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THE KNICK CANCELADA.

Me puse a buscar la fecha de estreno de la tercera temporada de The Knick, la serie de Steven Soderbergh protagonizada por Clive Owen, pues me parecía estar retrasándose… y vaya si iba retrasándose, porque de haberse estrenado, atendiendo a las fechas de los dos años previos, hubiera sido seguramente en octubre de 2016. Con tanta serie uno se despista…

Pero en vez de fecha de estreno me encuentro con que fue cancelada, eso sí, en marzo de este año. La excusa oficial del canal Cinemax es que quieren centrarse en la acción, género del grueso de sus series, pero viendo la tardanza me imagino que habrá habido negociaciones largas donde al final no se concreta nada y se da por cancelada.

Fuentes: Hollywood Reporter. En castellano: El Mundo.

THE KNICK – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Cinemax | 2015
Drama | 10 cap. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Gregory Jacobs, Steven Soderbergh.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Juliet Rylance, Eve Hewson, Cara Symour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Michael Angarano, Jeremy Bobb, Grainger Hines, Charles Aitken.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo esbozo las tramas del año.–

La vida en el hospital Knickerbocker sigue adelante con cada protagonista enfrentándose a sus demonios internos y a las zancadillas de un mundo hostil: las exigencias del trabajo, los problemas sociales, los conflictos con otros (familias, compañeros)… A duras penas consiguen mantener control sobre sus vidas y mucho más complicado es perseguir la felicidad. Y los guiones de Jack Amiel y Michael Begler mantienen el tono trágico y oscuro y la determinación de no ser idealistas con el retrato de una época muy dura, con lo que a los personajes les cae de todo encima.

Algernon continúa luchando contra el racismo imperante que le niega un futuro a pesar de sus grandes habilidades como cirujano. Cornelia sufre el matrimonio de conveniencia para mantener a flote la familia, y queda a merced del exigente padre de su esposo, con lo que la vida como mujer independiente y trabajadora parece escapársele de las manos a pesar de sus esfuerzos. La joven enfermera Elkins aprende a hacerse un hueco en el mundo de los hombres abriéndose de piernas, desoyendo los consejos con los que podría evitar tropezar en los errores que cometen muchas (elegir hombres equivocados, jugártelo todo a la baza de la sensualidad, etc.). La hermana Harriet enfrenta otras imposiciones sociales dañinas: la prohibición del aborto trae muchas desgracias, en especial para ella al ser pillada practicándolos.

La ciencia médica está en pañales y tiene tanto aciertos como patinazos monumentales (horrible el periplo de la mujer de Gallinger con los psiquiatras), y los avances conllevan mucho esfuerzo y sacrificio, con fracasos que perseguirán como fantasmas a los cirujanos (las visiones de Thackery con la chica). Chickering trata de labrarse una carrera lejos del caos que genera Thackery, pero también echará de menos su energía y pasión. Gallinger cree que Algernon le está quitando oportunidades, y se reafirma en su racismo para tratar de luchar contra él, embarcándose en los ideales de la eugenesia. El viaje de Thackery con las drogas sigue causando estragos en su vida personal y laboral, con lo que su ambición y visión pende de un hilo constantemente: podrían pillarlo y echarlo, puede pasarse con la dosis y acabar muerto, o hacer locuras fruto de la enajenación mental.

Hay otras historias más secundarias y muchas veces ajenas al resto, pero nunca parecen descolgadas y siempre resultan muy entretenidas, por no decir que también exponen temas interesantes de la época. La aventurilla de Tom Cleary, el conductor de ambulancia, con la hermana Harriet, es divertida y emotiva, lo que sirve para aligerar este dramón, pero ya de paso muestran algunos problemas básicos de aquellos tiempos: las relaciones y las vida de las clases bajas. Barrow continúa tratando de llevar la administración del hospital de forma que pueda sacar tajada, y la construcción del nuevo edificio es una mina de oro de especulaciones y robos. También va cobrando protagonismo Henry Robertson, hermano de Cornelia, uno de los miembros del consejo del hospital.

Como en el primer año, el mosaico de personajes realistas y complejos resulta fascinante, lo que sumado a la notable recreación de la época conforman un drama magnífico… aunque no impecable. En el tramo final el nivel baja ligeramente, perdiendo algo de intensidad y acumulando algunos fallos y decisiones cuestionables (muy pocos, eso sí). Hay una escena bastante malograda, aunque la intención fuera buena: Gallinger cambiando el frasco de medicina para hacer que Algernon falle es un giro clásico pero que no habría desentonado si no se hubiera ejecutado tan mal, porque lo hace delante de decenas de testigos y tenemos que creernos que nadie se da cuenta. Otra trama muy convencional sirve para cerrar el arco de los Robertson: el secreto oscuro que parece señalar a un personaje y finalmente en un giro repentino recae sobre otro resulta demasiado forzado e impropio de una serie que normalmente desarrolla las tramas de forma más verosímil, aunque tenga giros un tanto brutos a veces (como la que lía Barrow con su mujer y la prostituta). También supone un tropiezo la aparición de la esposa de Algernon, metida con calzador de mala manera para luego no aportar nada; no sé qué pretendían con esta historia, y la cosa empeora porque ella es bastante cargante.

Donde no hay pegas en la espléndida labor de Steve Soderbergh, que se encarga él solito (como hace siempre) de la dirección, fotografía y montaje, un trabajo que debe de ser arduo porque son diez horas por año. La materialización de la época es excelente gracias al estupendo vestuario y las abundantes localizaciones bien maquilladas (ayuda que los edificios de muchos barrios sean del estilo de los años retratados, desde luego), pero lo que destaca es el aspecto visual experimental y vanguardista que lejos de descolocar o parecer artificial ayuda a crear una atmósfera deslumbrante sin perder autenticidad: cámara en mano, iluminación natural y un gran esfuerzo por realizar escenas complejas de forma que parezcan fluir con espontaneidad nos sumergen en la serie como si estuviéramos al lado de los personajes.

Esta cámara en mano es la mejor labor de este estilo que he visto hasta ahora. Muchos realizadores se estrellan pensando en que basta con llevar la cámara de acá para allá y agitarla en las escenas de acción. Pero no, la escena debe ser trabajada, debe materializarse a través de una combinación de elementos que traten de transmitir las emociones buscadas. Y Soderbergh le ha cogido el punto de forma impresionante: los planos amplios y el montaje moderado recuerdan al cine clásico, donde los personajes se mueven por la escena y el enfoque de la misma persigue transmitir tal o cual sensación. Pero la combinación con ángulos extraños, movimiento constante y mucha composición sutil le confieren un estilo único donde logra numerosas secuencias que son auténticos portentos de la narrativa. Un gran ejemplo es el discurso que recibe Cornelia de su suegro: ella sentada en el tocador, él de pie tras su espalda, una mano apoyada en su hombro; él es el único que habla, pero la cámara sólo la enfoca a ella bajo una sombra amenazante que la priva de libertad. Pero así las hay por docenas, incluso algunas que parecen directamente un vacile, como el largo plano secuencia en la feria. No me olvido tampoco de otro elemento en principio discordante: la música electrónica de Cliff Martinez le va como anillo al dedo, aunque me temo que no parece haber compuesto temas nuevos para este año. Y finalmente hay que alabar también la notable interpretación de todos sus intérpretes, aunque si hubiera que citar a alguno yo me quedaría con Clive Owen (Thackery) y Juliet Rulance (Cornelia).

Actualización 06/07/17: En marzo Cinemax canceló la serie

Ver también:
Temporada 1.

THE KNICK – TEMPORADA 1.

The Knick
Cinemax | 2014
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Steven Soderbergh, Gregory Jacobs.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Jeremy Bobb, Juliet Rylance, Eve Hewson, Michael Angarano, Cara Seymour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Maya Kazan, David Fierro.
Valoración:

Nueva York, año 1900. El nacimiento de la ciencia médica moderna cambia el mundo por completo. Los hospitales se reinventan sobre la marcha según las novedades van apareciendo. La electricidad, máquinas y tecnologías (como los rayos X) llegan para quedarse y apoyan con fuerza el resurgir del cirujano, que basándose en el método científico descubre enfermedades, curas y técnicas a diario. Y la sociedad empieza a disfrutar las mejoras en la calidad de vida, aunque sea lentamente, porque la barrera de la pobreza y la ignorancia siempre frenan el progreso.

La serie se inspira en hechos, lugares y personajes reales. El hospital Knickerbocker, el cirujano protagonista (basado en William Stewart Halsted) y alguno de sus hallazgos más relevantes sirven como punto de partida para ofrecer un retrato de la época muy realista, que no se anda con corrección política modernista (el racismo es un tema serio, no se resuelve en un giro simplón) ni endulza las miserias, problemas y brutalidad de aquellos tiempos. Es bastante más oscura y dura que Copper y Ripper Street, por citar dos de épocas semejantes. Y como impera en la buena televisión actual, los personajes no solo están llenos de humanas contradicciones y tienen un lado oscuro, sino que pueden ser unos verdaderos hijos de puta, o unos miserables, o unos matados de la vida que sobreviven como pueden aunque sea a costa de pisotear a otros.

Estos protagonistas luchan a diario contra un sinfín de problemas y limitaciones, destacando las costumbres de la época y las propias fallas personales. La resuelta Cornelia (Juliet Rylance) puede ver frenada su prometedora carrera si se casa como obliga la sociedad y la familia. El racismo niega oportunidades a un médico tan dotado como Algernon (André Holland), y no digamos la que se lía con las revueltas, donde hasta la policía persigue a la gente de color. El dilema moral de la monja Harriet (Cara Seymour) con el aborto genera conflicto constante entre su fe y la realidad social. El gerente Barrow (Jeremy Bobb) y sus problemas monetarios lo tienen siempre al límite y en terrenos pantanosos (prestamistas de mano dura). El cirujano Gallinger (Eric Johnson) lidia con una tragedia familiar que no parece tener fin, que siempre va a peor (terrible el destino de la esposa). El joven ayudante de cirujano Bertie (Michael Angarano) trata de crecer a la sombra de un padre dominante y un cirujano jefe que anda entre la genialidad y la locura. Este líder es Thackery, el protagonista principal, un enorme Clive Owen dando vida a un visionario cuya ambición es tanto su mayor virtud como su mayor maldición. La obsesión por ser el mejor le provoca celos, manías, errores y vicios que precisamente limitan su potencial. La cocaína es su sustento, porque una carrera tan fulgurante destrozaría a cualquiera sin energías extras, y el opio su forma de desconectar y evadirse, pero el precio a pagar por esos excesos promete alcanzarlo tarde o temprano. Ni siquiera la nueva enfermera, la joven Lucy Elkins (Eve Henson), que se interesa por él, parece que pueda traerlo de vuelta al buen camino.

Todos los personajes son magníficos en su dibujo inicial y mejoran a ojos vistas con su progresión. Los primeros capítulos se basan en su empaque para mantener el interés, porque como es obvio se necesita tiempo para presentar la época, el ambiente del hospital, las relaciones entre sus habitantes, el tono del relato y las tramas que se van a desarrollar. Podían haber empezado con algún golpe de efecto que diera más ritmo, porque es cierto que empieza muy despacito, pero lo que hay basta para ganar a cualquier espectador paciente. Y el esfuerzo pronto da resultados, porque no hace falta esperar a la segunda temporada para ver desplegado todo su potencial. A partir de su ecuador ya no hay vuelta atrás, te gana por completo con la evolución trágica de sus protagonistas y el ritmo cada vez más intenso y agobiante. El tramo final es soberbio, tanto por ese capítulo casi de relleno que supone uno de los mejores del año televisivo, el de las revueltas racistas, como porque la trayectoria de los caracteres alcanza su punto álgido. La caída en desgracia de Thack es impresionante, pero los demás no se quedan atrás, sea los que se ven arrastrados con él o lo que viven sus propias miserias (la que lía Barrow para intentar salir de su bache, por ejemplo).

Si el guion de Jack Amiel y Michael Begler es certero en la descripción del entorno, la composición de personajes y la maduración de las historias, la puesta en escena de Steven Soderbergh termina de redondear la serie. El realizador dejó hace tiempo lo comercial para decantarse por el cine de autor y la experimentación variada, aunque alguna vez ambas cosas han coincidido (Contagio), y ha visto claro que una serie de televisión tiene mucho más margen que un largometraje, de hecho aquí da rienda suelta a su vena juguetona y se marca una puesta en escena realmente atrevida y arriesgada. Desde los primeros planos se ve que hace suyo el producto… pero ni mucho menos se impone sobre el material escrito, pues lo capta con respeto y cuidado. La puesta en escena apuesta sin miedo por la cámara en mano, los encuadres inclinados o desde alturas no habituales, la música es en apariencia anacrónica (Cliff Martinez mantiene la onda electrónica de Contagio)… pero todo ello se hace con gran dominio de la narrativa, con un objetivo claro, no solo para vacilar, de forma que, aunque de primeras pueda parecer un envoltorio excesivo, pronto se ve que da buenos resultados, de hecho muy buenos, pues se consigue un aura de irrealidad que funciona muy bien a la hora de trasladarnos a una época remota y un ambiente malsano lleno de tragedias.

Por cierto, el plano final es una verdadera genialidad del humor negro.