Archivo mensual: agosto 2010

DOCTOR WHO – TEMPORADA 5.

BBC | 2010
Productor ejecutivo: Steven Moffat.
Intérpretes: Matt Smith, Karen Gillan, Alex Kingstom.
Valoración:

Al final el cambio de productor ejecutivo de Russell T. Davies a Steven Moffat no se ha notado tanto ni en estilo ni en calidad. Obviamente la serie no iba a ser modificada hasta quedar irreconocible, pero sabiendo que Moffat fue autor de los mejores momentos de las temporadas anteriores y que por mi parte estaba cansado de algunos de los tics de Davies la verdad es que esperaba bastante más. Sí, hay algunas mejoras sutiles, pero también algunos aspectos que han perdido ligeramente.

A los problemas que arrastraba Davies ya me referí en varias ocasiones. Su manía de ir en algunos tramos, sobre todo en los finales de temporada, a por la situación más grande e imposible acababa afeando el tono distendido y aventurero de la serie. Pensaba que con Moffat nos habíamos librado por fin de ello, y sin embargo en el desenlace de este año también se orquesta una historia grandilocuente y exageradísima que me ha supuesto una decepción enorme. ¡Por qué tú también! Una cosa es que Doctor Who deba acabar con planetas y razas y amigos en peligro inminente y que como buen héroe el Doctor resuelva magistralmente la situación, es entendible porque es la premisa de la serie… ¿pero de verdad hay que destruir o poner al borde de la destrucción la Tierra y el universo entero en cada final de temporada para luego salvarlo con un término tecno-mágico o un giro generalmente insatisfactorio que deja todo tal y como estaba antes? Desgraciadamente, de nuevo tenemos un universo que desaparece, un Doctor que lo salva con un momento de lucidez más o menos ridículo, todas las razas que han salido anteriormente en la serie pululando por ahí de golpe y por supuesto no faltan largos y aburridos minutos que pretenden ofrecer lacrimógenas pseudo-despedidas.

Pero, al igual que en sesiones anteriores, el resto del año está en un tono mucho más ligero y eficaz, con historias más sencillas donde se trabajan más los personajes y las situaciones en vez de perder el tiempo forzando aparatosos clímax. He notado algo más de frescura en las tramas y tengo la sensación de que Moffat se esfuerza más por presentar los universos que imagina (algunos están muy bien descritos, como el de The Beast Below) y los personajes secundarios introducidos en cada nueva aventura los borda; muchos de estos caracteres los recuerdo con agrado incluso a meses de haber visto sus episodios, como los protagonistas del díptico sobre los reptilianos o la recreación de Van Gogh.

Moffat además sigue desarrollando una pequeña historia dentro de este universo donde el Doctor se encuentra repetidas veces con una mujer misteriosa, River Song (interpretada con entusiasmo por Alex Kingston), quien fue presentada en la temporada cuatro en los extraños Silence in the Library y Forest of the Dead y vuelta a traer aquí en la confrontación con un enemigo fascinante creado por el propio Moffat, los ángeles. El episodio doble donde se da este encuentro está bastante bien (Time of Angels y Flesh and Stone), pero para mi gusto el que abría el año ha sido el más redondo (The Eleventh Hour), y salvo el aburrido Victory of the Daleks o el tontorrón The Lodger, que tuvieron pocas cosas salvables, el resto mantiene un ritmo y calidad muy correctos en todo momento. Finalmente hay que destacar también el asombroso nivel de producción, donde debido al enorme éxito de la serie cada vez tienen más recursos que son excelentemente aprovechados; las recreaciones de distintas épocas y lugares son cada vez más impresionantes.

Al cambio de los actores me adapté rápidamente. El Doctor sigue siendo el mismo personaje; un poco más joven y despreocupado, pero es normal al renacer. Matt Smith sigue pareciéndome feísimo y aunque es prácticamente imposible alcanzar el nivelazo dejado por David Tennant se desenvuelve con soltura, adaptándose perfectamente a la forma de ser del misterioso ser, a sus tics y cambios de humor. En cuanto a la acompañante, es deliciosa, tanto la actriz (Karen Gillan es hermosísima, y ofrece una interpretación grácil y adorable) como el personaje (divertida, encantadora, curiosa y decidida –perfecto complemento para las necesidades del Doctor Who: le ayuda mantenerse en la realidad y bien animado, que sabemos que se puede perder fácilmente-), pero por desgracia, a pesar de lo mucho que promete y lo bien que me cae, el personaje no se exprime debidamente a lo largo de la temporada. De todas las acompañantes es prácticamente la que menos juego da, la que menos aporta y evoluciona conforme vive aventuras y peligros. Queda como una chica simpática y poco más que ni por asomo llena el enorme hueco dejado por Donna. Una lástima que no se aproveche todo el potencial de una actriz tan carismática y resuelta. Y por si fuera poco vuelve a fallar la innecesaria inclusión de algún familiar suyo, en este caso su novio. La pareja es sencillamente increíble, insostenible. No hay química, no se ven razones por las que se puedan amar, y como lo fue en su momento el novio de Rose resulta un lastre insoportable que a todas luces sobra cada vez que aparece. Además, su muerte es cutre de narices y su reaparición muy forzada y lastimera. ¿Por qué les cuesta tanto introducir correctamente caracteres relacionados con la acompañante, y por qué se empeñan en hacerlo? Solo el abuelo de Donna funcionó.

Así pues en general la temporada no se aparta de lo que ha dado esta generación de Doctor Who hasta ahora: diversión y entretenimiento a raudales, historias llenas de acción, humor, dilemas morales excelentes (¡sublime el momento de la ballena espacial!), personajes con los que es fácil conectar y emocionarse, etc. No me extraña que sea un éxito enorme en Inglaterra, pues incluso con los peores altibajos que ha tenido en todas sus temporadas es en general una serie muy adictiva.

BREAKING BAD – TEMPORADA 3.

AMC | 2010
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito.
Valoración:

Esta temporada confirma que no hay límites para los guionistas de Breaking Bad, que en la mejor tradición dejada por muy pocas series (el máximo exponente es The Shield) el ir más allá se hace con todas sus consecuencias. La separación del matrimonio White al final de la segunda sesión no se resuelve con un discursito elaborado por la ágil mente del cabeza de familia, sino que se desarrolla tanto con la lógica y coherencia esperada (una mujer normal no puede convivir con un narcotraficante) como con todas las repercusiones posibles que puede generar: la pérdida de la familia, aquello por lo que Walter en teoría (y matizaré lo de en teoría en un momento) estaba luchando, pone al protagonista al borde la locura.

Si en un principio la justificación de las acciones de Walter se basaba en garantizar el futuro económico de su familia ahora queda claro que no es un factor primordial, pues se está inclinando más hacia la expresión de su ego desmedido, su deseo de demostrar que es más inteligente que los demás, a lo que juraría que se le suma un poco de disfrute de la aventura y una nula capacidad de autocontrol, de poner fin a actos que tienen muchas consecuencias que pueden volverse en su contra. Y de hecho el dinero quizá nunca ha sido el desencadenante que le introdujo en este mundo, sino el romper con la monotonía de una vida estancada tanto en lo intelectual como en lo emocional. Es innegable que Walter sabe que está metido en un juego muy peligroso, pero para recuperar a su mujer no trata de volver a ser un buen padre de familia, sino que intenta fingirlo mientras sigue adelante con sus maquinaciones. En otras palabras, Walter definitivamente es un hijo de puta de cuidado, pero los guionistas han jugado tan hábilmente con la ambigüedad del carácter y la simpatía del espectador hacia él que se tarda tiempo en darse cuenta de ello, y aún así cada seguidor de la serie tendrá un punto de vista concreto sobre el mismo y sus acciones. Para un servidor, por si no había quedado claro con el asesinato de la novia de Jesse, el instante que me abrió los ojos y que además me ha marcado, que no olvidaré, que es sin duda el momento más perturbador de la serie y uno de los más duros que he visto en cualquier producción, es el de Walter invadiendo su casa y forzando su presencia aun a costa de que su mujer no lo quiere ahí (episodio I.F.T.); y la policía obviamente no puede hacer nada, pues no ha infringido leyes a pesar de que su acto es de una crueldad indescriptible. La escena está rodada magistralmente y deja muy mal cuerpo.

En cuanto al resto de personajes, estos siguen evolucionando de forma exquisita. Skyler trata de alejarse de Walter, y recuperar su trabajo de contable la pone en posición de entablar una nueva relación con un viejo jefe y amigo. Quizá esta historia se alarga mucho, de hecho algunas escenas me resultando aburridas, pero da pie a que el personaje madure, especialmente en un sentido inesperado: el que la inclina hacia colaborar con Walter con el lavado del dinero de las drogas. Jesse se ha recuperado de su adicción pero sigue sin poner un rumbo claro a su vida, y sus deseos de venganza llevan a algunas sorpresas interesantes. Pero más llamativo es su choque con Hank. El agente sigue llevando su carrera hacia la autodestrucción, llegando a un par de puntos de inflexión brutales (en One Minute): la paliza a Jesse y el atentado que sufre a manos del cartel, dos escenas espectaculares como la serie sabe ofrecer de vez en cuando. Por cierto, mención especial para la fascinante incorporación del matón principal de Gus, cuyo respeto por Walter es tanto divertido como escalofriante.

La temporada en general supera los altibajos y la ligera falta de ritmo del año anterior y ofrece los mejores episodios e instantes vistos desde sus estupendísimos dos o tres primeros capítulos. A los grandes instantes recién citados hay que sumar el espléndido Sunset, que pone los nervios a flor de piel al conseguir un larguísimo clímax de tensión con Walter y Jesse escondiéndose de Hank en la caravana. Podría ser el mejor episodio de la serie hasta ahora.

Pero el tramo final del año ha sido muy sobrevalorado, pues pierde algo de fuelle al ser demasiado previsible para los esquemas a los que me había acostumbrado la serie. Primero tenemos The Fly, horroroso episodio que algunos quieren ver como algo inteligente cuando no tiene absolutamente nada de contenido ni emoción. Los dos personajes principales están todo el capítulo encerrados persiguiendo una mosca, obteniendo una narración que no alcanza ni por asomo el mínimo de entretenimiento necesario para no desear apagar la proyección. Da la sensación de que se les acabó el presupuesto (con el que tienen bastantes problemas, pues es una serie más cara de lo que parece al haber exteriores tan exóticos) y se les ocurrió rellenar un capítulo sobre la marcha. Y en los dos siguientes (Half Measures y Full Measure), que forman el cierre de temporada, el desarrollo de los acontecimientos se ve venir muy claramente desde varios capítulos antes y no hay sorpresas grandes (salvo la del final del Half Measures, que muestra a White directamente en lo que se ha convertido, en un psicópata sanguinario sin límites), de hecho la escena final del año, con el clásico clímax de personajes apuntándose con armas, es sumamente decepcionante. Ambos episodios están muy bien realizados, escritos con el detallismo habitual y poseen algunos momentos francamente buenos, pero un cierre más redondo para esta temporada podría haberla convertido en una producción memorable.

Para mi sorpresa muchísima gente ya le ha otorgado a Breaking Bad la categoría de obra maestra. Es sin duda de lo más destacable del año, y no es nada descabellado decir que es prácticamente imprescindible para espectadores exigentes, pero no me parece que se pueda considerar como una serie perfecta, y más lejos aun está de merecer un sobresaliente.

Ver también:
Temporada 1.
Temporada 2.