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TRANSPARENT – TEMPORADA 3.


Amazon Video | 2016
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Jill Soloway.
Intérpretes: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Judith Light, Cherry Jones, Kathryn Hahn, Alex MacNicoll, Anjelica Huston, Richard Masur, Trace Lysette, Alexandra Billings.
Valoración:

Lo señalé como un problema menor pero latente en su primera temporada, y lo cierto es que fue creciendo en la segunda. En este tercer año es ya bastante grave y diluye el potencial y atractivo de la serie considerablemente. Hablo de la sensación de que sólo nos narran anécdotas sin un hilo conductor claro. Cuesta sacar conclusiones de las aventuras de la familia Pfefferman, ni siquiera se vislumbra una coherencia global en la evolución de los protagonistas.

Los tres capítulos iniciales son buenos y disimulan este punto oscuro. Mantienen la expectación con la crisis inicial de Maura, que quiere ayudar a alguien que está en su posición. Cobra gran protagonismo la rabino Raquel, con una situación personal también atractiva. Y destaca sobre todo la fantástica cena familiar, que recupera momentáneamente la alta calidad de la que hacía gala la serie en su primer año, mostrando con gran inteligencia y sutileza aspectos de las relaciones humanas y los sentimientos. Pero de ahí en adelante decae mucho, pareciendo un relato cada vez más perdido, como si los escritores hubieran agotado el material y tuvieran que improvisar con prisas. Y falta inspiración, no se ven el detallismo y profundidad esperables, con lo que cada capítulo se va haciendo más pesado e insustancial hasta llegar a un desenlace que bordea el suspenso.

Como buen drama sobre familias disfuncionales, cada miembro arrastra sus penas y choca contra sus limitaciones. Pero conocemos ya muy bien las de cada personaje, y esta nueva etapa no ofrece nada tangible. Está claro que Maura no se siente realizada como mujer por el lastre de su cuerpo de hombre, pero eso está expuesto desde el primer capítulo. Como ella misma dice, he salido del armario, mi familia me quiere a pesar de ello, tengo pareja y cierta estabilidad en general en la vida, y estoy triste no sé por qué. Nosotros tampoco, y su viaje no lleva a ningún desenlace o giro que abra un nuevo camino ante sus pies. Luego le niegan la posibilidad de operarse para hacer la transición, por el riesgo de su edad y débil corazón, y cabe pensar que eso sí es un motivo para que su vida se venga abajo… pero resulta que no, que la depresión ha desaparecido y esto no la afecta y sigue como si nada. Sin la transición adecuada, estos eventos supuestamente importantes quedan como resúmenes inconexos.

Sarah está atascada en el sadomaso y la religión. Es como si nos dijeran que no tiene una meta clara en su vida… pero parece que es el guionista el que no la tiene. Josh… ya sabemos los problemas que tiene con las relaciones, y aquí se reincide vagamente en ello sin buscar nuevas perspectivas o avanzar, y todo ello a pesar de tener casi dos episodios enteros dedicados a su depresión. Con Ali sabemos de sobras que busca algo que la haga sentirse realizada, y prueba trabajos, estudios y relaciones sin mucha suerte. Tampoco se añade nada nuevo a su experiencia, todos los capítulos reinciden en si ama a la novia o no, esa profesora mayor que ella por la que siente admiración. Shelly lleva tres años sin despegar a pesar del tiempo que ocupa. Ni siquiera queda claro qué tratan de narrar con ella. La madre que se siente sola porque los hijos ya son independientes es lo único que da de sí, y se sostiene sólo por su simpatía.

Es una pena este estancamiento que va camino del naufragio, porque el cariño cogido a los personajes cuando los conocimos en la primera temporada se mantiene, sigues queriendo ver cómo salen de la oscuridad, cómo remontan sus vidas. Los actores, todos muy implicados en sus roles, son cruciales para mantener esta conexión con un guion tan débil, y por ello la temporada se salva. Pero se hace larga y hueca, algo difícilmente perdonable dada su corta longitud, y con la falta de rumbo me ha quitado las ganas de seguir.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

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TRANSPARENT – TEMPORADA 2.

Amazon Video | 2015
Drama, comedia | 10 cap. de 30 min.
Productores ejecutivos: Jill Soloway.
Intérpretes: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Melora Hardin, Judith Light, Carrie Brownstein, Alexandra Billings, Cherry Jones, Kathryn Hahn.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay detalles que se podrían considerar spoilers, pero no muy grandes.–

La segunda temporada de la agitada vida de los Pfefferman sigue explorando sin miedo ni tapujos los recovecos de las relaciones y la sexualidad humanas en aspectos poco o nada tratados en otras obras, es decir, abarca un rango de diversidad sexual que sigue siendo tabú para mucha gente y por tanto pocos autores se atreven a retratar.

Maura continua lidiando con su tardía salida del armario, y nos adentramos más en sus miedos y esperanzas. ¿Debe operarse, tomar hormonas? ¿Quién querrá mantener una relación amorosa con ella teniendo pene y el físico de un anciano? ¿Hasta qué punto se respeta su forma de ser si incluso en una comuna lesbiana es mirada mal por haber nacido como hombre? Amy empieza con un gran bache, pues en el último momento duda de si la boda es un paso que está preparada para dar. A partir de ahí va dando tumbos, buscando su camino en el mundo. Y no nos olvidamos de la perspectiva de Tammy, que sufre las consecuencias.

Ali continua en otra búsqueda, la de su identidad personal y sexual; ve en una profesora mayor un ejemplo que seguir y acaba encaprichada de ella. Josh y su relación con la predicadora sufre traspiés colosales por su incapacidad para entender los sentimientos propios y ajenos, y por no saber agarrar su vida con determinación. Los secundarios encantadores, como Shelly, Davina o Syd, siguen formando parte crucial de estas vidas, y se suman otros, como el cordial y sereno reverendo Buzz.

Tenemos un sinfín de situaciones alocadas y giros dramáticos, otras tantas escenas ofrecen un hermoso canto a la vida y la diversidad, y también hay mucha sutileza, pues un suspiro o mirada puede definir lo que piensa alguien. Todo esto va llevando a los protagonistas a orbitar la tragedia, aunque sea en el tono ligero y con ironía propio de una buena dramedia, y desde ahí aprenderán algo de sí mismos tarde o temprano. En el caso de Amy y Josh parece ser más bien tarde. Este año ella no termina de llegar a un punto de inflexión claro, manteniendo su trayectoria bastante abierta. Y él va en el sentido contrario a los demás, es decir, sin levantar cabeza: acumula incomprensión y rabia hasta que explota en aquel genial viaje con la furgoneta nueva. Entre las mejores historias destacaría: la caótica boda, el posterior cabreo de Tammy irrumpiendo en la fiesta en la piscina, Raquel viendo que Josh no es para él, la citada compra y viaje en furgoneta, la emotiva reunión final de los hermanos bañándose en la piscina, el campamento de lesbianas y todo lo que ocurre en él…

Pero la temporada baja un poco el nivel respecto a la anterior, de hecho los capítulos intermedios llegan a ser un tanto descentrados y terminan aburriendo un poco a pesar de su corta duración y la simpatía de los personajes. Primero, porque acusa un fallo que ya se veía en esa etapa: la historia avanza en pequeñas dosis, pareciendo a veces un resumen, no dejando que los acontecimientos calen del todo en el espectador antes de saltar al próximo giro importante en estas vidas. En otras palabras, falta fluidez, naturalidad, en el desarrollo del día a día. Esta arritmia se agrava con los flashbacks a los años treinta en Alemania, que inicialmente resultan confusos, luego cargantes, y al final vemos que no sirve para nada relevante, que esta historia no aporta enjundia a los protagonistas. Así, vuelve a dar la impresión de que o diez capítulos son pocos o se corre demasiado, desaprovechando la fuerza innata de los protagonistas y diluyendo un poco el potencial de las historias que viven.

Ver también:
Temporada 1.

TRANSPARENT – TEMPORADA 1.

Transparent
Amazon Video | 2014
Productores ejecutivos: Jill Soloway.
Intérpretes: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Melora Hardin, Judith Light, Carrie Brownstein, Rob Huebel, Alexandra Billings.
Valoración:

Un anciano con tres hijos e incluso algún nieto se arma de valor para por fin salir del armario como transexual, esto es, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. La bomba cae bastante bien porque es una familia muy abierta, pero no está exenta de conflictos, y además de cara al resto del mundo siguen viéndose los muchos prejuicios de la gente.

Aunque tienen unas pocas producciones en marcha, Transparent es la presentación de Amazon Studios en el mundo de las series, y el resultado ha sido un éxito rotundo. Aparte de la gran calidad de la propuesta, esta ha calado entre el público y la crítica, alzándose con numerosos premios, incluido el Globo de Oro a mejor serie y mejor actor principal. Es creación de Jill Solloway, quien se dio a conocer como colaboradora en A dos metros bajo tierra y ha pasado por otras obras populares, como United States of Tara, y además dirige casi todos los episodios de esta corta primera temporada. Parece ser que se inspira en su propia experiencia con su padre, que como el protagonista no fue hasta su jubilación cuando se vio con fuerzas para enfrentarse a esta difícil situación.

Una forma directa de definir la serie es con el ya reconocido apelativo de “dramedia”, es decir, un drama con un tono distendido y con no pocos momentos de humor. También es conocido el término de “familia disfuncional”, donde A dos metros bajo tierra es la cumbre del género: aquí todos son raros o están locos a su manera, y la unión de todos los personajes asegura una tragicomedia alocada.

El alabado Jeffrey Tambor era Mort, quien ahora desea ser reconocido como quien siempre se ha sentido: Maura. Tantas loas al actor me hicieron pensar en que sería protagonista absoluto, pero lo cierto es que es uno más en un reparto muy coral, de hecho los hijos me parecen más protagonistas que él. Y además su interpretación no es tan remarcable como venden, ni siquiera me parece destacar en un reparto al completo fantástico. Pero ya se sabe que los Globos son como los Oscar, tienen predilección por transformaciones físicas. Mort fue un padre muy abierto pero también algo distante, en gran parte por su condición; sólo mimó a la hija pequeña, que siempre ha ido a remolque de los demás. La esposa, de la que se divorció hace tiempo, tiene una pareja que está en las últimas; la relación con ella es de respeto mutuo: hace mucho que conocía el gran secreto.

La hija mayor es Sarah, en manos de una para mí desconocida Amy Landecker, pero quien tiene en su haber infinidad de producciones televisivas. Su experiencia se nota, es una actriz muy completa que no desaprovecha un personaje muy jugoso. Sarah inicia su viaje en un matrimonio estancado en la rutina, pero la cosa podría cambiar cuando se reencuentra con su exnovia de su época de lesbiana en la universidad. Su visión de la vida, donde sigue adelante con entereza y la cabeza alta ante cualquier adversidad, es contagiosa. Y sinceramente, si nominan a Tambor como actor principal, Landecker debería haber ido como actriz. El marido no me gustó como personaje al principio, parecía un complemento para lanzar su historia, un cliché hueco, pero más adelante cobra vida muy bien. La amante lesbiana es más completa: Melora Hardin (The Office) hace suyo otro protagonista con arrolladora personalidad.

El hijo mediano, Josh, es quien arrastra un poso más oscuro. Sus relaciones con jovencitas acaban todas mal y muestran algún trauma de desapego emocional. Poco a poco vamos conociendo posibles causas y sus intentos por salir adelante, y la relación con la predicadora es muy interesante. Jay Duplass se dio a conocer en The Mindy Project como actor y en Togetherness como guionista.

También llena de conflicto está la más joven, Ali, quien no encuentra un camino que seguir en la vida y cada dos por tres cambia de tendencia, pero siempre a costa de pedir dinero a papá. Aunque dicho así no parezca ofrecer mucho, su recorrido emocional es muy completo, con tramos fascinantes. A Gaby Hoffmann la conocí en Girls en un papel semejante, pero su carrera es bastante larga. Cabe destacar también a su amiga Syd, primero porque es un encanto, segundo porque la intérprete Carrie Brownstein es una persona digna de admiración: guionista (Portlandia), actriz, compositora y cantante con varias bandas de rock feminista de gran nivel, destacando Sleater-Kinney. Y quizá por ser una famosa bisexual y activista de derechos de las mujeres acabó siendo invitada.

Y por supuesto todos los personajes sirven para hablar de las distintas formas de entender la sexualidad, el amor y las relaciones en una producción que va incluso más allá que la valiente Orange is the New Black a la hora de tratar la sexualidad humana. Maura obviamente toca la transexualidad, el tema más tabú para la sociedad, que muy pocas veces se ha tratado en cine o televisión. Sarah representa la bisexualidad. Josh la confusión entre sexo y amor, la necesidad de afecto aunque no sepa entenderlo bien. Ali da para jugar con los clichés sobre que ser una marimacho te convierte en lesbiana. Tammy es la lesbiana con familia (esposa, hijos).

En ocasiones da la impresión de que se intenta abarcar demasiado en poco tiempo (luego hablo del ritmo), de que la familia atrae demasiados casos de sexualidad fuera de lo denominado como común, pero claro, entonces no habría serie, o no sería tan completa. Además nada se describe con estereotipos y la cercanía y naturalidad que transmite el grupo es fantástica. Cada personaje parece real, tiene sus virtudes, miedos, incongruencias y meteduras de pata. Les coges apego desde los primeros instantes, la familia se ve y siente como otra cualquiera, con sus vicios, excentricidades y problemas. Bueno, como otra cualquiera no: los conservadores y reaccionarios siempre van aparte, en su particular mundo inmovilista donde todos son clones y nadie piensa y actúa diferente. La guionista no es dura con ellos, pero no se olvida de que esta familia moderna y abierta vive en un mundo lleno de imbéciles.

Tenemos tamibén una notable puesta en escena, donde Solloway marca el tono con una cámara en mano muy hábil que realza el tono cercano del relato y aprovecha muy bien el formato semicinematográfico (2.00:1). El único problema, y no es grave, es que su ritmo es bastante precipitado y da la sensación de que impide que los eventos calen con plenitud en el espectador. Es decir, parece que corre demasiado, saltando entre situaciones y repercusiones sin explorar todos sus matices. Diez episodios de treinta minutos no me parece un metraje adecuado para una obra coral y con tantas historias; incluso trece capítulos podrían haber sido pocos. La temporada se engulle con adicción, emociona y deja buenas sensaciones, pero, al menos en mi caso, pensé que me había perdido mucho, que no se ahondó lo suficiente en muchas situaciones antes de pasar a otras. Por suerte, no llega al punto de afectar a sus excelsos personajes, es más cuestión de que no da tiempo a asimilar bien tanta información, de que parece tirar más hacia el resumen que hacia la exposición calmada. Eso sí, esto garantiza que puedes verla varias veces sin acusar desgaste.