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EL SÉQUITO – TEMPORADA 8 Y FINAL

Entourage
HBO | 2012
Comedia, drama | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein, Ally Musika.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Beverly D’Angelo, William Fichtner, Scott Caan, Rhys Coiro, Alice Eve.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante las tramas del año, incluyendo algún desenlace.–

Tras tantos años ya es difícil sorprender, y menos cuando las historias personales están encaminadas hacia líneas concretas. Así, se puede decir que vamos un poco con la inercia en los dos personajes más prominentes, Eric y Vince. “E” no tiene ningún conflicto laboral interesante, salvo los roces de siempre con el inmaduro de Scott Lavin. ¿Qué hay de la lucha por afianzar sus nuevos puestos como directores de la compañía? Nada se ofrece en este campo, Scott y él viven como dos empleados sin muchas preocupaciones. Y en lo personal van a lo más fácil en la relación con Sloan: las típicas disputas, el romance en eterna tensión, donde incluso con el consabido embarazo no se atreven a darles un cierre en un sentido u otro. Vince sale de rehabilitación como si nada hubiera pasado. No es adicto, dice, y continúa con su vida sin secuelas. Me parece un tanto cobarde no haber seguido explorando su caída al abismo y sus esfuerzos por salir a flote. En lo personal también lo embarcan en un idilio un tanto forzado, con ese precipitado enamoramiento con una periodista y el soso desenlace de la improvisada boda.

En ambos casos las historias funcionan aceptablemente bien por la simpatía de los personajes, las situaciones y diálogos ágiles marca de la casa y los giros imprevisibles. Así, lo del embarazo se convierte en una locura divertidísima cuando se meten de por medio la aventura con Melissa, la madre de Sloan, y el padre, Terrance, aparece para meter miedo. Vince tiene alguna situación más llamativa (atención al conocido que se pega un tiro), y en lo emocional hay que decir que sus intentos de ligar con la primera chica que lo rechaza son emocionantes, aunque la relación no tenga un recorrido ni un final elaborados y sorprendentes.

Las otras secciones traen más novedades y movimiento. Bueno, quizá la de Tortuga no es muy recordable, pero al menos sus líos con el tequila han influido en su personalidad, se lo ve más maduro, y sigue luchando por sacar nuevos proyectos adelante. Drama tiene la trama más tensa, con el lío en la serie de animación, donde su compañero de reparto se mete en una protesta absurda para cobrar más sin haberla estrenado aún. Hay una buena sensación de un destino incierto, se sufre bastante con el personaje, que no parece levantar cabeza ni cuando consigue un trabajo digno. El divorcio de Ari es la parte más valiente en cuanto a avanzar y profundizar en los personajes. Su viaje por el infierno, bien merecido en este ególatra machista, es la mar de ajetreado, y conforme se intuye el intento de arreglarlo hay que alegrarse porque no se resuelve con cuatro tópicos, sino paso a paso y con esfuerzo. El que peor parado vuelve a quedar es Lloyd, quien tras prometer bastante inexplicablemente fue relegado a secundario del montón.

El truco que tienen los productores para evitar que el desgaste pese mucho es condensar los diez o doce episodios que íbamos teniendo en ocho, de manera que todo ocurre con un ritmo vertiginoso muy bien exprimido, sobre todo en los capítulos finales, muy intensos y emocionantes. Y como siempre, las vivencias en el día a día son variadas y encantadoras, con momentos cómicos muy efectivos y las sorpresas que cada dos por tres alteran todo inesperadamente. Así, las ves de un tirón muy entretenido y acabas con una sonrisa en la boca, pues te lo has pasado tan bien como en otros años…

Pero al poco piensas que podían haber ofrecido algo más trascendente y mejor trabajado, que para ser el final se han quedado un tanto cortos. No se aporta nada novedoso en cuanto a la particular visión de Hollywood que veníamos viendo. Ni Vince ni Eric se sumergen en algún proyecto apasionante, como el siguiente paso obvio, dirigir un filme por parte del primero y mantener a flote la empresa el segundo. Lo de meterse a director se dejó para la película de cines que llegó en 2015, pero ahí hacen lo mismo, dejarlo de lado por aventuras menos complejas, sin la savia y energía que mostró la serie en sus mejores momentos.

Ver también:
Temporada 7.
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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THE CROWN – TEMPORADA 2

Netflix | 2017
Drama, histórico | 10 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, Stephen Daldry, varios.
Intérpretes: Claire Foy, Matt Smith, Vanessa Kirby, Jeremy Northam, Anton Lesser, Victoria Hamilton, Will Keen, Pip Torrents, Harry Hadden-Patton.
Valoración:

Casi podría copiar el comentario de la primera temporada, porque la tónica y la calidad es la misma. Seguimos las andanzas del reinado de Elizabeth II, la corte, y a veces el gobierno, tratando de formar con ello una visión global de la historia reciente de Reino Unido. Pero, como en la primera etapa, parece que sus autores (Peter Morgan a la cabeza) siguieran sin un consenso claro sobre qué contar, si la historia del país o la vida personal de la reina.

Esta vez han abierto un poco más el foco, cambiando el punto de vista en algunos capítulos de la monarca a otros personajes principales (los dos primeros ministros -Eden y MacMillan-, Margaret, Philip y el duque de Windsor), pero todavía da la sensación de que no basta, de que el cuadro completo de Reino Unido sigue dejándose de lado para centrarse en historias menos trascendentales de la corte. Así, la crisis del canal de Suez parece un tanto ajena al resto de la serie, y la aproximación al matrimonio de MacMillan no digamos. La perspectiva también falla a la hora de mostrar al pueblo llano, del que no sabemos nada hasta que aparece el periodista que saca los colores a la rancia corona y los obliga a modernizarse un poco. En estos casos es como pasar de cero a cien, pues el resto se centra demasiado en los dramas personales de la reina y sus allegados y en anécdotas en principio poco prometedoras. La unión de las dos vertientes se puede hacer bien, como demuestran otros momentos donde la relación de la política nacional y mundial con las vivencias de Elizabeth se gestiona mucho mejor: la visita de los Kennedy, la siguiente crisis africana y algunos tramos de las caídas en desgracia de los ministros.

Este problema de foco se disimula un tanto porque, como en la primera temporada, todas las aventuras las narran con un cuidado extremo en la confección de escenas y diálogos, en la situación emocional de los implicados, y, sobre todo, en el aspecto visual e interpretativo, que resulta sublime. La fotografía es un portento de cuidado, los decorados y efectos especiales magníficos, y la labor de los diversos directores excelsa, conformando una serie más que hermosa arrebatadora, tanto que bordea ser empalagosa. El guion es inteligente, sutil, detallista… tanto que se acerca demasiado a un tono pretencioso, tal es el esfuerzo por dotar de relevancia a cada acontecimiento. Pero en ambos casos eluden esa sensación con elegancia, resultando un entretenimiento deslumbrante y adictivo. En algunos capítulos puedes terminar pensando en que no te han contado nada realmente importante, pero el viaje resulta la mar de emocionante. Por ejemplo, la odisea de Margaret con el fotógrafo bien podría haberse narrado en quince minutos, pero sus autores logran una película romántica notable. Sólo en los dos últimos episodios fallan, pues en ellos se atascan en clichés muy vistos (el niño inadaptado, con topicazos cargantes como el dichoso muro), sin ser capaces de darle una perspectiva más ingeniosa y atractiva como sí consiguen en el resto del año.

El notable reparto tiene algunas nuevas presencias de calidad, como Mathew Goode, pero por lo demás se mantiene en la tónica del año previo: Claire Foy está impecable como la reina, con un trabajo lleno de sutilezas y gestos contenidos realmente complicado, y Matt Smith como su marido sigue siendo el eslabón más débil, saliendo airoso sólo porque tiene cierto carisma. El resto de grandes actores, sean conocidos o no, están de nuevo impecables.

A pesar de su ligera irregularidad, tanto en objetivos como en calidad, The Crown es la mejor muestra actual, sea cine o serie (también es otro caso donde esta frontera se difumina casi por completo), de que se puede contar más o menos lo mismo de siempre y salir no sólo airoso, sino logrando una obra de gran nivel. Una vez sumergida en ella es fácil olvidarse de sus carencias y enamorarse de su factura impecable, sus personajes deliciosos, los certeros diálogos, la épica que son capaces de conferir a historias a veces mundanas, pero otras también bastante jugosas. Además, van cogiéndole el punto a la crítica ligera y al humor, que da pie a algunos momentos irónicos bien conseguidos, en plan “sí, sabemos que la corona y todo lo que le rodea son costumbres anticuadas, algunas un tanto ridículas, y sin duda muchos de la corte también lo sabían”. En el tramo final de hecho esta última noción pasa a primer plano: la reina aceptaría que Philip haya tenido aventuras, porque su matrimonio es imagen política. Con ello la serie sigue mitigando la impresión inicial de que era un tanto conservadora. Ahora falta que se centren un poco más en el rango de historias elegidas, porque sigue habiendo latente una obra de sobresaliente.

En próximas temporadas, para adaptarse a la edad de los personajes, habrá cambio de reparto. Olivia Coleman (Broadchurch, El infiltrado) encarnará a la reina (con lentillas para aclarar sus ojos, supongo), y, conociéndola, me parece una buena elección. Más llamativos resultan Helena Bonham Carter (Harry Potter, El club de la lucha) como Margaret y Paul Bettany (Master and Commander) el duque de Edimburgo, sobre todo este último, un actor muy intrautilizado. El resto del reparto está pendiente a la hora de escribir esto.

Ver también:
Temporada 1.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 5 Y FINAL

BBC America / Space | 2017
Drama, suspense, ciencia-ficción | 10 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: John Fawcett, Graeme Manson, David Fortier, Kerry Appleyard, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kevin Hanchard, Maria Doyle Kennedy, Kristian Bruun, Ari Millen, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Skuler Wexler, Cynthia Galant, Lauren Hammersley, Stephen McHattie, Kyra Harper, Rosemary Dunsmore.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo la temporada. —

Me alegré cuando anunciaron que la quinta sería la última temporada de Orphan Black, porque era evidente el desgaste creciente. Y si bien la pequeña remontada en la cuarta recuperó mi fe, siendo además alentada porque con el final a la vista era de esperar que se pusieran las pilas, el presente curso ha sido el más flojo, hasta el punto de resultarme una decepción donde ni si quiera el desenlace ha disminuido las malas sensaciones, de hecho las ha agravado.

El problema se empezó a hacer patente en la segunda sesión y más grave en la tercera. Es el virus de Expediente X, eso de que los guionistas se empeñan en alargar las tramas dándole giros sensacionalistas poco meditados, añadiendo una maraña de capas que no sirve para disimular la falta de ideas y esfuerzo. En este caos las virtudes iniciales se iban diluyendo. Las agradables y entretenidas aventuras de las clones sobrellevando sus vidas empezaban a quedar demasiado eclipsadas por la impostada seriedad y el farragoso entendimiento del thriller de conspiraciones. El cuarto año recuperó un poco las formas, y auguraba que el tramo final iría al grano intentando arreglar el entuerto… Pero me temo que este virus alcanzó una extensión fatal y los escritores no han sido capaces de encauzar las cosas.

Lo peor es que da la sensación de que se aferran a unos pocos malogrados puntos clave y no son capaces de ver más allá, ni sus errores ni las necesidades de la historia. Uno ya lo conocíamos y estaba bien gastado: la dichosa enfermedad de las clones, que mucho amenazar pero afectaba solo a Cosima, y aparecía y se ralentizaba según quisieran apremiar o reservar el drama, y por tanto hace mucho que no había quien se la creyera. La segunda es el intercambiable enemigo. Tras marear la perdiz con Ferdinand, Evie Cho, Susan Duncan, Rachel, Leekie, Coady, la junta de tal y cual nueva empresa (otra que cambiaba cada poco tiempo), uno ya no sabía de quién huían y contra quiénes luchaban. Para colmo introducen a un nuevo tipo raro y medio loco que se supone el cabecilla de todo, P. T. Westmorland, pero no causa misterio ni temor alguno, sobre todo cuando empiezan a reaparecer otros que ya creíamos superados (Susan, Coady, Ferdinand) y las agendas se entrecruzan sin que terminemos, ahora que era más necesario que nunca, sabiendo a quién debe lealtad y qué planea cada uno. La tercera base mal exprimida es la permanencia en la isla de Westmorland y su panda de seguidores en plan secta. Su uso como guarida final del enemigo es bastante penoso, primero, por la falta de credibilidad en que dirigiera grandes investigaciones desde ahí y de la gente absurda que lo sigue, segundo, porque nos tiramos todo el año ahí, relegando el necesario avance de las historias sin disimulo alguno.

Cuando por fin parece que todo se va a encaminar hacia algo más concreto encontramos meteduras de pata y puntos grises en cantidad, hasta el punto de que no se entiende la mitad de lo que ocurre. No me creo que las luchadoras de Sarah y S. vuelvan a casa sin más, se rindan y acepten peticiones tan exigentes como que experimenten con Kira. Sigue sin entenderse los cambios de bando y las apariciones aleatorias de algunos secundarios como Ferdinand, Susan Duncan y Delphine, y, más importante, nunca se llega a vislumbrar qué persigue Rachel. La parte del detective Art no tiene ni pies ni cabeza: acepta trabajar con la policía infestada de los malos sin más lucha, y sólo de vez en cuando parece tomarse en serio lo de ayudar a las “sestras”.

Así pues, no ha habido sensación de dirección, no ha surgido intriga por el porvenir de las clones, de si saldrán airosas y cuánto tendrán que sacrificar. Los villanos son más cansinos que nunca, no casuaban pavor alguno y como digo ni se llega a entender el plan y ambiciones de cada uno, más allá de terminar simplificando todo en un cutre concepto de cómic: Westmorland quiere ser inmortal a toda costa. Los secundarios, salvo Donnie, están cada vez más diluidos, incluso Scott, pero es que hasta las clones se atascan en un bucle eterno, con lo que se pierde aún más ese tono aventurero con toques de comedia que hizo destacar a la serie en sus inicios.

En esta situación se veía venir un final desastroso, y lo cumple bastante bien: los cierres a las tramas principales dan vergüenza ajena, y los personajes ya no tienen mucho que decir y no ofrecen nada sorprendente. Es delirante lo que hacen con Felix y su nueva hermana: desaparecen al poco y los usan como comodín externo para concluir una parte de la trama, mientras que la otra también llega sin más. Sí, tras cinco temporadas con las clones luchando incansablemente por conocer sus orígenes, librarse de sus enemigos, hallar la cura y poder vivir en paz, Cosima se tira todo el tiempo dando paseos por la isla con problemas irrelevantes y repetitivos, Sarah deja de ser ella y se apalanca en casa, lamentándose sin hacer nada, Alison apenas tiene un par de escenas para cumplir con su línea, Helena con su embarazo queda definitivamente como un macguffin dramático de baratillo, y finalmente la conspiración científica que las asfixiaba la resuelven Felix y Adele fuera de pantalla y la dichosa cura le cae a Cosima en las manos después de muchos amagos tramposos.

Para rematar, tenemos dos giros muy típicos y mal empleados: la muerte gratuita de un personaje para forzar un supuesto final trágico, pero que como es de esperar sabe a polvo por lo falsa que resulta, y el intento de recuperar los orígenes, de cerrar el círculo, a base de flashbacks, que no aporta nada necesario y se inclina también demasiado por la manipulación emocional. Y por si fuera poco el epílogo se apoya en otros clichés rancios: la reunión feliz en plan barbacoa en el patio trasero resulta tan pastelosa como insatisfactoria. El final parecía que iba a salvarse porque amagan con mostrar secuelas de todo en Sarah, pero no llega a dar nada llamativo y terminan por dejar esa y muchas otras cuestiones en el aire: ninguna tiene trabajo, ¿viven de Alison y Donnie todas?; ¿y qué fue del trabajo de estos?; la trama empresarial era enorme, pero por arte de magia se ha diluido por completo (¿y el control que tenía esta gente sobre la policía?), y además tras tanto ruido ningún país ni autoridad parece haberse enterado de nada; y no me he parado a analizar más a fondo para no sentirme peor.

Del año salvo bien poco. Una original y efectiva escena que recupera los líos con las clones, en esa fiesta que monta Felix donde las presenta poco a poco; el impactante cariz que toma el asunto del ojo Rachel, donde no se cortan un pelo a la hora de mostrarlo; la loca de Krystal seduciendo a un empresario para conseguir información. El resto, monotonía, vueltas en círculos, soluciones chapuceras para historias ya agotadas, y un insuficiente drama personal. Casi todos los capítulos se me hicieron larguísimos y pesados, y el final muy decepcionante. La personalidad de Tatiana Maslany imprime a todas las clones, incluso las que tienen breves apariciones, apenas sustenta una etapa errática, aburrida, que quizá aprobará por los pelos, pero como temporada de Orphan Black, más siendo la final, hay que considerarla fallida.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

EL SÉQUITO – TEMPORADA 7

Entourage
HBO | 2011
Comedia, drama | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein, Ally Musika.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Beverly D’Angelo, William Fichtner, Scott Caan, Dania Ramirez, Sasha Grey, Rhys Coiro.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada a fondo, incluido el final.–

En la séptima temporada de El séquito abordamos otra historia muy habitual en el mundo de las estrellas de Hollywood: la adicción a las drogas. El viaje de Vince es muy interesante, pues como es habitual se trata con verosimilitud (los personajes siempre han sido muy realistas) y la dosis justa de ingenio para que una historia tan sencilla y conocida llegue con intensidad al espectador. La caída al lado oscuro afecta a su carrera, a sus amistades, y mira que la unión del grupo es férrea, y obviamente a sí mismo, haciendo más visibles sus debilidades: su inseguridad, su dependencia de otros. Se engancha a nuevos amigos, Scott Lavin y sobre todo Sasha Grey (uno de los cameos más destacables, si no el que más), que le permiten de todo y lo empujan un poco más. Y como es habitual en estas situaciones, para levantar cabeza antes debe estamparse en el fondo.

Pero hay un problema de base que me deja una mala sensación durante todo el año. Sí, la historia es muy completa y entretenida, pero no tiene un punto de partida claro. Es como si ahora tocara tratar este tema y se lanzaran a ello si más, y queda muy precipitado, no hay razones claras en la vida de Vince que justifiquen este patinazo. En realidad se pueden señalar un par de puntos de conflicto que estaban ahí latentes para explotar en esta línea… pero no los abordaron, de hecho los omitieron sin más. Hablo del reciente traspiés en su carrera en la quinta temporada, donde estuvo a punto de perder todo lo que quería, incluso se resintió por primera vez severamente la amistad con Eric. Pero esto no mostró ninguna secuela en la sexta etapa, donde vivían todos plácidamente otra vez, ni se recupera en el inicio de esta para mostrar miedos que cimentaran este camino dramático. Tampoco se remarca un posible sentimiento de soledad, de que todos los amigos tienen sus vidas propias y él no sabe vivir sin ellos. Apenas pareció mencionarse al inicio de la temporada pasada, pero en adelante se olvidó por completo también. Así pues, da la impresión de que hemos pasado de un año de relax intrascendente a uno de crisis importante sin una transición bien trabajada. De hecho hay alguna contradicción: en el capítulo inicial casi muere en el set en una escena de acción, y parecía indicarse que se acojonó… Pero luego vemos lo contrario, pues se apunta a saltar en paracaídas. Así que no queda claro si se embarca en las drogas en busca de nuevas aventuras, porque lo tiene todo y ya nada lo excita, o porque hay un vacío en su vida y trata de evadirse.

También hay otro giro repentino que descoloca, aunque este sí tenía unas bases claras. Tortuga empieza la temporada con un proyecto laboral en pleno funcionamiento, un servicio de conductoras. Sabemos que quería hacer algo para ganarse su sustento, que pidió ayuda a Ari y, viendo que no tenía los contactos y títulos necesarios, se puso a estudiar empresariales. Pero de repente lo tenemos ya inmerso en todo el meollo (¿acabó los estudios tan rápido?), y los líos laborales se centran únicamente en problemas de relaciones personales y sexuales. Aun así, es un paso esperado en la vida de Tortuga, y resulta bastante ameno. Pero, sobre todo, es un interludio, y en seguida pasamos a otra aventura más completa: la del tequila. Ahí sí veremos cómo se mueve y lucha por sacar adelante un proyecto que le apasiona y en el que ve un buen futuro, y la relación con la chica que lo introduce en este negocio, Alex (Dania Ramirez), es muy simpática.

Pero hay más baches extraños. El amigo y empleado de Ari que en tantos líos lo metió, Andrew Klein, desaparece sin más. Su única aparición es una breve llamada donde dice estar internado en un centro de desintoxicación. Su vida era un desastre, pero más allá de alguna cogorza puntual no vimos en él ningún problema con drogas. Veo dos posibles razones para la salida del personaje. Una es que no calara entre la audiencia; ciertamente, tanto esta como la etapa anterior no tuvieron tan buenas críticas como las cinco previas, y él era el único elemento nuevo al que echar la culpa. La otra es que el intérprete Gary Cole se marchara para ser protagonista en una serie y no cuadraran las agendas. De ser así la jugada no le salió bien, porque la producción, llamada Uncle Nigel (Tío Nigel), no pasó del episodio piloto…

Con Ari seguimos otro intento de crecer, de ser un gigante en Hollywood. Pero aunque la pelea por traer un equipo de la NFL a Los Ángeles es como de costumbre muy movidita, también es predecible y sabe a visto: es otra vez Ari luchando como loco por ascender por la escalera del poder y la fama, con los roces esperables con la esposa desatendida. La única novedad es que acabó enzarzado con la agente Amanda Daniels y su exempleada Lizzy Grant, quienes lo amenazan con sacar unas cintas donde el público y los magnates verían su verdadera cara: un abusón y un machista de cuidado. Pero este juego de que si llega o no llega su ascenso o caída se alarga más de la cuenta con amagos poco vistosos, y aunque por suerte también tiene algunos buenos momentos, como la escena en el restaurante con su esposa y con Amanda, es evidente que le falta capacidad para sorprender y emocionar como en aquellas épicas batallas por sacar adelante su propia compañía de agentes en las primeras temporadas. Por otro lado, después de la que liaron con Lloyd en su órdago contra Ari para ver si lo ascendía a agente, ahora que lo ha hecho parece que se han olvidado de él, pues apenas tiene presencia.

Drama tampoco tiene un viaje que impacte mucho. De nuevo en un limbo laboral, Eric, Phil Yagoda y Billy Walsh intentan convencerlo para que ponga voz a una serie animada ideada por Billy y en la que hay claro interés desde la cadena. Pero para Drama es un paso atrás que podría significar el fin de su carrera, así que costará convencerlo de que es un sueldo y la única forma que tiene de mantenerse vivo en el gremio en espera de mejores oportunidades. Eric está incluso más apagado. La relación con Sloan de nuevo pasa a suspenso, con unas pocas e intrascendentes menciones a la boda… Bueno, quizá incluso se agradezca que no entren esta historia, que puede caer en lo cursi con facilidad, pero deberían haber buscado algo distinto para dar más vidilla a la pareja. En cuanto a su trabajo, se mantiene en lo que ya conocemos: lidiando entre la labor de mánager y la de amigo de Vince, con Scott metiendo baza de por medio. La parte en que intentan levantar un proyecto con Randall Wallace (guionista de Braveheart) es la más llamativa, pero fuera de ahí no hay mucho que recordar.

Entre los mejores momentos tenemos una escena mítica de la serie, la de Ari y Eric encontrándose a Vince inconsciente en la piscina mientras Sasha Grey se pasea en pelotas, pero hay otros muchos destacables: el pique de Drama con John Stamos, los pasos de Vince hundiéndose (aparecer colocado en los encuentros con productores, pelearse con los amigos), los de Tortuga intentándose ligar a Alex, los siempre llamativos cameos (Peter Berg, Mike Tyson, Mark Cuban, Christina Aguilera, John Cleese…), el inútil de Carlos (Miguel Sandoval) sin visión comercial para su tequila y, sobre todo, el colofón final en Escenas porno en un italiano (709, Porn Scenes from an Italian Restaurant), con Ari y su mujer y la pelea con Amanda por un lado y Sasha y Vince liándose en el baño por el otro, y la caída al abismo en el último capítulo con la pelea con Sasha en el set, la ruptura con sus amigos y la que monta en la fiesta de Eminem.

Es evidente que El séquito acusa un poco de desgaste, lo que sumado a ese par de saltos extraños da otra temporada un poco por debajo del gran nivel alcanzado en sus mejores momentos. Sigue siendo una serie la mar de entretenida gracias a su notable puesta en escena y a los magnéticos personajes tan bien interpretados, pero la falta de novedades impide que sea capaz de conmover y dejar huella como antaño.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

EL SÉQUITO – TEMPORADA 6

Entourage
HBO | 2010
Comedia, drama | 12 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Scott Caan, Beverly D’Angelo, Gary Cole, Jamie-Lynn Sigler, William Fichtner, Alexis Dziena.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

La carrera de Vince remonta sin que el duro traspiés parezca haber dejado secuelas. Otra vez la pandilla está montada en el dólar, tirando dinero despreocupadamente en casas y coches. El problema es que esto ya lo conocemos y no nos embarcamos en alguna nueva historia que trate sobre el mundo del cine, casi todas las vivencias del grupo de amigos durante esta temporada son relativas a relaciones amorosas. Sólo Ari y en menor medida Eric tienen tramas propias del gremio, y aun así, el grueso de sus aventuras se centran en líos románticos. Los problemas personales siempre han sido vitales en la serie, dado el realismo en el dibujo de los personajes, pero solían tener una conexión más cercana el estilo de vida en Hollywood. Este año prácticamente estamos en una tragicomedia romántica, muy simpática y verosímil (llega con facilidad), con un ritmo excelente y unos protagonistas magníficos, pero transmite la sensación de que se abordan cosas muy vistas y se abandona el espíritu original. Así, es un año como siempre la mar de entretenido, pero viendo el listón que alcanzó en etapas anteriores sabe a poco.

En la temporada previa Tortuga estaba un poco apagado y Vince copaba las partes más intensas. Ahora se cambian las tornas. Vince se dedica a sus fiestas y ligues, y los demás intentan sacar adelante sus nuevos proyectos, con lo cual se siente un poco solo, lo que se agrava porque Drama tiene su piso, E se busca su propia casa, y Tortuga pasa menos tiempo con él. La única historia llamativa alrededor de Vince es que podrían tener un acosador colándose en la casa; es muy divertida y tiene giros inesperados, pero carece de relevancia.

Saliendo con Jamie-Lynn Sigler, Tortuga gana autoestima y se replantea en serio su futuro: quiere buscarse un sustento propio, no puede ser la eterna rémora de Vince. Así que decide ponerse a estudiar empresariales, viendo que los intentos de representar a algunos artistas a lo largo de los últimos años no le fueron nada bien al no tener títulos ni credenciales. Por supuesto, salir con una famosa y montar en el Ferrari que le regala Vince atrae muchas miradas de las jóvenes: para su desesperación, ahora que consigue una relación estable también es cuando más posibilidades de ligar tiene.

Eric continúa tratando de llevar su carrera como agente, pero tras el último revés, pues la comedia del joven afroamericano no sale como esperaba, parece no levantar cabeza… pero Sloan le consigue un trabajo en la agencia de su tío. Allí tendrá roces con un compañero que parece inmaduro y descentrado, Scott Lavin. Este, interpretado por Scott Caan (luego protagonista de Hawai 5.0), será fijo en el resto de la serie, y si bien inicialmente parece un poco tonto, en la siguiente temporada se gana su hueco en la banda. Pero se le da más tiempo a los problemas sentimentales con las mujeres que a la trayectoria laboral de Eric. Sigue en el aire la relación caótica con Sloan, pero ante la incapacidad de ambos para concretar algo E decide lanzarse con otra chica que ha conocido, Ashley (Alexis Dziena). Pero esta resulta una celosa e histérica que monta un número cada dos por tres, y más cuando él se lo pone en bandeja con su falta de sinceridad y determinación. No es una historia que pueda sorprender, pero se trata con gran naturalidad y objetividad (ambos quedan fatal), algo que no suele verse en las series de adolescentes y otras comedias románticas, donde abunda el sensacionalismo.

Drama creía tener un trabajo bastante estable (siempre pueden cancelar la serie), pero sus salidas de tono lo llevan a una espiral que lo pone en conflicto directo con el principal productor, un clásico egoísta que aplasta a quienes no le caen bien. Es tronchante cuando obliga a que escriban historias jodidas para el personaje de Drama, como que acabe con la cara desfigurada y tenga que enfrentar horas y horas de maquillaje. Al final acaba en la calle y entra en otra crisis emocional: se ve como un inútil que no encontrará ningún papel digno. La relación con un productor conocido, Phil Yagoda (William Fitchner), una persona más amable y paciente con él, es lo único que lo mantiene a flote, pero Drama no ve un porvenir claro y es especialista en nublárselo a sí mismo: de nuevo echa por tierra audiciones por ataques de pánico. Por cierto, el tipo con el que choca en una audición (de nuevo, porque ya lo hizo hace tiempo) no es otro que Doug Ellin, el creador y principal guionista de El séquito.

Ari se ve metido otra vez en un puñado de jaleos con su esposa y otra posibilidad de ascenso o guerra hacia el final del año. La falta de novedades se disimula bastante bien porque hay un nuevo personaje que exprimir y todo se narra como es habitual con energía e ingenio, pero obviamente la sensación de repetición pesa un poco. El amigo al que contrata, Andrew Klein, es un desastre y su vida y matrimonio van cuesta abajo, lo que arrastra también el matrimonio de Ari y lo mete en mil problemas en el trabajo con los clientes (espectaculares los cameos de Aaron Sorkin y David Schwimmer) y con sus colegas, especialmente su socia Barbara Miller y la agente Lizzy Grant (Autumn Reeser), y más cuando Andrew acaba enrollado con esta última. Mientras, Lloyd se harta de aguantarlo y le lanza un órdago: o lo asciende a agente o se larga. Así, la tormenta en Miller-Gold parece nunca terminar… y para colmo, al final llega su antiguo jefe, Terrance McQuewick, diciendo que quiere vender su compañía, lo que relanza la rivalidad entre ambos y lo pone en un conflicto de intereses: hacer el esfuerzo de comprarla y así pegar un gran salto en el negocio a la vez impide que lo haga alguien de la competencia, o no humillarse ante las exigentes demandas de alguien a quien odia tanto.

Con tanto romance era difícil evitar un desenlace tirando a cursi. Tortura rompe con Jamie porque ella encuentra un trabajo en Nueva Zelanda, y Eric, tras acabar de una vez por todas con Ashley, tiene más disputas con Sloan pero todo parece olvidarse cuando le propone matrimonio. El resto no deslumbra tampoco. Drama queda en un limbo laboral, como en los viejos tiempos. Vince sigue con su rutina de rodajes atractivos y a vivir la vida entre uno y otro. La tormenta laboral alrededor de Ari se resuelve bastante bien después de tantos fuegos artificiales: la guerra con Terrance tiene un fin pacífico, Andrew tiene que derrumbarse por completo para renacer (y consigue no perder clientes por el camino), y al final Ari echa de menos a Lloyd y le da lo que quería. Por ello llegamos a un desenlace muy tranquilo comparado con los dramas de otros años, y lo cierto es que pierde más fuelle con ese chiste de Matt Damon agobiándolos para que donen a alguna causa benéfica, que se alarga demasiado, incluso con una insulsa escena post-créditos.

Entre los mejores momentos tenemos a Vince sacándose el carnet de conducir (episodio 601), alguna peleílla entre Eric y Ashely que describe muy bien el día a día de muchas parejas, algo que también cumple la caída al abismo de Andrew y su matrimonio, donde acaba estampando el coche contra su casa, tomada por su esposa (608); Tortuga abriendo su armario (603), la partida de golf con varios famosos (605), Drama cavándose su tumba en el set al encarar al productor (lo que se inicia con un exceso de celo protector sobre Jamie-Lynn), el accidente con la pistola en casa (607), el grupo de seguridad (el jefe interpretado por el inquietante Peter Stormare) que contratan para hallar al acosador, el ataque de pánico de Drama que casi se convierte en un infarto (611), etc. En cuanto a capítulos en sí, esta vez no tenemos ninguno que contar entre los grandes de la serie, pero los más destacables serían Un coche, dos coches, coche rojo, coche azul (603), donde Tortuga se harta de ser un niño mimado, y Enterrado a preguntas (610) y Con el susto en el cuerpo (611), con la crisis de Drama y la guerra de Ari en su máximo esplendor y los últimos pasos en la conflictiva relación entre Eric y Ashley. También cabe señalar que, entre otros tantos cameos de impresión, como las nuevas apariciones de los habituales Mark Walhberg, Bob Saget y Jeffrey Tambor, o la presencia de grandes figuras del golf, fúbtol americano y baloncesto, sobresalen a lo grande las citadas de Aaron Sorkin y David Schwimmer y la de Zac Effron con la madre salida. Aparte, se puede citar también la fugaz presencia de la ahora famosa Gal Gadot (602), haciendo de una de las chicas que se les unen en las fiestas.

PD: Es obvio dejar el piso de Drama ahora que pueden, pero aparecen de nuevo en la mansión de la primera temporada sin que veamos cómo y cuándo deciden volver ahí.
PD2: Kate Mara sale en unos pocos capítulos como secretaria de Eric, pero en la siguiente temporada ya no está; supongo que encontró un papel mejor.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

EL SÉQUITO – TEMPORADA 5

Entourage
HBO | 2008
Comedia, drama | 12 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Beverly D’Angelo, Gary Cole, Jamie-Lynn Sigler.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada a fondo.–

Después de que la cuarta temporada pareciera relegar las tramas largas centradas en el mundo del cine en pos de aventuras más ligeras, aunque no por ello perdiera fuelle, la quinta abraza de lleno otro de los puntos clave en la vida de muchos actores: la caída en desgracia, el fracaso. Medellín se estrella en Cannes, a nadie le gusta y nadie quiere distribuirla, lo que arrastra la carrera de Vince. Así que Eric, Ari y Vince luchan a diario por encontrar papeles en una industria que pasa de mimarlo a rechazarlo, ofreciéndonos, El séquito su año más oscuro.

Aunque ya conocíamos bastante sobre las disputas entre agentes, productores y estrellas de Hollywood para sacar adelante los proyectos, aquí nos lanzamos a primera línea de las trincheras, sufriendo problemas y desencantos de todo tipo, extendiendo la guerra con Adam Davies, rivalizando ahora también con Amanda Daniels (la que fuera agente de Vince por poco tiempo), y volviendo a tener duras negociaciones con Dana Gordon y Alan Gray, y finalmente con el jefe del estudio, John Ellis. Cuando por fin consiguen avanzar hacia algo prometedor deben tomar decisiones difíciles o sacrificar mucho. Eric se encuentra ante la tesitura de tener que elegir entre el guion de sus clientes y el futuro de Vince, Ari lidia entre su ego (ascender aplastando a los contrincantes) y ser fiel a Vince, y el propio Vince debe plantearse dar un paso atrás, coger papeles menores, de secundario incluso.

El capítulo en que van a drogarse con setas al desierto para tratar de disipar las dudas de si aceptar la película sobre los bomberos o no es un inciso muy llamativo, pero también resulta un descanso breve, porque en el rodaje Vince las pasa putas con un director cada vez más exigente que mina su ya de por sí escasa autoestima. Así nos adentramos también algo sólo vislumbrado anteriormente: el rodaje de las películas. Actores caprichosos, directores difíciles de tratar y como siempre detalles aquí y allá muestran historias sencillas, quizá no sorprendentes, pero narradas con una pasión contagiosa.

El tramo final, con la película yéndose al traste, pues los productores deciden terminar con el jaleo antes de perder más dinero, es trepidante y mantiene la tensión a flor de piel, y supone la puntilla a la carrera de Vince. Así que a él y los chicos no les queda otra que volver a casa de sus madres en Queens, y a mendigar por papeles desde allí sin muchas esperanzas. La tensión llega a tal punto que vemos lo impensable: Vince estallando de frustración y rabia, la amistad con Eric resquebrajándose. Pero esto es El séquito, una serie con una visión de la vida más bien luminosa, alegre. La crisis se solventa en los últimos minutos de la temporada con Eric consiguiéndole a Vince un papel en una película de Martin Scorsese después de haberse dejado la piel de despacho en despacho, y recuperando así su amistad.

Eric, aparte de luchar por levantar la carrera de Vince, trata de llevar la suya propia como agente. Con el prometedor guion de par de jóvenes sureños y la comedia que vende otro recibe palos por todos lados y sufrirá infinidad de quebraderos de cabeza, pero no pierde la esperanza. Drama, inesperadamente, tiene estabilidad y algo de fama con el papel en la serie Five Towns, aunque sus manías y tics lo meten en apuros varias veces (delirante la entrevista en televisión, algo amargo el fin de la relación con la fan de Viking Quest). Tortuga no tiene una historia larga, aunque no pierde presencia ni interés. Y al final presentan la del año que viene: se liga a Jamie-Lynn Sigler, una actriz bastante conocida, sobre todo en esa época (la hija de Los Soprano). Por su parte, Ari tiene como es habitual sus propias historias secundarias, que son las mismas de siempre (las peleíllas con su mujer y con Lloyd) pero tampoco acusan desgaste, y al final se inicia una nueva: quiere darle trabajo a un amigo suyo que no levanta cabeza, Andrew Klein, interpretado por el gran Gary Cole, lo que permite también recuperar los líos con su socia, Barbara Miller.

Entre los mejores momentos del año tenemos la fiesta de cumpleaños de una adolescente, donde Vince se rebaja a ir por ganarse un dinero fácil, los reencuentros de E con Sloan, y con Seth Green de por medio fastidiando, el retorno de Dom, que parecía una trama gastada pero ofrece unos giros muy logrados, Tortuga haciendo de ayudante de Drama en el set, las peleas entre Ari y Adam Davies, las negociaciones con Amanda, el infarto de Alan Gray (el ejecutivo cabrón), las disputas con el director alemán, y las mencionadas setas alucinógenas, que cada personaje vive de una forma distinta.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 5

Netflix | 2017
Drama, comedia | 13 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Lea DeLaria, Annie Golden, Kimiko Glenn, Lin Tucci, Dale Soules, Abigail Savage, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Amanda Stephen, Vicky Jeudy, Laverne Cox, Adrienne C. Moore, Elizabeth Rodriguez, Selenis Leyva, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Jackie Cruz, Diane Guerrero, Laura Gómez, Rosal Colon, Daniella De Jesús, Miriam Morales, Nick Sandow, Beth Dover, Matt Peters, Alan Aisenberg, Brad William Henke, James McMenamin, Emily Tarver, Michael Torpey, Mike Houston, Taryn Manning, Emma Myles, Julie Lake, Blair Brown, Constance Shulman, Francesca Curran, Asia Kate Dillon, Kelly Karbacz.
Valoración:

Alerta de spoilers: Obviamente recomiendo haber visto las temporadas previas. De la presente no hay nada revelador hasta el siguiente aviso.–

Por si no estaba claro que Orange is the New Black es la serie que mejor ejemplifica el modelo de visionado en maratón, eso de devorar la temporada en muy pocos días con voracidad, llega esta cuarta temporada que prácticamente lo exige: más que nunca estamos ante un episodio dividido en trece horas. La idea de tener más de treinta personajes con sus historias propias que se cruzan con las demás según se desarrolla una o varias tramas más largas necesita una gran cantidad de metraje para que ninguna sección quede descolgada, y obviamente a la hora de abordar tamaño conjunto no se puede tratar de concentrar en episodios sueltos, hay que narrar mirando a largo plazo. Tienes que ver una o más temporadas enteras para reconstruir la vida de cada protagonista, y dar un paso atrás para abarcar el cuadro completo y poder vislumbrar el movimiento global. Esto ya lo hacían Oz y The Wire, pero aquí vamos a un nuevo nivel. En este año hemos llegado a un punto álgido explosivo en el que, para poder mostrar a todos los personajes en juego (ya vamos por unos cincuenta, con la inclusión de las nazis y nuevas latinas) y todas las caras de la historia en proceso, exige ampliar aún más la perspectiva. En el motín pasan tantas cosas, hay tantas ramificaciones, que en toda la temporada vemos únicamente cuatro días de tiempo de los personajes. Y en cada capítulo te quedas a cuadros diciendo: “¿Ya? ¡Quiero ver más, quiero saber más!”. Saca tiempo libre, porque una vez caes en la prisión de Litchfield no podrás salir.

La muerte de una de las reclusas más inocentes y queridas fue la gota que colmó el vaso en las injusticias habituales de la prisión, que habían alcanzado nuevas cotas de inmoralidad con la gestión privada de la empresa MCC (Gerencia y Correccionales en castellano). Al empeoramiento de las condiciones de vida (comida, sanidad -ni tampones tienen-) se sumó el aumento de los abusos por parte de unos guardias muy mal seleccionados. Gente sin preparación, exsoldados con traumas, tiranos, corruptos, incompetentes… Se juntó una tropa de cuidado que mantenía a las internas en un suplicio constante. Joe Caputo lidió como pudo contra los abusos corporativos y el desfalco de la anterior alcaide, pero el sistema capitalista promociona más la corrupción que la justicia social y económica, y esta compañía está dispuesta a explotar a las reclusas al máximo.

Todo esto es algo que ya denunciaba Oz a su manera tan sórdida y cruel, y Orange is the New Black retoma su legado con un estilo propio que oscila entre la comedia irónica y el drama ligero (aunque todavía tiene golpes muy duros). Y mientras que aquella era más directa y contundente, la presente hace gala de una sutileza e inteligencia asombrosas. Pero también amplía miras, por eso de contar con tantísimos personajes con vivencias propias, y obviamente ofrece una actualización del análisis. El tema racial está que arde en Estados Unidos: parece haber un retroceso en derechos sociales de las minorías, sobre todo negros, y aquí abordamos esta temática con determinación. Y con el motín también muestran la situación decadente del sistema carcelario, referenciando constantemente otros motines y tiroteos famosos. En otras palabras, es una serie valiente y comprometida, un reflejo de la sociedad que es capaz de llevarte a la reflexión cautivándote y entreteniéndote.

Una escena que probablemente a muchos les pareció un detalle trivial la veo como un ejemplo muy certero de la sutileza y naturalidad con que exponen los problemas de estas cárceles que sólo sirven para almacenar mano de obra barata, porque lo de reconducir y reconciliar ciudadanos para que vuelvan a ser aptos para vivir en sociedad es algo que si llegó a existir en Estados Unidos se perdió hace mucho. Hablo del momento en que una protagonista, con acceso a internet gracias a la rebelión, dice algo como “es imposible ponerse al día de todo lo que ocurre”. El aislamiento y la falta de actualización en las capacidades de las presas es tal que si algún día consiguen salir al mundo real estarán fuera de él igualmente. Aleida, a la que seguimos tras ser liberada, sufre eso en sus carnes: aparte de que por ser expresidiaria no la querrán contratar si no es para abusar de ella, no ha tenido preparación de ningún tipo que la ayude a encontrar trabajo. Y es que explotarlas en talleres de costura o de albañilería sale más barato que darles educación… pero además así tienen más posibilidades de acabar en la cárcel de nuevo y seguir siendo rentables.

El sistema está tan corrupto y amañado que en la oficina gobernador, cuando por fin parece que el motín los salpica, no piensan en las presas, sino en cómo afectaría económicamente a la empresa que subcontrataron y cómo un efecto bola de nieve podría llegar también a las demás compañías que gestionan otras cárceles. Lo triste es que las internas, con Taystee como principal vocera, e incluso con el apoyo de Caputo a veces, sueltan a las claras obviedades económicas que contradicen la política infame que sufren. Con un consultorio médico decente se ahorrarían caros viajes a urgencias, por ejemplo. Pero la crítica no ataca sólo a la política, también ofrece una completa y hábil perspectiva más humana. Los guardias, ahora presos, viven en sus carnes lo que les hacían a las internas; de hecho Linda Ferguson, la fría economista de MCC, tiene que disfrazarse de presa para pasar desapercibida y ve este mundo incluso más de cerca. Los grupos de internas otrora enfrentados, como las nazis y las latinas, acaban trabajando juntas por el bien común. Y un largo etcétera, porque los guionistas, con Jenji Kohan a la cabeza, ofrecen de nuevo un mosaico de historias impresionante, abarcando un rango muy variado de situaciones personales, de formas de pensar y enfrentar la vida, de reflexiones, de enseñanzas, o de simpáticas anécdotas con las que divertirse. ¿Y qué decir de los actores? Es probablemente el mejor reparto de los últimos años, lo cual resulta más asombroso porque la mayoría de intérpretes son grandes desconocidos. Este año destacaría a Danielle Brooks (Taystee), quien tiene las escenas más intensas, pero nadie se queda atrás.

Unas internas se implican y tratan de lograr una situación mejor, otras se mantienen al margen, otras viven la vida sin pensar en nada, como han hecho hasta ahora. Pero todas se enfrentan a la miseria del mundo, a las acciones de los demás, y a sus propios demonios internos. La tentación de Gloria por ayudar a los guardias retenidos a escapar y obtener beneficios (visitar a su hijo en el hospital) choca contra la visión global de Taystee de conseguir mejoras para toda la prisión. Esta última también quiere justicia para Poussey, pero la serie tiene muy en cuenta que en el mundo real la frontera entre buenos y malos está muy dispersa: seguimos viendo que Bayley, el guardia que acabó con su vida, no es un ogro como Piscatella, sino un niño que estaba en el lugar equivocado auspiciado por un sistema podrido. Dasha se ve empujada por la presión social a disparar otro guardia muy despreciado, Humps, lo que la entierra aún más en la miseria. Y por el lado contrario, Piper parece seguir obnubilada en sí misma, algo que su intermitente amante Alex Vause ve como un impedimento para estar juntas. Algunas siguen haciendo lo único que saben para seguir adelante: Boo ligar con todas las que puede, Lona refugiarse en sus delirios, Angie y Leanne matar el tiempo buscando formas de evadirse (drogas principalmente). Otras aprovechan la situación para imponerse por la fuerza, como la mayor parte de las latinas, que son las que intimidan a los guardias. Unas muestran madurez después de dar muchos tumbos, como Nicky, y otras han soportado más de lo que podían y caen en una espiral oscura, como Red y su obsesión por cazar a Piscatella. No falta la mención a la eterna separación de ricos y pobres: Janae representa el camino difícil de quienes nacen en la miseria y el sistema deja de lado, y Judy King las facilidades que ofrece el dinero.

Hay tantos personajes, tantísimas historias fascinantes y anécdotas enriquecedoras, que parece imposible lo bien narrada que está la serie, donde nada queda descolgado o forzado, donde todo fluye con un ritmo adictivo. Pegas hay unas pocas (algún giro que puede no complacer las expectativas), pero ninguna especialmente grave, y el conjunto resulta de nuevo deslumbrante, en cuanto acabas tienes ganas de empezar la temporada y la serie otra vez, no digamos ya el ansia que deja por ver nuevos capítulos.

Alerta de spoilers: Apartir de aquí destripo a fondo, incluido el final.–

Quizá se podría criticar el poco riesgo que corren en algunas situaciones clave. Piscatella muerto en vez de seguir molestando parece un poco forzado, o al menos da la sensación de que han desaprovechado una línea a la que le quedaba mucha vida para exponer las miserias del sistema y de la sociedad. De hecho, cuando oye que Vause es la que asesinó al tipo enterrado en el jardín daba por sentado que se la llevaría por delante cuando consiguieran acusarlo de algo. Eso sí, no me disgusta en sí su caída, inesperada y con mucha mala baba: muere a manos de incompetencia y abusos como los que él mismo generaba. No me sorprendería tampoco que haya quien le ponga algún pero a su flashback: cuando abordamos su psique por fin, esperando entender su comportamiento, puede que las expectativas jueguen una mala pasada al ver una historia clásica de desamores. Pero como de costumbre está muy bien escrita para el poco tiempo del que se dispone y encaja de maravilla en la trayectoria del personaje, en su descripción de matón: se encierra en su superioridad física para no enfrentar sentimientos dolorosos y decisiones potencialmente dañinas.

Más mosqueante si cabe sería lo de dejar el destino de las protagonistas principales (las quedan encerradas en la vieja piscina) en el aire, intentando transmitir forzadamente la sensación de que están en gran peligro. No me convence que muchas de ellas no se rindieran rápido para evitar más violencia innecesaria, y más cuando la mayoría son pacifistas o inofensivas. Quedarse ahí atrincheradas es provocar, y no sé muy qué pretenden al final poniéndose en círculo, si resistir o rendirse; y Frieda, con una pistola en su poder, es más confuso todavía: si quiere usarla que desenfunde, pero si no, por qué se la juega llevándola encima. Así pues, el capítulo final, después de los grandes desenlaces que nos ha dejado la serie, está un poquito por debajo de lo esperado en cuanto a capacidad de sobrecoger.

Por otro lado, también apena un poco que al haber tantos personajes a veces no quepan todos. El protagonismo de Piper está muy diluido otra vez; no pretendo que fuercen su presencia, ni menospreciar el fantástico trabajo de todo el reparto, pero es que cuando exprimen al personaje resulta una figura muy potente, en especial porque Taylor Shilling es una actriz espectacular que desaprovechan mucho. Mei Chang tiene una presencia anecdótica, la monja no vuelve a aparecer y Healy tampoco. Sophia Burset y Soso ven muy reducido su protagonismo conforme avanzamos. Maritza y Flaca por un lado y Angie y Leanne por el otro prácticamente quedan limitadas a receso cómico, pues aunque sufran un poco su viaje no se mueve nada. Y algunas quedan muy relegadas a secundarias, como Kukudio, Norma, Gina, DeMarco, la haitiana… Eso sí, se agradece que sigan formando parte de la serie, que lo normal es eliminar a secundarios que no parecen esenciales para las historias en progreso. Recordemos por ejemplo la de roles secundarios que se cargaron de mala manera en Juego de tronos para recortar dinero y esfuerzo… Aquí hay tanto personaje con vida propia, aunque en estos momentos no tengan una evolución llamativa, que parece que estamos ante la realidad misma, allí en Litchfield sufriendo con todas ellas.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.