ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 1.

Netflix | 2013
Drama, comedia | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

A sus treinta y pocos años Piper Kerman (en la foto) parecía una mujer normal. Blanca de clase media-alta, familia llena de titulados en la universidad, prometida a su novio… Pero resulta que años antes, decidida a disfrutar de la vida al acabar los estudios, tuvo un romance con una mujer que se dedicaba al narcotráfico. Cuando aquella fue detenida acabó arrastrada a la cárcel también, por colaborar llevando dinero, con una condena de 15 meses. Como no es un viaje muy habitual dado su estatus social, sus amigos y familiares se interesaron mucho por sus vivencias, con lo que acabó escribiendo un libro: Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison (Naranja es el nuevo negro: mi año en una prisión para mujeres). Fue un gran éxito y le llevó a dar charlas sobre los derechos de las mujeres encarceladas, y pronto su historia también acabó en televisión. Jenji Kohan tomó las riendas de un proyecto que se ajustaba mucho a su experiencia, pues Weeds era otra dramedia centrada en una mujer en apariencia normal que se dedicó a las drogas. La serie se produjo para Netflix, y resultó un éxito inmediato: fue la más vista en la por ahora corta historia de este canal de video bajo demanda (te suscribes y ves lo que quieres cuando quieres por internet), superando a House of Cards a pesar de no tener publicidad ni un reparto famoso ni inicialmente el beneplácito de la crítica, que suele inclinarse demasiado por las modas.

Hasta Orange Is the New Black no me había parado a pensar que no hemos visto ni en cine ni en televisión producciones llamativas que muestren la vida en las cárceles de mujeres. Es un género dominado por hombres, con las míticas Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994) y Oz (Tom Fontana, 1997) a la cabeza. Pero cuando ha llegado esta serie de repente me he dado cuenta de cuánto se echaba en falta el punto de vista femenino, vacío que llena de forma que será difícil encontrar otra producción que le haga sombra, porque apunta muy alto. Esta perspectiva expone tanto la forma en que las mujeres ven el mundo como los problemas relacionados con el género (abusos desde la parte masculina, principalmente) a través de historias muy realistas y llenas de detalles cotidianos. No falla tampoco en el análisis social y la crítica al sistema, pues saca a relucir la inmundicia de las cárceles estadounidenses y las carencias enormes del Estado y la sociedad a la hora de reconducir a los delincuentes. Como en Oz, queda claro que las prisiones son un almacén para olvidar a gente descarriada, que el gobierno no pone esfuerzo monetario y humano para arreglar las cosas y el pueblo está adormecido y no mueve un dedo para cambiar la situación. Sobre la influencia de Oz es difícil saber cuánto debe a ella y cuánto es casualidad por temática; tienen en común el tono realista, la crítica al sistema y mostrar mediante flashbacks qué hicieron las presas, entre otras cosas.

La serie ha acertado de pleno en dos formas de narración muy populares en esta era dorada de la televisión. La dramedia, es decir, comedia más drama, permite ofrecer una perspectiva de drama real pero con un tono de aventura distendida. La sonrisa es constante en cada episodio y da para carcajadas en no pocas ocasiones, y el drama es ligero pero no por ello superficial, de hecho la complejidad y profundad de todas las historias narradas es enorme, pero nunca llega a resultar un relato oscuro o duro, siempre tiene un punto socarrón y prima la aventura realista y pragmática sobre la tragedia humana.

El otro punto destacable es no mostrar buenos y malos muy marcados, sino tener protagonistas grises que pueden tanto cometer atrocidades como dar lo mejor de sí mismos. Ni las internas más peligrosas ni los guardas más duros hacen la función de villanos, es decir, de enemigos para las protagonistas y roles que odiar por el espectador, sino que son otro ejemplo de cómo la sociedad y las circunstancias y nuestras limitaciones nos moldean y nos pueden llevar a actuar desviándonos de la ética. Así, los guardias no son puestos como hijos de puta sádicos sin más, sino como seres tan falibles como los demás personajes. Cuando Healy (el más representativo en esta etapa) manda a aislamiento o maltrata psicológicamente a Chapman no se siente asco y ganas de que se vengue de él, sino indignación porque el sistema permita esa situación y lástima porque él no ha sido capaz de manejar sus problemas mejor y lo ha pagado con alguien más o menos inocente.

También ha sido muy inteligente mantener un reparto coral, no centrar el protagonismo exclusivamente en Piper Chapman (álter ego de Piper Kerman), algo esperable dado el material de origen. Su punto de vista es el principal, y como personaje central resulta memorable, pero el repertorio de secundarios es delicioso y el protagonismo está muy repartido. Todas las presas, desde la más loca a la más tranquila, tienen una personalidad definida a la perfección desde su primera aparición, y aunque por ahora no haya habido una gran evolución de personajes (exceptuando a Piper), poco a poco las relaciones y formas de ser van respondiendo a todos los eventos que van sucediendo en las numerosas tramas principales y secundarias. Es imposible no implicarse con las simpáticas Lorna y Nicky, seguir con interés la fachada de dura de Red, flipar con los tropiezos de guardas como Pornomostacho o Healy y disfrutar con los líos entre grupos (latinas, negras, blancas rednecks -paletas sureñas-).

Es difícil destacar a alguna actriz secundaria, todas son bastante desconocidas pero cumplen de maravilla mimetizándose completamente en sus personajes. La más reconocible y relevante es quien interpreta a la exnovia de Chapman (la traficante de drogas Alex Vause), Laura Prepon, quien fuera la pelirroja de Aquellos maravillosos 70, una comedia sencilla pero con bastante buen reconocimiento. Los hombres, más escasos, también cumplen (Michael Harney como Healy está soberbio), pero en este lado está el único punto negativo de la serie: el novio de Piper supone el único actor mal elegido. De verdad no sé cómo se coló en tan cuidado casting un manta como Jason Biggs (saga American Pie…), quien desaprovecha un buen personaje con su nula expresividad (se supone que está sufriendo la situación, pero su interpretación no lo refleja) y la ausencia total de química con Taylor Schilling (Piper).

Pero incluso en este rico panorama el rol principal, Piper Chapman, destaca resultando un personaje que sin duda va a hacer época. Siendo blanca, rubia, con estudios universitarios y bastante culta (las referencias a la cultura pop abundan, por cierto) da mucho la nota incluso en una prisión de mínima seguridad, y pronto su personalidad narcisista y victimista le hará pasar por varios encontronazos. Pero esa propia inteligencia y educación completa le permitirá adaptarse rápidamente y contar con ciertas ventajas. El choque de culturas y la extraordinaria situación que vive se exponen magistralmente en el episodio piloto, un capítulo memorable que atrapa por completo para el resto de la temporada. El proceso de adaptación es riquísimo en vivencias e interés, y en el tramo final empieza a plantar cara, a volverse más dura.

La interpretación de Taylor Schilling (dada a conocer en el poco exitoso drama de hospital Mercy) es la que necesitaba este rol: está plenamente sumergida en Chapman, consiguiendo un personaje fascinante desde el primer instante. Sus miedos quedan expuestos con una sola mirada, y el proceso de adaptación y superación va mostrándolo con gran habilidad. Junto a la otra gran mujer del año, Tatiana Maslany (Orphan Black), supuso toda una revelación y uno de los mejores papeles de las últimas temporadas televisivas, llegando ambas a recibir nominaciones a los Globos de Oro a pesar de que la crítica pasó bastante de sus series en favor de las más cercanas a las academias de premios. Aunque luego hicieron el ridículo dándoselo a Robin Wright por House of Cards en vez de a uno de estos dos portentos. Es una vergüenza que poco a poco el boca a boca va poniendo en su sitio: Orange Is the New Black fue probablemente la mejor serie del año y Taylor Schilling merece todas las alabanzas que se te puedan ocurrir.

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2 Respuestas a “ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 1.

  1. He visto ya dos episodios de la segunda temporada, y creo que llega con tanta fuerza como la primera o más! Aquí os dejo el post que le dediqué ayer en mi blog a esta fantástica serie ;)

    http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/06/el-naranja-esta-de-moda.html?showComment=1402384713091

    Saludos!

  2. Bajando está, preveo maratón.

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