Archivo mensual: enero 2012

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 2.

The Good Wife
CBS | 2010-2011
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy, Ridley Scott, Tony Scott.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Titus Welliver.
Valoración:

Me sorprenden las buenas críticas que recibe esta serie, adulaciones que además se han incrementado en su segunda temporada. Yo no veo que sea para echar cohetes. Sin duda es un entretenimiento inteligente, bien escrito y mejor realizado, pero tiene una lista de fallas bastante importantes. Tampoco encuentro evolución cualitativa alguna, es decir, no se pulen los problemillas que arrastraba la primera temporada, salvo algunos detalles relativos a unos pocos personajes. Se ha limitado la presencia de los hijos, y me alegro, porque ya no había mucho que contar y lo que nos mostraron anteriormente rozaba el ridículo, con esa insoportable moralina tan alejada de la realidad que tienen en Estados Unidos (¿pero cómo te vas a interesar por el sexo si eres un adolescente?); y por el lado contrario se potencia la presencia de Eli, porque el personaje y el actor (Alan Cumming) deslumbraron en sus primeras apariciones y no han querido desaprovecharlo. Tiene su lado malo, porque el marido de Alicia termina siendo absorbido por su figura (Cumming se ha ganado merecidamente la etiqueta de roba escenas) y alguna parte de la campaña queda algo coja por ello (es que hay veces que ni aparece, incluso en momentos cumbre).

Por lo demás, todo lo que pueda decir ya lo comenté extendidamente en la primera temporada, pues como digo sigue exactamente el mismo patrón. Los capítulos narran casos sueltos, aunque a veces algunos personajes (sobre todo los abogados) y determinadas repercusiones aparecen de nuevo. Son juicios que tratan temas muy de actualidad, bien desarrollados para el escaso tiempo que tienen, pero que a veces arrastran demasiado esas prisas y el tono de procedimental y, sobre todo, prácticamente ninguno deja huella. Se ven porque son entretenidos pero no calan lo más mínimo. Y entre medio tenemos la trama seriada. En dosis ínfimas. Alargada a veces demasiado, diluida, retenida de forma que muchas veces pierde credibilidad y en otras ocasiones resulta repetitiva hasta el hartazgo (cuántas veces va Kalinda a ver a Cary con excusas poco sólidas, por ejemplo). Lo mismo comenté en el primer año: no dejo de pensar que el estilo de drama estándar en vez de uno tan aferrado al procedimental hubiera sido mejor, aunque claro, entonces habría que ver si serían capaces de desarrollar estas historias sin meter otro tipo de rellenos, porque hay demasiados capítulos que realizar.

Lo bueno es que, como también indicaba anteriormente, los guiones, dentro de sus límites, son francamente buenos. Es decir, miden su tiempo de forma excelente, mueven a los numerosos protagonistas muy bien por la historia (salvo las citadas apariciones forzosas para cumplir con el esquema) y juegan bastante con sutilezas (diálogos con segundas, miradas, etc.) gracias a la excelente construcción de personajes… Pero precisamente eso agrava la sensación de que la serie está como enjaulada en unas directrices demasiado estrictas que le impiden explotar su potencial al completo. Sea como sea, hay algunas buenas tramas para recordar: Kalinda y sus secretos, Cary y sus intrigas, los líos en la dirección del bufete (sin duda lo mejor de la serie) y algunas líneas secundarias relativas a casos y abogados (las apariciones de Michael J. Fox) sobresalen entre todo el relleno y estiramiento descarados. También hay alguna cosilla digna de enterrar, como el episodio dedicado a Chávez, penoso de arriba abajo: parece escrito por un adolescente sin conocimientos sobre el mundo que le rodea que ha ido mostrando tópicos cutres sobre la política (ayyy, qué malo es el socialismo) y clichés casi xenófobos sobre extranjeros; y no olvido esa forma de sacar y no sacar a Chávez que resulta tan ridícula.

Como aportación nueva sí quiero añadir otro escollo que queda bien patente este año: la propia protagonista principal. Se supone que todo debería girar a su alrededor, que todo lo vemos a través de ella… Pero en realidad parece un simple nexo en la trama, la excusa de la serie para contar temas de abogados y de política. El personaje es el que menos potencial tiene y resulta también el menos desarrollado. Es un carácter frío, y no porque lo hayan descrito así, sino porque no transmite nada. ¿Qué piensa, por qué hace las cosas que hace? No sabemos nada de ella, no se nos muestra correctamente su forma de ser. Y eso se agrava este año, porque había más historias que requerían su actividad; y no hace nada, no pasa nada. Al final echa al marido, porque no queda otra y era imposible alargarlo más, pero siguen pasando muy por encima de sus sentimientos, sin dejar claro cómo le afecta la situación, qué espera conseguir, cómo prevé que afectará a su vida social y laboral, etc. Lo peor claro está es la clásica relación en tensión, con Will, su jefe. Alargada, desviada, olvidada, desarrollada a trompicones y rematada de forma tan previsible como precipitada (y a pesar de ello, no sé por qué la gente quedó encantada con las escenas finales). Sinceramente, el resto de personajes (sobre todo Eli, Kalinda, Cary y el marido) se comen al Alicia con patatas. Si no estuviera la serie podría funciona igual… o incluso mejor. Es más, si la actriz Juliana Margulies no fuera tan competente, podría haber sido algo catastrófico.

Para terminar, quiero recalcar de nuevo que en la puesta en escena no hay problema alguno. La realización es impecable, con una dirección que siempre maneja a la perfección el ritmo de los episodios, exprimiendo una fotografía y montaje de gran nivel, y los actores son todos figuras de demostrada calidad.

Me pregunto si me pasará como con CSI: también me entretenía muchísimo, pero a la larga el formato repetitivo y la falta de evolución me cansó y terminó resultándome una producción demasiado cargante. Es decir, pienso que The Good Wife tiene poco margen para pasar del pasatiempo al olvido.

Ver también:
Temporada 1.

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NUEVO TRAILER DE JUEGO DE TRONOS.

Ya tenemos un nuevo avance o teaser trailer de la segunda temporada de Juego de tronos. Muchas imágenes veloces pero escasa presentación de personajes y situaciones, hacen de él algo espectacular pero vacío. Esperaba que al menos repasara los nuevos protagonistas y colocara a los viejos (esto último lo hace en algnos flashes rápidos y confusos).

Podéis verlo en Youtube.

En marzo se espera un especial de quince minutos y en abril se estrena la temporada.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 1.


American Horror Story
FX | 2011
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Dante Di Loreto.
Intérpretes: Connie Britton, Dylan McDermott, Evan Peters, Taissa Farmiga, Denis O’Hare, Jessica Lange, Frances Conroy, Kate Mara, Alexandra Breckenridge, Matt Ross, Lily Rabe.
Valoración:

Nunca he sido amigo del género cinematográfico del terror, sea suspense, casas encantadas, fantasmas o asesinos en serie, básicamente porque pocas películas buenas da, el resto son sagas repetitivas hasta el hartazgo que además no meten ni pizca de miedo y arrastran un estilo que está demasiado anclado en unos parámetros y clichés que rara vez son sobrepasados. Cintas como Al final de la escalera, Señales o El Sexto sentido, verdaderas genialidades capaces de dejarte tiritando durante días, son escasas. Lo normal son los refritos vulgares y anodinos tipo Saw o Insidiuos.

Curiosamente, en televisión es un estilo muy poco explotado. De hecho, prácticamente inexplorado. Pocos títulos de suspense, que no de puro terror, soy capaz de recordar de memoria: Expediente XCarnivàle o American Gothic (América oculta, una obra de culto muy desconocida). Iba a decir que es sorprendente que sea en este medio donde se han roto los esquemas del género, pero lo he pensado mejor, porque es precisamente en la televisión actual donde hay más posibilidades de ver algo original y valiente. Sea como sea, la llegada de American Horror Story es un fascinante soplo de aire fresco que, aunque nunca llegue a despuntar como una serie de las de enmarcar como obra maestra, se alza como una de las propuestas más rompedoras y extrañas de los últimos años.

El primer episodio es una declaración de intenciones notable, pero apenas es un atisbo de lo que está por venir. La puesta en escena psicodélica y los fantasmas y vecinos molestos son sólo un aperitivo. Pronto todo empieza a crecer. Los fantasmas se multiplican, y se multiplican, tanto que empiezas a pensar que esto puede convertirse en una comedia involuntaria. Pero por el contrario todo va encajando con maestría, orquestando un entramado de tragedias y muertes y venganzas y dolores eternos que supera de largo todo lo visto e imaginado en el género. Aunque se basa en premisas evidentes (la casa encantada, la redención o venganza de los fantasmas), no hay un solo instante que sepa a visto, de hecho sucede todo lo contrario. En cualquier obra del género sabes más o menos cómo se va a desarrollar la aventura, pero aquí no, aquí te hallas sumergido en un mar de desasosiego e inquietud y curiosidad constante, siempre fascinado por las imágenes perturbadoras, intrigado por el porvenir de los protagonistas y el origen de los secundarios.

El juego del engaño es sublime. No sabes quién está vivo y quién no hasta bien entrado el año. Mediante los prólogos y algunos flashbacks se van hilando las tragedias personales de cada fantasma y grupo de los mismos (hay familias enteras ahí), y la información llega con cuentagotas, siempre en dosis justas para mantener la intriga y generar sorpresas. La carga de psicosis sobre la nueva familia habitante de la casa (una pareja que intenta recuperar su relación y una hija depresiva) es constante y se transmite de maravilla al espectador. Prácticamente en cada episodio surge algún giro o personaje que te hace replantearte cosas ya vistas, y cada pocos capítulos, sobre todo en el tramo final, algunos de estos golpes son brutales, sorpresas totalmente imprevisibles, inspiradas y desarrolladas con tal maestría que te dejan pasmado doblemente: primero por descolocarte por completo, segundo, porque parece algo insuperable… hasta que te la vuelven a meter doblada en el siguiente episodio. No puedo poner ejemplos sin revelar nada, es una serie para ver sin conocer nada del argumento y menos de su desarrollo.

La puesta en escena exprime al máximo todos los recursos del género. Fotografía de ángulos extraños, imágenes borrosas, juegos de luces y sombras y otros trucos visuales. Se construyen, según las circunstancias requieran, secuencias perturbadoras, caóticas, delirantes, psicóticas, eróticas, etc. Mención especial también para los títulos de crédito, un montaje tenebroso acompañado por un tema musical fantástico. Y esto me lleva a la banda sonora, que resulta un tanto extraña, pues recoge y versiona temas clásicos del género, algunos usándolos varias veces, como el Drácula de Wojciech Kilar. Hubiera preferido una composición propia, pues los temas ajenos me sacaban a veces de la narración.

El reparto funciona bastante bien, desde los veteranos (Connie Britton o Dylan McDermott –menos mal que éste cumple el cupo de desnudos en el primer episodio -) a los jóvenes (Taissa Farmiga está estupenda, y Kate Mara muy bien también), aunque si destaca alguien es Jessica Lange, quien con un punto de locura e incluso sobreactuación ha ofrecido uno de los recitales más aplaudidos del año. No me olvido de mencionar a un torturado Denis O’Hare (quien deslumbró en True Blood como el rey vampiro), una erótica Alexandra Breckenridge o el excelente punto de locura que imprime Evan Peters al desgraciado que interpreta.

Te tiras media temporada diciendo que es imposible mantener el argumento la sesión completa, pero en cada episodio te dejan con cara de bobo. El progreso narrativo es excelente, siempre va a más sin perder el foco de la trama y sabe dosificar los trucos y revelaciones muy bien. El fin de temporada supone un cierre muy completo, por lo que puede resultar algo anticlimático y el único momento algo previsible, pero dadas las características de la historia era necesario. El año que viene se espera con mucho interés, porque supondrá un reset completo, con ditinto escenario, trama y personajes. Lo que sí es para pensar es si tras el despliegue de recursos aquí mostrado les quedará algo de inspiración a los guionistas. Pero claro, como decía, me han sorprendido capítulo a capítulo, así que quién sabe.

HELL ON WHEELS – TEMPORADA 1.

Hell on Wheels
AMC | 2011
Productores ejecutivos: Joe Gayton, Tony Gayton, Jeremy Gold, David Von Ancken, John Shiban
Intérpretes: Anson Mount, Colm Meaney, Common, Dominique McElligott, Tom Noonan, Eddie Spears, Ben Ster, Phil Burke, Christopher Heyerdahl, Robin McLeavy
Valoración:

El lejano oeste es un género muy poco explotado en televisión (Deadwood es probablemente la única digna de recordar, y puso el listón muy alto), y sorprende, pues en el cine ha sido siempre muy mimado. Pero ahora la AMC (The Walking Dead, Breaking Bad…) se atreve a embarcarse en la conquista de estos territorios poco explorados con Hell on Wheels, inspirada como Deadwood en hechos reales. El infierno sobre ruedas era como llamaban sus habitantes al pueblo portátil o nómada de obreros que seguían la construcción del ferrocarril de la Pacific Union en 1865, justo después de la Guerra de Secesión. Allí se juntan individuos de orígenes dispares (negros, irlandeses, etc.) y afiliaciones diversas (las riñas entre bandos de la guerra aún trae cola), pero todos buscan lo mismo, algo con lo que ganarse la vida.

Hell on Wheels ha sido recibida sin armar mucho revuelo en su estreno y sigue igual tras su emisión completa. Al contrario que la HBO, AMC todavía no garantiza que todas sus producciones salgan redondas, y efectivamente ésta no es deslumbrante. Su episodio piloto resultó bastante endeble, de ritmo algo desequilibrado y con una introducción a los personajes que se desarrolla a trompicones entre una trama poco clara, y aunque la producción gana en interés en los siguientes capítulos, nunca termina de levantar la cabeza por completo.

Los protagonistas se presentan todos con desgana y son ubicados en las tramas de forma algo torpe, pero el problema más grave es que conforme avanza la temporada no terminan de centrarse, de mostrar un dibujo más claro y una evolución con sentido. La sección que nos presenta a la rubia Lily Bell (Dominique McElligott) es espectacular, con la llegada de los indios que destruyen su idilio, pero a partir de ahí vaga por la serie como mujer florero, justificándose su estancia en el pueblo muy por los pelos. No ayuda que no ofrezca motivaciones claras, que la mayor parte de sus encuentros con el protagonista sean rebuscados o que los diálogos con el patrón resulten esquemáticos. El negro Elam (Common se hace llamar el actor) deambula sin aportar algo concreto, no parece servir para nada más allá de mostrar las injusticias con los trabajadores (recientemente esclavos), algo que está muy visto; y no mucho más nos ofrece su historia con la prostituta. Demasiado apartado del resto de líneas encontramos un par de hermanos irlandeses que resultan los más inconexos y molestos de la serie (tras acabar la temporada hay que preguntarse qué han aportado: nada), y un cura que cuida de un indio convertido, quienes tampoco ofrecen nada digno de recordar ni buenas tramas relacionadas con los demás caracteres.

El patrón o director empresarial que lleva el proyecto, Thomas Durant, es digamos el villano de la función, y resulta un personaje demasiado exagerado, de hecho resulta casi de cómic. Su presentación en el episodio piloto, con ese discurso final donde se trata de justificar su forma de ser con diálogos primarios y clichés casi vergonzosos, indica muy bien por dónde irá el resto del año. Resulta tan excesivo e histriónico que me da la sensación de que Colm Meaney, un actor de gran calidad, parece estar poco a gusto o mal dirigido, porque su interpretación resulta en exceso forzada, teatral. Le acompaña el habitante más intrigante y por extensión el más atractivo del peculiar pueblo, el Sueco (aunque como repite muchas veces, en realidad es noruego), un monstruito bastante especial e inquietante que mete al protagonista en apuros constantemente. Sin embargo termina ocurriéndole como a los demás: no termina de definirse y navega sin un destino claro, pues en un momento parece el jefe de seguridad, en el otro es un matón cualquiera, ahora es subalterno fiel y luego parece no obedecer a nadie; y por si fuera poco su enemistad con el héroe no queda clara ni se mantiene constante en todos los episodios.

El protagonista, Cullen Bohannon (Anson Mount), merece una mención aparte. Es inteligente, no sólo un forajido vengativo, y sus habilidades y recursos quedan bien patentes en algunas escenas estupendas (sublime cuando solicita trabajo mientras espera ser colgado). Sin embargo, precisamente que sea tan inteligente, frío y meditador choca con sus ansias de venganza, con su larga búsqueda de los soldados de la Unión que mataron cruelmente a su familia. Se mantiene en el pueblo como otros tantos, sin que quede bien claro y creíble el porqué. La búsqueda se olvida, se pone a hacer cosas porque sí, ahora defiende a los currantes negros, luego es un pasota, luego un héroe, un día trabaja y el otro se va por ahí y nadie pide explicaciones. Es otro personaje que nunca termina de tomar forma ni dirección, y es una pena, porque el actor tiene carisma de sobra. En el final de temporada, con su eventual acercamiento a la chica, muestra algo de evolución, y ésta se ve acrecentada cuando alcanza al supuesto sargento que buscaba y empieza a plantearse si la venganza conduce realmente a algo, pero lo cierto es que dicho proceso de cambio ofrece poca chicha y llega bastante tarde.

Lo mismo que a los protagonistas le pasa a las tramas. A lo largo de toda la temporada parece haber un potencial latente que no despega. Iba viendo los episodios esperando que por fin desplegase todo su poderío pero termina el año y te das cuenta de que simplemente es una serie demasiado simple. La venganza del protagonista apenas sustenta un par de episodios, el resto se dedican a triviales historias de supervivencia y el día a día en el proyecto del ferrocarril, ninguna de ellas digna de recordar: problemas raciales post esclavitud aburridos, algún asunto de logística intrascendente, problemas empresariales vulgares (los tejemanejes de Durant son insípidos), unos cuantos encontronazos con los indios algo desaprovechados (esa prometedora batalla que convierten en videoclip es un imperdonable error conceptual)…

Donde si funciona francamente bien es en la recreación de la época y el aspecto visual. El ambiente del pueblo, sin ser espectacular (no tienen la pasta con la que contaban en Deadwood) está muy bien conseguido (sucio, embarrado, caótico, violento), y la puesta en escena, con una fotografía magistral (de lo mejorcito del año en este campo), exprime los exteriores de maravilla. Recalco lo de la calidad de acabado porque, aunque hoy en día no debería sorprender, cabe indicar que la serie cabecera de la cadena, The Walking Dead, es horrorosa en comparación con la aquí analizada. Sólo encuentro en la realización un pequeño punto negativo: en cada capítulo meten una canción o dos, cual serial tontorrón.

En resumidas cuentas, aunque llamativa en un primer vistazo (un protagonista atractivo, un aspecto visual que entra rápidamente por los ojos, una temática que suele gustar), Hell on Wheels resulta una apuesta bastante endeble y poco definida. Se deja ver sin problemas, e incluso por tramos resulta muy entretenida, pero siempre sabe a poco.

PRINCIPAL SOSPECHOSO – TEMPORADA 3 – EL GUARDIÁN DE LAS ALMAS.

Prime Suspect – The Keeper of the Souls
ITV | 1993
Escritor: Lynda La Plante.
Director: David Drury.
Intérpretes: Helen Mirren, Peter Capaldi, Michael Shannon, David Thewlis, Mark Strong, Danny Dyer, Ciarán Hinds, John Benfield, Richard Hawley, Stephen Boxer.
Valoración:

Siguiendo la tónica de la serie, a través del caso correspondiente se analiza un aspecto de las sociedades humanas, y en esta ocasión nos sumergimos en el mundo homosexual. Aunque se centra en los bajos fondos de Londres, con los inadaptados o rechazados, con los pobres, con los clubes sexuales de dudosa moralidad, etc., no olvida que es también un tema conflictivo en los demás escalafones sociales, desde los ricos a los simples currantes como los policías; de hecho en la propia comisaría resurgen las fobias y odios habituales cuando un agente se declara homosexual.

Paralelamente, la incansable Tennison debe hacer frente a las intrigas políticas que frenan su labor como detective. La probabilidad de que haya altos mandos frecuentando los clubes que forman parte del la investigación pone de los nervios a los mandamases, y le complican la vida más de lo habitual. Su puesto peligra constantemente, y hace malabares para mantenerse a flote.

El proceso del caso es el estándar. Investigación de despacho, interrogatorios constantes, sospechosos exprimidos una y otra vez hasta que sus coartadas se van derrumbando y emergen pistas y pruebas… El ritmo es sin embargo algo inferior al de los episodios precedentes. Nada grave, pero su primera parte resulta algo menos intensa de lo acostumbrado, y por si fuera poco el tono de dramatismo forzado que ofrecen muchas escenas (aderezado por una música repetitiva y molesta) resulta excesivamente manipulador para una producción tan seria.

Sin embargo, en el tramo final se lanza a lo grande, marcándose un largo desenlace de extraordinaria calidad. Más que en los casos anteriores no tienen un sospechoso fácil de alcanzar, los posibles culpables son varios y los agentes se ven metidos en un caos de pistas vagas e individuos de dudosa moral que se les escapan de las manos. En la parte final, donde las revelaciones se van enlazando y con cada uno de ellas se presenta un giro sorprendente y una nueva perspectiva de las cosas, aparece por fin el culpable, ofreciendo una sorpresa muy bien ubicada en todo este intrincado caos de villanos deleznable y seres desgraciados. Igualmente hay no pocos momentos que por sorprendentes o emotivos (el suicidio de un afectado) dejan huella, con lo que, aunque un peldaño por debajo de las anterioras, esta tercera temporada es igualmente magnífica.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 2.

The Big C
Showtime | 2011
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Reid Scott, Gabourey Sidibe, Cynthia Nixon, Hugh Dancy, Boyd Holbrook.
Valoración:

Cathy se las ve putas para conseguir entrar en un estudio contra el cáncer que se presenta como su única oportunidad para luchar contra la enfermedad que amenaza su vida. Paul debe afrontar las consecuentes facturas médicas, problema que se agrava cuando es despedido; debe entonces empezar una carrera a contrarreloj para encontrar un trabajo… ¿pero quiere uno digno o necesita cualquier cosa que le dé dinero rápido? Esta situación le llevará a enfrentarse a facetas de su vida que no conocía (familia antes que honor), a conocer nuevos amigos (Mykail) e incluso enfrentarse a difíciles dilemas (los robos, la cocaína…). Mientras, Adam tropieza con los amores y deseos de los adolescentes, perdido y confuso como cualquier otro humano a esa edad, y Sean (el hermano de Cathy) parece encarrilar su vida, asentar la cabeza con la construcción de su propia familia… si es que los reveses de la vida no le mandan de vuelta a la casilla cero, es decir, a las locuras que provoca su enfermedad mental.

La narración sigue siendo muy fluida, con una evolución constante que sabe llevarlo todo siempre hacia delante sin tropezar ni andarse con rellenos poco atractivos: ni tramas ni personajes son los mismos de un episodio a otro. Los caracteres son de enorme calidad, todos con rasgos claros y numerosos matices que los hacen densos y realistas, aunque destacan principalmente por lo fácil que resulta conectar con ellos, con sus problemas, esperanzas y ambiciones. El bache en la carrera profesional de Paul, el propio cáncer de Cathy, los líos de Adam en la entrada a la adolescencia, las dificultades de Sean para relacionarse en sociedad y familia… No hay parte que pierda atractivo. Y el humor es constante, sea en la línea ligera o en la dura (cuántas veces se utiliza para afrontar miserias de la vida: el personaje Lee es clave para ello –magnífica su presentación con el atropello-).

Seguramente será porque el factor sorpresa ha desaparecido (ya conocemos a Cathy y sus excesos bipolares) y porque ya no tenemos el toque tan dramático que suponía guardar en secreto la enfermedad, pero esta temporada me ha resultado menos intensa que la anterior, que ofrecía un drama bastante más fuerte y duro que el mostrado en este año. Las tramas delirantes mezcladas hábilmente con la comedia de familias disfuncionales y personajes zumbados siguen siendo excelentes, pero se echan de menos esos momentos que te ponían al borde de la lágrima.

Pero tengo también otras pequeñas quejas. Primero, no me cuadra un aspecto del tramo final. Se supone que Cathy se mete a entrenar al equipo de natación como forma de ponerse a prueba, de superarse a sí misma, y que la propia lucha contra el cáncer, donde estima que si tiene efectos secundarios es que está ganando, es motivación más que de sobra para seguir adelante. Pero en los últimos episodios se empeña en la maratón, en que tiene que hacer algo para sentir todo lo que acabo de citar, olvidando que ya lo hacía, que ya tenía retos de sobra. Precisamente el desenlace de la parte del campeonato de natación queda muy en segundo plano, cuando antes se le estaba dando más importancia. En conclusión, no puedo dejar de pensar que los guionistas forzaron la presencia de la maratón para tener un final de año concreto. No es grave, porque funciona (el último plano es bonito, aunque sea bastante manipulador), pero sí queda un poco confuso o mal desarrollado. Y segundo, el amigo que hace en el estudio contra el cáncer es un pedazo de personaje que ofrece muy buenas historias y funciona de maravilla dentro del estilo de la serie (es decir, es otra buena muestra de los problemas de seres los humanos y cómo nos enfrentamos a ellos), pero no puedo quitarme la sensación de que es una repetición paso por paso del personaje de la vecina. Y hablando de la vecina, las visiones en plan A dos metros bajo tierra no me han aportado nada.

Así pues, aunque The Big C sigue siendo una serie deliciosa, con unos personajes fantásticos y gran habilidad para jugar con drama y comedia en una misma escena, es evidente que arrastra un ligero bajón con respecto a la primera temporada.

Ver también:
Temporada 1.