Archivo mensual: abril 2014

BANSHEE – TEMPORADA 2.

Banshee
Cinemax | 2014
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, varios.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Demetrius Grosse, Trieste Kelly Dunn, Lili Simmons, Anthony Ruivivar.
Valoración:

Es clara la sensación de que en esta temporada les ha faltado material a los guionistas, que diez capítulos han sido muchos para las pocas ideas que tenían para la trama. No han sabido introducir las suficientes historias secundarias o casos aislados para que la falta de contenido no influya en el ritmo y la intensidad, y también es evidente que deberían haber dedicado ese tiempo sobrante a los personajes secundarios, que siguen estando muy desaprovechados.

En esta situación es inevitable ver cómo el ritmo demencial del primer año pierde fuelle, y es descarado que algunos capítulos en el tramo central han sido inflados mediante la puesta en escena, rellenando minutos con florituras y secuencias muy alargadas. Directores desconocidos pero de gran talento, como Babak Najafi, se unen al veterano Greg Yaitanes y otorgan a la serie una impronta visual de primer orden, salvando muy bien la difícil tarea estirar el metraje: a base de composiciones bellas y rebuscadas quedas embelesado y casi no te das cuenta de que realmente no hay mucho contenido. El capítulo que más acusa este efecto es The Truth About Unicorns (205): los paseos en coche y las secuencias en plan videoclip están bastante vacíos, pero visualmente son deslumbrantes, destacando el lento tiroteo en un campo de maíz, que resulta hipnótico.

Volver a poner como enemigo principal al mafioso Mr. Rabbit, por mucho que sea el padre de Carrie y el mentor de Lucas, es un pequeño desastre. La jugada sabe a repetición, tenerlo reservado para el final parece una cobardía por parte de los guionistas, y para colmo el esperado desenlace es poca cosa. El ataque a la iglesia acumula varios agujeros de guión y exageraciones que incluso en esta serie tan loca y que no se puede tomar en serio dejan malas sensaciones. Eso de que Hood salte en plan suicida y juuuusto en ese momento lleguen los amigos al rescate, cuando se supone que Job no podía moverse, es muy forzado. Además el tiroteo es decepcionante para el magnífico nivel que suele ofrecer en las escenas de acción, y la narración paralela entre el presente y la época en que trabajaban con Rabbit no es muy llamativa.

Funciona mucho mejor el villano local, Proctor. Las secuelas de sus acciones se notan en el pueblo de Banshee, es un enemigo tangible y temible que pone en apuro a los demás protagonistas constantemente. Cuando Hood decide ir a por él el interés crece, y llega a temerse que sus movimientos causen estragos en su propia campaña, porque ataca de frente sin pensar mucho. Los líos de Proctor con los indios no me han fascinado, son de villano muy clásico, pero la serie no pretende ofrecer algo original o complejo, sino acción sencilla con su tono exagerado, y lo que dan de sí funciona además de poner más intriga criminal de por medio.

Los dos personajes principales salen bien parados. Carrie mantiene su presencia aun con la estancia en la cárcel, y los problemas de su familia se exponen poco a poco y sin caer en sentimentalismo barato con la niña. Está decidida a aceptar a Lucas Hood en su vida, incluyendo los trabajos criminales, pero a la vez no quiere perder a su familia, lo que la pone en una situación peliaguda. Lucas tiene algunos objetivos más o menos claros, pero también muchas dudas y vacilaciones. La aparición del hijo del sheriff a quien robó la vida (literalmente) da una interesante trama secundaria. Los diálogos con Job y Sugar son siempre jugosos, pero estos dos personajes quedan relegados a meros apoyos para el protagonista. El actor Antony Starr parece más cómodo en el papel, aunque sigue sin ser un gran intérprete. Ivana Milicevic como Carrie está francamente bien.

Los secundarios son otro cantar. El dibujo de todos ellos es conciso y efectivo, pues sus formas de ser quedan siempre claras, pero les falta recorrido, evolución, que aporten algo más a las tramas, tanto secundarias como globales. El camino de autodestrucción de Gordon es interesante, y los intentos de recuperar a la familia también, pero le falta algo, no destaca como un personaje atractivo, se queda en otro rol de relleno o apoyo. Emmett tiene una buena historia con el lío racista, pero parece una excusa para eliminar un personaje. Siobhan sólo da un breve noviazgo con Hood, y su desventura con un exnovio es tan aburrida como innecesaria; se ve que no saben qué hacer con ella. El que más prometía es Brock, con sus dudas sobre Hood, pero no termina de navegar hacia nada concreto. Como decía, habiendo tan poca chicha en esta temporada es difícilmente perdonable que no sacaran más partido de tantos personajes en principio atractivos.

La que peor parada sale es Rebecca. La ambigüedad de la chica, cuya presencia sólo parece obedecer al erotismo de Lili Simmons (¿tiene en el contrato una escena subida de tono en cada capítulo?), mantiene la confusión en casi todas sus apariciones. De qué va, cuáles son sus motivaciones, por qué se queda con Proctor, por qué se folla a este o aquél, por qué de repente ataca al indio… No se sabe a qué juegan con ella, parece que quieren mantener a la actriz pero al personaje no saben ni qué forma darle ni hacia dónde dirigirlo.

Banshee en vez de crecer se ha diluido un poco. Sigue siendo un producto más que decente, recomendable por su punto de originalidad basado en pasar de rosca historias clásicas, pero como entretenimiento ha perdido algo de pegada.

JUEGO DE TRONOS – 403 – ROMPEDORA DE CADENAS.


403 – Broker of Chains
Escritores: David Benioff, D. B. Weiss.
Director: Alex Graves.
Valoración:

Sinopsis:
Arya y el Perro siguen su camino hacia Nido de Águila. Sam lleva a Elí a Villa Topo, donde estará más segura. Los salvajes atacan granjas mientras la Guardia decide no caer en la trampa de salir del Castillo Negro, pero quizá deban enfrentar a los hermanos amotinados en el torreón de Craster.

Tywin explica a Tommen lo que significa ser rey. Margaery y Olenna conversan sobre su nueva situación en la corte. Sansa es llevada en secreto a un barco, donde se encuentra con Meñique, quien ha orquestado el plan para sacarla. Tyrion sopesa sus posibilidades en el juicio, y más cuando Tywin parece haber conseguido una alianza con Oberyn. Le dice a Pod que huya, porque podría convertirse en otra víctima.

Davos parece haber encontrado una solución para los problemas de recursos de Stannis. Daenerys se presenta ante Meereen, prometiendo a los esclavos que serán liberados. Daario acaba con el campeón enviado por la ciudad.

Frases:
-Sansa: ¿Por qué lo habéis matado?
-Meñique: Porque era un borracho y un idiota y yo no confío en idiotas borrachos.
-Él me salvó.
-¿Que os salvó? Mi señora, él siguió mis órdenes. Cada una de ellas. Y todo lo hizo por oro. El dinero compra el silencio de los hombres por un tiempo. Pero un disparo en el corazón lo compra para siempre.
-Me estaba ayudando porque le salvé la vida.
-Sí, y os dio un collar de valor incalculable que una vez perteneció a su abuela. El último legado de la Casa Hollard. Lo mandé forjar hace unas semanas. ¿Qué os dije una vez sobre la capital?
-Aquí todos somos unos mentirosos.

-Tywin: Un rey sabio es consciente de lo que sabe y de lo que desconoce. Eres joven. Un rey joven y sabio escucha a sus consejeros, y sigue sus consejos hasta que alcanza la mayoría de edad. Y los reyes más sabios son aquellos que siguen escuchándolos mucho después de ello.

-Jaime: Eres una mujer detestable. ¿Por qué me han hecho los dioses amar a una mujer detestable?

-Arya: ¡Sois la peor mierda de los Siete Reinos!

-Tywin: No seremos los Siete Reinos hasta que Dorne vuelva al redil. El Rey ha muerto. Los Greyjoy se han declarado abiertamente rebeldes. Un ejército de salvajes marcha hacia el Muro. Y en el Este una muchacha Targaryen dispone de tres dragones. No debe de faltar mucho para que dirija su atención a Poniente. Tan solo los dornienses fueron capaces de resistirse a Aegon Targaryen y sus dragones.
-Oberyn: ¿Estáis diciendo que nos necesitáis? Os debe de resultar duro admitirlo.
-Tywin: Nos necesitamos el uno al otro.

-Tyrion: No dejaré que mueras por mí. ¿Me oyes? Si tengo que hacer ese largo camino hasta el tajo del verdugo, no quiero ver que tu cabeza ya está colocada allí.
(…)
-Tyrion: ¡Pod! Esto es una despedida.

-Dany: No soy vuestra enemiga. Vuestros enemigos están junto a vosotros. Vuestros enemigos os roban y matan a vuestros hijos. Vuestro enemigo no tiene otra cosa para vosotros más que cadenas y sufrimiento. Y órdenes. Yo no traigo órdenes para daros. Os ofrezco una opción.

Comentario:
Empezamos enlazando directamente con el fatídico clímax del episodio anterior. Joffrey acaba de morir, Tyrion es apresado y Cersei busca también a Sansa. Pero el cobarde de Dontos inesperadamente la ha sacado de la ciudad con rapidez y en secreto. El ritmo y la tensión de la escena son notables, y la aparición de Meñique mostrando lo sutil e intrincado de sus planes produce escalofríos. Sansa es un mero objeto de cambio entre poderosos. ¿Le irá mejor con este misterioso individuo?

Margaery parece bastante inocente en todo esto, temiendo por su posición y la alianza entre su familia y los Lannister. Olenna trata de calmarla y sigue pareciendo una clara sospechosa. Mientras, Tywin agarra a Tommen y lo analiza y le explica qué se espera de un rey. La conversación es muy interesante, mostrando al Tywin más conciliador. Tommen además parece que será mejor rey, al menos por edad, pues será manejable. Ahora queda por ver si el Consejo, lleno de víboras, y las alianzas entre casas dan algo bueno o se viene todo abajo. En estos momentos quisiera ser un no lector, para dejarme llevar intrigado por el porvenir de los acontecimientos en la corte y por el destino de Tyrion y Sansa.

Siguiendo con Tywin tenemos la visita a Oberyn Martell. El tanteo, la diplomacia y la oferta irrenunciable que le hace dan otra escena excelente de diálogos precisos y con gran fuerza. La pega podría ser que de nuevo tenemos a Oberyn rodeado de sexo… ¿No hay otra forma de mostrar al príncipe? Saltamos a Tyrion, cuyo futuro se pone feo por momentos. Los jueces estarán claramente contra él, tendrá difícil encontrar testigos y teme por el destino de Pod, que al ser fiel a él estará en el punto de mira de quienquiera que haya organizado este golpe contra Joff de manera que apunte a su cabeza. La escena entre ambos es de por sí emotiva, pero la despedida sube el nivel, resultando muy bonita.

Otra escena que rebosa emociones es la de Arya y el Perro. El encuentro con el granjero, la comida, la oferta de trabajo y la solución del Perro de robar y seguir el camino juegan muy bien con la conexión entre los dos personajes (de nuevo Maisie Williams está fantástica) y el humor negro y bruto (el contraste entre el rudo Perro y el amable plebeyo y la decadencia de la situación del pueblo llano mostrada de forma cruel pero divertida). En el Muro nos ofrecen Sam en cantidad, cuando su periplo Más Allá del Muro en la temporada anterior quedó en casi nada a pesar de ser más importante y atractivo. Al menos dan continuidad al personaje y a Elí. Los líos entre Alliser y Jon avanzan bien también, y los peligros a dos bandas (salvajes al sur y renegados al norte) ofrecen una situación que sin duda se irá deteriorando mientras se espera el gran ataque de Mance Rayder.

Stannis vuelve a tener una escena algo rutinaria. La revelación casual de Davos parece que hará avanzar la cosa por fin… Y esto me lleva a señalar que esto ya había ocurrido al final de la tercera temporada. Davos encontró un objetivo para el rey, ir a socorrer a la Guardia de la Noche, que éste aceptó porque las visiones de Melisandre parecen estar relacionadas con la oscuridad que llega. Sin embargo ahora de repente vuelve a hablar del trono de Poniente, de volver a atacar… Es un paso atrás que espero no crezca hasta generar una gran incongruencia narrativa.

Daenerys vuelve a dar lo mejor de sí en el magnífico tramo final. El asedio a Meereen tiene de todo: espectacularidad (grandes planos de ejércitos y de la ciudad, donde deslumbran los efectos especiales), personajes en su salsa (Daario va tomando forma, Dany está pletórica con su discurso), gran simbolismo (los collares de esclavos lanzados por las catapultas) y un plano final sublime.

Rompedora de cadenas hubiera sido un capítulo prácticamente perfecto y el mejor de lo que llevamos de temporada de no ser por el patinazo descomunal de Jaime y Cersei. Ritmo fluido, numerosas escenas intensas y emotivas, intriga por el porvenir de varios protagonistas, un final épico… Pero esa secuencia es un batacazo monumental. En los libros Jaime llega a Desembarco del Rey justo para el entierro, y agarra a Cersei con pasión… pasión que ella corresponde, aunque con una breve reticencia por el lugar y el momento. En la serie lleva tiempo ahí y podrían haber follado en cualquier momento, pero ella se niega… En el entierro Jaime no aguanta más y la fuerza… Momentáneamente se la ve responder con algunos besos, pero también parece que finalmente se niega por completo mientras Jaime sigue.

¿Es una violación en toda regla? Para la mayoría sí, aunque algunos no lo ven tan claro, aceptan que la relación es así de tortuosa y que va en la dinámica de ambos hacerlo en plan animal. Siendo mayoría el sí, la polémica ha sembrado la red, pues Juego de tronos es una serie con enorme seguimiento. La rabia y la confusión han sembrado los blogs y foros, destacando artículos como el de Time.com. La razón es clara: la evolución de Jaime (un protagonista muy admirado) que venía exponiéndose durante la tercera temporada y lo que llevamos de esta queda totalmente destruida. ¿Dónde está el caballero que demuestra tener más mala fama que maldad, que poco a poco va ganando valores morales, que empieza a preocuparse por los débiles, que aborrece las violaciones (por ello salvó a Brienne) y que empieza a pensar antes de actuar? Se lo han cargado con un golpe totalmente fallido.

Si una escena no transmite claramente una sensación concreta y no responde a la personalidad de los personajes, es una escena malograda. Los propios autores de la serie no se ponen de acuerdo (enlazo las declaraciones correspondientes): el intérprete de Jaime, el director Alex Graves y los guionistas dicen cosas contradictorias, y George R. R. Martin aguanta como puede las críticas, como si fuera culpa suya la indefinición del guión y el fallo del director. También podría añadir que en EE.UU. han saltado los fanáticos de turno diciendo que es apología de la violación, y algunos medios nacionales, como Cinemanía, se han sumado a esa polémica tan absurda, pero los que no distinguen la ficción de la realidad no merecen respuesta.

Queda en el aire un detalle que puede convertirse en un agujero de guión: todavía no han explicado quién envió el asesino para rematar a Bran en la primera temporada. En las novelas Tyrion era quien lo averiguaba mientras estaba en la corte, y eso ya no parece que pueda ocurrir. Quizá los guionistas se han olvidado de ello…

JUEGO DE TRONOS – 402 – EL LEÓN Y LA ROSA.


402 – The Lion and The Rose
Escritor: George R.R. Martin.
Director: Alex Graves.
Valoración:

Alerta de spoilers: Es un episodio con giros y muertes importantes.–

Sinopsis:
Roose Bolton llega a su hogar y descubre que Bran y Rickon están vivos, con lo que su dominio del Norte peligra. Bran tiene una visión que le indica el camino a seguir. Stannis sigue sin saber cómo continuar la guerra. Jaime entrena su mano izquierda.

La boda de Margaery y Joffrey se lleva a cabo. El banquete está protagonizado por los desmanes de Joffrey, y quien más lo sufre es Tyrion. Pero sus traumas solo acaban de empezar: Joff muere envenenado y Tyrion es acusado por ello. Sansa escapa con ayuda de Dontos.

Frases:
-El grupo Sigur Rós aparece en la boda cantando una versión de Las lluvias de Castamere.

Frases:
-Roose: ¿Quieres demostrar que eres un Bolton? Reúne todos los hombres que puedas y cabalga a Foso Cailin. Llévate a esa criatura tuya. Quizás sea de utilidad.

-Olenna: Ahora no, Mace. Lord Tywin y yo estamos charlando.

-Obery: Hola.
-Tyrion: Hola.
-Oberyn: No iba para vos.

-Cersei: Él ha envenenado a mi hijo, vuestro rey. Apresadlo. ¡Apresadlo!

Comentario:
En el capítulo anterior decía que nos ponían en situación con las secciones más importantes de forma que nada cojeaba, pero aquí encontramos algunos deslices en el equilibrio narrativo. Algunos de los personajes que quedaban por salir parece que los han incluido por obligación, sin poner el esfuerzo necesario en sus escenas, dando la impresión de que el episodio se construye únicamente para la boda, y esta ocupa mucho pero no es especialmente interesante hasta el tramo final.

Bran… ¿alguien se acuerda de Bran diez segundos después de su aparición? Parece que vamos a tener la misma dinámica que en la tercera temporada: por un lado escenas hinchadas a base de diálogos demasiado largos mientras otras que requieren más exposición se quedan en poca cosa. Bran necesita un acercamiento más completo a su psicología para hacer interesante su viaje (tanto interno como externo). Y Stannis y Davos repiten un patrón que empieza a parecer abusivo. Se pelean entre ellos por la religión por enésima vez, y aunque dan más protagonismo a Selysse queda claro que su escena es improvisada para que no nos olvidemos de ellos, pues no avanza ni aporta nada. Además la visita de Melisandre a Shireen, la hija de Stannis, así de primeras no se entiende de qué va, veremos si en el futuro cobra algún sentido.

La sección de los Bolton y Theon/Hediendo es quizá algo larga (¿de verdad era necesaria la parte de la cacería?) para tratarse de personajes bastante secundarios, pero el esfuerzo que ponen en hacer una escena muy visual y que trabaja a los personajes poco a poco da sus frutos: resulta intensa y define muy bien la posición de cada rol, exponiendo además las tramas que van a desarrollarse en el Norte (Foso Cailin y la búsqueda de los niños Stark).

Fuimos testigos de cómo entre Shae y Tyrion se abre una brecha, pero no esperaba que él rompiera con ella (aunque fuera para protegerla), y más de forma tan dura. Esto es un cambio importante en lo que está por venir… veremos si lo encajan bien o decepcionan. Lo malo es que la escena está mal rodada, con primeros planos mal encuadrados y un montaje caótico, con lo que queda un poco confusa y agobiante; queda más rara cuando se observa que el resto del capítulo es mucho más complejo pero está mejor dirigido. Siguiendo con Tyrion, la escena con Jaime es breve pero muestra bien la amistad entre ambos y la evolución de Jaime con sus problemas. A partir de ahí, el enano pasa un día de perros. Su cara de asco, de paciencia forzada y de odio hacia Joffrey es todo un poema.

El desayuno familiar se alarga mucho y la escena de los regalos es muy poca cosa, por no decir que no aporta nada a lo que se expone de nuevo en la boda: Joffrey siendo cabrón y molestando a todos, en especial a Tyrion. La propia boda tarda en arrancar. Cada personaje tiene una escena hecha a su medida, hasta el punto de que parece que se cumple con el cupo por obligación. Olenna y Tywin nos deleitan con diálogos ingeniosos, Cersei es una perra, Loras un amargado, Sansa está medio muerta por dentro, Oberyn suelta sus puyas… Pero ninguno deslumbra en una fiesta excesivamente larga y superficial. Al menos todo está muy bien rodado. Alex Graves maneja un gran número de personajes y extras en conversaciones que fluyen muy bien, sin perder nunca de vista la posición de cada uno de ellos. Pero tampoco se libra de fallos. Dos gazapos cantan mucho: uno es que la forma en que Joff coge la copa que le ofrece Tyrion hubiera acabado con todo el vino vertido, con lo que se ve que está vacía; el otro es que a pesar de que Cersei echa a Pycelle de la boda vemos que éste sigue ahí como si nada.

Pero cuando empieza el numerito de los enanos la tensión de la situación crece de golpe. Joffrey pretende divertirse a costa de molestar a los demás, actitud que ofende a todos los presentes. Todos miran con cara de asco y resignada educación, hasta el punto de que cabe preguntarse por qué Cersei o sobre todo Tywin no hacen algo al respecto; mostrar que controlan al loco del rey es un gesto político imprescindible en esa situación, pero se ve que los guionistas querían forzar el malestar que genera el joven. Tyrion es el que peor parado sale en los desmanes del inmaduro dirigente. Se sufre mucho viendo al apreciado enano siendo humillado, y la sensación de agobio, de que algo va a pasar, es creciente. Finalmente ocurre algo inesperado para el no lector, y muy esperado para el lector: Joffrey se ahoga, sin duda envenenado. Qué escena más bruta pero a la vez satisfactoria. Y ahora a elucubrar con quién lo hizo. Se han cuidado de mostrar algo del proceso conforme a las novelas, pero sin ser descarados, para que sólo cuando conozcamos lo que ha ocurrido la escena cobre sentido. El final con Tyrion siendo objetivo de la acusación, en un giro que cambia por completo el porvenir de uno de los protagonistas preferidos, es otra sorpresa de las que te dejan pasmado.

Es indudable que el capítulo se recordará por este golpe de efecto final. Las reacciones son parecidas a las de la Boda Roja: sorpresas inesperadas, muertes violentas, personajes con su trayectoria truncada y cambio repentino del tablero de juego han provocado intensas emociones en los espectadores. Pero hay que ser objetivos. El resto del episodio falla ligeramente en ritmo e interés, el anterior fue más completo y redondo.

JUEGO DE TRONOS – 401 – DOS ESPADAS.


401 – Two Swords
Escritores: David Benioff, D. B. Weiss.
Director: D.B. Weiss.
Valoración:

Sinopsis:
Tyrion recibe a la comitiva Martell que llega para la boda de Joffrey. Pero el cabeza de familia, Doran, no viene, ha enviado a su polémico hermano Oberyn, cuyas asias de venganza sobre los Lannister son bien conocidas: ellos asesinaron a su hermana Elia y los hijos de ésta cuando arrebataron Desembarco del Rey a los Targaryen, pues estaba casada con Rhaegar, hijo del rey Aerys.

Tyrion discute con Shae porque la tiene dejada de lado. Sansa mantiene su espíritu a duras penas. Margaery elige joyas para la boda. Jaime se adapta a su nuevo puesto como comandante de la Guardia Real mientras Cersei se mantiene fría y distante porque está dolida por su larga ausencia. Dany continúa su marcha hacia Meereen. Daario intenta ganarse su favor. Jon Nieve enfrenta las acusaciones de sus superiores.

Frases:
-Sansa: ¿Me disculpáis, mi señor? Me gustaría visitar el bosque de dioses.
-Tyrion: Por supuesto, por supuesto. Rezar puede resultar de ayuda, por lo que se dice.
-Sansa: Ya no rezo en absoluto. Es el único sitio al que puedo ir sin que la gente se ponga a hablarme.

-Jaime ¿Crees que quería que me hicieran prisionero?
-Cersei: No sé lo que querías. No estabas aquí. Me dejaste sola.
-Cada día que fui prisionero planeaba mi fuga. Cada día. Asesiné a gente para poder estar aquí contigo.
-Tardaste demasiado tiempo…
-Yo… ¿Qué tratas de decir?
-Digo que tardaste demasiado tiempo.

-Brienne: Hicisteis una promesa.
-Jaime: Llevar a las hijas de Stark de vuelta con su madre, que ahora está muerta.
-Mantenerlas a salvo.
-Bueno, Arya Stark no ha sido vista desde que su padre fue ejecutado. ¿Y dónde os pensáis que está? Apostaría a que está muerta. Se está bastante seguro estando muerto, ¿no creéis? Y Sansa Stark es ahora Sansa Lannister. Un pequeño contratiempo.
-Un contratiempo no os exime de un juramento.
-¿Qué pretendéis que haga? ¿Que secuestre a mi cuñada? ¿Y que me la lleve adónde? ¿Dónde estará más segura que aquí?
-Miradme a los ojos y decidme que creéis que estará a salvo en Desembarco del Rey.

-Arya: ¿Te pasa algo en la pierna, chico?
-Polliver: ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
-¿Puedes caminar? ¿Tengo que llevarte?
-¿Llevarme?
-Buena espadita. Quizás me limpie los dientes con ella.

Comentario:
Estupendo capítulo de inicio de temporada, de transición entre etapas. Aparecen las secciones más importantes el tiempo suficiente para recolocar las piezas en el tablero. Nada sobra, nada falta. Hasta pequeñas apariciones, como la de Brienne, encajan a la perfección: ni olvidan personajes ni fuerzan su presencia con contenido intrascendente.

Solo hay dos detalles negativos que citar. El primero es la forzada escena de pseudo-terror con Sansa y Dontos. No queda bien, deja la sensación de ser excesivamente sensacionalista. El segundo es Daario. Alguno se habrá sorprendido, otros ya lo sabíamos por las noticias: el actor que interpretaba a Daario fue cambiado. Ed Skrein podría haberse ido a rodar una película, o quizá los realizadores vieron que no valía. El nuevo intérprete es Michiel Huisman, dado a conocer en Treme. Es una putada tener que cambiar un actor, porque el espectador es probable que no lo tome bien. Yo estuve cabreado mucho tiempo, pero al final no queda otra que tragar. De todas formas es inevitable pensar que siendo Daario un secundario, un mercenario más, no costaba nada mover su historia a un personaje nuevo. Además con este cambio se acrecienta la impresión de indefinición del personaje. No se sabe de qué va, tanto en motivaciones como en forma de ser. No tiene el exotismo y carisma de las novelas, y sus acciones son caóticas: en su presentación (cuando era rubio y feo) parecía un paleto chulo y de lealtad cambiante (¿cómo pudo Dany confiar en alguien que mata a sus compañeros?), luego resulta ser un niñato (la apuesta de las espadas es muy tonta), y a continuación nos lo ponen como galán inteligente (con el juego de las flores). Es un rol demasiado impreciso, como si no supieran qué hacer con él e improvisaran su escritura.

La forja de nuevas espadas a partir del espadón de Ned es muy simbólica: es el último golpe a los Stark. También sirve como base de la conversación entre Tywin y Jaime, muy descriptiva sobre ambos personajes y bastante divertida. La disputa con Cersei es estupenda también: ella lo rechaza porque se siente traicionada por su larga ausencia. La vida ha seguido sin él, adónde va exigiendo un hueco en ella. La conversación con Brienne no se queda atrás: ella le recuerda sus votos y promesas, y él intenta hacerle ver que no todo es blanco o negro. Todos estos diálogos tienen un punto de humor muy conseguido, rematado con el chiste de despedida a Qyburn con la mano postiza.

Resulta un episodio que exprime muy bien a Jaime, y el actor Nikolaj Coster-Waldau está estupendo. Por cierto, la armadura de la guardia real es distinta, le han quitado el blanco y el metal es más dorado; antes parecía de chapa barata, ahora es algo mejor, quizá porque el color le da más realismo… pero su diseño sigue sin gustarme, parece hecha de sobras y con piezas muy pequeñas que no garantizan mucha protección. También podemos criticar el hecho de que los realizadores improvisen también en estas cosas de mala manera, pero bueno, podría justificarse con que han rehecho las armaduras como ha forjado Tywin nuevas espadas; solo que no se indica en ningún momento.

La presentación de Oberyn Martell y Ellaria es magnífica. El personaje arrasa en su primera aparición, y el actor Pedro Pascal se ve muy cómodo en su papel. Ella (Indira Varma, vista en Rome) probablemente quede en bastante segundo plano, pero tampoco es que necesite más, y también causa buena impresión. De nuevo pasamos por otra escena de sexo… pero esta es de las más justificadas. Describe a los personajes, sus intereses e ideales, y enlaza con el resto de su presentación: en la disputa con los Lannister se expone el contexto histórico entre las dos familias.

Tyrion está asqueado de la corte, y Shae lo sufre, abriéndose una brecha entre ambos. Pensábamos en cómo encararían los guionistas el cambio de situación entre ambos, porque la relación ha sido bastante realzada (repitiendo más de la cuenta cuánto se aman), y aquí empezamos a vislumbrar la respuesta. Margaery se prepara para la boda, Olenna está espectacular como siempre. Y Sansa sigue hecha polvo; su escena con Dontos es importante de cara al futuro.

Dany no tiene escenas de gran importancia, pero es necesario mostrar su camino a Meereen, en el que enfrenta nuevos retos: Daario le da una valiosa lección, pero ella a él también, y además descubre hasta dónde puede llegar el reinado de terror de los esclavistas, lo que refuerza su determinación.

Jon enfrenta un juicio por su posible traición y ruptura de votos, teniendo que aguantar al estricto Allyser Thorne acompañado ahora además por otro miserable y rencoroso, Janos Slynt. Con ayuda del Maestre Aemon se defiende bien. La escena es intensa y aunque sale airoso está claro que Jon seguirá teniéndolo muy difícil. Además se muestra de forma clara evolución en el personaje: su maduración y seguridad son evidentes. No nos olvidamos de los Salvajes. Por fin los guionistas se toman en serio dotar al grupo de Tormund de efectivos bien justificados, que antes crecían y decrecían en número según el capítulo lo necesitara, algo imperdonable en una serie de este calibre. Eso sí, me parece un tanto exagerada la presentación de los thennitas, con la fantasmada del canibalismo, que abre un montón de preguntas: ¿sólo comen carne humana?, ¿solo la de otras tribus de salvajes o se matan entre ellos?, ¿y Mance y demás aceptan a ese tipo de gente?, ¿o solo es un ritual o capricho casual que se toman con los enemigos del sur del Muro? Espectacular e inquietante no tiene por qué equivaler a inverosímil.

Y acabamos con una secuencia muy larga pero deliciosa: Arya y el Perro congeniando de forma fantástica como siempre. En menuda pareja de secundarios se han convertido, no cómicos pero sí de relax aventurero entre tanta intriga política. Estupendos diálogos y gestos de complicidad (de nuevo deslumbra la joven Maisie Williams) ofrecen algunos momentos geniales: los pollos, la vena psicópata de Arya, el final de Polliver mientras ella le recita las frases con las que mató a Lommy…

Termino con un detalle: no entiendo la cosa extraña que hacen en los créditos para ir del Muro a Meereen, lo único que consigue es marear y confundir al espectador, pues con esa vuelta caótica no hay quien se ubique en el mapa. ¿Por qué cambiar lo que funcionaba?

LOS TUDOR – TEMPORADA 4 Y FINAL.

The Tudors
Showtime | 2010
Productores ejecutivos: Michael Hirst, varios.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Henry Cavill, Tamzin Merchant, Sarah Bolger, Joely Richardson, Max Bron, David O’Hara, Joss Stone, Anthony Brophy, Torrance Coombs, Joanne King, Simon Ward, Rod Hallett.
Valoración:

La cuarta y última temporada de Los Tudor se desarrolla con tres partes muy diferenciadas entre sí, estando además algo alejadas del tono habitual de los años anteriores. Las tres etapas tienen su presentación, nudo y desenlace, con lo que da la impresión de que la temporada intenta arrancar varias veces. Al no haber un nexo o trama que dirija todos los episodios hacia un destino tangible se genera la sensación de irregularidad y el ritmo se resiente. Además es obvio que Michael Hirst no tenía muy claro cómo enfrentar los últimos años de Enrique, y se traduce en algo de indefinición en el arco final.

En cuanto a personajes, se sigue notando la fuga de algunos actores. Mencionan a Cranmer como arzobispo, y debería haber estado en varias de las tramas importantes. El duque de Norfolk, ausente desde la primera temporada, formó en realidad parte de todas las intrigas palaciegas, salvándose por los pelos para continuar al lado de María cuando ella reinó. Y Sir Francis Bryan (el del parche) se esfuma como apareció, sin explicaciones. Por el otro lado los que tenemos crecen bastante y los nuevos son muy atractivos.

Edward Seymour gana protagonismo bastante bien, aunque el actor Max Brown no destaque mucho. Su oposición a la guerra y su intento de controlar a Eduardo (hijo del rey pero familiar suyo también) mantienen la intriga política correctamente, aunque ésta no alcance el nivel de las temporadas previas. Charles Brandon da lo mejor de sí, y Henry Cavill está a la altura (atención a cómo da edad al personaje con los gestos): se muestra muy bien el cambio que sufre, pasando de estar psicológicamente agotado a descubrir de nuevo el amor y la felicidad con la joven francesa. El obispo Gardiner ha llegado a primer plano casi sin darnos cuenta, permitiendo que Simon Ward deslumbre con una interpretación inquietante (su mirada de sapo rabioso ayuda mucho). Es una pena que no tuviera la esperable réplica de Cranmer, su opuesto en ideología. Así, la intriga religiosa también pierde algo de fuelle, aunque en la parte final remonta bastante cuando decide ir a por la reina. La gran incorporación del año es Henry Howard, conde de Surrey (y heredero de Norfolk), un aristócrata obsesionado con la pureza de la familia y la sangre noble y eternamente enemistado con los hombres nuevos, lo que le lleva a meterse en mil disputas, andando siempre en la cuerda floja hasta que todos se hartan de él y es ejecutado tras una pantomima de juicio. El carisma arrollador del actor David O’Hara realza muchísimo un personaje de por sí muy interesante, siendo desde mi punto de vista quien más huella deja en esta sesión.

Catalina Howard sigue siendo un torbellino de emociones, y Tamzin Merchant se adapta perfectamente al personaje. Vivaz, inmadura, caprichosa… Hace lo que le viene en gana sin pensar en las consecuencias, y así acaba. Thomas Culpepper, el criado del rey conocido por ser quien mantuviera el romance con ella, está en manos de un correcto Torrance Coombs. El chico es algo desagradable (altivo y pagado de sí mismo, con violación de una campesina incluida), pero no se le coge asco porque su descripción de niñato encaprichado es muy creíble y se mantiene bien la intriga de cuándo se descubrirá la traición. Catalina Parr es opuesta a su precursora. En ella encontramos una mujer curtida e inteligente que rechaza ser reina por miedo a cómo podría acabar, pero una vez que está ahí decide esforzarse por hacer algo para su causa. La pena es que la gran actriz Joely Richardson no tiene mucho tiempo para ser recordada a pesar de su excelente papel. Hablando de actrices destaca de nuevo la brillantez de la joven Sarah Bolger, soberbia en cada una de sus escenas; la pega es que con su rostro juvenil parece que María es siempre una adolescente, cuando acaba la serie con unos treinta años.

La primera sección del año se centra en la apasionada relación entre Enrique y la jovencísima Catalina Howard. El rey, feliz, la colma de regalos, y ella vive en un mundo de ensueño. Pero todo lo bueno llega a su fin. Mientras él realiza una gira por el norte para mantener la paz entre los recién rebelados y además se empieza a cansar de su presencia (tanto que se va a jugar a las cartas con Ana de Cleves), ella, impaciente, hiperactiva e insaciable en el sexo, empieza a aburrirse y se enamora de Culpepper. La fiel Lady Rochford es la única del séquito que pone un poco de freno a las andanzas de la reina y demás damas, pero al final cede y apoya el romance en secreto. Cuando aparece Dereham, uno que estuvo de parranda con Catalina antes de la boda real, la situación empieza a resquebrajarse en escenas de gran tensión.

Este es un tramo de pasiones, sexo y engaños centrado en unos pocos personajes, olvidando prácticamente por completo las habituales intrigas políticas donde diversas facciones mueven hilos varios para mantenerse en el poder. De esta forma el relato pierde algo de densidad, oscuridad y misterio, dando la sensación de que nos están contando poca cosa en comparación con las grandes conspiraciones anteriores. No quiere decir eso que el trío amoroso no esté muy bien narrado y sea realmente interesante, pero sí puede dar la impresión de que, en comparación con las otras temporadas, es una trama ligera y además algo estirada. Los capítulos previos a la ejecución son de hecho algo lentos. Pero cuando se descubre el lío la serie vuelve a deslumbrar. Interrogatorios, investigaciones y ejecuciones no son nuevas, pero confluyen en un episodio inolvidable: el capítulo El fondo del pozo (405) es el mejor del año. Las ejecuciones de los implicados y finalmente de Catalina resultan tan memorables como las de Ana Bolena, Tomás Moro y Thomas Cromwell.

No tarda nada el rey en encontrar una nueva reina. Catalina Parr será su sexta y última esposa. Sin embargo, comparada con las anteriores no se trabaja tanto el proceso de acercamiento y enamoramiento. No queda claro si Enrique se casa por amor o por cumplir, y por ello el inicio de la relación no es muy llamativo. Los conocidos roces entre ambos en materia religiosa funcionan mejor. En el tramo final se llega a temer por su vida, pues mientras Enrique se torna más moderado ella ataca al papado. Pronto encuentran un equilibrio y se llevan bien. Ella es incluso capaz de mantener a María cerca evitando la enemistad por sus diferencias religiosas. Hablando de María, con el paso de los años y la presión de Jane Seymour y ahora Catalina Parr, ha terminado acercándose de nuevo a Enrique, siendo su presencia en la corte habitual. Sin embargo la pobre pierde a Chapuys, el embajador imperial, quien fuera su mejor amigo todos estos años. Isabel también aparece, teniendo la presencia justa para señalar brevemente sus tendencias de cara al futuro (no casarse y continuar con la reforma religiosa). Por cierto, no sé por qué el embajador francés llega a salir en los créditos iniciales a pesar de su escasísima relevancia y Chapuys o Gardiner no lo hacen.

Tras el reciente matrimonio con Parr, Enrique, ávido de acción y deseoso de realizar alguna proeza antes de su muerte, se empeña en ir a alguna guerra. Lo consigue con los nuevos roces entre Francia y el Imperio, aliándose esta vez, para sorpresa de todos, con Carlos V, después de años de distanciamiento. Su objetivo, recuperar las tierras de Francia que pertenecieron a Inglaterra. El asedio a Bolonia es magnífico en todos los sentidos, sobre todo el visual. La recreación de la ciudad y del asedio con las murallas, los cañones, el campamento, los túneles… Todo ofrece un nivel de calidad insólito para una serie. Obviamente llega a verse alguna limitación (lo digital se nota, por ejemplo), pero hay que ponerse en situación: dinero, dificultad… El resultado es digno de alabanza: no sólo la HBO (Roma, Deadwood) se atrevía a realizar superproducciones de tal calibre. Además no se descuida nada el guión. Las tramas, tanto las personales (el romance de Brandon es muy interesante, la obsesión de Enrique también) como las políticas (el conflicto entre reinos) y la bélica (las vicisitudes del asedio se desarrollan con sumo detalle) son muy completas para los pocos capítulos que se les han dedicado. Da la sensación de que es una temporada dentro de otra, pero funciona de maravilla.

El entusiasmo del rey decae con la dificultad de la guerra, y se recluye en la corte. Pero como comentaba, este tramo final baja bastante el nivel, dejando una clara sensación de que no sabían muy bien cómo cerrar la serie. Destaca el intento del cardenal Gardiner de derribar a la reina y los roces de esta con Enrique, que no dan para mucho. Mientras, el complot por controlar a su heredero no despierta pasiones, y sólo merece recordar al conde de Surrey, con sus últimas rebeldías y el juicio.

La vejez de Enrique aburre, dando un último episodio bastante decepcionante. Del capítulo final de una serie se espera mucho, pero el de Los Tudor no ofrece nada llamativo, sólo es un recordatorio sentimentaloide de eventos pasados, con visitas de novias-fantasma a través de unas visiones horrorosas y sin sentido aparente. Además le sumamos otras escenas oníricas y queda un batiburrillo de existencialismo barato. Ni si quiera se dignan en mostrar la muerte del rey (¡y eso que el episodio se llama Muerte de un monarca!), dejando un no-final bastante frío e insípido. Por si fuera poco el aspecto de joven de Rhys Meyers termina por explotar del todo, a pesar de que su interpretación es tan esforzada y eficaz como de costumbre. El salto a rey viejo es torpe: en un capítulo se desmaya y para el siguiente parece que han pasado un montón de años, cuando no es así. La negativa del actor a ponerse un traje de obeso, sumada a su rostro infantil que no han sido capaces de ocultar con maquillaje y a su espantosa voz disimulada, alejan aún más la figura de la serie del rey real, aunque los productores se justificaron diciendo que un protagonista feo no gusta y que es ficción y entretenimiento antes que documental. Lo de la voz de hecho es mosqueante: a lo largo de toda la temporada finge en unas escenas pero se olvida de hacerlo en otras, como si no hubiera control de los productores y directores y el actor improvisara.

Como es de esperar la serie acaba sin extenderse en las historias del hijo y las hijas de Enrique VIII, pues se centraba en su figura y si se ponen a añadir no acabarían nunca. Pero sí resumen en texto sobre la pantalla los aspectos más relevantes de los reinados que vinieron tras la breve vida de Eduardo. Lady María sacó toda su ira reprimida y se dedicó a quemar gente a lo loco, y Lady Isabel, opuesta a la anterior en forma de ser y pensar, sobre todo en el aspecto religioso, se convirtió en la gran dama de país, forjando la llamada Edad Dorada. Este personaje se ha mostrado en cine varias veces, siendo ineludible citar las dos películas escritas por el propio Michael Hirst e interpretadas por Cate Blanchett.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 4, PARTE 2.

The Walking Dead
AMC | 2014
Productores ejecutivos: Scott M. Glimpe, Greg Nicotero, Gale Anne Hurd, David Alpert.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Emiliy Kinney, Chad L. Coleman, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lawrence Gillard, Michael Cudlitz, Josh McDermitt.
Valoración:

Alerta de spoilers: Obviamente no se recomienda leer si no la has visto.–

El ataque del gobernador da pie a un nuevo cambio de juego. The Walking Dead inicia otro ciclo, y en este definitivamente se ha asentado como una buena serie. Y ya sé que he dicho esto más de una vez, pero es que sigue sorprendiéndome para bien. Con el sueño de una vida sedentaria destruido, nuestros protagonistas salen en desbandada en grupos pequeños o incluso en parejas. El actual showrunner, Scott M. Glimpe, se marca otro órdago de cuidado después del comentado periplo del Gobernador (muy atractivo a pesar de que bastantes espectadores no supieron apreciarlo): centrar cada capítulo en uno de esos grupos, o como mucho en dos. Difícil mantener el ritmo y el interés, complicado gustar a todos los seguidores por igual… Pero lo consigue con creces. Salvo las críticas absurdas a Still (412), probablemente el mejor episodio de la nueva etapa y que muchos han puesto a parir (mientras al resto no, a pesar de estar en la misma onda), la gente ha recibido bastante bien este arriesgado estilo. La razón es clara: por fin se ha dedicado tiempo a explorar a fondo cada personaje. Ya era hora, que estamos en la segunda parte de la cuarta temporada. Hasta los que parecían de pegote ganan atractivo al adquirir profundidad: Beth resulta encantadora, Michonne ya no es sólo la tipa molona de la catana y los demás secundarios no son sólo figurantes.

El relato de cómo Michonne acaba con los zombis “amaestrados” es escalofriante, y su encuentro con una casa con una habitación para niños muy triste. A partir de ahí es fácil entender la conexión con Carl. La reaparición de Carol no sorprende, pero el capítulo dedicado a las dos niñas es muy intenso. Que la chavala estaba fatal de la cabeza y terminaría haciendo daño a alguien se veía venir, pero yo esperaba que hiriera a Carol, no que se cargara a la hermana. El momento es espectacular, duro y demoledor como debe ser una serie que narra los peores momentos de la humanidad. Y la situación permite el perdón de Tyreese a Carol, otra escena de gran fuerza.

Daryl sigue creciendo, siendo de hecho desde hace años el más atractivo de todos. Su individualidad se diluye ya por completo por el sentimiento de pertenencia al grupo. El citado Still es delicioso, dos personajes completamente perdidos reencontrándose consigo mismos y uniéndose para superar la adversidad tras dejar atrás definitivamente todos los fantasmas internos. Pero el secuestro de Beth destruye el idilio, y Daryl cae momentáneamente en un grupo de desalmados egoístas. ¿Desharán lo que había andado o conseguirá sobreponerse? Que no deje tiradas a las víctimas de ese grupo es la respuesta. En cuanto a Beth, desde que dice que no piensa llorar más me tuvo ganado después de temporadas donde era una secundaria de adorno. Decide dejar de ser una niña para vivir mirando hacia adelante.

Maggie y Glenn me gustan menos, y la obstinación cabezona por encontrarse el uno al otro no termina de funcionar como historia romántica (de hecho el reencuentro en el túnel no es nada emocionante), pero enriquecen su presencia con un nuevo grupo de secundarios. El militar que no es sólo un flipado de las armas y de la misión y el nerd antisocial evolucionan muy bien; además prometen una buena trama de cara al futuro (el tema de conocer algo de la enfermedad) y aportan una pizca de humor: el friki se marca unas frases gloriosas, donde se roza la parodia pero sin patinar. Sasha y Bob por un lado y la dulce Tara por otro son relativamente nuevos y todavía no me han ganado por completo, pero por ahora van bien encaminados, y su aventura de supervivencia, enfrentados tanto a ellos mismos como a la situación, es efectiva.

Por primera vez The Walking Dead consigue que me interese por los personajes hasta el punto de que me inquiete el porvenir casi todos, salvo Rick, que sigue siendo bastante limitado, sobre todo por culpa del penoso actor (el momento en que amenazan al hijo es de vergüenza ajena), y la cansina pareja enamorada, que aparte de amorío ñoño no da mucho más de sí. En cuanto a la trama seriada tenemos lo de Terminus (la terminal). Está claro que el viaje por las vías es una excusa para mostrar el viaje interno de los personajes, pero el ofrecer un destino concreto siempre viene bien para tener un punto sobre el que hacer girar los acontecimientos. Terminus se presenta inquietante, pues a estas alturas todos estamos acostumbrados a esperar lo peor, y de hecho resulta ser una trampa.

El último capítulo no es espectacular, la dualidad entre el Rick duro y el Rick civilizado queda demasiado remarcada, con flashbacks a todas luces innecesarios, puestos ahí para forzar la lágrima fácil rememorando personajes fallecidos, y el desenlace es algo predecible (sabemos que saldrán de ahí), pero tampoco es que hubiera muchas formas de terminar la temporada reuniendo a la gente y dando un cierre abierto e impactante. Además el tema de la secta caníbal pone de manifiesto de nuevo que el hombre sigue siendo el peor enemigo del hombre, y trata otro de los muchos temas interesantes que un apocalipsis de la humanidad puede ofrecer. No será un gran episodio final, pero la cohesión y calidad de la temporada (ambas partes, en esta ocasión no hay irregularidad) son más que suficientes para esperar con interés el próximo año.

Ver también:
Temporada 4, parte 1.
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

LOS TUDOR – TEMPORADA 3.

The Tudors
Showtime | 2009
Productores ejecutivos: Michael Hirst, varios.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Henry Cavill, James Frain, Annabelle Wallis, Max Bron, Joss Stone, Anthony Brophy, Joanne King, Alan Van Sprang, Gerard McSorley, Max von Sydow.
Valoración:

En la tercera temporada tenemos otros actores desaparecidos. Aunque no he encontrado información concreta sobre por qué los intérpretes se largaron o dejaron de estar disponibles, parece indudable que se ausentaron, que no fue decisión de Michael Hirst prescindir de los personajes. Sin ir más lejos, algunas veces se nota que hace malabares para tratar las tramas que se veían afectadas por alguno de estos: mencionan a Norfolk y Cranmer en varias ocasiones, incluso como si estuvieran ahí. Así pues, no sé cómo Hirst sacó adelante Los Tudor sin desfallecer en el intento.

No tenemos más a Hans Matheson, el arzobispo luterano Thomas Cranmer. Como vimos en la segunda temporada fue importante en el ascenso de Enrique como cabeza de la Iglesia de Inglaterra, y seguiría siéndolo en otros momentos relevantes. Otro ausente es Peter O’Toole como el Papa Pablo III, quien sin duda continuaría siendo importante en la opisición del papado a Enrique, y más cuando entra en juego Reginald Pole. A cambio nos ponen a un cardenal encarnado por otro veterano de gran nivel, Max von Sydow. Otra sorpresa es que cambian a la actriz de Jane Seymour: en la segunda sesión era Anita Briem y ahora Annabelle Wallis, aunque ciertamente se parecen mucho. Tampoco he encontrado razones concretas del cambio, pero esto pone de manifiesto lo obvio: ¿por qué no buscaron otros actores para esos otros personajes indispensables? Norfolk era esencial, y Cranmer casi también. Ambos son cruciales en la presentación y caída de Catalina Howard (que además era familia del primero), y Norfolk fue uno de los principales artífices de la caída de Cromwell.

Con este panorama da la sensación de que en cada temporada perdemos personajes muy atractivos que son sustituidos por otros con algo menos de sustancia. No causa esto un bajón notable porque las tramas principales mantienen un nivel excepcional, pero obviamente se echan de menos esos protagonistas que quitaban la respiración en cada escena, como Wolsey, Moro, los Bolena o Norfolk. Los hermanos Syemour no resultan tan fascinantes como esos, y la incoporación de Sir Francis Bryan (el del parche) no se hace bien: aparece en la corte sin más, sin que se explique quién es y por qué todo el mundo le trata como si llevara toda la vida ahí. Además éste prácticamente sólo sirve para algunas tramas secundarias: los amoríos aburren, pero la odisea tras Pole por suerte es más interesante; y para colmo desaparece en la próxima temporada, pero era tan poco llamativo que ni te das cuenta.

Enrique se casa con Jane Seymour (o Juana según algunos) y si bien la convivencia tiene sus baches (la espera porque se quede embarazada pone nerviosa a media corte), la reina es muy inteligente y hábil y queda claro que podría sobrevivir a cualquier cosa. Su ambición no ciega su precaución: es dulce y amable, aguanta todo lo que le echa el rey encima, incluso las amantes, cosa que de hecho fomenta para mantenerlo contento. Y no reniega del catolicismo pero tampoco lo airea. Con sus buenas maneras se hace amiga de todos y cae bien a todo el mundo, incluso al espectador, pues el personaje está muy conseguido y resulta adorable. Pero va y se muere de parto. Eso sí, deja al heredero, Eduardo VI, que reinaría tras Enrique. El rey desespera, cae en una depresión que le cuesta horrores superar. Todo un capítulo lo dedican a ello, con su aislamiento con el bufón. De ahí salió (al menos según la serie) la ida del olla del palacio de Nonsuch (algo así como “El que no existe”), una barbaridad que sólo se pudo pagar porque Cromwell había llenado las arcas del Estado a costa de saquear templos e iglesias. La pena es que de este fastuoso castillo no queda nada, sólo algunos bocetos y piedras.

Mientras, hemos visto también el alzamiento del Norte. Los abusos de Cromwell tenían que explotar en algún momento. Unos pocos nobles llevan las reivindicaciones del pueblo, y si no son escuchados habrá guerra. Enrique hace aquí gala de su autoritarismo de forma bastante rastrera: mediante engaños descabeza la rebelión. Charles Brandon es quien se hace cargo del proceso, y además debe dar ejemplo ejecutando a cientos de plebeyos. Desde este evento el Duque de Suffolk no será el mismo, acosado por el dolor y la vergüenza. El actor Henry Cavil mejora mucho respecto a las primeras temporadas, mostrando muy bien cómo el personaje se oscurece y se ve perseguido por esos fantasmas.

Para animar al rey le buscan un nuevo matrimonio. Las pesquisas dan bastante de sí, exponiendo en poco tiempo todos los pasos y trámites de la época. Finalmente la elegida es Ana de Cleves, pero el entusiasmo del rey se viene abajo cuando la conoce y no le gusta nada. Aquí hay que hacer un acto de fe, porque otra vez los productores (o quizá el propio Hirst) se empeñan en poner una persona atractiva en un personaje que no debe serlo. La Ana de Joss Stone es prácticamente tan guapa y dulce como lo fue Jane. ¿Por qué el rey dice que es fea como un caballo? Porque Ana de Cleves lo era, al parecer, y además tendría cicatrices de la viruela. Por suerte este matrimonio también se narra muy bien. Centrando mucho el punto de vista en la dulce y tímida chica consiguen un capítulo muy sentimental y trágico; las escenas donde el Rey la rechaza y ella no aguanta el olor de la úlcera de la pierna son demoledoras. Sorprendentemente, para suerte de Ana, Enrique no vio agravio en la situación y a pesar de su desagrado procedió a anular el matrimonio sin buscar excusas para cargársela. Luego además la trató como a una amiga o hermana.

No nos olvidamos de Lady María, quien no tiene una trama importante pero está siempre por ahí pululando y sufriendo por todo y todos, porque como buena fanática todo lo que no se ajustaba a sus normas resulta diabólico. Sarah Bolger es de nuevo, a pesar de su edad, una de las grandes intérpretes de la temporada. Y Lady Rochford (Joanne King), quien fuera la esposa florero de Thomas Bolena, sigue ganando protagonismo como dama del séquito de las reinas.

Tras el cuarto matrimonio de Enrique vendría el quinto. Los Seymour proponen a una chica cercana a su familia (y también a la de los Norfolk, como decía), Catalina Howard (o Katherine si no lo traducimos). Aparece solamente al final, pero con unas pocas escenas te gana por completo, pues Tamzin Merchant deslumbra con su erotismo y jovialidad: sus ruiditos y risitas son encantadores. Con la joven alocada llena de vida y sensualidad Enrique ve colmado sus deseos sexuales y afectivos, pues la chica es muy fácil de complacer en los segundos e insaciable en los primeros. Aquí de nuevo tenemos el problema con Rhys-Meyers: al final de la temporada Enrique tiene 48 años, pero aparenta menos de treinta, con lo que el contraste con la adolescente de Catalina casi no existe. Por lo demás, su interpretación sigue siendo muy buena, mostrando correctamente los numerosos altibajos del rey.

Entre la rebelión y el fallido enlace con Ana los nobles se posicionan en contra de Cromwell. Es demasiado extremista y tiene demasiado poder, así que se lo quitan de en medio con un complot. James Frain arrasa en los últimos capítulos, mostrando con enorme intensidad el final de otro de los grandes personajes de la serie. Pero aquí hay una pega. Aunque el equilibrio de poder de Cromwell está inestable desde principios de la temporada (genial cómo se aferra al matrimonio con Ana para mantenerse cerca del rey), el complot da la sensación de ir muy rápido y me pareció que no quedaba claro cómo consiguen que alguien tan poderoso caiga tan fácilmente. Sea como sea, su ejecución es memorable. Los Tudor es capaz de mostrar cuatro finales de personajes importantes con decapitaciones (contando la próxima de Catalina) y no dejar la sensación de que se repite un esquema o recurso o que pierde fuerza.

La realización sigue siendo exquisita, con una dedicación espectacular en la ambientación donde destaca el insuperable vestuario y la excelente iluminación en tonos naturales, pero este año también se ha puesto mayor empeño en mostrar exteriores (los castillos digitales han mejorado mucho), destacando los grandes paisajes y despliegues de extras en la rebelión del norte. En otras palabras, el presupuesto cada vez luce más y se aprovecha muy bien a la hora de rodar.

Aunque es indudable que arrastra algunos pequeños problemas (el complot contra Cromwell, el casting de Ana y las ausencias forzadas de personajes relevantes), la temporada no llega a resentirse. En el primer capítulo se presentan y empiezan a desarrollar todas las tramas del año, y de ahí al final (esta vez ocho episodios en vez de diez) no hay un momento de respiro en una vorágine de acontecimientos expuesta con enorme fuerza y calidad.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.