TREME – TEMPORADA 4 Y FINAL.


HBO | 2013
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, George Pelecanos.
Intérpretes: Khandi Alexander, Rob Brown, Kim Dickens, Indie Ennenga, Michiel Huisman, Melissa Leo, Lucia Micarelli, David Morse, Clarke Peters, Wendell Pierce, Jon Seda, Steve Zahn.
Valoración:

Era un milagro que Treme subsistiese. O más bien era la buena fe de la HBO, que la ha mantenido todo lo que ha podido a sabiendas de que tenía una gran serie entre manos. Pero al final las bajas audiencias mandan, y la última temporada se vio recortada a la mitad porque no había más dinero en los presupuestos de la cadena.

Para el tramo final David Simon y Eric Overmyer se centran en una época de nuevas esperanzas, de cambios: la llegada de Obama. Aunque en realidad la vida sigue siendo difícil y el sistema está lleno de agujeros, algunas cosas parecen cambiar para bien. O como poco, los personajes encuentran una paz interior que les permite seguir sorteando obstáculos.

Quienes más notan el cambio político son los que estaban desencantados con la ley y la justicia. Tony Bernette y Terry Colson estaban ya a punto de rendirse, de desfallecer en su lucha contra las injusticias, pero desde arriba llegan órdenes de hacer una buena limpieza, y el río cambia su curso. Terry ve oportunidad de testificar contra la inmundicia del cuerpo de policía, y se aferra a ello para limpiar su conciencia y barrer la casa antes de irse, porque su acción implica romper definitivamente con el cuerpo; la jubilación y pasar tiempo con sus hijos es algo que suena bien. Tony y su colega, el joven reportero Everett, se encuentran con que sus investigaciones por fin interesan al FBI: ¡el caso Abreu llega a buen puerto! Nos despedimos de Tony con una escena muy bonita que muestra que, a pesar de todo el camino recorrido por los personajes (su hija ya es prácticamente independiente), la tradición familiar sigue teniendo peso: madre e hija ponen la música a todo volumen y se largan al desfile, como hacen todos los años.

Entre los que se enfrentan más a su yo interno que al mundo están los Lambreaux (Albert y Delmond) y Davis McAlary. Albert ha aceptado por fin que no puede hacerlo todo, que no es indestructible, que la muerte es inevitable e inminente. Todo lo que deja a medias (la casa, aunque la “bautiza” para darle un cierre y un propósito a su final, y el desfile) no es un fracaso, sino algo que deben continuar otros, en especial su hijo. Delmond era reticente a la vida en Treme, donde aguanta por su padre, pero al final encuentra un punto intermedio: puede compaginar Nueva York y el jazz moderno con la tradición de Nueva Orleans, no hay que sacrificar nada, solo dar un pequeño paso atrás en ambos aspectos de su vida. McAlary, uno de mis eternos favoritos, sigue dando tumbos entre proyectos inacabados, sueños efímeros y depresiones que lo lanzan de golpe hacia otra carrera fugaz. Su especie de ruptura consigo mismo, forzándose a dejar atrás un pasado tormentoso y madurar (la relación con Janette es crucial en ello), parece que lo centra un poco: no importa qué hagas o si fracasas en el intento, hay que seguir siendo uno mismo y no venirse abajo.

Janette Desautel salió escarmentada del mundo empresarial, de la comida industrializada, por así decirlo, y vuelve a sus orígenes: un pequeño restaurante con su nombre y todo su amor. Los problemas legales son un quebradero de cabeza temporal, el último bache hacia la libertad. Junto a McAlary siempre ha sido de mis favoritas, y que acaben juntos de nuevo ha sido muy bonito. Annie en cierta manera sigue los pasos de Janette, pero en el mundo de la música y con el final opuesto. Su contrato discográfico puede ser un salto al último escalón de la pirámide o una forma de esclavizarse y perder el alma. Pero la chica sorprende mostrándose inflexible y doblando al mánager a su gusto, eso sí, no sin dudas y esfuerzos. Otro final que me ha gustado mucho. Antoine Batiste estaba feliz enseñando música en el instituto, a pesar de las desgracias que puede traer Nueva Orleans (el tiroteo que acaba con una alumna muerta), y casi ve tirado por tierra su sueño cuando cierran el programa musical escolar. Pero pronto descubre que siempre habrá lugar para la música en esta ciudad.

Menos intensas han sido otras historias. LaDonna ha seguido un camino más fácil y predecible: tras todo el asunto de la violación no le queda otra que seguir adelante. Reabre el bar, se separa del doctor y se lleva bien con Antoine en la crianza de los hijos en común. Lo más interesante ha sido su acercamiento a Albert, algo triste porque le pilla en sus últimos días de vida. Sonny ya estaba prácticamente asentado con la vietnamita, y sale lo justo para que nos acordemos de él: el padre le ha aceptado y no va a ser un tirano, y la reciente esposa sabe que de vez en cuando tiene que tocar música. Nelson Hidalgo, el tratante de bienes inmuebles, va donde huela el dinero, pero también ha aprendido en Nueva Orleans a no dejar la cultura y el contacto humano atrás. Sus visitas a Desautel y su acercamiento a McAlary han sido muy divertidos.

Treme se despide como nació, como un documental social a modo de serie dramática centrado en la vida en una de las ciudades más características del planeta. La música y la comida son retratadas con tanto esmero como las fallas del sistema estadounidense, donde la ley y la educación, entre otras cosas, no se sabe cómo demonios se sustentan sobre pilares tan precarios, y donde tras el huracán Katrina todo se vino abajo para volver a levantarse igual de mal. La detallada y delicada descripción de la ciudad (un personaje más) y sus gentes ha hecho de Treme, como ocurrió con The Wire, un magnífico retrato de las sociedades humanas del primer mundo, de todo lo bueno y todo lo malo que pueden tener. Personajes muy humanos y entrañables, historias sencillas pero muy emotivas, un ritmo siempre perfecto, detalles y más detalles (el bache de la calle ha sido genial) hacen de estas historias y lugares algo enormemente tangible y cercano.

Treme ha sido una de las mejores series de los últimos años. Y como también pasó con The Wire, casi nadie la ha visto. Es cierto que tiene un estilo que la hace algo elitista (episodios sin trama auto conclusiva, tono pausado, música bastante culta), pero una vez saltada la barrera del rechazo por miedo a lo diferente me parece muy fácil de ver, porque los personajes son encantadores y enganchan rápido, y además deja muy buen poso, tanto por calidad como por conexión emocional. Espero que el tiempo y el boca a boca la vayan popularizando, aunque dado su estilo es difícil que llegue al estatus de The Wire. Pero llegue a donde llegue su fama y prestigio, tengo claro que Treme es un clásico instantáneo.

PD: fantástico el cameo de Dr. John en el último capítulo, una aparición que prácticamente era obligatoria, pues seguramente es el músico más conocido que ha parido la ciudad.
PD2: lo fui dejando y al final no escribí los comentarios de las dos temporadas anteriores, a pesar de que me parecieron las mejores. Una excusa perfecta para volver a ver la serie.

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