THE KILLING – TEMPORADA 1.

AMC | 2011
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Annie Corley, Brando Jay McLaren.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la historia y el final a fondo.–

La truculenta muerte de una joven llamada Rosie Larsen sacude la oscura y lluviosa Seattle, y la detective Sarah Linden se vuelca en el caso con su nuevo compañero Stephen Holder más de lo debido, tanto que deja de lado su mudanza con su nuevo novio y descuida la crianza de su hijo adolescente. Las primeras pistas apuntan a la campaña política de Darren Richmond para la alcaldía, pero también ponen en el punto de mira a un profesor árabe, Bennet Ahmed. Mientras, la familia Larsen debe lidiar con el terrible dolor que supone perder un hijo.

Como comenté en mis primeras impresiones, el inicio es memorable gracias a una puesta en escena subyugante, con una atmósfera tenebrosa y trágica, y por la seriedad de la propuesta y el exquisito desarrollo de la misma, que atrapa aunque no ofrezca un derroche de originalidad. Los dos episodios de presentación suponen un golpe tremendo en el espectador, tanto que la crítica la aclamó precipitadamente como la serie del año. Pero entrando ya en la temporada se hace evidente que mantener un caso durante trece episodios es complicado, y más si cada capítulo abarca un día de investigación. El primer fallo importante, el que antes se ve, es que la trama de la candidatura a alcalde queda muy desligada del resto. Sí, de vez en cuando se cruzan protagonistas, pero no es de recibo que si la serie va sobre el crimen se pierda el tiempo con los problemas de la agenda del político, con las disputas triviales y las jugadas sucias contra el actual alcalde. De los protagonistas de esta parte sólo se salva Richmond, y eso gracias al carisma de Billy Campbell, porque sus ayudantes en la campaña en muchos momentos resultan repelentes. Además, el simple hecho de que aparezca este grupo de personajes ya garantiza que alguno debe ser culpable por narices… y claro, cuando tras las primeras pistas que apuntaban hacia ellos cambiamos de sospechoso y nos vamos tras el profesor, la sensación de que están descolgados del hilo principal es mayor.

Al contrario que esta insípida parte política la sección del citado tutor está muy bien tratada, pues encaja de maravilla en las líneas narrativas principales y además da para historias impactantes y de gran calado. Se trabaja muy bien el cómo puede afectar a la vida de un ciudadano el ser considerado sospechoso, pues en esas circunstancias la gente tiende a asumir que eres culpable y tu vida como la conocías probablemente nunca vuelva a ser la misma. Y esto llega a un extremo algo previsible pero no por ello menos emocionante cuando el padre de la fallecida opta por tomarse la justicia por su mano. Sin embargo, esta línea también acrecienta esa sensación de que se marea la perdiz para postergar la resolución del caso, sobre todo cuando, tras la paliza, el profesor se queda en coma hasta ser olvidado por completo.

Otro aspecto tratado con esmero y realismo son los problemas familiares propios de una tragedia de tal calibre. Michelle Forbes y Brent Sexton como los progenitores de la chica muerta se marcan unos papelones de infarto. De ella me lo esperaba, pues en toda serie donde la he visto llena la pantalla, pero él siempre ha sido un secundario poco aprovechado, aunque por suerte aquí ha tenido la oportunidad de lucirse. Pero no sólo la familia de Rosie vive con pena, pues la pareja de detectives protagonistas arrastra sus propios fantasmas. Y lo mejor, nada se da mascadito, lo que no se va mostrando poco a poco en dosis muy bien medidas (los problemas de las drogas de Holder) se debe intuir por pistas y sutilezas. Poco a poco reunimos información hasta comprender que Sarah tuvo un caso similar con el que se encabezonó, o que Holder tiene problemas con su familia (a la que no llegamos a ver nunca). Así, los personajes, bien definidos e interesantes desde el principio, van ganando capas con el tiempo, adquiriendo mayor dimensión. Mireille Enos y Joel Kinnaman también están espléndidos en sus roles, aunque en un peldaño inferior a los anteriormente citados.

Es obvio que hay altibajos, episodios un poco más dispersos y menos impactantes que otros, tramos alargados o incluso algo faltos de credibilidad (¿cuántos vuelos va a perder Sarah?), así como muchas jugadas del despiste que pueden funcionar mejor o peor, pero dadas las características de la serie hubiera sido casi increíble que mantuviera un nivel perfecto en todos los capítulos. ¿Cómo van a estar soltando pistas válidas y giros impresionantes en una sola dirección durante toda la temporada sin llegar a resolver el caso justo hasta el último momento? No, tiene que haber pasos en falso y pistas hacia callejones sin salida, tanto para hacer tiempo como porque es otro aspecto realista de las investigaciones policiales, y tiene que haber tiempo destinado a los personajes (muy bueno resulta el episodio que se centra exclusivamente en la pareja de detectives). La serie tiene innumerables virtudes que hacen de ella una propuesta prácticamente imprescindible para los aficionados a las producciones de primera calidad. La fuerza cautivadora del inicio no ha desaparecido, simplemente fue el momento álgido de la temporada (y visto lo visto, la gente no sabe disfrutar de una que no tenga el momento cumbre en su parte final). Es una temporada con deslices pero en general de gran nivel, capaz de atrapar de forma impresionante gracias a su impecable y sombría puesta en escena, su ritmo pausado pero siempre expectante y sus personajes melancólicos envueltos en un drama muy humano y realista.

Finalmente llegamos al desenlace, que necesita un comentario especial. Como es lógico, nuevas pistas y otras antiguas replanteadas llevan a nuevas revelaciones. Alguno de los personajes presentados a lo largo del año debe ser culpable. Y como decía, por narices debe estar relacionado con la campaña política. Todo encaja más o menos bien (el tema del casino es muy precipitado, pero funciona) y además se añaden sorpresas interesantes, como el tiroteo final o la clara posibilidad de que en realidad el caso haya sido una trama para hundir la carrera del político. Sin embargo, pese a que resulta un fin de temporada más que bueno la que se ha armado no se veía desde Perdidos, aunque en un grado menor, pues la fama de la serie es menor. La crítica (en Estados Unidos, obviamente) se ha tirado de los pelos, ha puesto a parir el tramo final y han sonado repetidas veces las palabras traición y desastre. Y yo no lo veo. El cierre es coherente con la serie, más o menos bueno pero no una cagada ni una salida de tono equivocada. De hecho, el dejar sorpresas y cabos sueltos le da más interés, tanto a esta temporada como a la próxima. El tema de a qué juega Holder y para quién, asunto sobre el que se han soltado pistas sutiles (tanto que hasta el último momento no las vi) es el aspecto más atractivo y garantiza que, aunque haya un caso nuevo, no será un reset total, pues habrá cosas todavía coleando. Sin duda con el inicio de la serie las expectativas se pusieron por las nubes, pero maldita sea, una vez se entró en la dinámica estándar de los capítulos se vio que no era la producción más rompedora y excelente de la historia. No, este no ha sido un engaño como el de Perdidos, se ha mantenido en la línea y estilo elegidos para la historia, no me parece coherente tirar piedras contra un desenlace correcto si se ha disfrutado el resto. Y sobre todo, no me parece coherente imaginarte una serie en tu cabeza y cuando ves otra cosa criticarla por fallar a tu imaginación olvidando todas sus buenas cualidades.

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