Archivo mensual: febrero 2010

PARADOX.

Productores ejecutivos: Murray Ferguson, Lizzie Mickery.
Escritor: Lizzie Mickery.
Directores: Simon Cellar Jones, Omar Madha.
Intérpretes: Tamzin Outhwaite, Emun Elliott, Mark Bonnar, Chiké Okonkwo, Lorcan Cranitch, Abigail Davies.
Valoración:

Paradox es una miniserie británica de cinco capítulos donde se narra cómo un grupo de detectives debe resolver un tipo de casos nada habitual: desde un centro de investigación científica les remiten imágenes que muestran un crimen que ocurrirá en las próximas horas. Hay quien se empeña en compararla con Flashforward, pero lo cierto es que único parecido es que en el argumento aparece la expresión visión del futuro, pues aparte de eso la idea, las tramas y los personajes son un mundo aparte. Y mucho mejor trabajado, más coherente y centrado.

En una época donde por mantenerse a la moda casi todas las series policíacas son procedimentales con toques de pseudo ciencia-ficción (tecnología futurística y tramas tan rebuscadas que resultan irrealistas), Paradox, a pesar de tener una premisa sustentada en la ciencia-ficción, sorprende gratamente por sus formas terrenales, por su clasicismo. Estamos ante un thriller policial estándar donde sus realistas personajes se enfrentan a casos fuera de lo normal y donde sabiamente se refleja cómo el impacto psicológico de estas extrañas situaciones afecta considerablemente a sus personalidades. Además se ofrecen dilemas bastante bien trabajados sobre el destino, la fe y la ciencia que podría haber detrás de los sucesos en los que, demostrando la inteligencia de los escritores, se dan más preguntas que respuestas pero sin dejar el sabor a engaño o decepción que fácilmente podría haberse generado.

Cada episodio ofrece una investigación concreta, pero como los personajes evolucionan las perspectivas y su desarrollo varían bastante. Dichas tramas están bien expuestas, sobre todo en cuanto a la presentación de personajes secundarios se trata (pues cada crimen afecta o implica a un determinado número de personas), y a pesar de que no es una producción de acción propiamente dicha hay bastante caos cuando debe haberlo y escenas de tensión bien logradas. Decir también que, aunque las resoluciones no sean un alarde de originalidad ni tengan giros muy complejos, se consigue que no parezcan demasiado simples (como digo, es de género policíaco, no un rebuscado experimento de ciencia-ficción), no resultan nada previsibles (el episodio donde se supone que morirá un personaje tenía todas las de serlo) y mantienen el interés constante porque, al contrario que series más tramposas (como Fringe o Perdidos), se opta por la coherencia interna y por apoyarse en los personajes en vez en el efectismo del golpe final fantasioso.

Y finalmente los actores son bastante competentes y la realización correcta sin más (no es una producción de altos vuelos, pero eso no es un punto negativo), así que Paradox es un entretenimiento no especialmente espectacular pero sí lo suficientemente agradable como para que sus cinco capítulos sepan a poco.

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EL PANEL DE ATREZO QUE ESTÁ EN TODAS PARTES.

Como es lógico en teatro y cine se reutiliza material, tanto decorados como atrezo de lo más variado. Incluso en producciones de bastante nivel presupuestario es más común de lo que pensamos. Recuerdo un par de casos, como unas cajas hexagonales que se usaron tanto en la vieja Galactica como en V, esa vez en Firefly en la que se ve a unos militares cuyos trajes están sacados de los restos del bodrio de Tropas del espacio, o alguna película que utilizó el decorado del despacho oval de El Ala Oeste de la Casa Blanca, pero sin duda se podrían documentar muchos. Pero el que me resulta más llamativo es el de un panel de monitores que he visto en numerosas producciones de acción y ciencia-ficción de forma muy clara. Es curioso que se reutilice tanto y se ponga tan a la vista, pero se ve que por su forma moderna les viene bien a este tipo de obras. No sé para qué película o serie se realizó, pero la primera vez que lo vi fue en Firefly, a continuación en Battlestar Galactica, donde me di cuenta de que era el mismo, y luego pude observar en La jungla 4.0, Dollhouse y Star Trek 2009.

En Firefly se puede ver en el episodio piloto, cuando tras los créditos los protagonistas aparecen en el puerto espacial de un planeta:

En Battlestar Galactica se encuentra en el puente de mando, y se puede ver por ejemplo en la miniserie. No he comprobado si sigue ahí hasta el final de la serie:

En La jungla 4.0 se hallan en la central eléctrica (creo que era eso) donde los protagonistas se enfrentan a algunos de los malos, como la chica:

En Dollhouse se ve en el último episodio de la primera temporada, no recuerdo exactamente dónde:

En Star Trek 2009 no recuerdo en qué momento se ve:

Actualización:

Visto también en Defying Gravity:

CALIFORNICATION – TEMPORADA 3.


Showtime | 2009
Productores ejecutivos: Tom Kapinos, David Duchovny.
Intérpretes: David Duchovny, Natascha McElhone, Evan Handler, Madeleine Martin, Pamela Adlon, Kathleen Turner, Ember Davitz, Eva Amurri, Ellen Woglom, Peter Gallagher, Diane Farr.
Valoración:

De Californication no se habla tanto como de otras series que, aunque no ofrezcan algo tan atractivo y de tanta calidad, misteriosamente tienen mucha más repercusión. No sé si es porque se infravalora y la ve poca gente o porque al ser más para adultos en Internet no se comenta tanto, pero a mí me parece una producción de notable y un entremetimiento muy adictivo y fácil de ver.

Ya dije en las anteriores temporadas que la fórmula clásica de la relación en tensión no es fácil de extender, y menos con habilidad y originalidad, pero por ahora Californication aguanta el tipo con mucha entereza. Sí, a veces da la sensación de que la relación entre Hank y Karen se deja un poco en suspenso, pero es que si en todos los episodios tratasen ese tema entonces sí que sería exprimida demasiado rápido. Los guionistas saben aportar otras buenas historias que lleven a los personajes en sentidos concretos e interesantes, y lo hacen siguiendo otra fórmula que por ahora también está funcionando muy bien: la inclusión en cada temporada de uno o varios secundarios alrededor de los que dirigir las vivencias de los protagonistas. Si en la sesión anterior fue el excéntrico roquero aquí se han presentado varios caracteres tan interesantes y sólidos como los personajes principales: la profesora británica (Embeth Davidtz) y su familia, la alumna voluptuosa (Eva Amurri), la ayudante en la universidad (Diane Farr) y la editora jefa de Charlie (una sorprendentemente sucia Kathleen Turner que deja una frase mítica: Colliny out). Alrededor de estos excelentes caracteres se construyen las habituales historias de sexo desenfrenado y casi surrealista, las desventuras de Moody como padre, amante y escritor, la todavía estupenda relación con su amigo Charlie, etc. Los guionistas siguen obteniendo capítulos muy dinámicos llenos de situaciones divertidísimas (tanto por originales como por simples pero retorcidas con un toque cuasi absurdo muy acertado), y no puedo pasar de citar un momento cumbre memorable, el episodio The Apartment, que como su nombre indica se desarrolla únicamente en el apartamento de Hank y que se alza como el mejor capítulo de la serie hasta la fecha.

El final de temporada ha sido lógico, coherente y en general del nivel esperado en esta producción, pero no me ha gustado, porque es brutal y durísimo, y con lo bien que me caen los personajes me parece una tocada de huevos excesiva. Siempre ha sido lo que llaman una dramedia (comedia con drama o drama tirando al absurdo), pero el final es desgarrador. Y no creo que las relaciones amorosas y familiares de los protagonistas puedan volver a encaminarse después de eso. En otras palabras, los guionistas se han montado un final de esos que pueden hacer a la serie saltar el tiburón. Espero muy impacientemente la cuarta temporada para ver si son capaces de sacar a Moody del entuerto con la misma habilidad demostrada hasta ahora o si deben hacer un giro de esos que detesto donde sin mucho esfuerzo se pone todo como estaba antes para seguir con la serie de forma estándar. Pero ya habrá tiempo de lamentarse cuando llegue dicha situación; disfrutemos mientras de una comedia excelente con unos personajes adorables y un sentido del humor muy eficaz.

PERDIDOS, EL INICIO DEL FIN.

Alerta de spoilers: hablo del final de la quinta temporada y del inicio de la sexta.–

Perdidos es una serie que siempre ha exigido mucha fe y paciencia de sus espectadores, pues su fórmula es tan adictiva como desquiciante y provoca tanto adoración como rechazo. Si bien el número de seguidores que se mantiene fiel es todavía alto, conforme se iba emitiendo ha ido perdiendo espectadores con un goteo constante. Y es que cada uno tiene su límite de fe y paciencia en alguna parte. Unos se quedaron en la escotilla, otros no aguantaron las jaulas, para unos saltó el tiburón con la palanca de Ben y para otros dejó de ser interesante con los viajes temporales. Yo alcancé mi punto de no retorno en el final de la temporada cinco, y el inicio de la sexta me ha confirmado definitivamente que Perdidos ya no es lo que era.

Para mí lo más importante de una obra, sea libro, película o serie, son los personajes. Sin personajes decentes la trama que haya sobre sus hombros indudablemente perderá mucho, y con personajes de calidad casi cualquier cosa que cuentes ganará credibilidad y solidez. Imagina que Perdidos hubiera tenido desde un principio personajes mediocres y sosos: seguramente hubiera resultado un producto tan ridículo como Xena. Pero sus caracteres eran exquisitos, y funcionaban muy bien puestos en tramas de misterio con toques de ciencia-ficción sorprendentes, espectaculares y muy originales.

Así mismo, dichas tramas eran en el inicio de la serie fascinantes. Sí, tramposas y con rumbos poco claros, pero ofrecían una historia sumamente entretenida donde las piezas iban encajando bastante bien. Es cierto que había alguna fantasmada que se les fue de las manos, como el insoportable Walt o la bobada de los números, pero en general, dentro de su propio género y estilo, había bastante coherencia y la narración fluía de maravilla. Sin embargo en la temporada cinco ya se forzó demasiado la cosa, y aunque en general se mantuvo hábilmente en el borde del abismo entre lo coherente y lo absurdo en el cierre de temporada dio un traspiés que, obviamente desde mi punto de vista, ha hecho que finalmente cayera estrepitosamente. Se abandonó el toque de ciencia-ficción terrenal por la magia y los seres divinos propios la fantasía, con esos dos entes enfrentados que no hay forma de que resulten interesantes. Antes, hasta cosas aparentemente absurdas como lo del oso polar llegaban a explicarse, ahora todo misterio se resuelve con “lo hizo un mago” que sabe a engaño en vez de enlazando las tramas con la maestría que caracterizaba a los guionistas. La sensación de asombro desaparece cuando en vez de una explicación que encaje dentro del universo presentado se recurre al giro tramposo, fácil y mágico. No puede obtenerse la misma admiración cuando de drama de ciencia-ficción serio se pasa a la fantasía tipo Fringe donde cualquier idea, por rebuscada que sea, se puede meter sin pensar mucho en las repercusiones. En otras palabras, que parece una serie totalmente distinta a la que era en anteriores años.

Y en este galimatías tenemos a los personajes. Quizá, si se hubieran mantenido en el nivel de sus temporadas anteriores (la quinta se mantiene principalmente por ellos), el tramo actual fuera un poco más jugoso, pero parecen haber dejado el desarrollo de los caracteres en un plano muy inferior para centrarse en la historia de la isla. Ahora me da la sensación de que sólo hay unos personajes de segunda deambulando sin rumbo en una trama sin rumbo y no unos sólidos y atractivos enfrentándose a circunstancias extraordinarias. Son unos cascarones puestos al servicio de esta narración delirante donde cualquier cosa puede pasarles, donde pueden morir, resucitar y volar en el tiempo al antojo de los guionistas. No hay ninguno que me despierte el interés y la admiración que me despertaban antes. Me cuesta identificar a muchos, veo a otros demasiado desgastados y sus vivencias aportan más bien poco por lo que indicaba de que ya no son el punto fuerte de la narración, sino unos simples peleles.

Tampoco ayuda que nos metan el pegote este del universo paralelo sin dar ni una sola pista de a dónde puede llevar. ¿De verdad creen los guionistas que puede resultar interesante que durante un número indeterminado de episodios se mantenga un rebuscadísimo “y si…”? Y aunque tengan algo pensado para ello, actualmente lo único que consiguen es descentrar la narración aportando datos que parecen irrelevantes y que se comen la mitad de los episodios.

Como ocurrió en la otra gran creación de J. J. Abrams, Alias, una vez se ha perdido el fuelle inicial y la destreza de los guionistas no es la que era se hacen demasiado obvios los trucos y los giros argumentales resultan más forzados y ridículos que realmente impactantes. Como decía, ya da igual quién muera, porque resucitará. Ya da igual qué golpe de efecto metan al final de un episodio, porque sé que la trama puede desbarrar sin mucha lógica en cualquier sentido. Y en general el esquema se hace repetitivo y se muestra demasiado desgastado: ¿otra vez Kate tras Sawyer, otro grupo de supervivientes o de Otros, qué tontada mística toca ahora, dioses tirando dados?

Así pues, Perdidos ya no me atrae, no me engancha, no me asombra ni fascina, no me parece la serie de altísima calidad que era antes. Sin embargo, como queda muy poco voy a terminar de verla, por curiosidad, no porque tenga esperanza en que remonte, por ver el final de una historia que he seguido durante tantos años, y también por no quedarme sin tema de conversación en los foros, que uno es exigente pero también friki. Si este punto de inflexión me hubiera cogido unos años atrás no creo que hubiera hecho tal esfuerzo.

EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS.

BBC | 2009
Escritores: Patrick Harbinson, Richard Mewis, John Wyndham.
Director: Nick Copus.
Intérpretes: Dougray Scott, Joely Richardson, Eddie Izzard, Jason Prestley, Brian Cox.
Valoración:

Salvo que sea una gran producción de una cadena seria, lo que nos deja casi exclusivamente con la BBC y la HBO, las miniseries suelen ser cutres y demasiado típicas o simplonas, pero El día de los trífidos tenía buenas críticas y su género y argumento son muy de mi agrado, así que me lancé a verla.

Inicialmente la trama parece sencilla, pero tiene algunos elementos muy acertados que la alejan de un simple “atacan bichos y luchamos”. Las historias de supervivencia de los humanos ante el apocalipsis son bastante más maduras y realistas de lo que suele verse en este tipo de producciones, ofreciendo algunos apuntes muy interesantes que no se han tratado casi nunca en el cine o la televisión: aparte de centrarse en las vivencias personales de los protagonistas se incluyen perspectivas socio-políticas bastante bien trabajadas, como el caos en que se sumergen los gobiernos y cómo reaccionan los humanos ante esta situación, incluyendo una subtrama fascinante que se centra en el intento de un personaje de montar un gobierno a su medida. Este argumento es más propio de novelas de ciencia-ficción, como la propia en que se basa la serie (John Wyndham en 1951), así que es muy de agradecer que no dejaran tan interesantes ideas de lado en aras de obtener una producción más comercial.

La narración es fluida y sin bajones notables de ritmo, y de ella tengo que destacar también algo que me ha sorprendido gratamente: de nuevo alejándose de los cánones del género la trama comienza a lo bestia, sin el habitual largo y predecible tramo de presentación de caracteres, pasando directamente a la acción y desarrollando los personajes conforme avanza la historia. Su único pero destacable es que pierde algo de fuelle en el tramo final, orquestando un desenlace demasiado típico que desentona con un inicio tan interesante y con la propuesta tan inteligente que se estaba ofreciendo. En él por una vez se cae en los clichés habituales, y el otrora interesantísimo villano que tanto prometía acaba convertido el típico malo loco que persigue a los héroes hasta las últimas consecuencias, y por extensión se ofrece una pelea final estándar que no me convence mucho. En general no llega a ser un desenlace realmente malo, o al menos a mí no me dejó la sensación de que fuera un error demasiado grave que lastrara el conjunto de forma notable, pero no me cabe duda de que con un cierre más original y eficaz podría haber sido una miniserie quizá no memorable pero sí redonda.

Los personajes son bastante sólidos, sin caer en arquetipos también propios de estas historias (salvo por el desliz comentado en los últimos minutos con el villano; por cierto, decir que su presentación –la escena del avión- es espectacular), y sus experimentados intérpretes no defraudan lo más mínimo. Hay instantes en los que Joely Richardson (conocida sobre todo por Nip/Tuk) está soberbia, y el resto no se queda atrás. Como anexo indicar que me sorprende que Brian Cox apareciera en los créditos como actor principal para luego tener una presencia tan breve; supongo que sería contratado como si fuera una estrella importante y se le dio un trato especial.

La realización es bastante buena y denota un presupuesto no espectacular pero sí suficiente o unos artífices que han sabido sacar provecho de los recursos disponibles. En ningún momento hay muestras de precariedad o prisas en el rodaje, las criaturas se enseñan lo justo y son creíbles, el caos de las calles está bien conseguido, etc.

En general El día de los trífidos es un entretenimiento que deja muy buenas sensaciones y que recomiendo sobre todo a amantes de la ciencia-ficción, y aunque no llegue a ser perfecta sí pienso que por sus destacables puntos fuertes cualquier seriéfilo exigente la disfrutará bastante y guardará buen recuerdo de ella aunque no la ponga entre las dignas de recordar en el futuro.

POR QUÉ ESTOY CONVENCIDO DE QUE HABRÁ SERIE DE CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO.

El hiato que supone la etapa de postproducción se ve reflejado en la escasísima cantidad de noticias relacionadas con el piloto de la posible adaptación de Canción de Hielo y Fuego por parte de la HBO. Pero este receso se acerca a su final: quien se encargue en la cadena de dar el visto bueno a las series verá el capítulo uno de estos días (dicho por la cadena no recuerdo dónde), y deberíamos tener la confirmación sobre si se hará serie o no a finales de este mes, primeros de marzo como muy tarde. Mientras, solo nos queda especular y esperar. Y para mantener la esperanza voy a dar una serie de razones por las que estoy convencido de que sí tendremos serie. Vale, no son muy sólidas, pero en general me dejan la sensación de que toda esta espera no se quedará en nada.

– La HBO ha adquirido derechos para merchandising relacionado con la saga (figuras, juegos, espadas… yo qué sé), lo cual es una inversión que no se hace a la ligera si no sabes que vas a realizar la serie. Da la sensación de que la HBO ve en esta producción un pastel bastante jugoso: ofrece un mercado paralelo que series como Los Soprano no podían ofrecer.
– Aunque no sea un gran indicativo, parece ser que se sigue manteniendo a la empresa de extras bajo contrato para buscar extras para la serie.
– La creación del episodio piloto supone una inversión tanto monetaria como de esfuerzo personal muy grande para lanzarse a ello con dudas. Si han rodado el episodio es porque hay muchas posibilidades de seguir y solamente quieren asegurarse de que el resultado va a ser tal y como esperan y no un desastre.
– Expectación: la serie, a pesar de ser fantasía (cosa que suele espantar al público adulto) tiene un gran número de seguidores que la esperan con muchísimo interés. Aunque queda por ver si como en otras ocasiones no es más que ruido hecho por los fans en Internet y a la hora de la verdad no hay audiencias sólidas (Veronica Mars es un buen ejemplo).
– Parece tener el favor de directivos cadena, que alaban la saga literaria y lo que han visto de la adaptación en varias ocasiones.

DOLLHOUSE – TEMPORADA 2.

FOX | 2009-2010
Productores ejecutivos: Joss Whedon, Tim Minear, David Solomon.
Intérpretes: Eliza Dushku, Harry Lenix, Fran Kranz, Tahmoh Penikett, Enver Gjokaj, Dichen Lachman, Olivia Williams, Amy Acker, Summer Glau, Alan Tudyk.
Valoración:

Su comienzo no fue alentador, pues seguía vagando por los torpes caminos en los que anduvo la primera temporada. Historias monocromáticas en un universo con un potencial enorme, personajes que dejaban una constante sensación de que estaban totalmente desaprovechados, etc. Pero como se veía venir desde el inicio de la serie, la FOX la canceló, eso sí, con un sorprendente retraso. Y entonces vimos la luz: no es que Joss Whedon estuviera desatinado, es que la gentuza de la FOX de nuevo le hizo la vida imposible. En cuanto fue cancelada y Whedon tuvo las manos libres Dollhouse adquirió un nuevo nivel de calidad, el que debería haber tenido desde un principio.

¿Qué le prometieron a Whedon para que aceptara volver a trabajar en la cadena después del incomprensible caso Firefly? ¿Le ofrecieron libertad creativa para luego quitársela vilmente? Debe de ser eso, porque si Whedon hubiera fichado para hacer una especie de procedimental (que es en lo que FOX estaba convirtiendo la serie), caso que por lo visto después de la cancelación es descartado, hubiera estado más centrado desde un principio y no habría optado por intentar meter tramas complejas que luego no pudiera desarrollar.

Así pues, desde la liberación la cosa cambió mucho. Todas las tramas y subtramas antes apenas perfiladas cobraron vida, los personajes empezaron a ir hacia rumbos concretos y el conjunto ofrecía las historias complejas, oscuras y fascinantes que antes solamente eran insinuadas. Pero obviamente ha habido limitaciones. El tiempo se les echó encima y el presupuesto era incluso más bajo de lo que fue en sus inicios, así que la realización apresurada y con cuatro perras se ha notado en este tramo final, aunque eso sí, como es habitual no es problema importante si las ideas y guiones están por encima de malabares visuales más o menos innecesarios; sin embargo, en el último episodio sí que había algunas escenas que salieron perjudicadas, porque algunos instantes sí requerían cierto nivel visual (la destrucción de la central de Dollhouse es lastimera, por ejemplo).

Como es lógico y perdonable dada la situación las tramas han resultado comprimidas y resumidas, apareciendo resoluciones apresuradas. La del senador –Alex Denisof-, la del ático, la destrucción de Dollhouse y la llegada del apocalíptico futuro, que son las más importantes, han estado todas a la altura de lo que siempre había esperado de la serie, han mostrado por qué complejas e interesantes líneas narrativas se hubieran desarrollado a lo largo de varias temporadas, pero en todas da la sensación de que se va demasiado deprisa. Con los personajes ocurre lo mismo: se ha forzado la presencia de caracteres secundarios y apurado las sorpresas relativas al resto que hubieran ido apareciendo en sucesivas temporadas (el senador, Bennett y Alfa seguramente hubieran tenido bastante presencia). Pero los destinos de todos los personajes son sorprendentes y espectaculares (solo el de Boyd rechina: es demasiado rebuscado), las repercusiones de la tecnología de Dollhouse son desoladoras y las ideas como el ático son propias de la mente de este genio… Y hemos disfrutado, aunque sea brevemente, de personajes como sólo Whedon sabe hacer: Victor (magnífico descubrimiento el actor Enver Gjokaj: atención a su imitación de Topher), Topher (que pronto se libró del aire de técnico tontaina para convertirse en uno de mis favoritos), Adelle (el carácter más completo y Olivia Williams se alza como la mejor actriz del reparto), la breve pero intensa aparición de Bennett (una siempre excelente Summer Glau), la vuelta de Saunders (Amy Acker) con sorpresa incluida (¡impresionante golpe de efecto!) o la de Mag (Felicia Day), protagonista de los dos epílogos de temporada… hasta Echo/Coraline ha resultado sumamente interesante por fin.

Ahora solo nos queda lamentarnos porque Whedon se dejara engañar de nuevo, porque la FOX destruyera por enésima vez una serie que podría haber sido enorme. El malísimo regusto que iba dejando la primera temporada y el inicio de la segunda, al menos en mi caso, desapareció por completo con capítulos que rozaban la maestría, la genialidad, como The Attic, Epitaph Two: Return y en menor medida Getting Closer y The Hollow Men, episodios que mostraban lo que hubiera sido la serie en circunstancias más propicias. Para mí, Dollhouse se ha redimido en sus últimos estertores. Es tarde, sí, pero gracias a que Whedon tuvo la suerte de poder mostrar sus cartas en la última jugada sabemos que no fue un producto fallido por mano de los realizadores, sino que ha sido otra serie torturada y asesinada injustamente. Sólo nos queda lamentarnos, como ha ocurrido demasiadas veces en el difícil mundo del arte dirigido por comerciantes en vez de por artistas.