Archivo mensual: marzo 2014

GIRLS – TEMPORADA 3.

Girls
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay unos cuantos spoilers importantes.–

Nueva etapa en la vida de estas jóvenes neoyorquinas enfrentadas al proceso de maduración, de búsqueda de un lugar en el mundo. Nueva temporada de la dramedia más inteligente y sutil que hay ahora mismo en televisión. No será la más divertida, pero es la más compleja y profunda. Mucha gente sigue sin ser capaz de verlo y la pone a partir, aunque este año parece que son menos, de hecho algunos dicen que la serie está creciendo muy bien a pesar de que la temporada es exactamente igual en tono y calidad que la anterior. De hecho incluso se puede decir que se echa en falta esos capítulos atípicos y extraordinarios que hubo en aquella. Más bien parece que por fin han entendido de qué va, que se han hecho a su peculiar estilo.

Siguen destacando los diálogos llenos de capas y capas que describen magistralmente a los personajes, donde Lena Dunham no da nada mascadito, pues esto no es una telecomedia simplona, hay que estar al tanto de las sutilezas, las acciones que dicen mucho más de lo que parece, los gestos que expresan cosas no dichas… Un gran ejemplo está en cómo Hannah va a ver a Adam antes de su función, soltándole noticias gordas en un momento en que puede desconcentrarle, lo que de hecho provoca la ruptura de la relación liberándola de ataduras de cara a su nueva meta. ¿Lo ha hecho ella a propósito o inconscientemente? El espectador es quien decide.

También es destacable su capacidad para ir desgranando una a una las limitaciones de los jóvenes, con un problema detrás de otro, con un tono generalmente desesperanzador pero de forma que no cae nunca en un drama lacrimógeno, sino consiguiendo que cada resbalón sea una lección aprendida, alimento para el enriquecimiento personal. Las protagonistas rara vez son realmente felices, las situaciones casi nunca dan solo luz. Si hay una esperanza al final del túnel se ha llegado a ella sufriendo varios golpes. Incluso la muerte de la abuela se presenta como un paso más en la vida, no como una tragedia. El final de temporada expone esto magistralmente: Hannah es aceptada en una escuela de alto nivel para escritores, pero ir allí supone romper con todo lo que le daba algo de seguridad actualmente.

En cuanto a la trayectoria concreta de cada personaje, como se veía venir poco a poco los secundarios van ganando espacio, incluyendo los hombres, que al principio se centraba la cosa más en el grupo de amigas. Es difícil hacer una serie coral con formato corto (25-30 minutos) y temporadas cortas (diez las dos primeras, doce ésta), por eso todas las dramedias se basan en una figura central muy fuerte. La gente se quejaba demasiado de que Lena Dunham iba de estrella copando todo el protagonismo, lo cual es una gilipollez propia de la ignorancia. Simplemente no hay tiempo para más, hay que ir poco a poco. Si repartes el tiempo equitativamente no hay manera de definir bien a ningún personaje. Californication o El séquito valen como ejemplo: son dos de las dramedias con más secundarios con importancia y calidad, pero estos fueron creciendo paulatinamente. Si algo me jode de algunas críticas (con esto de internet cualquier tonto puede escribir y tener seguidores) es que se señalen fallos que no son tales o que se esperen cosas que una serie ni siquiera intenta ofrecer.

Adam ya no es solo el novio rarito y el nuevo pilar sobre el que Hannah se apoya. Conocemos más a fondo su forma de ser y lo que espera y desea de su entorno. Hannah le gusta, pero es un torbellino de emociones con altibajos enormes, y se ve que se esfuerza por aguantar ese lado malo, aunque a veces una mirada dice claramente “pero que se calle de una vez”… Me encanta cuando explota soltando verdades como puños. A la que ya no aguanta ni una es a su hermana, más vagabunda que hippie y realmente insoportable. Dunham es capaz de hacer que sus personajes sean repelentes a veces, pero aquí se explaya de lo lindo. Ray a su manera también es más maduro que las chicas (por edad y experiencia), pero obviamente no es perfecto y tiene sus propios temores. El avance de su carrera laboral le da seguridad, pero no suficiente para saber cómo enfrentar a Marnie. Con Shoshanna ya pasó página: no va aguantar más chiquilladas.

Hannah sigue dando tumbos sin encontrar una dirección que le dé seguridad y la encamine hacia su realización como escritora. A veces no sabe lo que quiere ni lo que esperar del mundo. El trabajo en la revista le da dinero y por tanto estabilidad en la sociedad, pero por dentro está llena de dudas: aquí no evoluciono como escritora. Los momentos en que se va o no se va son fantásticos, y la salida sin aceptar su indecisión, sino tirando de su egoísmo, es tronchante. La posterior cena con los colegas del teatro de Adam es uno de los grandes momentos del año: todos hablan de su buena situación y ella, celosa, le da la vuelta para dirigirlo todo hacia su enooorme tragedia de haber dejado un buen trabajo que no le gustaba; las caras de asombro de todos son impagables; dan ganas de abofetearla mientras te ríes por la magnífica composición del personaje y de la escena.

Marnie se quedó sin novio y sin trabajo, y por lo tanto sin sustento emocional. Ya hemos visto como se deshace y es incapaz de recomponerse si no es realizándose a través de otros. Lo intenta con Ray, lo intenta con el compañero de Adam, el que toca la guitarra. Aquí también tiramos de sutilezas excelentes: ¿reniega del video musical o lo ve como un logro donde demuestra al menos ser buena en algo? Sus numeritos con el playback del bar señalan más bien eso último. Por la música establece una conexión con este tipo, pero él tiene novia… Flipante cuando se queda escondida mirando cómo pelean por su culpa, anhelando que la deje por ella.

Shoshanna es la más joven e inmadura. Ni siquiera ha terminado de definirse a sí misma, tirando de estereotipos (Sexo en Nueva York es su referencia principal). La carrera es lo único que tiene en mente, y si falla ahí se vendrá abajo, como vemos al final. Aparte de eso su evolución no es muy destacable, pero ya le tocará. La que gana este año tras su ausencia en el anterior es Jessa. Ella es de ir por la vida a lo bestia, cogiendo una tendencia y siguiéndola hasta el final. Así el matrimonio se fue al garete, porque realmente no tenían nada en común, solo era otra locura. Después de ese fracaso se sumerge en las drogas. La estancia en desintoxicación es divertidísima, su salida hacia la nada (sin trabajo ni objetivos) la aburre soberanamente, y la recaída se ve venir. En la parte final entre estas dos logran otro de los instantes del año: Shoshanna localizando a la hija del amigo drogadicto y estampándoles en la cara a él y a Jessa que están jodiendo sus vidas. Elijah, el amigo gay de Hannah (y ya de toda la pandilla) es muy interesante también, y supongo que tarde o temprano le darán más protagonismo.

En cuanto a episodios concretos decía que no hay ninguno que como en la anterior sesión destaque por un estilo diferenciado o por ser más intenso, pero puestos a señalar alguno elegiría el de las vacaciones en la casa de la playa. Se juntan todos los amigos fingiendo normalidad hasta que la cosa explota y se lanzan frases hirientes pero en el fondo sinceras, hasta que parece que se odian y se van a separar. Pero como en la vida misma, al final se perdonan y se aceptan muchos errores, porque todos los tenemos. El plano donde empiezan a bailar al unísono basta para expresar que la amistad y la vida siguen adelante indistintamente de los baches que nos ponga el entorno o nosotros mismos.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

VERONICA MARS – LA PELÍCULA.

Veronica Mars | 2013
Escritor: Rob Thomas, Diane Ruggiero.
Director: Rob Thomas
Intérpretes: Kristen Bell, Jason Dohring, Enrico Colantoni, Chris Lowell, Percy Daggs II, Tina Majorino, Krysten Ritter, Martin Starr, Gabu Hoffman, Jerry O’Connell, Francis Cappa, Ryan Hansen.
Valoración:

Tras tres temporadas con poca audiencia, la última agonizante a pesar de los esfuerzos por darle nueva vida, Veronica Mars fue cancelada en 2007. El culto que surgió con ella no fue suficiente para que el canal CW la mantuviera en antena. Desde entonces había rumores muy reales sobre su retorno, básicamente porque su creador Rob Thomas y la actriz principal Kristen Bell seguían luchando por ella. Viendo que la fama de la serie en vez de apagarse crecía con el tiempo, al final algún productor cedió… en parte, porque al contrario que Firefly, que volvió con una película para cine con cincuenta millones de presupuesto, Veronica Mars sólo se apoyaría si el realizador lograba financiarla mediante crowfunding. Este crowfunding es uno de los grandes hallazgos de internet: gente de todo el mundo dona dinero para un proyecto. El objetivo era conseguir dos millones de dólares en unas pocas semanas, pero en 24 horas superaron esa cifra, y en el plazo estimado rozaron los seis millones, batiendo récords en este sistema. Estaba claro que la gente esperaba con ansia el renacimiento de la serie.

La forma de estrenar la película también se adapta muy bien a los nuevos modelos de negocio que permiten las nuevas tecnologías. De hecho aquí estamos hablando de que podría sentar las bases de una nueva forma de hacer cine y televisión. Ya era hora de que se pusieran las pilas en vez de tanto lloriquear por la piratería. En Genbeta hay un reportaje extenso sobre el tema. Veronica Mars se estrenaría en unos pocos cines (más por publicidad que otra cosa), tendría versión digital para quienes donaron y se pondría inmediatamente para alquilar en plataformas digitales de todo el globo (amazon, itunes…), antes de salir en dvd y bluray.

Está claro desde su concepción que es una película para fans, no en vano ellos la han pagado. Difícilmente alguien que no lo sea podrá saborear o tan siquiera entender un universo particular con tres temporadas a cuestas en este episodio donde reaparecen la mayor parte de los personajes conocidos y se referencian mil cosas sobre ellos dando por sentado que sabes de qué se habla. Hay un buen resumen al comienzo, pero es una ayuda para recordar qué ocurrió, no vale como introducción para un recién llegado.

El caso es una mera excusa para mostrar el retorno de Veronica al juego, para ahondar en su psique con todo el cariño que le tenían al personaje tanto su creador Rob Thomas como su intérprete Kristen Bell. La investigación es sencilla, poco llamativa y de resolución bastante pobre, de forma que probablemente no se recuerde una vez terminada la proyección. Pero lo que sí deja un grato recuerdo es el relato sobre el camino que ha recorrido Veronica desde que terminó la serie (nueve años ficticios, siete reales) y cómo le ha afectado volver a Neptune.

Recién terminados los estudios de derecho, la dotada y hábil Veronica Mars está a punto de conseguir entrar en una gran firma de abogados. Pero un asesinato que implica a viejos amigos la arrastra de vuelta a casa. Allí se reencontrará con lo familiar, lo que le dio tanto problemas como alegrías, lo que la formó como persona. A veces es difícil escapar del pasado, y para Veronica aún más, porque como ella reconoce, es adicta. Adicta al trabajo de detective, a darle la vuelta a las injusticias, a sumergirse en fregados donde pueda exprimir su ingenio y embriagarse de adrenalina. Hay un par de escenas muy claras en este sentido, como cuando se introduce en la boca del lobo en el piso del culpable solo por disfrutar el momento, o que anteponga su estancia a las llamadas del trabajo y del novio. Prefiere estar viva a ser un paria más del sistema, el éxito laboral no es más importante que sentirse bien con uno mismo.

El espíritu de la serie está presente en todo momento. A mitad de camino entre el noir y la aventura juvenil clásica (peleas, romances, etc.), pero estando esta última destinada a un público adolescente mucho más culto e inteligente de lo que suelen buscar las series de instituto. No faltan los tintes de drama muy bien medidos en un relato que siempre busca ser entretenido más que conmovedor o trágico. Y es friki, muy friki: las mil referencias a la cultura popular siguen apareciendo por todas partes. Y en este episodio, habiendo pasado tanto tiempo desde la serie, se agradecen también los guiños a las temporadas: la canción cantada por el artista callejero (We Used to be Friends), el bolso negro, los cacharros de detective…

El ambiente de Neptune nos es tan familiar como a la protagonista. Está cargado con la eterna corrupción y descontrol de los ricos, con la incompetencia de una comisaría de policía llena de intereses y, ya en el círculo de Veronica, con los secretos que provocan tragedias y las maldades de aquellos que conoció en el instituto, pues algunos siguen con ellas, empeñados en no madurar. El mundo está lleno de gente miserable aprovechándose de la gente buena y tratando de patear a la gente luchadora. Veronica entra en la última categoría, tras salir reforzada de la segunda en los inicios de la serie, y no se amedrenta ante nada, resolviendo las situaciones con su gracia e ironía habituales: inteligente y respondona como de costumbre, nos regala un montón de diálogos llenos de ingenio y humor. Situaciones divertidas en cantidad y un sentido de la aventura detectivesca muy bien conseguido impiden, igual que en la serie, que tanta inmundicia y penurias personales conviertan esto en un drama policíaco. Algo oscura sí es a veces, pero el noir es así, claro.

Lo mejor, como siempre, el inmenso personaje de Veronica y los excelentes secundarios, con los que se relaciona de forma magistral. En todo momento conocemos qué mueve a la joven Mars, qué piensa y qué siente, tanto por la calidad de los diálogos (indispensable la efectiva voz en off) como por la fantástica interpretación de la actriz, de hecho el carisma que derrocha Kristen Bell es arrollador y no ha perdido con los años (ni con los kilos, está bien redondita tras un embarazo). Podría decir que, como la actriz, el personaje ya no es una niña, sino una mujer, pero es que realmente dejó de ser una niña desde la violación, es decir, desde el inicio de la serie. Sobre las relaciones, destaca cómo no la que mantiene con el padre. Ambos se aman y respetan profundamente, hace muchos años dejaron atrás cualquier diferencia o problema, y en esta situación también queda bien claro cómo se siente el uno respecto al otro y funcionan estupendamente los gestos de complicidad, los chistes que empieza uno y acaba el otro. La química entre los actores es vital también. El otro personaje crucial es Logan, con quien tanto ha vivido ella, en lo bueno y en lo malo. El nuevo acercamiento romántico entre ambos es algo predecible, pero como los personajes son de calidad y no se tira de ñoñerías baratas funciona bastante bien. Además hay mucho más que ese amorío, pues Logan es el acusado por el asesinato.

Dick como secundario cómico que a lo tonto acaba en todos los fregados sigue funcionando de maravilla. Mac y Wallace no tienen una gran trama, pero dan vidilla al conjunto, amén de que era indispensable mostrar los pocos amigos fieles de Veronica; y ciertamente son siempre muy simpáticos. Además en un giro bien introducido Wallace trabaja en el instituto, con lo que este importante lugar se mantendrá en la dinámica de la serie en próximos capítulos (suponiendo que los haya). De hecho la escena en que Veronica ve a una chica comiendo sola en el patio, como le ocurría a ella, es preciosa. Otras apariciones estelares están muy bien incluidas, como la divertida del detective privado Vinnie o la de quien fuera el agente Leo, con una conversación delirante. Y los que quedaban aparecen en la reunión de décimo aniversario del instituto, como Weevil, quien además sirve para dejar en el aire una secuela al sumergirlo en una trama secundaria que dejan abierta.

La investigación, aunque bien desarrollada, no resulta espectacular y como decía se desinfla en una resolución muy básica. No se logra tensión ni miedo por el porvenir de Veronica en un clímax final bastante predecible. No van a matarla ahora que acaban de resucitarla. Lo que importa es su viaje interior y la conexión con el espectador, y ahí la película funciona sin problemas. El reencuentro con los personajes queridos no decepciona, todos están en su salsa. La mezcla de detectives, adolescentes, cultura pop y el excelente sentido del humor están en buena forma. No habrá sido uno de los mejores episodios, algo difícil de lograr dado que la mitad del tiempo tenía que emplearse en reconectar con los protagonistas y lanzar historias nuevas, pero sortear hábilmente esa misma dificultad resulta otro mérito que aplaudirle a Rob Thomas. Veronica Mars, la película (ya podrían haberle puesto un título concreto) es un renacimiento bastante más efectivo (tanto en calidad como en conexión emocional) que el retorno de Firefly (su comparación más obvia), a pesar de haber sido mucho menos ambicioso… o más bien gracias a ello, porque Veronica Mars ha ido destinada al público de la serie, mientras que Serenity pretendió ser una película con entidad propia mientras a la vez trataba de cerrar la serie, y se quedó a medio camino de ambas cosas.

PD: Surrealista el cameo de James Franco.

LOS TUDOR – TEMPORADA 2.

The Tudors
Showtime | 2008
Productores ejecutivos: Michael Hirst.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Henry Cavil, Natalie Dormer, Nick Dunning, James Frain, Maria Doyle Kennedy, Jeremy Northam, David Alpay, Peter O’Toole, Jamie Thomas King, Hans Matheson, Sarah Bolger, Anita Brien, Max Brown, Anthony Brophy, Padraic Delaney.
Valoración:

La segunda temporada de Los Tudor llega con una mala noticia: la inesperada desaparición de tres actores, y por obvia extensión de tres personajes. Uno fue Henry Czerny, el duque de Norfolk, conspirador aliado de los Bolena. El intérprete no estaba de acuerdo en cómo manejaban su personaje (no se sabe por qué concretamente) y se largó, dejando jugosas tramas en el aire: terminaría poniéndose en contra de los Bolena (para salvar su pellejo), incluso dirigiendo el juicio contra ellos, y luego atacaría a Cromwell y jugaría un papel crucial en la realización del matrimonio de Enrique con Catalina Howard. Vamos, que jodió media serie. Muy profesional el tipo, sí señor. Dada su importancia me pregunto si no hubiera sido mejor buscar un actor que lo sustituyera. Otro fue Joe Van Moyland, que encarnaba al músico Thomas Tallis. Los rumores decían que se fue para centrarse en su banda musical (algo bastante irónico). Los rumores también daban vueltas a un pensamiento interesante: que viendo el protagonismo que Hirst le daba probablemente Tallis asumiría el rol del bardo Smeaton, y quizá por suerte su ausencia obligó a no dejar de lado a dicho personaje, crucial en la caída de Ana Bolena. El tercer fugado no es tan importante, pues el noble Anthony Knivert (Callum Blue) no terminaba de ganar protagonismo y de hecho ni lo tenía, porque era un rol inventado.

A este vacío hemos de sumar la muerte de un protagonista principal que copaba muchos minutos y resultaba una presencia imponente: Wolsey. Por ello da la sensación de que a la serie le faltan personajes en los primeros capítulos de esta temporada. Sobre todo se siente el vacío que Norfolk deja: Thomas Bolena está muy solo en sus maquinaciones, y pierde algo de fuerza. Por suerte pronto cambia el panorama. Llega el obispo Cranmer a dar guerra, aunque no sea ni la mitad de interesante que Wolsey, y nos olvidamos definitivamente de la falta de nobles relevantes cuando la trama se centra en la caída en desgracia de Tomás Moro y los Bolena, esta última con el protagonismo creciente de otros personajes, como los músicos Smeaton y Wyatt.

La temporada se inicia enlazando directamente con la anterior, sin cambio de rumbo ni salto temporal porque seguimos inmersos en momentos clave. Enrique presiona a la Iglesia local para que le concedan su divorcio. A pesar de la reticencia de los cardenales y obispos y las amenazas del Papa desde Italia (Peter O’Toole en unas pocas pero intensas apariciones) se rodea de fieles en el consejo, encabezados por Thomas Cromwell como Secretario del reino y el recién llegado obispo luterano Thomas Cranmer (otro Thomas más, la hostia), y no sin esfuerzo consigue convertirse en la cabeza de la Iglesia de Inglaterra. La anulación del matrimonio con Catalina no se hace esperar, y enseguida se casa con Ana y la felicidad embarga la vida del rey y de los Bolena durante un tiempo.

La reforma de la Iglesia avanza con paso firme en manos de Cromwell (un de nuevo magistral James Frain). Los monasterios avariciosos son eliminados, los nobles deben firmar un juramento en favor de Enrique y de la descendencia que tenga con Ana, empezando por su hija Isabel, lo que deja a María la hija de Catalina sin nada. Pero Tomás Moro es un quebradero de cabeza. Su firmeza en no dejar entrever qué piensa, su negación a firmar parte del tratado pero sin negar lo más importante (aunque reniegue de ello por dentro), pone a Enrique en un brete: no puede ejecutar a su mentor y amigo. El conflicto interno de Moro es complejo y difícil de interpretar, porque piensa una cosa y dice otra, lo cual Jeremy Northam refleja con el gesto y la mirada de forma totalmente verosímil. Sumando la intensidad abrumadora que imprime al apesadumbrado Moro, logra la interpretación de la temporada y una de las grandes del año televisivo, a pesar del nulo reconomiento a la serie. Con el toque final de la manipulación de Ana, la situación termina con Moro decapitado. Se llega a sentir pena por el hombre, pues por muy fanático que fuera los otros no lo eran menos.

Llegados a este punto el autoritarismo de Enrique se ha convertido en un círculo vicioso que se expone muy bien en la corte, en la política internacional y en su lucha interna, pues se halla cada vez más afligido porque por mucho que se imponga nada le sale como quiere. Los reyes europeos le dan largas en todo intento de pacto y matrimonio, porque no se fían de que pueda darle la vuelta a todo en un arrebato. Paralelamente Ana es incapaz de darle un hijo varón, y la paciencia de Enrique se agota. La caída de Moro termina por romper la barrera de distanciamiento con la realidad: se da cuenta de que ha ido demasiado lejos y se lamenta profundamente. Ve en Ana la culpa de todo, esa bruja manipuladora.

Sabiamente Michael Hirst siembra a lo largo del año las pistas o más bien excusas que se usarán para enjuiciar a los Bolena, detalles aquí y allá como las miradas de sorpresa y rechazo de las damas de Ana ante sus confianzas con Smeaton. Y el juicio es espeluznante, con las acusaciones salidas de madre como el incesto con su hermano. La interpretación de Natalie Dormer llega a su cumbre: la conocíamos vivaz y manipuladora, y ahora muestra con gran intensidad miedo, paranoia y desesperanza ante un futuro cada vez más negro. Nick Dunning impresiona también: cuando acosa a Ana da miedo, y en la caída de la familia cambia de registro de forma increíble. ¿Cómo un actor de este calibre no es mundialmente famoso? La decapitación de Ana y el exilio de su padre se toman su tiempo, mostrándonos cada paso con parsimonia. La entrada de Ana en la Torre de Londres es un plano secuencia fantástico, la estancia en la celda se hace eterna, con momento duros como cuando ha aceptado su destino y está preparada para morir pero la ejecución se retrasa por la falta de verdugo.

Apenas se ha librado de Ana y ya está Enrique encaprichado de una nueva chica, Jane Seymour. La ausencia de los Bolena recupera algo de la amistad del Duque de Suffolk, Charles Brandon, quien no veía bien el intransigente rechazo del rey hacia Catalina y María, lo que puso otra vez algo de distancia entre ambos. Catalina se sumerge en una depresión enorme, sin fuerzas para luchar. Termina muriendo con el corazón podrido, aunque hoy sabemos que era seguramente cáncer lo que le dio ese último golpe, y no la falta de ganas de vivir. María, enclaustrada también, aparece poco pero ya no es un extra, sino un personaje más, y la intérprete es todo un hallazgo. La joven Sarah Bolger logra que nos encariñemos rápido con María, aunque a veces da un poco de repelús: sus expresivos ojos y la facilidad con que muestra la aflicción hacen de ella una pequeña Catalina, es decir, una pobre desgraciada que conmueve, pero con tanto maltrato de rebote sale como fanática católica de cuidado. Lo malo es que le pasa lo mismo que a Jonathan Rhys Meyers: con su rostro juvenil parece que el personaje no envejece nunca. A este respecto el aspecto de Enrique siguen sin captarlo bien. El peinado que parece engominado y la perilla pretendían darle edad pero resultan un tanto anacrónicos.

Algunas consideraciones menores que me parecen relevantes citar son las siguientes. No me queda claro por qué Brereton cambia de idea: primero es firme partidario de asesinar a Ana, luego la sigue fielmente. También me pregunto por qué Cranmer sale en los créditos si aparece muy poco. Alguna trama secundaria, como el hermano Bolena de parranda homosexual mientras se casa para disimular, no son esenciales pero aportan vidilla al conjunto, y es un puntazo ver la frustración de la esposa.

La temporada resulta tan magnífica como la anterior. Narra varios años con gran velocidad pero sin dejar huecos: en un par de capítulos Ana tiene dos embarazos y abortos, y no da sensación de ir a saltos, sino que fluye consistentemente. La excelente conjunción de intereses personales, con cada protagonista tirando de los hilos a su manera, mueve los acontecimientos manteniendo el interés y la expectación altos, jugando con la intriga muy bien, de forma que no importa que sepamos cómo va a acabar todo, pues el relato resulta absorbente y el destino de cada protagonista se vive con muchísima intensidad.

Ver también:
Temporada 1.

BLACK SAILS – TEMPORADA 1.

Black Sails
Starz | 2014
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg, y otros.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Mark Ryan, Tom Hooper, Jannes Eiselen.
Valoración:

Black Sails es una serie de piratas avalada por Michael Bay para el canal Starz. El todopoderoso sólo pone su nombre para lanzarla y venderla, porque es por entero creación de Jonathan E. Steinberg y Robert Levine, quienes ya habían colaborado en Escudo humano. Hay un puñado más de productores, guionistas y directores, que esto es una superproducción, pero el que más destaca es el realizador Neil Marshall (The Descent, Centurion), que le ha cogido el gusto a la televisión con Juego de tronos. Se inspiran en La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, tomando algunos personajes y lugares pero yendo veinte años antes.

Estamos en 1715, en la isla New Providence en las Bahamas, un lugar famoso en plena era dorada de la piratería. En la capital Nassau se reúnen diversos capitanes para vender fuera de la ley sus mercancías robadas, a sabiendas de que el férreo control de Eleanor Guthrie sobre el lugar garantiza estabilidad y por lo tanto dinero fácil. El capitán Flint tiene un propósito complicado pero de recompensa enorme: abordar la Urca de Lima, una nave española repleta de tesoros. Pero solo los preparativos traen mil problemas y dolores de cabeza, empezando por una tripulación dividida por algunas actuaciones sospechosas; para colmo alguno de ellos ha robado el calendario donde se mostraban los movimientos del objetivo. Por otro lado, la tripulación del capitán Vane se desmiembra; el avispado Rackham y su fiel Anne Bonny son especialistas en sobrevivir, y harán lo que sea para salir a flote.

El primer capítulo, dirigido por Marshall, es bastante desalentador. Promete una aventura simplona e inmadura donde los personajes se definen a retazos con bastantes clichés y la trama brilla por su ausencia, y el citado realizador anda bastante perdido a pesar del buen trabajo de vestuario y decorados. Por suerte, simplemente parece que no supieron mostrar una aventura inicial llamativa, porque pronto se ve que la temporada crece y madura.

La ambición del producto despunta rápidamente en la ambientación. Se puede notar a veces alguna pantalla de fondo, o los barcos digitales en planos lejanos, pero no como para sacarte de la narración. Mientras que en lo real deslumbra bastante: los barcos son muy creíbles, Nassau es un hervidero de vida con montones de extras y decorados, todo súper detallado (el vestuario de hecho es impresionante) y muy bien captado por una fotografía e iluminación vistosas. Aun sin llegar a alcanzar un gran nivel en las labores dirección, mejora ostensiblemente tras el tropiezo inicial. La banda sonora de Brear McCreary, quien domina el panorama musical televisivo, es magnífica. No olvido tampoco los llamativos títulos de crédito. El único problema es que las mujeres, incluso las que duermen tiradas por cualquier parte, están siempre perfectamente limpias y depiladas al estilo contemporáneo; está claro que buscan erotismo por encima de credibilidad. Eso sí, en la recreación de la época hay un desliz aislado bastante comentado: un personaje luce unas espectaculares gafas de sol medio siglo antes de su aparición en occidente, y alejada otros tantos años del nivel de calidad que se aprecia.

Una vez pasada la torpe presentación, los personajes y sus historias cogen forma. En seguida conocemos la manera de ser de cada uno, sus ambiciones y limitaciones, y localizamos y seguimos los distintos grupos e intereses sin problema alguno. Cada sección va a lo suyo aunque tengan en común el destino de Nassau. La odisea por sacar adelante el plan de Flint es la más interesante. Constantes disputas personales, problemas logísticos como el abastecimiento del barco, los líos con el calendario… Las cosas siempre están en movimiento, el ritmo es decente y el conflicto personal resulta atractivo. Sin embargo es indudable que a veces se estanca la progresión narrativa. Llega un momento en que cansa tanta duda del segundo (Gates) y del contramaestre (Billy), y sobre todo tanto truco de supervivencia del ladrón del calendario (John Silver). Lo mismo sucede con Eleanor: por mucho que suban el nivel de dificultad de su situación al mando de la isla, una vez vista la dinámica nada sorprende. Con el pilluelo de Rackham estamos ante un panorama semejante: son solamente ocho capítulos y parece que hemos visto lo máximo que puede dar de sí su sección. Sobre el capitán Vane poco puedo decir, queda más relegado a pesar de su potencial, hasta el final no empieza a ganar protagonismo.

Flint es un rol que fascina gracias al porte del actor Toby Stephens y lo bien que capta el tono de capitán fuerte por fuera y bastante más débil de lo que parece por dentro. Hannah New como Eleanor cumple como buena profesional, pero parte de un lastre enorme: es demasiado joven y bonita para ese tipo de personaje, y cuesta creérselo. Luke Arnold es carismático, pero a la larga su pícaro John Silver es cargante; lo mismo pasa con el inteligente Rackham, en manos de Toby Schmitz, mientras que su compañera Anne Bonny es algo intrigante pero no termina de llegar a nada, y su intérprete Clara Paget cumple sin más. La prostituta Max, en manos de una bella Jessica Parker Kennedy, es pura carne para el público masculino heterosexual, al que va destinado la serie; la escena de sexo lésbico con Eleanor es lo más gratuito que he visto en este campo; y se metían con Juego de tronos… Mis favoritos tras Flint son Gates y Billy, con sus diversas disputas y dudas sobre el capitán. Mark Ryan es el mejor del reparto, se nota su veteranía, pero Tom Hopper está algo limitado, se ve que querían un cachas guaperas. Poco a poco emergen otros secundarios interesantes, destacando al imponente Zach McGowan como Charles Vane, que pide a gritos más metraje, pero por el lado malo otros también se hunden: no aportan nada el negro fiel a Eleanor ni la mujer misteriosa de Flint (ese innecesario lío con el predicador es la parte más aburrida del año).

A pesar de tener solo ocho capítulos y resultar sin duda bastante entretenida, Black Sails deja la sensación de ser un quiero y no puedo constante. Tiene elementos de sobra para ser una buena serie, pero da muchas vueltas para llegar a cosas obvias, y la intriga y la aventura tienen un potencial que se diluye un poco por culpa del dibujo poco profundo de los personajes y su escasa evolución. Pero la maduración vuelve a asomarse en el último episodio, que pega un subidón espectacular. Los líos de Flint le explotan en la cara, Eleanor sufre de todo, Vane resurge, y la tensión y el sentido de la aventura por fin son de nivel, confluyendo en una breve pero impactante batalla naval. Y las sorpresas finales prometen un punto de partida muy atractivo para el año que viene.

JUEGO DE TRONOS – REPARTO TEMPORADA 4.

Listado de personajes de la cuarta temporada de Juego de tronos. No incluyo papeles menores y extras. En la descripción de los personajes se asume que has visto las temporadas anteriores (si no, puede ser spoiler en algunos casos).

Sigue leyendo

TRUE DETECTIVE – TEMPORADA 1.

True Detective
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Nic Pizzolatto, Cary Fukunaga.
Intérpretes: Woody Harrelson, Matthew McConaughey, Michelle Monaghan, Michael Potts, Tory Kittles, Kevin Dunn.
Valoración:

Alerta de spoilers: No hay datos reveladores hasta los últimos párrafos, convenientemente señalados.–

Con True Detective el escritor Nic Pizzolatto ha lanzado su carrera a lo grande. Antes de este salto era prácticamente un total desconocido. Tenía varios premios por unos pocos relatos y una novela, pero nada tan llamativo como para adquirir fama nacional, no digamos ya mundial. Su primera experiencia en televisión fue con un par de capítulos de The Killing. Luego, no sé cómo, convenció a la todopoderosa HBO para que le financiaran True Detective. El director de los ocho capítulos que la componen es Cary Fukunaga, dado a conocer en Jane Eyre, un melodrama bastante aburrido pero bien realizado e interpretado (Mia Wasikowska, Michael Fassbender), y está claro que de ahora en adelante será también un nombre a tener en cuenta. Esta corta temporada narra un caso concreto, de haber más serán nuevos casos con distintos protagonistas, pero supongo que manteniendo una dinámica y una atmósfera semejantes, porque si no sería mejor cambiarle el nombre y decir que es una miniserie distinta.

Marty Hart (Woody Harrelson) es un detective dedicado y efectivo, pero a costa de dejar bastante de lado a su familia. Le asignan un nuevo compañero, Rust Cohle (Matthew McConaughey), cuya minuciosidad supera de largo la de Marty hasta alcanzar la pura obsesión; además es un tipo demasiado enigmático, filosófico y distante. Estamos en 1995 y el caso que enfrentan les marcará de por vida: una chica violada y profanada con simbología de un culto inventado por algún psicópata. En el aspecto enrevesado de la escena Rust ve las huellas de un asesino en serie y se obsesiona con dobles lecturas y mensajes ocultos en la simbología. En la comisaría hay presión, pues los políticos se agitan cuando los medios se ponen pesados, así que la cosa se pone más difícil todavía. Paralelamente vemos qué ocurre en el año 2012, donde los ya retirados detectives son preguntados por otros dos agentes que parecen estar investigando de nuevo el asesinato. ¿No quedó del todo cerrado? ¿Es el extraño Rust ahora un sospechoso?

Tanto a primera vista como sobre todo una vez analizada la temporada completa queda claro que el argumento y el estilo no son nuevos. Como dije en el artículo True Detective, quieto paraos flipaos, donde intentaba poner algo de sentido común a tanto exaltado que vio en esta serie una revolución cinematográfica sin precedentes, la realidad es bien distinta. True Detective es muy clásica en planteamiento, no especialmente novedosa en desarrollo e incluso predecible en su desenlace. Los referentes son claros: El silencio de los corderos, Seven, Zodiac… y en televisión se le adelantó Hannibal, que dicho sea de paso me resultó algo superior, más sugerente y fascinante. Sus dos autores hacen un ingente esfuerzo en aportar un contenido y envoltorio sólidos y vistosos que disimulen ese clasicismo, y sin duda lo consiguen, alcanzando incluso la excelencia, pero obviamente de ninguna manera estamos ante una serie rompedora.

El guión de Pizzolatto cuida con esmero el retrato de los dos personajes, atacando más la psicología que las acciones, es decir, es más relevante cómo les afecta el caso que el desarrollo del mismo. Y no por ello descuida la investigación, que atrapa con un desarrollo controlado al milímetro (debes agudizar los sentidos y la memoria para quedarte con los nombres de los posibles sospechosos), un aura de intriga constante, una atmósfera malsana, saltos temporales y giros que van añadiendo sorpresas y aumentando el alcance sin sabor a trampa, sino con tacto y comedimiento. De hecho como thriller, aun siendo muy convencional, ha conseguido tener mucha pegada, tanto que los espectadores se han volcado en la serie como si se tratase de Perdidos, buscando alegorías y pistas tanto en la trama como en las referencias filosóficas y literarias, que son numerosas.

El entorno también se expone magistralmente. La vida en las zonas rústicas de Nueva Orleans (tierra natal del guionista) parece estancarse, la miseria y pobreza van de la mano y muestran una sociedad deprimente. Tanto en la captura del ambiente como en la narrativa en general es crucial la fantástica puesta en escena de Fukunaga, de hecho estamos en uno de esos casos donde claramente la dirección destaca algo por encima del guión (Breaking Bad sería otro gran ejemplo). True Detective es puro cine: planos medios para los personajes, cuidadísima escenificación (deslumbrante en el cuarto episodio, y no solo por el plano secuencia), virtuosa fotografía que captura unos paisajes espectaculares, una banda sonora sutil acompañada de una selección musical muy atinada, unos títulos de crédito que es imposible saltárselos y finalmente un reparto poco numeroso pero colosal. Desde las primeras imágenes uno sabe que va a estar ante un producto no de primera, sino extraordinario.

Nos sumergimos en este sombrío e intrigante marco junto a los dos protagonistas, dos individuos que siguen el patrón actual donde se rehúye de héroes impolutos y de ética incorruptible: son grises, falibles, llenos de defectos, y su lado malo está casi en la superficie, se pueden descarrillar en cualquier momento y la podrida sociedad no ayuda a que su situación mejore. Una frase de Rust define muy bien su posicionamiento moral: “El mundo necesita hombres malos. Mantenemos a los otros hombres malos a raya”; y otra señala lo cerca que está del lado oscuro: “Claro que soy peligroso, soy policía. Podría hacer cosas terribles a la gente con total impunidad”.

Estos dos caracteres cautivan desde sus primeros diálogos y roces, logrando que se olvide rápidamente que la pareja de poli terrenal y poli místico no es sorprendente. La presentación de ambos juega con el misterio: sabemos poco de ellos pero lo que vamos viendo invita a esperar con ansia más información. Poco a poco conocemos la tumultuosa vida amorosa de Marty, con los predecibles pero eficaces amoríos y las consecuentes peleas con la mujer. Y con cuentagotas vislumbramos el trágico pasado de Rust, el porqué de su desapego hacia la sociedad. Saltando entre líneas temporales observamos cómo se adapta uno a la dinámica del otro, cómo les afecta el caso y dónde acaban tras tanto tiempo. La proyección de los protagonistas, a la par que la trama, mantiene un nivel altísimo, pero hay un patinazo destacable: la pretenciosa verborrea existencialista de Rust. En ese aspecto el esfuerzo por distanciarse de lo visto se acopla a un innecesario esfuerzo por ofrecer una serie más inteligente, culta y enrevesada que la media, y se va de madre en ocasiones. Casi todas las chácharas de pretenciosos delirios filosóficos no hay quien las digiera, y el contenido que se logra entrever sin duda se podía haber expuesto con más claridad y credibilidad.

Matthew McConaughey y Woody Harrelson están pletóricos, completamente entregados a unos personajes atormentados y acosados por fantasmas internos que ambos exponen de forma magistral en todo momento. El estilo que imprime McConaughey a su colgado y críptico álter ego sin duda marcará una época, y el capítulo en que se infiltra supone un hito interpretativo incomparable. Una eficaz Michelle Monaghan da vida a la esposa de Marty, un rol no crucial en la trama pero sí en el desarrollo del marido. Es el único personaje con peso más allá de la pareja, porque los jefes, los otros detectives y los sospechosos no son tratados a fondo. Hay quien se ha señalado esto como un fallo, pero yo no lo entiendo así: la serie versa sobre Marty y Rust, lo vemos todo a través de los ojos de ambos. Pero sí es cierto que se nota que el guionista a veces hace malabares para mantener el drama familiar lo justo y necesario sin romper el ritmo.

Los ocho capítulos te engullen por completo, te mantienen tenso, agobiado y expectante constantemente. El cuarto episodio lleva la intensidad creciente a un pico asombroso: la infiltración de Rust en un grupo de moteros criminales desata un clímax sensacional, sobrecogedor, que acaba con el ya famoso plano secuencia de seis minutos. Pero después de tal subidón de adrenalina el receso posterior parece demasiado largo: el relanzamiento del caso y la obligada exposición de la evolución de la familia rebajan bastante la tensión, aunque nunca hasta el punto de hablar de un gran problema. Sin embargo le sumamos que el desenlace opta por una resolución sencilla, algo convencional, y se produce la sensación de que el esfuerzo puesto en ese cuarto capítulo parece un artificio, eficaz y espectacular pero un artificio, y es imposible no pensar en que dicho esfuerzo debería haberse reservado para el capítulo final.

Este cierre de temporada está muy bien ejecutado, pero aquí destaca aún más la puesta en escena por encima del guión. Pizzolatto no fue capaz de ofrecer algo más original, o pensó que no había manera ni necesidad de ir más allá sin forzar giros o trampas que resultaran contraproducentes para la calidad y credibilidad (de hecho dice que descartó un tono sobrenatural, por suerte). Así pues, resulta un tanto predecible, aunque el trabajo de ambientación es excelente (vaya escenario) y la tensión se mantiene alta en todo momento. En cuanto a las puntadas finales en la historia personal de los dos detectives, tampoco es perfecto. Aquí se pasa de nuevo con la metafísica enrevesada, alargando demasiado unas conclusiones en el fondo interesantes pero que podrían haber sido mucho más claras, directas y por tanto efectivas. En resumidas cuentas, el final es quizá demasiado sobrio en el thriller y algo pedante en lo relativo a los personajes, pero no llega a decaer tanto como para que True Detective pierda los calificativos de cautivadora y extraordinaria. No ha llegado a ser la obra maestra que algunos vaticinaban, pero será con toda seguridad una de las grandes series del año.

Alerta de spoilers: De aquí en adelante spoilers gordos sobre el final.–

La presentación del jardinero como el hombre de las cicatrices no me convenció, pues el plano con él levantado y su frasecita de libro me pareció demasiado artificial, además de que tuve que repetir la escena porque no estaba seguro de ver las cicatrices aunque la escena dijera a gritos que era él, porque ciertamente no es que fueran muy marcadas después de tanto hablar sobre ellas. Pero lo que resultó más decepcionante es que el villano final fuera este paleto sureño de toda la vida (un redneck) en plan monstruoso y retrasado, y que su hogar también tirara demasiado de tópicos a lo Seven: llena de muñecos, simbología inquietante y basura. Prometía más el entramado de religión y política, pero el dichoso Tuttle es borrado del mapa fuera de pantalla. Aquí no sé muy bien qué pretendía Pizzolatto: es cierto que un desenlace con el clásico pez gordo también podría haber sido predecible, pero al menos era más terrenal y serio que el loco y deforme. Además los detectives pasan por completo de buscar más miembros del culto (justificándose en que son inalcanzables y ya han hecho bastante), y sabiendo que la próxima temporada no seguirá con este caso y estos protagonistas se acrecienta la sensación de que queda un cierre inferior y más abierto de lo esperado.

Por suerte, como decía, la labor de Fukunaga es excepcional. La carrera tras el asesino es inquietante, el duelo en Carcosa pone los pelos de punta y los protagonistas heridos te hacen pensar en su inminente muerte, pues una serie tan oscura tiene todas las de acabar mal. Pero el guionista prefiere ofrecer un poco de esperanza: vemos que después de todo el tormento han conseguido unirse y madurar más allá de lo que esperaban, que han encontrado algo de luz en la oscuridad. Es un cierre para los detectives que me gusta mucho, pero como también indicaba, de nuevo el diálogo pretencioso frena la verosimilitud y fuerza del momento. No hacía falta tanta palabrería para mostrar algo tan obvio, y el epílogo se alarga más de lo necesario.

En cuanto a las muchas lecturas y misterios que se ha empeñado en señalar la gente, solo veo uno digno de mención, el resto son bastante rebuscados (como la teoría de que Marty forma parte del culto, es decir, es uno de los culpables, algo realmente ridículo incluso antes de ver el final). La escena en el almacén de Rust, donde muestra a Marty las pruebas recopiladas, parece indicar que la chica del video es la hija de este último. Las pistas a lo largo de la temporada son claras: un posible desorden sexual mostrado cuando era niña (con los dibujos obscenos y las posiciones de sus muñecos en plan violación en grupo) y luego de adolescente (con el sexo desenfrenado en un trío). De hecho Marty enseguida va a ver a su ex y las niñas… pero de esa escena en adelante el tema se olvida por completo: Marty simplemente se despide porque va a meterse en un caso muy feo, no se ve que arrastre ninguna preocupación o ansias de venganza por la hija. Es decir, parece que finalmente es una sucia jugada del despiste digna de Perdidos. A los fans, entre los que me incluyo, no nos ha sentado nada bien.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
V. GUION PERFECTO
VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
–>VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

Que se describa como una serie muy exigente puede asustar, de hecho muchos espectadores tardan en ponerse con ella porque oyen hablar de lo densa y lenta que es, como si fueran dos puntos negativos. No lo son. Es densa de una forma que atrapa, pues te envuelve con su detallismo y profundidad y te arrastra a su mundo tan verosímil y atractivo. Y no es lenta en el sentido de pesada o poco movida (como sí lo son en ocasiones otras buenas series de la cadena, como Deadwood o Boardwalk Empire), sino porque no es de acción trepidante. En realidad engancha con fuerza: la vorágine de acontecimientos te arrolla de tal forma que no puedes dejar de mirar, quieres saber más, quieres ver cómo se desarrolla tal historia, qué será de tal personaje, quieres conocer más de Baltimore y sus gentes.

Otro aspecto difícil de superar son las expectativas. Cada vez que alguien menciona The Wire lo hace tildándola de imprescindible, de obra maestra o incluso afirmando que es la mejor serie de la historia (yo creo me sigo poniendo por encima Urgencias y Babylon 5), y claro, quien la aborde esperando que desde el primer minuto colme sus expectativas puede salir escaldado, porque su inicio requiere esfuerzo y paciencia. Quien esté acostumbrado al tono de la HBO no tendrá muchos problemas, pues como todas sus producciones requiere una degustación paciente y ser analizada por la temporada en conjunto, no a través de episodios sueltos y menos aún desde las primeras impresiones. El capítulo piloto es un río de nombres y lugares que, en su esfuerzo por seguir, puede opacar la grandeza de un episodio que ejemplifica muy bien el grado de perfección de la serie. Además, tanta riqueza y calidad garantiza que los siguientes visionados se disfrutarán a otro nivel.

Los capítulos nunca bajan de los 58 minutos de duración (frente a los 42 estándares en la televisión en abierto y la media de 50-55 de las privadas, hablando de EE.UU., claro), pero raro es el espectador que, una vez caído en sus garras, no se ve varios de una tacada, porque el visionado de The Wire es probablemente el que más fidelidad gana de todas las series que he conocido: por muy buena que sea una producción, siempre tendrá gente que se ha aburrido, o que no conecta con su estilo, o a la que no le atraen los personajes… The Wire en cambio tiene una tasa de éxito de casi el cien por cien, según mi experiencia leyendo artículos y opiniones durante años por internet. Por supuesto, siempre hay quien no concecta de primeras y no le da una oportunidad.

La única dificultad que considero importante a la hora de abordarla es el tema del doblaje. Entiendo que haya quien prefiere ver películas y series en castellano antes que en un idioma que no conozca bien, por muchos subtítulos que traiga. Si no entiendes un mínimo del idioma hablado es un esfuerzo que no está hecho para todos; yo mismo reniego de los doblajes pero los prefiero a la hora de enfrentarme a producciones en idiomas que no sean en inglés. En esta lengua entiendo casi todo y el subtítulo es un apoyo (el argot de los barrios es complicado), así que tengo la ventaja de poder disfrutar de la obra sin tragar una versión que puede ser de poca calidad… y en The Wire hablamos de muy poca calidad.

El doblaje se hizo para TNT (canal de pago que emite a través de varias plataformas) con cuatro duros, y aunque se agradece enormemente que tuvieran la deferencia de emitirla en España mientras el resto de cadenas pasan demasiado de las series de calidad, el resultado está lejos de alcanzar un nivel aceptable. Ninguna voz tiene la más mínima concordancia de tono y entonación con el personaje, de lo mal que quedan los diálogos no parece que salgan de ellos; y por lo visto hay varios cambios de actores para un mismo personaje, con lo que resulta más cutre aún. Además desaparece el estatus social, pues el acento y el lenguaje callejero se apaña de mala manera: no habla igual un negro del gueto que un abogado blanco, pero en el doblaje es todo plano y desganado. Y no quiero saber cómo será la traducción en cuando a fidelidad y errores. Así que me da igual todo lo que he dicho antes: The Wire pide a gritos hacer el esfuerzo para verla en versión original, porque se pierde demasiado con la versión española.

Para terminar esta larga presentación de la serie quiero decir que es muy triste que, después de la fama que ha ido adquiriendo, ninguna cadena en abierto la doblara en condiciones y la emitiera en un buen horario. Pero si en este país han maltratado emisiones como Urgencias, El Ala Oeste, A dos metros bajo tierra y Los Soprano, qué se puede esperar. Aquí me encuentro ante la eterna e indescifrable cuestión de si la televisión en abierto la hacen tontos o la hacen para tontos, pero sí diré que pienso que, viendo lo que se cuece por internet, espectadores para series de calidad hay de sobra pero no saben ganárselos, y hace muchos años que han dejado de hacer el más mínimo esfuerzo para ello porque la masa idiotizada da resultados rápidos y fáciles (los Gran Hermano y variantes salen muchísimo más baratos que hacer o comprar una serie). Por suerte, en dvd lleva editada varios años (el pack completo creo que es del 2010), y debe de vender muy bien, porque siempre se ve en muchas tiendas. Además han sacado el bluray remasterizado también en España, en 2015.

Para ver The Wire no hay que ser más o menos inteligente que la media, pero desde luego hay que tener una visión cultural y unos intereses que abarquen más allá los productos vacuos de moda (los procedimentales clónicos sin profundidad alguna, la serie española casposa de turno, los realities y demás basura). Que se joda el espectador medio es la famosa cita con la que David Simon describe a la perfección la revolución televisiva que se ha dado desde las proximidades del año 2000, con su The Wire en la cima.