MARCO POLO – TEMPORADA 1.

Marco Polo
Netflix | 2014
Productores ejecutivos: John Fusco, Daniel Minahan,
Intérpretes: Lorenzo Richelmy, Benedict Wong, Joan Chen, Amr Waked, Remy Hii, Zhu Zhu, Tom Wu, Mahesh Jadu, Olivia Cheng, Uli Latukefu, Chin Han.
Valoración:

Las andanzas de Marco Polo en el siglo XIII por la Ruta de la Seda y su estancia en Mongolia y China son bastante conocidas, si bien siempre ha habido dudas de su veracidad, sobre si se inventó o no la mitad de lo que contaba. Netflix suelta el talonario (90 millones de dólares) para rodar una fastuosa serie sobre este épico viaje. Grabada en su mayor parte en exteriores de Kazajistán y en estudio en Malasia, el reparto tiene varias figuras internacionales (obviamente, dada la mezcla de razas), pero hay que señalar la sorpresa de que el protagonista sea italiano, no estadounidense o inglés. Su creador es John Fusco, guionista de Océanos de fuego, Lago Ness y otras pocas películas, y se produce bajo la sombra de los todo poderosos hermanos Weinstein.

Visualmente la serie es un portento que quita la respiración. El presupuesto luce en los maravillosos paisajes y los enormes decorados, en el vestuario y las escenas con numerosos extras. Obviamente hay algunas limitaciones, pues las batallas se reducen a una (la otra importante se narra, no se muestra) y a veces se nota algún efecto especial (la muralla de Xiangyang), pero se perdona porque el conjunto alcanza niveles impresionantes. Los grandes directores que dan vida al proyecto, de sobras conocidos por cualquier seriéfilo (Alik Sakharov, Daniel Minahan, David Petrarca), se marcan una puesta en escena digna de superproducciones para la pantalla grande. El formato semicinematográfico (un extraño 2.00:1, a medio camino entre el 2.35:1 de cine y el 1.85:1 de una televisión panorámica) le da un aura de cine, lo que se refuerza con predominancia de grandes angulares y planos de cuerpo entero que manejan bien los numerosos personajes y aprovechan el detallismo de los decorados. La estupenda labor de iluminación pone la puntilla a esta virtuosa fotografía, regalando una cantidad inmensa de imágenes que van de lo hermoso a lo espectacular.

Pero mucho me temo que el guión no está a la altura de tan excelsa puesta en escena, y más triste aún, difícilmente cumplirá las expectativas de cualquier espectador que esperara ver una serie que saque partido a un contexto histórico tan jugoso. Queda a años luz de las ya clásicas Los Tudor y Rome, ni siquiera llega a otras del ramo más ficticio del género que sin ser notables resultaban muy entretenidas, como Los pilares de la Tierra y secuela. Y sobre todo, no es capaz hacer la más mínima sombra a la que marca el tono en la actualidad, Juego de tronos, en cuya estela sin duda nace. También hay que señalar que existe una miniserie de 1982 con buenas críticas, un llamativo reparto y una fantástica banda sonora de Ennio Morricone que seguramente merezca la pena recuperar… pero no hay quien la encuentre.

Lo mejor que puedo decir es que la vida en Mongolia y China resulta atractiva en gran parte gracias al trabajado aspecto visual, esté retratada con mayor o menor rigor histórico. Pero la intriga de la corte y la descripción de los personajes y sus aventuras son bastante flojas y muy irregulares.

Kublai Kan, nieto de Gengis Kan y quien ha heredado sus ansias de conquistador, desea acabar con la dinastía Song y hacerse finalmente con China. Marco Polo es arrastrado por su padre a la Ruta de la Seda, donde el joven espera conocer mundo y vivir grandes aventuras. Pero es abandonado a la más mínima dificultad en plena corte del Kan, y deberá aprender a sobrevivir en un país extraño y entre ambiciones políticas. El tira y afloja entre el Kan y Polo, conociéndose y midiéndose mutuamente, y con Polo intentando alargar su vida como bien puede improvisar, es bastante clásico pero se desarrolla con el suficiente atractivo, y además los personajes se ven realzados por el carisma de los actores Benedict Wong y Lorenzo Richelmy respectivamente. El primero está inmenso, consigue una figura arrolladora que podría haber dejado huella si la serie estuviera a la altura, y el segundo resulta simpático de sobras como para interesarnos por su viaje. Wong, nacido en Inglaterra de padres chinos, es un secundario habitual en el cine (Prometheus, por ejemplo) y en numerosas series del Reino Unido (State of Play la más llamativa). El italiano Richelmy tiene en su haber unas pocas producciones italianas, pero su correcto papel y su atractivo físico seguramente le den proyección internacional.

Secundarios hay muchos, pero la mayoría muy descuidados. Los consejeros Yusuf y Ahman, procedentes de las conquistas del Kan por el Oeste, pasan el corte sin muchos problemas, prometiendo dar una categoría a la intriga política que finalmente no llega a verse, desaprovechándose su potencial. Los intérpretes también dan la talla: Amr Waked (egipcio empeñado en trabajar por todo el mundo; visto recientemente en Lucy por ejemplo) y Mahesh Jadu (australiano de origen también árabe iniciando su andadura internacional). Y no hay más que salvar, el resto son un quiero y no puedo una mitad, y la otra mitad estereotipos vulgares. Qué cuentos más viejos y cansinos de princesas, qué romances más tontorrones, qué disputas políticas más rígidas y simplonas. Algunos importantes, como el enemigo chino Jia Siado (Chin Han, una auténtica estrella en Asia y desde hace poco conocido también en EEUU: Contagio, Capitán América, el soldado de invierno), es una suma de clichés de maldades y ambiciones que en vez de ponerlo como temible lo deshumanizan hasta dejarlo entre inverosímil y anodino. Las princesitas y emperatrices de un bando y otro son intercambiables, de hecho es difícil distinguirlas, y aportan mucho metraje pero poca historia digna; el amorío entre la princesa Kokachin y Polo no podía despertar menos interés. El príncipe heredero Jingim, el otro hermano (el simpático que se hace amigo de Polo), el maestro ciego, la chica guerrera… todos se definen a base de tópicos y no se mueven en ningún momento de esa base, no aportan sustancia y entereza como para hacerlos atractivos.

Por extensión las historias son simples a más no poder, y para colmo avanzan a paso de tortuga. Ganarse la confianza de la corte, problemas de lealtad entre nobles, hijos ambiciosos, consejeros sabios, líderes obsesionados con machacarse el uno al otro, romances insípidos, historias de superación previsibles… Todo desarrolla una trama de intrigas políticas y personales de manual, tan fácil de prever como monótona. No llega a ser horrible, y los diálogos no están mal, pero se aleja tan poco de la línea predecible y desganada que la serie termina siendo sosa hasta aburrir. Y en algunos momentos sí da pena, porque tiene ramalazos comerciales absurdos: esas exageradísimas peleas de artes marciales metidas con calzador son ridículas: los brazos rotos y recompuestos con toques de dedo, el monje ciego salido de un anime fantasioso, las cámaras lentas, las miradas supuestamente temibles, los golpes pretendidamente épicos… Por suerte son momentos puntuales. También se nota que apuntan a un público adulto, aunque el guión no dé la talla para ello, con las numerosas y gratuitas escenas de desnudos y sexo que incluyen en los primeros capítulos al estilo Juego de tronos.

Me ha decepcionado mucho. Basta ver una escena para quedarse prendado de su fuerza visual… pero dos escenas más te sacan de la fascinación y te llevan al aburrimiento: los capítulos se hacen muy largos, la temporada no digamos. Y la verdadera pena es que es para contar entre las series mejor dirigidas del año.

2 Respuestas a “MARCO POLO – TEMPORADA 1.

  1. Arbitrario

    Totalmente de acuerdo en que la mayor fuerza de la serie está en la magnificencia de los paisajes. Pero tampoco el guión es tan pobre como dices que llegue a empobrecer de esa manera el resultado final.

    A mi la serie me ha parecido más que digna. A la gente que se la he recomendado, tras verla, lo agradeció con entusiasmo.

  2. Bueno, es una serie simple, no mala. El problema es que desde fuera aparenta mucho más.
    En mi círculo los pocos que la están viendo señalan lo lenta y básica que es.

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