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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 1

BBC Two | 2013
Suspense, crimen | 6 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Sam Neill, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Iddo Goldberg, Sophie Rundle, Joe Cole, Alfie Evans-Meese.
Valoración:

El guionista inglés Steven Knight se ha ganado bastante renombre en el cine gracias a algunos éxitos como Aliados (Robert Zemeckis, 2016), Un viaje de diez metros (Lasse Hallström, 2014), El caso Fisher (Edward Zwick, 2014) y sobre todo Promesas del Este (David Cronenberg, 2007). En televisión empezó a hacerse notar con Los detectives (Nic Phillips, 1993-1997), pero pegó el pelotazo con Taboo (Chips Hardy, Tom Hardy, y el propio Knight, 2017), que sin ser extraordinaria ha causado bastante impacto, quizá por el tirón de su protagonista, Tom Hardy. Antes de ella creó Peaky Blinders (2013), que ha ido ganando adeptos con el tiempo, más aún con la llegada de Taboo.

La serie se inspira en la mafia que le da título, los Peaky Blinders, que operaba en Birmingham, Reino Unido, desde finales del siglo XIX. Nos embarcamos en sus aventuras en su momento álgido, en el período de entreguerras, siguiendo las andanzas de una familia ficticia que la dirige, los Shelby. El joven Thomas vuelve de la Gran Guerra con fuerza y experiencia pero sobre todo con una gran ambición que lo empujarán a hacerse con el poder e ir expandiéndose. Su hermanos y su tía no conocen otra forma de vida, y darán todo por seguirlo en los negocios donde mejor florecen estos criminales, como las apuestas. Pero el hacerse notar también implica ganarse nuevos enemigos, sean otras familias o el gobierno, que envía a un duro detective contra ellos.

La premisa expuesta en los dos primeros capítulos no es muy alentadora. El dibujo de la familia mafiosa obedece a todos los clichés del género, recordando demasiado a Los Soprano (David Chase, 1999) y especialmente a Hijos de la anarquía (Kurt Sutter, 2008). La pugna del joven con visión contra los veteranos obtusos, la matriarca que ha tomado las riendas ante un padre ausente (aquí recuerda muchísimo a las andanzas de los moteros), la riña con la familia contrincante, los negocios típicos, las peleas, las fuerzas de la ley intentando darles caza… Lo peor son el policía, con Sam Neill forzando acento irlandés en un rol demasiado arquetípico, y la chica infiltrada, que resulta muy aburrida, en especial por la pobre interpretación de Annabelle Wallis.

Así pues, no parecía una obra con aspiraciones y potencial suficiente para destacar. ¿Qué me hizo seguir? Principalmente las críticas que hablan de gran subidón en las siguientes temporadas, pero también que posee bastante personalidad. La sociedad de la época queda bien retratada, destacando la dura vida de los barrios bajos. La puesta en escena logra un buen un aspecto visual sin alardes (no hay mucho dinero): las pocas calles y locales que vemos están muy bien ambientados, la iluminación y la cámara en mano consiguen una inmersión muy efectiva, y aunque no llegue a ser deslumbrante sí tiene muchos buenos momentos y algunos planos excelentes. Pero lo mejor es que Thomas es un personaje central muy jugoso, y la interpretación de Cillian Murphy magnífica desde el primer momento. Los traumas de la guerra le dan un poso dramático muy interesante, su determinación e inteligencia resultan bastante atractivos, y su lado humano, aunque sea con el predecible enamoramiento con la infiltrada, termina de formar un rol complejo que evoluciona a ojos vista y promete mucho más.

El problema es que no terminan de desarrollar a los demás protagonistas, a pesar de centrar algunos episodios en varios de ellos. El dibujo de los hermanos es mejorable, incluso cuesta saber cuántos son. De hecho, la pandilla crece y decrece según se necesite gente para una historia u otra. Lo peor es que el policía y la chica resultan cansinos, y su desenlace es lo más predecible en un repertorio de historias nada novedosas.

En conjunto resulta un entretenimiento muy digno. Los capítulos son largos, de una hora todos, pero siempre hay movimiento y sensación de que cada intriga y plan tendrá repercusiones, de forma que, aunque estas se vean venir, no hay tiempo para que aparezca el aburrimiento. Y Thomas sostiene la serie con un magnetismo arrollador, siempre quieres saber más de él, si superará los traumas de la guerra, si levantará a la familia, si será capaz de mantener la trama criminal, si vencerá al insistente policía… Deja algunas escenas bastante potentes, como cuando pone a prueba a la prometida de su hermano u obliga a otro a casarse para unir familias. Estas recuerdan que hay bastante potencial por explotar e invitan a seguir viendo la próxima temporada.

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JUSTIFIED – TEMPORADA 4

FX | 2013
Drama, suspense, acción | 13 ep. de 40-45 min.Productores ejecutivos: Graham Yost, Elmore Leonard, Michael Dinner, y otros.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Nick Searcy, Joelle Carter, Jacob Pitts, Jere Burns, Mike O’Malley, Erica Tazel, Natalie Zea, Ron Eldard, Jim Beaver, Abby Miller.
Valoración:

Justified vuelve a encontrar el tono tras un tercer año que deshacía lo andado en el segundo, redondeando la fórmula hasta conseguir la temporada más equilibrada, fluida y emocionante hasta ahora. Sigue sin verse por ninguna parte la gran serie que algunos se empeñan en defender, pero como entretenimiento cumple de sobras. De hecho algunos de sus fallos siguen ahí, empezando por la puesta en escena regulera que falla en momentos clave (los tiroteos pierden bastante por el mediocre montaje, las conversaciones dentro de coches en movimiento son horribles) y el poco partido que sacan de algunos secundarios.

Lo primero a destacar es como siempre Raylan Givens, el marshal de culo inquieto con tendencias justicieras que se mete en fregado tras fregado para desesperación de su jefe. El carisma de Timothy Olyphant sigue siendo esencial para realzar un personaje que podría haber sido mítico si la serie hubiera alcanzado mayores cotas de calidad e influencia. Desde el primer capítulo empieza deslumbrando con la captura de un fugitivo y el trato que le da, pero momentos con su estilo hay otros tantos, como cuando busca enfrentarse con el ex de su actual novia o cuando dispara a un sheriff sospechando que era un impostor. Lo que sigue sin funcionar del todo es la exmujer. Sí, ella y el embarazo sirven para darle a Raylan algo de trasfondo y de humanidad, pero los guionistas no terminan de llegar a ninguna parte con la relación entre ambos, parece que ni siquiera buscan la típica relación en tensión, porque de hecho ella cada vez tiene menos protagonismo. Sale tan poco ni recuerdo cómo acabó embarazada ni qué fue del novio que tenía. Además al final se van al lado contrario, forzando cosa mala su presencia en la trama, porque el desenlace con la familia en peligro es predecible y sensacionalista.

En la comisaría tenemos los otros personajes desaprovechados, y sigo sin entender por qué los mantienen en los créditos como principales. Supongo que en algunas investigaciones es más verosímil que vaya acompañado de otros agentes, pero historias concretas con ellos sólo tenemos la de Tim con los veteranos de guerra, que no está nada mal pero no termina de darle vida al personaje, y algunos roces divertidos de Raylan con el jefe. Rachel continúa sin levantar cabeza, quedando relegada a un par de escenas en toda la temporada.

Más relevancia se le da a los villanos secundarios (Duffy, Augustine) y al séquito de Boyd, donde el juego a dos y tres bandas del primo Johnny y las meteduras de pata de Colton mantienen bien la intriga sobre si Boyd caerá por sus propios hombres. Y este gran Boyd Crowder por fin está aprovechado plenamente en historias propias y líos con Raylan sin parecer una presencia forzada en ningún instante. La dinámica entre ambos se mantiene muy bien, y esto es una sorpresa, porque mantener la rivalidad durante tantos capítulos, alternando entre momentos de calma y momentos de tensión pero sin llegar a un punto en que no fuera verosímil postergar el enfrentamiento final, es algo muy difícil de conseguir y de hecho anteriormente no lo lograban. Las veces que se cruzan tememos que pase algo de una vez entre ellos, pero cuando las cosas se medio solucionan no da la sensación de dar tramposas vueltas en círculos. Hasta las tramas secundarias de Boyd, como la del religioso que le quita clientes, funcionan de maravilla. De hecho la forma de vencer a este tipo es fantástica. De ahí pasamos a los jaleos con los ricos (donde hace gala de gran inteligencia, pero también excesiva ambición), los jaleos con Duffy y Detroit, el miedo a que descubran el cadáver que dejó Ava, el lío en que se va metiendo la puta tontita Ellen May… Es un no parar de aventuras muy bien enlazadas y con giros bien trabajados, algunos incluso con buenas sorpresas, en especial al final cuando le devuelven alguno de sus golpes o cuando nos dicen por fin quién es Drew Thompson, el misterioso fugitivo tras el que todos andan.

Y eso es lo mejor de la temporada: todas las tramas, y son bastantes, tienen su tiempo bien medido y denotan buena planificación, de forma que se combinan muy bien, porque de una forma u otra casi todas las cosas acaban conectadas. El hallazgo de la bolsa, el interés de varios grupos en ella y las andanzas particulares de Boyd son los troncos principales, pero ramificaciones hay muchas. Hasta los casos sueltos ya se alejan completamente de parecer el caso del día (el fugitivo negro da mucho juego, por ejemplo). Otro gran logro es que consiguen hacer relevantes (y temibles) a personajes que no llegamos a ver, como el mafioso jefe de Detroit, Theo Tonin. Es cierto que eso complica a veces saber de quién están hablando, o que la guerra entre sus herederos queda un poco rara al mencionarse de pasada, pero se manejan muy bien los miedos y repercusiones de estos grandes mafiosos en los criminales locales.

La otra gran virtud es que la serie se encontró su tono hace tiempo y este sigue siendo esencial para conseguir una serie con cierta personalidad: la combinación de humor negro e ironía a la hora de tratar a los paletos sureños y los criminales ofrece muchos buenos momentos de humor.

PD: fatal el casting de una treintañera para hacer de adolescente de dieciséis o así (la que entra en casa de Raylan).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

TOP OF THE LAKE – TEMPORADA 1

Sundance Channel | 2013
Drama, suspense | 7 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jane Campion.
Intérpretes: Elisabeth Moss, Thomas M. Wright, Peter Mullan, David Wenham, Holly Hunter, Jacqueline Joe.
Valoración:

Sundance Channel, reconvertido en SundanceTV en 2014, es un canal de cable y satélite filial de AMC (antes lo fue de Showtime) dedicado a emitir películas de cine independiente y cortos, así como documentales de mayor calado que otros canales. Por ello mismo sorprende que iniciara sus andaduras en el mundo de las series con Top of the Lake, una co-producción con la BBC que resultó una obra bastante típica y comercial. En cambio en su segunda serie y ya completamente propia, Rectify, sí se mantuvieron fieles al tono independiente y alternativo.

Aunque lo hiciera en colaboración con Gerard Lee en el guion y Garth Davis en la dirección, su principal artífice es Jane Campion, realizadora neozelandesa conocida por la famosa película El piano. De hecho, quería a Anna Paquin, quien se dio a conocer en aquel filme, para el papel de protagonista, pero estaba embazada y acabó en manos de Elisabeth Moss. Que no tuviera una protagonista nacional (Paquin tampoco lo era) molestó al canal australiano con el que iban a co-producir, pero la filial local de la BBC, UKTV, llegó para salvar los trastos. Se rodó en Nueva Zelanda, usando Queenstown y exteriores varios (el lago Wakatipu) para recrear la pequeña ciudad ficticia de Laketop. Nació como miniserie, y así la quería Jane Campion, pero tuvo bastante éxito y la cadena hará una segunda temporada.

Mientras Robin (Moss) está de visita en su pueblo natal para estar con su madre moribunda, una niña de 12 años intenta suicidarse al descubrirse embarazada. Como es detective colabora en la investigación con la reducida policía local, donde ser joven y mujer le garantizará el rechazo de los pueblerinos, aunque el sargento Al (David Wenham) intenta suavizar las cosas. La investigación sacará a la luz miserias y vicios conocidos y tolerados por todos en un clásico entorno rural empobrecido y lleno de paletos: familias rotas y peleas entre vecinos, drogas, miseria, etc. La mayor parte de estos problemas emergen de uno de los hombres más temidos y poderosos, Matt (Peter Mulan), que resulta ser el padre adoptivo de la chica y por obvia extensión el principal sospechoso en el caso. Pero además Robin se enfrentará a fantasmas del pasado que harán peligrar su equilibrio mental.

Campion busca un tono entre The Killing (sea la original o la estadounidense) y Twin Peaks, es decir, oscuro, deprimente, trágico y perturbador en una onda que roza la locura, porque los personajes secundarios oscilan entre lo estrafalario y lo surrealista. Tanto la atmósfera como la investigación se presentan prometedoras en el primer capítulo, y los protagonistas aunque no deslumbran resultan atractivos. Pero la fuerza y coherencia del relato empiezan pronto a fallar, para terminar cerrando una miniserie que hace aguas por todas partes. Campion orquesta una trama y personajes enormemente irregulares, está muy torpe a la hora de construir un drama y un thriller profundo y sobrecogedor como buscaba, y es clara su inclinación por las trampas burdas y el sensacionalismo de folletín. El guion es tan poco inteligente que pretende ir de feminista y hace el ridículo, primero por la simpleza de los topicazos sobre el machismo en la llegada de Robin al caso, segundo por recalcar en exceso la independencia de mujeres con la absurda comuna y la obsesión de Robin de hacerlo todo sola y tragarse las penas, y tercero porque a la vez se pone a los hombres como tontitos y los únicos capaces de cometer atrocidades.

La puesta en escena sin ser notable resulta efectiva, y los paisajes exóticos de Nueva Zelanda se aprovechan bien con numerosos planos aéreos… tantos que se pasan un poco, pero bueno. En el reparto sólo destacan dos nombres, porque el resto de personajes no ofrecen material para buenas interpretaciones (qué irreal está Holly Hunter, qué sosos David Wenham y Thomas M. Wright -Jonno, el amigo de Robin-). Peter Mullan es uno de esos numerosos veteranos ingleses de enorme talento y poca fama (atención al papelón que hizo en The Fear), y está muy bien en el rol de mafiosillo local de poca monta pero inquietante. Pero quien arrasa hasta el punto de levantar bastante el nivel de la serie es Elizabeth Moss, que se dio a conocer en El Ala Oeste como la hija pequeña del presidente y empezó a destacar en Mad Men. Su papel es de los que quitan la respiración, un torrente de emociones, de dolor contenido, de pesares que transmite con gran intensidad a través de miradas melancólicas, respiraciones entrecortadas y gesto apesadumbrado.

De Top of the Lake se habló bastante (Moss se llevó el Globo de Oro) y aunque tuvo críticas muy polarizadas la mayoría eran a su favor, hasta el punto de que algunos la consideraron incluso entre las mejores del año, algo que me cuesta entender dado su flojísimo nivel global. Me pareció un despropósito de serie por sus excesos y bajones, cargante por abuso del melodrama, y aburrida por lenta, predecible y tener subtramas anodinas (el romance de Matt sobra por completo). Una crítica que me gusta mucho es la de Quinta Temporada, que la pone en su sitio como merece.

Alerta de spoilers: A partir de aquí spoilers a mogollón, incluido destripe del final.–

Son tantos los huecos y trampas que no puedo recordarlos todos, porque se me hizo cuesta arriba y la voy olvidando rápido, ni citar demasiados, porque hay gran cantidad de fallos, tanto en cosas importantes como en detalles. Empieza a chirriar la cosa con la comuna de mujeres que se presenta en la zona, donde la guionista juega tanto con los excesos (todas las mujeres arrastran historias rebuscadísimas) como con lo gratuitamente críptico (Holly Hunter y su peluca en un personaje delirante), y todo para aportar más bien nada, porque sólo sirven como parada temporal de algunos personajes. El primer golpe sensacionalista y el primer patinazo con las intrigas y sorpresas escondidas y estiradas de mala manera vienen con la violación de la protagonista cuando era joven, que se mete sin ton ni son al tercer capítulo o por ahí y luego se añaden capas cada vez más amarillistas. La coincidencia con el caso y que los implicados y el follamigo que pudo estar ahí o no sean conocidos subraya el drama de forma bastante innecesaria, y para colmo Robin en vez de plantarse y preguntar al novio de una vez qué pasó, lloriquea, se va, vuelve, sufre… todo para intentar mantener el secreto y la expectación de cara al espectador. ¡Se acuestan como tres veces mientras ella llora por lo que él pudo hacer o dejar de hacer! Por favor, qué poca coherencia y qué poco respeto a la inteligencia del espectador.

El caso va a trompicones también, con pausas clásicas metidas con calzador, como el tramo en que ella se ve apartada de la investigación por una falta grave (le da una paliza a un tipo) y luego vuelve como si nada, como si todos hubieran olvidado una transgresión que podría significar el despido o incluso ir a juicio. ¿Que hemos visto mil veces este tipo de giro? Da igual, hay que cumplir con el género. La información y los hallazgos igual, con clichés y escondidos de mala manera o dejados de lado para retomarlos en otro capítulo, que los guionistas no quieren gastar los cartuchos muy pronto y también está claro a estas alturas que no saben manejar la intriga. El colmo de estas sandeces llega cuando encuentran pruebas de que la niña está viva en el bosque y no relanzan la búsqueda acotándola mejor. Claro, es que si no se acabaría la serie muy pronto. Pero es que lo rematan con Robin y el amigo parándose a fornicar entre árboles mientras dicen estar buscándola. ¡Qué empeño le ponen! Así la niña se tira toooodo el embarazo por ahí perdida, en una narración que gestiona el paso del tiempo de forma pésima: parece que no han pasado más de un par de semanas. Pero hay muchas escenas con esta tónica, como las fotos de la orgía que todos olvidan porque sí como si no fueran relevantes, o la foto de la cafetería que revela el final del caso a la protagonista, que pese a estar donde miró antes repetidas veces no la vio… ni la cámara la enseñó porque era descaradamente obvia. Cómo no los sospechosos llegan en fila y tirando de topicazos. ¡No falta ni el pederasta que luego resulta no estar implicado! Tanto cliché metido a martillazos satura.

Paridas hay a montones, como que el villano, que era interesante en principio, de repente resulta que se autoflagela (a pesar de no ser religioso), como para señalar que está zumbado y es peligroso, por si todavía no te habías enterado. Y por si no teníamos suficiente con los personajes salidos de madre, hacia el final aparecen el viejo demente y el niño rarito que no habla porque no quiere, con lo que todo lo que sabe, que parece ser mucho, queda en misterio. ¿Por qué cuando sospechan que podría conocer dónde está la niña no le hacen un seguimiento completo? Porque Robin también se para a practicar sexo, dejando que el chaval desparezca… Supongo que esto va en consonancia con la liberación de la mujer: practicar sexo cuando les plazca sin que nadie las critique… ¿Ni siquiera cuando faltan a sus responsabilidades ni cuando se provocan daño emocional?

El remate viene en el demencial desenlace. La escena más vergonzosa que he visto en años, en muchos años, es la de la niña cayendo por el precipicio, con grito incluido, pero que luego resulta ser el amigo disfrazado. ¿No les da reparo cometer tan flagrante manipulación? ¡Se oye claramente que es ella! ¿Y tenemos que creernos que los perseguidores, a pocos metros, no los distinguen? ¿Y que se cambiaron tantas ropas en un suspiro? No termina la cosa ahí, porque el tramposo drama alcanza cotas alucinantes: al señalar que era ella la fallecida nos lo ponían como una gran tragedia… cuando se descubre que es el chaval es como una liberación, lo entierran rápido y a otra cosa. Pero se ve que no teníamos bastante manipulación emocional, porque todavía queda. Entonces llega lo de la foto de la cafetería, que apunta a uno de los buenos como culpable en un giro inverosímil típico de telefilme barato y rebuscado. Y de ahí pasamos al manido asalto final a tiros de la protagonista en solitario (eso de pedir refuerzos es para blandos) contra el malo imposible.

En los últimos capítulos estaba deseando que acabara, pero como cae en la cutrez de forma tan sonrojante al menos me despedí de ella riéndome.

Nota: Debido a su éxito estuvo mucho tiempo hablándose de una segunda temporada. Finalmente llegó en 2017.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 4 – FREAK SHOW

FX | 2013
Suspense, fantasía | 13 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Tim Minear.
Intérpretes: Sarah Paulson, Evan Peters, Kathy Bates, Jessica Lange, Angela Bassett, Emma Roberts, Denis O’Hare, Michael Chiklis, Frances Conroy, Finn Wittrock.
Valoración:

Brad Falchuk y Ryan Murphy nos llevan en esta temporada a un circo de fenómenos que sobrevive a principios de los años cincuenta. En su actual emplazamiento la feria enfrenta el ocaso de una profesión que permitía tener un sustento a estas gentes expulsadas de la sociedad por sus deformidades. Y por si la crisis de la profesión no fuera suficiente, todavía luchan contra viejos fantasmas: ese rechazo trae también los linchamientos y ejecuciones cuando los pueblerinos buscan culpables de sus desgracias. La aparición de un asesino en serie, un payaso loco que siembra el caos entre los lugareños, abre la veda para la persecución de los fenómenos.

El año empieza con bastante más fuerza que los dos anteriores gracias a que presenta unos personajes más sólidos y atractivos. Es cierto que Jessica Lange repite un rol de lideresa ambiciosa sin escrúpulos, pero Elsa Mars pronto resulta más interesante que la bruja de la etapa precedente, porque parece más humana, porque sus heridas son más tangibles, y sobre todo porque su lastimera obsesión por hacerse un nombre en el negocio, aunque sea a costa de dejar a los suyos en la estacada, resulta inquietantemente divertida.

Recuperamos a Evan Peters en un papel que permite ver su valía como actor: el chico langosta es fiel a los suyos, carismático y valiente. Kathy Bates se aprovecha muy bien otra vez, pues la mujer barbuda muestra un viaje emocional bastante completo. Sarah Paulson encarna a las siamesas, dos cabezas y dos personalidades encantadoras cuya historia de crecimiento personal y búsqueda de un lugar en el mundo también da mucho de sí. El resto de feriantes queda en un plano más secundario, pero todos tienen algo que aportar: la gigante, la enana, la mujer sin piernas, el hombre sin brazos… Y todos estos además son fenómenos reales, solo con la siamesa y la barbuda han usado maquillaje y efectos especiales.

Sabiamente relegan la aparición de otros protagonistas, de forma que no saturan en los primeros capítulos. El forzudo (Michael Chiklis) y la mujer de tres pechos (Angela Bassett) darán para un buen drama familiar junto al chico langosta y la mujer barbuda, porque las relaciones guardan interesantes sorpresas. Denis O’Hare y Emma Roberts son una pareja de caza-fenómenos que se infiltra en el circo para obtener especímenes que vender a museos de horrores. Y aparte tenemos la fascinante historia de Dandy (Finn Wittrock), el chico mimado y malcriado por una madre que le consiente todo (Frances Conroy), y quien irá sacando su vena de asesino psicópata poco a poco. Wittrock, que se dio a conocer en Masters of Sex, es la nueva incorporación a la serie y logra la mejor interpretación de la temporada.

La puesta en escena se inclina por una línea más clásica, evitando las locuras previas. Se agradece, porque ese estilo no parecía encajar aquí y porque en la etapa de las brujas se le veía un desgaste importante. Los únicos encuadres variopintos son fruto de encajar las dos cabezas de la siamesa, que además se llevaría gran parte del presupuesto. Aunque sí encontramos un recurso atípico en otro elemento: la idea de poner canciones de los años ochenta en los numeritos de Elsa (con predilección por David Bowie) ayuda a generar una atmósfera irreal.

Lamentablemente, los guionistas se quedan sin ideas a mitad de la sesión. Una vez terminadas las tramas del payaso asesino y del lío con los lugareños no saben desarrollar nuevas historias, y los personajes se estancan en una dinámica repetitiva que no lleva a nada. Por si fuera apoco pronto se ve que con conscientes de ello pero que su único recurso es rellenar y amagar: cuántos falsos asesinatos tenemos que tragarnos, tanto por parte de la pareja infiltrada como por las constantes disputas en el propio circo, empezando por los tejemanejes de Elsa. Así a ojo, las siamesas no-mueren tres o cuatro veces, hasta el punto de que una vez me sorprendí de verlas de nuevo, pensando que definitivamente habían fallecido.

Media temporada dando vueltas en círculos acaba con la paciencia de cualquiera. Poco hay que salvar de los agotados personajes, como mucho las penurias del chico langosta, tanto en el tema familiar como en su esfuerzo por defender al grupo, y el paso al lado oscuro de Dandy. Pero me temo que incluso con este último aparcan lo inevitable hasta los capítulos finales: el reguero de muertes tan largamente anunciado, cuando llega, ya no puede sorprender, porque lo hace tarde y de forma precipitada. La posición final de otros personajes tampoco sorprende: el viaje de Elsa se ve venir de lejos y se le dedica demasiado tiempo, mientras que el destino de los pocos supervivientes del circo es tan insípido que ni lo recuerdo a la hora de escribir esto.

Otra cosa que hacen mal los guionistas es meter a última hora un par de personajes nuevos. El capítulo centrado en contarnos el pasado de Pepper es el colmo del relleno innecesario: aparte de lento y aburrido no aporta absolutamente nada a un personaje que apenas pasa de figurante y que finalmente vemos que no tiene nada nuevo que decir. Y la aparición estelar de Neil Patrick Harris como nuevo loco asesino también sabe a trampa, porque intenta desviar la atención de los hilos principales y porque se expone todo con prisas cuando con los protagonistas van a paso de tortuga. Aunque por eso mismo se puede decir que termina ofreciendo algo de entretenimiento por aportar ritmo y frescura.

Es triste acabar una temporada con tanta desgana y desinterés por lo que le pase a los protagonistas cuando en el inicio de la misma estos te han llegado con fuerza. Pero es lo que ocurre cuando los guionistas no planifican bien el año, cuando no saben dosificar personajes y tramas. Y la verdad es que es difícilmente perdonable, porque escriben sabiendo que será una temporada cerrada.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 – Asylum (2012)
Temporada 3 – Coven (2013)
-> Temporada 4 – Freak Show (2014)
Temporada 5 – Hotel (2015)

BROADCHURCH – TEMPORADA 1

Broadchurch
ITV | 2013
Drama, policíaco | 8 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall.
Intérpretes: Olivia Colman, David Tennant, Jodie Whittaker, Andrew Buchan, Jonathan Bailey, Arthur Darvill, Adam Wilson, Charlotte Beaumont, Pauline Quirke, Vicky McClurem, Simone McAullay, David Bradley.
Valoración:

La emisión de la producción inglesa Broadchurch tuvo muy buenas audiencias y críticas, cosechando varios premios (BAFTA incluidos) y convirtiéndose en todo un fenómeno al estilo Twin Peaks, con la gente ansiosa por saber quién sería el asesino. Pronto se exportó a varios países, incluyendo España, donde se volvió a demostrar el poco gusto y respeto por la televisión de calidad, pues Antena 3 reeditó algún episodio a su antojo. También alucinante es que la FOX la compró pero no para estrenarla en EE.UU., sino que se montó un remake (llamado Gracepoint) en modo clonación, es decir, copiando escena a escena. Para rematar el absurdo contrataron al mismo actor principal. Como es esperable la han puesto a parir por ser una imitación sin alma. Mientras, la original nació como miniserie pero explotarán su éxito con más temporadas.

En una pequeña ciudad costera aparece muerto un niño de once años, y como ahí nunca ocurría nada el evento causa conmoción. El caso lo lleva un detective nuevo en el lugar, famoso porque se le señala como causante del fracaso de otro caso semejante, y lo acompaña una detective local, no acostumbrada a investigaciones de esta índole. Vemos también la forma en que la tragedia afecta a la familia y a sus allegados, quienes además serán los principales sospechosos.

Lo primero que se observa al empezar el visionado es que es una serie para el gran público. No esperéis complejidad, inteligencia o profundidad como en The Killing o True Detective, los referentes más recientes del género. Es una producción facilona, directa y previsible. Entiendo que haya obras para todos los espectadores, pero como ocurre en más ocasiones de la cuenta aparece la eterna cuestión: ¿por qué se sigue tratando al gran público como estúpido e ignorante? La respuesta está en las audiencias. Ha sido un exitazo. Y con tal recepción me esperaba una gran serie. Iluso de mí, que vivo en una burbuja. Podría aceptar que fuera solo un entretenimiento ligero, que no se inclinara por complejas reflexiones ni pidiera un bagaje cultural inalcanzable para la masa de espectadores, pero es que se va al extremo de parecer un panfleto de la derecha más rancia y casposa. Su tono simplón, manipulador y conservador es exasperante a veces, sobre todo en el capítulo final: el vidente queda como bueno, el cura y la religión unen al pueblo y curan heridas, los periodistas se vuelven buenos, las familias se unen ante la adversidad, todo el mundo tiene su momento de redención…

Si no se te atraganta ese estilo, lo que queda es un thriller básico bastante aceptable y entretenido, aunque cualquier espectador curtido verá sus costuras rápidamente. La trama es de manual, de primero de carrera de guionista, como se suele decir, con lo que arrastra obviedades y giros previsibles en tal cantidad que nada va a sorprender. Cada episodio se centra en un falso sospechoso que es presentado en el capítulo previo en las escenas finales con música inquietante y será despachado en el presente cuando, tras mucho marear la perdiz, por fin se destape su secreto que lo sacará de toda sospecha. Y se pueden acertar todos (el que hace la tira fue acusado de pederasta, la señora misteriosa, fea y arisca, el amigo rarito, el cura solitario, el marido distante…) y todos sus secretos (el que estaba con la amante, el que esconde un pasado que pondría al pueblo en su contra, el que estaba robando -y prefiere que lo acusen de asesinato antes que de hurto menor, por lo que se ve-, etc.). Y claro está el culpable finalmente será el más improbable de todos.

Agujeros también hay. La investigación halla pistas solo cuando el guionista quiere avanzar, siendo algunas realmente absurdas, como el pelo encontrado en un barco carbonizado. Situaciones cogidas por los pelos cuando no directamente increíbles también se encuentra en cantidad: el detective que va sufriendo infartos mientras anda, la reunión post-entierro montada en el local de un personaje solo porque es personaje, porque ahí no pintan nada viendo la relación de este rol con la familia, etc.

La pareja de detectives y algún secundario como la madre del fallecido son el alma de la serie. La evolución de la relación entre ellos y ver cómo enfrentan la situación es lo único realmente logrado, porque el caso es poca cosa (y se va desinflando) y arrastra al resto de personajes, que quedan como objetos de la trama. Alec Hardy y Ellie Miller son prácticamente opuestos. Ella es sencilla y cercana a la gente, él frío e implacable, y trabajar juntos no será fácil. Las peleíllas, incluidos algunos toques de humor, son muy interesantes. Y los actores Olivia Colman (con una larga carrea en Reino Unido) y David Tennant (conocido por Doctor Who) están francamente bien, aunque con el éxito se ha sobrevalorado su labor, sin ir más lejos Tennant estuvo bastante mejor en su reencarnación del Doctor Who. Por otro lado, Beth Latimer (Jodie Whittaker), madre del chico asesinado, vive una tragedia que, aunque a veces tire de sensacionalismo, aporta un drama humano bastante certero. Pero más allá hay poco que disfrutar. El marido es un cliché andante y el actor muy flojo, y el resto de secundarios son mero relleno; sólo salvaría al anciano tendero, el único que aporta una subtrama más completa y seria.

No puedo terminar sin decir que si buscáis un thriller de corte realista realmente bueno no hay que salir de Reino Unido: la mítita Principal sopechoso (Prime Suspect) cumple todos los requisitos del género con notable alto.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 1

Netflix | 2013
Drama, comedia | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

A sus treinta y pocos años Piper Kerman (en la foto) parecía una mujer normal. Blanca de clase media-alta, familia llena de titulados en la universidad, prometida a su novio… Pero resulta que años antes, decidida a disfrutar de la vida al acabar los estudios, tuvo un romance con una mujer que se dedicaba al narcotráfico. Cuando aquella fue detenida acabó arrastrada a la cárcel también, por colaborar llevando dinero, con una condena de 15 meses. Como no es un viaje muy habitual dado su estatus social, sus amigos y familiares se interesaron mucho por sus vivencias, con lo que acabó escribiendo un libro, Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison (Naranja es el nuevo negro: mi año en una prisión para mujeres), de ahí saltó a a dar charlas sobre los derechos de las mujeres encarceladas, y finalmente su historia ha acabado en televisión. Jenji Kohan tomó las riendas de un proyecto que se ajustaba mucho a su experiencia, pues Weeds era otra dramedia centrada en una mujer en apariencia normal que acaba dedicándose a las drogas. La serie se produjo para Netflix, y resultó un éxito inmediato: fue la más vista en la por ahora corta historia de este canal de video bajo demanda (te suscribes y ves lo que quieres cuando quieres por internet), superando a House of Cards a pesar de no tener publicidad ni un reparto famoso ni inicialmente el beneplácito de la crítica, que suele inclinarse demasiado por las modas.

Hasta Orange Is the New Black no me había parado a pensar que no hemos visto ni en cine ni en televisión producciones llamativas que muestren la vida en las cárceles de mujeres. Es un género dominado por hombres, con las míticas Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994) y Oz (Tom Fontana, 1997) a la cabeza. Pero cuando ha llegado esta serie de repente me he dado cuenta de cuánto se echaba en falta el punto de vista femenino, vacío que llena de forma que será difícil encontrar otra producción que le haga sombra, porque apunta muy alto. Esta perspectiva expone tanto la forma en que las mujeres ven el mundo como los problemas relacionados con el género (abusos desde la parte masculina, principalmente) a través de historias muy realistas y llenas de detalles cotidianos. No falla tampoco en el análisis social y la crítica al sistema, pues saca a relucir la inmundicia de las cárceles estadounidenses y las carencias enormes del Estado y la sociedad a la hora de reconducir a los delincuentes. Como en Oz, queda claro que las prisiones son un almacén para olvidar a gente descarriada, que el gobierno no pone esfuerzo monetario y humano para arreglar las cosas y el pueblo está adormecido y no mueve un dedo para cambiar la situación. Sobre la influencia de Oz es difícil saber cuánto debe a ella y cuánto es casualidad por temática; tienen en común el tono realista, la crítica al sistema y mostrar mediante flashbacks qué hicieron las presas, entre otras cosas.

La serie ha acertado de pleno en dos formas de narración muy populares en esta era dorada de la televisión. La dramedia, es decir, comedia más drama, permite ofrecer una perspectiva de drama real pero con un tono de aventura distendida. La sonrisa es constante en cada episodio y da para carcajadas en no pocas ocasiones, y el drama es ligero pero no por ello superficial, de hecho la complejidad y profundad de todas las historias narradas es enorme, pero nunca llega a resultar un relato oscuro o duro, siempre tiene un punto socarrón y prima la aventura realista y pragmática sobre la tragedia humana.

El otro punto destacable es no mostrar buenos y malos muy marcados, sino tener protagonistas grises que pueden tanto cometer atrocidades como dar lo mejor de sí mismos. Ni las internas más peligrosas ni los guardas más duros hacen la función de villanos, es decir, de enemigos para las protagonistas y roles que odiar por el espectador, sino que son otro ejemplo de cómo la sociedad y las circunstancias y nuestras limitaciones nos moldean y nos pueden llevar a actuar desviándonos de la ética. Así, los guardias no son puestos como hijos de puta sádicos sin más, sino como seres tan falibles como los demás personajes. Cuando Healy (el más representativo en esta etapa) manda a aislamiento o maltrata psicológicamente a Chapman no se siente asco y ganas de que se vengue de él, sino indignación porque el sistema permita esa situación y lástima porque él no ha sido capaz de manejar sus problemas mejor y lo ha pagado con alguien más o menos inocente.

También ha sido muy inteligente mantener un reparto coral, no centrar el protagonismo exclusivamente en Piper Chapman (álter ego de Piper Kerman), algo esperable dado el material de origen. Su punto de vista es el principal, y como personaje central resulta memorable, pero el repertorio de secundarios es delicioso y el protagonismo está muy repartido. Todas las presas, desde la más loca a la más tranquila, tienen una personalidad definida a la perfección desde su primera aparición, y aunque por ahora no haya habido una gran evolución de personajes (exceptuando a Piper), poco a poco las relaciones y formas de ser van respondiendo a todos los eventos que van sucediendo en las numerosas tramas principales y secundarias. Es imposible no implicarse con las simpáticas Lorna y Nicky, seguir con interés la fachada de dura de Red, flipar con los tropiezos de guardas como Pornomostacho o Healy y disfrutar con los líos entre grupos (latinas, negras, blancas rednecks -paletas sureñas-).

Es difícil destacar a alguna actriz secundaria, todas son bastante desconocidas pero cumplen de maravilla mimetizándose completamente en sus personajes. La más reconocible y relevante es quien interpreta a la exnovia de Chapman (la traficante de drogas Alex Vause), Laura Prepon, quien fuera la pelirroja de Aquellos maravillosos 70, una comedia sencilla pero con bastante buen reconocimiento. Los hombres, más escasos, también cumplen (Michael Harney como Healy está soberbio), pero en este lado está el único punto negativo de la serie: el novio de Piper supone el único actor mal elegido. De verdad no sé cómo se coló en tan cuidado casting un manta como Jason Biggs (saga American Pie…), quien desaprovecha un buen personaje con su nula expresividad (se supone que está sufriendo la situación, pero su interpretación no lo refleja) y la ausencia total de química con Taylor Schilling (Piper).

Pero incluso en este rico panorama el rol principal, Piper Chapman, destaca resultando un personaje que sin duda va a hacer época. Siendo blanca, rubia, con estudios universitarios y bastante culta (las referencias a la cultura pop abundan, por cierto) da mucho la nota incluso en una prisión de mínima seguridad, y pronto su personalidad narcisista y victimista le hará pasar por varios encontronazos. Pero esa propia inteligencia y educación completa le permitirá adaptarse rápidamente y contar con ciertas ventajas. El choque de culturas y la extraordinaria situación que vive se exponen magistralmente en el episodio piloto, un capítulo memorable que atrapa por completo para el resto de la temporada. El proceso de adaptación es riquísimo en vivencias e interés, y en el tramo final empieza a plantar cara, a volverse más dura.

La interpretación de Taylor Schilling (dada a conocer en el poco exitoso drama de hospital Mercy) es la que necesitaba este rol: está plenamente sumergida en Chapman, consiguiendo un personaje fascinante desde el primer instante. Sus miedos quedan expuestos con una sola mirada, y el proceso de adaptación y superación va mostrándolo con gran habilidad. Junto a la otra gran mujer del año, Tatiana Maslany (Orphan Black), supuso toda una revelación y uno de los mejores papeles de las últimas temporadas televisivas, llegando ambas a recibir nominaciones a los Globos de Oro a pesar de que la crítica pasó bastante de sus series en favor de las más cercanas a las academias de premios. Aunque luego hicieron el ridículo dándoselo a Robin Wright por House of Cards en vez de a uno de estos dos portentos. Es una vergüenza que poco a poco el boca a boca va poniendo en su sitio: Orange Is the New Black fue probablemente la mejor serie del año y Taylor Schilling merece todas las alabanzas que se te puedan ocurrir.

Ver también:
-> Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)

HOMELAND – TEMPORADA 3

Showtime | 2013
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 46-63 min.
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, Morgan Saylor, Rupert Friend, Sarita Choudhury, F. Murray Abraham, Nazanin Boniadi.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo y destripo la temporada al completo.–

La segunda temporada de Homeland, magistral de arriba a abajo y con momentos sublimes, acabó con un golpe de efecto que ponía todo patas arriba y nos dejaba sin idea alguna de cómo podía continuar la historia. La CIA atacada en su sede, Carrie en un limbo laboral y emocional, y sobre todo Brody visto como culpable y a la huida. El tercer año empieza fuerte, sin la trampa de olvidar el golpe de efecto o dejarlo de lado para seguir como si nada, táctica infame que detesto. Los guionistas abrazan con determinación la situación en que se han metido y la llevan hacia adelante, mostrando todas sus consecuencias con habilidad y con conocimiento claro de hacia dónde van. Además, con otro giro sorprendente a mitad de sesión las cosas cambian de nuevo bruscamente. No todo es perfecto, pero sí lo suficiente espectacular como para hablar de otro gran año. Y sumando también la incomprensible polémica que se han empeñado en levantar sobre la nada muchos espectadores, tenemos una temporada que da para escribir muchísimo.

Las implicaciones y ramificaciones que causa el atentado y el descabezamiento de la CIA se tratan con gran realismo, ofreciendo una perspectiva compleja y detallada del asunto, manteniendo muy bien una trama política y de espionaje que ya venía con mucha fuerza del año previo. Saul es el personaje que se come todo este marrón, y lo aguanta de forma fenomenal: se ha convertido prácticamente en el protagonista de la serie. Su lucha por sacar adelante su maltrecho equipo, los envites del senador que pretende ser director de la organización, la presión de los medios, los líos familiares acosándole por detrás y el problema de Carrie mantienen a Saul en constante alerta, estresado, dando el máximo de sí mismo.

Carrie recorre un camino duro y fascinante también. De nuevo vuelve a verse en medio de unos acontecimientos que casi la superan, pero si recae esta vez es por la persecución en la que parece estar envuelta por parte de la CIA y Saul. Nos sumergimos de lleno en sus problemas, cada nuevo paso en su lucha resulta intenso y absorbente… y justo cuando empiezas a preguntarse si saldrá de una vez del hospital, cuando parece que se están excediendo en sus penurias, resulta que es un montaje en el que es colaboradora. El giro no se ve venir, de lo bien que se esconde, y te estampa en la cara la genialidad de los guionistas: todo es parte de un plan de Saul para ponerla en la mira de los enemigos, para intentar sacar a la CIA del hoyo en que se encuentra dando un golpe maestro a la inteligencia iraní.

En cuanto a los secundarios, estos son pocos pero muy interesantes, figuras misteriosas de las que siempre quiero ver más pero aparecen lo justo para complementar a los escasos principales, dejándote con la miel en los labios. Peter Quinn tiene sus propios fantasmas internos que lo llevan a dudar de su lugar en el mundo del espionaje, pero como digo no terminan de darle todo el protagonismo que merece. Dar Adal es aún más frío: sí, se nota una buena dinámica y compañerismo con Saul (y no faltan las breves dudas de lealtad, clásicas del género), pero no sabemos nada de él y no evoluciona hacia nada llamativo. Y este año conocemos a la joven Fara Sherazi, cuya introducción, apareciendo en plena CIA con el pañuelo en la cabeza, es memorable. La chica se hace querer rápidamente, pero siempre queda algo descolgada, y además su labor a veces se exagera: ¿es que nadie más trabaja en la CIA aparte de los personajes con nombre? Por desgracia también pierde mucho protagonismo en el tramo final. El senador, un político conservador estrecho de miras, define bien esa figura habitual del panorama político estadounidense, y resulta odioso pero creíble.

Mientras, no nos olvidamos de que la serie es también un drama, y también de corte realista. La familia de Brody, después de todo lo que ha pasado con el retorno de aquél y la campaña política que puso demasiada atención sobre ellos, da un lógico vuelco con la caída en desgracia del héroe. Ahora se enfrentan al rechazo social más grave imaginable: tu familia albergó al enemigo número uno del país. No me gustó la elipsis del intento de suicidio de Dana (vamos directos a su salida del psiquiátrico), pero luego la acepté, porque lanza con rapidez y eficacia el arco de este año relativo a la chica y por extensión de la familia (aunque es cierto que pasan totalmente de mostrar cómo lleva la situación el hermano). Como es esperable, la familia está destrozada, y Dana en concreto ha llegado a su límite emocional. La única forma de recuperarse es dejar todo eso atrás. Para Jessica seguramente será volver con Mike Faber (no se expone directamente, pero se intuye), quien le dará seguridad como hizo durante la primera ausencia de Brody.

Para Dana el cambio debe ser mayor, porque el simple hecho de estar en esa casa le recuerda la tragedia. Así pues, su intento de huida, que no es más que una ruptura con lo establecido, aunque muy criticado por los espectadores impacientes y que se quedan en la superficie de lo que ven, es imprescindible en la maduración del personaje. Ahí ve que debe independizarse. De ahí a la despedida final con Brody no vuelve a salir mucho, pero tampoco hace falta, han dedicado el tiempo justo y necesario para relatar su trayectoria. Se podría decir que se echa de menos ver las reacciones de la familia ante el retorno de Brody (cuando aparece en televisión desde Teherán), pero sería reincidir en el hecho ya de sobras constatado de que lo odian y rechazan, y viendo que no hay redención de Brody (qué jodidamente cruel es la serie) queda claro que el papel de la familia ha terminado en esta historia.

El nivelazo de los capítulos iniciales, más concretamente los tres primeros, es abrumador, alcanzando el listón de los mejores momentos de la segunda temporada. Te mantienes pegado al asiento constantemente, esperando que en cualquier momento todo se venga abajo, sudando con los personajes y temiendo de lo lindo por Brody, protagonista principal desaparecido durante varios capítulos enteros. Su reaparición en un episodio exclusivo para él es fantástica. Se resume su viaje a través de su estado mental más que con hechos, y su nuevo cautiverio remata las pocas esperanzas que tuviéramos con verlo remontar el vuelo.

Una vez llegamos al ecuador y con el plan de Saul en marcha, como decía la dinámica cambia bastante, demostrando de nuevo la valentía y habilidad de los guionistas. En el primer año dije que el argumento de Homeland tenía enorme potencial pero no pareciera que fueran a salirse de unas líneas muy clásicas, pero el subidón de la segunda sesión me abrió los ojos por completo, y esta etapa confirma que es la serie más arriesgada de estos años tras Breaking Bad.

La forma de llevar a Carrie hacia el enemigo para traer el enemigo hacia nuestro bando está muy lograda. Se exponen con maestría las dificultades del proyecto, lo lejano y complicado que resulta tal objetivo y lo beneficioso que sería lograrlo (geniales las luchas de Saul con el senador). La captura de Majid Javadi y el chantaje para usarlo como topo mantienen el nivel esperado. Los datos sobre que Brody no sería culpable te dan en toda la cara, devolviéndote la esperanza de verlo redimido, pero su retorno es difícil también, pues su lugar en el plan de Saul resulta otra enorme sorpresa. Su recuperación y entrenamiento se sintetiza muy bien en poco tiempo, y los soldados resultan personajes interesantes a pesar de su poca relevancia. Finalmente se despide de Dana y casi de Carrie (porque es una misión casi suicida) y despegamos hacia el desenlace…

Sin embargo, aquí el riesgo y la valentía no van de la mano con una ejecución perfecta. Sí, el gran giro abre nuevas perspectivas que caminan con paso firme durante varios episodios, pero lo cierto es que una vez el plan coge forma y se dirige hacia sus momentos finales, la temporada pierde mucha intensidad, se torna previsible y se cierra de forma bastante convencional. Los tres últimos capítulos, a pesar de tener bastante acción, no se acercan a la fuerza inicial del año ni a lo bien que funciona el segmento central, dejando la sensación de que no se ha rematado como se esperaba algo preparado con tanto esmero.

Las tribulaciones de Brody y Carrie en el curso a Teherán se ven venir de lejos, las dificultades allí sufridas son bastante predecibles, y finalmente casi todo se resuelve como cabría esperar. No hay gran sensación de peligro, porque la narración fluye demasiado lineal, y cuando todo acaba, aunque agradeces que Saul vea llegar a buen término su plan y que Brody parezca librarse de tantas penurias, no se produce en el espectador un gran suspiro de tensión liberada. Ni la muerte de Brody provoca una gran catarsis, pues se ve como un paso muy lógico.

A todas estas historias les falta un envoltorio que genere la atmósfera necesaria, una del estilo del finalazo de la primera sesión o del glorioso episodio Q&A de la segunda. Ojo, no resulta excesivamente grave… pero sí lo suficiente para afear un año que iba camino de ser magnífico también. Es evidente que la estancia en Teherán necesitaba el doble de episodios, dándole más profundidad y alcance. Es como si hubieran cancelado prematuramente la serie y hubieran tenido que resumir las cosas, algo que evidentemente no ha ocurrido. Simplemente los guionistas, en el momento cumbre de la temporada, han estado algo faltos de inspiración, perdiendo un poco el tono habitual de la serie.

Por lo menos el cierre de las tramas personales de Carrie y Saul se lleva su tiempo, aunque también deja un regusto amargo: todo parece tan finalizado y a la vez abierto que no se espera nada concreto para la próxima etapa, pues puede ir sobre cualquier cosa pero será una historia nueva, con lo que empezará con el interés algo mermado.

En cuanto a la polémica, me ha resultado tan sorprendente como molesta, por absurda, incomprensible y, viendo algunos comentarios, casi fanática. Resulta que muchos espectadores rechazan el primer tramo de la temporada y aprecian el final… Justo al revés de lo que la lógica dicta, justo al revés de lo que la temporada es. Esta errónea perspectiva surge de algo que resulta evidente desde el inicio de la serie: la gente espera una de acción plana y sensacionalista, tipo 24, y al tercer año se han cansado de esperar y han empezado a soltar bilis de forma espectacular por la red. Homeland tiene sus virtudes y fallos, o puede gustar más o menos por género y estilo, pero no puedes machacarla por ser diferente a lo que sueñas, es de un ridículo e inmadurez que espanta. Así, las críticas que se suelen ver están llenas de memeces impresionantes, porque es difícil defender la exigencia de que dejaran de lado toda la trama de política y espionaje y el drama para pasar a los tiros. Si te sobra todo lo que la serie es, qué demonios haces soportándola. Lo único bueno de todo esto es que finalmente dicen (más bien lloriquean y exclaman a los cuatro vientos, como si fuera un gran paso) que dejarán de verla, pero lo malo es que se van haciendo mucho ruido y dañando su imagen inmerecidamente.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
-> Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2014)
Temporada 5 (2015)
Temporada 6 (2017)
Temporada 7 (2018)
Temporada 8 y final (2020)