Archivo mensual: febrero 2014

LOS TUDOR – TEMPORADA 1.

The Tudors
Showtime | 2007
Productores ejecutivos: Michael Hirst, varios.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Sam Neill, Maria Doyle Kennedy, Natalie Dormer, Henry Cavill, Nick Dunning, Jeremy Northam, James Frain, Henry Czerny, Anthony Brophy.
Valoración:

Aunque sorprenda, Los Tudor no es una producción de la BBC, sino de una cadena estadounidense, Showtime, en coproducción con Canadá. Eso sí, se rodó en Irlanda, primero porque en el reparto querían actores ingleses, segundo por abaratar costes, y tercero por aprovechar localizaciones (campos y castillos). Su creador y guionista de absolutamente todos los episodios es Michael Hirst, que va camino de convertirse en toda una autoridad y referente en la historia adaptada al cine y televisión: empezó fuerte con Elizabeth (en la que Cate Blanchett se dio a conocer), pero donde deslumbró fue con esta Los Tudor, hasta ahora su mejor obra y también donde más empeño echó, porque a partir de entonces su implicación en la escritura de proyectos donde colabora es menor. En la fallida Camelot por desgracia sólo fue productor, y así salieron los guiones. En Los Borgia tampoco escribió, y Neil Jordan, sin fallar, no llegó a los niveles que Hirst ha demostrado poder alcanzar. Vikings es su última incursión como guionista además de productor, y si bien el primer año es irregular tiene muchos buenos momentos y enorme potencial.

Emitida entre 2007 y 2010, Los Tudor consta de cuatro temporadas de diez capítulos (con la excepción de los ocho de la tercera). Su título es un poco engañoso, no sé cómo le dieron el visto bueno, pues la narración se centra exclusivamente en Enrique VIII a pesar de que la dinastía Tudor es amplia y tuvo varios monarcas. Enrique con sus seis esposas es probablemente el monarca, no solo de Inglaterra sino del mundo entero, del que más libros y películas se han realizado, pero por si alguien anda un poco perdido en historia pongo en situación. Estamos en las primeras décadas del siglo XVI, entrando en lo que ahora llamamos el Renacimiento. Colón ha descubierto América y nuevos horizontes se abren para Europa. Desde Italia nacen nuevas corrientes de pensamiento que comienzan a cambiar la forma de entender al mundo, al hombre, a las ciencias y al arte. Y en cuanto a la religión, en Alemania Lutero inicia el movimiento protestante, que cuestiona la autoridad de la Iglesia.

Creo que nunca se citan años concretos en la serie, pero el reinado de Enrique va de 1509 a 1547, y por los hechos narrados en esta temporada se deduce que empezamos alrededor de 1530 (acercamiento a Ana Bolena y caída de Wolsey). En el panorama internacional el Imperio de Carlos V (o Carlos I de España) y la Francia de Francisco I danzan con Inglaterra, guerreando unos con otros según cambia el viento. Enrique consigue sembrar buenas relaciones gracias a que aprende rápido y tiene buenos asesores, con lo que no se llega a un gran conflicto que desestabilice gravemente el equilibrio de poder.

En la corte, el rey, casado con Catalina de Aragón desde hace más de veinte años, empieza a sentir la presión de no tener un hijo varón. Catalina solo le ha dado una hija sana, María, y un puñado de abortos y bebés que duraron pocos meses. Así, Enrique empieza a distanciarse de ella, tomando amantes cada dos por tres. La familia Bolena y algunos amigos de ésta son unos escaladores sociales natos, y el cabeza de familia, Tomás, no duda en a usar a sus propias hijas María y Ana para tentar al rey para se encapriche de alguna de ellas y así ganarse su favor. Enrique despacha a María pero se enamora perdidamente de Ana, y la llega a tratar casi de reina a pesar de las críticas de los partidarios de Catalina y de la Iglesia, que ven el pecado en su relación. Pronto Enrique decide pedir el divorcio al Papa, porque en esa época sólo los reyes con buen enchufe conseguían una bula o dispensa de la Iglesia que daba el matrimonio como nulo y les permitía casarse de nuevo. Pero no se lleva bien con la jerarquía católica actual, y no están por seguirle el juego, más cuando Catalina es una reina muy querida por el pueblo.

El más fiel servidor del rey, el Cardenal Wolsey, es también su Canciller, encargado principal de la gestión del reino. Pero su ambición es enorme, pues sueña con llegar a Papa, y pronto sus deseos chocan los del rey. Se ve en medio de una lucha de poderes entre la Iglesia y Enrique, y pierde fuerza en ambos frentes. Mientras los Bolena llegan a lo más alto, Wolsey se hunde en la ignominia. La temporada acaba con la caída de Wolsey y los primeros pasos de Enrique hacia parte del ideario protestante (que daría pie a la Iglesia Anglicana), pues éste le permite ganar poder contra la Iglesia.

Los Tudor es todo conspiración política en la corte. Reyes, nobles y religiosos están diariamente absortos en mantener y aumentar su poder. Y en ese proceso las mujeres suelen ser meras piezas de cambio, aunque algunas no dudan en luchar con lo poco que tienen (sus encantos y conexiones masculinas, claro), como Catalina y Ana. Apenas salimos de los palacios e iglesias, casi toda la narración es en interiores, con los personajes formando alianzas, midiendo rivalidades, aplastando a quien se ponga en su contra aunque hace nada fuera un fiel amigo.

Los diez episodios se hacen realmente cortos, pues la narrativa es veloz e intensa como si fuera una serie de acción, atrapando con gran fuerza en la vorágine de intrigas personales. La exposición de personajes es magistral y la evolución de estos no defrauda. Capítulo a capítulo van adquiriendo nuevas capas, moviéndose hacia un lado u otro pero siempre en órbita respecto a los demás habitantes de la corte. Y el reparto, el excelso, impresionante e inolvidable repertorio de actores, termina de conseguir que Los Tudor sea una serie enorme. Lástima que pasara tan desapercibido porque no fue una producción de moda y por tanto resultó bastante ignorada por medios y premios en favor de otras muy inferiores o al menos con repartos no tan llamativos. Rhys Meyeres logró arañar un par de nominaciones a los Globos de Oro, pero el resto de prodigiosos intérpretes fueron tremendamente infravalorados.

Enrique es una tempestad. Afable cuando las cosas van bien, de frío a impetuoso cuando se tuercen. Al principio nos muestran a un rey comedido, influido por la corriente humanista y culta de Tomás Moro, divertido y sociable en las fiestas de nobles, precavido y dado a reflexionar en las relaciones internacionales. Pero su reinado también se conoció por ser bastante autócrata, y eso se va viendo reflejado poco a poco: el enamoramiento con Ana y los impedimentos que le pone casi todo el mundo van sacando su parte más autoritaria. El actor Jonathan Rhys Meyers muestra con entusiasmo los cambios de humor, está estupendo en la pose de rey (declamando muy bien) y en la de enamorado, y la transformación hacia su lado sombrío es estupenda (aunque habrá que esperar a la segunda temporada para apreciarla en todo su esplendor). El único problema es que su físico de guaperas, joven y atlético no convence del todo en el personaje. Debe representar varias décadas de vida del monarca, y en las temporadas finales el ser tan joven no da el pego de ninguna manera para un Enrique que además de anciano era obeso.

Wolsey se dedica por completo a su ambición: solo desea ascender, y para ello qué mejor lugar que en la corte al lado del rey, donde puede conspirar a lo grande. Pero también es una posición donde un desliz le puede hacer caer desde todo lo alto, con lo que la tensión sobre sus hombros es notable. Sam Neill está colosal en el papel, obteniendo una de las interpretaciones más memorables de la historia de la televisión. Impresionante su tono de falsa fidelidad y como enmascara el miedo a perder el favor del rey, inconmensurable la desesperación en su caída.

Catalina es la reina rechazada, abandonada en sus habitaciones con la única compañía de las damas de honor y las visitas de los embajadores del Emperador. Casi sin amigos, se hunde en la depresión. Maria Doyle Kennedy es la representación máxima de este estado anímico. Logra transmitir una pena y tormento infinitos. La pega es que el español que habla en ocasiones es dictado de memoria y queda ridículo. De todas formas aprovecho para decir que es sacrilegio ver a estos actorazos en versión doblada. Ana Bolena es prácticamente lo opuesto a Calatina: vitalidad, sensualidad, entusiasmo… El casting halló en Natalie Dormer una joya en bruto: ¡qué torrente de emociones transmite con sus característicos gestos, miradas y esos deliciosos labios en posiciones imposibles!

Nick Dunning es el padre de Ana, Thomas (o Tomás si lo traducimos… en esta serie el lío de traducir figuras importantes y no hacerlo con otras menos conocidas genera un caos de nombres que debería poner de manifiesto esta absurda manía de adaptar nombres históricos). Es otro actor inmenso de miradas inquietantes y feroces que muestran muy bien su ambición y determinación por aplastar sin remordimiento a todo el que haga falta para trepar en la sociedad. Henry Czerny nos deleita con otra interpretación de ese nivel: es Norfolk, otro noble de alto rango y fiel a la causa Bolena. Cuantas fantásticas conspiraciones en susurros se marcan estos dos. Charles Brandon es un joven sin las aspiraciones de los demás, solo quiere una buena vida. La amistad con Enrique pasa por muchos altibajos, pero sobrevive siempre. Henry Cavill no está a la altura del resto, pero eso no quiere decir que lo haga mal.

Tomás Moro es la guía moral de Enrique, su mentor. Humanista, teólogo y escritor, fue una de las grandes mentes de la época, pero su férrea lealtad a la Iglesia en tiempos de revolución le pondrá al borde del abismo continuamente, sobre todo cuando el rey empiece a distanciarse del papado. Jeremy Northam es otro que arrasa en cada aparición, siendo para mí el segundo gran papelón de la serie. Sus miradas de aflicción contenida y su asombrosa capacidad para mostrar cómo el personaje bulle por dentro lleno de ideas, temores y emociones que intenta no reflejar al exterior son indescriptibles. La figura opuesta de este rol es James Cromwell, que aparece sobre el ecuador de la temporada. Se mantiene en la sombra, trepando hasta llegar a ser segundo de Wolsey a pesar de en secreto oponerse al catolicismo, esperando su momento para dar a conocer sus ideas, para sembrar en la corte la semilla del luteranismo, algo que los Bolena todavía no se atreven a hacer abiertamente. James Frain es otro genio de las interpretaciones contenidas que muestran muchísimo casi sin gesticular, con miradas serias y tenebrosas.

Tenemos también otros tantos nobles y clérigos con menor presencia pero muy importantes en el entramado. Incansables luchadores de la causa de Catalina son el obispo Fisher y el embajador español Chapuys (aunque inicialmente hay otro enviado que no vuelve a salir). Entre los nobles destacan William Compton y Anthony Knivert (este último inexistente en la realidad), jóvenes con prometedor futuro. Como bardos y músicos de la corte hallamos a Thomas Wyatt y Thomas Tallis (sí, aquí todo el mundo se llama Thomas), otras dos figuras relativamente importantes de la época. El primero hasta la segunda temporada no cobra importancia. El segundo no se sabe muy bien qué pinta aquí: sus tramas son ajenas al resto y bastante aburridas, sobre todo la tontería de la chica que ve a la hermana muerta.

En cuanto a la puesta en escena, Los Tudor tiene una acabado excelente aunque a veces se noten limitaciones obvias de presupuesto. El vestuario de la época, de complejo y rico, se llevaba gran parte del dinero, y luce de forma espectacular. En los decorados de interiores también se pone mucho empeño, con muebles y demás elementos cuidados al detalle. El problema es que no había forma de representar algunos palacios ya inexistentes (con lo que parece que estamos siempre en los mismos sitios), ni partes complicadas (nunca vemos calles de la ciudad) y panorámicas exteriores sin gastarse un dinero que no se podría recuperar. Vemos que intentan alguna recreación digital del exterior de algunos lugares (el palacio Whitehall principalmente), pero la pobreza del acabado no tiene la calidad exigible en una serie de primera división, con lo que hubiera sido preferible que usaran los clásicos fondos pintados (mate painting) que tan buenos resultados han dado durante décadas. Como suele ocurrir, en cada nueva temporada la cosa mejora poco a poco, de hecho llegaremos a ver grandes escenas en exteriores (incluido un asedio).

Pero como digo, lo que tenemos se aprovecha bien: la escenificación en interiores es magnífica, nunca parece encorsetada o limitada por espacio ni por dificultad (muchos personajes en cada momento), la secuencia siempre fluye con un tempo perfecto. La iluminación natural está muy lograda, otorgando un aspecto realista a la ambientación, y junto al vestuario y atrezo nos traslada muy bien a la época. La música aparece en pocos momentos cruciales y resulta tremendamente efectiva, aunque también debo citar el fallido tema popero exigido para los feos títulos de créditos. Hablando de estos, nadie sabe qué significa la frase que incluyen, “para conocer la historia debes ir el comienzo”… ¿y al comienzo de qué vamos, si la serie abarca lo que le da la gana a Hirst? En la segunda temporada la eliminan.

Los peros son escasos y no muy llamativos. De hecho el primer pero que voy a poner sale de un gran acierto. Narrar la historia es difícil, porque abarca muchos años y los momentos cruciales pueden estar muy separados, lo que complica muchísimo una progresión fluida en la trama y en los personajes. Esto significa que hay saltos temporales grandes de los que no siempre somos conscientes, aunque a veces se pueden ver aplicando la lógica (por ejemplo Cromwell es enviado por toda Europa, con lo que es evidente que pasan meses). Por lo general Hirst solventa esta dificultad con gran habilidad, sin altibajos o huecos en la narrativa ni en la evolución de los protagonistas, pero en unas pocas ocasiones se resumen tanto los acontecimientos que puede generar confusión: la política internacional cambia bruscamente, y puede costar seguir qué países son ahora amigos y cuáles están causando roces.

El otro aspecto criticable son algunos detalles un tanto raros y algunas desviaciones respecto a la historia real difíciles de entender. Entre los detalles cabe destacar: el rey no vivía en Whitehall sino en Wetsminster (luego convertido en el Parlamento), ni este palacio se llamaba así, de hecho se lo arrebata a Wolsey en su caída, así que aquí le quita otro palacio; el músico Thomas Tallis no estaba en la corte en esta época, a pesar del empeño en darle protagonismo (y como señalaba, su sección es la única un poco endeble). En los cambios notables tenemos los siguientes: las dos hermanas de Enrique, María y Margarita, se fusionan en una (Margarita) de manera extraña, con ese matrimonio inventado con el rey de Portugal y el fugaz casamiento con Charles Brandon, quien en realidad estuvo con María varios años y tuvieron varios hijos; además, es María la que muere durante esta época, mientras que Margarita estaba casada con el rey de Escocia; el hijo bastardo de Enrique con su amante Bessie Blount muere aquí de niño, aunque en realidad llegó a la adolescencia, un cambio que quizá responde a la idea de forzar en Enrique la desesperación por no tener descendencia masculina; hasta que asientan el personaje de Pablo III (Peter O’Toole) en la segunda temporada, los papas que citan este primer año son inventados; y Wolsey, que aquí es encerrado y termina suicidándose, en realidad tuvo una muerte menos espectacular, falleciendo al enfermar en el viaje hacia su juicio.

Y para los más puristas, decía que el nivel de calidad del vestuario es impresionante, sobre todo tratándose de una serie y donde cada pocos capítulos tenemos trajes nuevos para cada noble. Pero la fidelidad es otra cosa. En líneas generales se mantiene el aspecto de la época, pero en algunos elementos parece que Hirst decidió dar un aire más moderno, como si pensara que lo pintoresco de aquellos tiempos fuera difícil de digerir. Los nobles llevan botas de cuero (hasta la rodilla incluso) y pantalón en vez de los zapatitos y mallas habituales, y las mujeres lucen complicados peinados cuando lo normal era llevar la cabeza muy tapada; los escotes no eran extraños, pero algunas iban con ropa hasta la barbilla, y aquí nunca vemos algo así. Todo esto no desluce la enorme calidad de la serie, pero sí cabe preguntarse que, si pones empeño en hacer una producción histórica, ¿por qué dejas descaradamente de lado la fidelidad en algunos momentos?

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BOARDWALK EMPIRE – TEMPORADA 1.

Boardwalk Empire
HBO | 2010
Productores ejecutivos: Terence Winter, Martin Scorsese, Timothy Van Patten, Mark Walhberg, Stephen Levinson.
Intérpretes: Steve Buscemi, Michael Pitt, Kelly McDonald, Michael Shannon, Shea Whigham, Aleksa Palladino, Michael Stuhlbarg, Stephen Graham, Vincen Piazza, Paz de la Huerta, Michael K. Williams, Anthony Laciura.
Valoración:

Creada por uno de los autores de la mítica Los Soprano, Terence Winter, en colaboración con un grande del cine como es Martin Scorsese y otros tantos genios que trabajan en la cadena (Timothy Van Patten, Mark Walhberg, Allen Coulter, etc.), Boardwalk Empire nace como superproducción de cabecera de la HBO, como la serie destinada a ser la obra maestra de la época o como poco la genialidad de sobresaliente. No lo consigue en este su primer año, pero no lo hace con un margen tan amplio como para llevarse las manos a la cabeza. Es una temporada prodigiosa en la puesta en escena y con una trama asombrosamente compleja donde algunos protagonistas enganchan rápidamente, pero le ha faltado ritmo e intensidad y sobre todo no ha conseguido encontrar una dinámica donde los personajes secundarios destaquen correctamente.

Estamos en 1920, entrando en la oscura época de la Ley Seca, cuando tras la Primera Guerra Mundial una ola de puritanismo provocó que se prohibiera la venta y consumo de alcohol. Sin embargo, como ocurre siempre, las costumbres del pueblo no se eliminan con leyes, y el alcohol siguió formando parte de las vidas de casi todos. Lo que era comercio legal ahora es tráfico ilegal, contrabando, mafias…

La serie seguirá la historia de unos cuantos personajes reales y cruciales en estos años. Nucky Thompson, tesorero de Atlantic City (una pequeña pero importante ciudad entre Nueva York, Washington y Philadelphia), es el líder de facto de la ciudad gracias al tráfico de influencias. El chollo del alcohol le pondrá en contacto con otros individuos de su calaña en las vecinas Chicago y Nueva York, como Arnold Rothstein (famoso por sus amaños deportivos), Al Capone, de sobra conocido, y otros tantos, formando un imperio del crimen de grandes proporciones que la Oficina de Hacienda (el organismo previo al FBI) ni siquiera cree que pueda existir.

Los tres protagonistas principales son exquisitos y se hacen querer rápidamente. Nucky (Steve Buscemi), Jimmy Darmody (Michael Pitt) y Margaret Schroeder (Kelly McDonald) son caracteres muy bien descritos, con unos demonios internos y unos fantasmas del pasado que los agobian constantemente, llenos de matices que vamos descubriendo poco a poco. Mantienen sobre sus hombros todo el peso de la serie sin problemas, impidiendo que los episodios, muy pausados a veces, se hagan pesados. Y los actores quitan la respiración, los tres están increíbles. El veterano Buscemi encarna a la perfección a un poderoso cínico y egoísta pero con un buen poso, pues la difícil historia familiar dejó huella en él. McDonald no era muy conocida hasta la serie (aunque a mí me encandiló en Gosford Park), pero su dicción y acento irlandés enamoran tanto como la tragedia de la que nace su historia, que la actriz capta con gran sensibilidad. Además Margaret evoluciona mucho, y lo refleja de forma excelente: dudas y vacilaciones se alternan con una fuerza interior que a veces sorprende en un personaje que en cada capítulo va adquiriendo capas. La mitad de las mejores escenas del año nacen de esta maduración, de sus conflictos internos ante la ambigüedad moral que la rodea, de su paulatina aceptación de modo de vida de Nucky. Pero la sorpresa para mí fue Pitt, apenas conocido por unas pocas películas y del que yo no había visto ningún trabajo. El joven deslumbra con una intensidad impresionante: el dolor que arrastra Jimmy, tanto físico como psíquico, lo hace tangible en todo momento. La odisea por hallar un lugar donde se vea querido y se sienta útil tras regresar de la guerra, las peleas con Nucky, el distanciamiento con su mujer, la estancia en Chicago… cada paso que da va formando un personaje enorme.

Podemos contar otros secundarios de cierta importancia pero que no terminan de despuntar en esta sesión. Tenemos al hermano de Nucky y sheriff de la ciudad, Eli (Shea Whigham, otro actorazo), quien no adquiere verdadero interés hasta que deja de ser el típico perro guardián obediente para pasar a oponerse a Nucky en un par de escenas magistrales. Al contrario le ocurre al investigador Van Alden, cuya imponente e intrigante presencia resultaba muy llamativa en principio pero luego sus delirios religiosos lo apartan de las tramas principales y termina descarriado sin saber muy bien qué pinta en la serie. Hay que indicar que su intérprete Michael Shannon es toda una revelación: su interpretación es colosal, la aflicción y tensión del personaje las clava, y los momentos donde está perdido y parece que va a estallar dan miedo. También se presenta bastante atractiva la aparición del tipo de rostro desfigurado que adopta Jimmy, Richard Harrow (Jack Huston), aunque queda por ver qué aportará, pues tiene contadas apariciones. Aparte de estos, solo resulta llamativo el pendenciero Al Capone (Stephen Graham), cuya evolución resulta atractiva desde este primer año (cuando decide dejar de lado las bromas y centrarse) y no defraudará en el futuro.

Pero hay muchos, muchísimos más personajes divididos en numerosas facciones. Nueva York (Arnold Rothstein con su pose críptica y sus alianzas con Luciano y Lansky, entre otros), Chicago (Torrio, Al Capone y sus propios problemas), los políticos locales (concejales y lameculos de cuyos nombres es imposible acordarse, y de sus puestos menos todavía) y foráneos (las elecciones a la presidencia), otras breves apariciones de grupos que cuesta horrores seguir aunque en próximas temporadas serán cruciales, como Chalky con los negros (aquí no se sabe muy bien qué pinta en todo el tinglado) o el atontado de Doyle (¿alguien se acuerda de este tras terminar la temporada?), y otros tantos que aparecen de vez en cuando, como esos hermanos (¿polacos?) que van por libre.

Si se analiza en profundidad se observa que las acciones de unos tienen consecuencias inesperadas en otros, que los guionistas han construido un conjunto extremadamente complejo, y además con visos a desarrollarlo muy lentamente. Se puede alabar a los escritores por haber sido capaces de tejer un entramado con tantísimos hilos, donde cuando uno vibra el resto responde, pero esta extraordinaria densidad también tiene su lado negativo, porque supone un problema en cuanto a dificultad para comprender el relato y por extensión una merma en el interés que éste pudiera despertar en el espectador. Es decir, de ambiciosa la temporada resulta a veces demasiado intrincada, dando la sensación de que en ocasiones se deja de lado el factor entretenimiento por la idea de deslumbrar con más y más capas de intrigas, facciones e individuos. Se puede decir que por ello en sucesivos visionados ganará algunos puntos, al poderse observar mejor la evolución de todo el conjunto… pero no disipa la sensación de que se podría haber hecho mejor, de forma más asequible y amena.

Así pues, Boardwalk Empire tiene la semilla de una gran serie, pero este primer año sus creadores no la han sabido regar de forma que dé frutos atractivos. El principal problema a la hora de conectar con ella es que cuesta hacerse a los personajes secundarios, pues estos no tienen la presencia y encanto directo que tenían por ejemplo los de Los Soprano, que también eran numerosos y localizados en distintos grupos. De hecho incluso algunas relaciones cruciales son en principio un poco confusas: ¿alguien captó el lío familiar de Jimmy a la primera: quién es el Comodoro, cómo de importante es su madre en el momento actual de su vida (aparece de vez en cuando como metida con calzador), qué lugar ocupó Nucky en el pasado? Hasta el final de la temporada no es fácil hacerse un cuadro completo de estas relaciones. ¿De verdad es necesario ser sutil hasta resultar prácticamente opaco?

Por extensión algunos personajes quedan en un limbo de casi rechazo: dependiendo de lo atractivo que resulten para cada espectador, algunos puede suponer más una carga que otra cosa. En mi caso, en el primer visionado me tropecé bastante con Angela, la novia de Jimmy. Aparecía poco, me resultaba cansina y tenía un patinazo importante: durante un tiempo desaparece (cuando él está en Chicago) para volver a salir de golpe enrollándose con otra mujer, tan de golpe que durante unos minutos no sabía quiénes eran ambas. Además esa escena tiene un fallo narrativo importante: Angela dice haberse encontrado con Nucky y que este le da dinero de vez en cuando… pero eso no llega a mostrarse; parece que eliminaron una secuencia y no se dieron cuenta de que dejaban un hueco. Y en general la subtrama del romance lésbico me resultó demasiado edulcorada, con ese viaje de ensueño malogrado tan previsible. Sin embargo, entre la segunda temporada y el revisionado de ésta Angela ha llegado a gustarme bastante: su dulzura, la injusticia de la situación tan triste en que vive, el buen papel de Aleksa Palladino… Pero esto vuelve a señalar el problema con los personajes: los guionistas no los saben mostrar realmente interesantes desde el principio, hace falta mucho esfuerzo por parte del espectador para sacarles jugo.

Tampoco me ha convencido del todo el final de temporada, que no ofrece una trama en ascenso que llame como para lanzarse con ansia a por la segunda sesión. Resulta algo anticlimático y precipitado incluso después de algunos capítulos algo faltos de enjundia. La vuelta de Margaret y Nucky a la relación es muy previsible. El cambio de bando de Eli y Jimmy quizá se debería haber manejado un poco mejor: hace episodios los veíamos cabreados con Nucky, pero luego la cosa se había enfriado, como dejado de lado, para en el desenlace, de repente, sin razones de peso, volver a mostrarlos totalmente en contra de él, hasta el punto de empezar a conspirar. Y por último, las elecciones forman una trama demasiado intangible a pesar de la importancia que se le pretende dar… y que realmente tiene, porque todo el tinglado se vendría abajo si los contactos de Nucky pierden el poder.

Sobre la puesta en escena solo puedo verter halagos, y el dineral invertido por la HBO luce de forma impresionante. Cada plano deslumbra gracias a una fotografía virtuosa y a una ambientación muy cuidada, tanto en interiores como en exteriores: enorme el decorado construido para el paseo marítimo y muy buenos los fondos digitales, que casi no se notan (alguna vez sí lo hacen). Cabe destacar también los numerosos detalles cotidianos que nos sumergen en los años veinte: referencias a personajes y situaciones relevantes para las gentes, ambiente y comportamientos muy bien captados, diálogos tan adaptados la época que por ello a veces cuesta entender…

No hay duda de que Boardwalk Empire ofrece profesionalidad y exquisitez en grandes cantidades, y cuenta además con grandísimos protagonistas principales y algunas escenas memorables en cada episodio, pero aun así no llena como esperaba, me ha resultado demasiado enmarañada y con poca pegada para lo que cabría esperar de sus autores y del potencial que se nota en todo momento que tiene.

(Entrada actualizada del original publicado el 15-12-10).

TRUE DETECTIVE… QUIETO PARAOS, FLIPAOS.

La red se ha vuelto loca con True Detective, la nueva gran serie de la HBO cuya temporada inicial, escrita por Nic Pizzolatto y dirigida por Cary Fukunaga, está interpretada por actores de relativo éxito en el cine como Matthew McConaughey, Woody Harrelson y Michelle Monaghan. Con una atmósfera a lo David Fincher (Seven, Zodiac) seguimos la evolución en dos épocas distintas de un extraño caso de asesinato.

El ritmo absorbente, los personajes intrigantes que enganchan, la puesta en escena de primer nivel… Sí, tiene un montón de virtudes… Pero para hablar de obra maestra o no habrá que esperar a que la temporada esté completa. La gente en cambio prefiere dejarse llevar por un entusiasmo considerablemente infantil, a pesar de ser una producción exclusiva para adultos exigentes. Los calificativos que le están otorgando son desproporcionados: que si es la serie que rompe la barrera entre el cine y la televisión, que si es una película de diez horas… Los argumentos que algunos esgrimen para defender esto se ven erróneos a distancia: que si el plano secuencia es un hito único de la historia de la televisión, que si el tener un solo guionista y un solo director para todos los capítulos también. A la cabeza de esta locura están artículos como este de Forbes, citado y repetido sin pensar en numerosos blogs.

Un rotundo no a todo. Un no objetivo e imparcial, porque el sentido común y los datos existentes lo tumban todo rápidamente. No hace falta exagerar para indicar que es una serie excepcional, y menos dejarse llevar de tal forma que se cometen faltas que rondan la mentira descarada, aunque esta sea fruto de la ignorancia.

¿La primera serie en romper la barrera entre el cine y la televisión? ¿Pero en qué mundo viven estos supuestos seriéfilos? ¿Dónde estaban cuando se estrenó Twin Peaks, cuando Urgencias deslumbró con una puesta en escena de cine, cuando El Ala Oeste la llevó más allá, cuando la conocida como Edad de Oro encabezada por la cadena HBO rompió por completo todo límite conocido en la narrativa cinematográfica con producciones como Oz, Los Soprano y Hermanos de sangre (por citar unas pocas entre una decena de obras maestras)?

También se han cegado con un dato extremadamente fácil de comprobar… qué digo, un dato que cualquiera que haya visto un poco de televisión debería conocer sin mirar la IMDB.com: que las labores de dirección y guión están en manos de una única persona en cada campo. ¡Insólito! ¡Algo único en la historia! Pues no, cojones, no. Hay numerosas series escritas en su totalidad por su creador, y también alguna (cortas como en este caso) donde las labores de dirección se limitan a una sola persona. Como ejemplos puedo poner las que me vienen a la mente mientras escribo esto, pero hay muchas más. El Dowton Abbey de Julian Fellowes lo escribe él solito, por ejemplo. O Los Tudor de Michael Hirst. O el Babylon 5 de Straczynski, que resulta el mejor ejemplo de todos, dada la complejidad y longitud de la obra: dos temporadas enteras se las comió él solo, y las otras con breves aportaciones de otras manos… ¡eso son más de cien episodios!

Además esto ni siquiera es relevante, porque todo el que curre en una serie lo hará bajo la dirección del/los creador/es y productor/es ejecutivo/s principal/es. ¿Qué más da cuántos autores tenga si lo que importa es el resultado? Por si fuera poco muchas producciones son de “autoría única” aunque contaran con un montón de asistentes en el guión y la puesta en escena, empezando por El Ala Oeste, donde Sorkin controlaba hasta la última coma. Que un autor delegue por falta de tiempo y recursos es normal y no le quita méritos. Si en True Detective solo dos personas han cargado con el trabajo principal es porque han querido y han podido permitírselo; y no es nada revolucionario, ya se ha visto en otras ocasiones, por ejemplo en la maravillosa La sombra del poder, en manos de David Yates y Paul Abbott, y en la propia HBO tenemos que los siete episodios de John Adams los dirigió Tom Hooper.

Ni siquiera tener una historia cerrada y con distintos personajes por temporada es nuevo, sin ir más lejos en antena tenemos American Horror Story. Por no mencionar la tontería de que tener solo ocho capítulos la acerca más al cine, como si no hubiera series de diez, ocho o incluso dos o tres capítulos por año (la exitosa Black Mirror, por ejemplo).

Y el dichoso plano secuencia… Pues tampoco es el primero. Por favor, que la mitad de episodios de Urgencias y El Ala Oeste tenían excelentes planos largos. Y ha habido muchos más, como los que recopila esta lista del sitio avclub.com. Más largos pero menos complejos, más cortos pero más intensos… True Detective no ha inventado el plano secuencia, y es muy discutible que sea el mejor. El plano en sí, en la técnica, no es nada extraordinario. La mitad del tiempo enfoca al careto del protagonista mientras hay griterío alrededor, y los momentos difíciles (de planificación y coordinación) no requieren un gran despliegue de medios y personas. Si destaca es por la atmósfera conseguida en todo el capítulo, rematada con un clímax final espectacular, no porque supuestamente hayan roto esquemas en una sola escena con una narrativa novedosa. Y como digo, puestos a elegir señalaría unos cuantos de Urgencias como mucho más impactantes y rompedores.

El entusiasmo desmedido que obstruye la razón implica alejarse de la objetividad. No mirar al pasado en busca de méritos ya superados provoca el mismo efecto. Y ambas cosas son imperdonables en quien pretende ir de crítico. En reumen, True Detective no supone ningún cambio o revolución, ni en el panorama televisivo ni en el cinematográfico en general. Y no por eso deja de ser una serie magnífica sobre la que se pueden verter mil halagos.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 3 – COVEN.

American Horror Story
FX | 2013
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Tim Minear, Dante Di Lotero, Brad Falchuk.
Intérpretes: Sarah Paulson, Taissa Farmiga, Frances Conroy, Evan Peters, Lily Rabe, Emma Roberts, Denis O’Hare, Kathy Bates, Jessica Lange, Angela Bassett, Dany Huston, Gabourey Sidibe.
Valoración:

En esta tercera temporada de American Horror Story saltamos a una escuela para brujas, donde unas adolescentes con poderes y responsabilidades emergentes se ven metidas en las disputas por el trono de la egoísta líder, la Suprema, quien se aferra al mando con todas sus fuerzas. Suprema hay una por generación, siendo la bruja más poderosa hasta que su vida se acerca a su fin y aparece otra para sustituirla, y Fiona está obsesionada con no perder los poderes, tanto como bruja como los que le ofrecen su alta posición.

El tramo inicial del año es bastante atractivo, pero como ocurrió en la segunda etapa, una vez presentado el nuevo ambiente, una vez quitado el velo de la fascinación por la nueva prometedora locura, se ve que no hay mucho donde hurgar. Las ambiciones de la jefa, las peleíllas juveniles, la eterna rivalidad con la bruja negra y el retorno de la maltratadora de esclavos son las tramas que copan todos los capítulos, y ninguna es compleja o ambiciosa, si acaso predecible. Hay algunos hilos secundarios, pero son muy ajenos al resto y su desarrollo no apasiona lo más mínimo: ¿qué aportan las presencias del mayordomo, de la vecina fanática religiosa, del cansino asesino en serie? Ni siquiera una historia que parecía importante, la de la caza de brujas por parte de una organización de hombres, llega a dar algo emocionante.

No esperéis ver el género reinventado como se vio en la primera temporada. Ni los capítulos que cambian la trama de golpe mediante sorpresas y giros espectaculares. Ni las historias entrelazadas de forma magistral llenas de personajes secundarios magníficos. Se ve que los guionistas soltaban una lluvia de ideas, cogían unas pocas y las mezclaban al azar, sin pararse a planificar una buena trayectoria y una conexión entre ellas que diera una forma concreta a la temporada. Ni siquiera en las historias principales parecen haberse esforzado: el relato es lineal, muy previsible, sin picos llamativos y sí con tramos bastante tediosos. En todos los capítulos vemos las mismas acciones con un mínimo de progresión que no justifica tantos minutos, dando una sensación constante de estancamiento. Conforme avanza, la temporada se va disipando, porque tampoco se han planteado bien la duración ni el final de las tramas. Así, el desenlace es precipitado en unas historias, confuso en otras y mediocre en momentos cruciales (la bruja negra tan poderosa es finiquitada con un cutre golpe en la cabeza). Para colmo añaden un episodio entero como epílogo que se hace verdaderamente cansino, porque lo que narra cabía en diez minutos; por cierto, espantoso el videoclip musical que incluyen en él sin venir a cuento.

Si resulta algo más llamativo que el año anterior es porque sus personajes son más interesantes, aunque en muchos casos resultan llamativos al principio para desinflarse al final. La difícil relación entre madre e hija (Fiona y Cordelia), aunque se termine ahogando en la repetitividad, da algunos buenos momentos. Las disputas entre las adolescentes dan subtramas entretenidas, aunque a largo plazo no lleven a nada concreto. Marie Laveau, la enemiga jurada, resulta imponente, y la sensación de inminente guerra da algún buen tramo de tensión… pero por desgracia acaba también en nada. Lo mejor de todo, el gran acierto de la temporada, es Madame Delphine LaLaurie, una dama de finales de 1800 que torturaba a sus esclavos. Con un conjuro de venganza terminó convertida en inmortal y enterrada viva, y su reaparición en el presente ofrece las historias más locas, pues el choque cultural es tronchante y su actitud de tirana garantiza que se lleve un palo tras otro. Su personalidad y aventuras son las más atractivas, y el papelón de Kathy Bates está a la altura.

Hablando de actores, ya sabemos de qué son capaces, y si hay algún bajón es porque el personaje no da mucho margen. Me alegro del retorno de Taissa Farmiga, pero no tiene un rol que permita un gran papel. También desaprovechan a Evan Peters, que tan buenos resultados dio anteriormente. Más juego da la mimada de Madison, que Emma Roberts capta bien. Sarah Paulson me convenció en la temporada anterior de que era buena actriz a pesar de su pobre labor en Studio 60. Gabourey Sidibe derrocha carisma, no solo kilos. Angela Bassett da miedo. Frances Conroy y Lily Rave se adaptan muy bien a cualquier circunstancia… La que sí destaca para mal es Jessica Lange, quien deslumbró en la primera sesión pero me temo que se ha apalancado completamente, en parte porque el personaje que le dan es siempre el mismo: tras tres años termina resultando cansina tanta repetición de tics, tanta pose de sufridora, obsesionada y maltratadora.

La puesta en escena sigue jugando con los travellings, los planos inclinados y las escenas llenas de montaje y efectos variados, más o menos según la historia requiera… Y digo más o menos porque hay también algún exceso. Por ejemplo tenemos un capítulo donde es tal el abuso de desenfoques y borrones que a los pocos minutos resulta molesto, no digamos ya el episodio entero. En el resto del año está más controlado y se puede hablar de un buen nivel visual, pero al igual que la trama ya no sorprende, y hay bastantes veces donde se nota que la realización no está solo las órdenes del guión, sino que enredan más de la cuenta sin razón aparente.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

RIPPER STREET – TEMPORADA 2.

Ripper Street
BBC | 2013
Productores ejecutivos: Richard Warlow, Simon Vaughan.
Intérpretes: Matthew Macfadyen, Jerome Flynn, Adam Rothenberg, MyAnna Buring, Charlene McKenna, David Wilmot, Clive Russell, David Dawson.
Valoración:

Como le ocurrió a su hermana Copper, el segundo año de Ripper Street no ha sabido madurar correctamente, y ha perdido algo de fuerza y calidad.

Los personajes siguen estando bien descritos, su forma de ser es fácilmente identificable en cada escena, diálogo y gesto de los bien dirigidos actores. Pero su evolución se ha estancado bastante y solo avanza al final de la temporada de forma algo forzada, como si los guionistas no hubieran planeado con cuidado los arcos principales. Así, en los seis capítulos previos al desenlace apenas vemos algo de movimiento en ellos, más allá de su forma de enfrentarse a los casos… y me temo que estos casos han sido bastante aburridos. Salvo el que atañe al hombre elefante (un pobre desgraciado deforme), que resulta muy emotivo, el resto de investigaciones han sido poco llamativas, y lo que es peor, la narrativa ha fallado bastante. No vi problemas de ritmo en la primera temporada, las historias del día a día se mezclaban con el desarrollo de los personajes principales con fluidez e interés constante, pero esta sesión se hace bastante larga, algo imperdonable teniendo tan solo ocho episodios. Todos ellos se estiran demasiado, no saben ir al grano, se pierden en conversaciones largas e intrascendentes… Falla bastante la regla básica de “muéstralo, no lo cuentes”, que tanto defendía Hitchcock: los personajes piensan y hablan demasiado sin moverse del sitio, y así es muy difícil dar vidilla al ritmo. Falta dinamismo, acción y emoción.

La trama central aparece muy tímidamente al principio y se olvida por completo hasta el doble episodio final, donde resurge precipitadamente de la nada para terminar de forma muy mejorable. Un detective de un distrito cercano, Jedediah Shine, se cruza en el trabajo de nuestros protagonistas y rápidamente lo calan como un pendenciero de cuidado que sin duda tiene las manos sucias. Salen malparados sin poder probar nada sobre él, hasta que una investigación sobre joyas robadas pone la mira en una mafia hasta ahora desconocida y en la que relacionan a Shine. El caso no es que avance muy bien, pero al menos alcanza de una forma u otra a todos los protagonistas, prometiendo explotar de forma espectacular. Pero ocurre lo contrario: se desarrolla y cierra malamente, dañando en el proceso a la consistencia de los personajes. Lo explico comentando el irregular desarrollo de cada uno de ellos a lo largo de la temporada:

La mujer de Reid ha desaparecido de la serie, solo se la menciona un par de veces, y si bien se sigue mostrando que el hombre está roto por dentro y se arrastra como un alma en pena intentando hacer el bien para llenar su vacío, hasta el final del año no lo sumergen en una historia concreta, solo deambula sin más. El romance con la concejal, descrito a trompicones a pesar de lo todo que duran los capítulos, no es muy llamativo… pero el problema es que su cierre es bastante pobre. Eso de que de repente Reid se vuelva violento, pidiendo a Drake que mate al odioso Shine, da una escena realmente ridícula: un detective pidiendo a su sargento que mate a un conocido detective a la vista de los demás agentes, y para colmo la chica llega justo en ese momento para que se le rompa el corazón. De risa, una forma pésima de cerrar el tímido arco del personaje.

Jackson se pelea con su mujer por problemas de dinero y de la regencia del club, pero en todo capítulo vemos más o menos lo mismo, con lo que termina haciéndose repetitivo. Además, cuando Jackson se enfrenta al mafioso de poca monta del casero resulta que nuestro protagonista, otrora valiente y decidido, es un blando y fracasa estrepitosamente, pues el vejete gordito le pega una paliza. ¡Venga ya! No cuadra con lo visto hasta entonces de él, echa por tierra la credibilidad del personaje. El asunto empeora con el capítulo final, donde su implicación en la trama de las joyas hace aguas por todas partes: ¿un policía participando en un complot con asesinato, amenazas, matones y contrabando con todo descaro en un local ante el público asistente? La escena es peor que la de Reid, por no decir que… ¿no habían convertido a Jackson en un tontaina cobarde incapaz de enfrentarse al tipo ese? Ahora es capaz además de poner en huida a los matones de una mafia internacional. Lamentable.

Drake parece estar feliz con su mujer, aunque también sigue siendo un tipo con una perspectiva sombría de la vida. Pero una tragedia se lleva a la esposa (en el anodino capítulo de la secta) y se derrumba por completo, rompe con todo y acaba perdido, maltratándose con trabajos duros o directamente violentos. Su retorno a la comisaría viene marcado por un cambio bien mostrado: está asqueado de tanta violencia, de un mundo tan sucio, y no será el policía rudo y amigo de los puños que era antes. La pega es que la serie acaba justo ahí y no vemos cómo afectará a la larga en las relaciones con sus compañeros y en el trabajo policial. Es el que mejor parado sale de los tres policías.

La mujer de Jackson, Long Susan, tiene una trama simple pero efectiva. El acoso del casero es previsible pero el sufrimiento de ella se trata muy bien. Las disputas constantes con Jackson funcionan también correctamente, y además la sumergen de lleno en un caso (la aburrida rebelión terrorista de un grupo de mujeres), con lo que es la única que gana protagonismo e interés.

En los secundarios tenemos pocas figuras con peso. La otra puta, Rose, no me dice mucho, pero aporta algo de vida al conjunto, que a veces parece que hay muy pocos personajes. El nuevo agente, un joven chaval que intenta ganarse la confianza de sus compañeros, es interesante… pero tampoco evoluciona hacia nada concreto hasta que al final la cagan estrepitosamente también con él: de repente resulta que es un espía manejado por Shine. El giro resulta tan precipitado que sabe a engaño, y la tensión de qué hará se maneja fatal. En un plano aún más inferior tenemos el Jefe de Inspectores de la comisaría, que sale poco pero resulta muy atractivo (imponente gracias al actor elegido, Clive Russell), y el agente que está siempre en recepción, con su peculiar aspecto y actitud; es una pena que no tengan casi nada de protagonismo.

Los cuatro actores principales son enormes, de hecho a veces parece que se les quedan pequeños los personajes. El tono sombrío de Matthew Macfadyen y sus gestos de aflicción son sublimes. Jerome Flynn está más o menos en la misma onda, aunque tiene la suerte de que al final su álter ego tiene una interesante caída al abismo, y lo clava de forma genial. Estos dos actores merecen encontrar un gran (y popular, claro) personaje donde lucirse y adquirir una más que merecida fama. Adam Rothenberg cambia bien de registros de médico capaz a marido acabado. Y MyAnna Buring transmite muy bien el sufrimiento creciente de su de su rol conforme su mundo se va viniendo abajo.

En el aspecto visual también me ha decepcionado un poco. En la primera temporada me deslumbró el gran nivel de la recreación de la época, desde el vestuario y atrezo a, sobre todo, los decorados y fondos (pintura o digital, ni idea) que daban forma a la ciudad de Londres de finales de 1800. Este año parece que hay menos recursos, o simplemente es que tras un tiempo viendo la serie te das cuenta de limitaciones que antes no veías. El caso es que cada vez que salen a la calle solo veo tres decorados: la puerta de la comisaría, un callejón estrecho muy simple y una calle que reutilizan para todo. En cuanto a la realización, tuve la impresión de que en los dos primeros capítulos se abusaba de cámara en mano y de mediocres primeros planos, pero luego se centra bastante, de forma que sacan buen provecho de los interiores con planos medios y buena iluminación.

Las audiencias no mejoraron y la serie fue cancelada por BBC poco después de terminar la emisión de esta temporada, lo mismo que pasó con Copper. Sin embargo no lamento su final, porque es clara la sensación de que los guionistas no podían sacar más de ella, de que este año ha sido una extensión algo fallida y no auguraba nada bueno para su futuro.

Actualización: Amazon compró la serie para realizar más temporadas y emitirlas en su nueva plataforma de video online.

Ver también:
Temporada 1.