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BREAKING BAD – TEMPORADA 5, PARTE 2 Y FINAL.

AMC | 2013
Drama, suspense | 8 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser, Jesse Plemons.
Valoración:

Alerta de spoilers: Siendo la temporada final es imposible no analizarla a fondo revelando todo lo que ocurre en ella.–

LA TEMPORADA

Hacer dos temporadas de ocho episodios cada una (dieciséis en dos bloques en vez un año de trece) fue una estrategia obligada por la cadena AMC, que no quería desaprovechar el éxito de la serie en una sola tanda de episodios, pues rodar con más tranquilidad reduciría gastos y tener audiencia y premios dos años y durante más capítulos exprimiría el éxito. Nos han mareado de lo lindo a los espectadores con esta estrategia (la temporada 5 está editada en dvd, pero ahora resulta que hay otra temporada 5), y en muchos sitios se refieren a ella como temporada 6, que es lo que es (rodaje y estreno un año después, es sí o sí otra temporada), pero seguiré la designación oficial porque los sitios más importantes (imdb.com y semejantes) la usan, para no complicarlo más.

Eso sí, por suerte la cadena no impuso una disparatada opción que se presentó por sorpresa: el poderoso productor Jeffrey Katzenberg (presidente de Dreamworks) se enganchó a la serie y, creyéndose el rey del mundo (como muchos de su gremio), ofreció 75 millones de dólares (más de lo que cuesta una temporada entera de la superproducción Juego de tronos) para que realizaran aunque fueran tres capítulos más; además pretendía que se emitieran en extractos de seis minutos y cobrar por ellos para recuperar con creces la inversión. Menos mal que nadie se vendió al dinero en esta ocasión.

Vince Gilligan resolvió la quinta temporada parte 1 como pudo: se notaba que tenía bastante relleno, pero no decayó el nivel como para poner el grito en el cielo. Y se guardó todo lo bueno para el arco final, que resulta memorable, el mejor año de la serie justo cuando más difícil lo tenía y más se esperaba de ella. No se acobarda tirando por algo facilón y blando, ni se le va la pinza con el sensacionalismo barato al que muchos se inclinan para tratar de dar un cierre a lo grande, y desde luego no pierde el control sobre su criatura, sabe perfectamente hacia dónde llevarla y cómo debe hacerlo. Como en sus mejores momentos, la serie es arriesgada pero consecuente con todo lo que narra (nada de giros tramposos que luego se deshacen como si nada), y avanza con firmeza en direcciones más o menos impredecibles pero bien planificadas y teniendo siempre en cuenta que, a pesar ofrecer bastante acción y una narrativa que maneja los ritmos y emociones de forma muy visual, son los personajes los verdaderos y únicos protagonistas.

Nos encontramos, por dividir la crítica en elementos claros, ante las siguientes tramas. Una es el enfrentamiento con Hank, que no por obvio y esperado resulta menos trascendente e impactante. Otra es qué rol jugaría Jesse en esta guerra, que se presentaba como la gran incógnita del año. Otra es el conflicto familiar en el que se halla inmerso Walter, abocado a acabar mal pasara lo que pasara. Y finalmente podríamos citar como otra historia esencial el destino de Heisenberg, el cómo el rey de la droga que se esconde tras Walter White acabaría al finalizar la serie, arco que se presentaba también bastante impredecible. En todas estas secciones el año ha resultado sobresaliente, o como poco, simplemente perfecto. Solo tiene un par de claroscuros, pero no graves como para afear una sesión sobresaliente, digna de citar entre las mejores últimas temporadas de la historia.

Empiezo por lo único un tanto insatisfactorio a lo largo del desarrollo del año (los detalles sobre el capítulo final los comento luego). La empresaria Lydia no me termina de convencer. No me parece un rol con verosimilitud suficiente, ni su historia me resulta realmente llamativa o necesaria en el conjunto. Parece que querían un nuevo villano o contrincante para Heisenberg, pero entre que nace de tramas muy exageradas en la temporada anterior (todo el lío con ella y el asesinato increíble de no sé cuántos sicarios en diversas cárceles fue excesivo), que es una pija demasiado improbable en ese mundo y que su sección queda por lo general un poco descolgada, siempre he tenido la impresión de que el personaje no salió del todo bien.

El resto de lo que surge en ausencia de Heisenberg funciona de maravilla. Los nazis paletos que contrató Walter en sus crímenes han visto el potencial de su droga ahora que se ha retirado, y el chaval Todd, que trabajó Walter y Jesse un tiempo, intenta alcanzar su nivel sin lograrlo. Con la presión de conseguir un producto de la calidad esperada terminan secuestrando a Jesse. Este no tenía suficiente con su miserable vida, y ahora lo esclavizan. El dolor de ver sufriendo tanto a un personaje tan querido es palpable en cada instante, ya incluso desde antes del rapto. Su personalidad estaba casi completamente destruida tanto por el daño que causa el mundo de las drogas (desde el consumo a la violencia) como por el desgaste psicológico que sufrió al lado de Walter. Solamente quiere separarse de semejante monstruo, pero de vez en cuando cae en su maldita órbita. Imposible confiar en él, imposible creer una sola palabra de quien sólo suelta mentiras y manipula sin parar para lograr sus objetivos. Uno de los momentos más impresionantes y duros es cuando Walter le indica que es su familia y haría cualquier cosa por él, pero aun así vemos que lo intenta traer hacia su lado con engaños sutiles. Una vez encadenado, sólo quedaba esperar qué destino deparaban los guionistas para el pobre desgraciado.

El enfrentamiento con Hank, íntimamente relacionado con el lío familiar, es el plato fuerte de la temporada, y en todo momento está a la altura, de hecho está a un nivel sublime. Los primeros pasos del descubrimiento son desgarradores para Hank y Marie, y los guionistas no escatiman en lágrimas, dolor, frustración… Se vive con estos dos personajes todo lo que significaría descubrir que tus seres queridos son en realidad monstruos despiadados, criminales de la peor calaña que te han mentido durante años y te han puesto en grave peligro constantemente. El proceso de respuesta de Hank a la situación era complicadísimo, pero Gilligan lo escribe sin fallar en ninguna coma del guion. Marie cobra una fuerza y determinación que el hundido Hank tarda en recuperar, de hecho es admirable lo que ha crecido ella, cuando en los primeros años me resultaba una secundaria bastante simplona. Cuando Hank intenta pensar, las decisiones son todas demasiado difíciles y traen demasiadas consecuencias difíciles de controlar y sin duda cargadas de más dolor. La opción más lógica y ética, recurrir a la DEA, llega en su momento justo, cuando la pareja ha recorrido todo el tétrico proceso que provoca esta situación. Pero el hábil Gilligan nos da en la cara con otro sorpresón: el video de Walter no es una declaración de culpabilidad, sino un chantaje que impide a Hank moverse como esperaba.

En la familia directa, la reacción de Skyler también sigue un camino realista pero no por ello menos espectacular. Su mundo, ya de por si inestable, se empieza a derrumbar. La escena en que repite “¿Estoy detenida?” a Hank cuando él le revela que lo sabe, es demoledora. Y ella, como antes, no ve más opción que aferrarse a Walter, porque si no su familia será destruida.

A partir de cierto momento se ve como algo inevitable la caída de Hank, pero como decía, no por evidente es menos intensa y trascendente. Todo el jaleo que se monta con los barriles de dinero es brutal, y la muerte de Hank en el tiroteo resulta tremendamente impactante. Además Gilligan llena de simbolismo estas escenas: todo ocurre en el lugar del desierto donde Walter y Jesse cocinaron por primera vez en la caravana. El Walter oscuro, Heisenberg, nace y muere ahí, pues con el asesinato de Hank y el secuestro de Jesse ha fallado por completo en el único límite que se ponía: proteger a su familia. Cuando Skyler y Junior descubren lo que ha hecho, ya no hay mentiras, ni fantasías, ni esperanzas que puedan sostener una vida al lado de esa abominación. La escena en que lo rechazan, que acaba en pelea, es de las más grandes de la serie: el corazón en un puño, los brazos aferrados al asiento, la respiración contenida esperando que la mayor tragedia que ha vivido la familia no empeore mientras los golpes vuelan, los cuchillos apuntan (qué grito ahogué cuando parecía que alguien terminaría herido o muerto), los corazones se rompen y los lazos familiares se resquebrajan por completo. A Walter no le queda otra que huir.

No me olvido del apreciado secundario Saul Goodman, el abogado nervioso, ni de su guardaespaldas Huell, dos roles más sencillos pero también muy atractivos y cruciales en momentos clave. Hay que citar como excelentes detalles el momento en que el gordo Huell realiza otro sutil robo en el bolsillo de Jesse y la posterior secuencia en que Jesse, esperando el coche del tipo que le dará una nueva vida, de repente se da cuenta del asunto, le llega un momento de revelación y decide quedarse.

Tras un descanso, tras meditar aislado de todo en una cabaña perdida, Walter planea su retorno. En realidad está claro que iba a hacerlo sí o sí, pues él no se da por vencido, pero hasta que no se tranquiliza y le llega una buena idea (al ver a los amigos millonarios en la televisión) no sabía cómo hacerlo. El episodio final se inicia con el único instante en que el azar o la providencia salva al inteligente y minucioso Walter y le permite iniciar su plan redentor: la escena de las llaves cayendo del parasol es otra que consigue que aguantes la respiración durante varios minutos.

EL EPISODIO FINAL

El último capítulo, por su condición de final, obliga y limita algunas cosas, y por ello no es tan espectacular como los momentos más intensos, los grandes giros y locuras que ha dado la temporada y la serie en general. Resulta sin duda un excelente desenlace, ligeramente predecible en algunos aspectos porque el flujo lógico de acontecimientos se puede ver venir en cuanto asientan la línea narrativa que lleva a él, pero muy perdonable porque prima la coherencia y el darle una última puntada a los personajes sobre el efectismo sensacionalista. Así, quienes esperaban lo más de lo más en espectacularidad han quedado defraudados. Es lo que pasa cuando las expectativas se basan en lo más grande que puedes soñar, en vez de disfrutar del relato que se te ofrece tal y como es, sin señalarle faltas que no ha cometido. De todas formas, un par de detalles sin duda discutibles se pueden señalar.

Walter se redime por los pelos en los últimos instantes, únicamente gracias a que ha ganado un poco de autoestima en algunos de sus objetivos: el sustento de su familia y la liberación de Jesse, también considerado familia. Obligando a sus examigos triunfadores y multimillonarios Walter fuerza que Skyler y Junior acepten su dinero sin saber que viene de él, pues sino no lo querrían. Pone así un parche al rechazo y odio de su hijo, y afianza la justificación a la que se aferró durante mucho tiempo para mantener su imperio de la droga. En cuanto a Jesse, el rescate es lo único que puede hacer para reconciliarse algo con él: devolverle la vida y la libertad. También juega un papel fundamental el aceptar el camino que ha andado: seguramente porque es obvio que el perdón de sus seres queridos no puede alcanzarlo de ninguna manera, admite ante su mujer, en otra escena inolvidable, que todo lo que hizo fue por gusto, porque se sentía vivo, porque daba rienda suelta a su ego y se sentía realizado y superior. ¿Sin estas pequeñas victorias Walter habría terminado tan en paz como acaba? Yo tengo claro que no. Ahí estuvo Gilligan muy hábil: había poquísimos eventos en el mundo que pudieran sobreponerse a Heisenberg y traer de vuelta a White; por poco el guionista no se ata de manos y pies de forma que no hubiera podido escribir este final de forma creíble.

En cuanto a los aspectos criticables, son dos detalles importantes que se han comentado mucho entre los seguidores. Primero está la única concesión poética facilona que cuela el guionista en una serie que nunca ha sido de esas características. El plan de Walter para salvar a Jesse está demasiado improvisado y le sale demasiado bien, y queda todavía más forzado que mueran todos los objetivos tan rápidamente… menos los que tienen que hacerlo a manos de los protagonistas en un previsible y sensacionalista momento de venganza y liberación. También es muy evidente el recurso de la bala que alcanza a Walter, que le deja vivir el tiempo justo para redimirse ante Jesse y morir de la forma más perfecta posible. La idea subyacente a la escena, forjar la leyenda de Heisenberg como el rey de la droga (pues cae en el laboratorio donde Jesse fabricaba su producto), sí funciona a la hora de rematar la mitología del personaje y de la serie, pero es inevitable pensar que habría bastantes formas menos simplonas para llegar al mismo objetivo. También se puede argumentar que ambas secuencias simplifican tramas e ideas complejas y las centra en pocos minutos, que sirven como catalizadores del destino de los personajes de forma bastante eficaz. Así pues, queda en manos de cada espectador disfrutar más o menos de las escenas finales. En lo que a mí respecta, el rescate y la muerte de los enemigos sí me parece un tanto facilón y tramposo, pero la caída de Walter tiene fuerza de sobra para justificar cómo se produce.

El segundo punto negativo es que no queda nada claro cómo cuela Walter el sobre de veneno para Lydia. No le hace un cambio en plan trilero, porque ella no lo suelta, así que estaba ya en la mesa. ¿Adivina la mesa (juraría que no es donde ella se sienta casi siempre), o lo pone en varias, arriesgándose a que cualquiera se lo tome? Resulta un poco confuso y forzado cuando algo tan importante debería queda bien claro y creíble, y en este caso no encuentro justificación alguna, con lo que lo considero un fallo notable en un momento crucial.

Enfrentarse al final de una serie tan compleja era muy difícil, y Vince Gilligan ha estado a la altura. La trama final está muy bien expuesta, y aunque tenga esos dos deslices citados se usa muy sabiamente para llevar a los personajes hacia su destino último, y ese cierre en la vida de los protagonistas ha sido magnífico, emocionante y simbólico hasta resultar inolvidable. Hay que citar por enésima vez la extraordinaria labor de varios actores, como Anna Gunn y Aaron Paul, pero destacando sobre todo al inmenso Bryan Cranston, que ha dado uno de los mejores papeles de la historia de la televisión. También muy remarcable es la labor de los numerosos directores y equipo técnico (fotografía, localizaciones, música…) que han pasado por esta producción tan singular y arriesgada sabiendo estar siempre a la altura con una puesta en escena excelsa.

Para terminar, quiero dejar una reflexión sobre la desmedida recepción de la serie. La gente se ha entusiasmado tanto con la última temporada que la citan como una de las diez mejores series de la historia, y muchos incluso se atreven a decir que es la mejor. Basta pararse a pensar un poco, hacer una lista en plan rápido, para ver que no cabría ni en un top veinte. Quizá se quedaría a las puertas, y sin duda es una producción de enorme calidad y digna de citar como imprescindible, pero hay muchas obras maestras, y Breaking Bad no lo ha sido nunca. Parece que con este gran año final se han olvidado de que las primeras temporadas, aunque muy llamativas, distaban de ser perfectas o incluso de llegar al notable. Es una falta de perspectiva nada objetiva. Supongo que el tiempo la pondrá en su lugar.

Ver también:
Temporada 5 parte 1.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BREAKING BAD – TEMPORADA 5, PARTE 1.

AMC | 2012
Drama, suspense | 8 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser.
Valoración:

Breaking Bad siempre se ha caracterizado por ser sumamente irregular. De episodios de gran calidad pasaba a otros lentos y poco sustanciosos que se hacían largos, obteniendo temporadas con demasiados altibajos pero que en conjunto conseguían causar gran impacto. Curiosamente, en esta quinta sesión adquiere mayor regularidad… pero lo hace perdiendo la magia de los grandes momentos. En consecuencia, este año resulta menos intenso y atractivo que los anteriores. Y lo hace en un momento en que se esperaba mucho de la serie: la cuarta temporada puso el listón altísimo, tanto en calidad como en argumento, y se esperaba que las tramas fueran más allá, que el desenlace del relato sobre el paso al lado oscuro de Walter White tuviera emoción y espectáculo a raudales. Y no ha sido así. Se nos ofrece una sesión que parece un epílogo, una extensión, una trama paralela con poca conexión con todo lo visto hasta ahora. Mucho me temo que al obligar la cadena AMC a Vince Gilligan a extender la serie un par de años en vez de cerrarla aquí como él deseaba le ha forzado a alargar y desacelerar la trama.

Tras la caída de Gus, el ego de Walter le lleva a tratar de dominar el mundo de la droga. El señor Heisenberg, una vez desatado, no tiene control sobre sí mismo, siempre quiere ir más allá, empujado por una mezcla de rabia acumulada (el relato sobre cómo se salió de una empresa que luego triunfó es algo ya conocido) y egoísmo desenfrenado que le lleva a querer demostrar que es el mejor. Este proceso psicológico es consecuente con lo visto hasta ahora, pero da poco de sí. Tenemos prácticamente ocho episodios que muestran el día a día en la construcción del imperio, pero sin ofrecer mucha trascendencia y regalando pocas partes con garra. Ya sabemos cómo cocinan, no necesitamos casi una temporada entera para recordarlo. Hay algunos detalles interesantes, como usar las casas en fumigación para montar el laboratorio, pero se diluyen entre otras muchas nimiedades y subtramas no muy bien hilvanadas. Por ejemplo, el invento de los nueve nombres me parece un anexo sin solidez suficiente como para no oler a idea apañada sobre la marcha para meter contenido, por no decir que tiene momentos muy salidos de madre, como sus asesinatos, un desenlace tan precipitado como poco creíble. Esa parte solamente se salva por Lydia, cuya actriz lo borda, porque ni siquiera la conexión alemana, que puso a Hank sobre una pista sólida, termina de llevar a alguna parte.

La tensión constante, el ritmo trepidante, los personajes y situaciones al límite… nada de eso brilla como lo hacía antes, de forma que te dejaba pegado al asiento y te abofeteaba unas cuantas veces con momentos de enorme intensidad y espectacularidad. Ni los clímax cumbre, como el robo al tren o la fantasmada del imán, funcionan, porque no aportan mucha esencia para lo estrafalarios que resultan. Y para rematar, los golpes de efecto otrora tan sorprendentes aquí fallan estrepitosamente: el asesinato del niño no cuela, de forzado y poco sopesado hace aguas por todas partes.

Pero estamos hablando de Breaking Bad, una de las series mejor realizadas y con algunos de los mejores personajes de los últimos años. Y ese poso es muy sólido como para que el haber perdido algo de energía lo eche a perder. Como ocurre en años anteriores, incluso las partes menos trascendentes mantienen un buen nivel y muestran unos roles magistralmente confeccionados e interpretados. Las evoluciones de todos ellos van por un camino muy atractivo con varios instantes de los que dejan huella. Tenemos figuras que han crecido muy bien, como Mike, convertido en un protagonista más y con instantes excelentes como el abandono de su nieta; la dinámica entre Jesse y Walter se mantiene, y a pesar de que el chaval pierde bastante protagonismo tiene momentos inolvidables, como cuando se da cuenta del monstruo que es Walter cuando tras mucho decir este que siente lo del niño se pone a silbar despreocupadamente; y finalmente, el proceso en que Skyler se ve atrapada en un matrimonio inmerso en peligros que lo dirigen inexorablemente hacia una tragedia segura, con esa sublime frase “No soy tu esposa, soy tu rehén”, recuerdan que Breaking Bad tiene todavía calidad de sobra, y todo ello aunque se empañe en los momentos finales, con la facilona salida de Walter del negocio o la parte en que Skyler manda a sus hijos con Hank y se sienta a esperar, algo que retuerce demasiado un personaje que parecía bastante más inteligente, que había empezado a forjarse su propia vida con su trabajo y mostraba mucha más fuerza.

Esta Skyler resume muy bien el problema de la temporada: el relleno o alargamiento poco meditado provoca pérdida de interés y genera pequeños deslices. Después de varios episodios más que correctos pero no del gran nivel que se espera, en el sosísimo desenlace por fin Hank encuentra una pista que le dirige hacia quién es Heisenberg, quién es W. W. Como indiqué al comentar la temporada cuarta pero aquí vemos que se ha postergado debido al éxito de la serie, ahora queda esperar el enfrentamiento final entre Walter y Hank, con la duda de dónde estará Jesse en esa situación. Esperemos que este receso no haya desgastado a los guionistas o creado incongruencias que luego lamentemos.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BREAKING BAD – TEMPORADA 4.

AMC | 2011
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito, Jonathan Banks.
Valoración:

Alerta de spoilers: No leas si no has visto la temporada entera.–

Breaking Bad siempre ha sido amiga de los excesos, de jugar al ir más allá de lo esperado y aferrarse a las consecuencias de ello (es decir, no se monta giros absurdos para volver al statu quo). En consecuencia, es una serie arriesgada e impactante como pocas. Pero también ha sido notablemente irregular, con tramos de relleno no del todo eficaces, con subtramas de interés inferior a los asuntos de Walter y Jesse (por ejemplo, las historias de las esposas siempre han estado varios peldaños por debajo). Pero este cuarto año el equilibrio es mucho mayor. No perfecto, pero casi. Los guionistas han centrado y exprimido mucho más la narración, y lo han hecho precisamente en una temporada que lo necesitaba mucho, donde cualquier desliz podría dejar en evidencia los trucos del guion y la puesta en escena: la historia central es simple, y debe dar sensación de avance o sabrá a trampa o a desaprovechada. Básicamente había que montarse trece episodios de Walter vs. Gus, algo que en apariencia no podría estirarse demasiado.

Salvo un primer episodio al que le cuesta entrar en materia, la sesión al completo es pura adrenalina, tensión palpable en cada capítulo, en prácticamente cada escena. Afinando, se podría decir que es indudable que han alargado muchas secuencias para no acabar con capítulos demasiado cortos, pero siendo justos, ¿cuántos autores son capaces de meter en cada episodio tres o cuatro escenas de gente esperando sentada, time-lapses de adorno (las fiestas de Jesse), aspectos cotidianos de la vida diaria de los personajes, etc. que no saben a engaño, que funcionan como elemento intrigante, como dispensador de inquietud y desasosiego? Incluso partes enormes dedicadas a matizar algún aspecto concreto de los protagonistas, como el viaje a Méjico en el pasado y luego en el presente, importante para conocer a Gus, resulta una sección claramente resumible… pero entonces quizá perdería esa atmósfera de acojone constante. Sí, está claro que hay trucos… pero tan buenos que me dejo engañar con gusto.

Decía que las tramas secundarias han ganado. Lo han hecho en intensidad (la parte de Hank tiene mucho más interés, resulta más atractiva y dramática… y a la larga incluso da pena el hombre, con su obsesión), en consistencia (Skyler está plenamente sumergida en la trama de Walt, con el asunto del lavado de dinero) y en habilidad (qué bien hilado está el asunto del ex empleador de Skyler, y cuánto efecto causa en el tramo final del año). En la línea principal, la sombra de Gus sobre la vida de Jesse y Walter provoca constantes enfrentamientos entre ellos, y pasan toda la temporada sumidos en el caos y el terror. Momentos extremos de gran interés y emoción llegan cuando Gus se empeña en confiar en Jesse, es decir, en apartarlo de Walter, y sobre todo cuando Walt pone en marcha su plan final para traerlo de nuevo a su lado y unir fuerzas contra Gus. ¡Y vaya plan! Te hueles algo, pero no sabes qué; si es algo ideado por uno o por otro, si es casual… pero cuando lo descubres todo encaja a la perfección: con un solo plano (las flores…) todo lo visto en varios episodios (incluida la extraña escena de Walter dando vueltas a la pistola y mirando a no sabíamos qué…) adquiere sentido de forma magistral.

El villano merece una mención aparte. Hasta ahora no tenía una presencia tan importante. Era el inteligente y peligroso director de su propia distribución de drogas, un tipo silencioso, inquietante, frío y calculador… Pero aquí conocemos más a fondo su pasado, sus intenciones… y sobre todo sus capacidades. Se convierte en un auténtico dios del crimen, con escenas impactantes, perturbadoras, como el momento en que se queda de pie vacilando al francotirador o su Plan, así, con mayúsculas, con el que elimina a todo un cártel de golpe, plan que incluye tanto la venganza como el asegurarse su mercado. Además, el actor Giancarlo Esposito tiene obviamente más tiempo en pantalla, y no lo desaprovecha: otro papelón enorme que nos deja la serie.

La esperada muerte de semejante monstruo era el objetivo de la temporada, y como tal debía ser un gran momento. Ha estado francamente bien, pero tengo alguna queja: el golpe final no me convence. Primero, la bomba se ve pegada a la silla, joder, con mirar hacia abajo tendrían que haberla visto; ahí la credibilidad se va al traste. Y segundo, en una de las idas de olla habituales de la serie nos sacan un último plano de Gus tras la explosión, uno que no venía a cuento y que por exagerado y fantasioso queda ridículo: medio cuerpo destrozado, media calavera expuesta… Vamos, lo imposible. Y encima se ajusta la corbata. No, Gus no merecía un chiste en su muerte. Como ocurrió con el avión explotando en la segunda temporada, a veces el ir más allá se lleva demasiado lejos.

Breaking Bad tiene buenos guiones (inventivos, arriesgados, perfectamente estructurados…) y excelentes personajes encarnados por actores inmensos (no hace falta volver a repetir que están todos fantásticos y que Aaron Paul y sobre todo Bryan Cranston nos deleitan con algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años), pero no me cabe duda de que sin la puesta en escena que posee seguramente no sería lo mismo. Más que en ninguna serie, el estilo otorgado desde la realización es crucial para su funcionamiento y calidad. El pulso siempre excelente de la dirección, que ofrece capítulos con un ritmo exquisito, la fotografía virtuosa, los juegos visuales asombrosos y cruciales (time-lapses, encuadres variados, montajes atípicos), la música que realza cada escena (algunas de forma magistral, como el clímax con Walter buscando desesperadamente su dinero para escapar… y encuentra que no está)… Todo en conjunto ofrece un aspecto visual soberbio. Sin duda Breaking Bad es una de las series mejor rodadas en la actualidad.

No es que parezca difícil mantener durante trece episodios tal nivel de expectación, es que se presupone que es imposible. Pero lo han conseguido, lo han conseguido. La próxima temporada será la última, y seguramente traiga otras tramas esperadísimas, como Walter y Jesse enfrentados definitivamente y sobre todo Hank descubriendo quién es Heisenberg. La espera será eterna.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BREAKING BAD – TEMPORADA 3.


AMC | 2010
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito.
Valoración:

Esta temporada confirma que no hay límites para los guionistas de Breaking Bad, que en la mejor tradición dejada por muy pocas series (el máximo exponente es The Shield) el ir más allá se hace con todas sus consecuencias. La separación del matrimonio White al final de la segunda sesión no se resuelve con un discursito elaborado por la ágil mente del cabeza de familia, sino que se desarrolla tanto con la lógica y coherencia esperada (una mujer normal no puede convivir con un narcotraficante) como con todas las repercusiones posibles que puede generar: la pérdida de la familia, aquello por lo que Walter en teoría (y matizaré lo de en teoría en un momento) estaba luchando, pone al protagonista al borde la locura.

Si en un principio la justificación de las acciones de Walter se basaba en garantizar el futuro económico de su familia ahora queda claro que no es un factor primordial, pues se está inclinando más hacia la expresión de su ego desmedido, su deseo de demostrar que es más inteligente que los demás, a lo que juraría que se le suma un poco de disfrute de la aventura y una nula capacidad de autocontrol, de poner fin a actos que tienen muchas consecuencias que pueden volverse en su contra. Y de hecho el dinero quizá nunca ha sido el desencadenante que le introdujo en este mundo, sino el romper con la monotonía de una vida estancada tanto en lo intelectual como en lo emocional. Es innegable que Walter sabe que está metido en un juego muy peligroso, pero para recuperar a su mujer no trata de volver a ser un buen padre de familia, sino que intenta fingirlo mientras sigue adelante con sus maquinaciones. En otras palabras, Walter definitivamente es un hijo de puta de cuidado, pero los guionistas han jugado tan hábilmente con la ambigüedad del carácter y la simpatía del espectador hacia él que se tarda tiempo en darse cuenta de ello, y aún así cada seguidor de la serie tendrá un punto de vista concreto sobre el mismo y sus acciones. Para un servidor, por si no había quedado claro con el asesinato de la novia de Jesse, el instante que me abrió los ojos y que además me ha marcado, que no olvidaré, que es sin duda el momento más perturbador de la serie y uno de los más duros que he visto en cualquier producción, es el de Walter invadiendo su casa y forzando su presencia aun a costa de que su mujer no lo quiere ahí (episodio I.F.T.); y la policía obviamente no puede hacer nada, pues no ha infringido leyes a pesar de que su acto es de una crueldad indescriptible. La escena está rodada magistralmente y deja muy mal cuerpo.

En cuanto al resto de personajes, estos siguen evolucionando de forma exquisita. Skyler trata de alejarse de Walter, y recuperar su trabajo de contable la pone en posición de entablar una nueva relación con un viejo jefe y amigo. Quizá esta historia se alarga mucho, de hecho algunas escenas me resultando aburridas, pero da pie a que el personaje madure, especialmente en un sentido inesperado: el que la inclina hacia colaborar con Walter con el lavado del dinero de las drogas. Jesse se ha recuperado de su adicción pero sigue sin poner un rumbo claro a su vida, y sus deseos de venganza llevan a algunas sorpresas interesantes. Pero más llamativo es su choque con Hank. El agente sigue llevando su carrera hacia la autodestrucción, llegando a un par de puntos de inflexión brutales (en One Minute): la paliza a Jesse y el atentado que sufre a manos del cartel, dos escenas espectaculares como la serie sabe ofrecer de vez en cuando. Por cierto, mención especial para la fascinante incorporación del matón principal de Gus, cuyo respeto por Walter es tanto divertido como escalofriante.

La temporada en general supera los altibajos y la ligera falta de ritmo del año anterior y ofrece los mejores episodios e instantes vistos desde sus estupendísimos dos o tres primeros capítulos. A los grandes instantes recién citados hay que sumar el espléndido Sunset, que pone los nervios a flor de piel al conseguir un larguísimo clímax de tensión con Walter y Jesse escondiéndose de Hank en la caravana. Podría ser el mejor episodio de la serie hasta ahora.

Pero el tramo final del año ha sido muy sobrevalorado, pues pierde algo de fuelle al ser demasiado previsible para los esquemas a los que me había acostumbrado la serie. Primero tenemos The Fly, horroroso episodio que algunos quieren ver como algo inteligente cuando no tiene absolutamente nada de contenido ni emoción. Los dos personajes principales están todo el capítulo encerrados persiguiendo una mosca, obteniendo una narración que no alcanza ni por asomo el mínimo de entretenimiento necesario para no desear apagar la proyección. Da la sensación de que se les acabó el presupuesto (con el que tienen bastantes problemas, pues es una serie más cara de lo que parece al haber exteriores tan exóticos) y se les ocurrió rellenar un capítulo sobre la marcha. Y en los dos siguientes (Half Measures y Full Measure), que forman el cierre de temporada, el desarrollo de los acontecimientos se ve venir muy claramente desde varios capítulos antes y no hay sorpresas grandes (salvo la del final del Half Measures, que muestra a White directamente en lo que se ha convertido, en un psicópata sanguinario sin límites), de hecho la escena final del año, con el clásico clímax de personajes apuntándose con armas, es sumamente decepcionante. Ambos episodios están muy bien realizados, escritos con el detallismo habitual y poseen algunos momentos francamente buenos, pero un cierre más redondo para esta temporada podría haberla convertido en una producción memorable.

Para mi sorpresa muchísima gente ya le ha otorgado a Breaking Bad la categoría de obra maestra. Es sin duda de lo más destacable del año, y no es nada descabellado decir que es prácticamente imprescindible para espectadores exigentes, pero no me parece que se pueda considerar como una serie perfecta, y más lejos aun está de merecer un sobresaliente.

Ver también:
Temporada 1.
Temporada 2.

BREAKING BAD – TEMPORADA 2.

AMC | 2009
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito, Krysten Ritter.
Valoración:

Tomando ya la forma de temporada regular, aunque sea de las cortas (13 episodios), cosa que agradezco porque las de veintitantos se suelen alargar demasiado, Breaking Bad se puede analizar mucho mejor, y se agudizan tanto los aciertos como los aspectos mejorables.

Su principal valor es su tono de realismo dentro de un universo violento, rudo y cambiante. Los guionistas se atreven a sorprender con giros y tramas muy exageradas, extremas, pero luego lo encajan todo como si fuera un drama realista. Las repercusiones de los actos y la evolución de los personajes están exquisitamente planeados, desarrollados detalladamente y controlados con sumo cuidado. Es una gozada ver caracteres tan creíbles y complejos (y tan bien interpretados) moviéndose por caminos tan sórdidos, es una gozada comprobar como las sorpresas argumentales más descabelladas no están por encima de esos personajes (como sí pasó la última temporada de Perdidos, por poner un ejemplo de lo contrario) y que siempre prima la coherencia a largo plazo sobre el efectismo rápido y fácil. Pocas series tan arriesgadas y a la vez controladas he visto.

Como es obvio ahondamos en las personalidades de Walter, que cada vez se presenta más como un malnacido que como alguien desesperado por salvar a su familia, y Jesse, un joven que ha desperdiciado tantas oportunidades que todo el mundo (incluida su familia) le da la espalda. Como indicaba en la primera temporada, los guionistas no se cortan al mostrar como la pareja protagonista, con su modo de vida, arrastra la miseria hacia su círculo: la novia Jesse, el cuñado de Walter, la propia familia de este último… Siguiendo ese camino de realismo duro y sin concesiones nadie está a salvo de sufrir consecuencias trágicas. Hay que destacar también las acertadas incorporaciones de los personajes Saul Goodman como el abogado de los protagonistas y el Señor Pollo como el narcotraficante que domina la zona y contrata a Walter, quienes junto a los pocos amigos de Jesse suplen un aspecto que echaba en falta en el primer año: un plantel de secundarios un poco más amplio que dé más dinamismo y solidez a las tramas.

Pero también se hacen más notorias sus carencias principales, que impiden que este año sea tan redondo como el anterior o el tercero, donde vuelve a adquirir niveles muy gratificantes. A los guionistas les cuesta hallar un ritmo estable, cosa que puedo entender porque es una serie de contrastes (de un episodio de drama familiar se pasa a uno de aventuras peligrosas en el mundo de la droga), pero que desde luego lastra ligeramente la sesión. Hay unos cuantos capítulos a los que les falta la intensidad suficiente como para considerarlos buenos, y se hacen incluso largos, y en general la media de la temporada baja un escalón, dejando una constante sensación de que le falta algo a pesar de que todas las piezas del puzzle son francamente buenas.

En cuanto a los episodios, hay de todo al ser un año un poco irregular. Entre los más buenos destacaban Peekaboo, espeluznante historia centrada en una familia de drogadictos que tienen a su hijo medio abandonado, y 4 Days Out, espléndido momento donde los dos protagonistas se quedan aislados en el desierto durante días. Pero los dos grandes instantes de la temporada son los siguientes: el fatídico final de la novia de Jesse, que muestra al Walter más hijo de puta e inhumano (una escena durísima de ver), y el atentando contra la DEA que sufre el cuñado con una tortuga, una de las clásicas escenas exageradas pero espectaculares y eficaces de la serie.

El final de la temporada es un muy discutible y alucinante golpe de efecto. Lo de los aviones estrellándose es una fumada demencial, una ida de olla indescriptible. Tiene su repercusión en la tercera temporada, pero no como para considerarlo un golpe sorprendente y efectivo, sino uno desmedido e innecesario, una salida demasiado exagerada y fuera de lugar que implica a los personajes y tramas de la serie tan solo de refilón, y porque había que justificarlo. El final debería haberse centrado en los protagonistas, no en algo tan absurdo. Pero bueno, no puedo decir que en general afecte a la calidad de la serie, es solo un instante que no pinta nada ahí.

Ver también:
Temporada 1.

BREAKING BAD – TEMPORADA 1.


AMC | 2008
Drama, suspense | 7 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte.
Valoración:

Walter White es un genio frustrado de la química. Su gran mente se ve limitada por la apagada trayectoria de su vida, que lo alejó del éxito para llevarlo a las repetitivas labores de docencia en un instituto de Albuquerque. Su aburrimiento diario da un giro inesperado y brutal cuando le es diagnosticado un cáncer de pulmón que amenaza no solo con llevarse su vida en pocos meses, sino también con hundir a su familia en infinitas deudas médicas. El señor White decide entonces garantizar un sustento a su familia para cuando no esté con ellos, y la salida con la que prácticamente se encuentra sin esperarlo es muy poco ortodoxa: dirige sus conocimientos de química hacia la manufactura de metanfetaminas, una droga cada vez más popular en la zona. Entra así en el peligroso mundo del narcotráfico, y sus primeros pasos no son nada fáciles, pues se enfrenta a conflictos y dilemas que le llevan a plantearse el asesinato a sangre fría.

Su primera temporada es brevísima por el golpe de la huelga. Tiene solo siete episodios, pero basta ver el primero para admirar muchísimas de sus cualidades y probablemente acabar enganchado irremediablemente a la serie. Pasó bastante desapercibida en su estreno, pero poco a poco se ha ido ganando la admiración de un público que actualmente con la tercera temporada se ha entusiasmado incluso más de lo que merece.

Breaking Bad no hace concesiones ni argumentales ni visuales. Se mete de lleno en el mundo de la droga sin escatimar en descripciones, por duras que sean estas. Hay drogadictos, muertes, cárteles sanguinarios, policías que acaban perturbados y desquiciados por los acontecimientos y daños colaterales terribles (amantes, familia, niños destrozados e incluso muertos). Se juega hábilmente con los límites y cambios de la moral en la sociedad (¿por qué el alcohol es ilegal y otras drogas no?) pero sin intentar justificar las horribles acciones de Walter, sino dejando que el espectador entre en el juego con sus propias ideas. Detaca también un tono de humor irónico con respecto a la violencia que me recuerda a Los Soprano, pero con mucha más sangre.

La realización es magnífica, brillante por momentos. La música tan bien utilizada, la hermosa fotografía (excelente aprovechamiento del colorido de los paisajes desérticos de Nuevo Méjico), la sutil cámara en mano que consigue un correcto toque de realismo y las sólidas labores de sus directores ofrecen un aspecto visual arrebatador. Parece que estamos ante una producción de la HBO, pero no, es de AMC, una cadena pequeña pero ambiciosa (Mad Men, El prisionero). Solo una queja tengo, y es que los prólogos suelen parecerme innecesarios, por no aportar nada, por ser tramposos o limitarse vaciles exagerados de enredos visuales.

En cuanto al elenco, estamos ante una figura muy a tener en cuenta: Bryan Cranston, antes conocido por ser el padre de Malcom en aquella genial comedia para todos los públicos (Malcom in the Middle). Su conversión en el personaje de Walter White, patente desde el primer episodio, es de esas dignas de alabar sin miramientos, de recordar como algo antológico en el mundo de la interpretación. Pocos, muy pocos papeles he visto tan perfectos, tan completos, complejos y sublimes. No se quedan atrás las otras dos figuras principales de este pequeño reparto: una hermosa Anna Gunn como su mujer y un excelente Aaron Paul como el joven yonki asociado de White. Y en un plano más secundario tenemos al correcto RJ Mitte como el hijo discapacitado de la familia, a un muy acertado Dean Norris como el cuñado de la DEA y a su insoportable mujer, una Betsy Brandt un tanto sosa.

Breaking Bad es sumamente atrevida, directa y a la vez sutil y está magníficamente confeccionada e interpretada. Habrá quienes la encuentren desagradable tan solo viendo a su egocéntrico y descarriado protagonista, probablemente el personaje más sucio y bestia que he visto en televisión. Incluso hoy día, donde los personajes cabrones tienen un hueco y bastante éxito, el Señor White sobresale de forma notoria.