Archivo de la etiqueta: Drama

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 2

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1988
Ciencia-ficción, suspense, drama | 22 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry, Maurice Hurley.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Michael Dorm, Marina Sirtis, Diana Muldaur, Will Wheaton, Whoopie Goldberg, Colm Meaney.
Valoración:

Si la realización de la primera temporada de Star Trek: La nueva generación fue un caos que costó mil peleas, despidos y dimisiones de guionistas y productores, la segunda sumó además problemas externos, con lo fue un auténtico milagro que viera la luz, que acabara, y que se atrevieran a hacer una tercera.

Una gran huelga de guionistas tuvo en suspenso el inicio de la producción. Al final lograron ponerla en marcha con retraso (lo que retrasó también la emisión, de septiembre a noviembre), tirando de guiones que en otras condiciones no habrían elegido (uno de Phase II, la serie que estuvo a punto de hacerse con la tripulación original, y otros sin pulir del todo), reduciendo el número de episodios de veintiséis a veintidós, y con un final de temporada que tuvieron que apañar con escenas de otros capítulos para ahorrar tiempo y dinero.

Los productores ejecutivos (el equipo creativo que lleva la serie día a día) achacaron la irregularidad en la calidad a ese problema, eludiendo su parte de culpa. El ambiente de trabajo seguía inmerso en luchas de egos, relaciones tensas, e ideas visionarias contra otras que refrenaban la imaginación. Los directivos de Paramount volvían a mirar para otro lado, sin duda pensado que intervenir sacaría a la luz los trapos sucios y daría mala publicidad. El productor puesto por ellos para controlar el cotarro, Rick Berman, se mantuvo muy moderado, lo que se puede llamar cobardía también. Si la situación llevaba mucho tiempo salida de madre, ¿por qué no intervino con mayor contundencia?

Roddenberry continuaba turbando el ambiente con una actitud hostil, potenciada por el abuso de drogas diversas. Según ha ido comentado el resto del equipo a lo largo de los años, quizá no se hubieran torcido tanto las cosas de no ser por su paranoico abogado, Leonard Maizlish, que alienaba unos contra otros sembrando la cizaña e incluso acabó metiendo mano en decisiones creativas sin que nadie se atreviera a rechistar. Al final Berman consiguió deshacerse de él, pero el daño ya estaba hecho.

La llegada de Maurice Hurley (en la foto de arriba) como jefe de guionistas a mitad del primer año trajo un poco de orden, pero en el presente Roddenberry, ya enfermando, dejó la labor ejecutiva en sus manos, y este ascenso se le subió a la cabeza. Hurleyse quejaba, como otros guionistas, de las restricciones del creador, de la falta de evolución dramática en los personajes, de la ausencia de problemas a bordo que dieran emoción, pero aun así no se llevaba bien con nadie, era tan hosco y tenía tan poco tacto para la política como aquel, y alteraba guiones sin miramientos estropeando ideas que todos los demás consideraban con gran potencial.

Pero pongámonos también en la perspectiva de Roddenberry. Este se lamentaba de que gran parte de los guiones de escritores externos que le llegaban eran todos de acción sin más calado, llevando las premisas de los western y policíacos al espacio, sin esencia alguna de Star Trek. Y las historias que ofrecía su propio equipo también rompían muchas veces su visión idílica del futuro, añadiendo conflictos humanos que para él deberían estar superados.

El punto intermedio de estas dos visiones llegó tras su muerte, en Espacio Profundo Nueve, que no sabemos si hubiera aprobado, pero mostró lo bien que hubiera funcionado La nueva generación con un poco más de libertad.

No menospreciemos tampoco la aportación artística de Hurley. De su mano salieron los mejores episodios de la primera etapa y algunos de los de la presente, y los borg fueron ideados principalmente por él. De hecho, su inventiva debía de ser admirada por los siguientes al mando, Berman y Michael Piller, porque contaron con él para dos guiones más tiempo después.

Del resto de escritores, sólo Tracy Tormé repetía. Entraron al equipo fijo otros como Hans Beimler, Richard Manning y Leonard Mlodinow, y más adelante llegó Melinda M. Snodgrass, autora de La medida de un hombre, uno de los capítulos más aclamados, lo que le ganó el puesto. Todos salieron por patas a lo largo del año, algunos, como Tormé, tan cabreados que no quisieron volver a saber nada de la saga en el futuro.

Para el final de esta temporada Hurley acabó enemistado incluso con Roddenberry, mientras que este vio agravada su salud hasta terminar postrado en silla de ruedas y tuvo que apartarse del trabajo casi del todo, quedando como consultor. En la tormenta resultante quedaba por dilucidarse si La nueva generación seguiría y quién tomaría el relevo como productor ejecutivo principal. A pesar del caos, de la pérdida de calidad y algunos bajones de audiencia, Paramount dio un nuevo voto de confianza a la serie, pensando que los capítulos más vistos tuvieron picos excepcionales, siendo a veces la tercera emisión más seguida en sindicación, tras famosos programas como Jeopardy y La rueda de la fortuna, y sumaban elogios en medios y por parte de los fans. Rick Berman, sin hacer ruido y con mejores contactos políticos, había quedado mejor posicionado que Hurley, así que la tercera temporada empezó con él al mando, y desde entonces las cosas tomaron un rumbo mucho más estable y decidido.

El rodaje en sí no fue tan movidito. Obviamente había prisas, estrés por sacarlo todo adelante con problemas de dinero y tiempo, y se produciría algún roce, pero no hubo grandes problemas. Con puntuales incorporaciones de otros realizadores, destacando la entrada de Winrich Kolbe, que será uno de los habituales, la temporada fue dirigida casi en su totalidad por el grupo principal del año anterior: Rob Bowman, Les Landau y Cliff Bole. Sus labores son por lo general muy buenas, manteniendo las acertadas formas cinematográficas. Planificaban cada escena con cuidado a pesar del poco tiempo disponible, cuidando una fotografía de planos medios y el montaje final de forma que tenemos un estupendo juego de interacciones y reacciones entre numerosos protagonistas y un buen aprovechamiento de los estupendos decorados. Quedaba pues bastante por encima del estándar en televisión de aquellos tiempos, con el habitual plano y contra plano cerrado a rostros que se mantuvo vigente con pocas excepciones hasta entrados los noventa.

Aunque también tenía puntos débiles en el acabado. El director de fotografía Edward R. Brown continuó su labor, pero le obligaron a reducir el uso de focos tan del estilo añejo de la serie original, que creaba sombras por todas partes y empañaba un poco el logro artístico de la serie. Pero este se encontró entonces fuera de su terreno, y la temporada acaba con un aspecto visual más oscuro que las demás, lo que a veces remarca la atmósfera de intriga, pero en general limitaba un tanto el potencial visual. Además, la falta de luz forzaba a abrir el obturador, obteniendo una imagen más granulada que no envejece bien. El cambio de tono a partir de la tercera temporada se agradeció mucho.

Todos los años se realizaron ligeras modificaciones en los decorados, aunque casi nada que saltase a la vista. En este destacan los asientos del puente, ahora con menos ángulo, pues antes los personajes estaban casi tumbados y quedaba un poco raro. Más llamativa es la aparición de la cantina, el Ten Forward (en la proa de la cubierta 10, con vistas espectaculares), aunque en el doblaje en castellano rara vez lo traducen, dejándolo como cantina o cubierta diez. Cabe señalar también que Paramount permitió gastar mucho dinero en capítulos puntuales, siempre que tuvieran claro que habría que hacer otros muy baratos para equilibrar. De esta forma, pudimos disfrutar de los espectaculares Elemental, querido Data y ¿Qué Q?.

Como indiqué en la primera temporada, con algunos personajes parecía que no tenían del todo claro su lugar en la nave, y se hicieron algunos cambios. Worf toma el puesto de jefe de seguridad y la consola de comunicaciones y combate en el puente, Geordi abandona este para quedarse en la sala de máquinas como ingeniero jefe, aunque subirá a menudo. Pero más notoria es la desaparición de la doctora Crusher, sustituida por la doctora Pulaski. Gates McFadden se encaró con Hurley y fue largada, en otra de esas ocasiones en que nadie plantó cara. Por suerte, viendo que se arrepintieron de matar a Tasha Yar hicieron que tomara otro puesto por si decidían traerla de nuevo. Y así fue, porque Pulaski fue un mal remedo de McCoy de la serie original, un buen médico pero una persona arisca, bruta, con un rechazo a la tecnología que roza lo absurdo y un pique personal con Data que no gustó a nadie. La encarnó Diana Muldaur, que ya había aparecido brevemente en la serie original, y se dice que no llevó del todo bien el rechazo del púbico y la integración con el reparto. Su papel es más que correcto, pero difícilmente podía caer bien.

Los protagonistas mantienen la dinámica habitual de la serie, con personalidades magnéticas y relaciones fascinantes bien potenciadas por la gran química del reparto, pero no se mueven un ápice de la descripción inicial, prácticamente ningún conflicto personal o laboral deja huella y produce cambios en ellos.

El Jean Luc Picard de Patrick Stewart sigue espectacular como capitán rígido pero admirable, una brújula moral para sus hombres. Jonathan Frakes (el comandante Riker) apareció con barba y los productores le dijeron que no se la quitara, que le daba un porte señorial, y no se equivocaron. Además, el actor, el punto más débil del reparto, va cogiendo soltura y dándole una personalidad más concreta a su rol, y para Cuestión de honor y La medida de un hombre ha madurado mucho. Con Picard y Riker vuelven a mostrar tímidamente la combinación de capitán distante y primer oficial afable, algo que se explorará mejor en adelante.

LeVar Burton (Geordi) y Brent Spiner (Data) terminan de forjar una dinámica tan adictiva. Geordi se afianza como un ingiero de primera, resuelto e incansable. Data continúa explorando su humanidad en vivencias tratadas por lo general con mucha inteligencia. Will Wheaton es buen actor, más teniendo en cuenta la edad, pero su Wesley sigue dando bandazos entre unas pocas historias de aprendizaje dignas y otras que se inclinaban hacia tonterías de adolescentes metomentodo. Marina Sirtis (Troi) puede demostrar mejor sus dotes dramáticas, aunque fue en algunos capítulos un tanto fallidos. Tanto esta consejera como la doctora suelen quedar en un rango más secundario, pero son unas protagonistas fuertes que aportan mucho en cada situación en que son requeridas.

Worf es el único que consigue entrar en un arco que irá cambiando durante la serie (se presenta más de su pueblo e inicia la relación que dará lugar a su hijo Alexander), porque Riker tiene un episodio centrado en su familia pero se olvida en seguida y no aporta nada. Michael Dorn aprovecha bien el aumento de protagonismo en un papel como el de Spiner con Data, bastante difícil porque tiene una forma de ser y unos gestos muy marcados, donde logra no resultar forzado sino entrañable a su peculiar manera.

En los secundarios tenemos el retorno de Q, que me resulta casi siempre pesado y caótico a pesar del solvente John Lancie y el favor de los trekkies; la presentación de los borg bien se podría haber hecho sin él. Más interesantes son O’Brien y Guinan. Colm Meaney aparecía desde el episodio piloto de vez en cuando como oficial con diálogo, y cuando decidieron que necesitaban un secundario recurrente era la elección más obvia, así que pronto toma nombre: Miles O’Brien. Whoopie Goldberg era fan de la original desde que vio a Uhura, un personaje de peso protagonizado por una actriz negra, y pidió aparecer en La nueva generación… algo que inicialmente los productores no creían, dado que era una estrella de cine. Encarnó a la misteriosa camarera Guinan, del Ten Forward, quien escucha los problemas de la tripulación con paciencia y buenos consejos.

La falta de entendimiento en la sala de guionistas impedía a la serie creer, y la huelga de guionistas puso dificultades extra. El estancamiento cuando no retroceso y la irregularidad aún más marcada restan valor a una obra que empezó con bastante fuerza, sobre todo en originalidad y valentía: estamos en su temporada más floja. La innovación en ideas y la evolución en historias ya presentadas es muy escasa, mientras que se repiten con desgana premisas ya vistas el primer año y también en la serie original. Hay unos pocos capítulos buenos y un par de los que conmueven y no se olvidan, pero los flojos y los mediocres se acumulan en tramos que se hacen cuesta arriba, y de vez en cuando aparece alguno que querrás olvidar.

La exploración espacial todavía tiene buenos momentos (Donde el silencio es esperanza, A contrarreloj), pero son pocos en comparación con la repetición de recursos ya usados. Tenemos invasiones de entes y virus varios: El niño, Selección no natural y Contagio, siendo este último el único destacable. Hay choques culturales que se atascan en el esquema cansino de un mediador famoso que esconde algo o embajadores que la lían de alguna manera: Fuerte como un susurro, El hombre esquizoide, El delfín. Algunos que intentan aportar algo más de drama con los personajes o historias más variadas y por lo tanto parecen prometedores acaban resultando más o menos decepcionantes al fallar bastante (El Royale, El factor ícaro, Señuelo samaritano, Que entren los clones) o quedarse cortos (Gesta suprema).

Los klingon tienen un par de apariciones bastante llamativas (Cuestión de honor, La emisaria), pero no se entrará a fondo en esta cultura ni en la romulana hasta el tercer año. Presentan a los borg en el inquietante ¿Qué Q?, pero solo vuelven a mencionarlos otra vez hacia el final. La holocubierta asienta sus apariciones anuales con el infame Buscando pareja, que incluye también la visita de turno de la insoportable Lwaxanna Troi, y el eficaz Elemental, querido Data, que además tendrá una secuela fantástica tiempo después (Una nave en una botella, 612).

Los mejores son obviamente los más singulares y arriesgados, los que miran más allá y escribieron con mayor dedicación: Amigos por correspondencia es un notable ensayo sobre contactos con especies más atrasadas y el dilema ético de si ayudar o no (la Primera Directiva), y La medida de un hombre, con su análisis sobre si Data es un ser con voluntad y derechos propios, es inolvidable, uno de los mejores de la toda la saga.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
Sigue leyendo

LOST IN SPACE – TEMPORADA 2


Netflix | 2019
Ciencia-ficción, aventuras, drama | 10 ep. de 39-54 min.
Productores ejecutivos: Matt Sazama, Burk Sharpless.
Intérpretes: Molly Parker, Toby Stephens, Maxwell Jenkins, Taylor Russell, Mina Sundwall, Ignacio Serricchio, Parker Posey, Raza Jaffrey, Ajay Friese, JJ Feild, Sakina Jaffrey, Douglas Hodge.
Valoración:

Aunque en el baremo global se mantiene como un entretenimiento muy placentero si no buscas algo con grandes pretensiones, la segunda temporada de Lost in Space resulta algo más irregular que la primera, con dos tramos con diferencias argumentales y cualitativas importantes. Por ello aumenta la sensación de que sus autores, Matt Sazama y Burk Sharpless, siguen desaprovechando un gran potencial.

Como se veía venir, el final tan sensacionalista de la primera etapa era un gancho a lo Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004) y Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) y aquí empezamos con una vuelta descarada al statu quo. Tanto por explorar en historias, y volvemos a encontrarnos con la familia varada en otro planeta intentando sobrevivir contra la hostil naturaleza, las peleíllas internas entre ellos, y las artimañas de la Doctora Smith.

La vuelta a las bases es total, entrando por momentos en el drama familiar tontorrón y empalagoso que la serie bordeaba peligrosamente en su presentación y esperaba que dejara atrás del todo. Los líos de adolescencia, unión familiar, superación personal, etc. no aportan novedades ni en las tramas ni en los obvios mensajes. Los dos primeros capítulos se hacen largos y por momentos pesados, siendo salvados por la fastuosa puesta en escena, que aprovecha un presupuesto generoso que da pie a localizaciones, decorados, vestuario y efectos especiales que quitan la respiración.

Por suerte, las virtudes de la serie vuelven a ir apareciendo en los siguientes episodios. La salida del planeta acuoso y el reencuentro con la Resolute (la nave nodriza) trae nuevos escenarios y recupera los otros grupos de personajes, sacándonos de golpe del estancamiento. Aunque todavía arrastra achaques y un bajón severo, pues el quinto se atasca en un dramón bastante cargante, va subiendo el nivel hasta que a partir del sexto entramos en una dinámica mucho más compleja y atractiva, mostrando tímidamente la esperada maduración de la serie.

La determinación por ofrecer multitud de escenarios, situaciones, problemas y frentes es loable, no hay un minuto de descanso, casi siempre se integra bastante bien el drama familiar con la acción y hay una clara evolución en los protagonistas y sus aventuras. Los conflictos en las distintas formas de ver las cosas entre tripulaciones y los problemas de adaptación a distintos medios (la nave varada, el planeta desértico) son muy variados y amenos. El misterio con los líderes de la misión y lo que se traen con los robots aporta algo de oscuridad. Los protagonistas tienen más margen de movimiento, sobre todo la Doctora Smith, que va dejando ver más aristas, intentos de cambio y redención y nuevos baches muy bien desarrollados. Hay algunos tramos impresionantes, que suben el listón en complejidad y también en el tono adulto: los conatos de rebeldía y motines generan mucha tensión e incertidumbre. El único problema es que la familia Robinson tiene que ser siempre el centro de cada evento, no pueden ser víctimas tangenciales o aportar a una parte del todo, siempre está en sus manos el destino de todos.

El reparto mantiene su cohesión e implicación. Todos los intérpretes de la familia están entregados a sus personajes, destacando al Will encarnado por Maxwell Jenkins con un registro muy completo para su edad, y a ambos padres, Molly Parker, capaz de hacer de madre obstinada sin resultar pesada, y Toby Stephens, un actor que debería haber sido famoso. Parker Posey sigue siendo una maestra de la sobreactuación muy bien controlada, pues la serie es para todos los públicos y los críos deben entender lo que trama mientras dice otra cosa. Y un secundario gana protagonismo y no lo desaprovecha: JJ Feild como el ladino Ben Adler me ha dejado a cuadros, menudo papelón se marca.

Con la ampliación de escenarios el presupuesto también luce más y más, con decorados de interiores imponentes, nuevos paisajes asombrosos mejorados con un impecable trabajo de efectos especiales, y unas labores de dirección muy buenas que le sacan gran partido. Sólo me quejaría de que las criaturas carnívoras del planeta son una imitación evidente de los velocirraptores de la saga Parque Jurásico.

Pero hay carencias, o más bien excesos, que siguen ahí, y ni siquiera parece que sus autores los vean. A veces pecan de forzar demasiado este modelo narrativo de estar siempre pasando lo más difícil y trascendental. En cada situación hay un nuevo peligro de muerte, nadie sufre crisis ni estrés postraumático (sólo unas pocas escenas con Smith y el profesor), no hay espacio para problemas más mundanos, cualquier conflicto dramático (una riña entre tripulantes, lo que sea) se aborda con una crisis que tiene a la humanidad en vilo. Y sí, como decía, de la resolución de la situación suele emerger bien el aprendizaje, la aceptación de limitaciones, en resumen, el mensaje y las consecuencias, pero hay tramos tan forzados que hacen torcer el gesto, y tenemos un par de momentos donde se sobrepasa el límite de lo exagerado y se cae en el ridículo y la vergüenza ajena: van a una localización del planeta desértico volando en una de las Jupiter… ¡pero resulta que esta deja a la expedición a dos días de viaje en caballo!, una nave auxiliar queda varada, y no es suficiente peligro, tiene que aparecer una criatura espacial y darle un coletazo que la manda más allá.

Para el desenlace tenemos acción digna de cine en un capítulo bastante más gratificante que el compendio de escenas rebuscadas a lo Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) del año pasado, aunque claro, con todas las piezas ya posicionadas en el tablero resulta un tanto predecible. El giro final esta vez es una buena sorpresa, tira más por lo inesperado dentro de un margen realista y que tendrá efectos que por lo rebuscado que sabes que se quitarán de encima rápidamente.

Ver también:
Temporada 1 (2018)
-> Temporada 2 (2019)

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 1

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1987
Ciencia-ficción, suspense, drama | 25 ep. de 45-92 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Desine Crosby, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Will Wheaton.
Valoración:

Hay bastante consenso entre la mayoría de seguidores de Star Trek (o trekkies) en que la primera temporada de La nueva generación es la más floja junto a la séptima, que la serie no encontró realmente su camino hasta la tercera. Yo no lo comparto del todo. Aunque hay diferencias estilísticas y argumentales a partir de la tercera y en calidad media se puede considerar la mejor, la presente me parece superior a otras (segunda, séptima) y no puedo decir que sea claramente inferior a las restantes. A veces me da la impresión de que los fans miden la calidad según tengan algún gran episodio o no. ¿Y los otros veintitantos qué? Precisamente esta etapa tiene bastantes capítulos muy infravalorados.

Es cierto que hasta el tercer año no se adentran más a fondo en historias políticas y culturales de mayor recorrido y en episodios atípicos, temas y estilos aquí apenas presentados, pero en la línea de exploración y conflicto con lo desconocido (tanto ciencia como cultura), generalmente con subtextos de corte intelectual y ético, sienta unas bases estupendas que luego se repetirán mucho, rara vez aportando algo novedoso. Y en cuanto a los protagonistas, el carisma de estos brilla desde el primer momento, con unas personalidades y relaciones muy llamativas que te enganchan incluso en las aventuras menos logradas, pero salvo por un par de cambios de puestos apenas se moverán de su descripción inicial en los años venideros.

Se hizo evidente que la posición de algunos no fue la más acertada e hicieron algunos cambios en cuanto enfocaron la segunda temporada. Geordi es presentado aquí como timonel, pero el puente de mando está sobrecargado mientras en ingeniería tiran de personajes extras y excusas para que otros bajen allí, así que aparecerá como jefe de ingenieros sin más rodeos. Worf empieza como el alienígena de turno, pero su situación no queda clara, no es el tipo raro que debe adaptarse, lugar que ocupa Data, sino que empieza como segundo de Tasha Yar, la jefa de seguridad y encargada de la consola de combate, lo que es redundante y por ello estaba quedando relegado. Por suerte para él, la actriz abandona la serie al final de esta etapa y Worf toma su cargo y poco a poco adquiere mayor protagonismo, llegando a ser el personaje que más evoluciona o al menos el que más experiencias fuera del trabajo tiene.

En el acabado sí habrá modificaciones más llamativas. En cuestión de dirección es perdonable porque, como es de esperar, en el primer año falta práctica y dinero, y realmente sólo unos pocos capítulos acusan deficiencias dignas de mención, el resto ofrece un acabado muy bueno y no tardará en ir mejorando hasta ofrecer un estándar de calidad excepcional para una serie. Donde sí falla ostensiblemente es en una fotografía que acusa una iluminación que se quedaba vieja en esa época, pues era muy de la línea de la original, con focos puestos de mala manera de forma que hay sombras por todas partes, incluyendo los rostros de los actores. Tampoco en el vestuario empezaron con muy bien pie. La caracterización de personajes secundarios no ha envejecido bien, y para los principales diseñaron unos trajes elásticos un tanto cutres, que parecen pijamas, y que resultaban muy incómodos a los actores. En la tercera temporada, cuando Rick Berman toma el control de la producción, cambian ambas cosas muy para mejor.

La banda sonora se puede decir que tampoco se modernizó, optándose por una orquesta clásica, pero con el nivel de la composición de los dos músicos principales, Dennis McCarthy y Ron Jones, y la estupenda orquestación lograda, resulta por lo general muy versátil y tiene momentos estupendos. También hay capítulos o tramos donde está menos conseguida por las prisas, pero nunca como para lastrar el relato seriamente.

Como comenté en el apartado de la introducción, la producción fue un caos, los guionistas, productores menores y otros puestos técnicos seleccionados por el propio Gene Roddenberry entre amigos y colaboradores de la serie original (destacando a David Gerrold y D. C. Fontana, que trabajaron en la creación del concepto de la serie y el universo imaginario) acabaron todos enemistados con él por sus abusos laborales y personales, acrecentados por sus excesos con las drogas y su mal carácter, y fueron dejando la serie, y los relevos tampoco duraban. Incluso Robert Lewin, que ejerció de productor y jefe de guionistas y desarrolló algunos de los mejores capítulos, tiró la toalla al final. Sólo un escritor independiente, Tracy Tormé, también conocido de Roddenberry, se salvó o fue capaz de aguantar, y eso que sus ideas eran las más atrevidas y eran constantemente rechazadas o alteradas, primero por Roddenberry, luego por Maurice Hurley. Hurley, otro amigo cercano del creador, llegó poco antes de la mitad de temporada para tomar las riendas de la sala de guionistas, aunque no caía bien en el set y pronto empezó también a chocar con las formas de trabajar de Roddenberry.

Heredado de la serie clásica, la mayor parte de los episodios comienzan con una introducción narrada señalando dónde está el Enterprise y cuál es su misión, y enseguida se presenta el conflicto, entrando así de lleno en materia sin necesitar varias escenas para situarnos. También hay narración a modo de resumen tras los fundidos en negro donde iban las pausas publicitarias, simulados como entradas del diario de abordo por parte del oficial al mando. Si bien denotan la estructura narrativa obligada para la televisión, no suelen resultar muy cargantes ni parecer algo demasiado viejo, pues son frases breves o aportan información y planes nuevos.

Aunque por el caos de los inicios de la producción algunos de los primeros capítulos quedaron algo cutres (Código de honor, Puerto) y otros vieron algo limitado su potencial (El último baluarte, Soledad en compañía), la maduración respecto a la serie madre se nota pronto, las bases del universo imaginario están mejor establecidas y son evidentes las mejoras presupuestarias y por tanto visuales. En el rango de historias empieza muy cerca de aquella, casi podemos decir que no se atreven a correr muchos riesgos, de hecho, el guion de El presente inexorable es una especie de continuación/remake de Horas desesperadas (107), y Un periodo de tiempo demasiado corto bebe mucho de los capítulos tipo Un lugar jamás visitado por el hombre (101). Pero pronto empieza a buscar sus propias historias de exploración (Donde nadie ha podido llegar), de choques culturales (Soledad en compañía, Ángel Uno), retos científicos y éticos inesperados (Números binarios, Suelo habitado) y conflictos con entes asombrosos y peligrosos (Datalore, La piel del mal).

Paulatinamente presentan las nuevas ideas que expandirán el universo. Las tramas iniciales de la holocubierta (El gran adiós) y Data (Datalore) no son redondas pero sientan unos precedentes para que en próximas temporadas las traten más a fondo. Las razas secundarias importantes van haciendo acto de presencia, siendo algunas nuevas y otras que apenas tuvieron desarrollo en la original: Los klingon (Corazón de gloria), los ferengi (El último baluarte, La batalla) y los romulanos (La zona neutral). Y hay unas pocas ideas de ciencia-ficción bastante complejas para la época: Números binarios trata informática avanzada cuando prácticamente nadie tenía ordenadores en casa, La zona neutral y Simbiosis parecen sacados de novelas del género.

La nueva generación no muestra todavía una inventiva que rivalice con la revolucionaria serie original, pero resulta una extensión y actualización bastante buena, deja ver muy pronto su propia personalidad, sobre todo en el grupo protagonista. La combinación de exploración y retos científicos (algunos como digo de nivel literario) con dramas y dilemas éticos de gran calado es fascinante, y todo se pone sobre los hombros de unos personajes con enorme magnetismo. Por ello es una obra muy perdurable en el tiempo, es decir, envejece bastante bien si exceptuamos los cutrecillos primeros episodios.

El estreno fue un éxito, con audiencias notables, más tratándose de un género minoritario, y gran rentabilidad gracias a emitir directamente en sindicación y a las ventas de derechos al resto del mundo. El fervor trekkie se mantenía vivo gracias a las películas de la tripulación original, pero La nueva generación lo llevó a donde nunca antes una serie había logrado llegar.

Tras el salto incluyo el análisis por capítulos.
Sigue leyendo

THE EXPANSE – TEMPORADA 4

Amazon Prime Video | 2019
Ciencia-ficción, drama,
suspense, acción | 10 ep. de 44-52 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, David Strathairn, Cara Gee, Thomas Jane, Burn Gorman, Rosa Gilmore, Lyndie Greenwood, Jess Salgueiro, Paul Schulze, Dayle McLeod.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las tramas del año, aunque una vez presentadas se intuye todo y no avanzan nada, así que no te destriparás mucho si lees la crítica.–

Abordé The Expanse como a toda serie de ciencia-ficción, con recelo, porque a pesar de ser mi género favorito muy pocas han resultado realmente buenas. Pero me enganchó desde el primer capítulo dejando claro en pocos minutos la ambición y el buen hacer de sus autores, Mark Fergus y Hawk Ostby, adaptando las novelas de Daniel Abraham y Ty Franck. Varios frentes abiertos, dispares pero muy atractivos, intriga política de gran complejidad y un misterio fantasioso latente generando más incertidumbre ofrecían una temporada emocionante y magnífica. La segunda perdió un poco de fuelle, sobre todo en su tramo final, pues en vez de avanzar y crecer como prometía se frenó un poco y se tornó repetitiva. Parecía que la protomolécula iba a quedar como el argumento recurrente improvisado, en plan Expediente X (Chris Carter, 1993) con los esquivos extraterrestres, y los personajes habían llegado a su tope. Con todo, resultó una buena etapa.

Pero en la tercera sí dieron el salto argumental y cualitativo esperado. Es inevitable pensar que los guionistas se vieron venir la cancelación y se propusieron cerrar las tramas principales en desarrollo, pues parece haber dos temporadas en una, pero lejos de parecer precipitada resultó espectacular, una de las mejores temporadas de los últimos años. Pero entonces se confirmaron los temores de cancelación…

La pequeña empresa Alcon como productora y SyFy Channel como distribuidor apuntaron demasiado alto, pronto quedó claro que no podían mantener una producción tan cara (se estima en unos cuatro millones de dólares por episodio). Con Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) tuvieron más vista y mejor suerte, pues compartieron el esfuerzo con el canal inglés Sky One, desde el primer episodio las audiencias fueron notables y se vendió rápidamente al resto del mundo, mientras que The Expanse tenía entusiastas críticas y gran proyección en internet pero pocos espectadores reales en su emisión. Por suerte, estamos en la mejor época para las series, con plataformas como Netflix o Amazon Prime Video que permiten mejor retorno monetario al tener una proyección internacional sin necesidad de negociar con otras compañías. Estaba claro que acabaría distribuida en una las dos, salvo que en las negociaciones alguno de los productores se pusiera tonto.

Amazon fue quien ganó la puja, y desde entonces era obvio pensar que habría menos restricciones, como de número duración de episodios, de censura (temática, lenguaje, sexo, violencia), y quizá un mayor aporte de dinero también. Pero la cuarta temporada ha estado muy lejos de cumplir las expectativas, ofreciendo un retroceso brutal en ambición y calidad.

Cruzamos el anillo creado por la protomolécula para ir a otros sistemas solares. Pero el siguiente paso de la expansión de la humanidad arrastra los problemas mal cerrados de la etapa anterior. La débil paz entre la Tierra, Marte y el cinturón (divididos entre simpatizantes de la OPA y quienes quieren dejar el terrorismo atrás) no es sino una fachada tras la que se cuecen nuevos intereses.

Lo vive Chrisjen Avarasala en la campaña política, con una oponente populista ciega a los problemas reales. Lo descubre Bobbie en Marte, donde el gobierno militarista se desmorona y facciones criminales quieren hacerse ricas con las migajas. Lo intuyen Camina Drummer y Klaes Ashford intentando atajar a los cinturianos rebeldes y terroristas que quedan tratando de poner a todos en guerra otra vez. Y sobre todo lo enfrenta la tripulación de la Rocinante en Ilus, el planeta recién colonizado, donde refugiados del cinturón esperan formar una nueva vida mientras los mercenarios del gobierno llegan para disputar las nuevas riquezas.

Las maravillas del universo al alcance de la mano no bastan para cambiar al ser humano. La ambición egoísta, el rechazo cuando no odio a las distintas formas de pensar y vivir la vida, y los intereses políticos y económicos crean facciones que difícilmente pueden convivir. La serie mantiene así su estilo verosímil no sólo en ciencia espacial, sino sobre todo como reflejo de la realidad. Pero las tramas en las que subyace esta temática no tienen el ritmo, profundidad y fuerza de antaño.

Son muchas las carencias que van sumándose entre sí y limitando el demostrado potencial que puede alcanzar, y aparecen muy pronto, tanto que la decepción me envolvió en el primer episodio y no se desvaneció en adelante, sino que fue creciendo hasta que vi los últimos con gran desgana, cuando las temporadas anteriores las engullí y volví a ver en poco tiempo. Esta la quiero olvidar y esperar que la quinta remonte y la deje como un mal sueño.

Pensaba que volver a diez episodios contra los trece anteriores me iban a parecer poca cosa, pero se me ha hecho bastante larga. Avanza migajas en las tramas globales, los personajes no se mueven lo más mínimo, es todo una sucesión de aburridas vueltas en círculos con clímax forzados para intentar levantar el interés. La naturalidad e imprevisibilidad con que desarrollaban los hechos en las etapas anteriores no vuelve a verse. El ritmo trepidante, los múltiples frentes intrigantes, los personajes principales y secundarios en constante evolución tampoco están al mismo nivel. Y la fascinación por lo desconocido que se esperaba al abordar la exploración del universo no llega a aparecer en ningún momento.

Todo se cambia por historias predecibles, estancadas en nimiedades que se repiten episodio tras episodio. Una vez presentada, cada sección se mueve muy poco y en direcciones muy fáciles de ver venir. Desde el primer capítulo se sabe con certeza que Bobbie no encajará en Marte y volverá con Avasarala, que los cinturianos buscan gresca, que los gobiernos de Marte y la Tierra se quedan atrás mientras grupos misteriosos varios pasan al frente, que Holden y sus compañeros tratarán de arreglar el lío en la colonia, y que todo junto forma de nuevo un polvorín a punto de explotar.

Sólo algunos tramos de las aventuras de Camina y Klaes son llamativos, pero aparecen poquísimo. Sólo breves instantes de las elecciones en la Tierra resultan mínimamente intrigantes, y no es que sea una historia de altos vuelos comparada con las vivencias anteriores de Avasarala. Y sólo Bobbie aporta algo de emoción en la parte dramática, de forma que es el único personaje que recorre un camino demasiado evidente aportando al menos un conflicto interno llamativo. Por el otro lado, por desgracia la tripulación de la Rocinante no se mueve un ápice, cada uno se queda atascado en su característica más destacable de forma que en cada nuevo capítulo tienen su aportación obligada y ya está. Holden empeñado en salvar a todos, Amos bruto como él sólo, Alex buenazo sin enterarse de casi nada, Naomi idealista y apenada por tanto problema…

Y para rematar, una serie estupenda en cuanto a personajes secundarios, sin miedo a que entren y salgan constantemente de la acción, también patina un montón en este aspecto. Ninguno de los nuevos logra despertar el más mínimo interés, ni la banda de Marte, ni las familias, la doctora y la soldado de Ilus, ni mucho menos el líder mercenario enviado allí por la Tierra. Este villano, interpretado por el siempre sobreactuado Burn Gorman, empieza siendo cargante, pero pronto se torna ridículo por culpa un dibujo tan simple y a la vez excesivo que resulta impropio de esta producción incluso contando con el bajón generalizado.

La fascinación por lo desconocido, el factor descubrimiento tan esencial para que una obra de ciencia-ficción te maraville, no va más allá de las expectativas que te hayas generado en la espera por ver cómo empiezan a explorar el universo. La historia de supervivencia en un planeta desconocido es muy ramplona, y parece que los guionistas lo saben, porque tiran de sensacionalismo, de giros rebuscados y suspense barato cada dos por tres. Los problemas con la protomolécula y el conflicto entre los colonos y mercenarios resultan demasiado artificiales, puestos a designio de los escritores según necesiten una pausa, acelerar los hechos, intriga o drama. En todos los capítulos ese villano de pacotilla pasa de amenazar con matar a todos a trabajar en grupo, de estar cabreadísimo a pasearse entre colonos, la visión de Miller aparece y desaparece a conveniencia, la protomolécula amenaza con algún nuevo enredo absurdo, y los protagonistas se pasean sin terminar de hacer nada concreto para no acabar con las tramas antes de tiempo. Y a pesar de todo, aun tiene momentos en que sorprende para mal: la subtrama de la ceguera es patética, vergonzosa.

Si para el final esperabas una gran revelación con la protomolécula y que el polvorín de todo el sistema solar estalle en nuevas apasionantes historias, puedes darte con un canto en los dientes. El misterio con la protomolética tiene una resolución lastimera, lo demás queda todo en suspenso, sólo hay resoluciones secundarias, todas flojar cuando no penosas, como el cutre duelo final entre Holden y el villano.

La inteligente visión de la humanidad, la simpatía que todavía queda en los protagonistas, y el excelente acabado visual, que otorga ritmo y empaque a historias anodinas (atención a cómo en el planeta cambian el formato de imagen a panorámico), logran mantener a flote una temporada con más fallos que logros, con tramos bastante aburridos y una parte final sin savia alguna.

He pasado de pensar que a The Expanse le vino muy bien acelerar y concentrar las historias en el tercer año debido la sombra de la cancelación a temer que hayan optado por una narrativa a lo The Walking Dead y Vikingos ahora que pueden tener muchas temporadas por delante, esto es, estirar el chicle hasta que pierda toda sustancia. Lo que han contado en diez episodios cabía en uno, dos a lo sumo. Es la presentación de lo que deberían haber desarrollado en el resto, pero nos marean con tonterías y engaños y lo dejan para el siguiente año… y veremos cuánto avanzan ahí y cuánto se resiente la serie si mantienen este estilo. Por ahora me queda el consuelo de que difícilmente pueda seguir el nefasto rumbo de Battlestar Galactica, porque esa dejó claro la improvisación de sus tramas y personajes en el irregular primer año, con lo que no sorprendió que perdiera calidad rápidamente, mientras que The Expanse tiene unas bases muy sólidas, tanto por las novelas como por las tres buenas temporadas que llevamos.

PD: Hasta ahora la había visto con subtítulos de aficionados, y estos eran fieles al original (y cuando se confundían con las armadas marcianas lo podía arreglar sin problemas), pero cuando la serie la adquirió para España Netflix y luego Amazon resulta que estos cambian las iniciales de todas las organizaciones, haciéndolo muy confuso. ¿Te imaginas que en vez de FBI y CIA pusieran AFI y ACI o algo así? Cuando en pantalla ves OPA, MCRN y demás pero te subtitulan con unas letras que parecen elegidas al azar lo único que consiguen es marear al espectador. Ya sé que una es la armada de Marte y la otra la alianza de planetas exteriores, no me compliques las cosas. Y la traducción “cinturionianos” en vez de la natural y lógica “cinturianos” es horrible. No sé cómo habrán apañado la jerga de los planetas exteriores, algo desde luego complicado. El doblaje en sí no sé qué tal estará, como siempre, recomiendo la versión original.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
-> Temporada 4 (2019)

THE CROWN – TEMPORADA 3

Netflix | 2019
Drama, histórico | 10 ep. de 47-60 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, Stephen Daldry, varios.
Intérpretes: Olivia Colman, Tobias Menzies, Helena Bonham Carter, Ben Daniels, David Rintoul, Charles Edwards, Charles Dance, Marion Bailey, Josh O’Connor, Erin Doherty, Jason Watkins.
Valoración:

La tercera temporada de The Crown vuelve a ofrecer un entretenimiento la mar de gratificante, pero lo cierto es que en vez de madurar se nota un estancamiento, no termina de explotar el potencial latente en la historia que abarca y el estilo narrativo con que lo hace. Ya hay que asumir que su autor, Peter Morgan, no pretende salirse de una fórmula que funciona bastante bien de cara al público. Y quizá tampoco lo hiciera si las cosas no fueran tan bien, pues es como ha elegido construir la serie. Aun así, sigo teniendo esperanzas en que en el futuro aproveche mejor las posibilidades que todavía guarda.

El relato del reinado de Elizabeth II (salvo que veas el doblaje español, donde hacen el ridículo castellanizando los nombres) continúa combinando el drama personal de la reina y su familia con saltos a la política, a crisis puntuales, y en general a lo que parezca interesante a Morgan. Pero de nuevo el equilibrio es imperfecto. La elegancia y brillantez de muchos tramos no cuaja del todo con el sensacionalismo o letargo en que caen otros. A veces atina al cambiar el punto de vista a una historia tangencial de gran relevancia o al menos atractivo, en otras deja de lado cosas muy importantes y pone el foco en detalles innecesarios.

El caso más grave viene por partida doble. No puede ser es que estemos con la crisis económica y política en que está sumida el país en primer plano y la solución se omita por completo para dar más presencia a líos de la corona con la prensa y la imagen pública. Ocurre en el inicio de temporada, donde giramos de la devaluación de la moneda y el gobierno apunto de caer a las aventuras de Margaret y Lord Snowdon, y en el final, donde pasamos sin disimulo de la crisis energética y las huelgas de mineros a otra etapa de esa tormentosa relación.

Pero la sensación de irregularidad en tono, alcance y calidad pesa todo el año. Se puede decir que tiene cierta ventaja, porque hay espectadores que se enganchan más a unos tramos e historias y otros se decantan por otros distintos, es decir, la serie resulta atractiva para distintos sectores del público. Pero en la valoración global y en un análisis más objetivo que emocional hay que señalar esa falta de estabilidad, los cambios forzados de foco y tono, el material desaprovechado…

El aclamado Aberfan me sacó varias veces de una historia muy potente porque tiran de sensacionalismo más de la cuenta, mientras que tanto Olding como El golpe me absorbieron por completo con unos eventos desconocidos (el espía en la corte, el plan de golpe de estado) contados con gran manejo de la tensión e incertidumbre. Los problemillas de la adolescencia del príncipe Charles me parecieron muy maniqueos, mientras que las aventuras de Margaret en Margaretología fueron más amenas y más originales, aunque fuera a costa de ningunear aspectos más trascendentales.

En lo que sí suele coincidir la mayoría es que la parte final se atasca más de la cuenta en dramas personales, sin conseguir ni el ritmo ni la profundidad necesarios. El intento de redención del Duque de Windsor (ahora encarnado por el gran Derek Jacobi), paralelo al romance de Charles con Camila Shand en El hombre en suspenso se hace pesado. En tierra de nadie quedan algunos capítulos extraños: las crisis de Phillip (con el alunizaje y el nuevo cura) se tratan con mayor elegancia e inteligencia… pero terminan haciéndose episodios muy largos, hubieran ido mejor como historias secundarias. Lo mismo se aplica a la crisis matrimonial de Margaret, un arco un tanto simplón para acabar el año que quizá hubiera ido mejor disgregado poco a poco, alternando con otras tramas. Morgan se ha atado a su idea de centrar cada episodio una cosa, pero también es justo es decir que la cronología histórica limita bastante el movimiento.

Con el excelente nivel de producción la serie sigue manteniendo un aspecto superior a primera vista y engañando bastante los sentidos a sus carencias durante el visionado. Decorados rematados con un correcto trabajo digital cuando es indispensable (aunque alguna pantalla de fondo canta, por ejemplo en los desembarques de varios aviones), vestuario fastuoso y bellas localizaciones exteriores son captadas por una fotografía magistral y unas labores de dirección muy notables. La música ha cambiado. No sé por qué ficharon a Lorne Balfe, de la factoría Hans Zimmer, para una serie tan inglesa: sus sintetizadores creaban atmósferas efectivas pero sin complejidad musical alguna, mientras que el actual compositor, Martin Phipps, aunque obligado a mantener las bases sintetizadas, aporta instrumentación tradicional (aun sin grandes despliegues orquestales) y ofrece un trabajo más versátil y refinado.

En cuanto a interpretaciones, creo que desde el principio tenían pensado cambiar de actores para cada etapa histórica, lo cual estaba claro que iba a garantizar bastantes comentarios y alguna polémica.

Para la década de 1964 a 1974 contamos con otros cuantos talentos más o menos conocidos en televisión. La reina, encarnada entonces por Claire Foy, está ahora en manos de Olivia Colman, quien causó sensación con Broadchurch (2013) y La favorita (2018), y está espléndida. A pesar de que no aguantó las lentillas y los efectos por ordenador no convencieron a los productores y la dejaron con su color de ojos oscuros en vez de los claros de la figura real, desde el principio se ve al mismo personaje. Tobias Menzies, de Roma (2005) y Juego de tronos (2011), también está impecable como como Phillip. Cabe destacar que inicialmente eligieron a Paul Bettany (Los Vengadores -2012-, Master and Commander -2003-), pero se cayó por problemas de agenda. Margaret choca un poco más, pues de la atlética y elegante Vanessa Kirby hemos pasado de golpe a una bajita y rechoncha Helena Bonham Carter (no necesita presentación), aunque desde luego lo hace bien. En cambio, Ben Daniels (La reina virgen -2006-, Rogue One -2016-) como Lord Snowdon mantiene el porte carismático de Matthew Goode de maravilla.

Pero en los secundarios entra juego el problema de que tienes que haberte quedado bien con el nombre y posición de cada uno para no perderte con el nuevo rostro. Yo me hice un buen lío con los mayordomos Michael Adeane (de Will Keen a David Rintoul) y Martin Charteris (de Harry Hadden-Paton a Charles Edwards), donde podían haber dejado a los mismos actores y ponerles canas, pues a fin de cuentas a partir de cierta edad el físico no cambia tanto y sería verosímil, y también me despistó un poco al principio la reina madre (de Victoria Hamilton a Marion Bailey). Al Lord Mountbatten inicial, Greg Wise, ni lo recordaba ni lo haré, porque Charles Dance (Juego de tronos, entre otras muchas) está inmenso y se hace con el personaje para él solo.

Los nuevos son todo un acierto. Josh Connor (Peaky Blinders -2013-, Ripper Street -2012-) se mimetiza de lleno en el príncipe Charles; es increíble cómo han encontrado a alguien tan parecido en el físico y que sea buen actor. Erin Doherty (en su primer papel destacable) como la princesa Anne es capaz de dejar huella desde la primera aparición en un plano secundario, y luego aprovecha de maravilla el protagonismo creciente.

Entre los mejores papeles, tras Dance y Colman me quedaría con Jason Watkins (Taboo -2017-, Being Human -2008-) como el primer ministro Harold Wilson, pues resulta un maestro de las miradas y los silencios contenidos que lo dicen todo. Sus encuentros con la reina ofrecen algunas de las mejores escenas del año.

Ver también:
Temporada 1 (2016)
Temporada 2 (2017)
-> Temporada 3 (2019)

EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD

El Camino: A Breaking Bad Movie
Netflix | 2019
Drama, suspense | 1 ep. de 122 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Diane Mercer.
Intérpretes: Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker, Jesse Plemons, Scott Macarthur, Scott Shepherd, Jonathan Banks, Krystin Ritter, Bryan Cranston.
Valoración:

Alerta de spoilers: Diría que señalo algunos aspectos del final, pero realmente no cuenta nada nuevo respecto a la serie y no revelo detalles concretos.–

Con Breaking Bad terminada por todo lo alto y una secuela que explora otras opciones (Better Call Saul) en marcha, ¿qué necesidad había de ofrecer un tardío epílogo? Cierto es que se puede pensar que siempre puede haber otra etapa en la vida de los personajes que relatar (hasta la muerte, obviamente), pero si no era relevante para desarrollarla durante la serie, y no hay una clara sensación de que se quedaron cosas en el tintero por falta de tiempo o recursos, ¿por qué andar mendigando resquicios por donde tirar seis años después? Viendo el resultado, está claro que en vez de trabajarse un homenaje que fluya con naturalidad mientras desarrollan una historia con novedades y bien trabajada que pueda despertar nuevo interés, Netflix y Vince Gilligan han buscado únicamente exprimir a los seguidores más fieles.

Ver a Jesse Pinkman en libertad era un buen final, no dejaba cabos sueltos, pues los enemigos estaban eliminados y la poderosa órbita de Walter White desaparecida, y tuvo el toque justo y necesario de emotividad: el calvario del joven ha terminado y puede intentar rehacer su vida. Volver atrás y tratar de aportar novedades a historias ya cerradas tiene todas las decepcionar, y más después de tanto tiempo, con la serie tan idealizada. Cada espectador se habrá imaginado un destino distinto para Jesse… y el que nos ofrecen no convence lo más mínimo. No aporta a su arco dramático nada que no estuviera claro o al menos se intuyera en aquel desenlace, y hasta llegar de nuevo a la conclusión hemos tenido dos horas perdidas en una lucha por la supervivencia muy floja en interés y calado.

Es decir, El Camino es puro relleno para llegar a la misma situación. Con libertad y sin ataduras tiene la posibilidad de retomar su vida como quiera y pueda, pero esa historia no hay necesidad de contarla. Por eso no lo han hecho aquí. Y que fueran conscientes de ello no hace sino confirmar que sabían que era una película innecesaria, un reclamo para fans.

La sensación de que es un episodio menor, de transición entre cosas más importantes que están por llegar, es constante. La serie era terriblemente irregular, pero aun así este capítulo se siente por debajo de los más flojos en ritmo y en contenido. Ninguna acción parece generar secuelas ni allanar un viaje emocional concreto y novedoso para el protagonista, todo son anécdotas sin trascendencia ni algún atractivo extra. Salvo en la inicial escena de persecución, bastante tensa, no se teme por lo que le pueda ocurrir, no te asombras con situaciones imprevistas que descolocan cualquier intuición que tuvieras sobre el porvenir, elementos que hicieron destacar a la serie, y el final es anticlimático a más no poder. El último clímax depende exclusivamente de si un tipo llama a la policía o no, y ninguna de las dos opciones promete nada extraordinario ni llega a ofrecerlo. Con las aventuras tan espectaculares y originales que hemos tenido durante las temporadas, ahora pretenden captar nuestra atención con una simplona huida de las autoridades y una artificial venganza contra un villano de poca monta que se han sacado de la manga, porque como decía, todas las tramas estaban bien cerradas.

La inspiración de Vince Gilligan también brilla por su ausencia en el acabado, que luce como una película de cine de presupuesto menor porque hay talento y experiencia de sobra, pero la inventiva de la que hacía gala en cada episodio, y seguramente con menos dinero y tiempo, aquí no está presente. Intenta unas cuantas escenas con los reconocibles enredos visuales, pero estas no logran impresionar ni agilizar tramos de menor interés. Por ejemplo, la búsqueda de dinero en el piso se alarga hasta aburrir.

El Camino vive exclusivamente de la referencia, de jugar con la añoranza del espectador. Para los seguidores que tienen endiosada la serie, se la han visto mil veces y buscan cualquier detalle para seguir alimentando su idolatría, Gilligan hace malabares para citar detalles rebuscados y mostrar fugazmente personajes muy, muy, muy secundarios que sólo ellos puedan identificar y así saciar su apetito. Para los que vimos la serie y seguimos adelante con nuestra vida buscando otras obras originales y de gran calidad, porque por mucho que digan sus fanáticos Breaking Bad no fue la mejor de la historia ni entra en la categoría de obra maestra, tiene también su ración de gominolas, estás más baratas: mete con calzador otras figuras más reconocibles pero que ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Mike, Walter White y Jane Margolis no aportan absolutamente nada, de lo que canta el intento de conmover obtiene lo contrario, molesta porque intenta engañarte con trucos manipuladores. Sólo con Badger y Skinny Pete consigue un homenaje bonito y bien hilado. Todd en cambio no funciona del todo: resulta simpático, pero su presencia es puro relleno, una trama secundaria para matar el tiempo.

Gracias a la conexión con Jesse y el excelente papel de Aaron Paul, que tiene pocos diálogos pero logra transmitir bien su desesperación y miedos, el visionado logra engancharte lo suficiente para que esperes que la historia llegue a concretar algo y explote de una vez. Pero ni las partes más intensas, como la persecución inicial, la aparición de los falsos policías y el duelo con estos, logran mitigar la sensación de que El Camino carece de inspiración y esfuerzo en su creación. Apenas vale para pasar el rato, y no da lo suficiente como para dejar huella y pensar en volver a verla.

PD: Robert Forster rodó su parte (interpretando al dependiente de la tienda de aspiradoras) a pesar de sufrir un cáncer de cerebro. Murió justo el día de estreno de la película, el viernes 11 de octubre.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
-> El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 3

BBC Two | 2016
Drama, suspense | 6 ep. de 54-58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Paddy Considine, Packy Lee, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Jan Bijvoet.
Valoración:

No sé si el creciente éxito de la serie tuvo algo que ver ni si se encarrila en las siguientes temporadas, pero su productor y prácticamente único guionista Steven Knight apunta demasiado alto en esta etapa partiendo de unas bases que no permiten tanta ambición, y termina sufriendo un gran tropiezo.

Con seis capítulos por temporada, un presupuesto ajustado y pocos personajes dio forma en sus dos primeras temporadas a un sencillo y entretenido relato sobre las intrigas criminales de una mafia de barrio. Pero la maduración a la que apuntaba en la segunda, con los personajes secundarios ganando profundidad y ofreciendo en general historias más variadas que las predecibles aventuras con que había empezado, no ha seguido su buen curso.

Manteniendo el número de episodios, con ocho personajes mal contados y tres escenarios y medio (la casa de apuestas, la mansión, la calle, una fábrica) no da para sostener la épica intriga criminal pretendida, así que se la temporada se cae a pedazos, resulta artificial, descabellada, caótica… Saltamos entre dramas personales inestables, con giros sensacionalistas que salen de la nada y cuyas consecuencias se despachan con trazos mal dados, e intrigas rebuscadas sin que nada llegue a desarrollarse por completo, sin que calen los hechos en la situación criminal y psicológica de los protagonistas, y desde luego sin que resulte creíble de cara al espectador.

Los Peaky Blinders han pasado de luchar a mamporros con otras bandas locales por unos pocos pubs y fábricas y las apuestas de la zona, a controlar Birminghan sobre todos los rivales italianos, judíos, gitanos y demás, y a tener todo negocio bajo su control. Han pasado de tener en nómina a unos pocos policías de la zona a subyugar comisarías y meter mano en la política. Y no me lo creo. No se ha visto cómo han logrado tales hazañas ni cómo las mantienen en pie, no resulta verosímil en ningún momento. Son una pequeña familia con un puñado escaso de matones a sus órdenes, no se ve un entramado criminal de grandes proporciones que haga posible tal dominio. Lo mismo se aplica a los nuevos enemigos y el plan criminal principal de este año, donde Knight se ha flipado cosa mala y termina haciendo bastante el ridículo.

Thomas Shelby se encuentra entre la espada y la pared cuando una organización secreta afín al gobierno le exige ejecutar un complot de grandes proporciones. Este entramado supuestamente temible y de largos tentáculos lo representa un solo personaje, un cura interpretado por Paddy Considine. Ni el actor ni el rol dan la talla como genio del mal, ni mucho menos hacen tangible la supuesta fuerza de esa organización. Nos hemos de creer porque sí sus amenazas de que controla el país a su antojo y la rebuscada combinación de planes anticomunismo, lazos rusos, confabulaciones para desestabilizar gobiernos extranjeros… Nada de esto se ve realmente, sólo se oye en boca de Tommy. Si yo fuera uno de sus hermanos pensaría que está loco, porque sólo él ve esas cosas.

En cada capítulo parece que va a ocurrir algo grande y espectacular, pero casi todo se resuelve fuera de pantalla, en plan “He ordenado que corten las calles y detengan a los soldados de la banda enemiga, así que hemos ganado”, “Para ejecutar este robo imposible hemos convencido a todas las fábricas de ir a la huelga”, etc. Muchas veces vemos solamente cosas triviales, como a Tommy mirando a la nada con temores y dudas o la enésima disputa con los hermanos, y en la escena siguiente aparece con esa frase que resuelve todo. La guerra con los italianos, la organización secreta manejando los hilos, los rusos que unas veces parecen unos muertos de hambre y otras se supone que tienen gran poder, diversas fases de los planes de enviar armas y robar joyas… Todo son vaguedades que no llegan a concretarse.

El carisma de los personajes no sirve esta vez para tapar huecos, porque estos son muy grandes y a veces los engullen. Tommy pasa por mil fases sin que se terminen de desarrollar los eventos y tratar las consecuencias adecuadamente. Otrora un personaje con motivos claros, un rumbo de acción determinado y un esfuerzo personal visible en todo momento, ahora es un ente hueco dando bandazos según le viene al escritor. La relación con Grace sigue siendo un desastre, no hay química entre los actores ni trabajo desde el guion que le otorgue forma, y el giro que cambia las cosas es de un ridículo que espanta. Entre los momentos más fallidos cabe destacar esa parte en la que Tommy está medio muerto de una paliza (cráneo fracturado y todo) y, tras señalarnos que ha estado meses hospitalizado, vuelve al juego sin que el paso del tiempo haya perjudicado a su poder ni cambiado nada. Entonces, ¿para qué tanto enredo?

La dinámica con los hermanos es totalmente volátil, un día son una banda de fidelidad inquebrantable, al siguiente todo recelos y peleas. La disputa con el cura maligno es delirante, bastaba con pegarle un tiro a la primera de cambio. Tras resultarme muy atractivo en su presentación, me ha sentado muy mal que Michael esté desaprovechado casi todo el tiempo y al final salte a primer plano con uno de esos virajes tan poco meditados: “pues ahora me acuerdo de que ese cura abusó de mí cuando era un crío”, y ahora de repente quiere formar parte de las acciones criminales y matarlo. Polly tiene un romance cansino con un tipo anodino que no lleva a ninguna parte, y eso que Alexander Siddig es un gran actor. Al final, de la familia de Tommy sólo Arthur mantiene cierto nivel, porque a John siguen sin desarrollarlo y las mujeres son de adorno. Pero al principio descoloca un montón, porque aparece casado con una católica irredenta que intenta controlarlo… ¿Cómo se ha enamorado y atado a alguien así? Por ello, su arco de buscar redención y dejar de pecar parece muy forzado.

Lo único rescatable, aparte del magnetismo de Cillian Murhpy y el cada vez mejor papel de Paul Anderson como Arthur, es Gaite Jansen y su alocada y seductora princesa rusa. También destaca el estilo audiovisual cada vez más. Aunque la dirección es mejorable en muchas ocasiones, la fotografía es un deleite, y la música con temas rock modernos muy bien fusionados con las imágenes ya es un sello inconfundible.

Peaky Blinders venía siendo bastante interesante a pesar de su escaso alcance, pero la tercera temporada pega tantos tiros al aire que no termina de formar una historia coherente y amena. Se me ha hecho muy pesada y decepcionante, no entiendo que la crítica se volcara tanto con ella y el público encontrara una serie supuestamente asombrosa y adictiva.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2016)