Archivo mensual: diciembre 2013

HOMELAND – TEMPORADA 3.

Homeland
Showtime | 2013
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, Morgan Saylor, Rupert Friend, Sarita Choudhury, F. Murray Abraham, Nazanin Boniadi.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo y destripo la temporada al completo.–

La segunda temporada de Homeland, magistral de arriba a abajo y con momentos sublimes, acabó con un golpe de efecto que ponía todo patas arriba y nos dejaba sin idea alguna de cómo podía continuar la historia. La CIA atacada en su sede, Carrie en un limbo laboral y emocional, y sobre todo Brody visto como culpable y a la huida. El tercer año empieza fuerte, sin la trampa de olvidar el golpe de efecto o dejarlo de lado para seguir como si nada, táctica infame que detesto. Los guionistas abrazan con determinación la situación en que se han metido y la llevan hacia adelante, mostrando todas sus consecuencias con habilidad y con conocimiento claro de hacia dónde van. Además, con otro giro sorprendente a mitad de sesión las cosas cambian de nuevo bruscamente. No todo es perfecto, pero sí lo suficiente espectacular como para hablar de otro gran año. Y sumando también la incomprensible polémica que se han empeñado en levantar sobre la nada muchos espectadores, tenemos una temporada que da para escribir muchísimo.

Las implicaciones y ramificaciones que causa el atentado y el descabezamiento de la CIA se tratan con gran realismo, ofreciendo una perspectiva compleja y detallada del asunto, manteniendo muy bien una trama política y de espionaje que ya venía con mucha fuerza del año previo. Saul es el personaje que se come todo este marrón, y lo aguanta de forma fenomenal: se ha convertido prácticamente en el protagonista de la serie. Su lucha por sacar adelante su maltrecho equipo, los envites del senador que pretende ser director de la organización, la presión de los medios, los líos familiares acosándole por detrás y el problema de Carrie mantienen a Saul en constante alerta, estresado, dando el máximo de sí mismo.

Carrie recorre un camino duro y fascinante también. De nuevo vuelve a verse en medio de unos acontecimientos que casi la superan, pero si recae esta vez es por la persecución en la que parece estar envuelta por parte de la CIA y Saul. Nos sumergimos de lleno en sus problemas, cada nuevo paso en su lucha resulta intenso y absorbente… y justo cuando empiezas a preguntarse si saldrá de una vez del hospital, cuando parece que se están excediendo en sus penurias, resulta que es un montaje en el que es colaboradora. El giro no se ve venir, de lo bien que se esconde, y te estampa en la cara la genialidad de los guionistas: todo es parte de un plan de Saul para ponerla en la mira de los enemigos, para intentar sacar a la CIA del hoyo en que se encuentra dando un golpe maestro a la inteligencia iraní.

En cuanto a los secundarios, estos son pocos pero muy interesantes, figuras misteriosas de las que siempre quiero ver más pero aparecen lo justo para complementar a los escasos principales, dejándote con la miel en los labios. Peter Quinn tiene sus propios fantasmas internos que lo llevan a dudar de su lugar en el mundo del espionaje, pero como digo no terminan de darle todo el protagonismo que merece. Dar Adal es aún más frío: sí, se nota una buena dinámica y compañerismo con Saul (y no faltan las breves dudas de lealtad, clásicas del género), pero no sabemos nada de él y no evoluciona hacia nada llamativo. Y este año conocemos a la joven Fara Sherazi, cuya introducción, apareciendo en plena CIA con el pañuelo en la cabeza, es memorable. La chica se hace querer rápidamente, pero siempre queda algo descolgada, y además su labor a veces se exagera: ¿es que nadie más trabaja en la CIA aparte de los personajes con nombre? Por desgracia también pierde mucho protagonismo en el tramo final. El senador, un político conservador estrecho de miras, define bien esa figura habitual del panorama político estadounidense, y resulta odioso pero creíble.

Mientras, no nos olvidamos de que la serie es también un drama, y también de corte realista. La familia de Brody, después de todo lo que ha pasado con el retorno de aquél y la campaña política que puso demasiada atención sobre ellos, da un lógico vuelco con la caída en desgracia del héroe. Ahora se enfrentan al rechazo social más grave imaginable: tu familia albergó al enemigo número uno del país. No me gustó la elipsis del intento de suicidio de Dana (vamos directos a su salida del psiquiátrico), pero luego la acepté, porque lanza con rapidez y eficacia el arco de este año relativo a la chica y por extensión de la familia (aunque es cierto que pasan totalmente de mostrar cómo lleva la situación el hermano). Como es esperable, la familia está destrozada, y Dana en concreto ha llegado a su límite emocional. La única forma de recuperarse es dejar todo eso atrás. Para Jessica seguramente será volver con Mike Faber (no se expone directamente, pero se intuye), quien le dará seguridad como hizo durante la primera ausencia de Brody.

Para Dana el cambio debe ser mayor, porque el simple hecho de estar en esa casa le recuerda la tragedia. Así pues, su intento de huida, que no es más que una ruptura con lo establecido, aunque muy criticado por los espectadores impacientes y que se quedan en la superficie de lo que ven, es imprescindible en la maduración del personaje. Ahí ve que debe independizarse. De ahí a la despedida final con Brody no vuelve a salir mucho, pero tampoco hace falta, han dedicado el tiempo justo y necesario para relatar su trayectoria. Se podría decir que se echa de menos ver las reacciones de la familia ante el retorno de Brody (cuando aparece en televisión desde Teherán), pero sería reincidir en el hecho ya de sobras constatado de que lo odian y rechazan, y viendo que no hay redención de Brody (qué jodidamente cruel es la serie) queda claro que el papel de la familia ha terminado en esta historia.

El nivelazo de los capítulos iniciales, más concretamente los tres primeros, es abrumador, alcanzando el listón de los mejores momentos de la segunda temporada. Te mantienes pegado al asiento constantemente, esperando que en cualquier momento todo se venga abajo, sudando con los personajes y temiendo de lo lindo por Brody, protagonista principal desaparecido durante varios capítulos enteros. Su reaparición en un episodio exclusivo para él es fantástica. Se resume su viaje a través de su estado mental más que con hechos, y su nuevo cautiverio remata las pocas esperanzas que tuviéramos con verlo remontar el vuelo.

Una vez llegamos al ecuador y con el plan de Saul en marcha, como decía la dinámica cambia bastante, demostrando de nuevo la valentía y habilidad de los guionistas. En el primer año dije que el argumento de Homeland tenía enorme potencial pero no pareciera que fueran a salirse de unas líneas muy clásicas, pero el subidón de la segunda sesión me abrió los ojos por completo, y esta etapa confirma que es la serie más arriesgada de estos años tras Breaking Bad.

La forma de llevar a Carrie hacia el enemigo para traer el enemigo hacia nuestro bando está muy lograda. Se exponen con maestría las dificultades del proyecto, lo lejano y complicado que resulta tal objetivo y lo beneficioso que sería lograrlo (geniales las luchas de Saul con el senador). La captura de Majid Javadi y el chantaje para usarlo como topo mantienen el nivel esperado. Los datos sobre que Brody no sería culpable te dan en toda la cara, devolviéndote la esperanza de verlo redimido, pero su retorno es difícil también, pues su lugar en el plan de Saul resulta otra enorme sorpresa. Su recuperación y entrenamiento se sintetiza muy bien en poco tiempo, y los soldados resultan personajes interesantes a pesar de su poca relevancia. Finalmente se despide de Dana y casi de Carrie (porque es una misión casi suicida) y despegamos hacia el desenlace…

Sin embargo, aquí el riesgo y la valentía no van de la mano con una ejecución perfecta. Sí, el gran giro abre nuevas perspectivas que caminan con paso firme durante varios episodios, pero lo cierto es que una vez el plan coge forma y se dirige hacia sus momentos finales, la temporada pierde mucha intensidad, se torna previsible y se cierra de forma bastante convencional. Los tres últimos capítulos, a pesar de tener bastante acción, no se acercan a la fuerza inicial del año ni a lo bien que funciona el segmento central, dejando la sensación de que no se ha rematado como se esperaba algo preparado con tanto esmero.

Las tribulaciones de Brody y Carrie en el curso a Teherán se ven venir de lejos, las dificultades allí sufridas son bastante predecibles, y finalmente casi todo se resuelve como cabría esperar. No hay gran sensación de peligro, porque la narración fluye demasiado lineal, y cuando todo acaba, aunque agradeces que Saul vea llegar a buen término su plan y que Brody parezca librarse de tantas penurias, no se produce en el espectador un gran suspiro de tensión liberada. Ni la muerte de Brody provoca una gran catarsis, pues se ve como un paso muy lógico.

A todas estas historias les falta un envoltorio que genere la atmósfera necesaria, una del estilo del finalazo de la primera sesión o del glorioso episodio Q&A de la segunda. Ojo, no resulta excesivamente grave… pero sí lo suficiente para afear un año que iba camino de ser magnífico también. Es evidente que la estancia en Teherán necesitaba el doble de episodios, dándole más profundidad y alcance. Es como si hubieran cancelado prematuramente la serie y hubieran tenido que resumir las cosas, algo que evidentemente no ha ocurrido. Simplemente los guionistas, en el momento cumbre de la temporada, han estado algo faltos de inspiración, perdiendo un poco el tono habitual de la serie.

Por lo menos el cierre de las tramas personales de Carrie y Saul se lleva su tiempo, aunque también deja un regusto amargo: todo parece tan finalizado y a la vez abierto que no se espera nada concreto para la próxima etapa, pues puede ir sobre cualquier cosa pero será una historia nueva, con lo que empezará con el interés algo mermado.

En cuanto a la polémica, me ha resultado tan sorprendente como molesta, por absurda, incomprensible y, viendo algunos comentarios, casi fanática. Resulta que muchos espectadores rechazan el primer tramo de la temporada y aprecian el final… Justo al revés de lo que la lógica dicta, justo al revés de lo que la temporada es. Esta errónea perspectiva surge de algo que resulta evidente desde el inicio de la serie: la gente espera una de acción plana y sensacionalista, tipo 24, y al tercer año se han cansado de esperar y han empezado a soltar bilis de forma espectacular por la red. Homeland tiene sus virtudes y fallos, o puede gustar más o menos por género y estilo, pero no puedes machacarla por ser diferente a lo que sueñas, es de un ridículo e inmadurez que espanta. Así, las críticas que se suelen ver están llenas de memeces impresionantes, porque es difícil defender la exigencia de que dejaran de lado toda la trama de política y espionaje y el drama para pasar a los tiros. Si te sobra todo lo que la serie es, qué demonios haces soportándola. Lo único bueno de todo esto es que finalmente dicen (más bien lloriquean y exclaman a los cuatro vientos, como si fuera un gran paso) que dejarán de verla, pero lo malo es que se van haciendo mucho ruido y dañando su imagen inmerecidamente.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

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BOARDWALK EMPIRE – TEMPORADA 4.

Boardwalk Empire
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Terence Winter, Martin Scorsese, Mark Wahlberg, Timothy Van Patten, Howard Korder.
Intérpretes: Steve Buscemi, Michael Shannon, Kelly McDonald, Shea Whigham, Michael Stuhlbarg, Stephen Graham, Vincent Piazza, Michael K. Williams, Antony Laciura, Jack Huston, Ron Livingstone, Jeffrey Wright, Gretchen Mol, Patricia Arquette, Brian Geraghty, Ben Rosnfield.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo muchos acontecimientos importantes, con lo que no debes leer el artículo si se quieres ver la temporada sin conocer nada.–

La tercera temporada de Boardwalk Empire fue magnífica, la serie parecía alcanzar por fin el nivel esperado. Pero también resultó un punto y aparte importante, porque se cerraron muchas líneas narrativas y se dejó a muchos personajes sin un rumbo claro. Así pues sería perdonable que en el receso posterior, mientras coge carrerilla y lanza las nuevas historias, el ritmo decayera un poco. Sin embargo, la bajada de nivel resulta bastante destacable y además evidencia que algunas de las limitaciones de la serie siguen presentes: la obsesión por formar un relato excesivamente denso mientras no saben dotar de la trascendencia y vitalidad necesarias a las secciones secundarias.

El problema principal es que el nuevo villano resulta casi una caricatura, un personaje burdamente dibujado indigno de una producción tan seria. Narcisse (Jeffrey Wright), el negro racista con su pose ideológica tan rebuscada, se introduce fatal. ¿Cómo un tipo tan poderoso sale de la nada (nadie lo conocía) y no se lo toman a cachondeo ni se plantean pararle los pies? Cuesta creer que en un entramado criminal tan sólido como el que mantienen los protagonistas este señor tan chulito y sin renombre trepe tan alto vacilando con su verborrea cansina. Conforme avanza su historia, no mejora: la rivalidad con Chalky resulta muy forzada y poco atractiva. Por suerte el cambio de lealtad del segundo de Chalky, Purnsley, da mucho juego. Y en el tramo final del año la conjunción de todas las historias tapa la poca consistencia de esta línea, y la caída del individuo obedece a varios giros de guión de gran calidad… pero el personaje es tan cargante que su destino no causa mucha impresión, si acaso alivio. Queda lejísimos de la inmensa figura que resultó Gyp Rosetti y lo bien que se manejaron las tramas en su órbita.

El otro lastre es la falta de definición inicial de casi todas las historias. Sí, siempre ha sido una serie que pone las piezas despacito, pero aquí falta la buena letra. Parece que a los guionistas les cuesta ponerse en marcha, definir unos objetivos claros desde el principio, y hay varios capítulos un poco deslavazados, faltos de sustancia. No llega a ser algo realmente grave, porque los personajes principales tienen fuerza de sobra para mantener el conjunto, pero sí es indudable que de una serie capaz de llegar tan alto se espera más. Quien peor parado sale es Harrow, que no arranca muy bien. No se exponen los primeros pasos de su viaje, sino que se explican luego de mala manera, y queda bastante confuso. También cabe pensar que no aporta mucho su estancia con la hermana si luego vuelve al juego, y si bien con el magnífico epílogo queda aclarado, no evita la sensación de que el receso dura demasiado tiempo. Por suerte, su viaje interior es más interesante: está asqueado de matar, ya ni puede sacrificar a un perro moribundo. Tras deambular sin rumbo claro otros tantos capítulos, de forma que parece que se improvisa su historia sobre la marcha, por fin lo meten en la órbita de Gillian y el hijo de Jimmy y vuelve a ver a la chica que le gustaba, y el interés en su historia remonta bastante. Parecía que iba a tener un final feliz, pero esta serie no es muy dada a ello.

La ausencia de Margaret se nota mucho. Aunque fuera forzada por factores externos a los guionistas (el embarazo de Kelly MacDonald) deja un hueco importante y en cada episodio me preguntaba cuándo iba a aparecer de nuevo. Cuando lo hace por fin tiene una trama breve pero jugosa: la asociación con Arnold Rothstein promete dar mucho juego. Por cierto, la breve exposición sobre los problemas de Rothstein con el juego es espectacular. La caída al abismo de la otra fémina importante, Gillian, es impresionante, muy trágica. La adicción a las drogas, el romance sospechoso, el insoportable (para el personaje) juicio por la custodia de su nieto (el hijo de Jimmy), la traición final del supuesto enamorado… Ha sido mi personaje favorito del año. Su relato resumiendo su vida es muy emotivo, y el golpe de efecto con el montaje del detective es brutal.

Van Alden sigue siendo un secundario casi de relleno, aunque sus desventuras, su genio contenido y el pedazo papel del actor Michael Shannon siempre son muy agradables de ver. Sin embargo aunque sea tímida y lentamente su sección va cobrando sentido. En la etapa anterior empezó a acercarse a los grupos criminales y ahora se empieza a introducir en la banda de Al Capone, con lo que ¡por fin! lo tenemos en el terreno de juego. Más fluido ha sido el ascenso de Al Capone, aunque se ha tomado cuatro años también: la maduración paulatina del personaje se ha trabajado muy bien, hemos ido viendo claramente como aprende y madura. En cambio no funcionan tan bien las aventuras de Lucky Luciano y su colega Meyer Lansky, que siguen en un plano muy secundario y sin lograr despuntar en trascendencia e interés.

El hijo de Eli, Willie toma protagonismo. El crimen inicial que le trae hacia Nucky, las peleas con Eli y la decisión de abandonar el núcleo familiar y trabajar en la organización son muy interesantes. El agente del FBI, Knox, resulta extremadamente inquietante, sobre todo porque el actor Brian Geraghty lo borda; su presentación fingida (en plan agente tontito) es fantástica, la caza del mayordomo Eddie (otro personaje que acaba mal) y luego de Eli ofrece instantes de tensión de los que aguantar la respiración y sufrir mucho por los personajes. El que no convence es J. Edgar Hoover, porque el casting no ha estado a la altura: Eric Ladin puede ser mejor o peor actor, pero su físico, voz y porte no valen para el papel. Al menos definen bien a esta importante figura: aires fascistas y obsesión por perseguir ideas políticas y pasar de organizaciones criminales más tangibles (lo que dificulta la tarea de Knox). También se tratan muy bien otros aspectos de la época relacionados con el crimen: el auge de la heroína empieza a hacer estragos… y dinero.

En cuanto a la omnipresente figura central, Nucky, hay una evolución notable tras el punto de inflexión de la pequeña guerra: intenta empezar de nuevo, pero ya no tiene la fuerza y determinación de antes. Los viajes a Florida son prácticamente unas vacaciones, y rápidamente lo convierte en su reducto de paz, sobre todo gracias a la relación con Sally (Patricia Arquette). Como es habitual en la serie, el entramado de sus fechorías y todos los personajes con los que se conecta es enorme, de hecho a veces resulta difícil seguir el quién es quién entre los políticos. Los intentos del FBI por introducirse y desmontar su tinglado no perturban gravemente los negocios, pero sí las relaciones personales: Eli atrapado entre la espada y la pared da mucha lástima y un montón de escenas fantásticas, amén de que el actor Shea Whigham está inmenso.

El tramo final resulta memorable, y disimula ese segmento inicial algo diluido y las historias secundarias que no terminan de despuntar. La cantidad de tramas, personajes y giros se maneja de forma como siempre muy cuidada. Hay tantos protagonistas en movimiento entrelazado de una forma u otra que cada pequeño detalle en la vida de cada uno de ellos puede afectar de una forma insospechada al resto, y los guionistas manejan todo el tinglado con equilibrio y coherencia (aunque improvisaran un poco al principio), con calma e inteligencia, y lo conducen hacia un desenlace extraordinario planificado con esmero y expuesto con maestría.

El plan para acabar con Narcisse termina patas arriba con tragedias de por medio (la niña cruzándose) y desenlaces inesperados (la detención de Narcisse por color de piel y color político), y deja a Chalky solo con sus penas y odios y carcomido por venganzas ya imposibles. No menos fallido resulta el objetivo del agente Knox para con Nucky, que termina con Eli acojonado cargándose al agente, Nucky diciéndole a Eli que ha descubierto su traición y apuntándole con un arma… De veras llegué a pensar que sería capaz de disparar y acabaría con la poca humanidad que le queda, pero no olvidemos su cambio de perspectiva en los últimos episodios, su idea de alejarse de todo el jaleo: ¿habría disparado si no llega a aparecer el hijo de Eli? Y para terminar, Harrow se ata a Nucky para salvar a su proyecto de familia, poniendo una gran traba a un final que prometía ser idílico. Su muerte es preciosa y dura, pues es uno de los personajes que más se hacía querer, el único realmente bueno en su interior (junto a Margaret). La escena en plan sueño da fin a su vida con una impronta poética embriagadora.

La realización es soberbia como de costumbre. Las excelentes labores de vestuario, fotografía, iluminación y localizaciones son exprimidas al máximo por los habituales directores de la cadena, todos con enorme talento. El reparto es inconmensurable al completo, pero aun así destacaría las figuras que he ido citando en el comentario. La fuerza de la mayor parte de las escenas proviene del guión, pero la puntilla extra de belleza y grandeza la da el incomprable aspecto visual y el recital interpretativo. Por cierto, prácticamente no hemos visto el paseo marítimo, que era protagonista en los primeros años; la acción ha terminado desperdigada por cada vez más localizaciones y decorados.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 4, PARTE 1.

The Walking Dead
AMC | 2014
Productores ejecutivos: Scott M. Glimpe, Greg Nicotero, Gale Anne Hurd, David Alpert.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Emiliy Kinney, Scott Wilson, Chad L. Coleman, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lawrence Gillard, David Morrissey, Alanna Masterson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Cito las tramas y muertes importantes de estos ocho capítulos.–

El primer arco importante de la temporada es la enfermedad que asola la prisión donde tan seguros se sentían los protagonistas. La idea en si no es muy prometedora, y de hecho no da en sí misma una gran historia, pues aunque sea una serie donde puede morir cualquiera no hay mucha sensación de peligro. La trama es una excusa para lanzar otras aventuras, para meter acción y mover personajes. El caos que surge cuando los muertos se levantan en las celdas da un buen espectáculo, y el viaje de un grupo en busca de medicamentos vuelve a meternos en el género de la supervivencia zombi de forma bastante eficaz. Lo único algo forzado es el poco empeño que parecen poner en limpiar de zombis las verjas, y eso que temen mucho que terminen cediendo; además, cuando ocurre vemos que incluso un niño con metralleta es capaz de repeler la horda. Por suerte, en las demás escenas los zombis sí causan la impresión esperada: el asalto al supermercado es impresionante, la horda enorme con que se topa la expedición acojona, y otras pequeñas historias y problemas salpican el relato aquí y allá con bastante acierto.

Resulta sin duda un tramo no especialmente trascendente, pues no se abordan grandes temas y dilemas, pero el ritmo no da respiro y los personajes sufren de lo lindo, con lo que resulta entretenidísimo. El misterio de quién mata a dos infectados en secreto para intentar evitar la propagación siembra además la sombra de la locura entre los personajes. La resolución de esta trama es magnífica: Rick, que había madurado dejando la toma de decisiones en un consejo más o menos democrático, tiene la cabeza despejada y actúa con determinación contra su nueva política: no puede sacar a la luz la decisión de Carol, el precio a pagar puede ser la destrucción del grupo. El exilio para ella es la opción que le impone. Muy bien se trabaja también la respuesta de Daryl: sufre, pero lo acepta, pues también ha crecido mucho como persona.

El segundo arco del año es la reaparición del Gobernador. Los guionistas se arriesgan mucho con esta parte, y salen muy bien parados. Reservar dos capítulos de ocho a mostrarnos el viaje redentor de un personaje secundario parece un suicidio artístico, pero funciona de maravilla. El Gobernador es un personaje enorme, y la historia en que lo sumergen resulta fantástica. Caído en desgracia, habiendo perdido todo lo que quería y sin meta en la vida, deambula hasta que el destino le pone delante una oportunidad de renacer. Lo hace, y se llega a sentir empatía por él e incluso a perdonar sus enormes pecados anteriores, tan fascinante es el personaje. Pero los guionistas van de cabrones también, y mueven las circunstancias de forma que el mal emerge de nuevo. Vuelve a convertirse en un dictador vengativo, abandona inconscientemente a sus seres queridos buscando la revancha más irracional.

El capítulo final es estupendo, probablemente el mejor de la serie (y el primero de la temporada es muy bueno también). Inquietante y tenso, espeluznante a ratos, trágico cuando cae Hershel (aunque sea de forma previsible) y espectacular cuando la batalla empieza. La única pega es que la resolución del conflicto cojea un poco: el grupo atacante tenía todas las de ganar y pierde no se sabe cómo, la muerte del Gobernador es demasiado peliculera, y la desaparición del bebé (está clarísimo que alguien lo ha cogido, si no hubiéramos visto el hecho) es demasiado sensacionalista.

Hay quien dice que si el Gobernador iba a terminar como en la tercera temporada se podrían haber ahorrado todos estos capítulos y matarlo allí… Se ve que hay quien se queda en la superficie, quien no entiende nada de lo que está viendo. Entonces no habríamos asistido a esta excelente evolución paralela de Rick y el Gobernador, de la supervivencia en plan dictadura contra la sabiduría de dejar paso a la democracia, que ha sido tema central de la serie casi desde el principio. Ni hubiéramos visto el logradísimo y emotivo viaje interior del Gobernador, donde se muestra como los humanos somos capaces de lo mejor y lo peor según las circunstancias, y como a veces estas nos superan y perdemos todo rastro de humanidad.

La temporada apunta maneras con esta primera parte tan completa. Le ha faltado algo de contenido en cuanto a los muchos temas con enjundia que se pueden sacar del género, pero se oculta bastante bien porque en lo relativo a la aventura de supervivencia la acción es constante y la evolución de personajes ha estado francamente bien. El recuerdo nefasto de aquella casi insoportable segunda temporada está cada vez más lejos.

Ver también:
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – V. GUION PERFECTO.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
–>V. GUION PERFECTO
VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

He hilado una presentación y análisis de sus características y cualidades de forma global, pero para hablar de la grandeza de The Wire hay que mirar obviamente a la incomparable calidad del guion. David Simon tenía muy claro qué quería contar, pero si no lo hubiera plasmado con tanta habilidad como es lógico no se hablaría tanto de la serie.

El guion une todos los elementos representativos de The Wire de forma que alcanza un equilibrio perfecto: la crítica social es sutil, elegante, ni engulle a los personajes ni a la narrativa, y emerge con una autenticidad e intensidad abrumadoras pero sin llegar nunca a resultar forzada. El dibujo de los protagonistas es impecable, aúnan naturalidad y magnetismo en un nivel inclasificable: todos resultan inolvidables. Y la trama se desarrolla con un tempo narrativo que hace gala de una precisión y brillantez sin parangón a pesar de la enorme complejidad de la misma. Cada temporada tiene su arco presentado, desarrollado y cerrado milimétricamente, pero sin dejar la sensación de que se sigue un esquema o se improvisa: la historia fluye con naturalidad y muy buen ritmo. A su vez, cada episodio es una unidad también perfecta: aunque alguno sea más relevante que otro o, como es de esperar, los clímax reúnan más momentos espectaculares, nunca se puede hablar de un capítulo prescindible, cuando hasta pesos pesados como Los Soprano tenían tramos criticables o faltos de energía. El único “problema” es que al ser cada episodio parte de un todo estos siempre te dejan a medias. Toda y cada una de las escenas tiene, literalmente, aunque parezca increíble, un objetivo concreto aunque tardes capítulos o incluso temporadas en hallar su completo significado, así que requiere bastante paciencia.

Hay que remarcar que los personajes son extraordinarios, sin duda los mejores vistos en televisión, ganando incluso a mis dos referentes en este ámbito, Urgencias y Babylon 5, por eso de abarcar muchísimo más en cantidad y complejidad. Sus cualidades son infinitas: dibujo certero, verosimilitud constante, la calidad de los diálogos, las infinitas escenas gloriosas en que Simon los envuelve, lo bien que describe defectos de la sociedad a través de ellos, la evolución consistente y atractiva, las excentricidades geniales (por eso Omar es de los favoritos del público), las cabronadas emocionantes (cuántas zancadillas se lleva McNulty de sus superiores, en parte porque se las busca él mismo), las coletillas y tics (“shiiiiiiiit”), los secundarios capaces de dejar marca incluso con breves apariciones, y finalmente el protagonismo desarrollado con vistas al futuro (Lester tarda en ganar presencia, y cuando lo hace explota de una manera espectacular; probablemente no te des cuenta de cómo introducen a Proposition Joe o a Marlo a pesar de su futura importancia). Evidentemente los actores son cruciales en la ecuación, pero los dejo para el siguiente punto.

Profundizando en los diálogos, la fuerza de estos es impresionante. Cada capítulo regala numerosas perlas de sabiduría e ingenio, y por lo general toda frase tiene unas consecuencias claras, es decir, no hay morralla, todo diálogo es creíble, natural, pero capaz de huella. Igualmente, las escenas míticas se cuentan por pares en cada capítulo, y muchas de ellas se anclan para siempre en la memoria.

Otra baza destacable es que nunca se inclina hacia el drama lacrimógeno ni hacia la acción innecesariamente exagerada para captar la atención del espectador. Sí, hay algún golpe duro y algún tiroteo, pero se mantiene siempre en el tono de realismo documental. Simon consigue que toda la inmundicia mostrada asombre y conmueva, pero sin dar la impresión de que se ceba de forma sensacionalista en la tragedia. Por ello entretiene y enseña sin desmoralizar y sin alardes fuera de lugar. La vida es una mierda por sí sola, no hace falta adornarla.