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THE KILLING – TEMPORADA 4 Y FINAL.

The Killing
Netflix | 2014
Productores ejecutivos: Veena Sud, Søren Sveistrup, Ingolf Gabold, Mikkel Bondesen, Piv Bernth.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Gregg Henry, Tyler Ross, Joan Allen, Jewel Staite,
Valoración:

La temporada anterior, a pesar de su solidez en conjunto, tuvo un cierre que no me convenció del todo por eso de salir de un giro de telefilme barato. La revelación de quién era el asesino de las niñas (el personaje recurrente menos probable, nada más y nada menos que el teniente Skinner) y su ejecución sólo se salvaban gracias a que el cómo viven la situación los dos excelentes protagonistas transmite más fuerza y verosimilitud de la que un desenlace tan forzado y facilón puede ofrecer. La pena es que la serie fue cancelada, por segunda vez además, dejando a nuestros dos queridos detectives en una posición muy peliaguda y al espectador con la decepción de no ver desarrolladas las consecuencias. Por suerte Netflix muy amablemente nos ha ofrecido una temporada corta (seis episodios) que se esmera en dar un final definitivo, y el resultado difícilmente podría ser mejor.

La esencia de la serie sigue intacta, y de hecho este año el equilibrio entre sus tres ingredientes principales es mucho más fluido y consistente. Está presente el sombrío thriller criminal con una investigación pausada pero metódica y realista que resulta enormemente intrigante. El drama humano que nace del crimen que da pie al caso de la temporada sigue siendo de primera calidad, con los personajes secundarios de turno sufriendo la tragedia y las consecuencias de los peores momentos de sus vidas. Y cómo no en primer plano tenemos el conflicto de dos protagonistas atormentados y depresivos, Sarah Linden y Stephen Holder, que luchan por salir adelante en su lastimera existecia.

La temporada empieza justo donde acaba la anterior, en el punto de inflexión que dejaba el destino de los detectives en el aire. Linden y Holder, siempre lidiando con sus demonios internos y con la maldad del mundo, han terminado sumergiéndose de lleno en el infierno con la ejecución de Skinner, amante de Sarah, teniente de policía y asesino en serie. Las consecuencias se notan en ambos en seguida, la presión de la ética humana y policial y el miedo a ser descubiertos se transforman en un estrés constante que los tiene a punto de derrumbarse. Dando tumbos sobreviven el día a día como pueden, y más ahora que están empezando otro caso de extrema violencia y gran carga sentimental: una familia aparentemente modelo ha sido cruelmente asesinada, y el principal sospechoso es el hijo superviviente. Los roles interpretados por Joan Allen (la directora del centro de internamiento) y Tyler Ross (el joven que se ve en el ojo de la tormenta) son tan sólidos y atractivos como cabe esperar, y en ningún momento pierden fuerza en detrimento de la pareja protagonista a pesar de que la narración se centra más que nunca en el viaje interno de Linden y Holder. Los demonios que arrastran, el drama familiar, los choques constantes contra sus limitaciones y errores, los detonantes sociales y laborales que modelan sus personalidades y la fascinante relación entre ambos han ofrecido de nuevo un drama intenso, cercano y realmente emocionante sumergido en un thriller hipnótico a la par que agobiante. Algunos grandes instantes se marcan en la memoria: la caída al abismo de Linden, que acaba apuntando con su arma a Holder, el hallazgo del coche de Skinner en la casa del lago, el recorrido inicial por la casa de la familia asesinada…

Por si fuera poco el tramo final enlaza y cierra toda trama, personaje y detalle de forma magistral. Los desenlaces de las etapas previas tuvieron todos algún desliz o parte más floja que produjo descontento en numerosos espectadores, pero aquí los guionistas han dado lo mejor de sí. Especialmente sorprendente y efectiva es la inesperada relación emocional de la resolución del caso con uno de los protagonistas, pero el inesperado giro con que acaba el asunto Skinner también te deja a cuadros. Además una vez cerradas las dos investigaciones se dedica un largo epílogo a mostrar la vuelta a la vida de Holder y Linden tras tanta miseria y problemas, con lo que el final de la serie, además de un cierre de gran nivel para las tramas resulta muy acertado también con los personajes. Y es ineludible citar el de nuevo fantástico trabajo interpretativo de Mireille Enos y Joel Kinnaman y la excelente labor de dirección (crucial a la hora de forjar la atmósfera tétrica tan característica).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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THE KILLING – TEMPORADA 3.

The Killing
AMC/FOX | 2013
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Peter Sarsgaard, Elias Koteas, Hugh Dillon, Amy Seimetz, Bex Taylor-Klaus, Julia Sarah Stone, Greg Henry.
Valoración:

Aunque el canal AMC había dado por terminada la serie, inesperadamente una colaboración con la Fox la ha resucitado para traer un nuevo caso que unirá a la pareja Linden-Holder en otra tortuosa investigación. Muchos espectadores descontentos con los altibajos de la trama política esperaban que se eliminara esa sección, y creen haberlo visto realizarse, a tenor de muchos comentarios, pero la realidad es bien distinta: las subtramas alrededor de víctimas y sospechosos siguen ahí, simplemente les habrán gustado más que los líos del candidato a alcalde; no se podía quitar eso, entonces ya no sería The Killing.

Como antes, la serie destaca por su sólida y atractiva pareja central y algún secundario bien trabajado. Linden y Holder siguen resultando fascinantes, tanto en la exposición de sus demonios internos como en la dinámica entre ambos, que tras tanto tiempo trabajando juntos ha forjado una química muy interesante. El otro gran rol del año es Ray Seward, el preso condenado a muerte. Su historia se inicia con desgana, como si los guionistas forzaran que apareciera en cada episodio, pero el personaje y la inmensa interpretación de Peter Sarsgaard levantan el interés considerablemente. Además, cuando se acerca su desenlace nos encontramos con los mejores momentos de la temporada: la inquietud y miedos del personaje se transmiten de maravilla, la agonía de Linden intentando lo imposible en los últimos minutos te quita el aliento y la proximidad de la ejecución te mantiene en vilo.

El caso avanza bastante bien, con las pistas falsas y los problemas habituales del trabajo (encontronazos con otros policías) y la vida (la frustración y obsesión de Linden con el caso). La intriga se mantiene constante, el ritmo es pausado pero intenso, la atmósfera sombría muy eficaz, los personajes avanzan muy bien… La pega es que de nuevo el énfasis en mostrar la vida de otros sospechosos y víctimas no siempre funciona. El paso en falso con el sacerdote que lleva la casa de acogida es muy eficaz y su desenlace resulta de altos vuelos, ofreciendo otro momento de tensión impresionante. Las historias de las vagabundas adolescentes dan demasiadas vueltas, con un rol interesante, Bullet, y uno que tiene demasiado protagonismo para lo poco que aporta, Lyric (la tontería con el novio y la casa nueva sobra por completo); la madre despreocupada está entre medio: le falta algo de empaque pero funciona sin problemas porque no consume tanto tiempo.

Hasta aquí todo se desarrolla con la calidad esperable. Sigue siendo The Killing, y gustará a quien gustó en las anteriores temporadas y no agradará a quien se atragantó con ella, pues recordemos que las críticas estaban muy polarizadas. Ciertamente resulta un año algo menos profundo, más ligero, pero engancha también muchísimo y los momentos menos logrados no empañan un conjunto de buen nivel. El problema, y es grave, es su desastroso final. Cuando llega la hora de mostrar al villano real el giro resulta tan ridículo y forzado, tan de telefilme malo, que echa por tierra todo el realismo anterior y el desenlace se convierte en un desmadre que para colmo termina de la forma más facilona posible. Deja una sensación bastante mala, pero al menos no emborrona el recuerdo satisfactorio del resto del año. Eso sí, hay que reñir a los guionistas por resolver tan mal el momento clave.

Por si fuera poco acaba de ser cancelada de nuevo. Una pena, porque se echará bastante de menos a Linden y Holder, quienes hacen interesante cualquier caso hasta en los momentos menos sustanciosos.

Actualización: Netflix resucitó la serie, estrenando una temporada más corta (seis episodios) en agosto de 2014.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

THE KILLING – TEMPORADA 2.

AMC | 2011
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Liam James, Evan Bird, Seth Isaac Johnson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Me ha sido imposible hablar de la temporada sin revelar el asesino y otras sorpresas finales.–

El primer año de The Killing tuvo algunos momentos cumbre impresionantes, pero también tenía bajones dignos de mención. Esta segunda temporada en cambio ha sido muy equilibrada, y si bien lo ha hecho con el listón a un par de peldaños por debajo de aquellos gloriosos primeros episodios, se agradece que la narración haya estado más centrada y decidida, que el caso no haya dado vueltas que podrían considerarse largas o forzadas. De hecho incluso la trama política da la sensación de encajar mucho mejor en el conjunto.

El caso avanza pausadamente pero siempre con una dirección bien clara. Cada episodio aporta un granito de arena, una prueba o pista que mantiene la expectación, que refuerza una u otra teoría. No hay largos caminos que no llevan a nada, como los callejones sin salida que hubo en la anterior sesión, donde alguno resultó un poco insatisfactorio. Y la resolución destaca por encajar las piezas al milímetro. Como es esperable podían haber ocurrido dos cosas: que los guionistas buscaran una vuelta de tuerca sorprendente, situación que podría irse de madre fácilmente y resultar poco creíble, o que tiraran por lo realista, lo que podría implicar perder algo de fuerza e impacto. Se han decantado por la segunda opción, y si bien opino que la escena final con el culpable es muy clásica, prefiero eso que forzar las cosas.

Como era inevitable, porque si no hubiéramos tenido una trama paralela en su mayor parte inservible, el culpable estaba entre los políticos. Que sea Jamie y no Gwen, o incluso el alcalde Adams, como venía diciendo no supone una gran revelación, ni en sorpresa ni en intensidad, pero los pasos hasta ese punto se dan con firmeza y además todo el jaleo con el casino, lugar crucial para llegar al desenlace, da muchos buenos momentos. No me gusta que en el último momento Jamie, un tipo muy serio, nos dé la típica escenita en que pierde los nervios y la lía parda (el suicidio por policía no podía ser más previsible), pero como digo el camino ha sido bien allanado, los personajes interesan y el típico momento en que no sabes quién ha disparado a quién está muy logrado.

Pero lo mejor viene después. Rápidamente se elimina la sensación de resolución estándar porque de repente se lanza hacia una sorpresa de mayor calado e impacto. La relación de Terry con la muerte de Rosie (ejecutora por ignorancia, o como queráis llamarlo) aporta la tragedia e intensidad que le falta a la caída de Jamie, ofreciendo un momento demoledor. Y también encaja muy bien en el relato, pues se puede intuir durante todo el año que ella guardaba remordimientos por alguna razón relacionada con el caso a través de la empresa de citas. Además añade una perla de realismo y oscuridad al desenlace: han cogido a los culpables… ¿pero quién es realmente el asesino? La vida puede dar muchas vueltas, las conspiraciones pueden acabar tan mal como un ataque de celos.

Sin embargo, en los últimos instantes olvidan todo este desarrollo de corte serio y realista obtenido a base de currarse un guión denso y sólido y de repente se marcan un epílogo de lo más facilón, sensiblero y por extensión manipulador, con el video de Rosie feliz que ve la familia toda juntita. ¡No me estropees el final con semejante memez! La salida de tono es horrible.

La pareja de detectives ha ganado en interés, y éste tenía el listón alto. Su relación se ha reforzado, y cuando se pone a prueba la fidelidad y amistad ofrece grandes instantes. Linden tras Holder cuando está desaparecido en el casino, éste dejándole su casa, el apoyo constante en el tramo final cuando están desamparados y perseguidos hasta por sus compañeros… La dinámica entre los dos, sus problemas personales, sus secretos que poco a poco salen a la luz, etc. forman unos protagonistas muy jugosos. Y tenemos un momento cumbre bestial, desgarrador, cuando Linden es internada a la fuerza en el psiquiatra. Por mucho que fuera evidente que saldría de ahí, hacía tiempo que no sufría tanto por el destino de un personaje, y el momento en que la psiquiatra está a punto de llegar a ella, al origen de todas sus penurias, pero se le escapa en el último momento, es brutal.

La familia Larsen mantiene un tono de drama muy correcto, muy bien desarrollado a pesar de estar ya algo alejado del caso (aunque siempre hay momentos en que se acercan de nuevo). Los problemas para criar a los hijos, el apoyo de Terry, las excelentes historias sobre cómo salir adelante tras una tragedia, las ideas sobre el perdón, la fe en uno mismo, etc., siempre han sido un excelente complemento al thriller, otorgándole un rango más amplio de lo habitual, consiguiendo gran realismo al mostrar la parte de las consecuencias de los crímenes sobre los ciudadanos. Lo único malo en esta temporada viene sin embargo de esta sección: la búsqueda espiritual de Mitch se hace pesada y no aporta mucho, ni al personaje ni a la trama global. Sin duda no sabían qué hacer con este rol.

De nuevo el reparto tiene actores que dan lo mejor de sí. Michelle Forbes esta vez queda un poco en segundo plano, pero eso implica que Jamie Anne Allman (su hermana Terry) gana protagonismo, y no lo desaprovecha, pues se marca un gran papel al lado de otra interpretación enorme, la de Brent Sexton. Y Mireille Enos y Joel Kinnaman como los detectives están de nuevos muy bien sumergidos en sus personajes.

Este segundo año de The Killing como thriller es modélico, más aún si tenemos en cuenta que no es nada fácil mantener el nivel alto durante trece episodios sin meter relleno. Como drama es muy intenso, describiendo personajes creíbles y atractivos que casi siempre tienen algo que aportar al conjunto. La puesta en escena sombría que aprovecha el oscuro y húmedo Seattle le da un toque personal no especialmente original pero muy eficaz. Se cierra un ciclo (el caso Rosie ha terminado, si siguen con la serie habrá uno nuevo) ofreciendo una temporada intensa, muy bien medida, con personajes que enganchan y una historia que atrapa aún más. Las quejas de que no es una obra maestra y por ello la serie es una gran decepción, que el primer año las hubo incomprensiblemente a patadas, aquí vuelven a repetirse, y sigo sin entenderlas. No todo puede ser una genialidad revolucionaria. Una historia bien contada tiene su valor también.

Edito (11-08-12): AMC ha decidido poner fin a la serie, supongo yo que pensando que no era un éxito, tenía críticas dispares y empezar un caso nuevo era muy arriesgado.

Edito (16-01-13): Inesperadamente, la cadena ha cambiado de opinión y ha confirmado una tercera temporada.

Ver también:
Temporada 1.

THE KILLING – TEMPORADA 1.

AMC | 2011
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Annie Corley, Brando Jay McLaren.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la historia y el final a fondo.–

La truculenta muerte de una joven llamada Rosie Larsen sacude la oscura y lluviosa Seattle, y la detective Sarah Linden se vuelca en el caso con su nuevo compañero Stephen Holder más de lo debido, tanto que deja de lado su mudanza con su nuevo novio y descuida la crianza de su hijo adolescente. Las primeras pistas apuntan a la campaña política de Darren Richmond para la alcaldía, pero también ponen en el punto de mira a un profesor árabe, Bennet Ahmed. Mientras, la familia Larsen debe lidiar con el terrible dolor que supone perder un hijo.

Como comenté en mis primeras impresiones, el inicio es memorable gracias a una puesta en escena subyugante, con una atmósfera tenebrosa y trágica, y por la seriedad de la propuesta y el exquisito desarrollo de la misma, que atrapa aunque no ofrezca un derroche de originalidad. Los dos episodios de presentación suponen un golpe tremendo en el espectador, tanto que la crítica la aclamó precipitadamente como la serie del año. Pero entrando ya en la temporada se hace evidente que mantener un caso durante trece episodios es complicado, y más si cada capítulo abarca un día de investigación. El primer fallo importante, el que antes se ve, es que la trama de la candidatura a alcalde queda muy desligada del resto. Sí, de vez en cuando se cruzan protagonistas, pero no es de recibo que si la serie va sobre el crimen se pierda el tiempo con los problemas de la agenda del político, con las disputas triviales y las jugadas sucias contra el actual alcalde. De los protagonistas de esta parte sólo se salva Richmond, y eso gracias al carisma de Billy Campbell, porque sus ayudantes en la campaña en muchos momentos resultan repelentes. Además, el simple hecho de que aparezca este grupo de personajes ya garantiza que alguno debe ser culpable por narices… y claro, cuando tras las primeras pistas que apuntaban hacia ellos cambiamos de sospechoso y nos vamos tras el profesor, la sensación de que están descolgados del hilo principal es mayor.

Al contrario que esta insípida parte política la sección del citado tutor está muy bien tratada, pues encaja de maravilla en las líneas narrativas principales y además da para historias impactantes y de gran calado. Se trabaja muy bien el cómo puede afectar a la vida de un ciudadano el ser considerado sospechoso, pues en esas circunstancias la gente tiende a asumir que eres culpable y tu vida como la conocías probablemente nunca vuelva a ser la misma. Y esto llega a un extremo algo previsible pero no por ello menos emocionante cuando el padre de la fallecida opta por tomarse la justicia por su mano. Sin embargo, esta línea también acrecienta esa sensación de que se marea la perdiz para postergar la resolución del caso, sobre todo cuando, tras la paliza, el profesor se queda en coma hasta ser olvidado por completo.

Otro aspecto tratado con esmero y realismo son los problemas familiares propios de una tragedia de tal calibre. Michelle Forbes y Brent Sexton como los progenitores de la chica muerta se marcan unos papelones de infarto. De ella me lo esperaba, pues en toda serie donde la he visto llena la pantalla, pero él siempre ha sido un secundario poco aprovechado, aunque por suerte aquí ha tenido la oportunidad de lucirse. Pero no sólo la familia de Rosie vive con pena, pues la pareja de detectives protagonistas arrastra sus propios fantasmas. Y lo mejor, nada se da mascadito, lo que no se va mostrando poco a poco en dosis muy bien medidas (los problemas de las drogas de Holder) se debe intuir por pistas y sutilezas. Poco a poco reunimos información hasta comprender que Sarah tuvo un caso similar con el que se encabezonó, o que Holder tiene problemas con su familia (a la que no llegamos a ver nunca). Así, los personajes, bien definidos e interesantes desde el principio, van ganando capas con el tiempo, adquiriendo mayor dimensión. Mireille Enos y Joel Kinnaman también están espléndidos en sus roles, aunque en un peldaño inferior a los anteriormente citados.

Es obvio que hay altibajos, episodios un poco más dispersos y menos impactantes que otros, tramos alargados o incluso algo faltos de credibilidad (¿cuántos vuelos va a perder Sarah?), así como muchas jugadas del despiste que pueden funcionar mejor o peor, pero dadas las características de la serie hubiera sido casi increíble que mantuviera un nivel perfecto en todos los capítulos. ¿Cómo van a estar soltando pistas válidas y giros impresionantes en una sola dirección durante toda la temporada sin llegar a resolver el caso justo hasta el último momento? No, tiene que haber pasos en falso y pistas hacia callejones sin salida, tanto para hacer tiempo como porque es otro aspecto realista de las investigaciones policiales, y tiene que haber tiempo destinado a los personajes (muy bueno resulta el episodio que se centra exclusivamente en la pareja de detectives). La serie tiene innumerables virtudes que hacen de ella una propuesta prácticamente imprescindible para los aficionados a las producciones de primera calidad. La fuerza cautivadora del inicio no ha desaparecido, simplemente fue el momento álgido de la temporada (y visto lo visto, la gente no sabe disfrutar de una que no tenga el momento cumbre en su parte final). Es una temporada con deslices pero en general de gran nivel, capaz de atrapar de forma impresionante gracias a su impecable y sombría puesta en escena, su ritmo pausado pero siempre expectante y sus personajes melancólicos envueltos en un drama muy humano y realista.

Finalmente llegamos al desenlace, que necesita un comentario especial. Como es lógico, nuevas pistas y otras antiguas replanteadas llevan a nuevas revelaciones. Alguno de los personajes presentados a lo largo del año debe ser culpable. Y como decía, por narices debe estar relacionado con la campaña política. Todo encaja más o menos bien (el tema del casino es muy precipitado, pero funciona) y además se añaden sorpresas interesantes, como el tiroteo final o la clara posibilidad de que en realidad el caso haya sido una trama para hundir la carrera del político. Sin embargo, pese a que resulta un fin de temporada más que bueno la que se ha armado no se veía desde Perdidos, aunque en un grado menor, pues la fama de la serie es menor. La crítica (en Estados Unidos, obviamente) se ha tirado de los pelos, ha puesto a parir el tramo final y han sonado repetidas veces las palabras traición y desastre. Y yo no lo veo. El cierre es coherente con la serie, más o menos bueno pero no una cagada ni una salida de tono equivocada. De hecho, el dejar sorpresas y cabos sueltos le da más interés, tanto a esta temporada como a la próxima. El tema de a qué juega Holder y para quién, asunto sobre el que se han soltado pistas sutiles (tanto que hasta el último momento no las vi) es el aspecto más atractivo y garantiza que, aunque haya un caso nuevo, no será un reset total, pues habrá cosas todavía coleando. Sin duda con el inicio de la serie las expectativas se pusieron por las nubes, pero maldita sea, una vez se entró en la dinámica estándar de los capítulos se vio que no era la producción más rompedora y excelente de la historia. No, este no ha sido un engaño como el de Perdidos, se ha mantenido en la línea y estilo elegidos para la historia, no me parece coherente tirar piedras contra un desenlace correcto si se ha disfrutado el resto. Y sobre todo, no me parece coherente imaginarte una serie en tu cabeza y cuando ves otra cosa criticarla por fallar a tu imaginación olvidando todas sus buenas cualidades.

THE KILLING – PRIMERAS IMPRESIONES.

Una detective de Seattle se enfrenta a un último caso antes de trasladarse con su hijo y su nuevo novio, pero será un caso difícil: el truculento asesinato de una joven donde las primeras pistas apuntan a un conocido político. Con un nuevo compañero se enfrenta pues a una investigación sórdida, oscura y que causa bastante impacto mediático.

Dije en el comentario de Downton Abbey que no importa si el género está gastado hasta casi provocar rechazo mientras sea abordado con profesionalidad e inteligencia. Si aquélla funcionó de maravilla en el muy sobado drama británico de época, The Killing (que además es un remake de una serie danesa) ha causado el mismo efecto en el policiaco y en el de misterio. La comparan hasta con Twin Peaks, en cierta manera madre de ambos géneros y de la propia televisión moderna en sí misma, pero aunque desde fuera parece lo mismo de siempre al introducirnos en ella nos encontramos con una producción modélica capaz de dejarte sin aliento en algunos tramos.

Después de diez años viviendo día a día con el estilo detectivesco del presente, el iniciado por CSI y explotado por mil clones que van de lo correcto (NCIS) a lo absurdo (bobadas como Numbers o Miénteme son intragables), con los sentimientos adormecidos por estos entretenimientos facilones que eluden el drama contundente, quién me iba a decir que la típica muerte de un personaje desconocido me iba a impactar tanto. En The Killing, con su atmósfera grisácea y deprimente y sus personajes tan humanos inmersos en la tragedia, el hallazgo de la víctima, que lleva como una hora de metraje lento, subyugante y perturbador, resulta un trago difícil de pasar. El papelón de Michelle Forbes (otro más que apuntar tras Battlestar Galactica e In Treatment) como la madre de la fallecida te agarra el corazón y te lo estruja de forma impresionante. Pero más duro es cuando el padre llega a la zona acordonada… Pocas veces en la televisión reciente lo he pasado tan jodidamente mal.

En la presentación, un fantástico episodio doble, se nos dan los retazos justos de los personajes para saber cómo es cada uno, saliendo unos mejores parados que otros: el político queda descolgado y resulta un poco aburrido, la familia que vive la tragedia está muy bien descrita, y la protagonista (Mireille Enos, vista en Big Love) interesa bastante mientras que su nuevo compañero queda algo desdibujado. El caso apenas pasa del hallazgo del cuerpo y las primeras pistas, terminando en la localización del lugar del asesinato, que dará para nuevas indagaciones. Así pues casi nada hemos visto en este inicio… casi nada en cuanto a trama, porque los sentimientos fluyen y la narración atrapa de principio a fin. Promete ser una historia lenta, clásica e inteligente de lo más apasionante.

Poquísimas producciones policíacas han brillado estos últimos años, y lo lograron por resultar rompedoras con todo modelo anterior: The Shield y The Wire. Pero en una misma temporada hemos tenido la suerte de encontrarnos con dos potenciales maravillas que optan por estilos más clásicos: The Chicago Code en la acción y The Killing en el drama. Bienvenidas sean.