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SENSE8 RESUCITADA PARA UN CAPÍTULO FINAL.

Que mejoren las relaciones públicas de Netflix, porque no puedes cancelar una serie en el canal que se anunciaba como el que no cancela series, el que se abre para todos los públicos indistintamente de la cantidad de audiencias, pensando en una globalización total, sin dar un discurso bien estudiado que calme a los suscriptores y al mercado. Has roto tu tendencia, tu imagen de marca, al poco de empezar la expansión global… qué menos que dar explicaciones y pedir excusas. Que al final lo entendemos: se embarcaron a lo loco en algunas series muy caras que veían cuatro gatos, y por mucho dinero que tengan eso no es rentable. Pero estaba claro que Marco Polo y The Get Down no tenía seguimiento fan, mientras que Sense8 tenía uno muy fuerte. Las excusas que dieron no gustaron mucho, y encima se mostraron tajantes. Habían cerrado de tan golpe la posibilidad en su momento que J. M. Straczynski, el productor ejecutivo principal junto a las Wachoswki, ya estaba soltando por twitter casi todo lo que tenían planeado para el futuro.

Y ahora va y la descancelan sin más para un episodio doble final. ¿Han visto una gran pérdida de suscriptores? ¿O han pensado en que nadie querría ver una serie inacabada y a la larga les daría mejores resultados invertir en su final? Espero que al menos no hubieran rescindido los contratos de los actores, porque renegociar sueldos y calendarios sería un lío enorme.

Ahora esperemos que se pongan las pilas y den un final de calidad que permita a la serie irse dejando un gran recuerdo, pues después de la fascinante primera temporada perdió mucho interés en la segunda.

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SENSE8 – TEMPORADA 2.

Netflix | 2017
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 11 ep. de 55-120 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Toby Onwumere, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, aunque realmente no pasa gran cosa, nada que no se viera venir.–

La esperadísima segunda temporada de Sense8 me ha supuesto una decepción bastante grande. El primer año me cautivó sobremanera presentando una serie única, tanto por su originalidad como por su contagiosa energía y belleza: era emocionante y hermosa como poca series he visto. Es cierto que los episodios iniciales eran algo lentos, pero había sensación de dirección, de crecimiento, y mientras tanto las vivencias personales mantenían el interés alto. Y además pronto se vio que es mucho más de lo que parecía, que no es sólo una más de ciencia-ficción con conspiraciones y los protagonistas tratando de desentrañarlas, sino que es un drama que habla del ser humano en general, tratando con una delicadeza y profundidad insólitas los sentimientos, la sexualidad, las culturas… en otras palabras, el qué nos define, qué nos mueve, qué nos diferencia y qué nos une. Además, la historia global, el vínculo que surge entre ellos y la persecución a la que los someten misteriosos individuos, tenía su intriga y prometía unir a todos los personajes al final. Quizá el rescate de Gorski fue un tanto facilón, pero es evidente que era una excusa para presentar la trama, y lo importante era ver el florecimiento y la unión de los ocho sensates. Las situaciones en que trabajan juntos, explorando la conexión mental, y momentos puntuales memorables, como la escena de los partos y la revelación sobre Riley, nos regalaron un tramo final magnífico que dejaba enganchadísimo, porque como es obvio prometía seguir yendo más allá.

Pero en esta segunda etapa la sensación que se transmite, del primer episodio al último, es la de que sus autores han trabajado con desgana, sobre todo en el guion, pero también un poco en la puesta en escena, de que han perdido la pasión y la inspiración iniciales y van con la inercia, cumpliendo con los preceptos establecidos en la premisa y ya está. La narrativa resultante está estancada, es monótona en cuanto a las aventuras personales y de lejos insuficiente en la intriga, pero sobre todo se queda muy corta en su mejor virtud: es bastante superficial en lo relativo al aspecto humano. Aclaro aquí que la ausencia de Lilly Wachowski no sé si pudo influir ni cuánto. Dejó el trabajo indefinidamente por temas personales (estaba en plena transformación de género), pero parece que se ocupaba más del día a día de la producción y de la dirección que del guion, que es de donde vienen la mayoría de los problemas.

Los personajes se han quedado en su definición inicial, dando vueltas en círculos en la historia que sirvió para describirlos. Sí, todos los protagonistas resultaron encantadores y sus odiseas deliciosas. Pero no puedes quedarte ahí plantado durante toda la siguiente temporada. Algunos de hecho se hunden en un bucle total, sin dar si quiera un paso lateral que disimule un poco. Si al menos la parte de la conspiración hubiera emergido a primer plano y ofrecido algo llamativo… pero me temo que apenas avanza en un par de datos bastante elementales y narrados también con esa falta de garra.

Kala y su matrimonio están todo el año en el mismo punto de que si funciona y lo consuman o que si no. Sabemos de sobra que acabará con Wolfgang (a menos que algún giro lo impida), no puedes retrasarlo si no logras una historia que lo justifique bien y que resulte interesante. Y al final por arte de magia parece decidirse por fin en ir a buscarlo… ¡pero si en ella no ha cambiado nada, todas las dudas y baches son los mismos todo el rato! Y por supuesto el encuentro queda en el aire, después de todo un año posponiendo lo que se espera desde los primeros capítulos de la primera temporada. Por el lado contrario, el alemán es el mejor ejemplo de paso lateral, del relleno con el que ir matando el tiempo hasta que todo esté maduro para lanzar su arco… El problema es que nada madura, ni el resto de personajes ni la trama. El lío de mafias es eso, relleno intrascendente. No añade ninguna nueva capa al personaje, apenas vale como excusa para dar presencia a los otros grupos, clanes o clústeres de sensates, y por sí sólo no es especialmente atractivo o entretenido, de hecho ni me parece verosímil.

Gorski sirve para avanzar en la conspiración y exponer lo que va haciendo el clúster para huir y aprender de Whispers y la BPO, la Organización de Preservación Biológica que parece estar tratando de controlar a los sensates con algún oscuro propósito, presumiblemente la dominación mundial. Como buen agente, sabe investigar, deduce cosas… pero apenas veo una sombra de aquel joven capaz pero a la vez afligido por penas presentes y pasadas. Sufre un poco con las drogas y con el padre, todo bastante facilón además, y no hay más movimiento en su psique. Pero lo peor es que arrastra a Riley, antes mi favorita, pero aquí un cero total en interés. Sólo sirve para ponerle encima la investigación cuando él no puede salir de su escondite (el viaje a Chicago), y esto ocupa poco, es muy predecible, y tampoco aporta nada al personaje. La única escena donde se ve una persona realmente viva y en movimiento es cuando decide pinchar como DJ en una discoteca para tratar de localizar a otros sensates. Una sola escena en todo el año.

La intriga que nos van exponiendo se mueve tan poco que parece un engaño digno de Expediente X, donde mareaban la perdiz temporadas enteras con el tema ovni. Apenas llegan a mostrarnos un poco de información nueva, la mayor parte nada original y carente de suspense, y desde luego nada que nos haga esperar con ansia más revelaciones, porque no parece haber mucho donde rascar: los persigue la típica corporación poderosa con tipos chungos, y de ahí no salimos. La fascinante idea de que se conectan las mentes después de todo no se llega a explorar mucho, no hay tensión, giros que añadan sorpresas efectivas, ni soluciones ingeniosas. Gorski se esconde y se droga para que Whispers no lo vea, lo que parece más una excusa para ir con cuentagotas que para generar una atmósfera de inquietud constante.

El único momento que amagan con buscar un giro que obligue a replantearse las cosas son los recuerdos del clúster de Angelica y Jonas, pero tampoco hay nada que sorprenda: gente cobarde, gente que cambia de bando, la BPO acosándolos. Nada que no hayamos visto ya en cualquiera del género, con la reciente Orphan Black a la cabeza. En cuanto al desenlace, no es que sea flojo, es que resulta realmente chapucero. Cuando creía que el capítulo final iba a acabar sin avanzar nada de la conspiración, sino centrándose únicamente en la última historia personal que quedaba pendiente (para colmo, la cansina y exagerada de Sun), saltan de golpe a un giro demencial donde aparecen metidos todos en la guarida de Whispers por arte de magia para salvar a Wolfgang, que fue encontrado por Whispers repentinamente después de gastar toda la temporada sin lograr transmitir miedo alguno por si cogería a alguien. Cuándo ha planeado eso el grupo, cómo lo han ejecutado, cómo han entrado y salido… No se explica nada, resulta tan forzado y mal narrado que me dejó muy malas sensaciones. En vez de estar todo el año dando vueltas en círculos y soltar cuatro datos sin garra, ¿no podían haberse metido de lleno en las dificultades de ese plan? Se da más relevancia al lío de Sun en la fiesta que a esto.

Las historias de Sun y Capheus se centraban sobre todo en su solitaria batalla contra el mundo, donde descubrían que se tenían el uno al otro y establecían una relación muy bonita. Pero esa conexión parece haber desaparecido, si interactúan entre ellos y otros del clúster es para compartir habilidades, no para encontrar apoyo emocional. Y por separado no ofrecen tampoco nada llamativo. En cierta manera Capheus sí avanza, porque se hace famoso y cae en la política, lo que le podría poner en bandeja el tratar de hacer un mundo mejor, que es lo que parecía ir con él… Pero la aventura en sí es muy básica y previsible, y se narra sin la intensidad que transmitía antes. El entusiasmo del personaje era contagioso, el intérprete Aml Ameen reflejaba con un carisma nato a un joven que vivía en la miseria pero poniendo siempre buena cara y con un espíritu de esperanza inquebrantable, y así enfrentaba esta nueva situación: abrazándola con pasión y aprovechándola al máximo. Pero el nuevo actor*, Toby Onwumere, pega más en un rol de panoli, y encima eso es lo que parecen haber hecho con el personaje: le va cayendo de todo encima sin que nada cale en él, agacha la cabeza y sigue adelante aunque no parezca querer estar ahí. No veo al Capheus que yo conocía.

Sun sigue siendo Sun, pero si la intriga corporativo-familiar era predecible, con el agotamiento de ideas se hunde más el interés. Su estancia en la cárcel se limita a repetir varios intentos de asesinato, su fuga se salva porque el detective que la persigue es un personaje con cierta solidez y su relación aunque muy clásica resulta agradable, pero el tramo final no se sostiene por ninguna parte. Los guionistas se empeñan en que busque venganza contra su hermano mediante la violencia, y no cuela que ella sea tan tonta y cabezota, ni mucho menos que los otros siete no sean capaces de juntar una neurona para deducir que, en un país del primer mundo, atentar a lo bruto en público contra un millonario, cuando eres la principal sospechosa de matar al padre y te buscan por tu fuga, es una gilipollez monumental. En serio, teniendo al infalible trío Nomi-Amanita-Bug, capaces de infiltrarse en aparatos electrónicos que parece imposible que estén conectados a internet (desde semáforos a… atención, la máquina de tickets de un aparcamiento, que te deja incluso hablar por el micrófono desde tu casa), es increíble que no se planteen hackear al hermano y la compañía para buscar pruebas, y si no las encuentran, para tenderle una trampa. Así pues, la justificación de la entrada en la fiesta y la persecución final, más que endeble es lastimera, y encima acaba con la ridícula escena en que parece que va a matar al hermano (delante de un montón de policías y testigos) pero lo deja libre no sé por qué. Si es tan idiota como para haberse metido en ese lío, por qué no llega hasta el final.

Estos dos muestran otro de los problemas de la temporada. La puesta en escena no logra una serie tan embriagadora y asombrosa. En parte es culpa del guion, que no consigue buen ritmo ni incluye tantas escenas moviditas, sean de acción pura o de líos personales (el culebrón de Lito era la mar de ajetreado), pero también se nota cierto bajón, como una falta de interés o de capacidad para alcanzar ese aspecto visual arrebatador. Ojo, calidad hay de sobra, pero de ahí a dejarte alucinando hay un trecho, y las partes de acción, otrora dignas de superproducciones para cine, han decaído bastante. Las peleas de Sun no están bien editadas: ni la de la cárcel donde intentan ahorcarla ni la del cementerio con el detective pasan el corte exigible en comparación con lo visto previamente. Es ponerlas al lado de las peleas en que Sun se metía en Capheus para salvarlo de los matones, y se nota bastante la diferencia: la fluidez de la escena, la claridad de los golpes (muchos se notan falsos ahora), la agilidad con que cambian de personaje. Las persecuciones son escasas y muy inferiores. Lo de Corea parece un paseo si recordamos los jaleos de Capheus que acabaron en una colosal persecución por las carreteras de Nairobi. Con Wolfgang, el otro que copaba elaboradas secuencias de acción, ocurre igual: se limita a algún tiroteo trivial. Sólo destacaría la pelea en el restaurante donde Lila trata de atentar contra su vida, porque tiene más gracia al jugar con cómo se reparten las hostias entre los distintos sensates.

Al menos la idea de incluir algún gran evento relacionado con las temáticas tratadas se mantiene: la fiesta del Orgullo Gay de São Paulo se aprovecha bien en unas pocas escenas espectaculares. Pero en líneas generales, Sense8 es una serie que rompió esquemas con su arrebatador nivel visual en una época con gran competencia, mientras que este año no ha dejado huella alguna. Se nota incluso en el apartado musical: en la primera temporada las canciones formaban parte intrínseca de los sentimientos y vivencias de los personajes, y las pocas veces en que había un “momento videoclip” te dejaban anonadado con la fuerza de las imágenes. Pero ahora me encuentro con lo de siempre: se usan como apaño narrativo de adorno o para sintetizar escenas de forma facilona. Hay demasiadas canciones, varias por capítulo, con sus cámaras lentas y su posicionamiento de personajes, pero sólo dos o tres del total establecen cierta conexión, y únicamente por la letra.

Lito y Nomi, acompañados por los adorables Amanita, Hernando y Daniela, eran los principales catalizadores de la parte más reivindicativa, porque Sense8 nunca ha disimulado nacer como homenaje y a la vez cruzada de la diversidad sexual y también de paso de la diversidad cultural en general. Pero Nomi está en modo Gorski, sólo sirve como comodín para resolver cosas por el ordenador, y de su vida y la de Amanita vemos poco material con gancho. Antes la pareja estaba todo el día peleando por hacerse un hueco en un mundo intolerante, empezando por los padres de Nomi, y para poner las cosas más difíciles le caía la persecución de Whispers encima, con lo que estábamos sudando en cada capítulo con si saldrían adelante y si podrían ser felices. Ahora se supone que están en una situación semejante, pero no se transmite en ningún momento el esfuerzo y las penas. El acoso del agente del FBI es anecdótico, lo de esconderse de Whispers y a la vez buscarlo se olvida por completo en largos tramos de la temporada, hasta el punto de que parecen estar viviendo una vida normal y pasándoselo bien como si nada las afectara. Y la boda de la hermana va directa a cumplir con los dos tópicos, el de la intolerancia y el de sale todo bien en un giro bonito. El camino de Lito es aún más predecible, paso a paso sabemos lo que ocurrirá, no es como en la primera temporada, donde le daban la vuelta a cada cliché con ingenio y sentido del humor de forma que incluso aunque pareciera la sección más intrascendente solía resultar la más divertida. En cuanto se empieza a ver que la industria de Méjico no lo quiere estaba cantado que acabaría en Hollywood. Al menos su viaje interno es muy completo, el más trabajado de los ocho de hecho: en todo momentos sabemos lo que está sufriendo, y conocemos al personaje lo suficiente para seguirlo con cierto interés aunque la historia en sí sea de lo más trillada.

Con ellos llegamos al último elemento en el que ha perdido mucho fuelle. Donde antes lograban una hermosa oda a la tolerancia, a las distintas formas de ver y entender el mundo, que nunca parecía forzada incluso en los momentos más excesivos, fueran los visuales (escenas de sexo gay sin tabúes) o argumentales (exprimiendo a lo grande algunos tópicos), ni farragosa a pesar de meterse en muchos ambientes y ángulos (nos sumergíamos en la espiritualidad hinduista de Kala y también en los conflictos religiosos y sociales de la India), ahora veo una serie más bien del montón, que trata estos temas como si tuviera que cumplir con ellos, quedándose en la superficie, ahogada en unos pocos clichés de los que no es capaz de sacar algo más natural, más conmovedor, quedando lejos de la originalidad y profundidad que mostró en la primera temporada, con tantas capas de historias y personajes ofreciendo innumerables perspectivas de los sentimientos, relaciones, sexualidad, cultura, religión… y luego abordando con tanta delicadeza cómo en todo hay algo que nos une.

Volviendo a los nuevos sensates, estaba claro que aparecerían nuevos clústeres, pero sólo vemos a dos personajes, bastante atractivos por sí solos inicialmente, pero son promesas que no llevan a nada. El vejete simpático explica un poco cómo funciona el mundo sensate, pero son todo obviedades: la unión que deben mantener en la sombra y muchas veces incluso aislados para que los malos no los alcancen. La sensual alemana, Lila (Valeria Bilello), sirve para… para… incluir algo de erotismo y sexo, nada más. En realidad vemos a muchos, a demasiados sensates nuevos, hasta parecerme excesivo: ahora resulta que medio planeta son sensates, o que da la casualidad de que tienen una relación de uno o dos grados con nuestros protagonistas. El traficante de poca monta que le vende drogas a Riley, la novia del mafioso con el que trata Wolfgang (Lila), ¡el novio de la hermana de Nomi! (¿será gratuito o tenían algo planeado?)… Incluso el simpático anciano es presentado de mala manera: ¿qué pinta este pueblerino escocés en una rave electrónica? Pero para rematar, ¿qué hace el camello de Riley paseando en moto por Seúl y cayendo justo donde Sun lo necesita en el momento clave? El momento me produjo muchísima vergüenza ajena.

Los episodios iniciales (empezando por las dos eternas horas del primero) se me hicieron bastante pesados, deseaba que acabaran de una vez para ver si en el siguiente empezaban a contar algo de una vez. En el tramo central mejora un poco y casi recupero la esperanza, pero para el final va disipándose, hasta acabar sin haber dado ningún avance relevante y estimulante. Así pues, la decepción que me ha dejado Sense8 después de apuntar tan alto es bastante grande. Se sostiene por el sólido lazo emocional establecido con los maravillosos personajes, y es justo decir que desarrollar tantas líneas narrativas distintas, cada una en un lugar y con sus personajes secundarios propios, sin caer en el caos o parecer que no hay vinculación argumental entre ellas, parece realmente difícil de escribir y de rodar, y han salido bastante airosos. Pero antes deslumbraron a lo grande y ahora han dado varios pasos atrás, no logran transmitir la misma emoción contagiosa.

Y nos quedaremos sin saber si remontaría, porque Netflix la ha cancelado. Aunque haya cierto culto alrededor la serie, no es lo que se dice un éxito para lo cara que resulta y el grandísimo esfuerzo que cuesta rodarla, y la compañía ha decidido no continuar. Esto rompe un poco la impresión de que Netflix sólo iba a cancelar producciones realmente fallidas, y a plantear la cuestión de si, teniendo tanto dinero y anunciándose como la cadena que no cancela, no sería lo más lógico y respetable darle un cierre digno, con unos pocos capítulos, o incluso uno solo de hora y media o dos horas. Es la esperanza a la que nos agarramos sus seguidores. Yo incluso agradecería también que resumieran esta temporada en dos o tres episodios a lo sumo…

Actualización 30/06/17: Netflix ha dado el visto bueno a un capítulo doble que sirva como final.

PD: El primer episodio lo adelantaron a fechas navideñas, cuando el estreno de la temporada ha sido en mayo, supongo que para crear expectación, porque entre una etapa y otra han pasado dos años, fruto del complicado rodaje que supone un proyecto tan ambicioso.
PD2: Como nombre del grupo de ocho sensates juraría que en la traducción española usan “clan”, que suena a grupo cultural o de amigos más que a una unión más bien biológica, donde para mí encaja mejor “clúster”. Aunque es cierto que la RAE no la acepta todavía, supongo que todo el mundo conoce su significado.
PD3: No sé por qué ese empeño en sacar a Doona Bae en ropa interior en todos los capítulos, a veces con excusas bastante cutres.
*Todo parece apuntar a que echaron a Aml Ameen por homófobo, ¿es que no sabía dónde se metía?

Ver también:
Temporada 1.

SENSE8 – TEMPORADA 1.

Netflix | 2015
Ciencia-ficción, drama | 12 cap. de 50-67 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Aml Ameen, Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, , Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa y los protagonistas.–

Tres guionistas con insuperables hitos de la ciencia-ficción en su currículo se unen para crear una serie que anuncian como de gran ambición y originalidad, en un canal, Netflix, dispuesto explorar nuevas fronteras. Joe Michael Straczynski nos trajo Babylon 5, una producción sin parangón en cuanto a número y calidad de tramas y personajes, que además evolucionaron por caminos nunca vistos, con la que reescribió todo concepto y norma de narración televisiva desde la sombra, pues no triunfó entre el gran público. Las hermanas Wachowski rompieron esquemas con Matrix, una película inspirada por dentro pero realmente fascinante en su envoltorio que fue un gran éxito de taquilla e influyó considerablemente en el cine posterior. Con Sense8 aseguran que cambiarán el lenguaje de las series con un relato único y revolucionario. ¿Lo conseguirán?

Ocho individuos en ocho países distintos empiezan a descubrir que tienen una conexión entre ellos: ver y sentir lo que ven y sienten los otros, compartir experiencias y habilidades. Esta primera temporada de doce capítulos se centra en presentar sus formas de ser y mostrar como comienzan a explorar sus nuevas relaciones y capacidades. De fondo hay una trama de conspiraciones y un universo con gran potencial que ya veremos cómo crece, pues apenas acaba de empezar a manifestarse. Por ello quizá no sea para el gusto de todos los espectadores. Quien esperara sumergirse de lleno en conspiraciones secretas e individuos con poderes en lucha constante se puede llevar una decepción al encontrarse con un drama humano íntimo y emotivo donde lo que se narra es cómo personas normales que enfrentan penurias normales se hallan en una situación nueva y desconocida. Dicho de otra forma, Sense8 no es ciencia-ficción más pura al estilo Expediente X, Fringe y semejantes, sino un drama que habla de las relaciones humanas en un mundo que pese a la globalización parece cada vez más solitario y complicado, y para ello se basa en una premisa muy imaginativa con un pie en la ciencia-ficción. Se acercaría más al estilo inicial de Orphan Black, donde primaban los problemas personales de las clones y las intrigas estaban más en segundo plano. Otro punto de conflicto para muchos puede ser que aborda especialmente temas sobre el amor y la sexualidad, pilares fundamentales en la vida, pero además lo hace con unas historias y escenas muy explícitas: es una obra valiente como pocas, dispuesta a luchar contra tabúes que todavía mantienen muchas sociedades. Así pues, quienes vayan con ideas preconcebidas de género y estilo deberán abrir sus mentes y corazones si pretenden disfrutarla.

Capheus (Aml Ameen) vive en Nairobi, sobreviviendo como puede como conductor de un minibús. Su madre tiene SIDA y desespera por sacar suficiente dinero para medicinas de calidad, porque los sucedáneos y productos adulterados abundan en África. Su gran afición es Van Damme, y en sus películas querría inspirarse a la hora de enfrentar los problemas con las bandas criminales que asolan el lugar, pero es un buenazo que no está hecho para la violencia. En Seúl, Sun Bak (Doona Bae) vive a la sombra de su padre y su hermano, que la relegan en la empresa familiar por ser mujer; descarga su estrés y frustración participando en combates de kickboxing (boxeo con artes marciales). En San Francisco, la hacker Nomi Marks (Jamie Clayton) lleva una vida feliz desde que dejó atrás el cuerpo de hombre con el que nació y tiene una novia a la que ama con pasión, Amanita (Freema Agyeman). En Mumbai, Kala Dandekar (Tina Desai) tiene un buen trabajo y una familia amorosa, pero vive una tormenta de sentimientos ante su inminente matrimonio. Riley Blue (Tuppence Middleton) es islandesa pero trabaja en Londres como DJ; huyó de algún drama familiar pero aquí no termina de encontrar un sitio para echar raíces. En Berlín, Wolfgang Bogdanow (Max Riemelt) sigue los pasos de su padre como experto asaltador de cajas fuertes, apoyado por su fiel amigo Felix (Max Mauff). En Méjico, Lito Rodriguez (Miguel Ángel Silvestre) es un exitoso actor de películas de acción con tono de culebrón. Su condición de estrella lo empuja a mantener su homosexualidad en privado, con lo que lleva una doble vida: de cara al público su novia es otra celebridad, Daniela (Eréndira Ibarra), pero en secreto vive con su gran amor, Hernando (Alfonso Herrera). Will Gorski (Brian J. Smith) trata de ser un honrado policía de Chicago, pero el despertar del vínculo con los demás lo mete en varios líos.

Cada lugar tiene sus propios secundarios, las familias de cada protagonista y los grupos con los que se relacionan o chocan, de forma que esto prácticamente termina siendo ocho series dramáticas unidas en una mediante el enlace surgido entre ellos así como por una temática global. Todo versa sobre cómo tratamos de hacernos un lugar en el mundo luchando con lo que nos va cayendo encima, donde elegir con libertad total es muy complicado porque estamos siempre atados por las convenciones sociales y nuestros conflictos internos. Conocemos a cada individuo cuando están embarcándose, lo quieran o no, en algunos de los momentos más importantes de sus vidas, ante un inminente cambio o maduración más allá de lo que antes si quiera podían imaginar. Pero el impulso para andar o sortear ese camino tan difícil llega por vías inesperadas…

Gorski se encuentra con un tipo misterioso llamado Jonas Maliki (Naveen Andrews), quien le explica que son un grupo de “sensates” (se podría traducir como “conscientes”) y acaban de tener su “segundo nacimiento”, esto es, tener conocimiento de los demás miembros del grupo de ocho. Le enseña los primeros pasos de esta vida, donde deberán aprender cómo conectar unos con otros y transmitirse sus habilidades. Lito tiene un bajón cuando a Sun le llega la regla, Capheus zurra de lo lindo cuando deja entrar a Sun, Nomi usa los conocimientos policiales de Gorski para sus hackeos, etc. Pero Jonas también avisa sobre quienes va tras ellos con oscuras intenciones, como un tal Whispers o Susurros (Terrence Mann). Aquí surgen los misterios y la conspiración secreta: quién es y qué pretende el tal Whispers y qué es esa organización para la que trabaja, cuál es la afiliación real de Jonas, si hay otros sensates hay por el mundo, qué vivieron Gorski y Riley de jóvenes, etc. Sabiendo que a los tres escritores les gustan los universos elaborados (aunque El destino de Júpiter de las Wachowski terminara siendo una chapuza), sumado a que Straczynski desarrolla sus narraciones con mucha calma y de hecho afirma que planean cinco temporadas, yo apuesto a que veremos tramas mucho más complejas que se irán exponiendo poco a poco.

Pero por ahora la magia radica en su fuerza emocional, tanto por la íntima relación que puedes establecer con sus maravillosos personajes como por la energía y simpatía que sacan los escritores de aventuras en apariencia convencionales. Aquí hay que señalar el hábil estilo empleado, que muchos no han sabido ver y lo han usado como fallida crítica. Se utilizan los clichés y tópicos con mucha sabiduría, primero, para ubicarnos en lugares y situaciones reconocibles, de forma que introducirte en las culturas y los protagonistas sea más fácil y rápido, y segundo, para mostrar diversidad cultural y sexual y romper tabúes de manera más orgánica o natural. La sección de Kala ejemplifica muy bien ese punto inicial a base de clichés: los temas típicos de matrimonios y religión que la gente asocia a India sólo son el punto de partida de una historia que fluye de forma muy sencilla, casi tontorrona, pero amena, y cuando te ha ganado aporta conflictos más realistas y profundos. Si hubieran empezado con un relato sobre aspectos que no son parte del conocimiento común no hubieran llegado con tanta facilidad al espectador, o hubieran necesitado mucha exposición para que entendiéramos el contexto y con ello las acciones de los protagonistas. Así que apuestan por introducirte primero dentro del personaje y luego abrir poco a poco el horizonte de su mundo. Por ejemplo, yo no conocía las disputas entre tradición y modernización que hay entre los templos que no quieren cambiar nada y los ricos que quieren adaptarse al resto del mundo borrando sus raíces en una malentendida globalización; y la escena de Kala de niña en la cabalgata de Ganesha no habría resultado tan bonita sin comprender íntimamente su visión de la religión. En cuanto a tratar tabúes partiendo de tópicos, el mejor ejemplo es Lito, donde una vez nos tienen atrapados con la loca aventura en tono de humor culebronesco clásica de Méjico, le dan la vuelta haciendo que la doble vida, el triángulo amoroso y demás líos, traten sobre la homosexualidad de los implicados, jugando así hábilmente con la normalización del asunto.

Aunque realmente las Wachowski se lanzan a la normalización total, incluyendo también a la transexual y lesbiana Nomi, haciendo un alegato inspirado en sus vidas, pues tanto ellas como la intérprete de ese rol, Jamie Clayton, vivieron como hombres durante muchos años por miedo al qué dirán los demás. Lana se transformó hace algunos años, pero Lilly no se atrevió a salir del armario hasta hace poco. Este es un avance que a pesar de la lucha constante no se atreven a dar en canales tradicionales, pero a Netflix y Amazon (con Orange is the New Black y Transparent antes de Sense8), emitiendo por internet y con directivos abiertos a todo, no les afectan los grupos de presión sociopolíticos que imponen doctrinas morales arcaicas por todo el globo, ni temen espantadas de empresas anunciantes tras los lloriqueos de espectadores con prejuicios.

Pero este alegato sobre la diversidad va mucho más allá. Como los preciosos títulos de crédito vaticinan, toda la serie es una oda a la humanidad: se muestran distintas vidas, culturas, religiones, trabajos, sexualidad y formas de entender el mundo para hablar sobre qué nos define y une como humanos, para señalar que las diferencias realmente no deberían separarnos porque todos anhelamos tanto las mismas necesidades básicas (familia, sustento, amor) como los mismos placeres (el arte como nexo de unión es esencial, en especial la música).

Estamos pues ante una obra con muchos niveles distintos combinados a la perfección y varias lecturas posibles debido a su tono humanista y filosófico. Cada aventura personal es diferente y atractiva por sí sola, pero pronto se fusionan con las demás ofreciendo nuevas perspectivas. El universo imaginario latente promete mucho. Y sobre todo, la magia y belleza que destila es incomparable, resultando enormemente emotiva y conmovedora.

El único pero es que alguna sección puede no llamarte tanto la atención como otras. Siendo una producción muy subjetiva en todos sus estratos, cada cual tendrá sus partes preferidas. A mí se me hizo un poco pesado el conflicto de Capheus con el capo del lugar, pues a pesar de que me cae tan bien como los demás y las partes de acción son de cine de alto nivel, me pareció alargar demasiado algo un tanto convencional. Por ejemplo, la labor policial de Gorski podría haber ido por ese mismo camino, pero se limitan a exponer su forma de ser y de trabajar y luego lo sumergen en la trama de persecución a los sensates, con lo que no llega a aparecer desgaste. De todas formas, no estoy hablando de grandes fallos, sólo hubiera reducido un poco el viaje de Capheus y le hubiera dado más tiempo al arco final que une a todos, pues pasa en un suspiro pese a ser tan importante, y quizá hubiera matizado mejor algún tramo de Sun, ya que el lío empresarial queda resumido en sus clásicos giros (familiares sacrificándose por otro) y el paso por la cárcel no me parece muy bien relacionado con su maduración personal. Por esas ligeras carencias se resiente un poco el ritmo en el tramo central.

En cuanto a mis secciones las favoritas, me ganaron bien rápido Nomi y Amanita, una pareja entrañable, la odisea de Lito en tono cómico me resultó divertidísima, el romance entre Kala y Wolfgang es muy hermoso, y sobre todo me cautivó la melancolía de Riley y cómo se desgranan poco a poco las penurias que arrastra. Pero de una forma u otra me apasionaron todas las historias, y tenemos infinidad de momentos memorables que te pueden hacer reír, llorar, reflexionar… todo en un solo capítulo. Destaco sólo algunos instantes que gustaron especialmente, pero hay muchos inolvidables: Capheus reflexionando con Sun (mientras ella anda por un concurrido paseo), los momentos musicales como el What’s Up de 4 Non Blondes, Wolfgang conociendo a Kala en diversas situaciones (la canción, los baños, la boda), Sun y Riley hablando ante el amanecer londinense, Capheus canalizando la ira de Sun para zurrar a los matones, Lito sufriendo la menstruación de Sun, muchos encuentros de Riley y Gorski, Lito y Nomi repasando sus pasados ante un cuadro, la persecución en coche de Gorski a Jonas, el polvo compartido entre todos, cuando van recordando sus partos… y como colofón pondría las revelaciones sobre el pasado de Riley, que te estrujarán el corazón.

Pero hablando de niveles llegamos a otro esencial: la puesta en escena. Este guion que combina lo introspectivo con lo ambicioso (ocho escenarios distintos en todo el mundo unidos narrativa y visualmente) podría haberse quedado a medio camino de sus objetivos si no se hubiera plasmado en imágenes de la mejor forma posible. Pero las Wachowski tienen experiencia de sobra en superproducciones, Netflix les soltó talonario, y se rodearon de un equipo de primera con el que han filmado una de las series más espectaculares de los últimos años.

Lo primero que salta a la vista es la poderosa impronta visual. Entre la fantástica iluminación y el tono cinematográfico (planos amplios y elaborados) la fotografía resulta cautivadora. El gran John Toll (La delgada línea roja, Braveheart) lidera este departamento con un resultado extraordinario. Lo segundo que llama la atención son los saltos entre ciudades tan distantes entre sí, donde además enseguida te van a dejar completamente pasmado con la conexión que nace entre los personajes, donde cualquier secuencia, algunas muy difíciles como las peleas cuerpo a cuerpo, mezcla los distintos protagonistas y escenarios de forma increíble. El esfuerzo para planificar, rodar y editar todo esto ha tenido que ser monumental, y la labor de vigilar la continuidad (vestuario, maquillaje, posición de cada persona… ¡incluso las diferencias horarias!) nunca ha sido tan complicada y esencial.

Además el dinero luce a lo grande. Resulta impresionante la variedad de localizaciones, los constantes exteriores, las secuencias de gran tamaño (la pelea final de Capheus y la posterior persecución) y dificultad (los tiroteos que rueda Lito son puro vacile). Pero además súmale que buscaron coincidir las fechas con eventos relevantes para el argumento: el orgullo gay de San Francisco, un festival hindú sobre Ganesha, etc. No ha trascendido el presupuesto, pero contando la cantidad equipos de trabajo en distintas partes del mundo (atención a la larga lista de créditos) y la ampulosidad del aspecto visual, y a tenor del único comentario que se ha visto en boca de un directivo de Netflix, diciendo que estaría cerca de las últimas superproducciones de las Wachowski (El destino de Júpiter y El atlas de las nubes), yo apostaría por al menos un mínimo de 100 millones de dólares, pero estoy seguro de que tiene que ser más; o eso, o lo han exprimido muy bien.

Para dirigir este colosal proyecto las Wachowski emplearon a gente de confianza, autores con los que ya habían trabajado: con Tom Tykwer dirigieron a tres manos El atlas de las nubes (y en su haber tiene otras como El perfume y Corre Lola, corre), James McTeigue empezó como su director de segunda unidad pero acabó dirigiendo para ellas V de Vendetta, y finalmente dieron una oportunidad al encargado de los efectos especiales Dan Glass, también colaborador habitual. El rodaje se repartió por ciudades, no por capítulos, que suele ser lo común, aunque como productoras ejecutivas las Wachowski terminaron pasando por todas las localizaciones tanto para controlar el trabajo como para dirigir las partes más complicadas; afirman que se hicieron como ciento sesenta mil kilómetros en avión en un año. Así pues, cada episodio tiene metraje de todos los directores… y a pesar de toda esa ambición y complejidad el resultado es asombroso por su equilibrio y altísima calidad.

El casting tampoco era fácil, pues debían encontrar actores de la misma edad que no sólo fueran adecuados al rol descrito, sino también intérpretes muy capaces y que tuvieran química con los demás, porque la verosimilitud de los sentimientos entre ellos es crucial tanto por los romances incipientes como por las relaciones tan diversas que establecen. Pero el reparto que han reunido es impecable. No hay actor en el que puedas decir que se queda por debajo del resto, todos le echan enorme pasión, incluso los secundarios están fantásticos. Algunos trabajaron previamente con las Wachowski y otros son bastante conocidos en sus países (por ejemplo el valenciano Miguel Ángel Silvestre es bastante popular por Sin tetas no hay paraíso o Velvet), pero en general ninguno era mundialmente famoso. La última puntilla la pone una música en perfecta comunión con las imágenes, tanto la compuesta por Tom Tykwer (también director) y su colaborador Johnny Klimek, que es una partitura variada, vibrante y hermosa como las imágenes necesitan, como la fantástica selección musical que se adapta tan bien a momentos cruciales de los protagonistas, destacando la predilección por Sigur Rós y The Who.

Entonces, ¿es Sense8 la serie rompedora y revolucionaria que venden sus creadores? Pues diría que para hablar de revolución es pronto. No ha causado un impacto instantáneo, así que habrá que esperar a ver su legado e influencia, y obviamente todo depende de cómo evolucionen las próximas temporadas. Pero este primer año sin duda ofrece unas cualidades únicas, aparte de gran belleza y espectacularidad, con lo que la recomiendo encarecidamente, aunque hay que decir que también genera la habitual polarización de creaciones tan peculiares: o la amas con pasión o se te atraganta bastante.

PD: Si alguien se pregunta por el título, “sense8” y “sensate” se leen en inglés prácticamente igual, es decir, es un juego de palabras que combina el nombre que se da a estos individuos y el número de miembros de cada grupo.