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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 1

BBC Two | 2013
Suspense, crimen | 6 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Sam Neill, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Iddo Goldberg, Sophie Rundle, Joe Cole, Alfie Evans-Meese.
Valoración:

El guionista inglés Steven Knight se ha ganado bastante renombre en el cine gracias a algunos éxitos como Aliados (Robert Zemeckis, 2016), Un viaje de diez metros (Lasse Hallström, 2014), El caso Fisher (Edward Zwick, 2014) y sobre todo Promesas del Este (David Cronenberg, 2007). En televisión empezó a hacerse notar con Los detectives (Nic Phillips, 1993-1997), pero pegó el pelotazo con Taboo (Chips Hardy, Tom Hardy, y el propio Knight, 2017), que sin ser extraordinaria ha causado bastante impacto, quizá por el tirón de su protagonista, Tom Hardy. Antes de ella creó Peaky Blinders (2013), que ha ido ganando adeptos con el tiempo, más aún con la llegada de Taboo.

La serie se inspira en la mafia que le da título, los Peaky Blinders, que operaba en Birmingham, Reino Unido, desde finales del siglo XIX. Nos embarcamos en sus aventuras en su momento álgido, en el período de entreguerras, siguiendo las andanzas de una familia ficticia que la dirige, los Shelby. El joven Thomas vuelve de la Gran Guerra con fuerza y experiencia pero sobre todo con una gran ambición que lo empujarán a hacerse con el poder e ir expandiéndose. Su hermanos y su tía no conocen otra forma de vida, y darán todo por seguirlo en los negocios donde mejor florecen estos criminales, como las apuestas. Pero el hacerse notar también implica ganarse nuevos enemigos, sean otras familias o el gobierno, que envía a un duro detective contra ellos.

La premisa expuesta en los dos primeros capítulos no es muy alentadora. El dibujo de la familia mafiosa obedece a todos los clichés del género, recordando demasiado a Los Soprano (David Chase, 1999) y especialmente a Hijos de la anarquía (Kurt Sutter, 2008). La pugna del joven con visión contra los veteranos obtusos, la matriarca que ha tomado las riendas ante un padre ausente (aquí recuerda muchísimo a las andanzas de los moteros), la riña con la familia contrincante, los negocios típicos, las peleas, las fuerzas de la ley intentando darles caza… Lo peor son el policía, con Sam Neill forzando acento irlandés en un rol demasiado arquetípico, y la chica infiltrada, que resulta muy aburrida, en especial por la pobre interpretación de Annabelle Wallis.

Así pues, no parecía una obra con aspiraciones y potencial suficiente para destacar. ¿Qué me hizo seguir? Principalmente las críticas que hablan de gran subidón en las siguientes temporadas, pero también que posee bastante personalidad. La sociedad de la época queda bien retratada, destacando la dura vida de los barrios bajos. La puesta en escena logra un buen un aspecto visual sin alardes (no hay mucho dinero): las pocas calles y locales que vemos están muy bien ambientados, la iluminación y la cámara en mano consiguen una inmersión muy efectiva, y aunque no llegue a ser deslumbrante sí tiene muchos buenos momentos y algunos planos excelentes. Pero lo mejor es que Thomas es un personaje central muy jugoso, y la interpretación de Cillian Murphy magnífica desde el primer momento. Los traumas de la guerra le dan un poso dramático muy interesante, su determinación e inteligencia resultan bastante atractivos, y su lado humano, aunque sea con el predecible enamoramiento con la infiltrada, termina de formar un rol complejo que evoluciona a ojos vista y promete mucho más.

El problema es que no terminan de desarrollar a los demás protagonistas, a pesar de centrar algunos episodios en varios de ellos. El dibujo de los hermanos es mejorable, incluso cuesta saber cuántos son. De hecho, la pandilla crece y decrece según se necesite gente para una historia u otra. Lo peor es que el policía y la chica resultan cansinos, y su desenlace es lo más predecible en un repertorio de historias nada novedosas.

En conjunto resulta un entretenimiento muy digno. Los capítulos son largos, de una hora todos, pero siempre hay movimiento y sensación de que cada intriga y plan tendrá repercusiones, de forma que, aunque estas se vean venir, no hay tiempo para que aparezca el aburrimiento. Y Thomas sostiene la serie con un magnetismo arrollador, siempre quieres saber más de él, si superará los traumas de la guerra, si levantará a la familia, si será capaz de mantener la trama criminal, si vencerá al insistente policía… Deja algunas escenas bastante potentes, como cuando pone a prueba a la prometida de su hermano u obliga a otro a casarse para unir familias. Estas recuerdan que hay bastante potencial por explotar e invitan a seguir viendo la próxima temporada.

JUSTIFIED – TEMPORADA 4

FX | 2013
Drama, suspense, acción | 13 ep. de 40-45 min.Productores ejecutivos: Graham Yost, Elmore Leonard, Michael Dinner, y otros.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Nick Searcy, Joelle Carter, Jacob Pitts, Jere Burns, Mike O’Malley, Erica Tazel, Natalie Zea, Ron Eldard, Jim Beaver, Abby Miller.
Valoración:

Justified vuelve a encontrar el tono tras un tercer año que deshacía lo andado en el segundo, redondeando la fórmula hasta conseguir la temporada más equilibrada, fluida y emocionante hasta ahora. Sigue sin verse por ninguna parte la gran serie que algunos se empeñan en defender, pero como entretenimiento cumple de sobras. De hecho algunos de sus fallos siguen ahí, empezando por la puesta en escena regulera que falla en momentos clave (los tiroteos pierden bastante por el mediocre montaje, las conversaciones dentro de coches en movimiento son horribles) y el poco partido que sacan de algunos secundarios.

Lo primero a destacar es como siempre Raylan Givens, el marshal de culo inquieto con tendencias justicieras que se mete en fregado tras fregado para desesperación de su jefe. El carisma de Timothy Olyphant sigue siendo esencial para realzar un personaje que podría haber sido mítico si la serie hubiera alcanzado mayores cotas de calidad e influencia. Desde el primer capítulo empieza deslumbrando con la captura de un fugitivo y el trato que le da, pero momentos con su estilo hay otros tantos, como cuando busca enfrentarse con el ex de su actual novia o cuando dispara a un sheriff sospechando que era un impostor. Lo que sigue sin funcionar del todo es la exmujer. Sí, ella y el embarazo sirven para darle a Raylan algo de trasfondo y de humanidad, pero los guionistas no terminan de llegar a ninguna parte con la relación entre ambos, parece que ni siquiera buscan la típica relación en tensión, porque de hecho ella cada vez tiene menos protagonismo. Sale tan poco ni recuerdo cómo acabó embarazada ni qué fue del novio que tenía. Además al final se van al lado contrario, forzando cosa mala su presencia en la trama, porque el desenlace con la familia en peligro es predecible y sensacionalista.

En la comisaría tenemos los otros personajes desaprovechados, y sigo sin entender por qué los mantienen en los créditos como principales. Supongo que en algunas investigaciones es más verosímil que vaya acompañado de otros agentes, pero historias concretas con ellos sólo tenemos la de Tim con los veteranos de guerra, que no está nada mal pero no termina de darle vida al personaje, y algunos roces divertidos de Raylan con el jefe. Rachel continúa sin levantar cabeza, quedando relegada a un par de escenas en toda la temporada.

Más relevancia se le da a los villanos secundarios (Duffy, Augustine) y al séquito de Boyd, donde el juego a dos y tres bandas del primo Johnny y las meteduras de pata de Colton mantienen bien la intriga sobre si Boyd caerá por sus propios hombres. Y este gran Boyd Crowder por fin está aprovechado plenamente en historias propias y líos con Raylan sin parecer una presencia forzada en ningún instante. La dinámica entre ambos se mantiene muy bien, y esto es una sorpresa, porque mantener la rivalidad durante tantos capítulos, alternando entre momentos de calma y momentos de tensión pero sin llegar a un punto en que no fuera verosímil postergar el enfrentamiento final, es algo muy difícil de conseguir y de hecho anteriormente no lo lograban. Las veces que se cruzan tememos que pase algo de una vez entre ellos, pero cuando las cosas se medio solucionan no da la sensación de dar tramposas vueltas en círculos. Hasta las tramas secundarias de Boyd, como la del religioso que le quita clientes, funcionan de maravilla. De hecho la forma de vencer a este tipo es fantástica. De ahí pasamos a los jaleos con los ricos (donde hace gala de gran inteligencia, pero también excesiva ambición), los jaleos con Duffy y Detroit, el miedo a que descubran el cadáver que dejó Ava, el lío en que se va metiendo la puta tontita Ellen May… Es un no parar de aventuras muy bien enlazadas y con giros bien trabajados, algunos incluso con buenas sorpresas, en especial al final cuando le devuelven alguno de sus golpes o cuando nos dicen por fin quién es Drew Thompson, el misterioso fugitivo tras el que todos andan.

Y eso es lo mejor de la temporada: todas las tramas, y son bastantes, tienen su tiempo bien medido y denotan buena planificación, de forma que se combinan muy bien, porque de una forma u otra casi todas las cosas acaban conectadas. El hallazgo de la bolsa, el interés de varios grupos en ella y las andanzas particulares de Boyd son los troncos principales, pero ramificaciones hay muchas. Hasta los casos sueltos ya se alejan completamente de parecer el caso del día (el fugitivo negro da mucho juego, por ejemplo). Otro gran logro es que consiguen hacer relevantes (y temibles) a personajes que no llegamos a ver, como el mafioso jefe de Detroit, Theo Tonin. Es cierto que eso complica a veces saber de quién están hablando, o que la guerra entre sus herederos queda un poco rara al mencionarse de pasada, pero se manejan muy bien los miedos y repercusiones de estos grandes mafiosos en los criminales locales.

La otra gran virtud es que la serie se encontró su tono hace tiempo y este sigue siendo esencial para conseguir una serie con cierta personalidad: la combinación de humor negro e ironía a la hora de tratar a los paletos sureños y los criminales ofrece muchos buenos momentos de humor.

PD: fatal el casting de una treintañera para hacer de adolescente de dieciséis o así (la que entra en casa de Raylan).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

TOP OF THE LAKE – TEMPORADA 1

Sundance Channel | 2013
Drama, suspense | 7 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jane Campion.
Intérpretes: Elisabeth Moss, Thomas M. Wright, Peter Mullan, David Wenham, Holly Hunter, Jacqueline Joe.
Valoración:

Sundance Channel, reconvertido en SundanceTV en 2014, es un canal de cable y satélite filial de AMC (antes lo fue de Showtime) dedicado a emitir películas de cine independiente y cortos, así como documentales de mayor calado que otros canales. Por ello mismo sorprende que iniciara sus andaduras en el mundo de las series con Top of the Lake, una co-producción con la BBC que resultó una obra bastante típica y comercial. En cambio en su segunda serie y ya completamente propia, Rectify, sí se mantuvieron fieles al tono independiente y alternativo.

Aunque lo hiciera en colaboración con Gerard Lee en el guion y Garth Davis en la dirección, su principal artífice es Jane Campion, realizadora neozelandesa conocida por la famosa película El piano. De hecho, quería a Anna Paquin, quien se dio a conocer en aquel filme, para el papel de protagonista, pero estaba embazada y acabó en manos de Elisabeth Moss. Que no tuviera una protagonista nacional (Paquin tampoco lo era) molestó al canal australiano con el que iban a co-producir, pero la filial local de la BBC, UKTV, llegó para salvar los trastos. Se rodó en Nueva Zelanda, usando Queenstown y exteriores varios (el lago Wakatipu) para recrear la pequeña ciudad ficticia de Laketop. Nació como miniserie, y así la quería Jane Campion, pero tuvo bastante éxito y la cadena hará una segunda temporada.

Mientras Robin (Moss) está de visita en su pueblo natal para estar con su madre moribunda, una niña de 12 años intenta suicidarse al descubrirse embarazada. Como es detective colabora en la investigación con la reducida policía local, donde ser joven y mujer le garantizará el rechazo de los pueblerinos, aunque el sargento Al (David Wenham) intenta suavizar las cosas. La investigación sacará a la luz miserias y vicios conocidos y tolerados por todos en un clásico entorno rural empobrecido y lleno de paletos: familias rotas y peleas entre vecinos, drogas, miseria, etc. La mayor parte de estos problemas emergen de uno de los hombres más temidos y poderosos, Matt (Peter Mulan), que resulta ser el padre adoptivo de la chica y por obvia extensión el principal sospechoso en el caso. Pero además Robin se enfrentará a fantasmas del pasado que harán peligrar su equilibrio mental.

Campion busca un tono entre The Killing (sea la original o la estadounidense) y Twin Peaks, es decir, oscuro, deprimente, trágico y perturbador en una onda que roza la locura, porque los personajes secundarios oscilan entre lo estrafalario y lo surrealista. Tanto la atmósfera como la investigación se presentan prometedoras en el primer capítulo, y los protagonistas aunque no deslumbran resultan atractivos. Pero la fuerza y coherencia del relato empiezan pronto a fallar, para terminar cerrando una miniserie que hace aguas por todas partes. Campion orquesta una trama y personajes enormemente irregulares, está muy torpe a la hora de construir un drama y un thriller profundo y sobrecogedor como buscaba, y es clara su inclinación por las trampas burdas y el sensacionalismo de folletín. El guion es tan poco inteligente que pretende ir de feminista y hace el ridículo, primero por la simpleza de los topicazos sobre el machismo en la llegada de Robin al caso, segundo por recalcar en exceso la independencia de mujeres con la absurda comuna y la obsesión de Robin de hacerlo todo sola y tragarse las penas, y tercero porque a la vez se pone a los hombres como tontitos y los únicos capaces de cometer atrocidades.

La puesta en escena sin ser notable resulta efectiva, y los paisajes exóticos de Nueva Zelanda se aprovechan bien con numerosos planos aéreos… tantos que se pasan un poco, pero bueno. En el reparto sólo destacan dos nombres, porque el resto de personajes no ofrecen material para buenas interpretaciones (qué irreal está Holly Hunter, qué sosos David Wenham y Thomas M. Wright -Jonno, el amigo de Robin-). Peter Mullan es uno de esos numerosos veteranos ingleses de enorme talento y poca fama (atención al papelón que hizo en The Fear), y está muy bien en el rol de mafiosillo local de poca monta pero inquietante. Pero quien arrasa hasta el punto de levantar bastante el nivel de la serie es Elizabeth Moss, que se dio a conocer en El Ala Oeste como la hija pequeña del presidente y empezó a destacar en Mad Men. Su papel es de los que quitan la respiración, un torrente de emociones, de dolor contenido, de pesares que transmite con gran intensidad a través de miradas melancólicas, respiraciones entrecortadas y gesto apesadumbrado.

De Top of the Lake se habló bastante (Moss se llevó el Globo de Oro) y aunque tuvo críticas muy polarizadas la mayoría eran a su favor, hasta el punto de que algunos la consideraron incluso entre las mejores del año, algo que me cuesta entender dado su flojísimo nivel global. Me pareció un despropósito de serie por sus excesos y bajones, cargante por abuso del melodrama, y aburrida por lenta, predecible y tener subtramas anodinas (el romance de Matt sobra por completo). Una crítica que me gusta mucho es la de Quinta Temporada, que la pone en su sitio como merece.

Alerta de spoilers: A partir de aquí spoilers a mogollón, incluido destripe del final.–

Son tantos los huecos y trampas que no puedo recordarlos todos, porque se me hizo cuesta arriba y la voy olvidando rápido, ni citar demasiados, porque hay gran cantidad de fallos, tanto en cosas importantes como en detalles. Empieza a chirriar la cosa con la comuna de mujeres que se presenta en la zona, donde la guionista juega tanto con los excesos (todas las mujeres arrastran historias rebuscadísimas) como con lo gratuitamente críptico (Holly Hunter y su peluca en un personaje delirante), y todo para aportar más bien nada, porque sólo sirven como parada temporal de algunos personajes. El primer golpe sensacionalista y el primer patinazo con las intrigas y sorpresas escondidas y estiradas de mala manera vienen con la violación de la protagonista cuando era joven, que se mete sin ton ni son al tercer capítulo o por ahí y luego se añaden capas cada vez más amarillistas. La coincidencia con el caso y que los implicados y el follamigo que pudo estar ahí o no sean conocidos subraya el drama de forma bastante innecesaria, y para colmo Robin en vez de plantarse y preguntar al novio de una vez qué pasó, lloriquea, se va, vuelve, sufre… todo para intentar mantener el secreto y la expectación de cara al espectador. ¡Se acuestan como tres veces mientras ella llora por lo que él pudo hacer o dejar de hacer! Por favor, qué poca coherencia y qué poco respeto a la inteligencia del espectador.

El caso va a trompicones también, con pausas clásicas metidas con calzador, como el tramo en que ella se ve apartada de la investigación por una falta grave (le da una paliza a un tipo) y luego vuelve como si nada, como si todos hubieran olvidado una transgresión que podría significar el despido o incluso ir a juicio. ¿Que hemos visto mil veces este tipo de giro? Da igual, hay que cumplir con el género. La información y los hallazgos igual, con clichés y escondidos de mala manera o dejados de lado para retomarlos en otro capítulo, que los guionistas no quieren gastar los cartuchos muy pronto y también está claro a estas alturas que no saben manejar la intriga. El colmo de estas sandeces llega cuando encuentran pruebas de que la niña está viva en el bosque y no relanzan la búsqueda acotándola mejor. Claro, es que si no se acabaría la serie muy pronto. Pero es que lo rematan con Robin y el amigo parándose a fornicar entre árboles mientras dicen estar buscándola. ¡Qué empeño le ponen! Así la niña se tira toooodo el embarazo por ahí perdida, en una narración que gestiona el paso del tiempo de forma pésima: parece que no han pasado más de un par de semanas. Pero hay muchas escenas con esta tónica, como las fotos de la orgía que todos olvidan porque sí como si no fueran relevantes, o la foto de la cafetería que revela el final del caso a la protagonista, que pese a estar donde miró antes repetidas veces no la vio… ni la cámara la enseñó porque era descaradamente obvia. Cómo no los sospechosos llegan en fila y tirando de topicazos. ¡No falta ni el pederasta que luego resulta no estar implicado! Tanto cliché metido a martillazos satura.

Paridas hay a montones, como que el villano, que era interesante en principio, de repente resulta que se autoflagela (a pesar de no ser religioso), como para señalar que está zumbado y es peligroso, por si todavía no te habías enterado. Y por si no teníamos suficiente con los personajes salidos de madre, hacia el final aparecen el viejo demente y el niño rarito que no habla porque no quiere, con lo que todo lo que sabe, que parece ser mucho, queda en misterio. ¿Por qué cuando sospechan que podría conocer dónde está la niña no le hacen un seguimiento completo? Porque Robin también se para a practicar sexo, dejando que el chaval desparezca… Supongo que esto va en consonancia con la liberación de la mujer: practicar sexo cuando les plazca sin que nadie las critique… ¿Ni siquiera cuando faltan a sus responsabilidades ni cuando se provocan daño emocional?

El remate viene en el demencial desenlace. La escena más vergonzosa que he visto en años, en muchos años, es la de la niña cayendo por el precipicio, con grito incluido, pero que luego resulta ser el amigo disfrazado. ¿No les da reparo cometer tan flagrante manipulación? ¡Se oye claramente que es ella! ¿Y tenemos que creernos que los perseguidores, a pocos metros, no los distinguen? ¿Y que se cambiaron tantas ropas en un suspiro? No termina la cosa ahí, porque el tramposo drama alcanza cotas alucinantes: al señalar que era ella la fallecida nos lo ponían como una gran tragedia… cuando se descubre que es el chaval es como una liberación, lo entierran rápido y a otra cosa. Pero se ve que no teníamos bastante manipulación emocional, porque todavía queda. Entonces llega lo de la foto de la cafetería, que apunta a uno de los buenos como culpable en un giro inverosímil típico de telefilme barato y rebuscado. Y de ahí pasamos al manido asalto final a tiros de la protagonista en solitario (eso de pedir refuerzos es para blandos) contra el malo imposible.

En los últimos capítulos estaba deseando que acabara, pero como cae en la cutrez de forma tan sonrojante al menos me despedí de ella riéndome.

Nota: Debido a su éxito estuvo mucho tiempo hablándose de una segunda temporada. Finalmente llegó en 2017.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 4 – FREAK SHOW

FX | 2013
Suspense, fantasía | 13 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Tim Minear.
Intérpretes: Sarah Paulson, Evan Peters, Kathy Bates, Jessica Lange, Angela Bassett, Emma Roberts, Denis O’Hare, Michael Chiklis, Frances Conroy, Finn Wittrock.
Valoración:

Brad Falchuk y Ryan Murphy nos llevan en esta temporada a un circo de fenómenos que sobrevive a principios de los años cincuenta. En su actual emplazamiento la feria enfrenta el ocaso de una profesión que permitía tener un sustento a estas gentes expulsadas de la sociedad por sus deformidades. Y por si la crisis de la profesión no fuera suficiente, todavía luchan contra viejos fantasmas: ese rechazo trae también los linchamientos y ejecuciones cuando los pueblerinos buscan culpables de sus desgracias. La aparición de un asesino en serie, un payaso loco que siembra el caos entre los lugareños, abre la veda para la persecución de los fenómenos.

El año empieza con bastante más fuerza que los dos anteriores gracias a que presenta unos personajes más sólidos y atractivos. Es cierto que Jessica Lange repite un rol de lideresa ambiciosa sin escrúpulos, pero Elsa Mars pronto resulta más interesante que la bruja de la etapa precedente, porque parece más humana, porque sus heridas son más tangibles, y sobre todo porque su lastimera obsesión por hacerse un nombre en el negocio, aunque sea a costa de dejar a los suyos en la estacada, resulta inquietantemente divertida.

Recuperamos a Evan Peters en un papel que permite ver su valía como actor: el chico langosta es fiel a los suyos, carismático y valiente. Kathy Bates se aprovecha muy bien otra vez, pues la mujer barbuda muestra un viaje emocional bastante completo. Sarah Paulson encarna a las siamesas, dos cabezas y dos personalidades encantadoras cuya historia de crecimiento personal y búsqueda de un lugar en el mundo también da mucho de sí. El resto de feriantes queda en un plano más secundario, pero todos tienen algo que aportar: la gigante, la enana, la mujer sin piernas, el hombre sin brazos… Y todos estos además son fenómenos reales, solo con la siamesa y la barbuda han usado maquillaje y efectos especiales.

Sabiamente relegan la aparición de otros protagonistas, de forma que no saturan en los primeros capítulos. El forzudo (Michael Chiklis) y la mujer de tres pechos (Angela Bassett) darán para un buen drama familiar junto al chico langosta y la mujer barbuda, porque las relaciones guardan interesantes sorpresas. Denis O’Hare y Emma Roberts son una pareja de caza-fenómenos que se infiltra en el circo para obtener especímenes que vender a museos de horrores. Y aparte tenemos la fascinante historia de Dandy (Finn Wittrock), el chico mimado y malcriado por una madre que le consiente todo (Frances Conroy), y quien irá sacando su vena de asesino psicópata poco a poco. Wittrock, que se dio a conocer en Masters of Sex, es la nueva incorporación a la serie y logra la mejor interpretación de la temporada.

La puesta en escena se inclina por una línea más clásica, evitando las locuras previas. Se agradece, porque ese estilo no parecía encajar aquí y porque en la etapa de las brujas se le veía un desgaste importante. Los únicos encuadres variopintos son fruto de encajar las dos cabezas de la siamesa, que además se llevaría gran parte del presupuesto. Aunque sí encontramos un recurso atípico en otro elemento: la idea de poner canciones de los años ochenta en los numeritos de Elsa (con predilección por David Bowie) ayuda a generar una atmósfera irreal.

Lamentablemente, los guionistas se quedan sin ideas a mitad de la sesión. Una vez terminadas las tramas del payaso asesino y del lío con los lugareños no saben desarrollar nuevas historias, y los personajes se estancan en una dinámica repetitiva que no lleva a nada. Por si fuera apoco pronto se ve que con conscientes de ello pero que su único recurso es rellenar y amagar: cuántos falsos asesinatos tenemos que tragarnos, tanto por parte de la pareja infiltrada como por las constantes disputas en el propio circo, empezando por los tejemanejes de Elsa. Así a ojo, las siamesas no-mueren tres o cuatro veces, hasta el punto de que una vez me sorprendí de verlas de nuevo, pensando que definitivamente habían fallecido.

Media temporada dando vueltas en círculos acaba con la paciencia de cualquiera. Poco hay que salvar de los agotados personajes, como mucho las penurias del chico langosta, tanto en el tema familiar como en su esfuerzo por defender al grupo, y el paso al lado oscuro de Dandy. Pero me temo que incluso con este último aparcan lo inevitable hasta los capítulos finales: el reguero de muertes tan largamente anunciado, cuando llega, ya no puede sorprender, porque lo hace tarde y de forma precipitada. La posición final de otros personajes tampoco sorprende: el viaje de Elsa se ve venir de lejos y se le dedica demasiado tiempo, mientras que el destino de los pocos supervivientes del circo es tan insípido que ni lo recuerdo a la hora de escribir esto.

Otra cosa que hacen mal los guionistas es meter a última hora un par de personajes nuevos. El capítulo centrado en contarnos el pasado de Pepper es el colmo del relleno innecesario: aparte de lento y aburrido no aporta absolutamente nada a un personaje que apenas pasa de figurante y que finalmente vemos que no tiene nada nuevo que decir. Y la aparición estelar de Neil Patrick Harris como nuevo loco asesino también sabe a trampa, porque intenta desviar la atención de los hilos principales y porque se expone todo con prisas cuando con los protagonistas van a paso de tortuga. Aunque por eso mismo se puede decir que termina ofreciendo algo de entretenimiento por aportar ritmo y frescura.

Es triste acabar una temporada con tanta desgana y desinterés por lo que le pase a los protagonistas cuando en el inicio de la misma estos te han llegado con fuerza. Pero es lo que ocurre cuando los guionistas no planifican bien el año, cuando no saben dosificar personajes y tramas. Y la verdad es que es difícilmente perdonable, porque escriben sabiendo que será una temporada cerrada.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 – Asylum (2012)
Temporada 3 – Coven (2013)
-> Temporada 4 – Freak Show (2014)
Temporada 5 – Hotel (2015)

MASTERS OF SEX – TEMPORADA 1

Showtime | 2013
Drama | 12 ep. de 52-59 min.
Productores ejecutivos: Michelle Ashford.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Beau Bridges, Teddy Sears, Nicholas D’Agosto, Allison Janney, Julianne Nicholson.
Valoración:

La creadora y guionista Michelle Ashford parte de la novela de Thomas Maier para abordar su propia versión sobre el trabajo realizado por los investigadores Williams Masters y Virginia Johnson, quienes desde finales de los años cincuenta revolucionaron los conocimientos sobre sexo.

Williams Masters es metódico y muy exigente en su trabajo, y también un visionario que sigue con ímpetu su obsesión por estudiar un tema tabú como es el sexo, por romper la percepción que se tiene de él en la sociedad y en la ciencia. Pero su dominio de la ciencia choca con su ingenuidad y limitaciones personales: no siente deseo por su esposa, su noción de la familia es prácticamente cumplir con lo que dicta la sociedad (la vio como esencial si quería labrarse una reputación como ginecólogo), y sus aptitudes sociales en general no son su fuerte. Inesperadamente encuentra en la secretaria que contrata un opuesto que le complementará y enseñará muy bien. Virginia Johnson es joven pero muy madura, no en vano ya ha vivido un par de matrimonios y tiene dos hijos, experiencia que le ha servido para decidirse por vivir la vida a tope: trabajar y estudiar para llegar a no depender de un marido, relacionarse con quien quiera importándole bien poco el qué dirán. Pronto su energía y valentía y facilidad para aprender la convierten en una colaboradora de la investigación.

Como es esperable el estudio traerá complicaciones de todo tipo, siendo las primeras la relación entre ambos, que pasa por todo tipo de situaciones. La incapacidad de Masters para expresar sentimientos y pedir las cosas con educación lo hacen difícil de tratar, de hecho, la serie juega mucho a mostrarlo repulsivo para el espectador, pero siempre de forma que entendemos por qué y nos apiadamos de él: quieres que cambie, que trate bien a Virginia, a su mujer y a sí mismo; y a la vez esperamos que ellas se sobrepongan a los baches que él va sembrando, que no son pocos. Los problemas de financiación son los siguientes en la lista. El rector del hospital podría ceder al ser un viejo amigo, pero los ricos que aportan el dinero son otro cantar. Y Masters juega en la cuerda floja con semejante estudio.

Hay un puñado de secundarios, pero francamente, ninguno me ha llamado la atención especialmente, parecen haber puesto todo el esfuerzo en la pareja protagonista y dejado el resto un poco de lado. Así, aunque nunca llegan a desentonar, las subtramas como los amoríos de los otros dos doctores no alcanzan el mismo interés y trascendencia. Sólo salvaría la historia de la homosexualidad oculta del rector, que aporta un drama más intenso y tiene muchas buenas escenas, además de estar mucho más ligada al argumento de la serie.

Personajes tan complejos y potentes son muy jugosos para cualquier actor que busque labrarse un nombre en la televisión, y los dos elegidos son todo un acierto. Las interpretaciones de Michael Sheen y Lizzy Caplan resultan memorables, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de esos roles: los silencios, las miradas y las emociones contenidas son cruciales en todo momento para darles vida a ellos y sentido a la escena. Indistintamente de los premios a los que optaran (ella ni siquiera fue nominada a los Globo de Oro), estamos hablando de dos interpretaciones dignas de citar como inolvidables. Eso sí, en cuanto a mejor actriz del año la competencia fue de nivel, de hecho, yo me quedaría con Taylor Schilling en Orange is the New Black.

Pero hay más actores, y aunque los jóvenes queden muy eclipsados el veterano Beau Bridges sí destaca: está fantástico como homosexual reprimido. Pero en cambio Allison Janney como su esposa no me convence tanto, está sorprendentemente apagada, sobre todo comparada con su gran trabajo en El Ala Oeste.

En lo visual estamos ante una producción de primer nivel. No será ambiciosa en cuanto a ambientación de la época, pues no salimos del hospital y las casas de los protagonistas, pero eso no frena a sus realizadores a la hora de perseguir la línea de televisión de calidad actual, es decir, trabajarse un aspecto cinematográfico. Así, llama rápidamente la atención por su magnífica fotografía y termina de atraparte con su tempo narrativo modélico (aunque obviamente este tenga mucho que ver también con el guion).

La temporada fluye sin fisuras, altibajos o huecos, todo está colocado con precisión milimétrica para que la trama y los personajes avancen a la par con un ritmo templado pero absorbente, para que cada nuevo paso y giro de acontecimientos vaya aportando poco a poco nuevas capas. Pero la obsesión por colocar cada pieza detrás de la anterior se traduce en que resulta predecible, pues no deja espacio a la sorpresa inesperada, a que el universo crezca por su cuenta de forma más natural. No hay giro, destino y escena que no se pueda intuir de antemano, ningún evento llega de forma que nos coja desprevenidos. Y aunque se acepte que la trama esté limitada porque quieren relatar algo muy concreto y se perdone porque la construcción de personajes es exquisita, la falta de vidilla y riesgo termina perfilando una narración demasiado encorsetada. Ni siquiera en el tramo final se atreven a sorprender. Huelga decir que las obras bien escritas y bien ejecutadas tienen su valor, y más si no hay fallos notables que mencionar, pero es obvio también que para dejar huella hay que arriesgar e innovar aunque sea un poco.

Ver también:
-> Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2013)

BROADCHURCH – TEMPORADA 1

ITV | 2013
Drama, policíaco | 8 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall.
Intérpretes: Olivia Colman, David Tennant, Jodie Whittaker, Andrew Buchan, Jonathan Bailey, Arthur Darvill, Adam Wilson, Charlotte Beaumont, Pauline Quirke, Vicky McClurem, Simone McAullay, David Bradley.
Valoración:

La emisión de la producción inglesa Broadchurch tuvo muy buenas audiencias y críticas, cosechando varios premios (BAFTA incluidos) y convirtiéndose en todo un fenómeno al estilo Twin Peaks, con la gente ansiosa por saber quién sería el asesino. Pronto se exportó a varios países, incluyendo España, donde se volvió a demostrar el poco gusto y respeto por la televisión de calidad, pues Antena 3 reeditó algún episodio a su antojo. También alucinante es que la FOX la compró pero no para estrenarla en EE.UU., sino que se montó un remake (llamado Gracepoint) en modo clonación, es decir, copiando escena a escena. Para rematar el absurdo contrataron al mismo actor principal. Como es esperable la han puesto a parir por ser una imitación sin alma. Mientras, la original nació como miniserie pero explotarán su éxito con más temporadas.

En una pequeña ciudad costera aparece muerto un niño de once años, y como ahí nunca ocurría nada el evento causa conmoción. El caso lo lleva un detective nuevo en el lugar, famoso porque se le señala como causante del fracaso de otro caso semejante, y lo acompaña una detective local, no acostumbrada a investigaciones de esta índole. Vemos también la forma en que la tragedia afecta a la familia y a sus allegados, quienes además serán los principales sospechosos.

Lo primero que se observa al empezar el visionado es que es una serie para el gran público. No esperéis complejidad, inteligencia o profundidad como en The Killing o True Detective, los referentes más recientes del género. Es una producción facilona, directa y previsible. Entiendo que haya obras para todos los espectadores, pero como ocurre en más ocasiones de la cuenta aparece la eterna cuestión: ¿por qué se sigue tratando al gran público como estúpido e ignorante? La respuesta está en las audiencias. Ha sido un exitazo. Y con tal recepción me esperaba una gran serie. Iluso de mí, que vivo en una burbuja. Podría aceptar que fuera solo un entretenimiento ligero, que no se inclinara por complejas reflexiones ni pidiera un bagaje cultural inalcanzable para la masa de espectadores, pero es que se va al extremo de parecer un panfleto de la derecha más rancia y casposa. Su tono simplón, manipulador y conservador es exasperante a veces, sobre todo en el capítulo final: el vidente queda como bueno, el cura y la religión unen al pueblo y curan heridas, los periodistas se vuelven buenos, las familias se unen ante la adversidad, todo el mundo tiene su momento de redención…

Si no se te atraganta ese estilo, lo que queda es un thriller básico bastante aceptable y entretenido, aunque cualquier espectador curtido verá sus costuras rápidamente. La trama es de manual, de primero de carrera de guionista, como se suele decir, con lo que arrastra obviedades y giros previsibles en tal cantidad que nada va a sorprender. Cada episodio se centra en un falso sospechoso que es presentado en el capítulo previo en las escenas finales con música inquietante y será despachado en el presente cuando, tras mucho marear la perdiz, por fin se destape su secreto que lo sacará de toda sospecha. Y se pueden acertar todos (el que hace la tira fue acusado de pederasta, la señora misteriosa, fea y arisca, el amigo rarito, el cura solitario, el marido distante…) y todos sus secretos (el que estaba con la amante, el que esconde un pasado que pondría al pueblo en su contra, el que estaba robando -y prefiere que lo acusen de asesinato antes que de hurto menor, por lo que se ve-, etc.). Y claro está el culpable finalmente será el más improbable de todos.

Agujeros también hay. La investigación halla pistas solo cuando el guionista quiere avanzar, siendo algunas realmente absurdas, como el pelo encontrado en un barco carbonizado. Situaciones cogidas por los pelos cuando no directamente increíbles también se encuentra en cantidad: el detective que va sufriendo infartos mientras anda, la reunión post-entierro montada en el local de un personaje solo porque es personaje, porque ahí no pintan nada viendo la relación de este rol con la familia, etc.

La pareja de detectives y algún secundario como la madre del fallecido son el alma de la serie. La evolución de la relación entre ellos y ver cómo enfrentan la situación es lo único realmente logrado, porque el caso es poca cosa (y se va desinflando) y arrastra al resto de personajes, que quedan como objetos de la trama. Alec Hardy y Ellie Miller son prácticamente opuestos. Ella es sencilla y cercana a la gente, él frío e implacable, y trabajar juntos no será fácil. Las peleíllas, incluidos algunos toques de humor, son muy interesantes. Y los actores Olivia Colman (con una larga carrea en Reino Unido) y David Tennant (conocido por Doctor Who) están francamente bien, aunque con el éxito se ha sobrevalorado su labor, sin ir más lejos Tennant estuvo bastante mejor en su reencarnación del Doctor Who. Por otro lado, Beth Latimer (Jodie Whittaker), madre del chico asesinado, vive una tragedia que, aunque a veces tire de sensacionalismo, aporta un drama humano bastante certero. Pero más allá hay poco que disfrutar. El marido es un cliché andante y el actor muy flojo, y el resto de secundarios son mero relleno; sólo salvaría al anciano tendero, el único que aporta una subtrama más completa y seria.

No puedo terminar sin decir que si buscáis un thriller de corte realista realmente bueno no hay que salir de Reino Unido: la mítita Principal sopechoso (Prime Suspect) cumple todos los requisitos del género con notable alto.

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 5

CBS | 2013
Drama, suspense | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Zack Grenier, Jess Weixler.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay spoilers en cantidad, incluida la muerte de algún personaje principal.–

O cómo cargarse una temporada que iba camino de ser perfecta, el culmen de la maduración de la serie y probablemente una de las grandes del año.

Empezamos con la intensa trama de la fuga de abogados jóvenes hartos del ninguneo de los socios, instigada por Cary y donde termina apuntándose Alicia también. El otro interés de este grupo es claro: el crecimiento personal, cumplir el sueño de formar un bufete propio. Siendos estos dos los más implicados, llevará su nombre, Florrick-Agos. Pero los inicios no son fáciles. La escapada se hace en secreto para captar clientes y empezar con fuerza para estar en condiciones de resistir el esperable intento de Lockhart-Gardner de aplastarlos. Por ello este tramo inicial está lleno de tensión, tiras y aflojas, puñaladas, miedos, secretos… Finalmente el pastel se descubre y la situación estalla a lo grande. Hitting the Fan (505) supone el mejor episodio de la serie y uno de los más memorables del año televisivo, una bomba construida con gran precisición mediante una trama bien trabajada a largo plazo y un clímax que la aprovecha al máximo.

La siguiente etapa es igual de fascinante. La guerra abierta es brutal, Alicia y Cary dan todo lo que pueden ante el rebote implacable de Diane, David Lee y sobre todo Will, quien se endurece ante la traición y se marca nuevas y ambiciosas metas: crecer hasta ser el bufete más grande y poderoso. Se exprime muy bien a los personajes, sacando el lado oscuro de todos ellos, donde destaca la madurez de Alicia, su tremenda fuerza ante los envites de abogados tan experimentados como sus mentores Will y Diane. Roces, tretas, peleas, trampas… Nunca The Good Wife había sido tan valiente, decidida y espectacular.

Pero entonces llegamos al capítulo número quince, Dramatics, Your Honor. Resulta que Josh Charles, quien interpreta a Will, quería dejar la serie. Y los showrunners le convencieron para que estuviera un buen tramo para desarrollar una salida digna para el personaje. Pero resulta que hacen lo contrario a eso. Lo lógico es que se hubieran trabajado una trama que llegara a un desenlace concreto, fuera trágico, sorprendente o más suave. Por ejemplo lo más coherente con lo visto en la serie era que dejara el bufete para irse a otro más grande (habla de Los Ángeles en algún momento), lo que además dejaría la puerta abierta para alguna aparición estelar. Y si querían que muriera, lo mismo, sólo tenían que escribir algo coherente donde el desenlace encajara con lógica. Pero hacen lo único que no deberían hacer, rompen los límites de la serie, juegan al fuego artificial chusquero, al giro de culebrón a lo Anatomía de Grey en una serie que está a años luz de ese estilo. Van y lo matan de golpe sin venir a cuento, sólo por colar el giro sensacionalista de tener un protagonista principal muerto.

Pero lo peor es que en realidad no es sólo eso, porque entonces se ve que todo lo que se iba desarrollando es un enorme “y si…” que desaparece al esfumarse el personaje. Es decir, sabían que podían montarse las tramas más exageradas, porque con un chasquido de dedos harían un Poochie (Los Simpson) y todo se volatilizaría sin más. Así se entiende que fueran tan valientes con los frentes abiertos y la evolución rápida y drástica de Will, y desde luego ya no parece que lo sean tanto: podían hacer lo que quisieran, que habría un reset que eliminaría lo andado. Como en los peores capítulos de Star Trek: la nueva generación. Y para colmo me temo que el desastre, o más bien la trampa, se extiente a las tramas gordas del año. La investigación de NSA, el trío amoroso (Alicia, Will, Peter) y el posible fraude electoral de Peter son eliminados también de golpe. Vamos, que no sabían cómo acabarlas (ya estaban estiradas y dando vueltas en círculos) y aprovechan el momento para deshacerse de ellas con todo descaro.

La historia de la NSA venía siendo intrigante y prometía salir por donde menos se esperaba. El jaleo de las papeletas amañadas auguraba una catástrofe para el mandato de Peter que salpicaría también de lleno a Lockhart-Gardner y obviamente a Alicia. ¿Cómo acaba todo esto? ¿En una trama bien trabajada, con esfuerzo y sudor por parte de los personajes, con suspense y giros inteligentes? No, todo es borrado sin disimulo con algunos de los giros más cobardes que he visto en una serie. El asunto de la NSA se aparca hasta casi parecer olvidado, y acaba con una vulgar llamada de teléfono tras retomarse el tema en un capítulo muy flojo. Lo de las papeletas es más bestia: voló junto a Will sin que se vuelva a mencionar el tema. Vergonzoso, un insulto enorme a la inteligencia del espectador.

También aprovechan para dar fin al triángulo amoroso en tensión, uno de los puntos más débiles de la serie, el clásico sí pero no que sólo avanza tímidamente en los finales de temporada para luego ser puesto en cuarentena indefinidamente. Pero también lo hacen fatal, como si después de todo el tiempo que han tenido no hubieran planeado nada como es debido. De repente, sin razones claras (no puede ser sólo porque echa de menos a Will), Alicia rompe sin miramientos con Peter. Su relación iba bien en la temporada anterior, pero como suele pasar lo aparcaron de nuevo en el inicio de esta, y cuando tienen que enfrentarse de una vez a ello, ¡también lo borran sin más! Queda fatal, precipitado e inverosímil. El amor que renacía, el respeto y entendimiento mutuo que habían forjado, el punto de conflicto que podría reaparecer con el tema de las urnas manipuladas… todo tirado a la papelera. Ahora como si se deshacen también de Peter, ya no sirve para mucho.

Para colmo el capítulo en cuestión es horrendo, el peor de la serie de largo. Vacío y simplón, carece de un clímax creciente. Vamos, que ni siquiera se esfuerzan por rellenar con algo interesante el tiempo muerto hasta el truco final. Otra cosa que me ha dolido es que casi todos los espectadores se han tragado esta bobada sensacionalista y sobre todo esta trampa argumental barata sin pensar en lo pobre que es el recurso y en lo feo que está cómo han hecho borrón y cuenta nueva con las tramas más llamativas. Qué lástima lo bajo que ha caído la serie y lo fácilmente que han colado la jugada.

Sólo una cosa buena sale, y es que parece que intentan trabajarse las consecuencias en el bufete y el resto de personajes… Pero en eso no están finos. La parte en que Lockhart-Gardner se desangra es obvia y el duelo de Alicia muy convencional. Y por desgracia en lo que queda de temporada no volvemos al punto anterior al desastre, sino que la cosa va cuesta abajo y sin frenos. Como previo al final tenemos algunos casos aislados que no están al nivel alcanzado con anterioridad, sabiendo a rellenos baratos. Y el desenlace del año también se queda a medio camino, intentando por un lado dejar huella con nuevos giros y por el otro yendo con demasiado cuidado, pisando demasiado delicadamente. En el primer punto está la forzadísima situación entre Alicia y Cary, dos personas siempre prudentes y educadas a las que es imposible sacar de sus casillas, y que de repente se pelean, gritan y odian como si llevara tiempo mascándose una situación insostenible, cuando no es así. Todo por forzar un final impactante. En el segundo punto tenemos que el destino de Diane es muy evidente desde mucho antes, porque la situación se dirige claramente hacia ello a pesar de los intentos de dismularlo amagando otra vez con nombrarla fiscal o juez.

Vuelvo la vista atrás para ahondar en otros aspectos que llaman la atención en esta etapa. Kalinda no da nada de sí otra vez. Después de lo carismática que resultó en los primeros años se estancó como secundaria repitiendo patrones y sirviendo para poco más que un personaje comodín. Además se ve que la actriz que hacía de contacto en el FBI (y ponía un poco de erotismo lésbico apto para conservadores -es decir, miraditas y escenas de cama en las que sólo se ven sábanas-) no estaba disponible, y se buscan una sustituta clónica con todo el descaro del mundo. Otro fallo reincidente es la obsesión por meter un personajillo malvado en la órbita de Kalinda (quizá esto forme parte de ese erotismo cutre). Esta vez tenemos a ese nuevo investigador que parece venir de la mafia, un personaje tan malogrado y cansino como su exnovio. A cambio de estos patinazos perdemos secundarios muy interesantes: ¿qué pasa que les cuesta tanto mantener algunas figuras interesantes? Los roles de Amanda Peet y Maura Tierney que tan atractivos resultaban desaparecieron sin más. Y Melissa George podría haber dado más de sí, su trama es muy sosa. Por otro lado los hijos de Alicia siguen perdiendo protagonismo, quedando como eficaces suplementos para las historias políticas y dejando de lado las tonterías adolescentes. Y finalmente los característicos roles recurrentes (jueces raros, abogados característicos, las madres de Alicia y Peter) están ahí, aunque con tanto jaleo no hay tanto tiempo para ellos. Los que más presencia tienen son Michael J. Fox como el enemigo que ahora ataca desde dentro (forma parte de la forzada salida de Diane) o la loca y encantadora Elsbeth Tascioni (Carrie Preston).

En estas condiciones la temporada resulta demasiado irregular como para hablar de un buen año. Sí, inicialmente el viaje estaba siendo muy intenso y atractivo, pero el punto de inflexión se maneja fatal y de ahí en adelante no saben retomar el rumbo, y sobre todo, sabe a engaño la forma en que lo usan para deshacerse de tramas complicadas, las que precisamente parecían subir el nivel de la serie. Así pues, por muy emocionante que fuera, resulta que no era más que humo. ¿Estamos ante el inesperado salto del tiburón de la serie?

Ver también:
Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
-> Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
Temporada 7 y final (2015)