THE WALKING DEAD – TEMPORADA 3, PARTE 1.

The Walking Dead
AMC | 2012
Productores ejecutivos: Glen Mazzara, Scott Glimpe, Charles S. Eglee, David Alpert, Gale Ann Hurd, Robert Kirkman.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Sarah Wayne Callies, Laurie Holden, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Emiliy Kinney, Scott Wilson, David Morrisey, Danai Gurira, Dallas Roberts, Scott Wilson, Jon Bernthal, Michael Rooker.
Valoración:

Como hicieron en su segundo año, The Walking Dead se emite en dos tandas de episodios con varios meses de parón entre ellas, aunque desde esta temporada en adelante serán dieciséis en total y no trece. En aquel entonces nos dejaron con la serie en su punto de calidad e interés más bajo, pero en este hiato nos encontramos con la situación opuesta. Porque sí, después de tanto sufrimiento por parte del espectador, con muchos despotricando por lo bajo que había caído una serie con tanto potencial, por fin ha remontado hasta dar lo que prometía en su inicio, lo que se esperaba de ella. Por fin tenemos una aventura de supervivencia emocionante y con personajes que reflejan la situación en su comportamiento. Ya no hay que aguantar esa producción regulera con tramas estancadas y protagonistas vacíos y cargantes. Sus guionistas, tras la reestructuración de plantilla, han hallado el camino y lo han empezado a andar bastante bien.

Han pasado varios meses desde que el grupo huyó de la granja, y la supervivencia en un medio extremadamente hostil los ha endurecido y ha reforzado su compañerismo y convivencia. En su viaje desesperado terminan encontrando lo que deseaban: un lugar donde asentarse. La cárcel ofrece seguridad, con sus verjas y secciones aislables, pero habrá que luchar por ella, porque está infestada de zombis. Mientras, Andrea lucha por su cuenta con la compañía de la críptica Michone, y su encuentro con una colonia de supervivientes organizados bajo el mando de un poderoso hombre llamado el Gobernador parece abrir la puerta a la esperanza.

En ambas localizaciones se vuelve a hacer patente, pero esta vez con mejores historias, quién es el verdadero enemigo del hombre: él mismo. Los conflictos con otros humanos ponen de manifiesto el terror en el que se mueve la gente y las locuras que se llegan a hacer para mantener la vida, acciones de las que no se libran ni los protagonistas: qué poco hace falta para que Rick se cargue a los presos que encuentran. Y el renacer de la civilización en manos del Gobernador pone de manifiesto esa faceta pero en una escala peor, porque todos se abrazan a la ilusión de felicidad en esa falsa democracia.

Los personajes sufren por razones lógicas, no por problemas triviales (qué cutres eran los discursos sobre la fe) o pésimamente desarrollados (cansinas fueron las peleas amorosas dignas de adolescentes). Sus problemas y las relaciones entre ellos ofrecen historias con garra, creíbles y duras. Incluso Glenn y Maggie ya no resultan niñatos molestos. El dolor y la muerte están a la orden del día, no se sabe quién puede vivir o morir, cuándo aparecerá otro grupo hostil, si el grupo protagonista se desintegrará…

También se nota mucho la mejora en la puesta en escena, donde se pone mayor énfasis en ofrecer un aspecto visual de mayor calidad. El aspecto de serial televisivo noventero se ha despachado muy bien, dando pie a una realización más moderna, de planos amplios y mejor planificación de escenas. Las peleas siguen siendo flojillas (salvo la emocionante batalla final en dominios del Gobernador), pero la narración fluye mucho mejor y adapta la escenificación correctamente al género. Se acabaron las escenas asfixiadas en primeros planos sin control sobre el tempo narrativo.

Así pues, The Walking Dead renace como lo que se esperaba que fuera. Una aventura post-apocalíptica que mezcla acción (y en este caso gore a espuertas) con correctos análisis sobre el comportamiento humano. Se acabaron las diatribas huecas e infantiles sobre religión, justicia y democracia. Ahora todo adquiere un nivel de inteligencia y coherencia lo bastante correcto como para ofrecer buenos dilemas éticos y buenas historias donde se cumple también sin problemas el objetivo primordial: entretener. No será una serie de gran complejidad, ni profunda y trascendente como un gran drama de la HBO, pero está lejos de resultar estúpida y aburrida como sí fue en su segunda temporada.

Muchas son las series que mueren de éxito, extendidas con torpeza más allá de su vida útil. Pero The Walking Dead ha sido un ejemplo del atípico caso contrario: rara vez se pone tanto empeño en hacer funcionar una producción que ha patinado tanto. Pero claro, sus audiencias son de récord, no podían dejar escapar algo así. Por mi parte, me alegro mucho. La había descartado con asco y rabia pero por sus buenas críticas le di otra oportunidad. Y sin duda la merece.

Ver también:
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

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