SEX EDUCATION – TEMPORADA 1

Netflix | 2019
Drama, comedia | 8 ep. de 46-52 min.
Productores ejecutivos: Laurie Nunn, Jamie Campbell, Ben Taylor.
Intérpretes: Asa Butterfield, Ncuti Gatwa, Emma Mackey, Gillian Anderson, Alistair Petrie, Connor Swindells, Aimee Lou Wood, Kedar Williams-Stirling, Mimi Keene, Tanya Reynolds, Patricia Allison, Simone Ashley, Mikael Persbrandt, Jim Howick, Rakhee Thakrar, Samantha Spiro, Sami Outalbali, Chaneil Kular.
Valoración:

La inglesa Laurie Nunn, con padre director y madre actriz, acabó siguiendo sus pasos, estudiando para artes cinematográficas en un periodo que pasó en Australia (2007) y un máster del mismo campo al volver a Reino Unido (2012). Aparte de tres cortos que rodó entretanto, poco más se sabe sobre su vida y trabajo. Pero presentó a Netflix una propuesta que la ha catapultado a lo más alto de la televisión: Sex Education ha sido un éxito rotundo en todo el mundo. Sus principales colaboradores en el guion (Sophie Goodhart) y la dirección (Ben Taylor) tampoco son nada conocidos, aunque este último tiene más experiencia. También ha servido como presentación de algunos talentos: la directora Katie Herron saltó de aquí a Loki de Disney/Marvel (2021).

La propuesta es muy acorde a estos tiempos donde se abraza la diversidad, hablar y tratar todos los problemas en vez de barrerlos bajo la alfombra de los tabúes, de hecho, se pone a la vanguardia como una de las obras más valientes e inteligentes en un panorama televisivo ya de por sí muy rico, y además, aplicando este punto de vista a un nicho muy cobarde y encorsetado en infinidad de clichés: las series de adolescentes e institutos. Salvo la influyente Buffy, la Cazavampiros (Joss Whedon, 1997), prácticamente ninguna se ha atrevido con historias más realistas, y esa lo hacía disimuladamente bajo el paraguas de la fantasía.

En el centro de educación secundaria Moordale conocemos a alumnos de orígenes y personalidades muy dispares, y a unos pocos profesores y padres. Todos enfrentan los problemas habituales de la vida, pero nos centramos sobre todo en las relaciones personales y la sexualidad. Nunca antes se había tratado con tanto descaro y a la vez delicadeza el sexo de los adolescentes. Se habla sin cortapisas de ningún tipo sobre una gran variedad de temas, abordando los males del desconocimiento, los tabúes y censuras, y abrazando la libertad sexual, aunque obviamente sin olvidar la responsabilidad.

El guion es brillante. En pocos episodios Nunn y su equipo despliegan un mosaico de personajes que cobran vida propia, rebosan personalidad y simpatía, y un sinfín de historias entrelazadas que resultan una montaña rusa de emociones, aunque predomina un tono ligero con el que intentan sacar algo positivo y emocionante de cada situación, por dramática que sea esta.

Otis Milburn es un chico tímido y marginal que intenta hacerse un hueco en el rígido escalafón social; su madre es terapeuta sexual, lo que genera situaciones incómodas, sobre todo porque él sigue sus pasos dando consejos en el instituto pero a la vez tiene conflictos internos muy enquistados que le impiden tener relaciones sanas, empezando por el abandono de un padre inepto. Asa Butterfield, el más conocido de los jóvenes del reparto (El juego de Ender -2013-, La invención de Hugo -2011-), muestra muy bien sus dudas y temores. Su fiel amigo Eric Effiong es un homosexual extrovertido al que le da igual lo que piensen de él, y Ncuti Gatwa nos deleita con una interpretación llena de pasión. Maeve Wiley ha madurado a base de palos: familiar rota, pobreza… Esta madurez es tanto envidia de muchos como motivo de rechazo. Emma Mackey le otorga un punto de melancolía enternecedor. Otis y ella conectan, sobre todo al crear la clínica sexual amateur, pero la relación amorosa está maldita, el destino les pondrá mil trabas. La enorme química entre Butterfield, Mackey y Gatwa y nos dejará un sinfín de escenas deliciosas.

Gillian Anderson como Jean, la madre de Otis, está como siempre estupenda, y más con la relación tan tormentosa y graciosa que tiene con su nuevo novio, el exótico Jakob Nyman (Mikael Persbrandt). La hija de este, Ola (Patricia Allison), caerá en la órbita de Otis también, mostrando la inexperiencia y problemas de ambos en el amor y el sexo. Aparte de algunos profesores muy simpáticos, destaca el director del centro, el estirado y conservador Michael Groff, con Alistair Petrie bordando una interpretación contenida de las difíciles. La falta de amor lleva a su hijo Adam (Connor Swindells) a convertirse en el matón, aunque no tardaremos en ver su fragilidad interior. Aimee Gibbs parecía la chica más avispada, pero pronto se descubre que todo es fingido y está hecha un lío; Aimee Lou Wood es un encanto. Su pandilla de pijas es de lo más heterogénea y fascinante, y cada miembro irá cobrando protagonismo poco a poco. Otros van más por libre: la friki Lily Iglehart (Tanya Reynolds) deambula por ahí con sus propias aventuras, y el venerado atleta Jackson Marchetti (Kedar Williams-Stirling) no aguanta la presión.

Algún pero se puede sacar, porque no se libra de padecer los típicos males del género. La dificultad de mantener algunas relaciones en tensión pesa en algunos momentos, en concreto, la de Otis y Maeve resulta muy bonita en general, pero dan algunas vueltas en círculos que podría haberse resuelto con más naturalidad. Algunas secciones pueden tener una trayectoria bastante predecibles, como la del matón, pero se perdona bastante porque a fin de cuentas resumen vivencias reales muy comunes. A veces parece que tenemos historias demasiado adultas para adolescentes de 16-17 años y que serían más propias de universitarios. Por extensión, es inevitable lo de siempre: los actores tienen casi todos unos veinticinco años, y aunque desde luego dan el pego mejor que muchas series de los años noventa (Buffy, la Cazavampiros es de nuevo la excepción), muchos parecen también más bien universitarios.

El acabado es deslumbrante. La fotografía es de las más elegantes de los últimos años, un derroche de versátiles planos amplios y largos trávelings. Los directores imprimen un ritmo trepidante pero sabiendo siempre sacar lo mejor de los actores e materializar todo el sentimiento que necesita cada escena. También cabe destacar un estilo atemporal, con tecnologías modernas como los móviles mezclados con una estética noventera en hogares y coches y un vestuario dispar imposible de ubicar en una sola época. La localización tampoco se menciona. Es Reino Unido, pero quitando las clásicas carreteras estrechas entre pequeños pueblos, encontramos unos paisajes y escenarios que pasarían por cualquier otro lugar de Europa y muchos del Estados Unidos más influido por el viejo continente. Este es un buen truco para acercarse a espectadores de cualquier lugar y edad.

Al ser una temporada muy corta no da tiempo a necesitar rellenos, pero eso también implica que todo ocurre a toda velocidad y termina sabiendo a poco. Por suerte también, al haber tantos personajes e historias invita a verla de nuevo de vez en cuando en modo maratón sin que acuse desgaste.

-> Temporada 1 (2020)
Temporada 2 (2020)
Temporada 3 (2021)

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