Archivo mensual: febrero 2017

EL SÉQUITO – TEMPORADA 4.

Entourage
HBO | 2007
Comedia, drama | 12 ep. de 25-34 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Rhys Coiro, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Beverly D’Angelo, Anna Faris.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las tramas principales, pero sin destripar finales–

Después de dos temporadas explosivas, la cuarta se torna un poco más ligera. No hay un bajón de calidad propiamente dicho, porque mantiene la personalidad arrolladora, el ritmo trepidante y los personajes encantadores, pero es cierto que hay menos tensión, menos grandes odiseas, y más aventuras de tipo anecdótico. En otras palabras, la trama larga dedicada al mundo del cine no es tan absorbente, o no logran sacarle el mismo partido, y priman las historias secundarias, las fiestas y demás vivencias de la pandilla por un lado y de Ari por el otro. Así, aunque el año empieza fuerte, a partir de su ecuador se nota cierto desgaste, pues empieza a pesar la sensación de que en realidad no vamos hacia ninguna parte. Por suerte, también es más corto que los anteriores, sólo doce capítulos, y cuando te das cuenta estás en Cannes con el esperado estreno de Medellín, con lo que es probable que no notes de su falta de trascendencia hasta que las ves varias veces. Y las aventuras del día a día de la pandilla mantienen su esencia intacta, así que más se diluye esa falta de pegada.

Empezamos con un capítulo muy curioso, pues tomando la forma de los típicos promocionales llamados “Cómo se hizo” o “Making of”, donde vemos imágenes del rodaje, entrevistas sobre el proceso y algunas escenas del filme, nos resumen cómo el grupo se enfrenta al esperado rodaje de Medellín, la biografía de Pablo Escobar que tanto les ha costado sacar adelante a Vince, Eric y Billy Walsh, el estrafalario director. Este es el primero en causar problemas, con sus altibajos emocionales y el encaprichamiento con una atractiva actriz secundaria.

A continuación nos embarcamos en el proceso de postproducción, donde Billy con sus locuras sigue trayendo numerosos quebraderos de cabeza a nuestros amigos; cada visita a su casa garantiza resultados impredecibles. Mientras, el grupo vive ahora en el piso de Drama, pues las finanzas de Eric y Vince con la inversión en la película están al mínimo. Pero claro, están acostumbrados a vivir a todo tren y no van a parar en espera del siguiente proyecto, así que enlazan fiesta tras fiesta. La inauguración del piso, con Drama histérico por los desperfectos, la salida con el alcalde de Los Angeles, los intentos continuos y desesperados de Drama y Tortuga por follar (demenciales cuando acaban con las maduras y la furby o peluchera)… Mientras, Ari se mantiene en su círculo vicioso: la adicción a un trabajo muy estresante (atención a la pelea con los gemelos) mina un matrimonio que siempre pende de un hilo. Los líos para encontrar colegio para sus hijos dan mucho de sí aunque parece una historia un poco tonta de primeras, de hecho su pelea con el director acaba en una escena mítica, con Ari rebajándose a suplicar y Jeremy Piven rematando un papel ya de por sí extraordinario.

La aventura más llamativa de la pandilla es la de Eric, que decide expandir su negocio como mánager de actores. Su primer cliente es una actriz bastante conocida, Anna Faris (otro de esos grandes cameos que ha tenido la serie), lo que nos mantiene en la idea de mostrar la vida y el trabajo en Hollywood, aunque como al resto de esta temporada, la sensación de intrascendencia le pesa un poco. Resulta una línea un tanto blanda y previsible, lo poco que da es un posible enamoramiento y un novio sobreprotector, pero como siempre, resulta todo muy divertido. De haber un fallo más criticable, sería que la novia que se echó Tortuga al final de la temporada pasada, muy simpática y con gran química, ha desaparecido aquí, y no dan explicación alguna.

El tramo final se centra en encontrar distribución, es decir, una compañía que compre la película y la estrene adecuadamente. De eso va el festival de Cannes: un escaparate para que obras independientes puedan captar la atención de las grandes productoras (o “majors”). En los últimos días previos al estreno tenemos la guerra de pujas, Harvey y Dana como representantes de la industria por un lado, y los que estuvieron implicados en su financiación desde un principio por el otro (el árabe, el judío), cada uno con sus propios intereses que chocan con los de Eric, Vince y Ari, con lo que situaciones caóticas cuando no delirantes se suceden una tras otra.

Los chicos de Cannes (412) es de hecho el mejor capítulo de esta etapa, y uno de los más admirados por los seguidores. Se junta toda la esencia de la serie: por un lado, la detallada pero divertida descripción del mundo del cine, por el otro, las aventuras de este grupito de vividores, destacando el emocionante romance de Drama con una fan de Viking Quest, y por supuesto no faltan las numerosas las sorpresas inesperadas, los giros impredecibles que te dejan descolocado y con ganas de saber cómo saldrán de cada nuevo embrollo. Pero hay otros capítulos y momentos a destacar, como el citado de la fiesta en el piso de Drama (402), la nueva pelea con el todopoderoso Harvey Weingard, la versión loca de Harvey Weinstein (aunque que por lo visto no difiere tanto de la realidad) (404), la torpeza de Drama con la marihuana (405), los celos de Ari cuando su mujer vuelve a trabajar en un culebrón (409), etc., etc.

PD: Perrey Reeves aparece ahora en los créditos iniciales, mientras Rex Lee continúa relegado a los finales, y Debi Mazar nunca volvió a recuperar el protagonismo planteado inicialmente.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

TREME – TEMPORADA 2.

HBO | 2011
Drama | 11 ep. de 58-90 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el punto de partida de cada trama y protagonista. —

En el salto a la segunda temporada de Treme no cambiamos abruptamente de escenario y grupo de personajes como ocurrió en The Wire, pero también se amplía el horizonte para abarcar nuevas perspectivas del embriagador retrato que David Simon nos está ofreciendo de New Orleans. En la primera etapa nos sumergíamos a fondo el ambiente social y cultural. La gastronomía, protagonizada por Janette y sus sueños rotos, las tradiciones únicas, como los indios de Albert Lambreaux, y sobre todo la música en todo su rango: los intérpretes callejeros (Annie, Sonny), los que han logrado ascender un poco y viven de las sesiones en locales (Batiste), los veteranos más o menos famosos (Delmond, los numerosos músicos reales que aparecen en cada capítulo), y los que están en su propio mundo, como McAlary y sus locuras. Ahora también conoceremos más detalladamente cómo funcionan el gobierno y las fuerzas de la ley, adentrándonos en el ayuntamiento y el cuerpo de policía.

La corrupción del gobierno local y federal y su especulación urbanística las vislumbramos previamente porque los personajes las sufren en sus carnes, pero ahora veremos con más detalle cómo se gesta en manos privadas y cómo se permite e incluso fomenta desde los supuestos servidores públicos. Por supuesto, Simon se basa escrupulosamente en los hechos reales, relacionando las acciones de los protagonistas con eventos relevantes para la vida de la ciudad, destacando la infame gestión del alcalde Nagin y la planificación urbana de tintes racistas. Nelson Hidalgo (un carismático Jon Seda) es joven pero tiene experiencia en los entresijos del mundillo, y viene dispuesto a hacerse rico. Se acerca al empresario con visión (Ligouri), se reúne con los políticos que haga falta, pide y da favores y dinero con un entusiasmo y una visión que parecen llevarlo directo a la cima. Con Sofia, la hija de Toni Bernette, trabajando como becaria para un concejal, relacionamos esta temática un poco más con los viejos conocidos, porque Nelson va bastante por libre.

En la policía teníamos un enlace gracias también a Toni y sus constantes investigaciones, pero aunque el gran David Morse (uno de esos secundarios de lujo allá por donde aparece) encarnara al Teniente Colson, este tenía muy poca presencia y no dejó gran huella. Sin embargo su historia se amplía aquí desde el principio. Asqueado de la corrupción e incompetencia de los demás policías y detectives, parece decidido a plantar cara, y más ahora que el crimen está desbocándose de nuevo tras la pausa que supuso el éxodo forzado por el Katrina. Pero ha de ir con pies de plomo, porque un paso en falso pondría a todo el cuerpo en su contra. Por su parte, Toni acepta un caso que nos acompañará durante mucho tiempo, canalizando estos temas de corrupción y ocultación de delitos: la muerte de un joven llamado Abreu apunta al departamento de policía. El rastro, tras tanto tiempo, está frío, pero cada piedrecita que levanta parece mostrar más inmundicia.

Por supuesto, todos nuestros queridos personajes están embarcados en nuevas etapas de sus vidas, lo que nos permite tanto disfrutar de sus deliciosas como vivencias adentrarnos más en New Orleans, en la vida y las gentes de tan peculiar y encantadora urbe. Davis McAlary se lanza tras en inumerables proyectos musicales con gran entusiasmo pero sin grandes resultados. Batiste necesita un trabajo fijo, y trata de formar un grupo a la vez que tantea la posibilidad de ser profesor en la banda de un instituto. Annie, saliendo ahora con McAlary y no con el destartalado Sonny, parece estar empezando a exprimir su potencial como músico, sobre todo gracias al apoyo de su amigo Harley (Steve Earle también es músico en la vida real). Delmon Lambreaux continúa saltando entre New York y New Orleans, tratando de conciliar el jazz moderno y la tradición, y sacar algo de dinero de este género tan poco vendido. Y entre una odisea y otra, aunque tiene relación sobre todo con la de Davis, vemos el resurgir de un género musical, o más bien el de un movimiento social: el bounce, una mezcla de dance, hip hop y vetas de jazz local cuya energía y letras críticas sirven para alzar la cabeza y gritar contra las injusticias y la incompetencia de los gobiernos.

Fuera de los músicos tenemos otros muchos relatos entrañables. Albert Lambreaux no parece encontrar nada que le traiga felicidad, por mucho que Delmond trate de ayudar; el documental sobre los indios y la idea de Delmond de combinar géneros jazzísticos parecen mantenerlo ocupado, pero su humor es intratable, y va siempre alicaído. Janette renunció a su restaurante y se ha atado a New York, donde hay trabajo de sobra para una chef de su nivel, pero no encuentra un lugar en el que sentirse a gusto. Sonny parece incapaz por sí sólo de salir adelante, pero el empujón de un colega de la banda de Batiste, donde es aceptado porque no había más candidatos, podría encarrilarlo: le encuentra un trabajo de pescador para mantenerlo lejos de fiestas y drogas y con un flujo de dinero estable. Laddona apenas sobrelleva la pérdida de su hermano cuando un asalto en su bar la embarcará en otro drama que la perseguirá constantemente.

Mis secciones favoritas han sido de nuevo las de Jannete y McAlary, seguidas de las desventuras de Batiste, la lucha constante de Toni, ahora acompañada de Colson, y la entrada triunfal de Nelson. Pero la sorpresa la da Sofia, que parecía simplemente ser la hija de Toni, simpática pero un complemento de la tragedia familiar que supuso el destino de Cray, pero aquí gana protagonismo muy bien, llevándote hacia la parte más oscura: evidentemente arrastra una depresión… ¿acabará como el padre o logrará salir de ella? Y en cuanto a escenas sueltas que me hayan marcado, hay muchas, pero por poner las primeras que me vienen a la mente, me encantó cuando Annie ve la foto de Sonny rescatando a gente, así como el giro con su amigo Harley; muy emotivo fue el momento en que Davis encuentra a Sofia borracha; divertidísimo cómo Jannette cierra un capítulo de su vida: lanzando una copa de sazerac (un extraño cóctel típico de New Orleans) a un crítico famoso; los líos de la banda de Batiste son numerosos y todos la mar de emocionantes; etc.

Hay también algunos puntos oscuros, aunque no especialmente graves. La novia que se había echado Albert desaparece de golpe; supongo que la actriz se daría el piro, y claro, deja un hueco raro. Pero más notable es que el propio Albert es el único cuya historia no avanza con fluidez y un destino más o menos claro. Da vueltas en círculos, se pasa el día refunduñando sin concretarse nada; ni siquiera queda claro si sigue trabajando como carpintero o si deja de coser al final o no, pero aun así hace su espectacular aparición con “Los guardianes de la llama”.

Se podría decir que en lo visual es una serie es bastante sencilla, cuando una localización con tanto encanto podría deslumbrar más, sobre todo teniendo en cuenta de que disponían de un presupuesto más holgado que en The Wire, pero eso no quiere decir que el acabado sea de poca calidad. Como en la recreación de Baltimore, Simon busca un estilo natural, que deje respirar a los personajes. Donde más se nota la sutil pero eficaz labor de los directores es en los momentos de gran complejidad, como los conciertos en bares abarrotados y los desfiles: pese a su dificultad las ruedan con una naturalidad asombrosa, permitiendo que te parezca estar ahí dentro con los personajes.

Treme vuelve a ofrecer otro año redondo, inteligente y hábil como pocos, pues a pesar de su realismo y contención consigue entrener y emocionar con gran facilidad mientras a la vez también te lleva a la reflexión con delicadeza.

Ver también:
Temporada 1.

THE CROWN – TEMPORADA 1.


Netflix | 2016
Drama histórico | 10 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, Stephen Daldry, varios.
Intérpretes: Claire Foy, Matt Smith, Vanessa Kirby, John Lithgow, Jared Harris, Pip Torrens, Ben Miles, Jeremy Northam, Victoria Hamilton, Alex Jennings,
Valoración:

Antes de entrar en materia, lo primero que quiero hacer es desmentir la frase con la que casi todos empiezan al hablar de The Crown: ¡basta ya con el rumor de que es la serie más cara de la historia! No sé de dónde ha salido, y es vergonzoso que los medios lo repitan sin informarse. El propio creador y algunos de los directores han expresado en algunas entrevistas (1 y 2 por ejemplo) su asombro ante esas cifras absurdas. Según ellos habría costado unos cien millones de dólares por dos temporadas (igual que House of Cards), cincuenta cada una, cinco por capítulo, que ya es bastante, y lo luce muy bien. Hasta ciento cincuenta por la primera temporada indican algunos… y aun así no sería el presupuesto más grande conocido, porque en algunos años Urgencias rondaba trece por episodio, casi trescientos millones por temporada.

The Crown no es una serie que de primeras me llamara mucho. ¿Otra producción inglesa sobres las clases nobles? ¿Qué pueden aportar después de infinidad de películas, series y miniseries sobre la corte de diversos reinados y la reciente y exitosa representación de las familias de la alta sociedad que tuvimos con Downton Abbey? ¿De verdad no hay más que contar en la historia del país que los líos de sus monarcas y nobles? Los dos primeros capítulos me echaron bastante para atrás, pues ofrecían un tono muy conservador: tramas lineales y predecibles, personajes acartonados y estereotipados (más sirvientes estirados), y sobre todo una adulación obsesiva de la corona. La agilidad e inteligencia con la que en Downton Abbey unían decenas de protagonistas y aventuras logrando un mosaico cautivador no parecía asomar aquí por ninguna parte. Al guionista de aquella, Julian Fellowes, se le ha visto siempre el plumero conservador, su amor por la nobleza (Gosford Park, La reina Victoria…), pero al menos en la serie trataba bien su decadencia y obsolescencia en la vorágine del siglo XX y el nacimiento de las democracias. El autor de The Crown, Peter Morgan, es otro que parece enamorado de esta temática, pues en su currículo tiene títulos como La reina (que versa sobre la misma monarca) y Las hermanas Bolena, aparte de otras sobre política muy exitosas, como Frost contra Nixon. El tono que se ve en este inicio es demasiado rancio, y aunque la temporada madure bien, su ideología se mantiene estancada, no logra una mirada a la época con la complejidad y objetividad necesaria en estos tiempos.

Pero la puesta en escena no me importó que fuera conservadora, porque lo es en sentido cinematográfico: escenificación y tempo muy cuidado, huyendo del plano-contra-plano a las caras de los actores, sino jugando con el escenario y la posición de cada intérprete con gran cuidado y estupendos planos medios. El vestuario y los decorados son impecables, y la trabajada fotografía consigue una belleza casi abrumadora. Entre eso y el excelente trabajo actoral, le di una oportunidad para ver si su tono pomposo, afectado (la premisa simplona y previsible tratada como si estuvieras ante algo único), su ritmo plomizo y su descarado patriotismo rayano en el onanismo, no le impedían crecer y lograba navegar hacia algo más llamativo. Tantas alabanzas y tantos premios, digo yo que algo tendría. Y lo cierto es que mejora bastante. No tanto como para hablar de la mejor serie del año, pues los Globos de Oro han hecho el ridículo otra vez, teniendo temporadas claramente superiores, como la cuarta de Orange is the New Black, pero desde luego es una obra notable a pesar de sus irregularidades y su flojo y desalentador comienzo.

Poco a poco le cogen el punto a su argumento sencillo y consiguen exprimirlo al máximo en un guion que sorprendentemente sí llega a mostrar bastante inteligencia. La exposición metódica de situaciones, apoyándose con sabiduría en los sentimientos de los personajes y el cuidado del detalle más en que en tratar de formar tramas complejas, más una dedicación exhaustiva en la puesta en escena para obtener la mayor elegancia y emoción posible de cada plano, son capaces de lograr un relato muy atractivo e incluso a ratos conmovedor. Un capítulo está centrado casi exclusivamente en la elección del mayordomo de la reina, otro en un par de detalles del protocolo de coronación, y aun así te absorben por completo, resultan muy entretenidos a pesar de su sobriedad. El mejor ejemplo es el duelo intelectual entre Churchill y su pintor, que nos regala algunas de las escenas más profundas y hermosas del año, pero basta coger cualquier escena suelta en que la reina media con alguien. Los diálogos, en conjunción con la mirada del intérprete o su postura, dicen más de lo que se ve en la superficie, y todo ello es captado de forma hipnótica por la fotografía, logrando infinidad de momentos muy potentes. En otras palabras, los personajes no siempre dicen que lo que sienten (menos Margaret y Edward, que lo van anunciando a los cuatro vientos), así que tienes que deducir su estado de ánimo, sus pensamientos y objetivos, con lo que la narración capta tus sentidos y esconde bien su falta de ambición en cuanto a argumentos. El proceso de aprendizaje de la reina, con tropiezos variados, los problemas que surgen tanto en política, tradiciones e ideología (cuidado con mosquear a la iglesia) como en otros aspectos (el acoso de la prensa), no ofrece historias sorprendentes, pero las narran con un entusiasmo contagioso.

El reparto es magnífico, uno de los mejores del año. Como buena serie inglesa, tiene secundarios de lujo en cantidad, incluyendo una breve pero excelente aparición del enorme Stephen Dillane (Juego de tronos, aunque yo lo conocí en John Adams). En cuanto a los principales, sólo a Matt Smith (Doctor Who) le falta algo de pegada, el resto están impresionantes. Claire Foy como la reina me ha sorprendo bastante con una interpretación llena de silencios y gestos contenidos, porque el primer papel que le vi, en Crossbones, dejaba mucho que desear. Ahí se nota lo que un buen personaje y buenos directores pueden frenarte o potenciarte. Pero a pesar de su gran papel casi queda eclipsada por su padre ficticio, George VI, en manos de un fantástico Jared Harris, la asombrosa transformación de John Lithgow (3rd Rock from the Sun) en Winston Churchill, que sin duda será recordada, e incluso la entusiasta labor de Vanessa Kirby como la princesa Margaret (curiosamente la actriz tiene un rostro muy de la época). Lo único que puedo reprochar es que Jeremy Northam como el político Anthony Eden aparece poquísimo a pesar de su prominencia en los créditos, con lo que no podemos disfrutar como esperaba de este excepcional y desaprovechado actor (su presencia en Los Tudor quitaba la respiración en un reparto ya de por sí colosal).

Pero sí, es inevitable decir que en The Crown hay mucho adorno sobre algo muy básico, y por muy bien hecho que esté deja la impresión de que quizá el esfuerzo que han puesto no haya estado dirigido en la mejor dirección. Anunciaban una gran serie sobre la corona y la política inglesa en la segunda mitad del siglo XX (seis temporadas pretenden hacer), y a la hora de la verdad se han centrado en muy pocas cosas, la mayoría casi intrascendentes, cuando había sin duda mucho más por contar. El capítulo de la crisis del smog (las nieblas mortales de Londres: el clima estancado y el humo de los hogares asfixiando a la población) es un gran ejemplo de que hay muchas cosas fascinantes que abordar, y también es el único momento en que vemos realmente al pueblo, con la secretaria y su compañera de piso y otros ciudadanos a pie de calle. Pero en el resto se obsesionan con la reina y apenas salimos de palacio a pesar de tener al gobierno como supuestos coprotagonistas.

Entiendo que haya momentos en que quieran tratar un tema político desde otra perspectiva, no en vano, el capítulo en que Churchill enfrenta el dilema de la dimisión, narrado desde su sofá mientras el pintor trabaja, es casi magistral, una acertadísima perspectiva íntima y velada (el estanque…). Pero aplicar casi exclusivamente esta dinámica en toda la serie implica alejar el foco de los acontecimientos reales para centrarse en nimiedades. Por ejemplo, mientras la reina tiene alguna duda poco significativa, el pueblo sufre los racionamientos post guerra. ¿No deberían estar contándonos que está haciendo el gobierno, si había dilemas éticos entre los nobles o, si no los hubiera, mostrar su distanciamiento o su falta de escrúpulos? Pues resulta que se quitan de encima este asunto en un diálogo secundario, y se empeñan en darnos cincuenta minutos de la reina decidiendo si deja que su esposo ponga cámaras en la coronación o lo que tocara en ese episodio. Y así durante toda la temporada, con algunos casos que hay que lamentar bastante: mientras la reina se entretiene viendo animalitos en África o tiene algún tropiezo con el amarillismo de los medios en su primera gran gira, no nos introducen lo más mínimo en el tema del colonialismo y los cambios que se están dando en la política del país desde las guerras mundiales. Cuando parece que por fin van a hacerlo, con el conflicto del nuevo primer ministro (Eden) con Egipto, lo cuelan como una trama secundaria de relleno y no se entiende nada (me he enterado de que era el inicio de la crisis del canal de Suez al verlo comentado por internet), mientras en la línea principal le dan mil vueltas al matrimonio de la hermana de la reina, Margaret, aunque esto cupiera en mucho menos metraje y sea obvio cómo se va a desarrollar.

También puedo señalar que casi no hay continuidad entre episodios, son como películas sueltas. En uno la reina se preocupa porque no ha estudiado nada útil y se empeña en buscarse un profesor, pero en adelante no sabemos si sigue con sus clases, si se saca alguna titulación de educación básica, si vuelve a sentirse acomplejada entre las grandes figuras de la política mundial; en los últimos capítulos resulta que tiene un gran amigo, el que cuida sus caballos, pero aparece de la nada: alguien tan importante en su vida debería haber tenido una presentación adecuada; obligan a Margaret a esperar dos años antes de casarse, y en ese momento sufre mucho, pero el resto de la temporada no parece acordarse de ello hasta que lo traen a primer plano de nuevo, y no queda bien, porque forma parte del personaje y debería reflejarlo en todo momento. Hasta las fechas no cuadran. Del capítulo octavo al noveno han pasado tres meses, lo que dura la gira de la reina, pero Eden dice que cuando estuvo enfermo fue hace dos meses, aunque está claro que fue bastante antes de dicho tour.

En cuanto a fidelidad, los autores dicen ser muy fieles y la vez afirman que la expresividad narrativa va antes que la realidad, así que, como suele ser habitual, harán lo que más les plazca. Sin ser ducho en estas historias, sólo hay que navegar un poco por la wikipedia o buscar artículos por internet para ver los cambios más evidentes. Por ejemplo, la vida del hermano de George VI, Edward, se muestra demasiado idílica para lo tumultuosa que fue… y las sospechas de simpatías nazis se eluden por completo. Aparte tengo una reflexión personal: no me gustan las recreaciones históricas de personajes vivos o que murieron prácticamente ayer. No puedo dejar de ver algunas escenas pensando en si realmente el protagonista de turno (principalmente la reina, como es obvio) sentía o pensaba lo que nos están reflejando, en si no están haciendo una especulación muy imaginativa. Con figuras muertas hace cientos de años es entendible que haya que hacer una recreación aproximada de su personalidad, pero en este caso me parece un como una invasión de la privacidad un tanto irrespetuosa. Sin ir más lejos, para algunos temas personales se basaron en la correspondencia privada de Edward; y él falleció en los setenta, pero hay otros miembros de la familia cercana, como la propia Elizabeth, que siguen vivos.

Siguiendo con apuntes personales, tampoco entiendo la manía que hay (no sé si es exclusivo de España) de traducir y adaptar los nombres de personajes históricos. Si se llama Elizabeth Alexandra Mary no me pongas su versión castellanizada, que cada vez que dicen su nombre en el doblaje o sale en los subtítulos queda absurdo y anacrónico, porque no es española. Y si nos vamos a épocas más antiguas ni te digo lo molesto que me resulta que pongan los nombres en versiones actuales. Pero me temo que es algo que está muy asentado, incluso en los ramos académicos.

Recapitulando, The Crown requiere paciencia, tanto porque tarda en arrancar como por su tono tranquilo y centrado en historias que sus autores estiran y engrandecen quizá más de la cuenta. Pero lo hacen con destreza y la temporada crece rápidamente, logrando que esas sensaciones queden olvidadas cuando acabas cautivado por su embrujo visual y la fuerza que desprende el relato, más contenida y sutil de lo esperado incuso en los tramos más artificiales. Mi impresión es que sabían que sólo así podrían llamar la atención, y lo cierto es que a pesar de cierta falta de equilibrio les ha quedado bastante impresionante.

PD: No sé por qué Netflix España no ha traducido el título, como si fuera difícil.
PD2: Una buena introducción a la serie sería la estupenda película El discurso del rey, que narra los primeros años de George VI.

FALLECE RICHARD HATCH, EL APOLLO DE “BATTLESTAR GALACTICA”.

El actor californiano Richard Hatch falleció a los 71 años de edad el 7 de febrero debido a un cáncer de páncreas. Tuvo una carrera larga pero no muy llamativa, con numerosos papeles secundarios en series y películas menores. Su trabajo más reconocible y alabado fue el de Apollo en Battlestar Galactica (1978). Quedó ligado a esa serie eternamente, escribiendo algunos libros sobre ella, e incluso intentó ponerla de nuevo en marcha a finales de los años noventa, aunque finalmente fueron otros productores quienes más tarde realizaron un remake en 2003. Sin embargo, estos lo invitaron a participar en un papel secundario bastante jugoso, el del político-terrorista Tom Zarek. Así cerró el ciclo con la serie, aunque estuvo trabajando en otros títulos hasta sus últimos días.

Fuente: NYDailyNews. En castellano: El País.

VIKINGOS – TEMPORADA 4, PARTE 2.

Vikings
History | 2016-2017
Drama, aventuras, histórico | 10 ep. de 44-55 min.
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Gustaf Skarsgard, Alexander Ludwig, Alex Høgh, Marco Ilsø, David Lindström, Jordan Patrick Smith, Linus Roache, Moe Dunford, Maude Hirst, Jennie Jacques, Peter Franzén, Jasper Pääkkönen, Clive Standen, Alyssa Sutherland.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, muerte de algún personaje principal incluido.–

Los dos primeros años de Vikingos resultaron muy atractivos y guardaban gran potencial, pero para nuestra decepción, en vez de afianzar la serie, de cogerle el tono, su único guionista, Michael Hirst, ha ido perdiendo inspiración. Las dos siguientes etapas han dejado ver la pobreza de ideas que va ahogando a personajes y tramas, defecto que las partes de acción, las más interesantes gracias a una puesta en escena capaz de recrear batallas impresionantes, apenas conseguía disimular. Pero ahora también se ha visto sobrepasado por su éxito, pues los mandamases que ponen el dinero exigen más capítulos y más rápido: la cuarta temporada llega con el doble de longitud y menos tiempo para escribir y rodar bien. En esta segunda parte la caída de interés continúa aumentando. Los personajes están casi todos gastadísimos, prácticamente ninguna sección navega hacia algo tangible y que resulte emocionante, y la combinación de todas deja una sensación de estancamiento enorme. Pero además hay que sumar un gran bajón de ritmo: apenas hay una escaramuza al final que no es suficiente para levantar el nivel.

Ragnar reaparece, pero es como si no estuviera. ¿Qué es lo que pretende? No sabemos absolutamente nada de sus pensamientos e intenciones. El empeño en regresar a Northumbria no se explica, el proceso no relata nada llamativo (intrascendentes peleas con los hijos que no llegan a formar una relación clara, previsible rechazo de la población porque es un viejo acabado), y cuando llega allí tenemos el peor tramo de toda la serie. Hirst se obsesiona con tratar de darle un gran adiós, un final melancólico, pero el guion hace aguas por todas partes y no ofrece nada a lo que agarrarse, ni en lo narrativo ni en lo emocional. En vez de apenarnos por su caída en desgracia e inquietarnos por su cada vez más evidente destino, surge un distanciamiento con las imágenes y también muchas preguntas. ¿Qué narices pretende hacer en la corte de Ecbert y por qué todo se muestra con tanta parsimonia y drama barato? Cabe pensar que espera que los hijos quieran vengarlo, y así los empuja a madurar y a tomar represalias por lo del campamento arrasado, pero no tiene mucho sentido, son vikingos, van a saquear aquí y allá tarde o temprano, y la semilla de la venganza por sus compatriotas ya estaba sembrada. La subtrama absurda del falso hijo no sé a qué viene, y no parece que Ragnar vaya allí por él, sino en plan suicida. Pero un vikingo de verdad muere en combate, no entregándose porque está cansado. La relación con Ecbert es más delirante aún: ¿pero por qué se supone que ahora son grandes amigos y aliados? Sois contrincantes que habéis pactado en alguna ocasión, pero ahora no hay razones para renovar alianzas, y más cuando el rey rompió el último trato y arrasó con el asentamiento vikingo. Así que, ¿qué esperaba Hirst conseguir con las largas y tediosas conversaciones entre Ragnar y Ecbert? Su muerte, cuando por fin llega, no me transmitió la conmoción y pena exigibles, primero, porque llevaba varios capítulos sin narrar nada, segundo, porque la atmósfera es contraproducente, forzada pero fría. ¿Qué costaba poner a Ragnar derrotado por Aelle y cumplir así con la muerte que le da la tradición? Tampoco entiendo el favoritismo que muestra por Ecbert sobre Aelle, en vez de tratarlos con una relevancia y objetividad más equilibradas. El capítulo La hora incierta antes de la mañana (414) no hay por dónde cogerlo y resulta soporífero, pero Todos sus ángeles (415) es verdaderamente insoportable.

Paralela a la aburrida despedida del protagonista principal tenemos el crecimiento de su relevo, los hijos. Esto se lleva otro puñado de historias simplonas, sin tirón ni rumbo claro. Todas sus apariciones se limitan a mostrar rencillas, peleas y reconciliaciones tontorronas, y lo único que sacamos en claro es que Ivar es un resentido violento. ¿La personalidad de Hvitserk, Sigurd y Ubbe? No llega ni a vislumbrarse. Floki se mantiene en el periplo caótico por donde lo estaba llevando, sin definir tampoco un carácter y una dirección clara. Cuando va al Mediterráneo con Bjorn, a él y a su mujer (Helga) los sumerge en otro viaje emocional caótico, ininteligible: de repente siente respeto por una cultura/religión ajena, y parece que duda sobre algo… aunque nunca se nos dice el qué; y Helga se encapricha de una esclava y la toma como hija. El culebrón resultante es bastante tonto y cansino, menos mal que nos libramos de ellas al final. Pero Floki, un rol desecho desde la tercera temporada, sigue ahí.

La sección de Lagertha está más movidita, pero como viene siendo habitual, tampoco se exponen bien los motivos de sus acciones. El repentino romance lésbico está claro que es para atraer audiencia, pero con la censura que se lleva la serie en su emisión en History Channel vamos apañados: sangre la que quieran, pero el sexo se recorta por completo. Eso sí, me he dado cuenta de que en bluray recuperan todo lo eliminado (la mayor parte son conversaciones subidas de tono, pero también algún desnudo… de Katheryn Winnick no, me temo), pero la serie no me llama como para esperar a que salgan a la venta o recuperar las temporadas pasadas; eso sí, esta tanda ha estado emitiéndola Amazon sin censura en algunos países. Volviendo a Lagertha, se embarca en otra aventura de conquistar pueblos vecinos, apuntando esta vez a Kattegat. Sí, los vikingos eran muy dados a las guerras constantes entre ellos, pero se hacía para medrar en fama y poder, para ganar adeptos para nuevas incursiones en el extranjero con las que enriquecerse, y en menor medida por tierras. Cuando ha logrado la conquista se decide a defender la ciudad porque es muy golosa (ha crecido mucho y tiene mercado y dinero en cantidad), pero el ataque no parece haber sido para ganar poder, no se la muestra nunca ambiciosa o con planes expansionistas concretos, y se supone que ya había luchado por tener un hogar propio; el escritor se inventa una torpe rivalidad con Aslaug, pero no me parece suficiente; lo único bueno que sale de todo esto que es la cansina de Aslaug muere por fin. Más adelante, el ataque que recibe, instigado por Harald y Halfdan, es bastante entretenido, pero tampoco ofrece nada consistente. Igual de ambiguos son los planes de estos dos: parecen tener celos del poder de Ragnar y Lagertha, pero deambulan de aquí para allá sin que se decidan por nada. La subtrama de la mujer por la que estaba encaprichado uno de ellos tampoco aporta nada a sus personalidades, es puro relleno para ir tirando mientras parece que esperan a que sus objetivos se mueran solos.

Bjorn es el único rol interesante que queda. Nunca me ha gustado mucho, pero es que en comparación con el resto muestra algo de carisma y sabes qué lo empuja, es un vikingo de pura cepa, no las amalgamas en que Hirst ha convertido a los demás. Su proyecto de ir al Mediterráneo ofrece por fin una historia más centrada y atrayente. La parte en que pacta con Rollo y el ataque a Algeciras son emocionantes y prometedores, y además cabe destacar que vemos la Hispania árabe, algo que en cine y series parece no existir por culpa del sesgo occidental. Lástima que dure tan poco y que ande por ahí Floki dando tumbos. Esperemos que en el futuro potencien estas aventuras, que funcionan mucho mejor que las intrigas políticas.

Para el tramo final se anunciaba algo grande: la invasión de Northumbria por el “Gran ejército pagano” dirigido por los hijos de Ragnar. Esto entra ya más en la historia real, porque hay muchas crónicas que relatan todo el conflicto con bastante detalle, al contrario que ocurre con la vida de Ragnar, con quien los historiadores concuerdan en que no hay forma de saber qué es real y de hecho le dan menos credibilidad que a otros muchos vikingos notables de la época. Aquí cabe señalar que en principio no creo que a nadie le importara mucho, ni al más fan de la Historia, que eligieran un personaje misterioso para contar con él cómo era la época vikinga sin tener un rango de acción tan restringido. Pero claro, no es que la fidelidad pareciera importarles a los productores desde un principio: el vestuario moderno (botas de motero, cuero negro, trajes y armaduras muy elaborados, peinados imposibles…) y las invenciones descaradas (las mujeres acompañaban a veces en los saqueos –más bien en los viajes destinados a colonizar- pero no hay pruebas de que lucharan, y menos liderando) siempre han dejado claras las intenciones comerciales, y si con las figuras mejor documentadas (Aelle, Ecbert, Rollo) Hirst juega como quiere, no parece que vaya a ser muy fiel ahora.

Por desgracia esta resulta ser otra trama difusa, irregular, con más fallos que aciertos. El primer problema es que no consigue lanzarla con el interés alto. El capítulo que por fin pone las cosas en movimiento (Venganza, 418) es desastroso, otro a olvidar en un año ya flojo de por sí; lo peor es la sensación de engaño: todo el rato anunciándote una batalla que luego omite abruptamente. ¿No había tiempo o dinero? Pues entonces nárralo de forma que la elipsis no resulte tramposa, molesta. El siguiente episodio por fin levanta cabeza, mostrando acciones más consistentes y llamativas: las distintas estrategias que quieren seguir los hijos y la correcta ejecución de la elegida no está nada mal, aunque ni sumando el conflicto en casa, en Kattegat, llegamos al nivel de épica acostumbrado. La batalla decisiva no llega hasta la finale, y es bastante espectacular, pero también muy básica y breve, y el resto del capítulo deshace las buenas impresiones ofreciendo un desenlace donde de nuevo Hirst elige mal lo que es importante y la atmósfera adecuada y todo sale torcido. El intento de dar una muerte emotiva a Ecbert es incomprensible, es un rol secundario, un enemigo, con lo que el tiempo dedicado a él resulta excesivo e impostado, aburriendo bastante. En cuanto a su vástago, Aethelwulf, sigue siendo insípido, y los líos de la corte con la mujer igual. Mientras, “la tropa Ragnar” no ha tenido ninguna escena destacable más allá de la estrategia de Ivar para la lucha contra los ingleses, y la reunión a la mesa con la exposición de sus planes es un vago posicionamiento para el próximo año.

Así pues, la temporada se despide sin un final de altos vuelos que, como el asalto a París en la tercera, disimule un poco su falta de pegada. Pero en realidad es más grave, porque no hablamos sólo de poca garra, sino de un guion tirando a desastroso, de una serie cada vez más diluida y mediocre.

PD1: Pese a su relevancia, el pueblo que hace las veces de corte de Ecbert (no recuerdo si le dan nombre) nunca se muestra al completo, sólo vemos la entrada por los establos una y otra vez, como si fuera una serie cutre, sin presupuesto. Teniendo en cuenta las recreaciones tan notables de París o Kattegat, resulta extraño.
PD2: Fallida también la presentación de Jonathan Rhys Meyers (Los Tudor) como el obispo Heamund, enfocando a su espada y mostrándolo como si fuera alguien que conoces y debe impresionarte, cuando es una figura histórica tan desconocida que en google da más resultados su breve referencia en la serie que páginas sobre su vida.
PD3: Ni siquiera la música (Trevor Morris más algunos temas tradicionales de grupos como Wardruna) ha funcionado bien este año, con poca presencia y algunos enredos electrónicos discordantes.

Ver también:
Temporada 4, Parte 1.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.