THE HOUR – TEMPORADA 1.

BBC | 2011
Productores ejecutivos: Abi Morgan, Derek Wax, Jane Featherstone.
Intérpretes: Ben Whishaw, Romola Garai, Dominic West, Anton Lesser, Julian Rhind-Tutt, Anna Chancellor, Oona Chaplin.
Valoración:

Reporteros de la BBC consiguen un nuevo programa, uno que pretenden convertir en sinónimo de modernidad, con el que dar un nuevo enfoque a la prensa televisada. Pero estamos en los años cincuenta, y tras la 2ª Guerra Mundial la libertad de prensa es limitada, el gobierno siempre anda vigilante y la fiebre anti-comunista llena de posibles espías el ambiente. Por si fuera poco, asesinatos misteriosos y posibles conspiraciones rondan sus vidas.

The Hour es una producción de esas que entran muy bien por los ojos gracias a su estupendo nivel visual. Si bien se notan limitaciones presupuestarias (falta de extras y exteriores, parece que toda la BBC son tres habitaciones) la ambientación es buena, cuidada al detalle para que la fotografía pueda exprimir cada plano obteniendo encuadres muy vistosos. Pero no se puede decir lo mismo de su guión. A pesar de las críticas bastante entusiastas y sus buenos resultados de audiencia (tendrá segunda temporada) me he encontrado con una historia bastante débil, torpe en algunos tramos y falta de credibilidad en otros.

La narración abarca tres frentes. Uno, las relaciones de los protagonistas, destacando el trío amoroso entre Freddie, el reportero inquieto, Bel, la productora del programa, y Hector, el presentador que llega nuevo al grupo. Dos, la trama de conspiraciones investigada por Freddie y que incluye a algunos secundarios más. Y tres, la situación política de inminente conflicto bélico alrededor del canal de Suez y las aspiraciones de Gran Bretaña sobre él, que los reporteros intentan mostrar como bien pueden en el programa. Pero la conexión entre estas tres líneas es difusa, muy mejorable. Al final terminan convergiendo, de forma obvia y esperada, pero sigue siendo un nexo tenue, precipitado. La trama política carece de intensidad suficiente y llena mucho metraje sin aportar algo tangible. Los líos amorosos son muy simplones, con diálogos y situaciones casi infantiles, de un nivel demasiado bajo para un drama adulto; casi da vergüenza ver los piques inmaduros que se traen entre manos los tres protagonistas. Y el thriller es muy pobre, carente de intriga, desarrollado con gran pasividad.

Así, aunque se supone que se vive una época difícil, de cambio y represión, aunque algunos personajes lidian con conspiraciones y asesinatos, nunca hay sensación de peligro, no parece que esté ocurriendo algo realmente importante. La trama que no se expone con lentitud pega saltos con poquísima fluidez. En esta situación no esperéis sutilezas, misterios bien llevados y sorpresas, diálogos ingeniosos y personajes carismáticos. Incluso da la sensación de que para librarse de la dificultad de desarrollar el hallazgo de algunas informaciones importantes se recurre a los contactos de una de las periodistas del grupo, Lix, a quienes nunca vemos pero siempre responden instantáneamente. En cambio los protagonistas hacen bien poco: Freddie se tira varios capítulos enredando con un simple crucigrama para descubrir una frase que ni mucho menos es crucial en su avance en la investigación.

Podría pasar como un thriller poco ambicioso si hubiera tenido protagonistas de gran solidez, con empaque suficiente para mantener el interés alto, pero los caracteres que han escrito son irregulares y sobre todo resultan poco creíbles en el ambiente en que los han introducido. Estamos hablando de una historia de espionaje en los años cincuenta, y lo único que me dice que los habitantes de la trama son de esa época es que fuman y beben mucho. Sus personalidades en cambio son de otro tiempo, del presente diría yo. Diálogos inadecuados, confianzas y gestos cariñosos poco verosímiles, triángulos amorosos dignos de un drama juvenil de la actualidad, etc. Además esto implica que los roles también son inadecuados para los puestos que supuestamente ocupan. La productora parece una muchachita recién salida de la carrera, sin fuerza ni dotes de liderazgo, demasiado blanda para ese mundo; en cambio ningún personaje piensa eso, se la ve como una líder nata. Freddie se supone que es un reportero avezado, un grano en el culo que demuestra gran soltura y valentía… pero es un niñato demasiado joven para tener esas cualidades, y de hecho cada dos por tres se transforma en un crío y se pone a jugar con la jefa, a soltar diálogos tontorrones… El resultado es que los protagonistas parecen comodines y actúan según la trama que toca desarrollar en ese momento, cambiando a veces tan rápidamente de personalidad que queda francamente mal.

Los intérpretes, con gran experiencia la mayoría, hacen lo que pueden, pero no hay mucho que salvar. Como iba diciendo, Freddie es a ratos un niñato inquieto y a ratos va de Humphrey Bogart, y el actor Ben Whishaw debe deambular entre histrionismos exageradísimos y registros más serios donde se le ve tenso, afligido, etc., y lo cierto es que creo que lo hace bastante bien, pero claro, queda raro. Bel es dulce, juguetona y de belleza deslumbrante, cualidades que cumple de sobra Romola Garai (en especial lo último, con su espectacular físico: ¡una protagonista no anoréxica!). Dominic West (el adorado McNulty de The Wire) como Hector muestra bien el encanto de su rol de rompe bragas así como las dudas cuando las cosas se tuercen; es el único personaje que no se transforma de forma exagerada según la situación. Otros caracteres en segundo plano apenas sirven para decorar, salvo el director, Clarence, con protagonismo creciente y cuyo final, aunque previsible, da el mejor momento de toda la temporada, en gran parte gracias a la labor de su intérprete, Anton Lesser.

The Hour tiene una fachada bastante vistosa, pero cuando te acercas se ven las imperfecciones, la pintura saltada e incluso grietas de gran tamaño. Me ha resultado decepcionante, irregular y aburrida. El único capítulo llamativo es el último, de ritmo más intenso y con un tramo final muy bien trabajado, sobre todo desde la puesta en escena, que con gran manejo del ritmo y la tensión y con un uso acertadísimo de la música es capaz de exprimir al máximo un guión que, si bien da lo mejor del año, no termina de ser redondo. La emisión del arriesgado programa crítico con el gobierno, la tensión palpable en el ambiente, los dilemas de los protagonistas, la censura de los de arriba y la relevación final sobre Clarence dan un episodio francamente bueno, pero llega tarde en una temporada insípida.

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