THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 3.

The Wire
HBO | 2004
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Idris Elba, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, J.D. Williams, Chad L. Coleman, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la historia del año para poder analizar su mensaje y alcance, y cito la trayectoria general de los personajes intentando no caer en cosas reveladoras ni giros importantes.–

Una nueva etapa se está gestando en la ciudad de Baltimore. Vientos de cambio se aproximan para los grupos que nos conciernen, políticos, policías y nacrotraficantes. David Simon utiliza este nuevo curso para exponer otras perspectivas sobre el fracaso legal, social y político de la lucha contra el narcotráfico, destacando el planteamiento de una cuestión no por antigua menos delicada: la legalización de las drogas.

El otro tema central es la cadena de mando. Ya vimos cómo trabajan los detectives y policías a pie de calle, y los altos mandos sólo aparecían para dar órdenes y fastidiar. Ahora conoceremos a fondo la estructura del cuerpo de policía en sus rangos superiores: mayores, capitanes, coroneles, comisarios y finalmente concejales y alcalde. Este alcalde, Royce (Glynn Turman), está hasta el cuello de homicidios, que van camino de batir récords, y mete presión para bajar esa cifra. Se esperan 275 asesinatos para el fin de año en una ciudad de dos millones de habitantes; como indican los personajes, si ese ritmo se diera en New York serían… ¡4.000 homicidios al año! El subcomisario Rawls y comisario Burrell son el nexo de unión del cuerpo de polícía con el ayuntamiento, y quienes se comen el marrón. Pueden rodar sus cabezas si no arreglan una situación que conocen muy bien como imposible de mejorar con el presupuesto y el personal disponibles. Pero aun así presionan con fuerza a los líderes de los distintos distritos de la ciudad, esperando un milagro imposible porque su visión es tan conservadora como la del resto de políticos y de gran parte de la sociedad. Se aferran a lo conocido, luchan con las mismas herramientas de siempre. Si antes nada de eso funcionaba, no lo va a hacer ahora.

Pensé en legalizar las drogas -Bunny Colvin.

Pero una mente inquieta emerge. Alguien asqueado del conservadurismo, la estrechez de miras y las tácticas obsoletas, alguien que no tiene nada que perder (está al borde de la jubilación) y decide experimentar a lo grande. El Mayor Bunny Colvin (Robert Wisdom), de una comisaría del distrito Oeste, decide seleccionar zonas deshabitadas y forzar que todo el tinglado de la droga se concentre ahí, prometiendo a los narcotraficantes más visibles (los que tienen fichados de las esquinas) que sus policías harán la vista gorda al tráfico en esas secciones pero serán implacables fuera de ellas. No será fácil, pero la respuesta no tarda en llegar: los vecinos de las zonas habitadas viven mejor, los crímenes de la lucha por territorio, es decir, la causa principal de los homicidios, descienden en picado. Y los drogadictos y vendedores hacen su agosto. Hamsterdam lo llaman.

Huelga decir que Colvin será visto como una oveja negra, como un lunático, en vez de aprovechar su visión para estudiar una vía que no pocos defienden con argumentos de peso. Sin ir más lejos, incluso otras personas también abiertas a nuevos conceptos sociales (humanistas, colaboradores en organizaciones sociales y religiosos implicados en las miserias el pueblo llano) le recriminan que lo ha hecho a lo bruto, sin pensar en las consecuencias ni explorar opciones adyacentes que podrían mejorar su plan: los niños que ya no son vigilantes y corredores de la droga quedan desamparados, la higiene no se cuida (agua potable, preservativos, agujas limpias), no hay ayuda para drogadictos en un sitio donde se podría llegar con fuerza a muchos de ellos, etc.

Además su acción supone un giro brutal a la ética vigente que chocará con las mentes simples. Sus agentes, encabezados por nuestros conocidos Carver y Herc, son completamente fieles y tienen mucha fe en él, porque resulta ser uno de los pocos superiores que se gana el respeto de sus hombres no siendo un hijo de puta que mira únicamente por sí mismo. Pero la situación atenta contra todo lo que conocen, supera a su escasa educación y su limitada visión del mundo. Es lastimero por ejemplo el momento en que Carver intenta que los jefes de las esquinas aporten dinero para ofrecer alternativas a los niños que se han quedado sin el trabajo que les daban, y Herc le recrimina que eso es comunismo, como si estuviera haciendo algo inadecuado o inadmisible. El capitalismo lava bien lavado los cerebros del populacho.

A más de diez años de esta temporada está pasando algo impensable: algunos estados están experimentando con la legalización total de la marihuana, viendo llegar pronto los esperables beneficios para la salud pública y el aumento de recaudación por impuestos. No puedo considerar a Simon un revolucionario sin parangón porque esto se lleva pidiendo muchos años, incluso en algunos lugares medio se hacía (Países Bajos), pero sí fue enormemente visionario e inteligente al ofrecer un análisis tan concienzudo del asunto. Episodio a episodio va removiendo conciencias sin forzar mensajes o una ideología concreta, solamente mostrando un complejo “y si…” que estudia todas las caras posibles de la situación. Como en toda la serie, la perspectiva es gris y se inclina hacia el fracaso sencillamente porque es un retrato realista de nuestro fracaso como personas y como sociedad, pero deja un gran poso para que pienses por ti mismo qué falla y qué se puede arreglar en el mundo.

El concejal Carcetti es otro con visión de futuro y aspiraciones. No acepta pasar al olvido en un puesto de segunda y sin poder para cambiar las cosas, y más mientras el alcalde se aferra al cargo sin mirar realmente por la ciudad, presionando al cuerpo de policía sin ofrecer alternativas tangibles. Así que empieza a tantear la posibilidad de presentarse a la carrera por la alcaldía. Lo tendrá difícil por ser blanco en una ciudad de mayoría negra, pero también por estar fuera de los círculos de influencia y poder habituales. Tiene que hacerse notar con su carisma nato, y es inteligente de sobras para escuchar consejo, plantearse las cosas paso a paso, buscar alianzas provechosas, esperar el momento oportuno… ¿Tendrá posibilidades ante la hegemonía de Royce? ¿Podrá su buena fe acabar con la infamia de la corrupción? Carcetti se alza desde sus primeras escenas como otro personaje de enorme magnetismo, siendo por lo general uno de los principales favoritos del público (tras McNulty, Omar y Stringer, el trío de oro, seguramente sea el siguiente). La interpretación entusiasta de Aidan Gillen (ahora conocido por su Meñique en Juego de tronos) es crucial, pero aprovecho para decir que como es habitual todos los actores están espléndidos y es difícil destacar a alguno, si se recuerdan unos más que otros es porque su personaje tiene algo que lo hace más apetitoso.

En las calles que conocíamos las cosas también están llegando a un punto de inflexión. Nos encontramos que, con Avon en la cárcel, Stringer ha tomado las riendas y está dirigiendo el mundo de la droga hacia algo nunca visto, una mafia más inclinada hacia la gestión económica que hacia el crimen. Con las torres que dominaban derruidas por un nuevo proyecto de construcción, hay que buscar nuevos territorios, y hay una opción mejor que liarse a tiros: ofrecer un producto de tal calidad que no sea rival para la competencia. Para ello cuenta con Proposition Joe, el proveedor mejor establecido, con quien sienta las bases de una alianza con los líderes de las distintas zonas de la ciudad. Mientras, también maneja otros planes a largo plazo: lavar el dinero de la droga y moverse hacia negocios más legítimos, o al menos mejor vistos, como las inversiones inmobiliarias y los sobornos políticos para ascender en la ciudad. Ahí se enfrentará a capos que juegan de una forma que no conoce, los políticos corruptos. Parece llegar un futuro muy próspero… pero varios jugadores y nuevos factores prometen desestabilizar este sueño…

Marlo (Jamie Hector) es el ambicioso y beligerante líder de una nueva banda con intenciones de hacerse un nombre en la ciudad, pero su estilo es a la antigua usanza, la violencia en la calle, por lo que no le atraen los beneficios de la cooperativa de Stringer. Huelga decir que él y su séquito (Snoop –Felicia Pearson-, Chris –Gbenga Akinnagbe-) forman otro grupo de personajes maravillosos que atrapan desde sus primeras apariciones. El otro problema es que Avon Barksdale sale de la cárcel y mantiene también su mentalidad callejera: como Marlo, su visión del mundo se limita a la pistola y la esquina, su vida es el éxtasis de la guerra, le domina el hambre de poder ganado por la fuerza. Lo que estaba construyendo Stringer choca con el método de Avon, y el liderazgo parece dividirse.

Sin un capo que deje un reguero de muertos, en el destacamento de Cedric no tienen a quien investigar, y matan el tiempo con intentonas infructuosas y acercamientos a otros individuos con perfil medianamente atractivo. Pero la inminente guerra con Marlo empieza a traer víctimas y su suerte podría cambiar… si no fuera porque se enfrentan a nuevos escollos. Los criminales aprenden con cada varapalo que les trae la policía. Las cabinas telefónicas y los buscas ya están obsoletos, son objetivos fáciles de las escuchas policiales. Ahora utilizan móviles prepago, y cómo no, manteniendo una cadena de mando muy estricta donde no se sueltan nombres. La tecnología del departamento y la ley en general van lentos adaptándose a estos cambios, y la habilidad de Stringer para no ensuciarse las manos es notable, poniendo ante los agentes retos muy complicados.

En esta situación McNulty se desespera, pues Stringer es su objetivo y su obsesión, no desea otra cosa que atraparlo. Tenemos una escena fantástica cuando Lester se harta y le echa en cara que su vida se limita a perseguir a Stringer y que quedará vacía cuando acabe la misión. ¿Conseguirá madurar? Mientras, Kima está convirtiéndose en McNulty: deja de lado la familia, miente, se emborracha más de la cuenta, trabaja para huir de la vida… El resto de personajes están en terreno conocido, pero también tienen mucho que decir. Lester y Prez hacen un fantástico trabajo de oficina, pero en cuanto este último pisa la calle mete la pata a lo grande. Cedric sigue lidiando con los superiores y Rhonda con la ley y los jueces, donde encuentran nuevos problemas (el lío de los prepago) pero también nuevas cosas buenas (su relación amorosa).

Como siempre, tenemos otras historias secundarias tan interesantes y hábilmente relacionadas con el resto que resultan deliciosas aunque de primeras no se sepa muy bien hacia donde van. Por ejemplo el viaje de Cutty es una presentación muy larga de algo que se desarrollará en la cuarta temporada: el acercamiento a los jóvenes y niños. Este es un antiguo y famoso soldado que tras cumplir una larga condena sale para enfrentarse a un mundo que ha seguido adelante sin él. Los trabajos precarios lo llevan de nuevo a lo que conoce, el crimen, pero ahí se da cuenta de que matar ya no es lo suyo, y comienza un proyecto para devolver algo a la sociedad. Esta sección está bastante apartada del resto, por no decir que lo está por completo, pero Simon es un maldito genio y ni una de sus apariciones ralentiza el ritmo o baja el interés: la construcción del personaje es como siempre excelente, el actor Chad L. Coleman lo hace suyo inmediatamente, la historia interesa y enseña mucho sobre la vida. Tampoco olvidamos a otros viejos conocidos. Omar sigue su cruzada de asaltos varios mientras espera una oportunidad para vengarse de Avon y Stringer; su encuentro con Bunk o el choque con el asesino de la pajarita son muy emocionantes. Bubbles continúa su odisea del drogata, es decir, conseguir dinero para la dosis del día y sobrevivir un día más; y sus colaboraciones con McNulty y Kima son tan encantadoras como siempre.

En cuanto a los mejores instantes de la temporada, aparte de alguno que he ido citando, como también es habitual tenemos unos cuantos por capítulo. Qué menos se puede esperar de una genialidad de tal calibre. Menciono los que más recuerdo, pero se podrían poner muchos más. Avon cruzando el patio de la cárcel mientras los demás reclusos dejan de hacer deporte y esperan a que pase; el juego de las corbatas cortadas que se traen los detectives en una comisaría y el de las latas lanzadas al tejado en otra, que tardarás en ver explicado; la historia que cuenta Bunny sobre la bolsa de papel para esconder la bebida; las tensas reuniones del alto mando sobre cómo va el crimen en la ciudad; Cutty dejando la banda, y en otro momento pidiendo dinero a Avon; la fugaz visita de McNulty a Beadie; la tensión entre Avon y Stringer mostrada en varias escenas magistrales (la del piso es memorable); Stringer conociendo de primera mano la corrupción política y flipando en colores; cuando un esquinero novato intenta vender sin darse cuenta de que es el coche de un policía de alto rango (la radio encendida, el traje puesto); Cheese detenido y cantando por un asesinato que resulta ser su perro de peleas…

Esta temporada es tan colosal que el adjetivo de obra maestra se queda corto, es complicado describir tanta magnificencia con palabras. Su valiente análisis social, complejo y conmovedor hasta el punto de que parece que estás viendo la realidad misma. El grandioso mosaico de personajes, todos tan humanos y cautivadores que te interesas hasta por los más secundarios, pero los más queridos se hacen un hueco en tu corazón para siempre. La densa pero fascinante trama policíaca y criminal, con infinidad de historias, giros y detalles nunca vistos y sin perder nunca ese gran nivel de veracidad. El amplísimo reparto de actores enormes que se adaptan férreamente a sus roles, y a los que te enganchas tanto que eres capaz de ver otras series sólo porque salen ellos. Y finalmente la en apariencia sencilla puesta en escena, que hace gala de un tempo narrativo envidioso y desgrana la historia con gran fluidez. No hay serie más difícil y a la vez mejor ejecutada que The Wire, y las temporadas tres y cuatro suponen una cima creativa que parece inalcanzable.

PD: Robert F. Colesberry, aparte de interpretar al detective Ray Cole (uno de esos secundarios que pululan por la comisaría), era uno de los principales productores ejecutivos. Falleció por problemas de corazón y en la serie no se olvidan de matar al personaje, aunque fuera de escena. Su nombre se mantiene en los créditos toda la temporada.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

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