Archivo mensual: abril 2020

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 5


AMC | 2020
Drama, suspense | 10 ep. de 45-59 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn, Jonathan Banks, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Patrick Fabian, Tony Dalton, Mark Margolis, Kerry Condon.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la situación inicial de cada personaje.–

Con el nacimiento de Saul Goodman desde las cenizas de Jimmy McGill y a falta de solo una temporada más para acabar, Better Call Saul debería haber pegado un subidón, haber empezado a andar con paso firme hacia adelante, dejando atrás el miedo, la timidez y otros lastres innecesarios, pero sigue atascada en los mismos problemas de las etapas anteriores. Las vueltas en círculos para ralentizar la progresión y tener otro año más y las dos secciones tan diferenciadas y mal unidas nos dejan otra vez con la miel en los labios.

Sí, sin duda Vince Gilligan, Peter Gould y colaboradores son muy inteligentes y metódicos, capaces de exprimir la psicología de los protagonistas principales, mantener bastante alto el interés con poco (el cuidado al detalle es muy destacable), y construir puntos álgidos emocionales o de acción con una paciencia y habilidad pasmosas. Pero también está claro que se equivocaron con el concepto de la serie, con algunas elecciones iniciales, y no han sabido arreglarlo conforme ha pasado el tiempo.

En la primera temporada pensaba lo contrario. Creía que la experiencia adquirida con Breaking Bad (Gilligan, 2008), una obra muy experimental, les habría permitido conocer los límites de la narrativa y aquí irían con mayor seguridad en lo que hacían, a lo que se sumaba que el destino de Jimmy McGill es conocido, con lo que tendrían el rumbo bien determinado. Es decir, la serie madre resultaba muy irregular debido a tanta improvisación, y parecía que aquí iban a manejar mejor la contención, a hallar un mayor equilibrio. Pero ya la segunda etapa empezaba a mostrar claramente una parte de acomodamiento y otra de no tener los objetivos claros, y conforme pasaba el tiempo se ha ido imponiendo el miedo a cambiar de aires, a arriesgarse a dejar la zona de confort e ir más allá.

Y en una serie que precisamente habla sobre ello, es imperdonable. La historia de Jimmy y su alter ego Saul Goodman es la de romper con el sistema, con lo establecido, con su vida, y lanzarse al mundo que el que siempre ha jugado, el del caradura, el los pequeños rodeos bordeando la ilegalidad… el del crimen. Hemos estado esperándolo cuatro años, con amagos varios y a veces también bucles cansinos, y cuando llegan, las mejoras se ven empañadas por la continuidad y la acentuación de los fallos.

La aceptación de su destino aporta al personaje y a su fantástica relación con Kim Wexler más matices y nuevas experiencias muy atractivas. La dedicación de los guionistas queda bien patente. En cada suspiro y mirada entendemos qué piensan, qué ocultan, qué pretenden. Tras cada decisión, traspiés y victoria ha habido una progresión muy cuidada. De nuevo brilla ese amor por el detalle, por cosas en apariencia mundanas que sirven como detonante de grandes avances. Por ejemplo, ha sido muy efectivo que Jimmy quiera guardar su apreciado termo del café que lo ha acompañado en su tormentoso viaje laboral… y que Kim lo encuentre por casualidad y vea el agujero de bala que destapa sus últimas mentiras. Aunque hay que señalar que también tiene algún fallo notorio en este aspecto: el helado engullido por hormigas como símil de la corrupción es irrisorio.

Para redondear estos fascinantes roles, Bob Odenkirk vuelve a estar estupendo en un personaje con muchísimos matices y cambios emocionales, y Rhea Seehorn, que ya apuntaba muy buenas maneras, tiene cada vez más espacio para deslumbrar con un torrente interpretativo admirable, capaz de pasar de lo enérgico a lo sutil en solo parpadeo.

Pero después del buen trabajo hecho con la psicología de los protagonistas, los autores desaprovechan su enorme potencial con historias muy previsibles y guiadas. Prácticamente todo se ve venir en cuanto se presenta, tanto en los problemas personales y laborales como en la entrada en el mundo del crimen. De esta forma, se echan muchísimo de menos los giros a lo Breaking Bad que hacían saltar en pedazos cualquier cosa que dieras por hecho. La relación con Lalo, lo que más instantes inesperados podría traer, se queda en lo más facilón, sabes cuándo acabarán uno en la órbita del otro, qué conflictos habrá, cuándo Jimmy sufrirá consecuencias, e incluso supuestos momentos álgidos, como presentarse en su casa, no sólo se intuyen, sino que te imaginas mucho antes cómo se desarrollarán.

En ocasiones, la excelente puesta en escena, con el pulso templado de la dirección y la deslumbrante fotografía, salvan muy bien los trastes, como en la espectacular odisea por el desierto. Otras veces, no hay manera de levantar el poco contenido: los dos últimos capítulos son insípidos y decepcionantes, no hay incertidumbre ni tensión alguna.

A ello hay que sumar que Saul y Kim forman parte de una serie, y por el otro lado tenemos otra muy distinta: las aburridas e intrascendentes disputas entre los líderes de los cárteles.

La obsesión por depender tanto de Breaking Bad ha sido otro error del que siguen sin ser conscientes. Había tanto que contar en los juegos con la ilegalidad de Jimmy, que volver la vista atrás para contar nimiedades de una historia ya cerrada en aquella serie es a todas luces una decisión fallida, agravada notablemente por la falta de novedades y valentía. Lalo Salamanca puede ser carismático gracias al papel de Tony Dalton, pero su historia está tan vista, es tan previsible, que acaba siendo una verdadera molestia. En cada aparición esperaba que fuera la última y pasáramos a otra cosa. Pero al final daría igual también, porque el resto es ver a Gus Fring serio, críptico e inquietante hacer cosas que ya conocemos de sobras.

Porque no hay más. Sólo ellos y otro par de capos representan el entramado de los cárteles, restándoles bastante credibilidad. Ya Breaking Bad metió bastante la pata cuando se embarcó en este camino de poner jefazos cada vez más poderosos, cual videojuego, dejando de bastante lado la credibilidad. ¿Dónde están los capitanes y tenientes, los mensajeros, los asesinos? Lalo, Fring y los Salamanca siempre están sólos sobre un entramado criminal fantasma, y resuelven todo con llamadas: aparece un contacto, un equipo de matones o de mercenarios bien equipados o lo que sea, y les soluciona el trabajo o no según requiera la trama, mientras ellos no hacen mucho más allá de poner caras de villano de dibujos animados. Conflictos internos momentáneos como la estúpida escena de las freidoras sucias llegan tarde y mal. Si no hay novedades, al menos que hubiera solidez y verosimilitud.

El único consuelo era que Nacho Varga y Mike Ehrmantraut iban aportando un poco más de emoción y variedad, una historia más humana y tangible. Pero también ha ido quedando claro a lo largo de estos cinco años que son relleno, que no tienen para ellos una historia bien planificada, y que la unión con Saul es anecdótica, como para recordar que estamos en el mismo universo. Ha habido tramos bien hilados que daban más interés a su presencia, como la construcción del laboratorio de droga, pero una vez superadas sus secuelas, en esta etapa no encontramos nada llamativo.

Mike está completamente estacando, con capítulos que hubieran tenido algo de sentido en el primer o segundo año, pero ahora parecen pura morralla. Los recesos en que queda en pausa total para hacer tiempo hasta que puedan volver a acercarlo a Saul son vergonzosos: la historia de la herida curada en aislamiento y el drama recordando a su hijo son ideas tan trilladas y llenas de clichés que parecen escritas por otros guionistas y empalmadas por la fuerza.

Nacho va peor encaminado. Al menos con Mike tenemos una personalidad bien definida, unos intereses personales y laborales claros. Nacho está metido en todo sin que sepamos todavía, a estas alturas de serie, qué lo mueve, qué quiere del mundo. El drama con el padre también está demasiado visto, la impostada tensión al quedar entre Lalo y Fring no va a ninguna parte, la rivalidad entre estos se acrecienta u olvida como si fuera una riña entre niños.

No olvidemos tampoco la obsesión por incluir tanto referencias veladas como homenajes claros a Breaking Bad, tiempo perdido para quienes esperamos que vaya al grano y siga su propio camino pero que parece hacer las delicias de los fanáticos que dan más valor a encontrar un guiño oculto a su obra endiosada que una buena historia propia. En este año tenemos la aparición estelar de Hank y su compañero, otro enlace tan gratuito y forzado que rompe el ritmo de mala manera. Y Lydia pasaba por aquí para decir “Holiiiii” y ya está.

Para colmo, el arco de Saul y Kim acaba en el octavo episodio. Apenas tocan un poco las consecuencias y el inicio de la nueva etapa en los dos siguientes con micro escenas que diluyen negligentemente su impacto dramático. Resulta que los autores estiman oportuno dejarlos en segundo plano y darle relevancia a una artificial subtrama de intriga y acción con los cárteles. Por mucho tiroteo que metan, no pueden disimilar la falta de interés que despierta esa sección y lo mal que le sienta a la temporada acabar con una distracción tan descarada.

Así, la tímida mejora en equilibrio y sensación de dirección del cuarto año se vuelve a disipar, y pesa más que nunca porque es un paso atrás justo cuando parecía mirar hacia adelante por fin.

PD: Robert Forster falleció en octubre, con lo que no llegó a ver sus escenas en El Camino y el primer episodio de esta temporada.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)
-> Temporada 5 (2020)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 6 Y FINAL

HBO | 2019
Comedia | 7 ep. de 30-45 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Josh Brener, Chris Williams, Jimmy O. Yang, Chris Aquilino, Rachel Rosenbloom, Krishna Smitha, Chris Diamantopoulos, Aristotle Athiras, Helen Hong.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro a fondo, incluido el final.–

La quinta temporada de Silicon Valley mostró un importante desgaste, pero como es habitual esperábamos que en el final de la serie se pusieran las pilas y acabaran por todo lo alto. Pero me temo que el agotamiento de los guionistas se hace más patente. Han recortado otro episodio, acabando sólo con siete (aunque el último es de 45 minutos), y aun así no logran plantear un buen arco final y ejecutarlo con determinación.

Después de seis años desarrollando el proyecto soñado por Richard Hendricks de usar su genial algoritmo de compresión para conseguir una internet descentralizada y neutral, libre de la interferencia de empresas y gobiernos, no encaramos una última etapa de su trabajo y su lucha que atrape con la intensidad de los cuatro primeros años, ni tan siquiera transmite la sensación de que nos acercamos por fin a un destino concreto.

La pena es que en el primer capítulo apuntaba buenas maneras. Parece que Richard y su equipo tienen al alcance de la mano su ansiada meta. Las últimas campañas de financiación y el avance en su labor les ha permitido dar el salto a un edificio propio con cientos de empleados. El discurso en la vista ante el senado, genial parodia de cuando Mark Zuckerberg tuvo que responder por Facebook, deja clara las ideas y determinación de Richard en su utopía. Y el primer tropiezo es llamativo: el principal socio se inclina por romper sus líneas rojas, monitorizando la actividad de los usuarios y venderlos para incluir publicidad personalizada.

Pero ahí se queda la cosa. Tendríamos que estar todo el año expectantes ante el inminente lanzamiento de la nueva internet, con problemas de última hora no previstos, como se espera de una serie otrora tan inspirada e impredecible. E incluso podrían haber abordado los primeros pasos en la implantación, y haber dejado la puerta abierta a los nuevos retos. Ese sería un final muy acorde con la dinámica de la serie.

Pero los problemas que van apareciendo son repetición de cosas ya vistas, nos desviamos en mundanos líos de oficinas, los protagonistas pierden fuerza en aventuras secundarias sin savia ni gracia, el sempiterno conflicto con Gavin tampoco trae novedades llamativas… Y en el tramo final intentan impactar y emocionar con una mala mezcla de fuegos artificiales y añoranza.

La historio más relevante es el dilema de aceptar dinero sucio (de un hijo de dictadores sudamericanos), y resulta muy artificial, no tiene relación directa con la integridad de la red, y a estas alturas no aporta nada repetir con líos de financiación. También se extiende la guerra con Laurie Bream y Gavin Belson sin ofrecer nada nuevo, mientras que lo único que llamaba la atención, Jian Yang y su versión clónica de PiperNet que auguraba diversos conflictos corporativos y legales, termina dejándose de lado sin más, Bream dice que no funciona y se olvida como si nada.

Conforme entramos en la temporada, la sensación de que no hay dirección se va haciendo cada vez más patente. Y para el desenlace se montan enrevesada premisa de ciencia-ficción más propia de Black Mirror (Charlie Brooker, 2011). Como suele pasar, a falta de ideas, tiran por sensacionalismo y malabares que intenten tapar las carencias.

Resulta que en el proceso de darle vida a la nueva internet nuestros chicos han creado sin querer una inteligencia artificial maligna que podría liarla parda, y tienen que decidir si cobrar millones por el lanzamiento y salir por patas o si matar el proyecto en el último momento y callar, quedando como héroes anónimos. ¿De verdad pretendían los autores que esta salida por la tangente colara entre los seguidores? No puedes romper tus propias reglas en el último momento. Aunque fuera desde una perspectiva de parodia que afila los estereotipos hasta casi caer en el surrealismo, la serie siempre se ha mantenido verosímil en el fondo y dejaba lecturas muy humanas. Tras cada decisión absurda de Belson se mostraban magistralmente los desmanes de estas figuras egoístas, por citar la línea siempre más exagerada.

El demencial giro de las ratas referenciando descaradamente al flautista de Hamelín que da nombre a la compañía me hizo llorar de risa y tener que darle a pausa para recomponerme. La decisión final de si confiar en Dinesh o no es un buen momento de tensión que rompe muy acertadamente Gilfoyle, mostrando así que su peculiar amistad después de todo es inquebrantable. Pero no es suficiente para tapar la pésima elección que han tomado para finalizar la serie. Y como epílogo tenemos la típica reunión nostálgica de los amigos alrededor de una mesa, con la coña de “siempre azul”, pero es muy fácil y ya se ha usado mucho en infinidad de obras, aquí de hecho en más de una ocasión, así que resulta más irritante por intento de manipularme que emotiva de forma natural.

La irregular cuando no caótica y decepcionante temporada se sostiene a duras penas por el encanto de sus personajes, aunque arrastran grandes peros que limitan un potencial mucho mayor. Estos muestran una ligera maduración, de forma que enfrentan los retos de formas bastante distintas a como lo hacían en los primeros pasos de su odisea. Pero precisamente por ello es una pena que los desaprovechen en historias globales y subtramas que no están a su altura.

Richard y Gilfoyle son los que mejor parados salen. Todo este largo proyecto ha hecho de Richard alguien más seguro de si mismo, más valiente y decidido. Muestra dudas en dilemas complicados, pero llega con más rapidez y coraje a las soluciones, incluyendo algunas difíciles como rechazar grandes sumas de dinero por ética y mentir a todos sus empleados cuando lo considera necesario. Con todo eso en mente, ¿a qué viene la aventurilla en que un compañero lo acosa como a un pardillo? No encaja con el tono del resto de historias, es como un descarte de las primeras temporadas.

Gilfoyle va tomando consciencia de que es demasiado antisocial y pagado de sí mismo. La jefa de recursos humanos le toca las pelotas y empieza respondiendo de malas maneras, pero poco a poco se suaviza, formando una amistad muy interesante con Monica (algo que ya se había tanteado el año anterior) y haciendo nuevos amigos (el rarito de mantenimiento de los servidores). Pero da la impresión de que falta una trama larga que lo exprima mejor.

Jared inicialmente promete con una trayectoria también sembrada en la etapa previa. Richard ha llegado a un punto en que no lo necesita, y este debe encontrar nuevas razones por las que sentirse realizado. Pero los guionistas le encasquetan un interés que resulta una cagada estrepitosa. Primero, no hay sensación de que realmente trabaje en algo, sino que es un relleno para forzar intriga y no tardará en volver al redil. Y así ocurre, desandando lo andado como si nada, haciéndote pensar en que ha sido tiempo perdido. Pero lo peor es que su nueva meta es incómoda: el personaje de Gwert es grotesco, un insulto a las personas con taras físicas. Aquí han patinado a lo grande en el difícil equilibrio entre hacer gracia y conmover partiendo de un estereotipo y caer en la ridiculización de uno. Y entre todo ello realizan una especie de pausa donde Jared encuentra a sus padres biológicos… escena que pasa sin pena ni gloria. ¿Qué pretendían con ello, qué han intentado que aportara al personaje? No veo cambios en sus carencias de independencia e inseguridad.

Dinesh ya mostraba mucho desgaste en el quinto año, y sigue igual. Si eliminamos sus intervenciones hasta el final sería una mejora para el conjunto. Queda ahogado en su cliché de egoísmo y revanchismo, y la relación con un nuevo compañero, Gabe, en teoría tan peculiar como de costumbre en los personajes secundarios, canta a remedo cutre de su dinámica con Gilfoyle: sólo está ahí para sus piques. En el final entra en un buen dilema, su ego contra sus amigos, con giros efectivos, dándole así un desenlace digno que suaviza las malas impresiones. Pero no las eclipsa por completo.

Monica Hall queda en tierra de nadie. Que se uniera por fin a los chicos prometía mayor interacción laboral y personal y que abordarían la relación amorosa en tensión que fue surgiendo por sí sola con Richard. Pero no hace nada digno de mención. Está presente en cada discusión, pero de neutra llega a hacerse casi invisible. En los últimos episodios la meten en dos micro historias que no llevan a nada. En una se juega con la integración con los demás compañeros, pero en realidad es una aventura de Gilfoyle y ella está de pegote, los hechos no influyen en su personalidad. La otra es sobre feminismo, y tampoco aporta nada, es más, se queda a medio cocer y termina desapareciendo. Otra historia más que barren bajo la alfombra para forzar el arco final absurdo.

En los secundarios más relevantes estamos igual, caos y malas decisiones. Laurie Bream no tiene una aportación llamativa, cuando hubiera estado bien ver algo que la redima y humanice un poco. Gavin Belson va mejor encaminado, pero en los últimos pasos tropiezan. Sin duda su viaje lo estaba llevando hacia el hastío por su trabajo y mostraba algo de moderamiento en su desmedido ego, pero la transición hacia escritor de poca monta es precipitada, incomprensible por momentos. ¿Qué se supone que gana en lo emocional, qué consuelo y motivaciones encuentra? Es como si los guionistas hubieran elegido una opción al azar y se la tiran encima sin más. Además, el novelista al que se asocia resulta confuso: creía que era Denpok disfrazado, pero mirando la lista de actores resulta que no. ¿Qué pretendían con esto?

Por otro lado, se echa de menos una última aparición de cada uno de los secundarios míticos. Ron LaFlamme y Russ Hanneman son relevantes, el tipo críptico de los servidores da bastante juego, pero de los demás ni rastro, y podrían haber aparecido brevemente, en plan homenaje. Hasta Cabezón pierde protagonismo y coherencia: de mostrar una capacidad insólita (recordar la clave de seguridad, a la que ni se explica cómo accede) pasan a hacer un chiste sobre demencia pasadísimo de rosca.

Y no digamos ya lo que se echa de menos a Elrich Bachman. Que un protagonista principal no reaparezca en la despedida de la serie es muy triste, y más cuando lo mencionan tanto. Cabe pensar que la escena en la cabaña paradisíaca estaba escrita para él pero no lograron convencer al actor o cuadrar su agenda, y acabó llevándosela Jian Yang.

Cuando mejor parada sale la temporada es precisamente cuando los guionistas hacen una pausa en las flojas historias globales y se meten en una chorrada secundaria donde estuvieron más inspirados. El triatlón de Gavin y la búsqueda de firmas para adquirir Hooli en el tercer episodio recuerda el tono loco e imprevisible pero con un trasfondo muy realista (las guerras de despachos, los caprichos de los directivos…) que nos ha ofrecido Silicon Valley en gran parte de su trayectoria.

Como ocurre muchas veces en el mundo de las series, el final no ha estado a la altura, pero aun contando con este bajón ha sido una de las más originales e inteligentes de los últimos años y se puede revisionar una y otra vez sin problemas.

PD: En el último episodio hacen cameos varias figuras relevantes del mundillo (Bill Gates a la cabeza) así como algunos de los productores y consultores.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
-> Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 5

HBO | 2018
Comedia | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Josh Brener, Chris Williams, Jimmy O. Yang, Chris Aquilino, Rachel Rosenbloom, Krishna Smitha.
Valoración:

Esperaba que tarde o temprano Silicon Valley mostrara algo de desgaste. Es verdaderamente complicado mantener el altísimo nivel con el que empezó y que sostenía sin pestañear tras cuatro años. Pero suponía que sería gradualmente, no que tuviera un bajón tan notorio. Los propios autores son conscientes de que no llegaban y recortaron dos episodios en esta temporada y tres en la sexta y última.

Todavía mantiene gran parte del ingenio y la visión de antes, pues las historias sobre el mundo de las nuevas tecnologías y las aventuras de los protagonistas son inteligentes, originales y muy certeras a la hora de describir ese entorno. Los enfrentamientos entre compañías y los egos de sus directivos ofrecen nuevas vivencias, como las tretas para robarse empleados para dejarte sin mano de obra y las absorciones de compañías para alterar el mercado. Las relaciones en el trabajo otras tantas, en Pied Piper con el nuevo entorno de trabajo rodeado de empleados, con piques y problemas como la efectiva subtrama del topo, mientras que por el otro lado Gavin Belson y Laurie Bream siguen con sus peculiares formas de ver el mundo, destacando las búsquedas de Belson de nuevas formas de explotación laboral. Los protagonistas navegan contra viento y marea sorteando infinidad de nuevos retos, contando como siempre con sus propias limitaciones y patinazos. Dinesh descuida su trabajo, empeñado en la imagen y la emoción del momento (sea gastando en lujos o intentando humillar a Gilfoyle), Jared no asimila bien el distanciamiento con Richard, Gilfoyle sigue dejando de lado las relaciones sociales, el endurecimiento del otrora blandito de Richard lo está volviendo revanchista…

El desgaste que sufre la temporada viene por el lado del ritmo y del sentido del humor. Otrora resultaba un deslumbrante compendio de estilos: parodia inteligente, humor de la vergüenza ajena bien medido, personajes con tics entrañables, secundarios estrafalarios, lluvia de gags locos en cada escena … Todo ello daba forma a un relato frenético y divertidísimo, pero el tono de este año se presenta un tanto ahogado, adormecido. No hay agilidad y chispa en la tormenta de situaciones que viven los protagonistas y el tempo humorístico de cada escena se vuelve algo torpe, con lo que parece que la narración va a medio gas. Por momentos parece que estamos viendo una sitcom normalita, tipo The Big Bang Theory (Chuck Lorre, Bill Prady, 2007), donde sueltan un chiste básico y fuerzan una pausa para que te des cuenta de que tienes que reírte, y por si acaso meten risas enlatadas para forzarlo aún más.

La única línea humorística que mantiene el tipo sin problemas es la perspectiva irónica rozando el absurdo de los temas de nuevas tecnologías, quizá porque es la que va más hilada con las tramas y estas funcionan bastante bien. Y por el lado contrario, otra parte sale bastante mal parada. El humor sobre lo patético que antes te llevaban a una carcajada incómoda ahora ofrece muchas escenas que parecen salidas de tono. La rivalidad de Jared con el nuevo ayudante de Richard da bastante vergüenza ajena, sobre todo con la fallida parodia de terror; Dinesh y Gilfoyle no ofrecían gran evolución, son secundarios y como tales aportan el chiste de remate esperado en cada situación del grupo, pero con Dinesh no han sabido mantener el equilibrio, su presencia empieza a ser molesta… sobre todo cuando se utiliza durante todo el año para patrocinar a Tesla, algo tan descarado que a veces dan ganas de dejar de ver la serie.

Eso sí, aun con la pérdida general de calidad hay momentos que te dejan a cuadros y no se olvidan. Los nervios de Richard y sus vómitos; el desarrollador soso y poco hablador que Jared se empeña en que Richard conozca; las burradas que dice y hace Gavin con la explotación laboral; el robot femenino con inteligencia artificial; la firma con forma de pene; Jian Yang intentando hacerse con la herencia del desaparecido Eric Bachman, y luego plagiando Pied Piper.

Y se mantiene el final de infarto habitual. Los guionistas iban trabajando bien las historias, y las unen en un desenlace donde también han recuperado mucha inspiración, logrando un colofón lleno de sorpresas y giros espectaculares que deja todo patas arriba de nuevo.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
-> Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

STAR TREK: PICARD – TEMPORADA 1

Amazon Prime Video | 2020
Ciencia-ficción, suspense, aventuras | 10 ep. de 42-58 min.
Productores ejecutivos: Alex Kurtzman, Akiva Goldsman, Kirsten Beyer, Michael Chabon.
Intérpretes: Patrick Stewart, Alison Pill, Isa Briones, Santiago Cabrera, Michelle Hurd, Harry Treadaway, Peyton List, Evan Evagora, Jery Ryan, Jonathan Frakes, Brent Spinner, Martina Sirtis, Jonathan del Arco, Orla Brady, Jamie McShane, Tamlyn Tomita, John Ales.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay bastante datos reveladores, incluso del final, pero toda trama y giro es tan previsible y estúpido que no importa mucho.–

EL CAÓTICO Y FALLIDO INTENTO DE RESICUTAR STAR TREK

A pesar de que Star Trek: Discovery (2007) deja muchísimo que desear en cuanto a calidad en las dos temporadas emitidas y las audiencias y la repercusión mediática no fueron espectaculares, se han juntado varios factores que han propiciado que siga adelante y además haya otras series proyectadas, como esta Star Trek: Picard y quizá otra con Michelle Yeoh, una de las protagonistas de la anterior.

La productora de televisión CBS/Paramount sabe que la marca Star Trek es muy valiosa y rentable a largo plazo, no en vano se estima que ha sido el producto más provechoso a lo largo de su historia. A eso se ha sumado que los nuevos modelos de negocio ofrecen resultados con rapidez, así que tienen más ventajas. El lanzamiento en Estados Unidos de su canal bajo demanda, CBS All Access, se publicitó con la resurrección de la saga en televisión, lo que atrajo bastantes suscriptores, y la emisión fuera de sus fronteras de Discovery en Netflix y Picard en Amazon Prime Video (la loca guerra de pujas es lo que tiene) permiten recuperar la inversión de sus presupuestos al instante. Así, a pesar del tropiezo inicial están empeñados en lograr una nueva época para la saga… o en llenar sus bolsillos con una franquicia de valor seguro sin esforzarse mucho, como más bien parece.

Veremos a largo plazo cómo funciona la cosa, porque por ahora es indiscutible que en lo artístico ambas series agonizan, mientras que en recepción que sólo la crítica especializada inexplicablemente las defiende, porque los trekkies desesperan por la aberración continuada en calidad y fidelidad y el resto del público está bastante dividido. Hay un sector que disfruta esta línea de acción espacial sin guion ni tan siquiera alma, porque al fin y al cabo vale como entretenimiento pasajero, pero volvemos al tema del respeto: si no vas a hacer algo fiel a Star Trek no uses su nombre.

A Alex Kurtzman (derecha en la foto) y Akiva Goldsman (izquierda), ya presentados en la primera temporada de Discovery, se les unen aquí dos colaboradores. Michael Chabon entró en el cine gracias a que adaptaron su novela Jóvenes prodigiosos (1995) con bastante éxito (Curtis Hanson, 2000), pero su breve currículo sólo incluye el fracaso de John Carter (2012) y una miniserie con muy buenas críticas pero que no parece haber causado gran impacto, Creedme (2019). Kirsten Beyer se ha formado en la mesa de guionistas de Discovery, así que es de suponer que habrá cogido todo lo malo de la nefasta forma de trabajar del equipo.

DÉBILES MEJORAS, PERO NO ES SUFICIENTE

El anuncio de Star Trek: Picard auguraba una traición mayor que la trilogía para cines y Discovery a tan querida saga. Coger a protagonistas clásicos y meterlos en esta actualización tan mal entendida tenía todas las de hacer más notoria la sangría de ideas y la falta de tacto que acusan el estudio y los productores y escritores elegidos (resulta que Kurtzman tiene un contrato de cinco años…).

Como ocurre en casi todas las obras de los implicados, desarrollan los guiones con una lluvia de ideas vagas cuando no estúpidas que intentan unir y dar sentido sobre la marcha utilizando recursos narrativos muy básicos y abusando de sensacionalismo. Pero parece que esta vez se han esforzado más, y encontramos algunas tibias mejoras…

La temporada comienza justa en interés y solidez, se sostiene a duras penas porque por suerte no han deformado a los viejos personajes como me temía, aunque con los nuevos es otro cantar, pues quedan muy por debajo, y en la aventura en que acaban sumergidos hay mayor sensación de dirección que en las paridas vistas en Discovery. De esta forma, tenemos figuras con las que conectar y sentir algo, y da la impresión de que no estamos perdiendo el tiempo, que el relato va hacia alguna parte y llegará a una conclusión.

Pero esas débiles esperanzas no llegan a fortalecerse conforme entramos en materia, sino que se van generando cada vez más dudas. Quieres creer que los errores iniciales se irán puliendo y el listón irá subiendo conforme avance y le cojan el tono. La añoranza te atrapa y sigues adelante esperando que resurja de una vez una serie a la altura de Star Trek… Pero no llega a ocurrir. Unos pocos capítulos correctos, la mayor parte muy justitos y algunos de llevarse las manos a la cabeza nos zarandean por media galaxia mientras una nada llamativa trama de misterio se expone con torpeza y nos saturan con enredos vacuos pero incapaces de dejar huella alguna. Los personajes clásicos no terminan de desplegar su potencial, y los secundarios acaban siendo un desastre.

HISTORIA ARTIFICIAL PERO ABURRIDA

De nuevo estos infames guionistas empiezan a construir la casa por el tejado, tratando de impactar con eventos de supuestas grandes proporciones y graves repercusiones, sin darse cuenta de que así no se hacen las cosas. No puedes entrar en el momento en que el universo planteado y los protagonistas sufren el cambio, tienes que presentarlos y asentarlos adecuadamente para que podamos entender el trasfondo histórico, la amenaza, lo que hay que defender y el valor de lo que se podría sacrificar.

El misterio que alcanza a Jean-Luc Picard es muy indeterminado y genera más humo que contenido. Un complot vago y sin garra, un pasado que resulta demasiado trágico y exagerado, y nostalgia para intentar que todo cale en el espectador se exponen caóticamente entre dramas forzados (¿cómo voy a llorar por el destino de personajes secundarios que no conozco?) y ciencimagia que incluso en esta saga parece excesiva (la reconstrucción de la escena del crimen en el piso es surrealista).

Cuando se abre un poco el horizonte, algunos aspectos empiezan a atraer con timidez: la aparición del cubo borg, el suspense con qué planean los romulanos con dicho artefacto y con lo que investiga Picard. Pero en esta parte también se atascan con intrigas con poca savia y muy estiradas (todos ocultan cosas, pero a la larga resultan no cruciales o poco impactantes) o que cantan a truco barato (los típicos juegos de señales misterioras que gustan a estos autores), y la información verdaderamente útil se dosifica sin disimulo (recuerdos, sueños y otras revelaciones).

El intento de Picard de buscar soluciones y colaboración mantiene la sensación de avance por los pelos, pero van pesando cada vez más los tropiezos y los parones aburridos y la sensación de que saltan al meollo de las cosas sin haberlas asentado como es debido. Las pausas para introducir nuevos personajes son lamentables, rompen el ritmo con explicaciones mal apañadas. Los giros que te lanzan hacia otra cosa pretendidamente más relevante y asombrosa mientras con la otra mano esconden los cebos que habían presentado antes son insultantes. El ejemplo más sangrante quizá sea spoiler, pero también conviene avisar para que no acabes cabreado: los borg no pintan nada, toda su presencia es un burdo engaño.

Cuando la trama logra tomar forma entre los vaivenes y golpes de efecto fallidos no adquiere un nuevo nivel de trascendencia, sino lo contrario, los autores demuestran de nuevo sus limitaciones y malas artes y todo resulta desalentador: otra vez un apocalipsis del universo en ciernes, un ente indefinido que quiere acabar con todo porque sí.

PERSONAJES DESAPROVECHADOS Y ABUSO DE NOSTALGIA

Como señalaba, la introducción de los protagonistas no está mal y logran transmitir simpatía, y algunos secundarios guardan potencial, aunque otros son bastante decepcionantes. Pero a la larga se ve la inepta mano de Kurtzman y colaboradores. Las motivaciones y las relaciones chocan con esa narrativa de brochazos improvisados y la idea de cumplir con factores como nostalgia y estereotipos comerciales, de forma que lo poco prometedor que hay se va viniendo abajo en vez de ir creciendo.

Empezamos con un Picard anciano, retirado. Pronto descubrimos que la a fuerza, por una crisis que no fue capaz de solucionar y en la que la Federación no estuvo a la altura. Cuando ve renacer el conflicto y posibilidades de arreglar las cosas vuelve al juego, contagiándonos parte de su entusiasmo, de su determinación por solucionar injusticias, sobre todo las cometidas contra quienes no pueden defenderse solos. Además, vemos al Picard que conocemos desde La nueva generación: incansable en su lucha y de moral inquebrantable, un hombre serio y frío (algo menos que antes, se ha suavizado con los años) pero capaz de ganarse la fidelidad de sus hombres por demostrar en cada paso estar por encima de todos en ética y coraje. Patrick Stewart está muy entregado, aunque desde luego se le nota la edad.

Pero estos guionistas no son capaces de escribir sin recurrir a su retahíla de recursos baratos, y por ello no son capaces de embarcar a Picard en una nueva aventura que aborde inteligentes dilemas éticos y soluciones logradas con su ingenio y perseverancia, sino que le tiran encima lo que ellos entienden por drama y épica de altos vuelos. Cierto es que hay discurso sobre el sentido de la vida y la fuerza de la amistad, pero es muy previsible y tontorrón, y en vez de adecentarlo se empeñan en centrarse en un reto de acción aparatoso y un clímax dramático de baratillo. En cuanto mencionan la chorrada de la anomalía en el cerebro que puede matarlo se ve venir manipulación emocional conveniente y tramposa en el final… y ahí lo tenemos, Picard estará a punto de morir justo cuando los guionistas quieren, intentarán que sufras y llores, y luego a golpe de ciencimagia aquí no ha pasado nada.

Sin llegar a deslumbrar, Soji resulta encantadora y acaba teniendo una trayectoria más lograda. Inicialmente parece que va a quedar como un objeto de la trama, el macguffin o excusa para moverlo todo, pero en general se ve que se esfuerzan por darle vida, que resulte un rol trágico que intenta levantar cabeza en un mundo demasiado complejo. Y la desconocida Isa Briones muestra muy bien sus conflictos internos, así que compartimos sus temores y esfuerzos en una evolución sencilla y predecible pero efectiva, y su dilema final es un buen momento álgido. Entre ella y Picard podrían haber logrado un buen clímax dramático, pero se obcecan con perseguir el típico final de acción y lo estropean todo.

La doctora Agnes Jurati parece que va a servir para adentrarnos más aún en la temática planteada, pero aparte de un par de explicaciones básicas y unas pocas escenas interesantes del choque con la nueva situación no llega a ofrecer nada que sorprenda, que ponga sobre ella dificultades tangibles y la mueva en alguna dirección. Va perdiendo protagonismo y sentido conforme nos adentramos en la galaxia, y a pesar de que tiene un giro que debería cambiarlo todo, estos hechos tan serios se olvidan como si nada en adelante, y el personaje se diluye hasta una pequeña intervención en el desenlace. Hubiera sido totalmente olvidable de no ser por la magnífica interpretación de Alison Pill, un talento nato que descubrí en En terapia (2008), aunque llevaba desde el 97 actuando en numerosos telefilmes, y desde entonces pienso que debería tener la fama de actrices multi premiadas como Jennifer Lawrence.

En la hacienda de Picard tenemos un par de colegas y ayudantes bastante atractivos, Laris (Orla Brady) y Zhaban (Jamie McShane)… pero por alguna razón se olvidan de ellos al iniciarse el viaje y nos meten con calzador otros que ni prometen tanto ni llegar a dar nada de sí. ¿Pero quién es esa Raffi? ¿Como una figura tan importante en su vida tiene una presentación tan simplona? ¿No había un rol clásico que hiciera su parte, como Geordi o Worf? Y que me expliquen por qué unas veces es una mujer capaz y decidida y otras se encierra a llorar como una niña. Si no fuera por la energía de la actriz Michelle Hurd sería un cero a la izquierda, porque, ¿qué aporta? Las únicas cosas que resuelve las logra con ordenadores, así que las podía haber realizado cualquier otro.

El romulano-samurai con pintas de elfo y nombre de elfo (Elnor) es el colmo. Otro receso dramático cutre (horrible el capítulo de la aldea romulana) nos trae a este muñeco sin vida, una especie de excusa para enganchar al público joven, porque por alguna razón se piensa que una obra actual de acción sin artes marciales no vende tanto. El personajillo es bien limitado y el actor Evan Evagora más aún, y sus aventuras de lealtad y sacrificio me han provocado arcadas

La historia del capitán Ríos también llega tarde y mal. Es carismático en cierta manera, pero no parece tener una personalidad concreta ni termina de ganarse su hueco en la odisea, sólo es un taxista. Pero de repente, en los últimos episodios, se acuerdan de dar forma a su vida, y cómo no, con dramones forzados. Después de ver a un tipo resuelto y lleno de vida pasamos a tener un alma en pena irreconocible, y para rematar, lo hacemos con la casualidad más increíble: ¡su historia tiene relación directa con los eventos que están transformando la galaxia! Por supuesto, tras este disparatado intervalo se recupera y sigue como si nada. Terminamos la temporada sin que quede claro de qué va, qué espera del mundo y de los demás, ni se aprecia cambio alguno en el proceso. La sensación es que el actor Santiago Cabrera vale para mucho más.

Por cierto, sus locos hologramas dan para hacer un inciso y hablar de lo pésimo que es el sentido del humor de la serie. Nulo tacto para saber cuándo es el momento de incluir un chiste, y por su puesto, ni gracia ni ingenio alguno.

Los romulanos, tan sugerentes en principio (y en el resto de la saga), pronto se vuelven muy cargantes. Son chungos y misteriosos porque ponen caras de serlo, y malos porque visten de negro y tienen naves negras. ¿Qué fue de los romulanos tan inteligentes y ladinos, de sus naves verde impresionantes y el vestuario tan característico? Ni fidelidad, ni interés. Apenas Harry Treadaway es capaz de salvar con su buen papel a Narek, porque Peyton List como Naryssa es cansina.

Los otros personajes de la saga también prometían en principio, pero a la larga se ve que los meten por la fuerza para chantajearnos con nostalgia, que no tenían una historia concreta para ninguno. Las entradas y salidas de escena de Siete de Nueve no tienen ni pies ni cabeza, y en general todo el tema borg está muy desaprovechado, pero al menos Jeri Ryan está espectacular (en talento y físico). Lo que no tiene perdón son los giros tan mal meditados con secundarios míticos como Maddox (nuevo intérprete respecto a La nueva generación, John Ales) y Hugh (este mantiene el actor, Jonathan Del Arco), otra muestra de que todo está mal planteado y desarrollado, otro insulto a los trekkies. ¿Qué costaba que Maddox fuera el centro de los episodios finales en vez del rebuscado personaje que se sacan de la manga, qué problema había con mantener a Hugh como un rol relevante en vez de la gilipollez del elfo? Para apartarlos en los momentos clave mejor ni los hubieras metido en la serie. Por otro lado, Data (Brent Spinner) debería haber tenido más presencia, pero su aparición al final es muy bonita.

El capítulo de Riker y Deanna parecía apuntar mejores maneras. Es el mejor escrito del año, con un ritmo pausado pero lleno de emoción en diálogos y situaciones, con historias secundarias entrañables (la hija, las relaciones entre amigos)… Este sí estaba resultando un descanso acertado para reposicionarse, tomar fuerzas, asentar las vivencias en los protagonistas, en especial la confianza de Soji en sí misma y sus nuevos amigos. Y el encanto contagioso de Jonathan Frakes y Marina Sirtis sigue presente. Pero llega el final, apañan una salida de mala manera (“He contratado un piloto, nos vamos”), y ale, aquí no ha pasado nada, ha sido añoranza engañosa, todo lo visto no vuelve a tener peso en la historia. Bueno, es un decir, porque todavía son capaces de cagarla más: de repente, justo cuando se lo necesita, Riker aparece al mando de una flota de la Federación… ¿Qué demonios hace un don nadie retirado dirigiendo una campaña de tal calibre? Ridículo.

EL FRÁGIL RELATO SE CAE A PEDAZOS

Avanzamos entre golpes de efectos y pausas explicativas encadenados sin mucho tacto, con la constante sensación de que se acuerdan de dar sentido a la lluvia de ideas que han planteado después de haber lanzado los fuegos artificiales, así que llegamos al final de la temporada sin que haya habido una historia bien desarrollada y unos personajes que evolucionen, y acabamos sin una conclusión digna para nada de lo que se ha presentado.

El desenlace es un patético y típico final de película de acción, fantasía y superhéroes: un villano monocromático en plan mal supremo, un artefacto desencadenante, una batalla, héroes dispuesto a todo… Lo hemos visto ya mil veces, de hecho, casi todas las obras Kurtzman son clónicas, está reutilizando la cutre premisa de Transformers (2007, 2009) y las nuevas películas de Star Trek… qué cojones, es prácticamente la misma historia que la de la segunda temporada de Discovery.

Así, las pocas cosas buenas que iban viéndose asomar de vez en cuando se acaban dejando de lado. Los personajes desandan lo poquísimo que se habían movido, se olvidan sin vergüenza alguna la poca intriga, ambigüedad y dilemas morales y personales que iba dejando entrever la trama global.

El monstruo final es propio de un videojuego simplón. Viene con una luz roja, es negro y hace ruidos inquietantes, para dejar claro que es el mal supremo a vencer. Ni siquiera cuidan la consistencia argumental: tenemos que creernos que estos seres tan avanzados no han detectado de dónde viene la señal, es decir, que es imposible no pensar en que volverán y los personajes deberían tenerlo en consideración, pero aquí todo acaba como si hubiera sido una victoria total, cuando lo único que han hecho es asustar a una avanzadilla. Es más, se supone que la señal es para que vayan a visitar a sus congéneres, así que, ¿por qué de repente parecen llegar en plan invasión?

Incluso apuntando tan bajo los autores son capaces de decepcionar: la “esperada” contienda final es un lastimero rifirrafe a puños y tiros entre los personajes, la gran batalla espacial no llega a ocurrir, dejándote con cara de gilipollas al que han timado, flipado porque ni en el limitado registro en que se mueven son capaces de cumplir con lo prometido.

Como es de esperar, un guion tan pobre acusa descuidos y huecos, cuando no negligencias flagrantes en cantidad. Por citar un par muy chocantes: qué fácil es colarse en un cubo borg fuertemente protegido por los otrora hábiles romulanos, y con dos pasos todo el mundo llega a donde quiere y encuentra a quien busca; la infiltrada romulana en el alto mando de la federación al final es también almirante suprema de la flota, está pluriempleada; el artefacto mágico que usan para enfrentar la flota es completamente inverosímil, ¿tan fácil es engañar los sensores de naves tan avanzadas con un truco tan simplón?, y además, tan poderoso como es, ¿no podían utilizarlo contra la baliza o el portal?

ACABADO GRANDILOCUENTE PERO FALLIDO

En consonancia con lo establecido en esta reinvención de la saga, el aspecto visual también intenta deslumbrar con equivocadas y facilonas florituras y moderneces absurdas en vez de mantener una coherencia estilística y cualitativa con las obras previas. En las anteriores series se buscaba una sobriedad formal que permitiera que los personajes y la historia respiraran, al contrario de la construcción de atmósferas que tratan de transmitir algo con trucos audiovisuales como hacen aquí, y además muy mal. La nueva generación tiene cuarenta (¡cuarenta!) años a cuestas y (sobre todo a partir de su tercera temporada) cuenta con una puesta en escena de primer nivel que supera con creces las chapuzas que hacen ahora con muchos más medios.

Para empezar, se creen que por rodar en formato cine (2.39) van a conseguir sin más mayor categoría. No tiene sentido, pues vas emitir directamente en televisión (1.78/16:9). ¿Por qué tenemos que perder media pantalla con franjas negras? Y todo para que luego parezca que se les atraganta esta fórmula, pues tienen que cortar frentes y cuerpos para mostrar de cerca los rostros. En planos amplios usan mejor la fotografía, pero qué más da, porque la planificación y el montaje de cada escena son bastante chapuceros. No puede ser que intentes forjar un aspecto y un ritmo de obra de acción a situaciones con personajes sentados dialogando, usando un montaje frenético, brillos, reflejos y demás filigranas excesivas. Acabas mareado en muchas escenas.

Para colmo, cuando llega la acción ni siquiera son capaces de estar a la altura de sus torpes pretensiones. Las luchas cuerpo a cuerpo son penosas, la falta de buenas coreografías y el mediocre montaje ni se acercan al mínimo exigible para una serie de primera división. En la misma línea están los pocos enfrentamientos de naves, que son anodinos, sin tensión ni sentido del asombro alguno, y para rematar, como señalaba, la anunciada batalla final es puro humo.

Cabe señalar que Jonathan Frakes dirige un par de episodios, siendo el único nombre conocido aparte de Akiva Goldsman, pero este estilo sigue atragantándosele, de hecho, ha dado los dos peores de la temporada (cuarto y quinto, el de la aldea romulana y el del bar donde encuentran a un personaje crucial), aunque cierto es que el guion es el principal problema.

Tampoco ayuda la floja música, una tonadilla hecha con ritmos de drama y tensión prefabricados. Qué bajo ha caído Jeff Russo después de las buenas impresiones que causó en Fargo (2014). Por extensión, los títulos de crédito son un coñazo, aunque en esto nunca ha destacado la saga.

Tenemos más localizaciones, tanto exteriores como interiores, que en Discovery, es decir, vemos más lugares de la galaxia… pero ninguno resulta especialmente llamativo. El cubo borg, y para de contar, porque el resto son desiertos, oficinas y bares, nada que nos recuerde que estamos en distintas y exóticas ubicaciones futuras y alienígenas. Ni la aldea romulana ni el planeta del final ofrecen algo imaginativo. La nave de Ríos por dentro es poco verosímil, un montón de espacio desaprovechado y una forma de pilotar muy cutre; qué obsesión con los hologramas y lucecitas.

El trabajo con lo digital ofrece también mejoras respecto a aquella, pero casi que da igual, porque sigue quedándose muy corta tanto en diseño artístico como en el resultado. Sólo salvo la nave de Ríos, bastante llamativa en su aspecto exterior, pero las romulanas son feísimas, y la flota de estos y de la federación parecen un corta pega de una sola nave. Pero lo peor es que las escenas en el espacio se ven como borrosas, escondidas en reflejos y planos rápidos, para que no cante la falta de calidad de las texturas. Es comparar esta y Discovery con The Expanse (Mark Fergus, Hawk Ostby, 2015), Lost in Space (Matt Sazama, Burk Sharpless, 2018) o Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2004), que ya tiene unos años, y da vergüenza ajena, es incomprensible cómo series tan caras lucen tan mal.

DESTROZANDO EL ESPÍRITU DE LA SAGA

La idea de que esto no fuera una extensión de La nueva generación es más que aceptable. Ya ha habido muchas entregas muy parecidas. Hay que aportar algo, mirar hacia adelante. El propio Patrick Stewart pidió no repetir lo ya conocido sin cambios si querían contar con su participación. Pero de ahí a traicionar el espíritu por completo para vender otra cosa totalmente distinta hay un salto imperdonable. Como he dicho, si no vas a hacer algo en consonancia con Star Trek, invéntate una serie nueva. Como no se parece en nada sólo tendrían que cambiar nombres. Pero intentar vivir de la fama de la saga y las esperanzas de los seguidores es deleznable.

Lo peor es que parece dar resultados. Se pasaron la fidelidad por el forro en la trilogía para cines de J. J. Abrams y Kurtzman, y como dio toneladas de dinero han mantenido el mismo estilo en televisión. Pero una cosa es vender un producto de consumo rápido en las salas gracias a una apariencia vistosa, estereotipos facilones y actores con tirón, y otra afianzar una serie de series de largo recorrido en televisión. Insultando a los fans y apuntando tan bajo difícilmente puedan conseguirlo…

A duras penas recuerda a Star Trek cuando se juntan varios protagonistas principales. Pero las incontables referencias y la aparición de secundarios no son suficientes, el universo construido es una amalgama que no tiene esencia alguna de la saga.

Como comenté en Discovery, la humanidad pasa de ser una sociedad avanzada, con modelos de comportamiento e ideales muy depurados, a ser un nido de incompetencia y corrupción. Los personajes dejan de representar esa moral superior, esa lucha constante por mejorar y tener gran respeto por lo logrado, a ser anárquicos, egoístas, de lealtades, intereses y moral demasiado volátiles. Incluso en el detalle patinan lo grande: en la Federación que conocemos no hay drogas, aquí todos fuman, se emborrachan, se meten de todo; los crímenes, sobre todo los capitales, se han superado, aquí hay un asesinato brutal que no deja secuela alguna.

Y en general en todas las series y películas se trataban temas de gran calado con delicadeza e inteligencia. Sin duda en muchos capítulos no estuvieron atinados, pero incluso en esos al menos lo intentaban. Aquí tenemos una chorrada de acción sin trasfondo, sin lecturas intelectuales y éticas. Esa lucidez y ambición garantizaba también relatos pioneros o como poco muy originales en ideas e historias… Aquí sólo se mira por el recurso fácil y directo para tratar de epatar con ruido. Nada te hace reflexionar, nada cala, nada sorprende.

NO HAGÁIS MÁS, POR FAVOR

Me encanta la ciencia-ficción. Me encanta Star Trek. Quería que me gustaran las nuevas películas, deseaba que Discovery abriera una nueva era en televisión. Pero menuda basura de acción comercial nos siguen intentando encasquetar. Picard aplica un extra de nostalgia para intentar tapar las carencias y conseguir enganchar al tercer intento a los trekkies, pero también se estrella estrepitosamente. He disfrutado bastantes momentos con los personajes, y desde luego tiene mejor tono y ritmo que Discovery y las películas, pero este universo es un desastre por culpa de unos productores y guionistas sin visión ni talento alguno. Para seguir por este camino de agonía mejor que dejen a la saga morir.