ARRESTED DEVELOPMENT – TEMPORADA 3.

Arrested Development
Fox | 2005
Productores ejecutivos: Mitchell Hurwitz, Ron Howard, Brian Gazer.
Intérpretes: Jason Bateman, Portia de Rossi, Will Arnett, Michael Cera, Alia Shawkat, Tony Hale, David Cross, Jeffrey Tambor, Jessica Walter.
Valoración:

La historia de Michael marca el ritmo muy bien en el fantástico primer tramo de la temporada, sobre todo en el sentido del humor. La loquísima relación con el personaje de Charlize Theron ofrece un sinfín de chistes con toda la esencia de la serie: inesperados, ingeniosos, puestos unos encima de otros sin darte tiempo a asimilarlos, y con giros sorprendentes. En la cara te restriegan quién es realmente, mientras juegan a engañarte con que si es una espía o no. Cuando sale todo a la luz tenemos algunas de las mejores situaciones de la serie.

Los demás personajes están en su salsa, y es alucinante cómo se las apañan los guionistas para no dar la sensación de que se repiten. Tobias sigue reprimiendo su homosexualidad, y esto da para infinidad de ocurrencias tronchantes en cada capítulo, ninguna falta de originalidad o con menos gracia; y la historia de los injertos de pelo es incluso más delirante que los hombres azules. Maeby sigue como ejecutiva en un estudio de cine, lo que ahora se usa mejor para parodiar las decisiones absurdas de algunos productores. George-Michael continúa con las pequeñas tramas sobre mejorar la relación paterna, pero destacan más los problemas que trae el enamoramiento con su prima. Los vicios de Lucille son los mismos y tampoco saben a repetición: algunos chistes de alcoholismo son tronchantes. Gob se aferra su dinámica de intentar demostrar su valía para estrellarse en el intento; como trama larga tiene la de la paternidad de Steve Holt, bastante efectiva.

Buster y Lindsay son los únicos un poco relegados a secundarios. Ella se mantiene como la madre incompetente, y las pequeñas historias en que intenta alejarse de Tobias buscándose otros ligues son sencillas pero alguna resulta interesante, como el “romance” demencial con el abogado del divorcio y su genial nombre: Bow Loblaw. Buster aporta algunos buenos momentos, pero poco más, destacando únicamente con la aventurilla del coma. Mientras, George Senior trae de nuevo las tramas largas. El arresto domiciliario da para otro de esos geniales chistes recurrentes: el sustituto que usa para relacionarse fuera de casa es alucinante. Los secundarios clásicos también tienen sus apariciones estelares. Destaca otra vez el abogado incompetente, pero el alcaide de la prisión o el amigo sin brazo también tienen sus apariciones.

Como decía, en la primera mitad del año los guionistas esquivan bien el ligero bajón que suponía lograr menos de esos finales donde todo se junta y explota dando una vuelta de tuerca a todos los chistes del capítulo, más que nada porque el nivel de tramas y humor es de infarto. Pero en la segunda parte vuelve a notarse que mantener este nivel tan complejo y enrevesado es complicado. Así, de nuevo da la sensación de que pierde un poco de fuelle con respecto a la primera temporada. Además la cancelación implica acelerar los giros finales, forzando que el desenlace quede un poco apresurado y no dé tiempo a exponer bien algunos chistes de largo recorrido (el lío son Sadam Husein queda desaprovechado, la parte de Gob en Irak parece recortada a lo bestia). Al menos aprovechan un capítulo para montarse una surrealista campaña benéfica que rompe la cuarta pared a lo grande, pidiéndote descaradamente que ayudes a salvar a los Bluth, es decir, a la serie.

Tener que escribir temporadas largas unido a la dificultad de hacerlo con el agobio de estar presionado por la cadena con que si te cancelan o no, demuestra que este experimento narrativo no podía extenderse mucho, porque es agotador para los guionistas, y que sin libertad creativa se destruyen grandes ideas. Tenía que haberse desarrollado con la longitud y libertad de una comedia de cable, es decir, unos diez capítulos por temporada y sin intromisiones de los directivos. Probablemente así hubiéramos visto la obra maestra latente en ella, porque la Fox es un agujero negro de series destrozadas. Y por desgracia la resurrección seis o siete años después en una fallida cuarta temporada (en Netflix) prueba también que la inspiración para escribir algo inigualable sólo llega una vez.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

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