Archivo mensual: octubre 2014

THE KNICK – TEMPORADA 1.

The Knick
Cinemax | 2014
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Steven Soderbergh, Gregory Jacobs.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Jeremy Bobb, Juliet Rylance, Eve Hewson, Michael Angarano, Cara Seymour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Maya Kazan, David Fierro.
Valoración:

Nueva York, año 1900. El nacimiento de la ciencia médica moderna cambia el mundo por completo. Los hospitales se reinventan sobre la marcha según las novedades van apareciendo. La electricidad, máquinas y tecnologías (como los rayos X) llegan para quedarse y apoyan con fuerza el resurgir del cirujano, que basándose en el método científico descubre enfermedades, curas y técnicas a diario. Y la sociedad empieza a disfrutar las mejoras en la calidad de vida, aunque sea lentamente, porque la barrera de la pobreza y la ignorancia siempre frenan el progreso.

La serie se inspira en hechos, lugares y personajes reales. El hospital Knickerbocker, el cirujano protagonista (basado en William Stewart Halsted) y alguno de sus hallazgos más relevantes sirven como punto de partida para ofrecer un retrato de la época muy realista, que no se anda con corrección política modernista (el racismo es un tema serio, no se resuelve en un giro simplón) ni endulza las miserias, problemas y brutalidad de aquellos tiempos. Es bastante más oscura y dura que Copper y Ripper Street, por citar dos de épocas semejantes. Y como impera en la buena televisión actual, los personajes no solo están llenos de humanas contradicciones y tienen un lado oscuro, sino que pueden ser unos verdaderos hijos de puta, o unos miserables, o unos matados de la vida que sobreviven como pueden aunque sea a costa de pisotear a otros.

Estos protagonistas luchan a diario contra un sinfín de problemas y limitaciones, destacando las costumbres de la época y las propias fallas personales. La resuelta Cornelia (Juliet Rylance) puede ver frenada su prometedora carrera si se casa como obliga la sociedad y la familia. El racismo niega oportunidades a un médico tan dotado como Algernon (André Holland), y no digamos la que se lía con las revueltas, donde hasta la policía persigue a la gente de color. El dilema moral de la monja Harriet (Cara Seymour) con el aborto genera conflicto constante entre su fe y la realidad social. El gerente Barrow (Jeremy Bobb) y sus problemas monetarios lo tienen siempre al límite y en terrenos pantanosos (prestamistas de mano dura). El cirujano Gallinger (Eric Johnson) lidia con una tragedia familiar que no parece tener fin, que siempre va a peor (terrible el destino de la esposa). El joven ayudante de cirujano Bertie (Michael Angarano) trata de crecer a la sombra de un padre dominante y un cirujano jefe que anda entre la genialidad y la locura. Este líder es Thackery, el protagonista principal, un enorme Clive Owen dando vida a un visionario cuya ambición es tanto su mayor virtud como su mayor maldición. La obsesión por ser el mejor le provoca celos, manías, errores y vicios que precisamente limitan su potencial. La cocaína es su sustento, porque una carrera tan fulgurante destrozaría a cualquiera sin energías extras, y el opio su forma de desconectar y evadirse, pero el precio a pagar por esos excesos promete alcanzarlo tarde o temprano. Ni siquiera la nueva enfermera, la joven Lucy Elkins (Eve Henson), que se interesa por él, parece que pueda traerlo de vuelta al buen camino.

Todos los personajes son magníficos en su dibujo inicial y mejoran a ojos vistas con su progresión. Los primeros capítulos se basan en su empaque para mantener el interés, porque como es obvio se necesita tiempo para presentar la época, el ambiente del hospital, las relaciones entre sus habitantes, el tono del relato y las tramas que se van a desarrollar. Podían haber empezado con algún golpe de efecto que diera más ritmo, porque es cierto que empieza muy despacito, pero lo que hay basta para ganar a cualquier espectador paciente. Y el esfuerzo pronto da resultados, porque no hace falta esperar a la segunda temporada para ver desplegado todo su potencial. A partir de su ecuador ya no hay vuelta atrás, te gana por completo con la evolución trágica de sus protagonistas y el ritmo cada vez más intenso y agobiante. El tramo final es soberbio, tanto por ese capítulo casi de relleno que supone uno de los mejores del año televisivo, el de las revueltas racistas, como porque la trayectoria de los caracteres alcanza su punto álgido. La caída en desgracia de Thack es impresionante, pero los demás no se quedan atrás, sea los que se ven arrastrados con él o lo que viven sus propias miserias (la que lía Barrow para intentar salir de su bache, por ejemplo).

Si el guión de Jack Amiel y Michael Begler es certero en la descripción del entorno, la composición de personajes y la maduración de las historias, la puesta en escena de Steven Soderbergh termina de redondear la serie. El realizador dejó hace tiempo lo comercial para decantarse por el cine de autor y la experimentación variada, aunque alguna vez ambas cosas han coincidido (Contagio), y ha visto claro que una serie de televisión tiene mucho más margen que un largometraje, de hecho aquí da rienda suelta a su vena juguetona y se marca una puesta en escena realmente atrevida y arriesgada. Desde los primeros planos se ve que hace suyo el producto… pero ni mucho menos se impone sobre el material escrito, pues lo capta con respeto y cuidado. La puesta en escena apuesta sin miedo por la cámara en mano, los encuadres inclinados o desde alturas no habituales, la música es en apariencia anacrónica (Cliff Martinez mantiene la onda electrónica de Contagio)… pero todo ello se hace con gran dominio de la narrativa, con un objetivo claro, no solo para vacilar, de forma que, aunque de primeras pueda parecer un envoltorio excesivo, pronto se ve que da buenos resultados, de hecho muy buenos, pues se consigue un aura de irrealidad que funciona muy bien a la hora de trasladarnos a una época remota y un ambiente malsano lleno de tragedias.

Por cierto, el plano final es una verdadera genialidad del humor negro.

EL PRISIONERO – TEMPORADA ÚNICA.

The Prisoner
ITV | 1967
Productores ejecutivos: Patrick McGoohan, David Tomblin.
Intérpretes: Patrick McGoohan.
Valoración:

Alerta de spoilers: La sinopsis no contiene spoilers, pero en los comentarios revelo prácticamente todo, de otra forma la opinión y el análisis quedarían muy cojos.–

Para una visión y análisis global de la serie os remito a la presentación, aquí analizo por capítulos.

En la red encontraréis varios órdenes distintos para la guía de episodios, siendo la mayor parte erróneos. Ni el orden de producción ni el de emisión eran fieles a la escasa continuidad de la trama, y me temo que no hubo confirmación oficial de ningún tipo hasta que en la edición en dvd se contó con la opinión de los clubs de fans y se formalizó una.

Cuatro capítulos más estaban escritos pero se quedaron sin rodar. En los extras de las ediciones en dvd y bluray se incluyen los guiones de dos y las sinopsis de los otros dos. No llegó a emitirse en España pero sí en Latinoamérica, doblaje que no recomiendo porque la traducción se inventa la mitad de los diálogos; de hecho he optado por hacer una traducción más fiel de los títulos.

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TRUE BLOOD – TEMPORADA 7 Y FINAL.

True Blood
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Lauren Bowles, Anna Camp.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad, incluidas muertes importantes.–

Última temporada de True Blood. ¿Qué esperar de ella? Pues lo mismo de siempre, porque incluso sin Alan Ball a las riendas siguió en su estilo y con las mismas virtudes y limitaciones. Las aventuras originales, alocadas y con un genial humor negro, los protagonistas deliciosos, los actores fantásticos, la puesta en escena brillante… y también las tramas con algunos deslices en el ritmo, las historias secundarias irregulares, los caminos algo fallidos de algunos personajes.

El final de la sexta temporada pegaba un salto y nos introducía de lleno en los eventos de la séptima. La crisis de la hepatitis-V es el desencadenante final del conflicto entre humanos y vampiros, y se traduce en una guerra sucia, una guerra sin líderes ni objetivos, sino de caos y supervivencia. La trama va a gran velocidad, dejándonos sin aliento en una situación extrema donde cualquier personaje está en peligro constante. Y están todos presentes en todo momento, porque casi no hay ni tiempo para historias secundarias, de esas que más veces de las deseables resultaban poco satisfactorias (solo está la de Tara, que luego comentaré). Hasta Sam se mantiene en primera línea y es apartado en una correcta despedida cuando ya no pinta nada ahí; aunque seguro que nadie se acuerda de su aburrida novia. Eso sí, hay un giro extraño: el novio vampiro de Jessica es convertido por arte de magia en un personaje completamente distinto. Ahora es un homosexual que no tiene interés en ella, cuando el romance que nos mostraron era de flechazo. Así entiendo que el actor se cabreara y largara y fuera sustituido por otro. No sé qué pretendían los guionistas con este giro, si se les fue de las manos sin querer o pensaban que tendría sentido; menos mal que es un rol menor; lo malo es que Lafayette pierde bastante protagonismo, y apareciendo con el tipo este no recupera mucho interés.

Hasta secundarios de toda la vida, como la petarda de la madre de Hoyt, están metidos en el embrollo hasta el cuello. La elección de bandos, las implicaciones morales de cada acción, los tumultos, los intentos de mantener la civilización… todo se va acumulando en un clímax que probablemente sea el mejor de la serie, y que termina en la espectacular batalla en el bar de Eric, donde una banda de vampiros infectados se hizo fuerte. Pero no todo es perfecto, porque el reguero de muertos es desigual. Varios secundarios caen, pero alguno se celebra con gusto (la citada madre), y sobre todo cabría esperar que más personajes importantes acabaran asesinados, para terminar esta serie de corte generalmente macabro a lo grande. Pero solo lo hacen dos, y son dos muertes muy discutibles. La de Tara es directamente estúpida. Un personaje que no muere en primer plano es un personaje que sin duda estará vivo… Pero tras varios capítulos mareando la perdiz resulta que definitivamente ha sufrido la muerte verdadera. Y aparece como fantasma en la única trama secundaria o de relleno del año que encontramos, una historia de redención fantasmal incomprensible, intrascendente, aburrida… vamos, completamente olvidable. ¿Pero a qué jugaban, cómo trataron tan mal al personaje? Por extensión su madre y su primo Lafayette pierden algunos puntos al verse arrastrados con ella. Por suerte ocupa poco tiempo.

La muerte de Alcide es la otra polémica, y la que marca el punto de inflexión en la temporada. Una vez la tormenta pasa sobre Bon Temps (aunque el miedo a que vuelva sigue presente) la narración se inclina principalmente hacia los personajes. Y empieza con el giro descarado de volver a poner a Sookie y Bill juntos, sin duda para finalizar la serie con el clásico círculo cerrado, con la pareja inicial. La jugada funciona porque a estos dos personajes los guionistas los tratan muy bien y la relación va bien encaminada hacia un desenlace romántico-trágico bastante efectivo, pero desde luego lo de que se dieran cuenta de que Alcide molestaba y lo eliminaran sin disimulo no queda bien.

También es cierto que el inicio de este segmento final asusta por la reaparición de un viejo personaje, Hoyt. De primeras me pareció un retorno innecesario a un culebrón ya caduco, pero pronto se ve que los guionistas tienen un plan (como con Bill y Sookie) y lo desarrollan con sumo cuidado. La idea es dar un cierre a todos los protagonistas, y Hoyt sirve como un nexo estupendo para varios. La relación de Jason con Brigette se expone de maravilla, de hecho es de lo mejorcito del año y tiene momentos sublimes, y el reinicio de la relación entre Jess y Hoyt es creíble y bonito. En el resto de personajes solo los Bellefleur, con la búsqueda cansina de la niña-hada, dan alguna vuelta más de la necesaria. Eric y Pam arrasan como siempre, él con su carisma, ella con su boca malhablada, él con su pasotismo ablandado (florece la compasión ante las gentes de Bon Temps), ella con su fidelidad incansable; y el flashback de ambos resulta memorable. El retorno de Sarah Newlin no podía ser mejor: la loca está más loca que nunca y encima ahora es la cura andante de la Hep-V, lanzando así el final de la trama central con un toque de humor negro demencial.

Como todos los años, lo que no falla un ápice es la excelsa puesta en escena, donde destaca lo bien que ruedan las escenas nocturnas (más les valía, claro), y el inconmensurable reparto, uno de los mejores de los últimos tiempos, que brilla especialmente en esta última temporada porque los personajes viven momentos clave. Así, Anna Paquin (Sookie) está de nuevo pletórica y Deborah Ann Woll (Jessica) se luce más que nunca (qué injusticia no haberse llevado ningún premio). No se quedan atrás Ryan Kwanten como el mejor y más complejo papel de tontorrón que he visto (Jason), el eterno carisma de Stephen Moyer (Bill), Alexander Skarsgård (Eric) y Kristin Bauer (Pam), los secundarios magníficos por doquier, encabezados por Chris Bauer (Andy) y Carrie Preston (Arlene), y la breve pero intensa presencia de Anna Camp (Sarah Newlin). Este año han estado menos llamativos Sam Trammell (Sam) y Nelsan Ellis (Lafayette), pero por su presencia más limitada.

Acabamos con el mundo rehaciéndose gracias a la cura y los personajes retomando su camino con toda la experiencia adquirida. Más o menos todos consiguen lo que buscaban en la vida, o todos han madurado para saber cómo enfrentarla sin tanto sufrimiento. Quizá es un final muy sensiblero y clásico para una serie tan macarra, pero es indudablemente efectivo. Se centra en los personajes, no desbarra con tramas absurdas y giros innecesarios, y solo puede criticarse desde una perspectiva subjetiva: esperando que fuera más agridulce u oscuro, o que ofreciera una trama final apoteósica. Y está claro que esto último no encajaría, porque True Blood no es una serie de tramas complejas, sino de personajes enfrentando situaciones. Simplemente los guionistas han pensado que tras tanto viaje los protagonistas y el espectador merecían un final feliz. O te gusta o no, pero no es motivo para hablar de una mala temporada, porque ha sido de las buenas.

Ver también:
Temporada 6. – Temporada 5.
Temporada 4. – Temporada 3.
Temporada 2. – Temporada 1.