LOS PILARES DE LA TIERRA – PRIMERAS IMPRESIONES.

La larga, exitosa y aclamada novela Los pilares de la Tierra de Ken Follet (que no he leído) ha sido lujosamente adaptada por la incipiente cadena Starz, que a base de talonario, cazar buenos talentos y arriesgarse pretende hacerse un hueco en la televisión para espectadores exigentes. Su mayor éxito es la raruna Spartacus, pero en su haber tiene otras bastante prometedoras como Party Down (de Rob Thomas, el de Veronica Mars), Gravity o Crash (basada en la película, pero pasó sin pena ni gloria).

Los pilares de la Tierra es el máximo ejemplo de esa línea: alto presupuesto para no escatimar en medios a la hora de la realización, un reparto espectacular y un acertado interés por hacer las cosas a lo grande pero con cuidado. El resultado a primera vista destaca rápidamente por su impecable y espectacular ambientación, llena de hermosos paisajes, decorados enormes y detallistas y un vestuario magnífico, pero en el aspecto narrativo siento una ligera decepción, donde debo decir que se debe a que no han alcanzado el nivel de excelente, no porque se acerce a la mediocricad. Estamos hablando de una miniserie de calidad y que en conjunto podría ser digna de ser recordada, no de las cutres tontadas a las que estamos acostumbrados a ver en Tele 5 y Antena 3, pero en su inicio se presentan algunos aspectos bastante mejorables.

El primero es que la narración vuela. No sé si es resultado de tratar de impactar en el primer episodio (el segundo se tranquiliza un poco) o porque a pesar de contar con ocho partes no les cabe toda la novela, pero los acontecimientos se suceden a toda prisa a través de escenas breves enlazadas a veces con demasiada ligereza (algunas quedan cojas o demasiado simples aunque parezcan o a la larga sean importantes). Los personajes están bien trabajados, sobre todo en un aspecto complicado, el de presentarlos rápidamente y que no nos perdamos con el quién y el dónde (y hay bastantes dóndes: el constructor y familia, los nobles y condes, el rey y la corte, los religiosos…), pero sus relaciones necesitan también un poco más de estabilidad y coherencia, que algunas cosas (como la nueva relación del constructor) chirrían muchísimo.

La puesta en escena también peca de ofrecer algo precipitado, apresurado. El montaje es excesivamente frenético para una serie de conspiraciones y diálogos. No pocas escenas limitadas a dos personajes hablando me han sacado de contexto por el empeño en cambiar de rostro cada tres segundos, y otras, como las batallas, necesitan más planificación. Es una pena que por no currarse mejor el montaje se afee ligeramente una serie que gracias a su ambientación podía ser visualmente impresionante.

En cuanto al reparto, a figuras de peso y calidad contrastada como Donald Sutherland (bastante secundario pero de imponente presencia), Ian McShane (con un carácter parecido al mítico Al Swearengen) y Rufus Sewell (Dark City) se añaden otros no tan conocidos, entre los que destacaría al que por ahora me ha sorprendido más: un acertadísimo Matthew Macfadyen. La producción está respaldada por los hermanos Scott, otros que han visto en la televisión un medio para contar grandes historias que no caben el cine.

Son ocho episodios y en la presentación se han emitido dos, así que tienen seis para centrarse y pulir los pequeños errores. No sé si lo conseguirán, porque lo lógico es que la miniserie guarde en conjunto el mismo estilo narrativo, pero espero que sí, porque en esas mejoras está latente el salto entre lo bueno y lo memorable. Sea como sea, estoy seguro de que malas sensaciones no dejará.

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