estilo que mezcla sordidez con sensualidad y drama con humor es único. Su micro universo de criaturas y personajes estrafalarios sigue resultando espectacular. Con sus logros e irregularidades habituales, True Blood ha vuelto a dar otro año de gran nivel. Lástima que en este caso la sección menos lograda sea el desenlace, máxime cuando suponía la partida de Alan Ball como guionista principal. Veremos si la serie aguanta el tipo sin él… algo que rara vez ocurre.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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OZ – TEMPORADA 2.

Oz
HBO | 1998
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, Edie Falco, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Adewale Akinnouye-Adbaje, Chuck Zito, Christopher Meloni.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo muchos acontecimientos importantes, con lo que no debes leer el artículo si se quieres ver la temporada sin conocer nada.–

La segunda temporada de Oz sigue exprimiendo de forma magistral su enorme grupo de personajes. Las historias, grandes o pequeñas, se desarrollan a toda velocidad, ofreciendo un mosaico de aventuras sin igual capaces de emocionar mientras te remueven por dentro gracias a su profundo análisis sobre el comportamiento humano en situaciones extremas. Hay tantas tramas, tantos roles, tantas perspectivas de distintos temas sociales que es difícil recordarlo todo con detalle al terminar el año, con lo que no es que aguante siguientes visionados muy bien, sino que los pide a gritos para saborearla a fondo. El único punto negativo que puedo ponerle es que a veces parece que no se esfuerzan en mantener algunos secundarios o en explicar adónde han ido, pues a lo largo de toda la serie algunos de estos desaparecen sin más, como en este caso el jugador de baloncesto, el músico y algún otro que han volado de una temporada a otra sin explicaciones (y algunos de ellos también reaparecen como por arte de magia más adelante). Pero claro, esto es un problema heredado de uno de sus grandes atrevimientos: es una de las series con más secundarios fijos que he visto. Muchos están ahí para cumplir el cupo de grupos étnicos o sociales, y aunque no lleguen a adquirir protagonismo siempre son los mismos actores y salen en casi todos los episodios. Le da la serie un aura de realismo enorme, pero claro, es dificilísimo mantener en nómica tantos intérpretes.

Como es complicado alabar tanta genialidad sin citar las vivencias de los personajes, he optado por ofrecer un extenso resumen de las historias principales con comentarios aquí y allá.

El motín ha estado a punto de tirar por tierra el sueño de Tim McManus, quien se empeña en esquivar baches y escalar murallas casi imposibles para sacar adelante un sistema carcelario que reconduzca a los presos para volver a convertirlos en ciudadanos en vez de almacenarlos y castigarlos en prisiones inhumanas. La temporada se abre con la investigación que pretende sacar a la luz las causas que llevaron a semejante situación y si se revolvió como la ley manda o hubo irregularidades. De hecho nos saltamos la resolución de la revuelta para pasar directamente a la investigación y a las secuelas, desgranando poco a poco el misterio de qué pasó con cada personaje. Es cierto que el episodio es el menos logrado del año, pues las pesquisas no tienen tanta fuerza como el resto de historias, pero da buenos momentos y deja un poso que define el rumbo de muchos protagonistas. La lucha de Said, la posibilidad de que Diane matara a un preso a propósito, los problemas de Ciudad Esmeralda para volver a resurgir (politiqueo, jugadas sucias, etc.), los destinos de numerosos encarcelados (unos con el mono, otros rozando la locura)… Cuando Ciudad Esmeralda vuelve a abrir es en esencia el mismo lugar, pero sus gentes han cambiado, unos más y otros menos, unos por el efecto causado por el motín otros por lo vivido hasta ese momento.

Adebisi, a pesar de superar el terrible síndrome de abstinencia durante el encierro, vuelve a las drogas a lo grande y en plan desmadrado, lo que pone en peligro su poder y acrecienta las rivalidades entre grupos. Se mantiene la pugna constante con los italianos, con los habituales ataques, violaciones y asesinatos, pero cuando llega Nappa, un viejo con más experiencia que maneja la situación evitando violencia innecesaria, vuelve a encarrilarlos mientras Adebisi se hunde en sus paranoias.

McManus inicia un proyecto para que la gente estudie, pues con el título tendrán más posibilidad de encontrar empleo y no reincidir en sus crímenes. Como es esperable surgen mil problemas, el primero es que debe romper con los prejuicios y las limitaciones de los presos y el último es el constante recorte presupuestario que manda todo al traste. Con este curso se inicia la salida de Poeta, uno de eso secundarios que parecían puestos para rellenar pero poco a poco fue tomando gran protagonismo. Tiene un punto de ironía su salida, su éxito como poeta rapero… y su caída en desgracia por ser incapaz de distanciarse del mundo del crimen. Su vuelta hunde sus expectativas sobre labrarse de nuevo un futuro, y se mete de lleno en la dinámica de Adebisi.

Beecher, que sigue siendo mi rol favorito, había sido machacado en la primera temporada, pero aquí es destrozado por completo, sumergido totalmente en la locura y desesperación. El bestial plan de Schillinger y Keller, donde éste último finge enamorarse de él para luego humillarlo, termina de eliminar lo poco que quedaba de humanidad y esperanza dentro de él. Esa historia es lo más duro que he visto en una serie o película, una tragedia y una cabronada de proporciones alucinantes. Otro que pierde la cabeza es Álvarez. Sus desequilibrios emocionales son puestos a prueba cuando al grupo latino llega un delincuente conocido que toma el liderazgo exigiéndole pruebas de lealtad: el momento en que ataca a un guardia hasta dejarlo ciego le marcará para siempre.

Said, apoyándose en un libro que ha publicado, sigue manteniendo su constante ataque contra el sistema, ya sea denunciando las irregularidades ocurridas en el motín o de cualquier otra forma, como rechazando el indulto que le ofrecen para quitárselo de en medio, acción que además refuerza su posición ante los demás musulmanes y de paso ante todos los presos, donde también mantiene una lucha constante por no perder su posición de líder espiritual. O’Reily, mi otro gran favorito, para variar está metido en mil fregados. El cáncer exprime su vena de supervivencia hasta límites delirantes: el enamoramiento con Gloria le lleva a provocar el asesinato de su marido como venganza por su rechazo y con la absurda creencia de que así tendrá vía libre para conquistarla. Además se incorpora a la cárcel su hermano, artífice del crimen, quien tiempo atrás sufrió un golpe fatídico en la cabeza que le dejó medio retrasado mental, con lo que deberá cuidar de él constantemente.

Se siembran también semillas para historias que crecerán en próximas temporadas, como la mujer en el corredor de la muerte, o Rebadow y su amigo Busmalis con los planes de fuga, o la presencia de un anciano loco que podría saber algo sobre la muerte del marido de la psicóloga Peter Marie, sucedido muchos años atrás. Pero hay más, muchas más historias, tantas que mezclo lo ocurrido en unas temporadas con lo ocurrido en otras. La calidad y complejidad de Oz es tan grande que, como decía, se puede volver a ver una y otra vez y siempre resultará fascinante.

Ver también:
Temporada 1.

FALLACEN EL COMANDANTE SINCLAIR Y EL EMPERADOR CENTAURI DE BABYLON 5.

El pasado 28 de septiembre falleció Michael O’Hare, un actor con poco éxito pero conocido entre los fans de la ciencia-ficción por su papel como el mítico Comandante Jeffrey Sinclair de Babylon 5 (1994), que dirigió la estación durante la primera temporada y luego apareció un par de veces más en capítulos cruciales con grandes sorpresas sobre el destino de su personaje. Tenía 60 años, y un ataque al corazón le mantuvo en coma varios días, hasta que finalmente murió.

O’Hare es otro actor que se va antes de tiempo, pues apenas había entrado en la vejez, uniéndose así a la maldición de Babylon 5: Richard Biggs (el doctor Franklin) se fue con 44, Andreas Kastulas (G’Kar) con 59, Jeff Conaway (Zack Allan) con 60 y Tim Coathe (el secundario Zathras) con 49.

Por si fuera poco, otro secundario nos ha dejado estos días. Turhan Bey, quien tuvo el punto álgido de su carrera en los años 40 y 50, falleció el 30 de septiembre con 90 años de edad. Interpretó al Emperador Centauri, que aparecía en uno de los grandes episodios de la serie, y volvió a aparecer como ranger minbari en otro capítulo.

THE NEWSROOM – TEMPORADA 1.

The Newsroom
HBO | 2012
Productores ejecutivos: Aaron Sorkin, Alan Poul, Scott Rudin.
Intérpretes: Jeff Daniels, Emily Mortimer, John Gallagher, Alison Pill, Thomas Sadocki, Dev Patel, Olivia Munn, Sam Waterston.
Valoración:

La vuelta de Aaron Sorkin a la televisión ha dado que hablar tanto o más que los jaleos que obtuvo con Studio 60. Ha habido los mismos ataques sin argumentos de gente del gremio que le tiene tirria, se han vertido ríos de tinta sobre la ideología de sus productos y cuál es la frontera entre entretenimiento y panfleto, y también se han puesto en evidencia los problemas de su nueva propuesta, porque tener resulta que sí los tiene.

Recuerdo que al escribir sobre la magnífica Studio 60 indicaba que Sorkin había pasado de la sensible e inteligente enseñanza de El Ala Oeste a un tono que se acercaba peligrosamente al adoctrinamiento. Pues bien, The Newsroom da el paso definitivo y es toda ella un sermón demócrata y antirrepublicano, y claro, de tanto aleccionar y tratar de forzar al espectador a tomar un único punto de vista ideológico muchos de ellos pueden terminar rechazando la propuesta indistintamente de la calidad que ésta ofrezca. No me cabe duda de que Sorkin es muy inteligente, así como uno de los mejores guionistas de la historia, pero está perdiendo el foco. El ataque al Tea Party y todo el ramo conservador de la política y sociedad estadounidense toma demasiado protagonismo, absorbiendo personajes y tramas en discursos demasiado evidentes, machacones y reiterativos. Incluso llega a afectar a la credibilidad del protagonista principal, pues nadie se traga que semejante crítico con los republicanos sea un republicano: su forma de pensar y actuar es muy pero que muy demócrata, demasiado abierta, progresista e inteligente para lo que es un conservador en Estados Unidos.

Eso sí, no puedo dejar de comentar que curiosamente hay un extraño capítulo donde se produce todo lo contrario: el centrado en la caída de Osama Bin Laden. El tufo patriótico que destila el episodio que narra su asesinato es alucinante para una serie que toma claro partido por el pensamiento de izquierdas. Que los periodistas de una redacción tan dedicada y que siempre busca la verdad no analicen el caso, se pregunten por qué se ejecuta sin juicio, busquen la verdad sobre cómo se llegó a Bin Laden y si había intenciones de ejecutarlo para ocultar algo, es tan sorprendente como vergonzoso. Se ve que Sorkin le tenía manía, y aquí se olvida de todos sus mensajes para lanzar un canto al militarismo y el gobierno a golpe de atentados con dudosa justificación. Así pues, el capítulo confirma que la serie no pretende ser objetiva ni realista, sino que defiende lo que le da la gana a su autor.

La base desde la que se dibujan los protagonistas es la misma que ha empleado en sus producciones precedentes, las dinámica de las relaciones también, y el día a día en la oficina sigue el mismo patrón que vimos en ellas. Encontramos que Will y Mac son como Danny y Jordan de Studio 60, o que Maggie y Jim son una suerte de Donna y Josh (El Ala Oeste) o de Matt y Harriet (Studio 60). Por suerte no es grave, pues cada uno está muy bien definido y va creciendo por caminos distintos, amén de que es normal que en cada autor se note su estilo. Algunos roles resultan encantadores (las locuras de Maggie), otros admirables (la entereza externa llena de dudas internas de Will), otros fascinantes (Charlie es un jefazo)… aunque bueno, en esta serie se da el caso de que tenemos un tipo insoportable que se merece un Mandy Hampton inmediato: el informático indio pesado, Neal.

Pero este plantel también arrastra algunos lastres importantes. Es una pena que roles atractivos con numerosos diálogos ingeniosos marca de la casa pierdan entereza y credibilidad por momentos puntuales en los que a Sorkin se le va la pinza. A lo dicho ya sobre la credibilidad de Will como republicano hay que añadir las excentricidades de Mac. Se supone que es madura, inteligente y muy experimentada en situaciones de estrés… pero se comporta una criaja histérica que tiene ataques de nervios cada dos por tres y presenta una torpeza manifiesta que desentona un montón con lo que se nos presentó sobre ella. O sea, se dice una cosa pero se ve otra. Y en cuanto al triángulo amoroso entre Maggie, Don y Jim, peca de forzado, de evidente (facilón, previsible) y se estira demasiado… y decir esto en una sola temporada de diez episodios no augura nada bueno para su futuro.

Después de soltar todo esto quizá sorprenda al afirmar que The Newsroom me parece una serie de notable. Los personajes enganchan, sus emociones y problemas llegan con fuerza (la tensión sobre la resolución del trío amoroso, por pastelosa y simplona no es menos eficaz). Cada episodio atrapa con intensidad, regalando tramos espectaculares, como las llamadas misteriosas a Charlie o el acoso de la revista del corazón que usa la jefa del canal para derribar a Will. Sorkin deslumbra como es habitual con diálogos geniales, un manejo sublime del tempo narrativo (si quiere hacerte reír, o inquietarte, o sufrir por un personaje… lo hace como si fuera fácil) y en general consigue una serie de muy buen nivel y notablemente entretenida. Sus problemas no son derivados de partes que pudieran no tener calidad suficiente o de fallos enormes en su escritura, sino de excesos que desequilibran y limitan un producto de primera división e impiden que despliegue todo su potencial hasta alcanzar un esperable o deseable sobresaliente. The Newsroom sólo roza el impresionante nivelazo de Studio 60 en momentos sueltos, y compararla con El Ala Oeste es prácticamente perder el tiempo. Así pues, con sus altibajos e imperfecciones puntuales en un conjunto muy bien encaminado, resulta una serie difícil de puntuar y catalogar. En mi opinión tenemos un drama de denuncia inteligente pero demasiado explícito que se puede disfrutar mucho si no se choca contra su barrera ideológica.

PD: recuerdo los chistes que en Studio 60 hacían los personajes sobre que si querías realizar una serie inteligente que no fuera cancelada por las audiencias tenías que irte a la HBO y no puedo sino sonreír.