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COPPER – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Copper
BBC America | 2013
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos, Sherri Rufh.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente, Donal Logue, Alex Paxton-Beesley, Ron White.
Valoración:

Los elementos que hicieron tan interesante la primera temporada de Copper están ahí, pero en vez de madurar y crecer se han embarullado un poco. Es una pena, porque es constante la sensación de que hay una base sólida que no se aprovecha, un potencial infrautilizado. La química entre personajes, fantástica en ese primer año, se emborrona por algunos fallos. El microcosmos de personajes más o menos se mantiene, pero no va a más a pesar de que hay más capítulos, y algunos secundarios son mejorables. Los casos son menos numerosos y menos atractivos. La trama global funciona pero confluye en un villano que no está a la altura. El ritmo veloz empieza a notarse brusco. Pero también conserva intactas otras tantas de sus virtudes: excelentes protagonistas, ambiente histórico muy conseguido, una equilibrada mezcla de drama, aventura y humor…

Los personajes principales, Corcoran y Morehouse, siguen siendo muy consistentes, de hecho son roles magníficos, de los que enganchan a la primera y da igual en que aventuras los metan con tal de poder verlos desenvolverse (o estrellarse) con su estilo. El primero recuperó a su mujer… pero no es suficiente para llenar su vacío y apaciguar su dolor, pues la traición de ella con Maguire ha minado por completo la relación. Con esa atmósfera, ninguno de los dos puede curarse las heridas, y la cosa degrada rápido. El matrimonio de Morehouse ofrece otra relación muy interesante, donde tanto él como Elizabeth se dedican a placeres inmediatos (sexo y drogas) para eludir abordar la relación de forma normal; de hecho el viaje de ella con las drogas es bastante jugoso.

En los secundarios, la pareja de negros Matthew y Sarah Freeman viviendo sus primeros años en libertad gana fuerza, sobre todo cuando encuentran a la madre. El drama de vivir en tal caos de ciudad y los encontronazos con la libertad y los rescoldos del racismo resultan historias bien trabajadas, aunque se podría decir que a veces están demasiado separadas del tema policial. Sobre la chiquilla que cuida Corcoran, Annie, a pesar de que la joven actriz sigue dando un papel impresionante el personaje parecía que iba a quedarse estancado en “niñata descarriada”, pero sabiamente los guionistas no han estirado sus tramas demasiado… aunque el final parece un poco apresurado, como si se dieran cuenta de que molesta y se la quitaran de encima improvisadamente; nada grave, sin embargo. Eva queda un poco en tierra de nadie, pues toca todas las historias tangencialmente sin verse casi nunca sumergida del todo, pero es un buen personaje y su burdel es escenario de muchos buenos momentos.

Donde empiezan a fallar es en que se diluye uno de los aspectos que más me gustó del primer año, la dinámica del trío de detectives formado por Corcoran, O’Brian y Maguire. O’Brien pierde protagonismo en vez de ganarlo, y aparece menos con Corcoran, con lo que las investigaciones se hacen menos divertidas. Y lo peor, y esto supone el mayor fallo de la temporada, Maguire se pierde en una serie de tramas malogradas. Sigue ahí, sigue siendo el más sucio y pendenciero del grupo, pero el guión lo lleva por caminos inverosímiles y mal ejecutados: la revelación sobre la relación con la mujer de Corcoran fue efectiva, pero la locura de los asesinatos y el juicio que queda en nada se fuerzan demasiado. Aun así, la historia sobre que cae en desgracia ante los ojos de Corcoran y el resto de policías estaba siendo interesante, porque encaminaba al personaje hacia el lado oscuro y se preveía que se convertiría en villano… pero los guionistas se empeñan en traerlo de vuelta forzando un pseudo reset de risa. En qué quedamos, ¿es malo o no, es un superviviente o un hijo de puta? No queda claro nada, solo que parecen apañarlo sobre la marcha y resulta fatal. Al final de la temporada Corcoran y Maguire se abrazan como si nada hubiera pasado, cuando la relación no se ha visto evolucionar hasta el perdón y el retorno de la amistad.

El otro problema importante es Donovan, el nuevo gran secundario de la temporada, interpretado por el veterano Donal Logue (Terriers, Sons of Anarchy, Life). Su posición como nuevo político local funciona, y la transición hacia villano está bien lograda, pero de ahí se va a un catastrófico exceso: termina siendo una caricatura que bebe de todos los clichés de villanos cutres. El final de su trama es muy pobre, con escenas ridículas como la carrera para salvar a la testigo (que parte de la gilipollez de que Maguire la deje sola sabiendo que van a por ella) o el duelo suicida de Corcoran. Y el paso al siguiente villano (encarnado por William Baldwin) queda muy precipitado y confuso. Al menos, por lo general la trama que gira alrededor de Donovan es bastante buena y alcanza a todos los protagonistas de forma que da mucho juego: a Morehouse con los enredos políticos y económicos, a Eva con el interés en el local, a los policías con el reguero de muertos que va dejando…

Decía que los casos pierden fuerza. Sigue habiéndolos, y con ese gran acierto que supone hacer que cada investigación influya en el entorno y los protagonistas, pero si vuelvo la vista atrás lo cierto es que me cuesta recordar alguna historia secundaria realmente llamativa. Al menos pierden a favor de la trama larga, con lo que no llega a ser un problema notable, simplemente se echan de menos las emocionantes aventuras secundarias.

Sobre el ritmo, aparte de suceder las cosas a toda velocidad la serie se caracterizaba también por saltar de evento en evento sin perder el tiempo suavizando transiciones. Resultaba enormemente eficaz a la hora de acelerar tramas, porque no se dejaban huecos ni se veían trampas. Pero ahora sí hay sensación de que va a trompicones, de que se dejan cosas por aclarar. De hecho, el primer capítulo se narra de forma tan caótica que cuesta seguirlo.

El resto de cosas buenas se mantienen, destacando que el entorno trágico y violento de Five Points se describe muy bien tanto por la fantástica recreación visual (los decorados y el vestuario son magníficos, la fotografía e iluminación los captan muy bien) como por los detalles de guión que constantemente salpican el relato. Me gustaría conocer el presupuesto con el que contaban, porque quitando un par de pinturas o fondos digitales todo queda de un nivel impresionante. Eso sí, he echado de menos algo de erotismo en muchas escenas: con qué facilidad muestran sangre pero qué poco sexo enseñan a pesar de que también forma parte de la narración.

No sabía dónde meter la crítica a dos extraños episodios, así que termino con ellos. El del asalto a la comisaría (205, A Morning Song) es una fantasmada del quince que no hay quien se trague: exagerado e inverosímil hasta resultar insultante a la inteligencia del espectador en varios instantes. El otro es el episodio final. Parece que les sobraba un capítulo, y lo apañaron… muy bien. La trama grande del año ha terminado, y aunque el contexto histórico donde se sumerge la serie tiene margen de sobra para muchas aventuras, sin duda era difícil meter un caso extra que no quedara descolgado. Pues los guionistas sorprenden muy gratamente montándose una especie de mini película del Oeste con la búsqueda de los asesinos del presidente Lincoln (obviamente no los encuentran los protagonistas). Esta historia resulta muy interesante (y visualmente bastante lograda: muy bien aprovechados los paisajes) y conecta con la serie de forma genial al suponer una especie de viaje final para los personajes: se enfrentan a los fantasmas de la guerra al pasar por los sitios donde batallaron y la plantación donde Freeman era esclavo.

Por desgracia el epílogo del capítulo lo afea bastante con un cliffhanger burdo, un golpe o giro rebuscado y tramposo de serial barato con el que llamar la atención de cara a la próxima temporada: Eva desaparecida, Corcoran deberá buscarla. Pero resulta que la serie ha sido cancelada, así que se queda todo en el aire. Por suerte, es tan poco interesante la trama que pretenden abrir que no queda del todo como un final abierto: se puede interpretar que el caos sigue siendo el día a día en Five Points, y que los protagonistas han crecido, han cerrado heridas del pasado y se enfrentan al futuro con energías renovadas.

En conjunto lo que queda es una temporada muy entretenida (los protagonistas tienen bastante fuerza, el tono de policíaco adulto se agradece), pero bastante irregular y acompañada por las malas sensaciones que deja que esté algo por debajo del primer año y no sea capaz de explotar el potencial que guarda.

Ver también:
Temporada 1.

COPPER – TEMPORADA 1.

Copper
BBC America | 2012
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente.
Valoración:

En la década de 1860 el barrio Five Points de Nueva York es un hervidero de caos, inmundicia y crímenes propiciados por la pobreza y la mezcolanza de culturas, y el ambiente está aún más enrarecido debido a los recientes disturbios y a las heridas que está dejando la Guerra de Secesión que se libra en el sur pero tiene su repercusión en todas partes.

Kevin Corcoran (Tom Weston-Jones) es un detective que ha terminado su servicio militar y vuelve para encontrarse que su hija ha fallecido y su mujer desaparecido. Su retorno estará pues marcado por la desesperación de hallar pistas que resuelvan el misterio. En el conflicto hizo nuevos amigos, un médico negro (Matthew Freeman –Ato Essandoh-) que sufre el racismo a diario y un joven rico al que salvó la vida con ayuda del doctor (Robert Morehouse –Kyle Schmid-) y que no se deja avasallar por su poderoso padre y sigue su propia agenda. Ambos serán de gran ayuda en las investigaciones que lleva a cabo con sus fieles Andrew O’Bryan (Dylan Taylor), fuerte pero gentil, y Francis Maguire (Kevin Ryan), sombrío y rudo. Corcoran ahoga sus penas con una prostituta llamada Eva (Franka Potente), quien está claramente enamorada de él y hará cualquier cosa por no perderlo.

En uno de sus nuevos casos Corcoran se encuentra con una niña de unos diez años que ha sido forzada a prostituirse (una impresionante Kiara Glasco). La chiquilla está mentalmente destrozada y supone una carga enorme, por no decir que resulta espeluznante cuando le da por hacerse la adulta y ofrecer sexo. En este caso cae en la órbita de una ricachona con la que podría iniciar una relación (Anastasia Griffith), pero con la niñata de por medio y el recuerdo de la esposa todavía doliendo todo se complica.

Copper es un policial bastante clásico, y aunque en los primeros episodios se tontea bastante mal con el procedimental moderno (con la exagerada ciencia del amigo médico), por suerte es algo que pronto se minimiza y la narración se decanta por un estilo más serio y centrado en los personajes donde los casos suelen durar varios episodios y siempre tienen repercusiones en ellos. De hecho, sorprende también que la búsqueda de respuestas de Corcoran da frutos rápidamente en esta corta temporada (de 10 capítulos), sin extenderse como en otros policíacos eternamente hasta que se avise de la cancelación de la serie.

New York es caótica y sucia, la población inculta y bruta; la suciedad y pobreza campa a sus anchas en los barrios obreros y la ostentación es el día a día en los ricos, mientras que la ley se la reparten también según sus recursos: a golpe de puño y de billete. La guerra se huele en el ambiente, no solo porque veamos sus consecuencias directamente en los protagonistas, sino también porque hay varias tramas relacionadas, como la de los atentados (que resulta algo exagerada, todo sea dicho). Lo mismo pasa con los recientes motines del barrio de las cinco esquinas (vistos en la cinta de Martin Scorsese, Gangs of New York), cuyo recuerdo todavía duele y el temor de que pueda volver a ocurrir flota en el aire.

El microcosmos por donde habitan los caracteres refleja muy bien la situación. Los roles, tanto principales como secundarios, son todos buscavidas que oscilan entre el animal que usa la violencia como método de vida y supervivencia (el propio Corcoran) y el que se aprovecha de la situación complicada de otros (el capitán de policía lo hace con pequeñeces, pero el padre de Robert lo hace a lo grande). Todos tienen su lado sombrío y trágico que a veces se sobrepone a la razón. Muchos han sufrido más allá de lo resistible por un ser humano y son incapaces de encontrar su rumbo en el mundo; en este sentido, la trama de la niña violada llega a resultar escalofriante y durísima. De hecho, como resultado de la época dura en que viven, los protagonistas ven modificadas sus vidas a golpe de tragedia constante: es impresionante la cantidad de secundarios relevantes que mueren y deforman todo este microcosmos en un instante.

En los personajes destaca otro gran punto a favor: la química y complicidad entre ellos se maneja muy bien y resulta crucial en muchos momentos, pues miradas y gestos hablan tanto como las palabras. Los actores, sin ser extraordinarios, están convincentes en sus papeles, y en concreto Tom Weston-Jones sorprende bastante después de su flojísima interpretación en Un mundo sin fin: aquí parece otro actor. Por el lado contrario, aunque todos tengan un lado tenebroso muy atractivo, ningún rol obedece a un dibujo complejo, y en ocasiones se fuerza su presencia en el capítulo: los guionistas se empeñan en meterlos a todos en casi todas las historias, hasta el punto de que parece que sólo ellos viven en la ciudad. Algunas secciones además, como la del médico y su mujer, no son especialmente llamativas.

Se nota que es una producción nada barata, porque la ambientación es exquisita, pero obviamente el dinero no es infinito y hay limitaciones… que son sorteadas con bastante atrevimiento, pues prácticamente todos los fondos en planos amplios son digitales, es decir, prácticamente todo lo que se ve de la ciudad está puesto en postproducción. Y se nota en ocasiones, pero no como para molestar. La dirección es francamente buena, y la fotografía resulta aún mejor, otorgando un tono oscuro que da un toque aún más sombrío a la ciudad y sus habitantes.

Aunque Copper claramente va destinada a un público adulto (es dura y sucia como pocas), también es evidente que pretende ser una aventura distendida, fácil de ver, pues no hace alarde alguno de trascendencia, densidad y complejidad como acostumbran a ofrecer las series de su rango de edad, sino que resulta un entretenimiento ligero y de nulo poso. Así pues, Copper es una producción bastante atípica, y si bien este primer año no resulta especialmente notable sí tiene calidad suficiente como para que te lo pases muy bien viéndola.

Copper es una creación de Tom Fontana y Barry Levinson (este último con larga carrera como productor, guionista y director en cine), que como demostraron en Oz son un expertos en ahondar en la violencia del ser humano. También supone la primera serie original de BBC America para EE.UU.