ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 2.

Netflix | 2014
Drama, comedia | 13 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Michael Harney, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Danielle Brooks, Jason Biggs, Annie Golden, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Lea DeLaria, Laverne Cox, Uzo Aduba, Selenis Leyva, Matt McGorry, Alysia Reiner, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Matt Peters, Samira Wiley, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Emma Myles, Beth Fowler, Barbara Rosenblat, Lorraine Toussaint.
Valoración:

Después de la arrolladora y memorable primera temporada Orange is the New Black vuelve a lo grande marcándose otro capítulo inicial de infarto, de los de contar entre los mejores del año. Como el ingreso en la cárcel, el misterioso traslado sin previo aviso que sufre Piper Chapman es una auténtica pesadilla que se contagia magistralmente al espectador. Minuto a minuto sufrimos la indefensión de la mujer, el temor por su destino (todo apunta a una cárcel de máxima seguridad, por la agresión a la loca religiosa) y las penurias que sufre por el camino (guardias hostiles, ninguna información, situaciones incómodas e injustas -se le niega algo tan básico como hacer sus necesidades -). La creadora y guionista Jenji Kohan nos ofrece otro turbador viaje a través de la inmundicia del sistema penitenciario estadounidense desde la perspectiva de un personaje muy humano e interpretado con enorme intensidad por Taylor Schilling.

El destino no es el que esperábamos, pero tampoco es agradable. Testificar en el juicio del narcotraficante para el que trabajaron ella y Alex Vause mina la relación entre ellas porque el peligro de que puedan tomar represalias según lo que digan las pone en una situación muy delicada. Alex saldrá de la cárcel, pero fuera estará peor que dentro, temiendo día a día que vayan a por ella. Piper vuelve a su encierro de mínima seguridad, lo que supone a estas alturas una vuelta a la normalidad muy de agradecer. Sí, allí las cosas no son fáciles, pero podría ser peor y ya está bastante adaptada. La serie rebaja mucho el tono tras el demoledor inicio, dejando atrás el drama e inclinándose cada vez más por la aventura distendida y la comedia. No hay pérdida de calidad, pero a mí me ha apenado un poco, porque es impresionante lo que puede escribir Kohan cuando se pone dura.

También Piper pasa bastante a un segundo plano, pues el protagonismo está cada vez más repartido. Esto también me fastidia porque es un personaje que me trae loco, pero tampoco hay pérdida de calidad, el repertorio de habitantes de la cárcel mantiene el nivel e incluso mejora al conocerlos más a fondo. Los flashbacks que narran la situación que llevó a las mujeres a cumplir condena son cada vez más importantes, y algunos resultan muy impactantes al dar nuevas lecturas a protagonistas muy queridas, como el de Lorna Morello, que resulta espectacular y algo triste. No me voy a parar a describir cada historia con detalle porque no acabaría nunca con tantos personajes (entre veinte y treinta, todos imprescindibles en el conjunto y maravillosos individualmente), pero es ineludible decir que sus vidas cruzadas se narran con una habilidad pasmosa. El ritmo es siempre activo y atractivo, no hay un solo momento en que haya metraje que no aporte algo esencial, de hecho muchos capítulos rozan la hora de duración, de tantas cosas que hay para contar. Hasta los detalles cotidianos (humorísticos muchos de ellos) y las tramas más secundarias (por ejemplo el campeonato de ver quién folla más) aportan capas poco a poco.

Solo un fallo tiene la temporada, y queda pronto equilibrado: Vee. Esta veterana de las cárceles, narcotraficante de poca monta con aires de grandeza y afán de controlar el cotarro resulta algo cargante, arquetípica también, y su lucha por ser la más fuerte y poderosa se aleja un poco del tono verosímil habitual. Pero a cambio sirve como nexo alrededor del que hacer evolucionar un montón de caracteres. El grupo de afroamericanas se ve muy beneficiado al ganar protagonismo y poner puntos de conflictos importantes, y Red mantiene el tipo en una guerra que a veces peca de sensacionalista.

Mis partes favoritas del año, aparte de todo lo que atañe a Piper, serían las siguientes. Los intentos de Healy por servir para algo y superar sus limitaciones. Joe Caputo ganando a la corrupta Figueroa. El viaje loco de Lorna a la casa de su ex. El previsible pero efectivo romance entre el novio de Piper y su mejor amiga. Los viajes a quimioterapia de Rosa. El concurso de prepararse para entrevistas de trabajo. El drama que supone ser anciana en un sistema penitenciario y sanitario de risa. Y destaco también que nunca había visto tanta franqueza y naturalidad a la hora de hablar de sexo y relaciones femeninas.

Como la primera temporada, se presta a visionado maratoniano porque cada capítulo es solo parte de un todo y con su ritmo trepidante, sus personajes adorables y las historias tan humanas contadas con un tono de humor negro muy conseguido se hacen cortos y dejan siempre con ganas de ver más. Orange is the New Black es una orgía de emociones, capaz de hacerte pasar del lagrimón a la risa descontrolada, manteniéndote siempre inmerso codo con codo en las vivencias de las protagonistas. Es la serie más adictiva y que mejor recuerdo deja del momento (no solo te diviertes, te hace vibrar y también pensar), y obviamente de nuevo se alza como una de las mejores del año.

Ver también:
Temporada 1.

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