Archivo mensual: octubre 2019

EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD

El Camino: A Breaking Bad Movie
Netflix | 2019
Drama, suspense | 1 ep. de 122 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Diane Mercer.
Intérpretes: Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker, Jesse Plemons, Scott Macarthur, Scott Shepherd, Jonathan Banks, Krystin Ritter, Bryan Cranston.
Valoración:

Alerta de spoilers: Diría que señalo algunos aspectos del final, pero realmente no cuenta nada nuevo respecto a la serie y no revelo detalles concretos.–

Con Breaking Bad terminada por todo lo alto y una secuela que explora otras opciones (Better Call Saul) en marcha, ¿qué necesidad había de ofrecer un tardío epílogo? Cierto es que se puede pensar que siempre puede haber otra etapa en la vida de los personajes que relatar (hasta la muerte, obviamente), pero si no era relevante para desarrollarla durante la serie, y no hay una clara sensación de que se quedaron cosas en el tintero por falta de tiempo o recursos, ¿por qué andar mendigando resquicios por donde tirar seis años después? Viendo el resultado, está claro que en vez de trabajarse un homenaje que fluya con naturalidad mientras desarrollan una historia con novedades y bien trabajada que pueda despertar nuevo interés, Netflix y Vince Gilligan han buscado únicamente exprimir a los seguidores más fieles.

Ver a Jesse Pinkman en libertad era un buen final, no dejaba cabos sueltos, pues los enemigos estaban eliminados y la poderosa órbita de Walter White desaparecida, y tuvo el toque justo y necesario de emotividad: el calvario del joven ha terminado y puede intentar rehacer su vida. Volver atrás y tratar de aportar novedades a historias ya cerradas tiene todas las decepcionar, y más después de tanto tiempo, con la serie tan idealizada. Cada espectador se habrá imaginado un destino distinto para Jesse… y el que nos ofrecen no convence lo más mínimo. No aporta a su arco dramático nada que no estuviera claro o al menos se intuyera en aquel desenlace, y hasta llegar de nuevo a la conclusión hemos tenido dos horas perdidas en una lucha por la supervivencia muy floja en interés y calado.

Es decir, El Camino es puro relleno para llegar a la misma situación. Con libertad y sin ataduras tiene la posibilidad de retomar su vida como quiera y pueda, pero esa historia no hay necesidad de contarla. Por eso no lo han hecho aquí. Y que fueran conscientes de ello no hace sino confirmar que sabían que era una película innecesaria, un reclamo para fans.

La sensación de que es un episodio menor, de transición entre cosas más importantes que están por llegar, es constante. La serie era terriblemente irregular, pero aun así este capítulo se siente por debajo de los más flojos en ritmo y en contenido. Ninguna acción parece generar secuelas ni allanar un viaje emocional concreto y novedoso para el protagonista, todo son anécdotas sin trascendencia ni algún atractivo extra. Salvo en la inicial escena de persecución, bastante tensa, no se teme por lo que le pueda ocurrir, no te asombras con situaciones imprevistas que descolocan cualquier intuición que tuvieras sobre el porvenir, elementos que hicieron destacar a la serie, y el final es anticlimático a más no poder. El último clímax depende exclusivamente de si un tipo llama a la policía o no, y ninguna de las dos opciones promete nada extraordinario ni llega a ofrecerlo. Con las aventuras tan espectaculares y originales que hemos tenido durante las temporadas, ahora pretenden captar nuestra atención con una simplona huida de las autoridades y una artificial venganza contra un villano de poca monta que se han sacado de la manga, porque como decía, todas las tramas estaban bien cerradas.

La inspiración de Vince Gilligan también brilla por su ausencia en el acabado, que luce como una película de cine de presupuesto menor porque hay talento y experiencia de sobra, pero la inventiva de la que hacía gala en cada episodio, y seguramente con menos dinero y tiempo, aquí no está presente. Intenta unas cuantas escenas con los reconocibles enredos visuales, pero estas no logran impresionar ni agilizar tramos de menor interés. Por ejemplo, la búsqueda de dinero en el piso se alarga hasta aburrir.

El Camino vive exclusivamente de la referencia, de jugar con la añoranza del espectador. Para los seguidores que tienen endiosada la serie, se la han visto mil veces y buscan cualquier detalle para seguir alimentando su idolatría, Gilligan hace malabares para citar detalles rebuscados y mostrar fugazmente personajes muy, muy, muy secundarios que sólo ellos puedan identificar y así saciar su apetito. Para los que vimos la serie y seguimos adelante con nuestra vida buscando otras obras originales y de gran calidad, porque por mucho que digan sus fanáticos Breaking Bad no fue la mejor de la historia ni entra en la categoría de obra maestra, tiene también su ración de gominolas, estás más baratas: mete con calzador otras figuras más reconocibles pero que ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Mike, Walter White y Jane Margolis no aportan absolutamente nada, de lo que canta el intento de conmover obtiene lo contrario, molesta porque intenta engañarte con trucos manipuladores. Sólo con Badger y Skinny Pete consigue un homenaje bonito y bien hilado. Todd en cambio no funciona del todo: resulta simpático, pero su presencia es puro relleno, una trama secundaria para matar el tiempo.

Gracias a la conexión con Jesse y el excelente papel de Aaron Paul, que tiene pocos diálogos pero logra transmitir bien su desesperación y miedos, el visionado logra engancharte lo suficiente para que esperes que la historia llegue a concretar algo y explote de una vez. Pero ni las partes más intensas, como la persecución inicial, la aparición de los falsos policías y el duelo con estos, logran mitigar la sensación de que El Camino carece de inspiración y esfuerzo en su creación. Apenas vale para pasar el rato, y no da lo suficiente como para dejar huella y pensar en volver a verla.

PD: Robert Forster rodó su parte (interpretando al dependiente de la tienda de aspiradoras) a pesar de sufrir un cáncer de cerebro. Murió justo el día de estreno de la película, el viernes 11 de octubre.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
-> El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LA SERIE

La estética que le otorgaron a Star Trek: La nueva generación (1987-1994) se debe a lo que en los años ochenta entendían por moderno, decorados de colores ocre llenos de curvas para los interiores de la nave y vestuario imitando licra. Pero por suerte optaron por un estilo minimalista, con diseños sencillos y elegantes que han envejecido muy bien comparando con otras horteradas de la época. Sólo el vestuario falló un poco inicialmente, con unos trajes de una piza y muy ajustados que parecen chándales de mercadillo y que resultaban muy incómodos para los actores, pues les tiraban de los hombros, daban calor, olían mal… Hasta que estos empezaron a sufrir serios problemas de espalda no se decidieron a cambiarlos por unos de dos piezas y enteramente de algodón mucho más bonitos y versátiles, fórmula que han seguido en todas las series posteriores con pocos cambios.

En la recreación de la tecnología futura fueron, como en la original, unos visionarios en el uso y capacidades de los aparatos y ordenadores, pues se han ido haciendo realidad de forma muy parecida: pantallas planas táctiles, tabletas y móviles, diseño de menús… En cuanto a las naves, exprimieron los diseños rompedores de la serie original, ofreciendo un sinfín de navíos asombrosos y con cada raza teniendo su propio estilo muy diferenciado. En lo personal, diré que llegué a esta serie después de las películas de la tripulación original, y el Enterprise me pareció bastante feo en un principio… pero tras unos cuantos capítulos acabé encariñándome, sobre todo porque las maquetas son tan detalladas que parece real.

Aunque rodaron en 4:3, el formato cuadrado de televisión en la época, lo hicieron con un estándar de calidad cinematográfica, exceptuando una iluminación un tanto fallida en las dos primeras temporadas. El habitual primer plano y contra plano simplón de la mayor parte de series ha hecho que estas envejezcan muy rápido y mal, pero Star Trek: La nueva generación tiene un aspecto moderno y virtuoso. La estupenda fotografía de planos medios y la dirección muy cuidada permite que las escenas respiren con naturalidad, con varios personajes interactuando a la vez, y a partir del tercer año se pusieron las pilas también con la iluminación, sacando todo el partido a los interiores del Enterprise. Hay que destacar también un aspecto que suele pasar desapercibido para muchos, una banda sonora orquestal de gran calidad y versatilidad.

Pero si por algo dejó huella Star Trek (1966-1969) y mantuvo La nueva generación es por sus historias tan originales e inteligentes, adelantadas a su tiempo y bastante profundas en temática. Cada capítulo ofrece elaborados dilemas éticos, conflictos sociales y culturales complejos y fascinantes, intrigas políticas y retos científicos muy variados a pesar de su tono fantasioso (incluyendo la famosa tecnojerga).

Gene Roddenberry y su equipo de guionistas exploran más a fondo la utopía soñada en la serie original. Tras siglos de desigualdades y guerras la humanidad dio un giro y ansía una sociedad pacífica dedicada al progreso en todo ámbito, no a la despiadada búsqueda de éxito personal y económico y la imposición sobre otras culturas. El dinero deja de existir, todos trabajan por el bien común y el estado, y la realización personal no se basa en pisotear a otros. (Curiosamente, en EE.UU. nunca ha arrastrado acusaciones de comunista). Así surge la Federación, un sistema de gobierno con una gran flota estelar que funciona más como organización científica que política y militar, pero que obviamente tiene que cuidar mucho las relaciones con otros pueblos.

La tripulación protagonista, a bordo del navío insignia, el Enterprise NCC-1701-D, viaja por la galaxia buscando nuevas formas de vida y adquiriendo conocimientos, siempre enarbolando los principios de la Federación. Los retos que van enfrentando los ponen a prueba en lo personal, en la ética y las normas por las que se rigen. Hay encuentros con razas alienígenas tan extrañas que se producen peligros inesperados. En el estudio de especies más atrasadas la norma es no intervenir en su evolución, algo que más veces de las que querrían genera grandes dilemas. Otras razas son hostiles, como los klingon y los romulanos, con los que hubo guerras recientes y todavía hay un ambiente explosivo, sobre todo con los últimos, con quienes se mantiene una tensa guerra fría.

En todos los conflictos la solución se busca a través de la razón, la ciencia y la negociación, por lo que es una serie de diálogos, pausas tensas y giros inesperados más que de acción. Batallas hay muy pocas, los capítulos de ritmo trepidante escasean. Pero es adictiva, porque siempre está narrando algo con calado a través de personajes con gran carisma.

Jean Luc Picard (Patrick Stewart) es un capitán serio, muy rígido a veces, pero de los que dan todo por su tripulación e ideales. Su segundo, William Riker (Jonathan Frakes), es el contrapunto perfecto para el mando, porque es la cara cercana y amable de los altos mandos, lo cual también parece frenar su carrera, pero como él dice, está a gusto en el Enterprise. El androide Data (Brent Spiner) es la nueva versión de Spock , el personaje críptico que trata de aprender cómo se comportan los humanos. Junto al ingeniero Geordi La Forge (LeVar Burton) forma un dúo memorable, siempre apasionados por su trabajo y ser mejores personas. Deanna Troi (Marina Sirtis), mitad humana mitad betazoide, una raza de telépatas, tiene capacidades empáticas, lo que la hace la perfecta consejera y psicóloga de abordo. Worf (Michael Dorn) es un klingon criado por humanos; su beligerancia y sus problemas familiares y culturales le traen constantes problemas, pero su posición en la nave nunca queda en entredicho. La doctora Beverly Crusher (Gates McFadden) aporta su madurez y férrea moral, además de una cercana amistad con Picard y un pasado en común. Su hijo, el joven Weasley (Wil Wheaton), supuso el único conflicto con los fans, porque pronto fue odiado por la representación del adolescente sabihondo y metomentodo que hacen, así que a las pocas temporadas optaron por apartarlo.

Hay unos pocos secundarios recurrentes, algunos tan interesantes que querrías que hubieran aparecido más, como la teniente Tasha Yar (Denise Crosby), el técnico O’Brien (Colm Meaney) y su novia la botánica Keiko (Rosalind Chao), pareja que acabaría en Espacio Profundo Nueve), la enfermera Ogawa (Patti Yasutake), la camarera Guinan (Whoopi Goldberg), siempre dipuesta a escuchar problemas, el enigmático Q (John de Lancie), experto en generarlos para su diversión, Alexander (Brian Bonsall), el hijo de Worf, el gemelo malvado de Data, Lore, y mis favoritos, la ruda teniente Ro Laren (Michelle Forbes) y el patoso teniente Barclay (Dwight Schultz). En el lado malo están la pesada madre de Troi, Lwaxana (Majel Barrett), que se llevó los capítulos más tontos y plomizos, y la doctora Pulaski (Diana Muldaur), quien sustituyó a Beverly Crusher en la segunda temporada por imposición de un productor y no sentó bien a los seguidores, lo que empeoró por su personalidad arisca tan forzada.

El reparto fue elegido con tino, todos mostraron gran química desde el principio, haciendo de cada reunión y disputa algo digno de ver. Sólo Jonathan Frakes estuvo algo perdido el primer año, pero fue cogiendo confianza poco a poco, amén de que la barba le dio un porte más digno. En cambio, Patrick Stewart deslumbró instantáneamente y tuvo intervenciones inolvidables en cantidad.

Pero Star Trek: La nueva generación arrastró carencias importantes que frenaron su potencial. Roddenberry concibió una serie muy constreñida en unas directrices concretas, lo que limitaba demasiado el rango de historias a contar. Su utopía iba demasiado lejos, eliminando cualquier conflicto entre tripulantes y entre especies. Los otros productores principales, Rick Berman y Michael Piller, tomaron las riendas en la tercera temporada anunciando que acabarían con esas barreras, pero a la hora de la verdad apenas hubo evolución.

En la primera temporada ya quedan claro los fallos, y apenas logran tibias mejoras conforme avanzan: el inmovilismo lastra sus siete años. La progresión del drama personal es mínima, y casi todas las tramas de largo recorrido se quedan en el aire después de tantísimos capítulos como tuvieron para tratarlas con mejor tacto. Las relaciones interpersonales y laborales se basan en unos mínimos que exprimen bien… pero sin moverse de ahí, con miedo a cambiar mínimamente de dirección, a avanzar hacia algo nuevo. Los romances en tensión no evolucionan un ápice (Troi y Riker, Beverly y Picard), las historias que dejen secuelas son escasas y se retoman en raras ocasiones. Prácticamente solo Worf tiene avances en lo personal, con las puntuales incursiones en su lado familiar, y solo los klingon sufren cambios políticos que afectan en siguientes episodios. Los romulanos, los borg, los cardasianos, las intrigas en el mando de la Federación… tantos frentes prometedores abiertos, y no se atrevieron a desarrollarlos. En Espacio Profundo Nueve (1993-1999) tomaron nota de esos fallos y cambiaron muy acertadamente de estilo.

Incluso en sus puntos fuertes se produce pronto un estancamiento, se abusa de la misma fórmula más de la cuenta. Sí, de vez en cuando consiguen aportar nuevas perspectivas, pero por lo general hay demasiados capítulos repetitivos y poco inspirados donde se reincide en algunos patrones demasiado: el conflicto con un ente alienígena desconocido que pone en peligro al Enterprise y se soluciona con palabrería tecno científica; la eminencia en negociaciones que tiene secretos que ponen en peligro las relaciones entre pueblos; la sociedad idílica que esconde algo; el bucle temporal que permite a los guionistas hacer cosas que en condiciones normales no se atreverían, pues al final harán un reset; el roce con los romulanos que no llevará a nada; etc.

Con todo, las virtudes obviamente se imponen en un conjunto con gran personalidad y que aguanta el paso del tiempo muy bien, pues Star Trek: La nueva generación sigue no sólo recordándose con agrado, sino ganando nuevos adeptos año tras año.

DESENCANTO – TEMPORADA 1, PARTE 2

Disenchantment
Netflix | 2019
Aventuras, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein, Claudia Katz.
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche, Tress MacNeille, Sharon Horgan.
Valoración:

Antes que nada, no entiendo eso de llamar parte 1 y parte 2 de la temporada a tandas de capítulos estrenadas con un año de diferencia. Supongo que serán temas legales, pero a los fans lo único que hace es confundirnos. Con Futurama pasó lo mismo, hubo un tiempo durante el cual nadie sabía cuántas temporadas había realmente y a cuál correspondían los episodios.

La presentación de Desencanto hizo honor a su título resultando un desencanto bastante importante. ¿Dónde estaba el Matt Groening y colaboradores que nos regalaron genialidades como Los Simpson y Futurama? Las aventuras de Bean en Utopía (o Dreamland) carecían totalmente de la inventiva e inteligencia de aquellas, resultando una parodia bastante simple de la fantasía medieval clásica sazonada con unos pocos líos paternofiliales tampoco muy elaborados. Si no fuera porque los personajes mantuvieron cierta simpatía y por el notable subidón en los tres capítulos finales apostaría a que casi nadie habría seguido viéndola… Pero esta segunda parte es otra prueba de fuego, porque arrastra los mismos problemas. Netflix no da resultados de audiencias, pero a tenor del escaso y tibio recibimiento que se lleva en las redes no le veo mucho futuro.

Con Utopía patas arriba, el complot descubierto, la reina y madre de Bean resultando ser muy distinta a la figura tan idolatrada que tenían, nos dejaron en un clímax de infarto. En el primer episodio, los nuevos pasos en el asunto y sus posibles secuelas prometen bastante. A Bean se le abren los ojos a una nueva cultura y un conflicto tanto político como personal que la sobrepasan. La cantidad de situaciones y giros que traen las dificultades que enfrenta garantizan una historia muy movidita e impredecible. El segundo capítulo, con el viaje al infierno, sigue sumando puntos añadiendo un humor más ingenioso y loco, prometiendo que la temporada irá por caminos más arriesgados y originales.

Pero esa inspiración inicial tanto en historias como en la cantidad y la calidad de los chistes desaparece en los siguientes, que vuelven al tono sencillo, cuando no simplón, de la primera etapa. Tiene amagos en que parece que se va a poner seria, jugando con sutilezas (los orígenes de Elfo), abordando temas más complejos (los conflictos entre los elfos y el rey), deslumbrando con otros lugares (los ogros, Vaporlandia)… pero se desarrollan sin pena ni gloria. La sátira es tontorrona y a veces resulta forzada (el feminismo a la cabeza), el ingenio brilla por su ausencia, todo son entuertos sencillos, parodia básica con chistes muy blandos, pues ni con un demonio cabroncete como se supone que es Luci ni con los choques de Elfo con la realidad tenemos gracias subidas de tono.

Lo mejor que se puede decir es que si te caen bien los personajes querrás seguir viendo sus aventuras, pues por poco excitantes que sean la mayor parte, estos tienen sus momentos en cada episodio y, sobre todo, hay una continuidad en la evolución de sus relaciones y sus personalidades. Y esto se extiende a la fauna creciente de secundarios: todos van aportando detalles al conjunto, de forma que se nota una planificación global o al menos una intención de ir avanzando hacia alguna parte.

Pero ahí también se queda corta, porque al final del año pasan por completo de casi todo lo que han ido sembrando y lo dejan para más adelante. El misterio con la caja de música y las marcas por el castillo parece ser crucial, le dedican un par de capítulos con mucho esmero en sembrar intriga… y luego no lleva a nada, sólo se retoma unos segundos en un giro final muy forzado y sin garra. La parte de Vaporlandia, la asombrosa ciudad steampunk, te deja esperando un colofón que dé la vuelta a todo… pero el episodio final en cambio se centra en cosas que a su lado parecen totalmente intrascendentes, sobre todo con la falta de empaque con que las narran. Los últimos problemas de Bean, Luci, Elfo y por extensión Utopía están lejos de mantenernos en vilo como supongo que pretendían, saben a distracción temporal que no se han trabajado con ganas, resultando un capítulo final aburrido y anticlimático.

La esperanza nunca se pierde, se suele decir, y Desencanto todavía mantiene la sensación de que tiene un mundo enorme por explorar, pero por ahora sigue apuntando a unos mínimos decepcionantes.

Ver también:
Temporada 1, parte 1 (2018)
-> Temporada 1, parte 2 (2019)