SILICON VALLEY – TEMPORADA 1.

Silicon Valley
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Mike Judge, John Altschuler, Dave Krinsky.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T.J. Miller, Josh Brener, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Christopher Evan Welch, Amanda Crew.
Valoración:

¿Qué mejor lugar para mostrar el mundo de las nuevas tecnologías que Silicon Valley? Para quien no lo conozca todavía, es una amplia región de San Francisco (EE.UU.) donde todas las compañías que se precien tienen su sede principal: Google, Twitter, Microsoft, Apple… Tener todo el meollo de innovación tecnológica donde empezaron los grandes da buena imagen para tu compañía, pero sobre todo permite mejores contactos, competencia y búsqueda de talentos y finanzas. Así que todos los que sueñan con ser genios del gremio o fundar una empresa exitosa intentan ir allí. La mayor parte acaban estrellados sin llegar a nada, otros se estrellan tras una carrera fulgurante pero corta. Muy pocos llegan a multimillonarios que cambian el mundo. Las nuevas tecnologías y las modas son así. Un día Myspace domina la red, al otro nadie se acuerda de ello y le toca el turno a Facebook.

En este ambiente encontramos a nuestros protagonistas. Su descripción inicial parte de algunos estereotipos, si nos ponemos finos, pero era algo ineludible si tratas de representar un colectivo muy concreto. Tenemos al inteligente pero tímido Richard (Thomas Middleditch), cuyo sueño de triunfar choca con sus limitaciones a la hora de saber ser un triunfador: carece de coraje y determinación, le falta experiencia empresarial, etc. Contamos también con el charlatán que vive del cuento y de las rentas de algún trabajillo anterior, Erlich (T.J. Miller). No falta uno medio indio (pakistaní en realidad), que es la raza de moda en Estados Unidos y casi toda serie incluye uno, y cómo no es otro informático empollón: Dinesh (Kumail Nanjiani). Martin Starr es Gilfoyle, el tipo serio y críptico pero con salidas extrañas e inesperadas. Encontramos al empanao que es objetivo de las bromas del grupo, Big Head, o sea, Cabezón (Josh Brener). Sin catalogación posible está el nuevo en la pandilla, Jared (Zach Woods), que es rarito y torpe pero competente. Y por supuesto vemos las dos perspectivas del empresario millonario: el agresivo sin escrúpulos Gavin Belson (Matt Ross, mítico en papeles de malvado) y el excéntrico con manías delirantes Peter Gregory (Christopher Evan Welch).

Todos los intérpretes del grupo de colegas tienen larga experiencia en televisión, pero salvo quizá Zach Woods (estuvo en The Office en un papel semejante), ninguno ha pasado por alguna producción que le diera algo de visibilidad, lo cual ayuda a hacernos a los protagonistas, porque no asocias los rostros a algún personaje anterior. Además todos los actores se hacen al estilo característico de su rol con rapidez, captando todos sus matices y excentricidades y logrando además una química fantástica con los demás. Destaca lo hábilmente que cogen el punto a lo más complicado: transmitir a través de miradas y gestos lo que el protagonista siente y sufre. Desde el primer episodio sabemos cómo puede reaccionar Richard, qué significa ese suspiro o por qué se muerde los labios; el tono de voz de Erlich señala que está en otro de esos intentos de afirmarse, de superar sus limitaciones; una mirada fugaz entre Dinesh y Gilfoyle puede exponerte su reacción a una situación sin requerir más diálogos. Pero hay que señalar una triste anécdota: Christopher Evan Welch falleció de cáncer antes del estreno de la temporada. A los guionistas no le queda otra que cambiar las tramas que giran a su alrededor en el segundo año; el mundo sigue, qué se le va a hacer.

Una vez hemos visto la vida en la zona y cómo trabajan los protagonistas, que buscan alcanzar sus sueños pero están en puestos más precarios y con menos futuro del que esperaban, el proyecto de Richard salta a la luz como una obra posiblemente revolucionaria, eso que todos buscan con desesperación en Silicon Valley. Está programando un software de compresión de archivos sin pérdida de calidad que desterraría definitivamente el flac, mkv y semejantes (porque el mp3, divx y otros, con su notable pérdida hace mucho que están obsoletos), lo que cambiaría por completo el manejo de información en internet, afianzando definitivamente el dominio de la nube. Pero el triunfo y el éxito no llegan sin más. Tiene que saber mostrarlo y distribuirlo sin que la competencia lo aplaste antes. Tiene que decidir entre ofertas varias, entre el dinero (venderlo y hacerse millonario) y la realización personal (sacarlo adelante y escribir su nombre en la historia). Tiene que luchar día tras día con marañas de papeleo, engaños y abusos. Sus amigos lo apoyan como pueden pero todos carecen de la experiencia y personalidad necesarias para enfrentarse a pesos pesados como los Belson y Gregory del mundo. Sólo Erlich tiene algo más de caradura para plantar cara a los abusos o dar una imagen respetable de la empresa, y Jared aporta algo de experiencia en el papeleo.

La serie es una auténtica gozada, sobre todo para informáticos y frikis como un servidor. Entra de maravilla por su ritmo trepidante, su puesta en escena de primer nivel (excelente fotografía de planos medios y estupenda ejecución de escenas con muchos personajes con interacción sutil entre ellos) y sobre todo por la pasmosa facilidad con la que definen a los protagonistas en los treinta minutos del primer capítulo y en los siguientes siete los sumergen en una vorágine de acontecimientos que es un no parar de historias relacionadas con la informática. Hay humor directo y sencillo como el que puede verse en Big Bang Theory (la más cercana en cuanto a género), pero abunda más la parida ingeniosa y el giro inesperado mezclados hábilmente con chistes más sutiles y otros gags de largo recurrido muy bien desarrollados. Inevitablemente también tenemos mil referencias a las nuevas tecnologías (empresas, internet, personajes famosos, etc.), y en estos tiempos tampoco falta el toque de vergüenza ajena, los personajes que rozan lo patético. Las aventuras son amables y simpáticas por lo general (esta vez de dramedia casi no hay nada), pero hay bastante autocrítica del gremio y muchas enseñanzas sobre los temas tratados (conflictos laborales y limitaciones personales principalmente).

Hay que destacar que sus guionistas han realizado una labor de documentación meticulosa para recrear un entorno realista y respetuoso, y han tenido mucho cuidado para que el tono de autoparodia, como el patetismo de algunos personajes y los chistes basados en clichés (como el nulo tacto de los frikis con las mujeres), no altere el equilibrio cayendo en el estereotipo. La idea de la serie nace de la experiencia personal de su creador Mike Judge, que con su graduado en física empezó a trabajar como programador y acabó asqueado del mundillo, sobre todo de la cultura de idolatría que muchos tienen alrededor de figuras famosas (Steve Jobs y Steve Wozniak -Apple-, Larry Page -Google-, Mark Zuckerberg -Facebook- y otros tantos). Se pasó a la televisión, y tras hacerse un nombre con las series de animación El rey de la colina y Beavis y Butt-Head, alrededor de las que hay cierto culto, decidió mostrar ese ambiente desde una perspectiva satírica pero a la vez delicada. Sólo el tema de la “puntuación Weissman” (eso de medir el grado de compresión) es inventado, pero resulta creíble y sirve para sintetizar las tramas.

El esfuerzo puesto da resultado. Se puede tocar y sentir el ambiente de Silicon Valley y sus habitantes desde las primeras escenas. De la situación laboral del currito marginado a la del multimillonario excéntrico hay todo un rango fascinante, como los genios desaprovechados, los fracasados, los trepas cansinos, o los “apartados” (esos que son contratados para joder a la competencia y ubicados en puestos donde no tienen nada que hacer). El funcionamiento de las empresas se describe muy bien, las aspiraciones y problemas de los jóvenes mejor aún. Las referencias a figuras famosas y no tan famosas abundan, los personajes millonarios del relato dan para teorizar sobre en quiénes se inspiran. Tenemos mil detalles de la vida cotidiana convertidos en estupendos chistes: las fiestas para aparentar, las convenciones, los líos entre informáticos, los guiños frikis…

Silicon Valley puede parecer sencilla de primeras, pero en nada que empiezas a analizarla se ve toda su inteligencia y complejidad. Todas las escenas combinan magistralmente la certera presentación y desarrollo de los personajes y el entorno, el progreso veloz y firme de las tramas, las numerosas capas de chistes, tanto fugaces como de largo recorrido, la construcción paulatina del universo de la serie (que apunta a cobrar vida propia como el de Entourage)… No, no es nada sencilla. Y ahí radica su genialidad: los guionistas lo mezclan todo de forma que el producto esté completamente equilibrado, resultando una serie cuya profundidad y sutilezas no impiden que parezca ligera y resulte entretenidísima.

Momentos geniales, chistes tronchantes y situaciones muy originales hay varias en cada episodio. Enseguida destaca la dinámica entre protagonistas, con sus chistes y piques recurrentes (como los líos entre Gilfoyle y Dinesh), las paranoias de Elrich, y, sobre todo, las excentricidades de los dos multimillonarios, cada cual más loco. Mis momentos favoritos son: el chaval programador y la que arma, el viaje absurdo de Jared en coche automático (el momento más surrealista de la temporada), la idea de Elrich de tomar setas alucinógenas para buscar un nombre para la empresa, las delirantes presentaciones en la convención (el tío de la estufa de microondas: “¡nooo la enciendas!”), los ataques de ansiedad de Richard (cuando moja los pantalones…), el médico bocazas, Jared incapaz de hacerse notar, el destino de Cabezón, la no-obsesión de Richard con una exnovia, Elrich y sus aventuras con las mujeres del juez de la convención…

Sólo le puedo poner un par de pegas. Primero, estoy a favor de las temporadas cortas, porque evitan el desgaste y estirar tramas con rellenos menos trabajados… pero ocho capítulos de treinta minutos saben a poquísimo, y más si son tan buenos. Le ocurre como a Transparent y Girls: da la impresión de que pasan demasiadas cosas en un corto espacio de tiempo. Sí, en este caso la trama lo justifica bien (trabajan a contrarreloj), pero eso no elimina la impresión de que se podría haber contenido el ritmo para que los personajes y sus aventuras calaran más gradualmente, y la mejor forma de hacer esto es con unos cuantos capítulos más. Pero claro, también alargarla podría implicar meter los citados rellenos, arriesgándose a perder una de sus mejores virtudes: ir al grano sin rodeos y con un ritmo adictivo que pide a gritos varios revisionados. En mi caso, en cuanto la acabé la vi de nuevo, porque me parecía que no la había saboreado bien, y pude comprobar que había pasado por alto numerosas sutilezas, tanto en chistes como en la evolución de los personajes, con lo que le saqué mucho más partido. Así pues, no consigo decidirme: ¿es una limitación, porque va tan rápido que satura y no da tiempo a digerirse bien, lo que obliga a verla de nuevo, o es un acierto porque no da tiempo a que aparezca el desinterés y permite varios visionados sin desgaste?

El único fallo importante es su giro final, donde se fuerza demasiado la cosa y se abandona momentáneamente el tono por lo general realista de las andanzas empresariales de los protagonistas. En ese momento cumbre tiran demasiado de topicazos y giros tramposos que se ven venir de lejos: cuando Richard deja a todos pasmados en el último instante me produjo vergüenza ajena, por cutre, por forzado, por tramposo y predecible. Parece impropio de una obra tan inteligente, la verdad. Se podía haber desarrollado el mismo planteamiento sin forzar tanto la situación, con más naturalidad: no va a sorprender, qué menos que mostrarlo de forma más verosímil. Esperemos que sea un desliz casual y la segunda temporada mantenga e incluso supere el buen tono con el que ha empezado la serie.

PD: Es horrible la cutre recreación de la fachada del edificio de la empresa Hooli, y cantan bastante los planos repetidos del exterior de la convención. No parece una serie de bajo presupuesto, se podían haber currado estos aspectos un poco más.

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