DOLLHOUSE – TEMPORADA 2.

FOX | 2009-2010
Productores ejecutivos: Joss Whedon, Tim Minear, David Solomon.
Intérpretes: Eliza Dushku, Harry Lenix, Fran Kranz, Tahmoh Penikett, Enver Gjokaj, Dichen Lachman, Olivia Williams, Amy Acker, Summer Glau, Alan Tudyk.
Valoración:

Su comienzo no fue alentador, pues seguía vagando por los torpes caminos en los que anduvo la primera temporada. Historias monocromáticas en un universo con un potencial enorme, personajes que dejaban una constante sensación de que estaban totalmente desaprovechados, etc. Pero como se veía venir desde el inicio de la serie, la FOX la canceló, eso sí, con un sorprendente retraso. Y entonces vimos la luz: no es que Joss Whedon estuviera desatinado, es que la gentuza de la FOX de nuevo le hizo la vida imposible. En cuanto fue cancelada y Whedon tuvo las manos libres Dollhouse adquirió un nuevo nivel de calidad, el que debería haber tenido desde un principio.

¿Qué le prometieron a Whedon para que aceptara volver a trabajar en la cadena después del incomprensible caso Firefly? ¿Le ofrecieron libertad creativa para luego quitársela vilmente? Debe de ser eso, porque si Whedon hubiera fichado para hacer una especie de procedimental (que es en lo que FOX estaba convirtiendo la serie), caso que por lo visto después de la cancelación es descartado, hubiera estado más centrado desde un principio y no habría optado por intentar meter tramas complejas que luego no pudiera desarrollar.

Así pues, desde la liberación la cosa cambió mucho. Todas las tramas y subtramas antes apenas perfiladas cobraron vida, los personajes empezaron a ir hacia rumbos concretos y el conjunto ofrecía las historias complejas, oscuras y fascinantes que antes solamente eran insinuadas. Pero obviamente ha habido limitaciones. El tiempo se les echó encima y el presupuesto era incluso más bajo de lo que fue en sus inicios, así que la realización apresurada y con cuatro perras se ha notado en este tramo final, aunque eso sí, como es habitual no es problema importante si las ideas y guiones están por encima de malabares visuales más o menos innecesarios; sin embargo, en el último episodio sí que había algunas escenas que salieron perjudicadas, porque algunos instantes sí requerían cierto nivel visual (la destrucción de la central de Dollhouse es lastimera, por ejemplo).

Como es lógico y perdonable dada la situación las tramas han resultado comprimidas y resumidas, apareciendo resoluciones apresuradas. La del senador –Alex Denisof-, la del ático, la destrucción de Dollhouse y la llegada del apocalíptico futuro, que son las más importantes, han estado todas a la altura de lo que siempre había esperado de la serie, han mostrado por qué complejas e interesantes líneas narrativas se hubieran desarrollado a lo largo de varias temporadas, pero en todas da la sensación de que se va demasiado deprisa. Con los personajes ocurre lo mismo: se ha forzado la presencia de caracteres secundarios y apurado las sorpresas relativas al resto que hubieran ido apareciendo en sucesivas temporadas (el senador, Bennett y Alfa seguramente hubieran tenido bastante presencia). Pero los destinos de todos los personajes son sorprendentes y espectaculares (solo el de Boyd rechina: es demasiado rebuscado), las repercusiones de la tecnología de Dollhouse son desoladoras y las ideas como el ático son propias de la mente de este genio… Y hemos disfrutado, aunque sea brevemente, de personajes como sólo Whedon sabe hacer: Victor (magnífico descubrimiento el actor Enver Gjokaj: atención a su imitación de Topher), Topher (que pronto se libró del aire de técnico tontaina para convertirse en uno de mis favoritos), Adelle (el carácter más completo y Olivia Williams se alza como la mejor actriz del reparto), la breve pero intensa aparición de Bennett (una siempre excelente Summer Glau), la vuelta de Saunders (Amy Acker) con sorpresa incluida (¡impresionante golpe de efecto!) o la de Mag (Felicia Day), protagonista de los dos epílogos de temporada… hasta Echo/Coraline ha resultado sumamente interesante por fin.

Ahora solo nos queda lamentarnos porque Whedon se dejara engañar de nuevo, porque la FOX destruyera por enésima vez una serie que podría haber sido enorme. El malísimo regusto que iba dejando la primera temporada y el inicio de la segunda, al menos en mi caso, desapareció por completo con capítulos que rozaban la maestría, la genialidad, como The Attic, Epitaph Two: Return y en menor medida Getting Closer y The Hollow Men, episodios que mostraban lo que hubiera sido la serie en circunstancias más propicias. Para mí, Dollhouse se ha redimido en sus últimos estertores. Es tarde, sí, pero gracias a que Whedon tuvo la suerte de poder mostrar sus cartas en la última jugada sabemos que no fue un producto fallido por mano de los realizadores, sino que ha sido otra serie torturada y asesinada injustamente. Sólo nos queda lamentarnos, como ha ocurrido demasiadas veces en el difícil mundo del arte dirigido por comerciantes en vez de por artistas.

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